"La sagrada locura, atentando con mentes cuerdas. Después del suplicio del encierro trae para ustedes su cuarto proyecto"

Y el escritor dijo: Hágase el computador.

- :::: -


Zambullirse

La idealiza perfecta sobre su cuerpo, atareado en la labor de hacerla sentir saciada. Ama la honestidad que profesa en sus ojos brillantes iluminados por el cielo estrellado. La ama a ella, toda ella. Shinobu llega a pronunciar su nombre mientras se balancea tortuosamente acompasada a las manos masculinas que se aferran a sus caderas, de su boca escapa en repetidas ocasiones y bajo diferentes tonos de éxtasis. Él también la llama, la besa con devoción atrapada en su corazón. La recrea, como si el mundo pudiera arrebatársela.

Se ve delicada y, sin embargo, es esa su mayor arma. Shinobu no solo es independiente, sino tan capaz que no puede más que admirarla y en ocasiones con anterioridad, llegar a preguntarse porque lo quiere a él. Pero ella, como es costumbre, despeja sus dudas derritiendo su incertidumbre a besos y caricias repetitivas. Incluso si lastima sus antebrazos, enterrando sus uñas para suprimir la vertiente de éxtasis que recorre su cuerpo, no puede más que maravillarse de ser el único espectador de provocar tales sensaciones. Se llena de ella en un sentido que le sería difícil de explicar.

Se vuelve insaciable a su cuerpo. Acapara su noche, perdiendo la noción del tiempo haciéndole el amor, besa sus párpados atrapando las pequeñas lágrimas en su boca, se acurruca a ella cansado de amarla. Honestamente enamorado de la mujer que le sonríe sonrojada, aquella que siempre acaricia con la suavidad propia de su figura las hebras de cabello que tiene al alcance de su mano; sedando la incertidumbre que persiste en su corazón cada vez que imagina un mundo sin ella.

Le prometió permanecer con él, hasta que el tiempo se lo permitiera. Giyuu ahora se siente iluso al creer que se trataba de mucho.

Cuando recibió la caja de cartas, algo de sorpresa se dejó ver en sus ojos. No esperaba que Shinobu dedicara, entre sus labores, a escribirle. Pero al abrir la primera comprendió el significado, tenía miedo de que, al faltarle, él se perdiera a sí mismo en el proceso. No estaba alejada de la realidad, enterarse de su muerte y saber el plan que por todo un año había fabricado destrozó momentáneamente su cordura. Una sensación de vacío se extendió, sin poder hacer más nada que escuchar lejanamente el llanto de Kanao. Cuando Muzan había muerto, pudieron sentir el peso de cada pérdida y nadie fue capaz de sostener las cargas de sus hombros por más tiempo. Aunque no se tratara de un vínculo familiar, cada persona que entregó su vida a la causa merecía el respeto y las lágrimas que no mucho pudieron sostener.

Shinobu había repetido, hasta convertirlo en un mantra, que lo quería vivo y; a pesar de estarlo, no lo sentía real. Le costó muchísimo salir del bucle que lo atrapó, repitiendo las mismas acciones asemejando su comportamiento a una lista de tareas asignadas. Sin embargo, ella se adelantó a ese destino, pensando que él caería en esa perpetua oscuridad. Para mitigar ese posible desenlace, dejó indicaciones de entregarle las cartas en cuanto todo se hubiese calmado. Kanao cumplió su última voluntad, depositando en las manos callosas de Giyuu la caja.

"Por favor, léalas con calma" le dijo, ya no había lágrimas en sus ojos, pero también le llevaría tiempo salir del luto.

Agradeció sin emitir comentario.

"Giyuu-san, no sabes lo mucho que complicaste mi vida. No había escrito cartas desde mi infancia, cuando compartía a modo de broma correspondencia con mi hermana por la ventana de una casa posteriormente perpetrada por demonios. Sé que lo sabes, mi primera motivación para lo que hice fue mi hermana y mis sucesoras. Incluso si no lo dijera, sé que lo comprendes, porque vi esa motivación en ti en numerosas ocasiones. Te hizo encantador, quizás por eso empecé a soportar tu terrible y desafortunada forma de hacer.

O puede que solo tenga mal gusto

No quiero que pienses, en ninguna circunstancia, que de alguna manera puedes culparte del resultado de mis decisiones. Eres muy bueno inculpándote, hombre ingenuo. Antes bien, debería prevalecer en tu memoria, que algunas de mis mejores memorias llevan tu nombre y se pronuncian significativamente. No te encierres en la sombra de un pasado atormentado por mis recuerdos. Vive Giyuu, la garantía de que envejezcas como el viejo amargado que estoy segura, serás; me da tranquilidad".

Mordió la capa interna de sus pómulos conteniendo sus sentimientos en una expresión de completa seriedad, algunas lágrimas escaparon de sus ojos en el papel ya arrugado. La vieja nota también tenía pequeños espacios de tonos diferentes, tenía las lágrimas secas de la mujer que dedicó esas palabras. Lo peor de leerlo, no era que ella estuviese muerta; sino el impacto de lo que escribía. Se sentía viva en el papel, pero intocable. El tono jocoso, las indicaciones en amenazas y, sobre todo, la esperanza impresa en simples palabras. Ella no quería ser una carga, lo quería vivo en toda la extensión de lo mencionado.

Giyuu estaba completamente seguro de que Shinobu, de poder verlo, sabría lo difícil que fue hacerle caso. Al principio, releía las primeras cartas y tomaba una nueva cada día. Aproximadamente la duración del contenido daría para unos dos meses. Ella le había dejado pequeños fragmentos de su pasado, vivencias con su hermana cuando los demonios mataron a su padre, su vida como cazadora, "su desgracia al conocerlo". Shinobu Kouchou se había entregado a si misma en palabras que al llegar al mes empezaron a surtir efecto.

"Sal, disfruta el calor del día, de por si tienes un aura terriblemente oscura. Un poco de sol te haría bien".

Tanjirou lo recibió entre lágrimas, repitiendo numerosamente lo agradecido que estaba de recibir su visita. Kanao sonrió, sin poder evitar el alivio en su rostro; tampoco detuvo a las niñas, que corrieron a saludarlo acompañadas por Aoi. Las más pequeñas rompieron en llanto. Él se inclinó a su altura, inexperto en tratar con infantes, pero motivado por el gesto que demostraban. Shinobu amaba a su familia, le hubiese agradado saber que se encontraban bien. Depositó palmaditas en cada pequeña cabeza, intentando asemejarse al tacto amable del antiguo pilar, la menor de la familia Kouchou tenía la habilidad de lucir maternal. Una vez se lo mencionó, ella después de escucharlo sonrió.

Una sonrisa triste.

No pudieron tener una familia juntos, pero reemplazaron esa idea convirtiendo a las niñas de la hacienda, los hermanos Kamado, Kanao, Aoi, Zenitsu e Inosuke en su vínculo familiar. Cuidando de ellos… incluso con su vida de por medio.

A esa visita le siguieron otras, siendo promovidas por Tanjirou o Kanao; el primero anunciando efusivamente que deseaba volver a verlo y la segunda, con mayor sobriedad. Sabía que Shinobu había escrito que debía tomar sol, para que sus pasos involuntariamente lo llevaran a la hacienda. De ese modo, tendría con quien hablar, sin nublar su mente de densos pensamientos o perderse a sí mismo aferrado a un fantasma. Alguna vez llegó a asombrarse de lo perceptiva que llegaba a ser, adelantándose a sus decisiones, conociendo de su amor por ella mucho antes de que él pudiera adjudicarle un nombre al sentimiento.

Cuando no hubo más cartas que leer, volvió a tomar la primera e iniciar. Respondió en papeles aparte preguntas que ella hizo en algunas de sus notas, como si pudiese leerlas. La salud de los residentes de La Mariposa, los pilares restantes, su facilidad para meterse en problemas y si aún la amaba.

"Están bien. Las niñas han crecido lo suficiente para tener la edad de Tanjirou y él, se ha casado con Kanao, tienen una hija. Se llama Shinobu.

Tanjirou me ha pedido que le enseñe las posturas para aprender el aliento del agua. Kanao le enseña lo mismo que hizo en su tiempo Kanae. Ella será fuerte, lleva tu nombre después de todo"

Te extraño…

Te extraño.

Volveremos a vernos.

Empezó a visitar la tumba donde, a pesar de no reposar su cuerpo, si se sentía que de alguna manera podría descansar tranquila. Enterró sus cartas, guardó las de ella. Le prometió volver y así lo hizo, cada día hasta que las manos que rozaban el monumento se llenaron de arrugas. No era el mismo joven ágil, tampoco había perdido habilidad. Solo envejeció lo suficiente para ser considerado el viejo amargado que ella mencionó entre sus tantas cartas.

Una mañana despertó con la certeza en sus ojos cansados. Tomó la última nota de letras a penas visibles y releyó el contenido.

"Espero que hayas tenido la oportunidad de mejorar tu mal genio, llenar tus ojos de las maravillas que solo se pueden apreciar después de que el mal perezca. Seguramente Tanjirou logrará sacarte de la cueva en la que probablemente habites, arriba en la montaña, donde solo el musgo te hace compañía.

Seguiré amándote a pesar de tu torpeza para hacer las cosas bien. Cambia esa cara de pocos amigos que debes tener al leer esto, reemplázala con una sonrisa. Las niñas de la hacienda dicen que eres más guapo así. Tienen razón.

Te amo. Es egoísta que lo diga a través del papel y muy pocas veces de boca. Lamento ser víctima de tus ojos profundos, no todas tienen el privilegio de ser miradas detenidamente por el imponente pilar del agua.

Fui afortunada, espero que también lo seas tu".

Tomioka Giyuu murió apoyado en la tumba de Shinobu Kouchou. Cuando Kanao no pensó que podía tratarse de estar dormido. Su rostro relajado le dio la idea de que, finalmente, no había encontrado ningún otro motivo que lo atara a estar vivo. No lloró a diferencia de Tanjirou, lo despidió dejando en sus manos el broche de su hermana y maestra, oró por él y pidió con fe que encontrara el descanso que tanto merecía.

Giyuu nunca había experimentado una sensación como aquella, se sentía liviano. Como si todas las cargas de las muertes de sus seres queridos finalmente hubiesen abandonado sus hombros y el peso de sus obligaciones, roto las cadenas imaginarias. Rodeado de una paz que se sentía extraña, impropia.

Numerosos árboles de wisteria lo recibieron al morir. Se asemejaba muchísimo al sitio de las pruebas de cazadores. Lo primero que hizo al encontrarse en un lugar como ese, fue colocar una de sus manos para tocar la corteza, notando inmediatamente que su extremidad, que debía estar llena de arrugas, lucía igual de joven que a sus veintiún años. Todo él se asemejaba a la apariencia que tenía a esa edad. Vestía su haori bicolor y la ropa de cazador que dejó de usar después de hacerse anciano.

No comprendía el motivo de tener esa apariencia y mucho menos ver ese paisaje. Trataba de mirar en diferentes direcciones para obtener respuestas que saciaran su incertidumbre. No supo si se trataba de esa búsqueda que realizaba o del sentimiento de ser vigilado, que lo motivó a mirar arriba de él. Notando inmediatamente figuras humanas. Su hermana y Sabito se encontraban sentados en una de las ramas del gran árbol que antes había tocado. Abrió la boca involuntariamente en un acto reflejo de lo desprotegido que se sentía, pero su voz nunca llegó.

-Mírate nada más Giyuu, estoy tan orgullosa de ti -comentó ella siendo la primera en bajar. Sonrió con ojos llenos de lágrimas, rozando su rostro dejando entrever el cariño familiar y la ausencia de poder proporcionárselo. Lo rodeó en un abrazo, sin poder contener los sentimientos que se desbordaban de ella.

Tomioka apenas y pudo apretarla con sus brazos. Sus ojos se ahogaron rápidamente en cristalinas lágrimas que le fue imposible suprimir. Tsutako volvió a repetirle las palabras que ya había dicho, porque no podía sentirse de otra forma, para ella, todo lo que él había logrado y a las personas que salvó eran proezas dignas de admirar. Estaba tan orgullosa.

-hermana… -a penas y pudo pronunciar su vínculo familiar. De intentar hablar una vez más rompería en llanto.

Ella se separó para verlo nuevamente sonriendo preciosa. Giyuu no agregó otro comentario, pero tomó su mano y besó sus nudillos.

Recordó a la otra persona que estaba sentada en el árbol. Sus ojos buscaron a su amigo, que aprovechó el tiempo para bajar y posicionarse a un lado. La máscara que debía cubrir su rostro descansaba sobre su cabeza. Sabito sonrió sin una pizca de la dureza a la que estuvo acostumbrado cuando caía en la duda. Era la viva imagen de su amigo de infancia, lleno de ese carisma que terminó por impregnarlo a él.

-Es así como quería volver a verte -aseguró honesto- nos cumpliste. A tu hermana y a mí.

-Sa…Sabito -susurró bajando un poco su rostro. Sentía las lágrimas recorrer sus pómulos. Su hermana volvió a abrazarlo y su amigo palmeo un par de veces sus hombros.

Cuanto tiempo había pasado desde la última vez que los había visto a ambos. Deseado recibir el toque balsámico de su hermana, escuchar las palabras llenas de franqueza de su amigo.

-Aunque me encantaría acapararte, no soy la única que ha esperado por ti -mencionó su hermana, atrapando su atención. Giyuu abrió los ojos, comprendiendo inmediatamente su mensaje.

Shinobu, ella también estuvo esperándolo durante todo ese tiempo.

-ve a buscar a esa hermosa señorita -rió Tsutako, acompañada por el gesto divertido de Sabito al ver la desesperación del hijo de la familia Tomioka.

La transparencia del amor que profesaba Giyuu por esa mujer lo hizo agradecer internamente que ella pudo tocar su ser cuando más lo necesitaba. Así como él llegó cuando su hermana había muerto y requería de palabras fuertes para permanecer imperturbable, Shinobu logró inyectarlo de vida a través de su amor y seguramente, el humor que le hacía falta. Se alegraba profundamente de que ella hubiese logrado lo que ambos, Tsutako y él, querían.

Cuando Giyuu encontró a Shinobu le pareció muy similar a aquella vez que hicieron equipo contra la luna que se asemejaba a una araña. Descendió con el sonido del aleteo de una mariposa, estaba hermosa ataviada en un kimono de flores. Sus brazos no dudaron en atraparla ajustando sus dedos a su pequeña cintura. Kouchou le sonrió, sin saña ni en broma, honestidad pura en el gesto. Estaba feliz de volver a verlo y él no podía sentirse de diferente forma.

-Giyuu~san -pinchó su mejilla- parecías buscarme desesperadamente, tanto me extra…

No pudo dejar que terminara, su poco control en el momento lo llevó a inclinarse en su dirección atrapando sus labios en un beso que llevaba mucho tiempo guardado para cuando se volvieran a ver. La besó pasional, tratando de demostrarle que, en efecto, casi nunca se equivocaba con respecto a las cavilaciones que intentaba deducir de él. La extrañaba muchísimo, tanto que la desesperación ganó sobre el intento de escucharla. La había echado de menos, desde sus ojos sagaces hasta la punta de sus pies danzantes.

Quería volver a ver a la mariposa que decidió anidar sobre el agua, creando pequeñas ondas en su quieta existencia.

-Tomaré eso como una afirmación -canturreó al separarse, su rostro sonrojado, pero feliz- yo también te extrañaba.

-Shinobu -murmuró él volviendo a besarla. Su tono profundo produjo en ella una sonrisa que, creía, le iba ser difícil borrar de su rostro.

Se tomó su tiempo para disfrutar de su boca- volver a escucharte decir mi nombre es gratificante. Espero que vuelvas a repetirlo en numerosas ocasiones más. Tenemos bastante tiempo a partir de ahora.

Tomioka asintió en repetidas ocasiones ocasionando que la melodiosa risa de ella volviera a escucharse.

Llegado el momento la presentó a su hermana, que rápidamente quedó encantada de conocerla y a Sabito. Tomado de la mano de Shinobu, caminando al lado de las personas que quiso; aceptó el descanso eterno.

Cuando Shinobu tuvo edad suficiente para comprender el motivo que llevó a sus padres a asignarle ese nombre, ellos tomaron la decisión de comentárselo. Se llenó de tanto orgullo que le fue difícil no decírselo a todas sus amistades. Portaba el nombre de una de las cazadoras y además de eso, pilar; más admirables que sus padres llegaron a conocer,. Una mujer bella, sagaz y grácil que muchos compararon con una mariposa.

Su madre también agregó, que se trató de una especie única. Puesto que aquella mariposa danzó sobre el agua y esta, que parecía siempre impasible, se encontró siendo encantada por ella.


.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Cuenta la leyenda que después del final del abecedario al que casi siempre era más difícil colocarle el nombre con la letra que escribir el capítulo, se encontraba Sara viendo imágenes aleatorias en su computadora, con una gran caja de pañuelos al lado por si la ausencia de escribir otra letra del abecedario volvía a llenarla de melancolía; cuando de repente, sin previo aviso ¡BAM! Imagen salvaje de Shinobu vestida de porrista aparece. Se dice que Sara, sabiendo las consecuencias que impactarían en ella gravemente corrió tratando de ocultarse del bombardeo, se arrojó al suelo ante las tantas detonaciones de imágenes y fanart. Desde su posición vió caer a su editora, que luchó hasta su último aliento para no dejarse inspirar por los diseños y dibujar algo propio. "Sálvate" fue lo último que escuchó de ella. Sara gritó como Cindy en Scary Movie, sin voltear atrás se levantó honrando la memoria de la editora y corrió entre las detonaciones intentando escapar, pero cuando la luz al final del túnel iluminó su rostro, un fanart de Shinobu y Giyuu impactó en ella. Se menciona que escuchó su respiración y el sonido que hizo su cuerpo al caer sin delicadeza en cámara lenta. Como pudo intentó arrastrarse con las pocas fuerzas que le quedan. Pero el daño estaba hecho.

Dice la historia transmitida de generación en generación como todo gran legado, que Sara pereció rodeada por las últimas imágenes que le hizo llegar su editora. Ella siempre vivirá en nuestros corazones… y obviamente regresará para escribir sobre eso.