Capítulo 3
Bum.
El golpe reverberó por la habitación una sola vez cuando golpeé la bolsa de boxeo y la cadena que la sostenía al techo hizo un ligero tintineo cuando se balanceó en el aire frente a mí, pero apenas lo escuché por el sonido de mi propia respiración agitada. Frené un instante, y me quité el sudor de la frente antes de dar un nuevo golpe.
Mechas rojas de mi pelo fueron hacia adelante, oscureciendo ligeramente mi visión, pero no me molesté demasiado en quitarlas del camino más allá de soplar para que no me taparan los ojos. Había intentado atarme el pelo, pero había descubierto que en mi apuro por salir de la casa de Mint aquella mañana, me había olvidado de traerme un broche. Había encontrado un lazo rojo entre los bolsillos de mi ropa con el cual había improvisado un torniquete en mi pelo, pero probó ser insuficiente apenas me metí de lleno en mi entrenamiento, y lo descarté a un lado.
Bum.
Ya había perdido la cuenta de cuantos golpes había asestado a lo que fuera que tenían en su interior las bolsas de boxeo, y mis brazos estaban empezando a notar el esfuerzo de mantenerlos alzados tanto rato seguido, pero no estaba dispuesta a tomar un descanso todavía. Sabía que no me serviría de nada por el momento.
Las últimas dos veces que había intentado frenar y descansar, me había encontrado a mi misma demasiado ansiosa como para sentarme más de 30 segundos seguidos sin salir disparada de mi asiento para continuar con mi entrenamiento. Nunca había sido una loca del ejercicio, ni tampoco adicta a mantenerme en forma, todo lo contrario, mis compañeras habían tenido que prácticamente obligarme día a día a entrenar para que nuestro pequeño grupo se hiciera más fuerte.
Odiaba entrenar, pero actualmente tenía demasiada energía acumulada, demasiada ansiedad que quemar, y en el momento en que intentaba relajarme, mi mente se iba por una tangente sin quererlo, hasta eventualmente llegar a Saya, a Kish, y a la amenaza de muerte sobre mi cabeza. Temas que me generarían una ulcera si los seguía teniendo tan presente como ahora.
Bum.
El sonido de los golpes me ayudaba a enfocarme en algo en específico, y el cansancio en mi cuerpo me permitía no pensar en nada más que aquella bolsa y mi puño conectando con ella. Una y otra vez. Golpe tras golpe tras golpe, hasta que pudiera hacerme creer a mí misma que no quedaba en el mundo nada más allá que esto: yo y mi bolsa de boxeo.
Mientras fuera capaz de descargar mi energía, canalizarla en algo productivo que posiblemente pudiera mantenerme viva en caso de que Saya me encontrara uno de estos días, menos probabilidades tendría yo de caer en el arranque nervioso que estaba segura que mi cuerpo estaba al borde de caer. Por más nerviosa, ansiosa o furiosa que malditamente quisiera sentirme (¡porque la amenaza estaba sobre mi cabeza y sobre la de nadie más!) sabía que no podía darme el lujo de expresarme abiertamente. No al menos, si quería mantener el respeto de mi equipo.
Siempre había sido muy efusiva, espontánea y bastante gritona, eso no había cambiado con el tiempo, pero en los temas que tenían que ver con las Mew o la supervivencia de la Tierra, había aprendido muy temprano en el juego a mostrarme más confiada, incluso si no lo sentía verdaderamente. Mostrar debilidad ante un alienígena podía significar perder una batalla, perder terreno, o incluso salir herida. Mostrar debilidad ante una Mew, significaba descender la moral del equipo, la confianza de mis compañeras dispuesta en mí y posiblemente la fuerza que generábamos en nuestra unión.
Así que no…no podía mostrarme preocupada, asustada o desmoralizada ahora, cuando nuevamente me encontraba a mi misma de vuelta en las andanzas de ser una Mew, y con el papel de líder recayendo sobre mis hombros. No podía darme el lujo de que los sentimientos se me notaran tan claramente en mi rostro, o en mis expresiones corporales, o en mis palabras. No podía permitirme a mí misma caer en el miedo de fallar, y arrastrar a mi equipo conmigo hasta que todas estuviéramos tan inútiles como yo me sentía.
Lo quisiera o no, la Tierra necesitaba heroínas, y si yo no me sentía acorde al papel, entonces…mala suerte, porque ya lo tenía y no había nada que pudiera hacer para cambiarlo. Mi mejor opción era afrontarlo, idear un plan, y terminar con la amenaza lo más pronto posible. Solo entonces quizás mi vida podría volver a ser lo que había sido antes de convertirme en Mew.
Buenas épocas, rememoré, y volví a dar un nuevo golpe.
Un sonido diferente cortó el silencio de la habitación y me puso inmediatamente en guardia. Tomé mi pendiente y miré hacia la única entrada al pequeño gimnasio por debajo del Café Mew.
- ¿Ichigo?
Una voz llamó mi nombre un piso más arriba, donde se encontraba el café, y me relajé al reconocerla como la voz de Masaya. Entre todas las personas que podrían haberme sorprendido, sin duda lo prefería a él, y me apuré a subir al piso de arriba.
Me lo encontré dando vueltas por el café, llamándome, y confundido al ver que no parecía haber vida alguna en el pequeño local. Reí, y supongo que fue el sonido de mi risa lo que llevó su mirada directamente a la mía. Sonrió entonces, y se acercó hacia mí.
- ¿Cómo estás, Ichigo? – me preguntó él, envolviéndome en un abrazo tan cálido que por un momento me hizo olvidarme de mi ansiedad – no te veo hace días.
- Lo sé, lo sé, lo siento – contesté, abrazándolo de vuelta.
Ni me molesté en explicar lo que me había mantenido ocupada en los últimos días. Masaya tenía experiencia en temas Mew y probablemente podía escribir un libro con mis excusas de salvar al mundo, o entrenar para salvar al mundo…o estudiar para un examen de matemática. Por supuesto algunas de las cosas que me habían sucedido últimamente eran nuevas tanto para él como para mí, y ante territorio desconocido prefería quedarme callada antes de arruinar un buen rato a solas con mi novio.
- No te disculpes, haces lo que tienes que hacer.
¿Cómo había logrado conseguir enamorar a la persona más absolutamente comprensiva del mundo? No estaba segura, pero era como un respiro hondo en mis pulmones, como agua fría sobre una fea quemadura.
Sonreí lo más genuinamente que lo había hecho en toda la semana.
- ¿Qué haces aquí? – pregunté, cuando me alejé de su abrazo – No me malentiendas, me encanta la compañía pero hoy no me esperaba ver a nadie.
- No te vi en la escuela, y me preocupé. Mint me dijo donde podrías estar. ¿Paso algo hoy?
Suspiré.
¿Qué no pasó hoy?
Una vez más en lo que iba de la última semana me encontré ante la gran encrucijada de decidir exactamente que decirle a Masaya sobre toda la situación. No me gustaba el hecho de ocultar información a la persona con la que supuestamente debía ser completamente sincera, y la idea de mentir me hacia un nudo al estómago. ¿Pero que podía decirle cuando yo misma tenía tan poca información?
Masaya sabía lo suficiente de mi pasado como Mew, de la obsesión de Kish por mí, y de mi más reciente escapadita de pesadilla en una isla desierta en alguna parte del mundo, como para que pudiera comprender la situación por lo que yo estaba pasando actualmente, y puede que incluso pudiera ayudarme a crear algún asomo de estrategia en mi batalla personal contra Saya. Estaba bastante segura que él incluso preferiría saber lo que ocurría en mi vida, tanto las cosas malas como las buenas.
El problema es que yo no estaba tan segura de querer que él supiera todo. A fin de cuentas, una cosa era saber que la tierra había sido atacada en el pasado y yo había sido parte de un grupo con el deber de protegerla, otra cosa totalmente distinta era saber que la nueva amenaza estaba únicamente sobre la cabeza de su novia. Una cosa era saber que un chiquillo alienígena extraño había tenido una obsesión un tanto insana por mí tres años atrás, y otra muy diferente era venir a enterarse de que la prometida del mismo chiquillo buscaba matarme por esa misma obsesión.
Una cosa era recordar a Kish como mi enemigo mortal, otra cosa muy diferente era venirse a enterar que él buscaba ser mi aliado…y que probablemente yo lo necesitaba. Masaya no era del tipo celoso, pero aún así le desagradaba Kish tanto como a mí, y no sabía cuál podía llegar a ser su opinión sobre cierta alianza que se había llevado a cabo en esos tres días de mi ausencia. O del hecho de que yo la hubiera roto en mil pedazos esa misma mañana.
Por ser apresurada e histérica, además.
La idea de casi haberle costado la vida a Mint unas meras horas atrás me había puesto demasiado nerviosa, y sabía que había terminado quemando por completo un puente que no estaba segura que hubiera sido inteligente haber destruido todavía. Luego de un rato había logrado calmarme y entendido que Kish había buscado salvar mi vida en un acto espontáneo, pero eso no quitaba el hecho de que su falta de comunicación conmigo podía haber terminado en un completo desastre. Y simplemente no podía darme el lujo de compartir una alianza con alguien que solo estuviera interesado en salvarme a mí.
Mis amigas, mi familia, y cualquier otra persona inocente que pudiera verse metida en el medio, eran igualmente importantes para mí, y yo tenía la responsabilidad de mantener a todo el mundo a salvo.
Sin presión, ¿verdad?
Las Mew sabían a lo que se enfrentaban, y las conocía lo suficiente como para saber que estaban preparadas para el reto, pero ¿cuál era la necesidad de incluir a Masaya en las locuras de mi día a día? ¿No podía ahorrarle todo aquello que me gustaría que alguien me ahorrara a mí? ¿No podía simplemente a él dejarlo afuera del peligro y de la incertidumbre?
A diferencia de mí, Masaya tenía el potencial de tener una vida normal, de ir a la escuela y hacerse voluntario en todos los grupos ambientalistas que quisiera, y aplicar a buenas universidades y conseguir un buen trabajo que disfrutara de hacer por el resto de su vida, ¿así que porque no dejarle aprovecharlo? Incluso si él quisiera de todo corazón ayudarme a pelear contra los alienígenas, ¿debía permitírselo? ¿No era mejor intentar ahorrarle el mal trago por el que yo estaba pasando?
Por más comprensivo que fuera, no estaba segura que a Masaya fuera a sentarle bien el hecho de que esa misma mañana había estado en el cuartel general de los ciniclones, o que me habían teletransportado sin mi consentimiento, o que un ataque por poco había caído tanto sobre Mint como sobre mí.
No, me dije, no puedo decirle todo esto y seguir pretendiendo que todo está bien. La transparencia y total honestidad eran pilares fuertes y buenos que buscaba en mi relación con Masaya…pero no estaba segura cuanto me servirían ahora cuando mi vida corría peligro, y posiblemente el destino de otros estuviera también en riesgo. No podía dejar que el miedo que había sentido en la boca del estomago por Mint fuera a repetirse con Masaya. Era más seguro que él tuviera la menor información posible, y eso era todo.
Sonreí lo más genuinamente posible que pude antes de responder:
- Nada que no pueda manejar.
Y antes de que él pudiera agregar otra pregunta a mi muy vaga respuesta, me subí de puntas de pie para besarle. Sus brazos me rodearon en su lugar familiar alrededor de mi cintura, y los míos encontraron su sitio en sus hombros. Por un rato, olvidé por completo de la situación y supuse que él también porque no volvió a sacar el tema.
- Lo siento, debo estar toda sudada – dije, en cuanto nos separamos por aire.
- ¿Por qué estás sudada?
- Estaba entrenando abajo.
Masaya miró a algún lugar detrás de mí y luego frunció el ceño.
- En todos los años desde que vengo aquí nunca me enteré de la existencia de algo debajo del café.
- Lo hay – reí – no puedo creer que nunca te lo enseñé.
Tomé su mano y comencé a caminar en la dirección por donde había venido. Nos guié a ambos pasando la cocina hasta llegar a un pequeño pasillo con escaleras que iban hacia arriba y hacia abajo. Encendí una pequeña luz para iluminar las escaleras.
Masaya miró hacia abajo con una pregunta en sus ojos.
- ¿Segura que está bien que yo esté aquí? – preguntó Masaya en cuanto lo arrastré escaleras abajo - ¿no está la base de las Mew aquí o algo así?
Le dediqué una mirada de sospecha burlona sobre mi hombro.
- ¿Por qué preguntas? ¿Piensas robar nuestros secretos y vendérselos al mejor postor?
- ¡Claro que no! – respondió él con verdadera sorpresa – jamás haría…
- Lo sé, lo sé, es solo una broma – reí.
Puede que Shirogane se enoje si se entera que dejé entrar a alguien fuera de las Mew aquí, pero…lo que no conoce no puede herirlo, pensé.
Llegamos al subsuelo del café, y nos recibió un pasillo largo con una sola luz en el techo. Seguimos caminando hasta la última puerta sobre la derecha, y nos adentramos en el pequeño gimnasio. No era más espacioso que un comedor en una casa promedio, pero el lugar alcanzaba para unas sesiones de prácticas para nuestro grupo. Más allá que la bolsa de boxeo en la esquina de la sala, un par de colchonetas en el suelo, y un armario sobre el que dejar nuestras pertenencias, no habían más muebles u objetos en la sala, pero no necesitábamos más que eso.
Después de todo, no era un sitio en el cual pasar el rato con amigos o pareja, era un sitio en el cual aprender a tirar o recibir un buen golpe.
- Entonces aquí es donde entrenan las Mew– dijo Masaya mirando a su alrededor con verdadero asombro a pesar de lo poco impresionante del lugar.
- ¿Te imaginabas otra cosa?
Me dirigí hasta el armario y tomé un par de vendas dentro de un cajón. Comencé a enrollarme una sobre la muñeca.
- No me imaginaba ningún sitio en particular, siendo sincero – contestó él, dando una vuelta completa hasta llegar a verme nuevamente – por mucho tiempo incluso creí que no necesitaban entrenar.
- ¿Creías que no lo necesitábamos? ¿Cómo íbamos a proteger la Tierra entonces? – pregunté, riéndome un poco.
- Creía que todo su poder venía de los pendientes.
Terminé de enrollar la segunda venda y me dirigí nuevamente hacia el saco de boxeo, lista para tirar unos golpes (y alardear un poco en el proceso).
- Técnicamente sí – contesté tras golpear un par de veces rápidamente el saco frente a mí - pero incluso las superheroínas con magia propia debemos fortalecernos de vez en cuando.
No había dudas de que nuestros pendientes nos conferían una serie de grandes habilidades de las cuales otros solamente soñarían con poseer, como fuerza bruta, reflejos más agudos, rapidez, e incluso un instinto animal que había probado ser más que ventajoso en batalla. Era ridículamente sencillo sentirse extremadamente poderoso tras una de nuestras transformaciones, porque la cantidad de poder que corría por nuestras venas era verdaderamente asombrosa.
Pero muy temprano en el juego nos habíamos dado cuenta que de nada nos serviría la fuerza, los reflejos o incluso la adrenalina, si no sabíamos cómo utilizarlas correctamente, y nuestro poder no podía guiarnos a ser las experimentadas guerreras que debíamos ser para proteger la Tierra. No, eso venía debía venir de parte nuestra, de nuestro entrenamiento personal y una comprensión de las capacidades de nuestros propios cuerpos.
Ciertamente recibir todo aquel poder envuelto en un extenso conocimiento de batalla hubiera hecho nuestro trabajo más fácil y nuestras vidas adolescentes más sencillas, pero aquel no era el escenario que nos había tocado.
Sin dolor no hay ganancia, ¿no es eso lo que dicen?
- Lo sé, lo sé – respondió Masaya - es solo que el hecho de saber que entrenas como cualquier otra persona te hace parecer más…
Él se quedó callado entonces, y dejó su frase sin terminar. Yo no necesité que lo hiciera, de todos modos. No se necesitaba ser un genio para comprender adonde había ido a parar aquella frase, y porqué no quería terminarla. Di un golpe más, esta vez ejerciendo un poco más de fuerza.
- ¿Humana? – terminé por él en un susurro.
- No quise decir eso.
No, claro que no, pensé. Lo conocía lo suficiente como para saber que no me haría pasar un mal trago a propósito.
Bum.
- Descuida, lo sé.
Masaya era demasiado bueno como para hacerme sentir mal adrede sobre algo que yo no podría cambiar de mí aunque lo intentara con todas mis fuerzas. Siempre había sido generoso, y empático conmigo. Me había amado desde el principio, incluso luego de haberse enterado de mi transformación a Mew, y jamás se había burlado de mí, recriminado o hecho sentir diferente por ser lo que yo era.
Y por diferente, quería decir: entidad no humana.
Bum. Bum.
Asociarme a mí misma con términos así no era ninguna sorpresa para mí, especialmente considerando que hacía 3 años desde que mi ADN había sido modificado, y ya había tenido mi dulce tiempo para hacerme a la idea de que poseía tanto habilidades como debilidades completamente diferentes a los de cualquier persona normal. De verdad. Lo sabía. Perfectamente…
¿Pero entonces porque me molesta escuchárselo decir?
Bum.
Hice una pausa y pretendí arreglarme las vendas para tener algo que hacer y que Masaya no viera la demasiada honesta expresión en mi cara. Supongo que mi pequeña actuación no fue muy buena porque escuché su voz calmada y reconfortante un instante después.
- Eres humana, Ichigo – me habló él, por fortuna detrás de mí - algunas de tus habilidades son más… especiales que las de los demás, es todo.
No estaba tan segura que así fuera, pero de todos modos, quería dejar el tema a un lado. Aquel no era mi mejor día, y claramente el intento de asesinato de aquella mañana estaba comenzando a afectarme si un tema tan tonto como aquel me molestaba tanto.
- Si, supongo que sí – contesté de forma vaga - pero aún así las personas especiales también debemos entrenar, somos mortales a fin de cuentas.
Escuché un suspiro detrás de mí.
- Lo sé.
Su tono fue más claro que su respuesta, con un mensaje oculto, pero al mismo tiempo extremadamente claro que parecía decir:
No me lo recuerdes.
Y por supuesto, ¿Quién querría ser recordado una y otra vez que su pareja ponía en peligro su vida, y él no podía hacer nada para ayudar? Me arrepentí de haber hablado en absoluto porque el peligro en mi día a día era exactamente el tema que había estado deseando evitar. Después de todo, ¿no había estado intentado hacía no más de 10 minutos ahorrarle a Masaya mis numerosos problemas y complicaciones? ¿Adonde había ido a parar mi resolución?
Hora de cambiar de tema, decidí.
- ¿Sabes? Creo que ya tuve suficiente por hoy – dije, dándome vuelta hacia él y sonriendo de una manera que esperaba pareciera honesta - ¿Qué dices si vamos al cine?
Él me miró con extrañeza.
- ¿Segura que no quieres quedarte un rato más? Parece que estas con toda la energía para seguir.
Él tenía razón, y siempre había sido bueno en ver cuando yo no estaba siendo del todo sincera conmigo misma. Sentía que tenía demasiada energía acumulada recorriendo mis venas como para detenerme, y sabía que podía sacar unas horas más de entrenamiento productivo antes de verdaderamente comenzar a cansarme. Mi objetivo del día, a fin de cuentas, había sido fortalecerme, cansarme, y llegar de vuelta a casa de Mint lo suficientemente agotada como para dormir toda la noche, sin pesadillas y sin ansiedad por cocinar panqueques a las 6 de la mañana.
Verdaderamente no quería hablar con nadie, no quería discusiones tontas surgiendo porque yo estaba lo suficientemente estresada como para que temas tontos de repente cobraran una importancia que no tenían. Y más importante, no quería dejar de entrenar, por miedo a darme cuenta de lo poco preparada que estaba realmente para una futura batalla. Todo mi cuerpo quería quedarse allí, con la bolsa de boxeo y mis vendas, sin ningún sonido más que mi respiración en el aire.
Pero no puedo seguir haciendo esto…
No podía seguir dejando mi vida completamente a un lado, y a todas las personas en ella a favor de algo más, por más noble que fuera la causa. Sí, las Mew y la Tierra y todos los malditos alienígenas eran la prioridad, lo habían sido desde el momento en que me había transformado, y lo serían hasta que ya no hubiera amenaza con la cual pelear. Pero mientras tanto, mientras el pendiente estuviera alrededor de mi cuello por necesidad y no por estética, no podía darme el lujo de seguir ahuyentando a las personas que quería, o muy pronto ya no tendría más una vida que llamar la mía.
Muy pronto Mew Ichigo consumiría a Ichigo, ¿y luego con que me quedaría?
- Descuida – me encontré a mí misma diciendo, mientras me desenredaba las vendas de las muñecas – ya entrené bastante por hoy. Vayamos a algún lugar divertido.
- De acuerdo – contestó él, aunque no del todo convencido, pero decidió seguirme la corriente de todas formas – vamos al cine, ¿entonces?
- Sí, ¿hay alguna buena película?
- Déjame revisar.
Mientras Masaya sacaba su teléfono del bolsillo y se ponía a buscar los horarios de las películas, guardé las vendas en el armario, y me peiné rápidamente con los dedos para no parecer tan poco presentable. Una ducha hubiera sido excelente, pero no quería esperar más tiempo. De repente tenía ganas de salir de allí dentro, y jugar a ser una adolescente normal. Al menos por un rato.
- Hay una que empieza en 20 minutos, creo que es una comedia, ¿te parece bien?
- Sí, está bien.
Ya no estaba al tanto de las películas nuevas que salían, y para ese día específicamente, me daba igual lo que fuéramos a ver con tal de realizar una actividad mínimamente normal. Después de todo, Masaya se merecía una novia con quien hacer todas esas cosas de pareja para las que yo parecía nunca tener tiempo de hacer. Sabía que lo hacía feliz, y me gustaba hacerlo feliz. Ademas, no podía hacerme mal robar un ratito de tiempo y dedicarlo a mí misma por una vez, ¿no es verdad?
Masaya me sonrió con la calidez de siempre, y le devolví la sonrisa con más soltura que antes. Le tomé del brazo cuando llegué a su lado, y le di un nuevo beso antes de que nos encamináramos escaleras arriba. Apagué la luz a nuestra salida y cerré la puerta del café a nuestras espaldas.
Clavé una rodilla en el suelo y agaché la cabeza, porque el ser frente a mí se merecía el respeto que en todos mis años de aprendizaje no había sabido dedicarle a ninguna otra criatura. A pesar de las palabras que podía sentir a punto de escapar de mi boca, esperé en silencio porque sabía que mi amo apreciaría mi silencio más que un arranque de impaciencia.
No estuve equivocada.
La criatura incorpórea frente a mí habló con su gran voz profunda:
- Has estado efectuando un gran trabajo, mi soldado.
Agradecí tener la cabeza baja para que no me viese sonreír, y resistí el impulso de hinchar el pecho de orgullo. Cuando hablé, mi voz fue controlada y estable, a pesar de mi emoción por recibir palabras afectuosas de mi amo.
- Solo cumplo mi deber, mi señor – contesté, lo más humildemente que me fue posible.
- ¿Y lo seguirás cumpliendo tan arduamente, no es verdad?
- Lo que sea que usted quiera, mi señor...nómbrelo y lo cumpliré.
Mi amo hizo una pausa entonces, y comencé a impacientarme. La rodilla sobre el suelo duro ya me estaba resultando dolorosa, y quería ponerme de pie de una vez. Pero no me digné a hacerlo hasta ser permitido salir de mi posición.
Entonces mi amo habló por fin, y yo olvidé mi incomodidad:
- Tengo una misión para ti.
Desperté de un sobresalto sobre la cama, y confundida sobre la hora o como había llegado hasta allí. El despertador sobre la mesa de luz me dio a entender que era demasiado temprano como para empezar a prepararme para la escuela, o incluso para ponerme a cocinar un desayuno chamuscado e incomestible. Me maldije a mí misma por tener otra noche sin dormir, porque aquello era lo último que necesitaba tras la semana ajetreada que había tenido.
Una miradita a mi izquierda me demostró que por fortuna, esta vez mi pesadilla no parecía haber despertado a Mint, y ella seguía durmiendo plácidamente sobre su cama.
Mejor así, me dije. No tenía ganas de lidiar con nadie por el momento.
Un vistazo a mi cuerpo me mostró que llevaba puesta ropa de gimnasia, en vez de mi usual pijama rosa, y entre la confusión y el cansancio, por fin recordé como me había pasado el día entrenando, luego salido al cine con Masaya, para finalmente volver a casa de Mint agotada. Mi intención había sido tomar una ducha antes de meterme bajo las sábanas, pero ni siquiera me había quitado los zapatos antes de quedarme dormida sobre el acolchado. Suponía que había decidido ducharme en la mañana, si es que mi cerebro había llegado a conjurar un pensamiento tan complejo para mi estado tan cansado. Pero lo dudaba.
Consideré ponerme de pie y dirigirme al baño a darme la tan necesitada ducha, pero me encontré a mi misma sin energías de reserva como para realizar una tarea tan simple. Sin importarme el rezongo que me llevaría de Mint a la mañana siguiente, dejé caer nuevamente mi cabeza sobre la almohada, y supuse que se vendría una noche más de insomnio, pero por fortuna me volví a quedar dormida antes de ponerme a pensar demasiado en pesadillas sin sentido.
Wow, no puedo creer que pasaron casi dos meses desde mi última actualización! De verdad perdón por mi extrema tardanza, no fue mi intención. Estuve últimamente muy ocupada con muchas cosas y de verdad no tuve cuando sentarme a escribir. Mi intención había sido subir un capítulo por lo menos cada dos o tres semanas pero se me fue demasiado el tiempo esta vez, y me disculpo por eso.
Otra cosa, sé que este capítulo no es demasiado emocionante ni suceden demasiadas cosas, pero es a propósito porque quería dejar que la historia se construyera un poco más antes de avanzar hacia el conflicto principal, espero que les siga gustando, y agradezco cualquier comentario y/o critica. Muchas gracias por leer, y prometo intentar apurarme más la próxima vez!
Dayome-chan Dragneel y GioChris - Gracias por haberse tomado el tiempo para dejarme comentarios a esta historia! De verdad me hace demasiado feliz leer sus opiniones y espero les siga gustando lo que se viene :)
