Capítulo 2
Fue cuestión de un pestañeo. En un instante estaba de pie en la cocina de Mint lavando platos sucios llenos de masa de panqueque, y en el siguiente, me encontraba en lo que parecía un…un…
- ¡¿Adonde diablos me trajiste?! – le grité a Kish apenas aterrizamos, porque no podía siquiera empezar identificar en qué lugar habíamos ido a parar.
Agregué un manotazo a su brazo junto con mi pregunta para que supiera que no apreciaba la forma en la que había decidido aparecerse de improvisto en mi vida. Otra vez. Lunes por las mañanas definitivamente no eran un buen momento para encontrarse a un problema andante como Kish, y menos que menos sin aviso.
Él hizo una mueca de dolor y se frotó el brazo en un gesto exagerado designado a molestarme, pero a mí no me movió ni un pelo. Solo esperaba que detrás de la broma hubiera verdadero dolor, o sería obligada a repetirme con un poco más de fuerza.
- Siempre tan violenta, gatita, y yo que solo…
Lo corté antes de que el final de aquella frase, fuera la que fuera, me hiciera más propensa a ponerme violenta. Respiré hondo antes de decir:
- Te lo juro por dios, Kish, si no me dices que diablos hacemos aquí en los próximos diez segundos, voy a enloquecer.
- ¿Así que esta eres tú estando calmada? – preguntó en broma, y con un guiño agregó – Entonces no quiero ni imaginarte con el periodo…
Sí, definitivamente el muy maldito necesitaba que lo golpeara más fuerte.
Llevé mi brazo hacia atrás, tomando impulso para asestar un golpe que con un poco de suerte dejaría un agujero con la forma de su cuerpo en la pared. Demasiado dibujito animado de los 90, lo sé, pero una chica podía soñar.
Sin embargo, él detuvo mi puño cuando iba en una trayectoria directa hacia su cara.
- Lo siento, lo siento – dijo riendo – no pude resistirme.
- Que coincidencia, yo tampoco.
Y le di una patada que lo dejó retorciéndose en el suelo, sujetándose el estomago, y probablemente intentando no vomitar. No puedo decir que no lo disfruté, hacía bastante tiempo que le debía aquella patada.
Kish masculló lo que probablemente sería una palabrota en su propio idioma, y yo hice mi mejor intento por no reírme, porque suponía que burlarme del dolor de otra persona no estaba del todo bien visto. En cambio, me agaché a su lado y con voz muy calmada pregunte:
- ¿Algún otro chiste más?
- No, ya terminé – contestó, un poco sin aliento.
- Bien, ¿puedes decirme entonces adonde me trajiste?
Él dio un par de bocanadas de aire, y cuando se recuperó lo suficiente como para pretender que no estaba sufriendo de dolor, se puso de pie nuevamente, y con una sonrisa que intentaba parecer inocente, pero yo sabía que no lo era, por fin contestó a mi pregunta:
- Ichigo, quiero darte la bienvenida al cuartel general de los ciniclones.
- ¿Disculpa? – pregunté, sin comprender lo que acababa de escuchar.
Como respuesta, Kish simplemente abrió los brazos, señalando la habitación extraña a nuestro alrededor, y esta vez observé con mayor detenimiento.
El sitio era espacioso, de paredes plateadas, techo alto y sin muchos muebles o decoraciones de ningún tipo, simplemente una mesa con diseño novedoso en su centro, y una pantalla de gran tamaño sobre una de las paredes. Parecía el salón de una casa, aunque con un aspecto más impersonal, más frío, como si no fuera un lugar designado a que personas vivieran allí, y por más vueltas que di alrededor de mi eje, no conseguí ver una puerta o una ventana por las cuales escapar en caso de necesitar una rápida retirada. Parecía que el modo de entrada y salida, era mediante la teletransportación, lo cual tenía sentido si aquella era la base de seres capaces de trasladarse con el simple pensamiento, pero yo claramente no podía hacerlo, lo cual me ponía en desigualdad de condiciones.
El pensamiento encendió un par de alarmas en mi cabeza que me pusieron ligeramente en guardia, aunque intenté que no se notara mientras paseaba por la habitación y la inspeccionaba hasta el más mínimo detalle.
A pesar de que técnicamente Kish ya no era mi enemigo (o al menos, me había venido probando lo contrario en la última semana al no atacar nuestro planeta sorpresivamente) no me sentía demasiado cómoda estando en un sitio extraño, al cual nunca había ido antes, y por sobre todo, sin tener posibilidad de largarme lo más rápido posible si lo necesitaba. Ser desconfiada era parte de ser Mew, especialmente luego de la cantidad de peleas que había tenido contra los ciniclones en el pasado. Pero la ligera claustrofobia, creo que venía de la parte de mi ADN entremezclada con un gato, y ciertamente no me gustaba las cuatro paredes cerrándose a mi alrededor.
Alianza o no alianza, en aquel momento me encontraba en la boca del lobo, y no estaba muy segura de cómo debía actuar o sentirme al respecto.
- ¡Espera, no te he mostrado la mejor parte! – anunció Kish de repente.
Él flotó hacia un extremo de la habitación, donde abrió un compartimiento en la pared aparentemente lisa, y tocó un par de botones. Acto seguido, las paredes se retrajeron, como unas simples cortinas, y detrás se reveló la imagen más increíble que había visto en toda mi vida.
Tuve que frotarme los ojos porque no podía creer lo que estaba viendo frente a mí. Mi cerebro no podía aceptar, que justo allí, detrás de lo que parecía un simple vidrio, estaba mi propio planeta, pero visto desde arriba…muy desde arriba.
- Esto…esto…que…estamos… - balbuceé como una tonta, causando que Kish volviera a reírse, pero esta vez sí que no me importó. Apenas noté el sonido.
- Ajá – contestó él, flotando hasta quedar a mi lado – estamos en el espacio.
No, no puede ser, me dije, tiene que ser un truco.
No podía estar viendo la imagen que millones de personas alrededor del mundo probablemente matarían por ver, pero solo un porcentaje muy pequeño lograban experimentarlo de primera mano. Millones de personas extremadamente más inteligentes que yo, que entrenan durante años para poder viajar al espacio y ver nuestro mundo en toda su grandeza y belleza… ¿y yo me había aparecido más rápido que un latido y en pijama?
De haberlo sabido, quizás me habría vestido un poco más, pero ciertamente era algo que no me había esperado ver aquel día. Escuela, Café Mew y la casa de Mint… el espacio de exterior visto desde una nave espacial alienígena definitivamente no había estado en mi lista.
- ¿Por qué…? – empecé a preguntar, y probé de nuevo cuando me di cuenta de que no podía terminar la pregunta - ¿por qué estamos en el espacio?
Kish me miró con confusión.
- ¿Qué pregunta es esa, Ichigo? Por supuesto que estamos en el espacio, ¿Dónde pensabas que estaría el cuartel general de una especie alienígena?
Bueno, tiene razón, pensé, aunque eso no hizo que comprendiera mejor la situación, o que me pareciera menos alocada. Estoy en el espacio…
Definitivamente era demasiado temprano en la mañana para lidiar con una de las situaciones más extrañas que había vivido en mi vida, y eso que había pasado por unos cuantos momentos a lo largo de mi adolescencia que estaba segura que si se lo comentaba a mis padres o compañeros de clase, me internarían en un psiquiátrico por creerme loca. Había pasado por el descubrimiento de ser una Mew, por varias transformaciones a un gato, y peleado contra incontables monstruos quimeras que nadie se imaginaría nunca que podrían existir.
Pero esto, estar literalmente afuera de mi mundo... superaba cualquiera de esos momentos, y dejaba mi cerebro como un huevo frito.
Me giré hacia Kish (muy probablemente para preguntarle nuevamente si en verdad estábamos en una nave espacial) y vi que estaba sentado de piernas cruzadas en el aire en el centro de la habitación, mirándome expectante, y con una gran sonrisa.
Una vez más desde que lo había vuelto a ver después de tanto tiempo, me pregunté cual sería la edad de Kish. Sabía que él no contaba los años al igual que lo hacíamos los humanos, pero siempre había considerado que su edad estaba bastante cerca de la mía. Sin embargo, había ciertas situaciones en las que me hacía dudar, como cuando sonreía de aquella manera infantil que lo hacía parecer de repente mucho más pequeño y travieso.
O cuando no sonríe en absoluto, y sus ojos parecer arder con algo más...
No estuve segura de donde salió aquel pensamiento, pero llevó consigo un tren de imágenes que no fui capaz de parar. Imágenes muy completamente diferentes de este Kish sonriente y travieso, y que me mostraban una versión de él más adulta, y quien de repente me parecía mucho mayor y maduro que mis 17 años. Imágenes que yo misma había visto en la isla y vivido en carne propia.
- ¿Pasa algo, gatita? - preguntó, y el muy maldito sonrió con suficiencia como si...supiera. Sus ojos dorados danzaban con una pregunta, y yo peleé para no sonrojarme porque había olvidado lo intensa que podía volverse su mirada.
De repente, y afortunadamente para mí, recordé que esta no era ninguna visita social, ni tampoco un sueño del que me iba a despertar tranquilamente en mi cama, y me dije a mí misma que tenía que dejar estúpidos pensamientos a un lado. Yo estaba allí por una razón, una que probablemente se entrelazaba con todo el lío de su futura esposa queriendo matarme, y si él tenía finalmente nueva información para darme, fuera positiva o negativa, necesitaba saberla.
Me acerqué un poco hacia él e intenté no mirar por las ventanas para no distraerme con…el espacio exterior. Diablos, que locura.
Kish palmeó un par de veces la mesa a su lado, posiblemente para que yo también me sentara, ya que no había silla alguna en aquella habitación, y yo no podía flotar a su lado en el aire.
- Prefiero estar de pie – dije, cruzándome de brazos, en parte porque estaba molesta, en parte porque no tenía puesto un sostén y allí dentro hacía un poco de frío.
Kish llevó ambos brazos detrás de su cabeza, en un gesto que le había hecho hacer infinidad de veces durante el año en que definitivamente fuimos enemigos, y se había creído la gran cosa en lo que va de villanos. Parecía que era su posición cómoda.
- Siempre tan desconfiada – me dijo, moviendo la cabeza de un lado a otro como si no estuviera de acuerdo con mi decisión.
- Bueno, disculpa pero me pongo así cuando me secuestran sin razón aparente.
Más de una vez, agregué en mi cabeza.
- No te secuestré, necesitaba hablar contigo – contestó él, en lo que me pareció un tono sincero, pero con Kish nunca podía estar segura - te llevaré de vuelta apenas terminemos, lo prometo.
- ¿Y no podías decirme eso en vez de teletransportarme sin decirme nada?
Los viajes a través del espacio definitivamente no eran mi pasatiempo favorito, y a pesar de lo útil que debía ser como método de transporte, luego de nuestra experiencia en la isla, había decidido no volver a experimentar otro salto en un futuro cercano.
Especialmente luego de todo el asunto de que la habilidad de teletransportación de Kish había hecho cortocircuito durante esos tres días y casi causado que nos desintegráramos en el aire como moléculas al vacío. Ninguno de los dos recordaba demasiado sobre aquel episodio en particular, solamente quedaba un recuerdo de un pasaje de tiempo indefinido y una confusión muy grande sobre quienes éramos, o hacia donde íbamos. Si algo nos quedaba claro, sin embargo, era que no buscábamos repetirlo por ninguna razón. Nos había costado lo suficiente volver a ser nosotros mismos como para que no diera absoluto terror la posibilidad de haber fallado.
Sabía que Kish ya se había curado de las heridas del arma de Saya en la última semana, por lo que su habilidad había vuelto a estar al 100 por ciento, sin embargo, yo prefería evitar ser teletransportada hasta nuevo aviso.
Claramente a Kish no le había llegado mi comunicado.
- Te lo dije, no tuve tiempo – argumentó él.
- ¿Por qué? – pregunté, finalmente acercándome más hacia él para poder hablar frente a frente - ¿Por qué no tuviste tiempo? ¿Qué está pasando? ¿De qué tienes que hablarme?
- Bien, bien, directo al punto, me gusta – contestó él, y a pesar de que su tono fue uno travieso, enseguida se puso serio – Saya planea un ataque contra ti.
Saya (mejor conocida como la prometida psicópata del chico frente a mí) era una alienígena de una especie diferente a la de Kish, curiosa por realizar experimentos científicos extraños sobre seres interesantes como yo, y descendiente de una larga cadena de guerreros. Ah, y aparentemente compartía ADN animal al igual que yo, aunque ella de nacimiento. Desafortunadamente, no sabía mucho más sobre la persona que estaba intentando matarme porque la única vez que habíamos estado cara a cara, yo había estado lo suficientemente ocupada dándole una paliza a su prometido como para poder verla correctamente. O siquiera darme cuenta que estaba allí.
En aquel momento solo había logrado vislumbrar una serie de figuras cubiertas por un manto oscuro, como sombras a plena luz del día, bajo las cuales no pude ver ninguna facción en particular. Me la había intentado imaginar en mi cabeza un par de veces, porque encontraba que ponerle rostro a quien actualmente estaba arruinando mi vida, me ayudaba a canalizar mi enojo más productivamente. Pero por más que lo había intentado, no había sido capaz de ver nada en mi cabeza que me ayudara a imaginármela. Después de todo, los únicos alienígenas que había conocido eran los ciniclones, y sabía que ella no se parecía ellos, y probablemente tampoco a los seres humanos. Así que por el momento, su rostro en mis pensamientos se mantenía escondido tras un gran signo de pregunta.
Sus intenciones, por el contrario, no eran tan ambiguas.
- Eso ya lo sabíamos – le dije, molesta de que me hubiera sacado en pijama por un fragmento de información tan obvio – está difícil que quiera matarme sin lanzar un ataque contra mí.
- No quiere matarte, quiere…
- Estudiar mi ADN y torturarme – le interrumpí, completando su frase – sí, sí, lo sé, pero eso no mejora las cosas. Además, creo que si termina matándome, para ella sería un bonus.
- Lo sé – respondió él, con un tono repentinamente…triste.
Me habría gustado no oír la decepción en su tono de voz, o no ver la sombra que le cruzó la mirada antes de que la bajara al suelo y evitara mirarme completamente. Me habría gustado pretender que Kish no experimentaba el mismo espectro de emociones que yo, y por lo tanto, no tendría por qué sentirme culpable por haber hecho un comentario.
¡Un comentario que estaba en todo mi derecho de hacer y del cual yo tenía la completa razón! Pero diablos, me daba un pequeño ramalazo de culpa, porque lo quisiera ver o no, él se culpaba a sí mismo por traerme el problema directamente a mi planeta, y por primera vez desde que nos conocíamos, estaba intentando ayudarme.
Después de todo, él no tenía exactamente la culpa por la guerra que se me venía encima. Podía considerarlo indirectamente responsable por no haber eliminado todo dato de mí en cuanto volvió a su planeta natal para que su prometida no tuviera oportunidad de conocer mi existencia, y por supuesto si él no se hubiera obsesionado conmigo, también habría ayudado a mejorar mis posibilidades. Pero más allá de eso, no podía culparlo, porque mi verdadero enemigo orquestando mi muerte era Saya, no Kish.
Podía pelear contra él, y darle un par de golpes cuando se pasaba de listo, o discutirle hasta que me quedara sin voz porque me hacía enojar su forma de ser. Pero verlo así, tan decaído por un mínimo comentario mío, y sin una respuesta de su parte con la cual seguir discutiendo, no me hacía sentir bien, no nos ayudaba a ninguno de los dos, y me hacía sentir un poco cruel.
A pesar de que tengo razón… me dije silenciosamente, pero suponía que no tenía porque seguir recordándoselo a Kish.
Fui a abrir la boca para disculparme, pero entonces él subió la cabeza de nuevo, y cuando me miró a los ojos, supe que había escondido aquella sombra que había visto pasar, y su tono de voz ya no fue triste:
- No te preocupes, te ayudaré a salir de esto.
- ¿Cómo? – pregunté, y aunque de verdad lo intenté, no conseguí que mi voz no se escuchara tan derrotada.
Me senté sobre la mesa porque no creía que los pies me aguantaran más mi peso.
- Bueno, para empezar: voy a averiguar y advertirte de los futuros ataques contra tu vida, como el de hoy.
- ¿Hoy? ¿De qué hablas?
- Por eso te saqué de la casa tan rápido. Me enteré que un ataque venía hacia ti hoy, y procure llevarte lejos – contestó él, con una sonrisa como si todo estuviera bien.
Me puse de pie tan rápido que por poco me caigo al suelo. Kish pareció alarmado, y fue a decirme algo pero yo le corté acercándome a él y sujetándolo de la camiseta con toda mi fuerza.
- ¿Me estás diciendo que me sacaste de la casa porque había un ataque dirigido hacia mí? – sabía que estaba repitiendo sus palabras pero necesitaba estar segura de lo que estaba oyendo - ¿Estás completamente seguro?
- Sí – contestó él dubitativo - ¿no lo tendría que haber hecho?
Sentí que el corazón me latía como una maquinaria defectuosa, y la cabeza me dio vueltas hasta que me sentí tan mareada que vi oscuridad detrás de mis ojos. Mi garganta estaba repentinamente seca, pero de alguna forma logré decir:
- Llévame de vuelta.
- ¿Qué?
- ¡Llévame de vuelta ahora mismo! ¡Mint está en la casa!
Kish me miró con confusión, y luego con alarma cuando registró la seriedad de mis palabras. Sin advertencia alguna, me tomó de los brazos, y un instante después nos encontramos nuevamente en la cocina de Mint.
Me solté de su agarre enseguida, y di vueltas a mi alrededor, medio enloquecida de preocupación y esperando ver un desastre de muebles rotos, gravilla y fuego por todas partes. Pero al parecer la cocina y comedor de Mint estaban tan intactos como los había dejado en mi partida, ya que no había un solo indicio de que un ataque había sucedido en ningún momento.
Al menos ninguno en esta parte de la casa en particular, pensé.
- ¡Mint! – grité, mientras salía corriendo escaleras arriba.
Fui de dos en dos por los escalones hasta llegar a su dormitorio y abrí la puerta con el impulso suficiente como para que se golpeara contra la pared desde el interior. Mint me habría gritado por posiblemente dejar una marca en su precioso empapelado azulado, pero Mint no estaba en la habitación para gritarme.
El dormitorio estaba vacío. Intacto, sin desorden o destrozos, pero vacío de igual forma, y comencé a desesperarme un poco, a pesar de los obvios indicios de que no había habido lucha en este lugar. Miré el reloj de mi muñeca y noté que aún era demasiado temprano como para que ella hubiera salido para la escuela. Además, su mochila aún seguía en el suelo, y el uniforme sobre su cama aún sin hacer. ¿Pero entonces donde estaba ella?
- Ichigo – me llamó Kish apenas me alcanzó en el dormitorio.
Yo me giré hacia él, roja de furia y si es que él pensaba decirme algo, no me enteré, porque le corté para preguntarle en un tono cortante:
- ¿Qué ataque planeaba Saya contra mí?
- ¿A qué te refieres?
Hice un sonido de exasperación porque cada segundo que Kish tardara en darme la información que necesitaba eran menos oportunidades para Mint de salir viva de cual fuera la situación en la que estaba metida.
- Me refiero a que planeaba hacerme ella. ¿Arrojar una bomba en la casa? ¿Enfrentarse conmigo mano a mano? ¿Llevarme a su guarida contra mi voluntad?
- No conozco los detalles de su operación, pero…
- ¿No lo sabes? Me dijiste que tenías información.
- Sí, pero lo descubrí hace unos minutos, y no tuve tiempo de…
- ¡¿Entonces de que diablos ibas a salvarme?! – grité.
No esperé su respuesta. Me di la vuelta por la habitación, buscando mi celular en algún sitio en el desorden de mi ropa por el suelo y sobre el escritorio. Tiré al piso libros, y abrí cajones, cerrándolos de vuelta de un portazo.
¡Diablos! ¿Por qué nunca podía encontrar mi maldito teléfono cuando lo necesitaba?
- Ichigo – me habló Kish nuevamente, pero esta vez con un tono cauteloso, como si se estuviera enfrentando a una bestia salvaje, y puede que en ese momento fuera así porque no me sentía del todo civilizada – sea lo que sea que Saya planeaba, obviamente no lo llevó a cabo…
- Claro, y como siempre, tu palabra me deja mucho más tranquila – respondí de forma seca.
Fue un golpe bajo, lo sabía, pero en aquel momento no me sentía con la capacidad de sentirme culpable por él, no cuando su negligencia podía haber posiblemente causado un ataque a la vida de mi amiga.
Si es que a Kish le dolió u ofendió mi comentario de alguna manera, ciertamente no lo dejó entrever. Su tono fue tan calmado como antes:
- No te pido que tomes mi palabra, pero velo por ti misma, Ichigo. No hubo ningún ataque en esta casa.
- ¡¿Y si fue secuestrada?! – le grité – ¡¿Y si se la llevaron como fui llevada yo sin siquiera una pista?!
- Es tu compañera de equipo desde hace años y es fuerte. No la habrían llevado sin una buena pelea de su parte.
No contesté, porque sabía que él tenía un punto a su favor, pero eso no mejoraba exactamente las cosas o me hacía sentir menos intranquila. No estaba segura de las habilidades de Saya o de su séquito de alienígenas, bien podían ser extremadamente poderosos y capaces de manejar a una sola Mew. Por más fuerte que Mint fuera, no sabía de las habilidades o debilidades de sus enemigos… o más bien, de mis enemigos, que yo acababa de tirarle dentro de la seguridad de su propia casa.
Eventualmente encontré mi teléfono debajo de un libro de matemática, y con rapidez marqué el número de mi amiga, pero este sonó y sonó, y sonó… hasta irse directamente a la contestadora. Probé de nuevo, y con cada nuevo pitido, mi ansiedad crecía cada vez más, hasta que se hizo tan insoportable que fue incómoda dentro de mi propio cuerpo, y tuve que dejarla salir. Exploté.
- ¡Todo esto es tu culpa! – grité a Kish, apuntándolo con un dedo.
- Ichigo, todo va a estar bien – respondió él, levantando sus brazos en el aire en señal de rendición – te ayudaré a encontrar a tu amiga, solo tenemos que…
- ¡No! Tú y yo no tenemos que hacer nada, la encontraré por mi cuenta.
Guardé mi celular en el bolsillo de mi pijama y di zancadas hasta el otro extremo de la habitación en busca de mis zapatos. Con furia empecé a ponérmelos, sin molestarme en desatar los cordones antes de hacerlo.
- Ichigo, espera, sé razonable...
¿Y no era eso exactamente lo que necesitaba? Que el psicópata obsesivo me pidiera a mí que me calmara.
- ¡¿Razonable?! – grité, y de un salto me puse de pie y lo enfrenté de nuevo, haciendo que retrocediera un par de pasos - A mi amiga puede haberle pasado algo horrible, ¿y me pides que sea razonable? He estado toda la semana sin saber una sola palabra de ti, mi supuesto aliado, mirándome las espaldas todo el tiempo en caso de que alguien a quien nunca he visto en mi vida venga a atacarme, ¿y tú me pides que sea razonable?
Él me miró con una mezcla entre sorpresa y preocupación, y supe que todo lo que le estaba diciendo en mi arranque de histeria debía de estarle golpeando alguna fibra sensible. En algún rincón de mi cabeza sabía que esta discusión estúpida no estaba ayudando, y que debería estar saliendo de la casa en busca de Mint, pero tenía tanto enojo adentro, tanta frustración, que no estaba segura de poder detenerme.
- No fue mi intención poner en peligro a Mint, ni siquiera sabía que ella estaba contigo, solo quería...
- ¿Ayudarme? - terminé la frase por él, aunque mi tono fue mucho más burlón y seco que el suyo - Si este es tu concepto de ayuda, prefiero que no me des nada.
Él fue a abrir la boca para contestarme algo, pero sinceramente, nada que pudiera decirme me interesaba demasiado, porque nada arreglaría las cosas.
- No puedes simplemente aparecerte en mi vida cada vez que a ti te conviene y darla vuelta de esta manera, Kish, porque somos todos los demás que no tenemos nada que ver quienes salimos heridos.
- Al menos deja que yo…
- ¡No! – lo frené - No me interesa que te aparezcas sin advertencia y lleves a cabo un plan del cual nunca te molestaste en consultar conmigo, y luego vuelvas a desaparecer sin dar señal de vida. No me interesa depositar mi confianza en alguien que no toma o respeta mi opinión y puede poner en peligro mi vida o la de mis seres queridos por el simple hecho de que haces lo que te plazca. No eres un buen compañero, Kish, y si fuera mi vida solamente en peligro, lo podría ignorar, pero comprometes la seguridad de mis amigas, y eso no lo puedo aceptar.
Él se quedo callado, mirándome con sorpresa, quizás no entendiendo del todo mi arrebato de furia cuando él solamente planeaba ayudarme. Pero no podía dejarle hacer eso a pesar de sus buenas intenciones, no cuando todo lo que tocaba parecía caerse a pedazos.
- Encontraré la manera de salvarme a mí misma – le dije, decidida, y un poco dolida, porque sinceramente, había querido confiar en él - no voy a necesitar más de tu ayuda, lo siento pero no me sirves.
A pesar de lo adulto que Kish se había puesto en los últimos años, a pesar de la obvia fortaleza que había generado en ese anteriormente menudo cuerpo, y a pesar de la superioridad que había visto en su mirada dorada incontables veces…de repente y a pesar de todo eso, lo noté vulnerable ante mí. Como a un niño pequeño quien solo buscaba hacer las cosas bien.
Vi rechazo en sus ojos, en un pozo profundo que jamás había notado en su mirada, en la manera en que sus hombros se fueron ligeramente hacia adelante como si quisiera hacerse más pequeño hasta desaparecer del planeta. Vi su actitud derrotada, y lo sentí como un vacío en mi propio pecho, como si alguien hubiera estrujado mi corazón en un puño y exprimido hasta sacarle todo lo que tenía.
Me quedé sin aliento, mirándolo y comprendiendo que acababa de lastimarlo tan terriblemente como nadie lo podría hacer nunca, porque por alguna razón, a Kish siempre le había importado lo que yo pensara de él. Y por alguna razón, alguna extraña maldita razón…podía empatizar. Podía sentir su dolor por ser rechazado, por haberse convertido en alguien a quien los demás no solo no necesitaban, pero incluso empeoraba las cosas. Podía sentir su soledad, su angustia y frustración, como si fueran mis propios sentimientos y estos me estuvieran carcomiendo por dentro, llenándolo todo hasta que un dolor de cabeza martilleaba mis sienes y todo lo que podía pensar era…
No me necesita…
- ¡¿Qué diablos está pasando aquí?!
Ambos nos giramos la voz chillona que había hablado, y yo por poco me caigo al suelo de puro alivio.
- ¡Mint! – exclamé con demasiada felicidad, y corrí hasta ella para abrazarla – estaba tan preocupada.
- Si, las duchas sueles ser muy peligrosas – dijo ella de forma sarcástica.
Solo entonces noté la toalla a su alrededor y el pelo mojado contra su cara. Me alejé un paso, teniendo que verla de pies a cabeza para realmente comprender que ella estaba ahí y que no me lo estaba imaginando.
Ducha, me dije, sin poder creer como no había pensado esa posibilidad. En mi defensa había estado demasiado preocupada y puede que ligeramente histérica como para recordar lo grande que era la casa de Mint y lo fácilmente que uno podía no escuchar gritos si se estaba en un cuarto lo suficientemente lejos.
- Te llamé – le comenté entonces, mostrando mi celular - ¿no lo has oído?
- No lo debo haber escuchado por la ducha, ¿necesitabas algo? – preguntó ella, sin alterarse en lo más mínimo - ¿y puedes explicarme que hace él aquí?
Entonces recordé que no estábamos solas en la habitación, y que había cierto alienígena a quien le había acusado de haber sido participe en el asesinato de mi amiga. La amiga que actualmente estaba de pie y hablando conmigo en toalla.
A mi entender, el hecho de que Mint estuviera bien y que el ataque no se hubiera efectuado, no cambiaba mucho las cosas en relación a mi alianza con Kish, ya que fácilmente el final a esta historia podía haber transcurrido de manera muy distinta. Habíamos tenido suerte, Saya se había retractado por alguna razón, y Mint estaba bien… ¿pero por cuánto tiempo podía seguir pretendiendo que tenía todo bajo control? ¿Cuánto tiempo podía ignorar el hecho de que yo no sabía nada de mi enemigo, y ella sabía todo de mí? Yo estaba en desventaja, y Kish, lejos de darme la información que requería, prefería venir y teletransportarme sin explicaciones, como si sacarme de una situación peligrosa puntual arreglara las cosas.
En este caso, puede que estuviéramos a salvo, pero aquello era temporal. Saya vendría a por más, y lo sabía. Lo que casi había ocurrido esta mañana me había dejado demasiado nerviosa como para hacer concesiones de ningún tipo. De nada me servía tener un tiro al aire como Kish haciendo lo que se le antojaba o le parecía correcto para ayudarme y sin incluirme en las decisiones. Si no me veía como una compañera…entonces que no me viera en absoluto.
Abrí la boca para hablar, pero Kish se adelantó para decir:
- No te preocupes, ya me iba.
Me miró una última vez, y todo aquel dolor que me pareció haber visto unos instantes antes, se escondió detrás de una máscara de seriedad que no dejó entrever nada. Sin una palabra más, se teletransportó, y un vacío muy extraño llenó la habitación.
Y me molesté.
Me molesté porque el viejo Kish me habría peleado porque él había tenido razón al final, y porque me habría sonreído con suficiencia, o guiñado el ojo con picardía, o recibido algún gesto pervertido de su parte que me hiciera saber que no acababa de romper en pedazos algo en su interior.
Me molesté porque la vieja Ichigo no le habría importado en lo más mínimo si él se iba triste u ofendido luego del desastre que había causado en mi estado emocional. Él se había merecido mi histeria, mis palabras de enojo, e incluso mi rechazo a su ayuda, pero era yo quien se sentía culpable por mantenerlo al margen y tratarlo como el mismo enemigo que había sido en el pasado, a pesar de que ya no lo era.
Me molesté porque me di cuenta del tiempo que había pasado, de lo diferentes que éramos ahora y como a pesar de ello, seguíamos siendo niños incapaces de trabajar juntos. Tenía muchas razones irracionales para estar molesta.
- ¿Me vas a explicar por fin que pasa entre ustedes dos?
La miré sorprendida, porque por poco me había olvidado que Mint estaba allí. ¿Y no era su pregunta muy fácil y a la vez muy difícil de contestar ahora mismo?
- Absolutamente nada – contesté.
Me quité los zapatos de un puntapié, y me dirigí hasta el baño para darme mi propia ducha.
Capitulo 2! Espero que les guste, y si pueden dejen algún comentario :) Muchas gracias!
