Capítulo 5

Me pasé el resto del día intentando no volver a quedarme dormida, lo cual fue más difícil de lo que pensé que sería, incluso con un par de tazas de café en mi sistema. Prácticamente vagué por los pasillos como un fantasma, y di mi mejor actuación de ''estoy bien'' cuando casi todos los profesores me preguntaron en el correr del día si algo me ocurría.

¡Claro que algo me ocurría! Pero existía el pequeño detalle de no poder decírselo a nadie o me comprarían un ticket de ida al manicomio más cercano. Al fin y al cabo, no todos los días una estudiante tenía visiones en la clase de matemáticas. Dudaba que el consejero estudiantil tuviera algún consejo para mí.

Así que pretendí estar cansada por haber estudiado demasiado la noche anterior, tomé café hasta que por fin me sentí como un ser humano vagamente consciente, y evité responder muchas preguntas porque mi cerebro andaba tan lento, que algunas veces no estaba segura ni de lo que decía. La verdad es que no recordaba otro momento en mi vida en que me hubiera sentido tan absolutamente cansada. Aquellas pesadillas que había estado teniendo casi cada noche desde hacía una semana, estaban agotando mi energía, llevándose gota tras gota hasta que sabía que en algún momento me vería forzada a dormir, pero no quería hacerlo. No quería seguir viendo…lo que sea que estaba viendo sin tener elección alguna.

Estaba empezando a considerar seriamente la posibilidad (por más loca que fuera) de que aquellos no fueran simplemente malos sueños los que me azotaban, sino momentos de la vida de otra persona, que por alguna razón yo estaba viviendo en carne propia. No un mero recuerdo visto como una película en la que yo era un espectador al margen, porque dentro de todo aquello podría haber sido un poco más sencillo de comprender o manejar.

Lo que yo sentía era la experiencia real de una situación que le había ocurrido a alguien más. Estaba viviendo el recuerdo como si yo fuera esa persona en cuestión. Una especie de…teletransportación, tal y como Kish lo hacía todo el tiempo, pero en el tiempo en vez del espacio.

Y en otro cuerpo.

Si es que algo de todo aquello tenía sentido.

Siendo totalmente sincera, no comprendía la situación del todo bien, porque nunca había escuchado de otra persona que le ocurriera algo similar. Chicas preadolescentes salvando el mundo, alienígenas intentando apoderarse de la Tierra, y monstruos quimeras, claro, cosa de todos los días. Acceder a las experiencias pasadas de otra persona era un tema completamente diferente del que yo no estaba familiarizada.

Pero esperaba que Kish si lo estuviera…después de todo, eran sus recuerdos.

¿Extraño que yo supiera eso, no? Y sin embargo, estaba mortalmente segura de aquel hecho luego de haber tenido aquel último sueño, porque yo también podía recordar ese día en cuestión y con demasiada claridad como para olvidar los detalles importantes en mi primer encuentro con Kish.

Yo había estado allí tres años atrás, yo había sido la chica inocente con gran poder, y labios sabor a fresa. Él había sido el chico que había descendido del cielo, quien había mostrado toda intención de atacarme solamente para robar mi primer beso. Estaba segura de que aquel era un recuerdo porque yo lo había vivido tres años atrás pero desde mi propio lugar, con mis propios pensamientos en mi cabeza. Hoy sin embargo, lo había vuelto a vivir, pero esta vez desde los ojos de Kish.

De todas las personas en el mundo con las que podría estar soñando, y me pongo a soñar con él, me dije, sin poder creérmelo.

Al principio, cuando los sueños habían sido más abstractos y poco claros, podría haber continuado creyendo que mi subconsciente era demasiado creativo, o que había estado viendo demasiadas películas últimamente, o estresada por un ataque inminente de Saya. Pero ahora no podía hacerme la tonta, no después de haberme visto a mi misma a través de los ojos de alguien más, no después de haber escuchado pensamientos que demasiadas veces cierto alienígena había compartido conmigo en voz alta.

La posesividad y la arrogancia habían sido claros sentimientos que me habían embargado en el sueño y considerado completamente lógicos, pero estando ahora despierta encontraba que me disgustaban completamente. No se trataba simplemente de los pensamientos que habían transcurrido por su… ¿o mi?...cabeza, sino la certeza profunda e indiscutible de que allí había un cazador, y una presa. La situación se volvía verdaderamente repugnante al considerar que la presa era yo misma.

Necesito otro café, pensé.

Pero más que cafeína necesitaba respuestas. Necesitaba saber qué diablos le pasaba a mi cabeza para que viera situaciones en la vida de Kish sin ningún tipo de control por mi parte. ¿Era este algún nuevo truco alienígena del que no estaba familiarizada? ¿Estaba haciendo esto él a propósito? ¿Por qué diablos me dejaría ver etapas de su vida?

Y más importante aún, la pregunta que más miedo me daba considerar era: ¿podía él ver etapas de mi vida?

Él no había dicho dicho ni una sola palabra ni dado a entender que le estuviera sucediendo algo ni remotamente parecido a lo que me estaba sucediendo a mí, y podía admitir que sería extremadamente raro que de repente ambos nos viéramos afligidos por el mismo problema. Por el contrario, no podía negar que mi propia experiencia había comenzado de súbito, sin razón aparente y sobre alguien tan poco cercano a mi vida (pero igualmente caótico y capaz de ponerme de los nervios) como Kish. Si aquella situación tuviera un asomo de lógica, quizás no gastaría mi tiempo en preguntarme si a él le estaba sucediendo algo similar, porque claramente no tenía ninguna razón para creerlo.

Y sin embargo, me lo estaba preguntando, y estaba entrando en pánico a pesar de no saber la respuesta todavía, porque solo pensar en la posibilidad ya daba miedo. Si Kish podía entrar en contacto con mis recuerdos, no solo me dejaba en un sitio extremadamente incómodo y vulnerable, sino absolutamente peligroso, porque no sabía cómo, pero estaba segura que él podría encontrar algo en mi memoria que utilizar en mi contra.

Y eso no podía permitirlo, no con mi enemiga de su lado capaz de pescar información importante sobre mí y mis seres queridos directamente de la cabeza de su prometido. No le dejaría a Saya esa ventaja.

Intenté prestar un mínimo de atención a mis clases, pero me encontraba tan distraída con todas aquellas preguntas volando por mi cabeza, que al final desistí. Necesitaba que terminara el día de una vez por todas para ponerme en marcha con mi búsqueda de la verdad.

Para mi sorpresa, el resto del día transcurrió con normalidad y sin obstáculos de por medio. Con mi suerte, habría creído que alguno de mis profesores me saltaría con un examen sorpresa, o quizás Masha comenzaría a gritar ''Alien! Alien!'' dentro de mi mochila, o Masaya se daría cuenta que no estaba en mi mejor condición y me haría muchas preguntas difíciles de contestar. Pero nada de eso ocurrió, mis profesores mayoritariamente enseñaron lo que debían enseñar sin esperar mayor participación de mi parte más que en el momento en que grité ''presente'' cuando nombraron mi nombre en la lista. Masha se mantuvo callado, y Masaya no apareció por mi salón, lo cual fue un poquito decepcionante pero más que nada un alivio porque significaba que no tenía que mentirle sobre algo más.

Para cuando tocó la campana, ya estaba agotada mental y físicamente, pero sabía que estaba en camino de conseguir respuestas importantes, y eso me animó un poco. Recogí mis cosas, y caminé rápido hacia la entrada de la escuela. Mientras mis compañeros se iban a sus casas, yo me quedé de pie en un lugar visible, viendo hacia todos lados por una señal de Kish (no totalmente segura de que este fuera a aparecer).

No tardé en ver su figura pálida, contrastando con su ropa de batalla oscura y pelo verde, medio escondido detrás de un árbol, pero lo suficientemente visible como para que yo pudiera verlo.

Fiel a su palabra, Tart había arreglado una reunión entre los dos, supuestamente para que pudiéramos hacer las paces y volver a ser aliados en la nueva guerra que se avecinaba. Sin embargo, yo tenía otro tema que sacar a colación, antes que cualquier posibilidad de alianza.

Kish me hizo un gesto con su mano y se escondió un poco más detrás del árbol mientras yo me acercaba a su posición. Comenzó a hablar incluso antes de que yo le alcanzara.

- Escuché que Tart te acorraló esta mañana, quiero que sepas que yo no le…

- Sí, sí, está bien – le corté cuando estuve lo suficientemente cerca como para poder mantener una conversación - ¿Cómo has estado últimamente?

Él pareció desconcertado ante mi pregunta, y ¿Cómo culparlo? ¿Cuándo yo le había preguntado a Kish como estaba? Me di cuenta que quizás aquella no había sido la mejor forma de entrar al tema.

Cuando él contestó fue un tanto inseguro de su respuesta.

- Ah…bien… supongo. ¿Qué tal tú?

- Teniendo algunos problemas para dormir, en realidad – respondí, quizás un tanto cortante - ¿te ha pasado?

Observé fijamente sus reacciones, porque no quería que se me pasara ni un solo detalle, pero si Kish entendió a que me estaba refiriendo, ciertamente no transmitió aquel conocimiento en su rostro.

- Ah…que lástima – respondió él, un poco dubitativo, pero aún así me pareció que sincero – ¿si me ha pasado dormir mal alguna vez? Claro, sí.

Bueno aquella conversación se estaba convirtiendo rápidamente en un encuentro social (y uno bastante vago de por sí), y yo no tenía tiempo ni ganas de convertirme en un ser sociable. Tenía que guiar la conversación hacia la información que a mí me interesaba obtener porque Kish claramente no estaba captando mis indirectas.

O quizás yo no estaba siendo lo suficientemente clara, y simplemente necesitara preguntar lo que tenía en la cabeza, y listo. Problema resuelto.

¿Pero cuál es exactamente mi pregunta?

¿Has estado implantando recuerdos que no son míos en mi cabeza?

De alguna manera no me parecía el lugar más claro para empezar. Me encontré a mi misma frustrándome, porque más allá de lo segura de mi misma que pudiera estar, no tenía forma de dar pruebas a todo lo que había estado viendo, y allí parada en silencioso enojo me sentí como una tonta.

Kish frunció el ceño y habló:

- ¿Hay alguna razón por la que me miras tan fijo?

- No estaba haciendo eso.

- Me mirabas como si quisieras taladrar un agujero entre mis ojos.

Bufé, y crucé los brazos sobre mi pecho. Miré hacia otro lado antes de confesar:

- Es que tengo algo que preguntar y no sé cómo hacerlo.

- ¿Algo que preguntarme? ¿A mí? Tengo curiosidad ahora – anunció él, e incluso sin verlo, noté la sonrisa pícara en su tono de voz – Anda dime, gatita, ¿Qué es?

Como me gustaría tener a alguien más con quien hablar de eso, pensé, pero desafortunadamente, dudaba que mi equipo o Shirogane pudieran ayudarme en este caso. Dudaba que incluso me creyeran cuando a mí me costaba creerlo. Además, si los sueños eran suyos tenía que saberlo.

Suspiré, y descrucé los brazos.

Solo pregunta, me dije y volví a mirar a Kish a los ojos.

- ¿Has estado…viendo cosas extrañas? – pregunté.

- ¿Cosas extrañas? – repitió él lentamente.

- Sí.

Él lo consideró durante un instante.

- Vi un perro haciendo yoga con su amo en un parque – respondió con total certeza, y una sonrisa al recordar algo divertido – eso es raro, ¿no?

- ¿Qué? ¡No!

- ¿No es raro?

- No…bueno sí, pero no me refiero a algo así.

- ¿Y a que te refieres entonces?

- A cosas… que quizás no verías en la…realidad.

Kish pestañeó un par de veces, y me miró como si tuvieran que internarme. Irónico que el chico más desequilibrado y obsesivo que conocía me mirara a mí de esa manera, como si yo fuera la que se le habían saltado un par de tornillos.

Suponía que eso debía hablar bastante mal de mi estado psíquico actual.

- Escucha, Ichigo… creo que estas un poco cansada, quizás sea mejor que hagamos esto otro día.

- ¡Estoy cansada sí! - exploté, y luego bajé el tono de voz porque no tenía energía ni ganas de generar otra discusión - estoy cansada porque he estado teniendo lo que yo creía que eran pesadillas cada noche, pero estoy empezando a creer que no lo son en absoluto, y no sé cómo detenerlas. ¿Entiendes lo que digo?

No, por la expresión en su rostro, podía ver que no entendía, y parte de mí se sintió un poco decepcionada que al ver que él no comprendía mi alborotado tren de pensamientos a la misma velocidad que yo lo estaba expulsando de mi boca. Sin embargo parte de mí se sentía absolutamente aliviada. Si Kish no tenía idea de lo que yo estaba hablando, significaba que a él no le había estado sucediendo lo mismo que a mí, y por ende no había estado teniendo ningún recuerdo sobre mi vida.

Al menos no todavía.

Mis propios sueños habían comenzado de súbito alrededor de una semana atrás, y habían ido escalando en intensidad. Al principio habían sido fácilmente ignorables y me habían ocurrido solo una vez por noche como mucho. Pero ahora cada vez que me dormía aunque fuera una siesta de media hora ya veía una escena diferente. ¿A Kish le pasaría algo parecido con el tiempo?

La verdad esperaba que no. Esperaba que fuera una locura solo mía y que pudiera arreglarse fácilmente, pero para eso necesitaba ser más clara.

- ¿Qué pueden ser si no son pesadillas entonces? – preguntó Kish, interesado, y más abierto a escucharme de lo que otra persona probablemente estaría.

Respiré hondo, y solté el aire de golpe.

- Recuerdos – respondí, con un susurro, y de alguna forma la confesión se sintió demasiado íntima – creo que son recuerdos.

- ¿De algo en particular? – preguntó él con el ceño fruncido.

- No de algo…de alguien.

Él me miró sin entender y con razón. Había tenido en la punta de la lengua mi respuesta, a punto de decirle que eran suyos los recuerdos que veía en mi cabeza, pero me había encontrado como una cobarde volviéndome para atrás a los mensajes crípticos.

Odiaba saber que estaba ''conectada'' de cierta manera con Kish, cuando mi ideal sería no tener absolutamente nada que ver con él. No quería saber etapas de su vida, no quería nueva información sobre él, y no quería tener que ponerme en un lugar vulnerable para encontrar una solución a este problema. Había creído que quería respuestas a mis preguntas, pero aparentemente lo que quería era evitar el tema como una tonta hasta que él lo averiguara por su cuenta y se hiciera cargo de la situación. Yo aparentemente no quería lidiar con esto.

Para ser una persona tan impulsiva, sí que sabía dar infinidad de vueltas alrededor de un tema con tal de evitarlo el mayor tiempo posible.

- Básicamente durante mis sueños estoy…viendo y… sintiendo cosas que no son mías - terminé diciendo.

Vi a Kish tensarse ligeramente, y sus ojos perdieron la chispa de diversión que habían mantenido desde que habíamos empezado a hablar.

- ¿Qué tipo de cosas has sentido? – preguntó él con total seriedad.

Una alarma sonó en mi cabeza ante el tono de su voz, y aunque todavía no sabía el por qué, su pregunta me sonó un poco sospechosa, un poco demasiado específica. Me dio la sensación de que repentinamente Kish comprendía de lo que yo estaba hablando y no estaba segura si aquello era algo bueno o algo malo.

- Depende del sueño – respondí y con cautela pregunté - ¿tú has estado sintiendo cosas? ¿Quizás que tampoco sean tuyas?

Él abrió la boca para responder, pero en ese instante, el silencio de la tarde fue cortado por un muy familiar chillido que estaba comenzando a asociar con picos de estrés. Desde dentro de mi mochila, la palabra ''Alien!'' no se vio casi amortiguada por mis libros y otras chucherías, y los dos pudimos escuchar a la perfección el sonido y comprender lo que aquello implicaba.

Un nuevo ataque se había llevado a cabo o estaba en proceso de suceder, y si Kish estaba allí conmigo, significaba que él no era el responsable. Parecía que Saya se había puesto manos a la obra de una vez por todas.

Terminemos con esto, decidí.

- ¿Sabes donde es el ataque? – pregunté, dando por olvidada nuestra conversación. Al menos por el momento.

- No lo sé…no he podido averiguar nueva información últimamente.

Vi culpabilidad cruzar su rostro al no tener otra respuesta para darme, y yo asentí sin responder nada. No podía quejarme porque yo había sido quien le había pedido, o más bien, demandado a gritos, que dejara de ofrecerme su ayuda así que este resultado no era inesperado en absoluto (aunque sí un poco decepcionante debía admitir). Me hubiera gustado tener un sobreaviso.

Pero la vida no siempre es tan sencilla para una Mew.

Tomé mi celular y mandé un solo mensaje a las otras cuatro personas que necesitaba en la misión que teníamos por delante. El mensaje se envió con éxito y enseguida tuve cuatro positivas respuestas.

Ahora solo queda saber donde…

Apenas tuve el tiempo suficiente de averiguar hacia donde debía dirigirme, cuando una gran explosión sonó a mi espalda, y la tierra reverberó bajo mis pies. Perdí el equilibrio y hubiera caído al suelo de no ser por el brazo de Kish que me tomó fuertemente. Lo miré a los ojos por un instante, preguntándome que tan involucrado podría estar él ahora luego de una semana entera desde que le había gritado que se largara de mi vista.

¿Habría cambiado de bando ya? ¿Era confiable su palabra? ¿Era una completa tonta por haberle dado a Kish información sobre mí?

En sus ojos vi repentina traición, y me soltó rápidamente antes de mirarme seriamente a los ojos y responder de forma intensa:

- No tuve nada que ver en esto, Ichigo, y estoy diciendo la verdad.

Y no sé malditamente por qué… pero le creí. Le creí tan fervientemente como si hubiera confiado en él toda la vida. Lo cual no tenía sentido, pero ¿que cosa tenía sentido en mi vida últimamente?

Quizás fue la ferocidad que podía ver tras sus ojos amarillos, un eco de la frustración que yo misma había sentido algunas veces en las ocasiones en que alguien no creía en mi palabra. La frustración de saber que estaba diciendo la verdad, pero aún así no me creían.

¿Es eso?, pensé, ¿estoy viendo una prueba de su sinceridad? ¿O solo quiero volver a confiar en él bajo cualquier excusa?

Dentro de mi mochila, Masha seguía sonando, y repentinamente la decisión vino a mí con una certeza que no estuve segura de donde provenía, solo que era cierta.

- Te creo – respondí.

Él asintió, un poco sorprendido, pero enmascarándolo, y relajó de nuevo sus hombros. Yo dejé caer mi mochila al suelo, y abrí el cierre, dejando que Masha saliera disparado hacia afuera.

Ahora su chillido era más agudo, más desesperado, y enseguida comenzó a flotar en dirección al lugar donde probablemente el caos se estaba desarrollando, hacia donde la explosión se había escuchado, y donde una columna de humo se elevaba.

Al menos las demás no tendrán dificultad en localizar el lugar, pensé sombríamente.

No quería ni imaginarme qué tipo de daño una alienígena de la cual no sabía nada sobre sus habilidades podía estar causando en mi ciudad, pero lo que sí podía imaginarme, era la golpiza que yo le daría en consecuencia. Nadie se metía con mi mundo.

- Tengo que irme – anuncié rápidamente y comencé a correr detrás de Masha.

Unos segundos después, sentí la presencia de Kish a mi lado.

- ¿Qué crees que haces?

- Voy contigo – respondió él simplemente corriendo a la par.

- No necesito…

- Mi ayuda, lo sé, pero no importa, la tienes de todos modos. Prometí protegerte, ¿recuerdas?

También prometiste irte, señalé en la comodidad del interior de mi cabeza, pero no lo compartí en voz alta. Continué corriendo, y él a mi lado, me siguió paso a paso. Tuve el repentino pensamiento de que para ser una criatura capaz de movilizarse solo con el pensamiento en una milésima de segundo, estaba bastante en forma.

- Kish, no creo…

- No voy a meterme en tu camino – interrumpió él – ni hacerme cargo de la situación por ti. Tú mandas, Ichigo, dime que necesitas que haga y lo haré.

Lo miré mientras corría, y aunque tendría que haber desconfiado de sus palabras como el gran mentiroso que sabía que podía ser si se lo proponía, me encontré a mí misma creyendo en él. Otra vez.

Pero ¿qué diablos me está pasando hoy? ¿De repente me había convertido en un maldito detector de mentiras andante?

Quizás fuera estúpido de mi parte, pero me di cuenta que aún quería ser su aliada en esta guerra, aún quería un compañero capaz de ayudarme, y estaba más dispuesta de lo que había pensado a darle una segunda oportunidad a cambio de información sobre Saya que él pudiera proveerme.

Si algo necesitaba en esta guerra más que poderes especiales, era información con la cual fortalecerme y saber contra qué diablos me estaba enfrentando. Necesitaba saber las debilidades y fortalezas de Saya, y yo no podía conseguir nada de eso por mi cuenta. Lo quisiera ver o no, Kish podía protegerme mientras yo encontraba la manera de hacer que su querida prometida y su séquito de encapuchados se largaran malditamente de mi planeta. ¿Ameritaba ese resultado volver a confiar plenamente en Kish y restablecer la alianza?

No estaba segura, pero podía vivir con un período de prueba.

- Está bien – respondí, sorprendiéndolo – puedes ayudarme, pero no así. Vas a atraer mucha atención y no podemos dejar que los humanos te vean.

Habíamos pasado un par de personas que nos habían mirado con sorpresa mientras corríamos, y con confusión al ver que mi compañero tenía orejas puntiagudas y cabello verdoso. Suponía que habíamos pasado tan rápidamente por su lado que seguramente lo habían considerado un chico raro en disfraz, pero no podíamos seguir atrayendo atención a nosotros de esta manera o pondríamos en peligro a mucha gente.

Además, no sabía qué tipo de desastre podía estar ocurriendo en mi ciudad, y aquella corrida se estaba haciendo muy lenta para mi gusto.

Frené y Kish también se detuvo. Miré hacia ambos lados y cuando comprobé que no había personas a nuestro alrededor, pegué un salto y tomé a Masha del cielo, el cual aún seguía flotando y chillando.

- Teletransportanos a ambos – le dije a Kish, y estiré la mano hacia adelante – así ganaremos tiempo.

Él miró mi mano y luego mi rostro. Pareció dubitativo por un instante y creí que no lo haría, pero entonces borró por completo la expresión de duda en su rostro, y cuando tomó mi mano fue con decisión.

- No sé con qué vamos a encontrarnos cuando lleguemos allí - me comentó, con un ligero apretón - pero estoy preparado para el reto.

- Yo también lo estoy – respondí, y extrañamente, me sentí absolutamente tranquila con mi respuesta.

Kish sonrió, y sin previo aviso, convocó cual fuera el poder que le permitía viajar rápidamente entre el espacio, y antes de que me diera cuenta ya no estábamos en la calle afuera de mi escuela.

Estábamos metidos en el centro del caos.


Lo primero que identifiqué fue calor, el cual rápidamente comprendí que provenía de una gran columna de fuego frente a nosotros. Por un instante me quedé estupefacta, mirando las llamas danzar salvajemente, y escuchando los gritos desesperados a mi alrededor, todo sin poder mover un solo músculo de mi cuerpo en reacción.

Fue Kish quien me sacó de mi ensimismamiento al empujarme hacia un lado y evitar así que un trozo masivo de cemento se me viniera justo sobre la cabeza.

Golpeé el suelo con fuerza, y el peso de Kish cayó sobre el mio, sacándome el aliento ligeramente, pero apenas me di cuenta, porque estaba muy ocupada mirando el sitio donde había estado de pie solo un segundo atrás. Tragué saliva ante la posibilidad de haber sido aplastada como un bicho, y agradecí a Kish en un murmuro.

- De nada, gatita.

Nos pusimos de pie, y solo entonces comprendí adonde habíamos ido a parar.

Diablos, era un centro comercial. Uno de los lugares más densamente poblados que se me podía ocurrir para llevar a cabo un combate, lo cual significaba que una gran cantidad de personas estaban por ahí ahora, siendo heridos, o intentando escapar por sus vidas. Al menos los ciniclones por lo general habían decidido atacar en lugares más apartados en el pasado. Por supuesto no había sido a propósito, porque nada les habría importado menos que la vida humana, pero había sido más sencillo de manejar para nosotras. Esto, por otro lado, era un completo desastre, y no estaba segura como abordar la situación.

A mi alrededor la gente gritaba y corría hacia las salidas más cercanas, con sus cuerpos llenos de cenizas y tapándose la boca para evitar el humo. Todo el mundo estaba tan asustado, que nadie siquiera pareció notar al alienígena a mi lado flotando a unos pies del suelo, o la pequenia maquinilla rosa dando vueltas entre las nubes de humo. De todos modos, me di la vuelta hacia Kish y grité sobre el ruido general de la masa de gente:

- ¡Busca a Saya y no dejes que te vean! ¡Voy a intentar alejar de aquí a la gente!

Kish dudó, y pareció a punto de protestar porque claramente dejarme allí entre medio de un incendio quizás no era la mejor alternativa, hasta yo podía verlo, pero no había tiempo para un mejor plan.

- Me dijiste que harías lo que te pidiera, ¿recuerdas? – le interrumpí – necesito que localices a Saya, y si está causando más daño que la detengas. Sea como sea.

El ''sea como sea'' no estaba segura que le fuera a sentar del todo bien a Kish, o siquiera que estuviera de acuerdo con el hecho de herir (de gravedad si era necesario) a su prometida. Había prometido ayudarme, pero al mismo tiempo dudaba que permitiera caer un gran daño sobre su querida prometida. Yo, sin embargo, estaba comenzando a creer que no tendría ningún problema si eso pasaba.

¿Como alguien puede estar con otra persona que causa tanta destrucción?, pensé en quizás la centésima vez desde que había descubierto la existencia de Saya. Suponía que no debía parecerme tan extraño considerando que el novio era Kish, pero aún así me costaba entenderlo.

Una viga del techo cayó inesperadamente hacia el suelo haciendo un gran estruendo, y yo volví al presente con un salto. Estaba perdiendo demasiado tiempo, tenía que empezar a moverme.

Kish aún no parecía del todo convencido con mi plan, pero decidí que no tenía tiempo que perder convenciendolo, y simplemente me di vuelta y comencé a correr en dirección contraria a la que las demás personas corrían.

- ¡Ten cuidado! – le escuché gritar a mi espalda, y yo hice un gesto con mi mano con el pulgar hacia arriba, pero al estarle dando la espalda, no llegué a ver si me vio.

No llegué a dar ni diez pasos antes de que una columna cayera casi sobre mí mientras corría, y yo me alejé de un salto fuera del camino, aunque sí me comí una nube de polvo que me dejó tosiendo. Me alegré de ver que al menos mis muy poderosos reflejos parecían estar afinándose otra vez, incluso en mi forma humana. Con tantas personas a mi alrededor, no podía darme el lujo de transformarme todavía, lo cual me dejaba en demasiada desventaja.

Las Mew no habíamos sido un secreto siempre, los civiles nos habían llegado a vislumbrar y conocer en el pasado, pero habíamos desaparecido exitosamente hacía ya años, y estaba segura que nadie nos quería de vuelta. Nuestra presencia había significado problemas de una magnitud que el ser humano común y corriente les cuesta comprender o asimilar, y por lo general, cuando alguien no comprende algo, le teme, o peor, lo quiere eliminar. Ninguna de nosotras deseaba ser un objeto de estudio, o causar miedo en las personas, por lo que nuestra identidad, incluso ahora, debía mantenerse oculta para evitar que se supiera sobre una amenaza sobrenatural.

Si es que no lo saben ya, me dije, mirando a mi alrededor entre el desastre. No estaba segura si Saya se había dejado mostrar o no, pero claramente este era un ataque que causaría revuelo en la sociedad, y una gran necesidad de respuestas. Respuestas que yo no estaba segura que alguien pudiera dar, ni siquiera nosotras.

Saya debía irse, en secreto preferiblemente, pero me la llevaría fuera de mi planeta pateando y gritando si era necesario.

Un grito a mi lado llamó mi atención y al mirar a mi izquierda vi la familiar cabellera verde de Lettuce, quien estaba guiando a una madre con dos niños hacia una salida cercana. Mint estaba a su lado, moviendo escombros con brazos y piernas. Noté que su cabello estaba desaliñado, su maquillaje corrido por el sudor y el polvo, y probablemente algunas de sus uñas se habían roto al mover los grandes trozos de cemento.

Fue la imagen menos ''Mint'' que había visto en mi vida, y al mismo la que más me alegraba de ver.

Cuando la madre y los niños estuvieron a salvo, Mint se dio la vuelta y su mirada aterrizó en la mía. Tontamente creí que me daría un reporte de la situación (dado que yo era la líder) pero solamente puso las manos en la cintura y comentó:

- ¡Pero miren quien se dignó a venir! Llegas tarde.

Puse los ojos en blanco y troté hacia ella y Lettuce.

- ¡Que bueno que estas aquí, Ichigo! – exclamó Lettuce pasándose la mano por la frente y esparciendo ceniza por su rostro- necesitamos toda la ayuda que podamos conseguir. ¡Esto es un desastre!

- Lo es – respondí - ¿tienen idea qué pasó exactamente? Solo logré ver una explosión desde mi escuela.

- No lo sabemos – dijo Mint – pero vi un par de gente rara vestida con capas negras dando vueltas. Todo esto me huele a raza alienígena.

A mi también, concordé.

- ¿Dónde están Zakuro y Pudding?

- En camino – respondió Lettuce, moviéndose hacia un lado cuando un pedazo del suelo colapsó bajo su pie – espero que logren entrar antes de que se llene de policías.

¡Diablos! No había considerado aquella posibilidad. La destrucción era lo suficientemente grande como para que llamaran la atención de las autoridades. En muy poco tiempo, el lugar se llenaría de bomberos, policías y la prensa. Si es que Saya y su séquito estaban allí todavía (lo cual era extremadamente posible considerando que me estaban buscando a mí) teníamos que encontrarlos y detenerlos antes de que fueran vistos.

- Bien, esto es lo que vamos a hacer – les dije a mis amigas, atrayendo su atención a mí – nuestra prioridad es ayudar a los civiles. Demos unas vueltas y cercioremosnos de que todo el mundo haya salido a salvo, una vez que lo comprobemos, iremos en busca de los responsables.

- ¿Qué pasa si me los encuentro por el camino? – preguntó Mint, con un brillo especialmente malicioso en los ojos – ¿puedo hacer que deseen nunca haber nacido?

- Por más que apoye el sentimiento, no – respondí – no sabemos a qué nos enfrentamos, y somos más fuertes en grupo. Ven a alguno de ellos, llamamos a las demás, ¿entendido?

Podía ver que Mint tenía demasiada ira acumulada como para estar de acuerdo con mi plan, y la entendía perfectamente. Yo también tenía deseos de darles su merecido a las criaturas que se creían capaces de destrozar nuestro planeta. Si yo fuera ella, también querría irme en un plan de vendetta por mi cuenta, pero no podía permitir que Mint se dejara llevar por el enojo y cometiera errores. Los errores a veces podían costar la vida.

La especie de Saya, fuera lo que fuera, tenían armas que nos dejarían a cualquiera de nosotras tiradas en el suelo en convulsiones, o peor aún, muertas. Por más que quisiera tirarme directamente a la boca del lobo, la cautela era necesaria en este caso.

- Mint – la llamé, y cuando ella me miró agregué – salva a cuantas más personas puedas, luego ellos pagaran.

Ella asintió, decidida, y tanto ella como Lettuce salieron disparadas en direcciones contrarias. Un piso más abajo noté a una chiquilla con cabello rubio y a otra con cabello violáceo y largo. Ambas corrían hacia el centro del peligro. Cuando las llamé por sus nombres, ambas se detuvieron y me miraron. Yo tomé impulso, y corrí hasta saltar desde el piso dos (o quizás tres, no estaba segura) hasta donde estaban ellas.

Pudding me abrazó y Zakuro me dedicó una afirmación con la cabeza a modo de saludo. Rápidamente les informé del plan, y un instante después, nos separamos. Nuevamente me vi sola en el medio del destrozo, y deseé que mi poder viniera incluido con una varilla mágica para arreglar este tipo de desastres. Desgraciadamente, mi poder no funcionaba así.

Algún día, me dije, algún día no estaré encargada de ningún desastre…

Me di la vuelta, preparada para ayudar a cualquier inocente que no hubiera logrado salir a tiempo, pero no fue a un ser humano con quien me encontré apenas giré sobre mis pies.

Al otro lado del centro comercial, una figura oscura tapada con una capa y una capucha que no me permitía ver nada de sus facciones, estaba de pie silenciosamente. Y me miraba. No tenía evidencia de ello, pero estaba segura que lo hacía, y tuve que suprimir el temblor que me recorrió la espalda en respuesta.

En su mano tenía un látigo, también negro y aparentemente simple, pero el cual pareció cobrar vida y brillar con electricidad en el momento en que aquel ser lo hizo golpear contra el suelo en una actitud que claramente se traducía como amenaza.

De repente no necesité que Kish encontrara a Saya…parecía que yo la había encontrado por mi cuenta.


De nuevo me disculpo por la tardanza en actualizar, espero que les esté gustando y agradezco todos los comentarios que me dejaron en los capítulos anteriores!