"La sagrada locura, atentando con mentes cuerdas. Después del suplicio del encierro trae para ustedes su cuarto proyecto"
Y el escritor dijo: Hágase el computador.
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Todos sabemos que nada es eterno, pero el tiempo de convivencia es tanto que el cariño se transforma en profunda tristeza cuando es momento de despedirse. Y créanme si les digo, que cerré la computadora con algunas lágrimas acumuladas en los ojos. Antes de empezar en esta plataforma, mi editora venía enganchada con Kimetsu y me comentó cosas del manga… con honestidad, mi primera idea no fue escribir sobre Giyuu. Tiendo muchísimo a optar por parejas con más tensión entre ellos "picante" por así decirlo. Gente más atrevida. ¡Yo quería a Rengoku! XD (risa escandalosa) y si, se lo que estás pensando ¿Sara, pero si esa gente no era shippeable en ese tiempo? ¡Pues yo quería por que sí!
La editora realmente me hizo leer los primeros tomos y mi amor por Shinobu no hizo más que empezar a crecer exponencialmente. Encontré en ese personaje la belleza de un diseño al que no estaba acostumbrada y una mezcla de actitudes que, a pesar de haberlas visto con anterioridad, la hacían única. Amé y sigo amando las interacciones de alguien como ella. Precisamente Shinobu Kouchou me motivó a escribirle una historia que honrara mi cariño por un personaje del calibre de ella.
El cariño por Giyuu lo aportó inicialmente la editora, ella (estaré muy agradecida eternamente) supo ver el atractivo en ese tipo de personajes más serenos a los que yo encuentro apáticos. Y cuando me explicó lo que ella veía en lo compacto que podía ser Tomioka, fue cuestión de reírme y decirle que por fin; finalmente, tenía mi pareja para escribir. También, obviamente, empecé a querer al niño de los ojos muertos.
Y así, mi travesía que creía duraría un largo tiempo llegó a su final. Sé que me extiendo muchísimo en los comentarios del autor, pero siendo la última interacción que tendré con ustedes en esta historia no quisiera irme sin decirles que mi nivel de gratitud para con cada persona que se dio la oportunidad para leerlo, que empezó a seguirlo y, sobre todo, dejar mensajes; es tan profundo que seguramente lloraría de ver el primer mensaje hasta el último nuevamente. (soy una sentimental, déjenme ser).
Confieso que me quedó gustando la idea de escribir algo ligero de Sanemi y Kanae o la hermosa Mitsuri, quizás sobre mi ardiente pilar Rengoku (risas) no lo sé. Sin embargo, siendo honesta, estoy comprometida con la historia de Nanatsu y ahora que me metí en lo de Shaman King. Creo, nos volveremos a ver en un par de meses. Eso sí, si me recomiendan historias o ustedes se animan a escribir, no duden en enviármelas, amaría leer más de Kimetsu, sobre todo del Giyuushino.
De parte de mi limpiadora/compañera de lágrimas y yo, nos despedimos finalmente de este abecedario, de las risas de madrugadas por las incongruencias que debían corregirse, las charlas de computadora por lo mal que se me daba pensar como Giyuu. Nunca podré olvidar la última conversación sobre este capítulo doble…
Wuda: ¿Bueno, y ahora qué sigue? Ya terminé de limpiar esto.
Yo: eso era lo último…
Wuda: … (silencio) (risas incómodas) no estaba lista para decirle adiós.
Yo: tampoco lo estoy, tampoco…
Yacer
A pesar de ser una mañana nublada, no era precisamente el clima lo que estaba abrumando su corazón. Con la fortaleza que solo podía caracterizarla se llenó a sí misma de la confianza que necesitaba para enfrentar su realidad. Esa decisión estaba tomada desde el momento que sus manos se tiñeron de la sangre de su preciada hermana y supo, que solo ella podría acabar con el demonio que la lastimó. Así que, llena de ese desprecio de pensar en el aberrante ser que aún permanecía en el lado de los vivos, bebió de la botella de veneno. Se convertiría en lo que ingería y, llegado el momento, serviría dispuesta a la causa, sabiendo de sobra que moriría.
A ese punto, era fácil pensar que nada podría atarla a desear vivir; sin embargo, la idea dictaba muchísimo de apartarse de la realidad. Shinobu también deseaba vivir el tiempo que se le permitiera, de la mejor manera que un pilar podría hacerlo. Sirviendo en su labor para evitar que otros sufrieran el mismo destino que su familia. Quería seguir apuñalando demonios hasta que no existiera ningún otro, quería más sonrisas para sus niñas de la hacienda y menos de esos rostros preocupados que difícilmente conseguían dormir sin pedirle de manera avergonzara que se quedara un poco más hasta que pudiesen conciliar el sueño. Cuanto dolor mantuvo dentro de si misma, colocando una sonrisa de máscara para ellas. Sin demostrarles que era un cascarón quebrado.
Dejó la botella vacía descansar en su repisa llena de frascos a la espera de ser ingeridos cada día a partir de ese. El líquido de color violeta le recordó que tenía algo más que hacer. Tomó el papel con el que escribía los avances de los ingresados a la hacienda, separando una página se sentó esperando que sus palabras pudiesen trasmitirse adecuadamente.
Él merecía algo más que su silencio ante las preguntas de lo que, deducía, estaba haciendo. Giyuu era profundamente sentimental a pesar de no demostrarlo. Lo movía la lealtad, el respeto y cariño a los seres queridos que perdió. Esperaba, también lo que sentía por ella. Su amor llegó después de su decisión e, incluso apartando el dolor de su egoísmo, sería de forma similar de haber llegado antes. Lo amaba, sí, como una mujer enamorado podría amar a alguien, pero no estaba dispuesta a sacrificar la posibilidad de salvar más vidas. De vengar a su hermana.
Por eso, en cuanto Tamayo le indicó que el veneno estaba listo, se encontró comprando papel suficiente para dejarle cartas, motivada por el dolor que veía en sus ojos ante sus evasivas respuestas. Quería que viviera hasta convertirse en el anciano amargado que siempre pensó que sería, vivir sus días sin la preocupación de despertar ante el llamado de la caza de un demonio.
Shinobu deseaba decirle tantas cosas que muy difícilmente lograría expresarle si hablaba. Por eso pensó en el papel, era buena desenvolviéndose en él. Pero, no era lo mismo un informe médico que dedicar palabras que serían leídas después de su muerte. Así que sus primeras oraciones fueron arrugadas y desechadas. Después de unos intentos, finalmente encontró algo decente. Su mano se extendió conforme escribía perdiendo la noción de su incomodidad.
"Giyuu-san, no sabes lo mucho que complicaste mi vida. No había escrito cartas desde mi infancia, cuando compartía a modo de broma correspondencia con mi hermana por la ventana de una casa posteriormente perpetrada por demonios. Sé que lo sabes, mi primera motivación para lo que hice fue mi hermana y mis sucesoras. Incluso si no lo dijera, sé que lo comprendes, porque vi esa motivación en ti en numerosas ocasiones. Te hizo encantador, quizás por eso empecé a soportar tu terrible y desafortunada forma de hacer.
O puede que solo tenga mal gusto".
Se detuvo al confirmar que algunas lágrimas habían escapado de sus párpados para caer en el papel. Las limpió sin mayor dificultad y dejó la nota oculta dentro de uno de los cajones de su escritorio. Podría continuar después de serenarse, no tendría gracia arrugar su papel entre tantas lágrimas. Además, no tardó en escuchar la voz de Aoi ordenando las primeras asignaciones de limpieza. Se dispuso a salir para saludarlas, procuraba que no sintieran su ausencia por tanto tiempo. Después de Kanae, las pérdidas eran un tema sumamente sensitivo dentro de la hacienda, el faro en el que se había convertido su hermana se extinguió dejándolas en una oscuridad que amenazaba con devorarlas.
Colocó su mejor sonrisa, dispuesta a fingir nuevamente.
-Buenos días, veo que han iniciado con diligencia, me alegro de que sea de esa forma -comentó, sus ojos violetas viajaron a las pocas niñas que le devolvía el gesto con admiración.
-¡Shinobu-sama, nos esforzaremos hoy también! -animó una de las más pequeñas residentes de La Mariposa.
Kouchou se acercó a ella, en esa ocasión había sustituido su falsa mueca por una sonrisa genuina. Palmeó con la gentileza de una madre su cabeza- estoy segura de ello. Confío en ustedes plenamente.
Con esas palabras se giró continuando con su camino, siendo consciente de la mirada que le dedicó fugazmente Aoi. Ella no era como las más pequeñas, que fácilmente olvidarían las preocupaciones con su comentario de aliento. Había pasado por experiencias mucho más traumáticas, como para ser persuadida. No volteó para mentirle, porque vería realidad en sus ojos violetas.
Partió a completar la misión que se le asignó. Mientras el viento soplaba fuerte producto del recorte de tiempo que hizo saltando entre las copas de los árboles, recordó las notas que dejó en el mueble y pensó en lo que podría escribir. A lo lejos, sus oídos escuchaban los sonidos constantes que daban las ramas detrás de ella.
Cerró los ojos momentáneamente, suspirando. El profundo bosque no disfrazaba nada.
Al saltar un par de veces más se golpeó contras una de las ramas de los árboles y descendió gradualmente como una mariposa herida en una de sus alas. Dejó que la funda con su nichirinto descansara a un lado mientras evaluaba la herida. Profirió un quejido en cuanto sus dedos tocaron su tobillo, al producir un sonido como ese, entre la espesura del desolado bosque, alcanzó a escuchar el sonido de la copa del árbol que la había golpeado siendo sacudida con fuerza. Se permitió sonreír, desenfundando la hoja en cuestión de segundos adquiriendo una postura defensiva. No hubo tal caída por accidente, pero el demonio al que había ido a cazar le creyó la actuación.
-Hola, llevémonos bien esta mañana~ -comentó, su hoja en posición de atravesarle la garganta a piquetes.
Era buena actriz, su madre se lo había comentado cuando de pequeña imitaba bastante bien a su hermana. En aquel entonces le había alegrado de sobremanera, pues admiraba enormemente a Kanae y quería copiarla en la medida de lo posible. Sin embargo, en cuanto murió, llevó con dolor la sonrisa que colocaba su hermana, incluso si tenía que tapar los espejos para no verla a través de su reflejo.
El demonio grita y algunas gotas de sangre caen sobre su uniforme. Acertó los tres golpes que realizó, era cuestión de tiempo para que se redujera a un cuerpo inerte. Únicamente tendría que resistir los pocos segundos que le quedaban de vida y el contraataque que seguramente estaba por realizar. El brazo de él giró rápidamente para buscar atravesarle las garras, después de todo, desconocía que su oponente lo condenó a morir en cuestión de segundos.
Shinobu saltó antes del impacto, quedando en cuclillas sobre el miembro que buscaba golpearla. Giró grácil su hoja produciendo un brillo plateado que parpadeó contras las pocas luces que atravesaban el bosque, zumbó cortando el aire propinándole un pinchazo certero en los ojos. El demonio gritó adolorido y luego cayó de rodillas jadeando en búsqueda de aire.
-Parece que eso es todo -le aseguró sonriéndole de cerca.
El cuerpo ahora inerte quedó tendido sobre el suelo rocoso. Shinobu facilitó el trabajo, dejando que los pocos rayos del sol que habían conseguido mejorar el día nublado, atravesaran las hojas densas de los árboles. En cuanto lo hizo, el cuerpo empezó a desvanecerse rápidamente. La primera de sus labores concluyó considerablemente rápido. Se alegró internamente de que así fuera, quería contar con el tiempo suficiente par seguir la nota antes de que el futuro receptor regresara a la hacienda después de un día de ausencia por una misión asignada.
Volvió para el atardecer, después de revisar que todo el rango asignado para su protección se encontraba bajo control. En cuanto atravesó el portón Aoi la observó alentada por verla llegar, como si sus hombros se aligeraran ante la pesada incertidumbre de su partida cada día, sin saber si regresaría.
-Shinobu-sama, le llegó correspondencia. Me tomé la libertad de dejarla sobre su escritorio.
-Gracias por informarme -contesto ella amablemente.
-¡E-espere! -la detuvo torpemente, Aoi torció su boca ante el tartamudeo- por favor, puede darme su haori para lavarlo.
Kouchou se lo retiró enternecida ante el gesto de preocupación que acababa de presenciar. Sabía de sobra que detrás de esas palabras, quedaba implícito el deseo de querer apoyarla, como fuese el modo. Shinobu conocía el complejo de inferioridad que aquejaba a Aoi, por tal motivo, siempre le reconocía su labor.
-Gracias, me alivia saber que queda en buenas manos -musita enfundándole valor.
La persona frente a ella permaneció en silencio, pero en su rostro ya no estaba la amargura de antes.
Regresó a su despacho, buscando un cambio de ropa para asearse apropiadamente. Abrió el cajón encontrando numerosas camisas y pantalones que constituían su habitual uniforme de cazador. Al tener una de cada parte, llevó todo eso a los baños que se encontraban a un par de puertas de su habitación. Depositó la muda en un pequeño mueble de madera a un lateral, se despojó de sus prendas y dejó que el agua se llevara la mugre con restos de sangre del demonio. Sus pensamientos volaron como en el bosque, solo que en esa ocasión se centraban en las dosis de veneno que tendría que beber al día siguiente, los síntomas secundarios que podría experimentar y tendría que ocultar.
Después de salir y encontrarse vestida, tomó las notas que dejó descansar en el cajón y dispuso encontrar la inspiración para continuarlas.
"No quiero que pienses, en ninguna circunstancia, que de alguna manera puedes culparte del resultado de mis decisiones. Eres muy bueno inculpándote, hombre ingenuo. Antes bien, debería prevalecer en tu memoria, que algunas de mis mejores memorias llevan tu nombre y se pronuncian significativamente. No te encierres en la sombra de un pasado atormentado por mis recuerdos. Vive Giyuu, la garantía de que envejezcas como el viejo amargado que estoy segura, serás; me da tranquilidad".
Shinobu sonrió levemente ante la broma que en repetidas ocasiones le había dicho a él. Le aseguró a Tomioka que entre más pasaban lo años, su humor empeoraba considerablemente. Viviría en las montañas, alejado de las personas en un estilo de vida ermitaño, con un bastón con el que seguiría practicando las posturas del agua. Asustando a los niños que pasaran, simplemente por mostrar su rostro.
En aquella ocasión, Giyuu la había mirado molesto, desaprobando sus palabras inmediatamente. Si cierra los ojos puede escuchar su propia risa, sentir sus brazos rodear su cuerpo y obtener una respuesta rápida por parte de él. Ha memorizado el latido calmado de su corazón y la tranquilidad que le proporciona cuando acuna su rostro para besarla repetidas veces. Siente las cosquillas de las terminales de su cuerpo, siente que recuerdos como ese hacen todo más llevadero y a la vez más doloroso.
El golpe a su puerta llega, no tiene que pensar en las posibilidades de quien pueda tratarse, porque solo una persona no se anunciaría al tocar. Mueve la puerta encontrando al individuo que segundos antes ocupaba sus pensamientos. Tomioka luce similar al aspecto que ella imagina, debía tener cuando regresó a la hacienda. Le reprocha con una mirada divertida, pero busca ropa que brindarle, empujándolo en cuando se la pasa para que se asee. Giyuu se lo agradece y se retira por el mismo pasillo en el que había aparecido.
Shinobu guarda las notas asegurándolas con el soporte del resto de sus papeles. Antes de retirarse de la habitación, le da una última ojeada a todo lo demás, incluyendo los frascos del veneno que reposaban en su repisa.
Se dedica a esperar a Giyuu, él no demora más que lo necesario. La eficiencia siempre lo ha caracterizado. Pide permiso al pasar, aunque ya lo haya hecho en numerosas ocasiones. Toma asiento en la cama, después de que ella se lo indicara palmeando en el espacio a su lado. No tarda en mirarla, Shinobu hace lo mismo. Recrea su rostro varonil, deslizando su pequeña mano desde su mejilla al mentón. Quiere llenarse de esa imagen, ese efímero momento que le roba a la muerte. Sonríe para él, antes de aventurarse a besarlo. No tarda en corresponderle sobriamente, Giyuu le recuerda el modelo de hombre que su madre siempre deseó que encontrara. Su respeto era enternecedor.
Repitieron las caricias dulces y dispusieron mantenerse cerca, en la cama de Shinobu abrazándose en un momento inusual de tranquilidad. Esos cortos momentos significativos, donde la luna no brillaba en lo alto de un monte de sangre, ni escuchaba los gritos de desesperación. Era una luna que bendecía sus caricias lentas y palabras atoradas en la garganta, pero que no tenían momento en ese silencio adormecedor.
Aún podía gozar de pensar que tenía tiempo para decirle cuando deseaba.
-Shinobu -murmuró él de repente.
Ella creyó que se trataba de su despedida, después de todo siempre escapaba ante la mínima posición de comodidad para pasar la noche en la hacienda. Las primeras veces se le hizo gracioso, pues terminó golpeándose con algún objeto del pasillo en su ridícula huida, despertando a las niñas o Aoi. Viéndolo a través de los ojos de Kouchou, causaba gracia imaginar al habilidoso pilar disculpándose por causar ruido.
-Te escucho -respondió en el mismo tono, alentándolo a hablar.
-¿Puedo pasar la noche aquí? -soltó después de algunos segundos, como si le costase decir esas palabras. Incluso había evitado mirarla directamente.
-Eres bienvenido a quedarte. Mis niñas no necesitan que te golpees nuevamente con el jarrón.
Él arrugó su rostro causándole gracia. Shinobu le hizo saber que la broma era una mera insinuación de lo tardía de su inevitable estadía en la hacienda. Solo entonces, Giyuu recuperó su semblante tranquilo y volvió a la posición en la que antes se encontraban. No tardó en caer dormido en cuanto Kouchou acarició suavemente su cabello. Aprovechando el momento se apegó a él, mirando su rostro.
-vive -susurró con esperanza.
