Capitulo 6

Dos semanas habían transcurrido desde el momento en que fui informada de la existencia de Saya. Dos semanas intensas, molestas y absolutamente irritantes de estarme preguntando a mí misma constantemente cuando una extraña a quien yo no le había hecho nunca nada, decidiría que hoy era el día en que por fin me atacaría para secuestrarme o directamente destruirme. Dos malditas semanas de silencio, pero con una clara amenaza sobre mi cabeza que no había podido sacarme de encima o pretender que no era real.

Dos semanas… ¿y de repente hoy era el día elegido? ¿Por qué ahora se decidía aparecer? ¿Se había levantado aquella mañana con la firme decisión de atacar mi planeta de una vez por todas? ¿Por qué este preciso instante fue seleccionado entre tantos otros para llevar a cabo cuales fueran sus planes? ¿Habían sido dos semanas su tiempo límite?

Porque ciertamente yo había encontrado mi propio límite hacía días, y ya estaba harta de la espera.

Teniendo a la alienígena en cuestión frente a mí, tapada de arriba abajo tras una cortina negra como la noche y con un látigo centelleante en su mano, uno pensaría que yo estaría asustada o cautelosa aunque fuera, porque la amenaza frente a mí era tan intimidante como misteriosa, y no tenía ni una maldita idea como diablos me enfrentaría o ganaría una batalla contra ella. Todo lo que sabía de mi enemiga, era que tenía un arma lo suficientemente poderosa a su disposición como para dejar a Kish fuera de combate por varios días, y eso era en el cuerpo de un ciniclon, el cual ya había comprobado que curaba mucho más rápido y eficientemente que un cuerpo humano. ¿Quién sabía lo que me haría a mí su latigazo?

Cualquier otra persona estaría asustada…pero yo me sentí furiosa.

¿Quién diablos se creía que era ella para aparecerse en mi planeta y lastimar a inocentes que nada tenían que ver en esta guerra entre ella y yo? ¿Qué derecho tenía para destruir, corromper y amenazarme a mí en mi propio territorio? Si se creía que este era mi primer rodeo con alienígenas, estaba muy equivocada, y yo estaba más que dispuesta a hacérselo saber. Patearía su estúpido trasero de vuelta a su planeta antes de que supiera lo que le había pasado.

Pero no todavía, susurró una voz en mi cabeza a modo de freno, y a pesar de que mi instinto me gritaba que fuera de una vez por todas hacia adelante para dar el primer golpe, me forcé a mi misma a detenerme y analizar la situación.

Le había dado órdenes directas a mi equipo de no tomar parte en ningún enfrentamiento si se encontraban por sí solas, y no necesitaba mirar a mi alrededor para darme cuenta que ahora mismo me encontraba mano a mano con mi enemiga. Mis compañeras no estaban lo suficientemente cerca como para cuidarme las espaldas, y lo más probable era que estuvieran ayudando a civiles a ponerse a salvo, totalmente ignorantes del hecho de que yo acababa de meterme prácticamente en la boca del lobo.

Salvar inocentes era exactamente lo que yo debía estar haciendo en aquel momento, la tarea importante que debería estar cumpliendo de no haberme encontrado con Saya en mi camino. Sin embargo, no me animé a dar la espalda a la figura encapuchada. Ese látigo en su mano me dejó anclada en mi sitio, sin pestañear y sopesando alternativas.

Claramente Saya estaba en busca de un enfrentamiento, probablemente incluso había esperado a que yo me hubiese alejado lo suficiente de mi equipo para acabar conmigo sin molestos testigos o problemas adicionales, pero lo extraño del caso, es que ni siquiera su séquito parecía estar con ella cuidándole las espaldas, lo cual hubiera sido una clara ventaja a su favor. ¿Era Saya lo suficientemente orgullosa como para no pedir refuerzos a pesar de que los tenía a disposición? ¿O estaban sus compañeros alienígenas mirándonos desde las sombras y el derrumbe, esperando el momento indicado para asestar un golpe que yo no vería hasta que fuera demasiado tarde?

¿Era esta una pelea de uno contra uno, o me estaba metiendo en una trampa?

Miré a mi alrededor con el rabillo del ojo, intentando no parecer distraída o preocupada, y no noté otras personas a mi alrededor, humano o alienígena. Mi sentido del olfato y oído estaban comprometidos por el desastre que se estaba desarrollando allí dentro, por lo que no podría asegurarlo del todo, pero me parecía que estábamos solas. De todos modos, a pesar de la poca información que poseía de Saya, me parecía más probable que quisiera destruirme ella misma sin ayuda alguna. Más gloria en aquel caso, ¿no?

¡Pero si se cree que será sencillo acabar conmigo, le demostraré lo absolutamente equivocada que está!, me dije con una seguridad que no estaba segura que estuviera del todo fundamentada. Aún me encontraba un poco oxidada en cuanto a habilidad, y por lo que me había contado Kish, sabía que ella probablemente me sobrepasaba, pero no me faltaba concentración, poder sobrehumano o dedicación en batalla, y esas eran cosas de las que estaba orgullosa.

Además, alguien tenía que hacerle pagar a ella, (y a toda su especie alienígena indeterminada) por el desastre cometido en el centro comercial y por las vidas inocentes a las cuales había lastimado, y esa persona perfectamente podía ser yo. Es más, debía ser yo.

Quería ser yo.

No seas impulsiva, me recordé rápidamente, pide refuerzos.

Aunque no me apetecía retrasar aquella pelea más tiempo, me encontré a mí misma tomando lenta y cautelosamente mi celular del bolsillo para llamar a mis amigas, intentando no alertar demasiado a la alienígena frente a mí. Sin embargo, más rápido de lo que me pareció posible, aquel látigo centelleó contra el suelo antes de que golpeara el teléfono en mi mano y este saliera disparado hacia quien sabía dónde.

- ¡Ey, ¿qué diablos?! – grité sin poder contenerme - ¡¿tienes idea cuánto cuesta uno de esos?!

Un dolor intenso se extendió por la mano que había estado sosteniendo mi teléfono, y la sacudí distraídamente, intentando que no se notara demasiado el dolor en mi expresión. Supe que me dejaría una quemadura antes de siquiera ver la línea roja que quedó marcada sobre mi piel, lo cual me dio una razón más para evitar ese maldito látigo costara lo que costara.

Si ella entendió mi idioma ciertamente no me lo dejó saber, lo cual disminuía bastante la posibilidad de llegar a un acuerdo verbal entre nosotras. No es que yo lo quisiera, sin embargo…por una vez, prefería llevar la situación a un plano físico. A mi entender, ella lo estaba pidiendo a gritos.

Saya volvió a atraer su látigo hacia ella, el cual hizo centellear una vez más contra el suelo de forma amenazadora, y pareció incluso más brillante e intimidante que antes, posiblemente porque ahora sabía de primera mano cuanto dolía su contacto. Pero no fue su látigo lo que llamó mi atención, fue su cuerpo, el cual incluso cubierto de pies a cabeza (si es que su especie tenían pies o cabeza, ¿Quién sabía lo que habría bajo esa capa?) noté la forma en que se tensaba ligeramente, y parecía echarse hacia adelante en preparación.

Me está retando, decidí, y de repente comprendí que no había más tiempo para pedir refuerzos, porque Saya no me concedería tal gentileza, y si no podía alejarme con seguridad de ella sin salir herida en el segundo en que le diera la espalda, entonces solo quedaba una opción posible: aceptar el reto.

Parecía que el tiempo se me había acabado.

Tomé mi pendiente sobre mi cuello con fuerza entre mis dedos, sintiendo aquel poder que venía a mí voluntariamente y el cual jamás me había fallado en el pasado. Esperaba que tampoco lo hiciera esta vez. Antes de que ella pudiera usar su maldito látigo de nuevo, grité a todo pulmón las palabras que unas semanas atrás habría querido no decir nunca más, pero ahora mismo, las adoré:

- ¡Mew Mew Metamorfosis!

Esta vez no me sentí como ninguna tonta mientras el traje de Mew remplazaba mi uniforme escolar, ni me quedó incómoda la falda o el corsé sobre mi pecho. Todo lo contrario, me sentí extremadamente poderosa, como si un botón de encendido hubiera sido presionado en algún sitio en mi interior luego de haber estado apagado durante mucho tiempo, y de repente me pareció haber conjurado la cantidad de energía que había estado necesitando estas últimas semanas. Con electricidad corriendo por mis venas, haciéndome sentir más viva de lo que había estado nunca, yo también me puse en posición de ataque.

Aquel era mi poder, mi ventaja contra Saya, mi mejor ficha en el juego…y diablos que la usaría bien.

Antes de que su látigo pudiera hacer otra demostración de poder, me agazapé sobre el suelo y di un salto en el aire (tan alto y grácil que dejaría orgulloso a todo gato en el mundo), cayendo en el preciso sitio en el que el cuerpo de Saya había estado solo un instante antes. No me dio tiempo de mirar a mi alrededor para encontrarla, sin embargo, porque un sonido a mi espalda me alertó y sin pensarlo dos veces volví a saltar, esta vez aterrizando en una especie de entrepiso creado por el derrumbe del edificio. Me di cuenta que había evitado su latigazo por una milésima de segundo.

Bueno, Saya era rápida, eso había quedado más que claro. Anoté aquel pequeño dato nuevo sobre mi enemiga en un bloc de notas en mi cabeza para tenerlo en cuenta para futuros enfrentamientos.

Si es que no termino con ella hoy y ahora… me dije, lo cual señalaría una gran mejora considerando lo que había sido mi última semana, pero algo me decía que Saya no se dejaría vencer tan fácilmente. Después de todo, la mayoría de los humanos por lo general apenas si podían vislumbrarme cuando estaba en mi forma Mew y moviéndome a alta velocidad. Ella no solo había logrado verme, sino que también alejarse lo suficiente y atacarme por la espalda, todo sin que yo me percatara hasta el último segundo. Mis reflejos me habían salvado por un pelo, y eso no me dejaba muy tranquila porque o yo estaba más oxidada de lo que creía, o hacía mucho tiempo que no me enfrentaba a alguien que me igualara en habilidad.

Su figura oscura se dio vuelta hacia mí, mirándome desde el suelo y me pareció que muy probablemente había ira en la expresión de su rostro tras de la capucha. Deseé poder quitársela de una vez por todas, y al menos ver la cara de la persona que quería acabar conmigo, ¿era justo no? Sin embargo, no tuve ni tiempo de considerar aquella posibilidad, porque más rápido de lo que pude ver, su látigo volvió a chasquear contra el suelo y a dirigirse hacia mí, pero yo estaba preparada y di dos vueltas hacia atrás, dejándome efectivamente fuera de su alcance. Y sin quererlo, también dejándola a ella fuera de mi línea de visión.

Mierda, no era bueno perderla de vista.

Con cuidado y lentamente me acerqué sobre el borde e intenté buscarla con la mirada antes de que ella me viera, pero nuevamente había perdido su rastro. Por el polvo en el aire me estaba costando volver a encontrar una maldita capa oscura causando caos.

¡Diablos! ¿Cómo podía moverse tan rápido?

La especie de Saya tiene ADN mezclado de animal…

Se me vino a la mente las palabras de Kish (dichas no más que dos semanas atrás, pero ahora mismo aquel tiempo parecía una eternidad a mi espalda) sobre la naturaleza un tanto violenta de su prometida, y me pregunté qué tipos de malditos animales extraños podrían existir en una sociedad alienígena como la suya tan distinta a la mía.

Mis habilidades eran buenas, sin lugar a dudas, pero no dejaban de ser las ventajas de un gato salvaje. Si el ADN de Saya estaba entremezclado con el de algún animal cuyas habilidades eran desconocidas, pelear contra ella sería como enfrentarme a un monstruo quimera especialmente fuerte mientras yo permanecía en forma humana. ¿Era ella más poderosa que yo? ¿Podía desparecer de un lugar a otro como un ciniclón? ¿Era simplemente rápida al correr? ¿O había allí algún poder extra del que yo no estaba enterada y tampoco podía imaginármelo?

Las dudas eran demasiado grandes y deseé tener a Kish allí mismo para estrujarle el cuello por no haberme preparado más apropiadamente para este enfrentamiento.

Podría haberme dado datos útiles y él muy tonto…

Pero el pensamiento quedó incompleto en mi cabeza porque mi cuerpo de repente se preparó para una acción espontánea. Volví a saltar antes de que comprendiera la orden que mi cerebro le había dado a mi cuerpo, y esta vez no estuve segura si escuché un sonido a mi espalda, si había olido su esencia o si simplemente la paranoia me estaba ganando. Fuera cual fuera la razón, evité lo que podría haber sido un feo latigazo contra mi espalda, pero lo recibí en el brazo en su lugar.

- ¡Diablos, como duele! – grité, sosteniéndome el brazo casi a la altura del hombro, pero sin atreverme a mirar que tan fea era la herida. Me ardía lo suficiente como para pensar que me había quitado capas de piel de un solo golpe.

La forma oscura frente a mí no hizo comentario alguno, y no se detuvo a admirar la herida que acababa de hacerme, sino que levantó su brazo y se preparó para atacar nuevamente.

Ahora me toca a mí, decidí.

A corta distancia se le notó mucho más difícil manejar el látigo porque intentó darme otro golpe enseguida cuando yo todavía estaba distraída, y fue lo suficientemente lento como para que yo pudiera esquivarlo. Sin embargo, lo esquivé acercándome en vez de alejándome. Ella se vio confundida ante mi sorpresivo acercamiento, y perdió unos preciosos segundos de momentum en los cuales aproveché para dar un salto directamente hacia ella y arañar el lugar donde me pareció que estaría su torso. Un chillido muy parecido a una exclamación de sorpresa o dolor escapó del algún lugar bajo la capa.

- No es tan divertido cuando estás en el otro extremo, ¿eh?

Como respuesta ella masculló una sarta de palabrería en un idioma extraño que jamás había oído hablar nadie, ni había encontrado ningún otro que se le pareciera sobre la Tierra, pero por el tono, supuse que acababa de ser insultada en su lengua natal.

- Igualmente – respondí, y volví a acercarme rápidamente para asestar otro golpe.

Ella se agachó, y recibí lo que me pareció que era una patada en mi estómago. Me doblé al medio, sosteniéndome el abdomen, porque aquel golpe había sido más doloroso de lo que pensaba que sería, pero me forcé a mi misma a que no se me aflojaran las rodillas. En ese pequeño intervalo, Saya había aprovechado para alejarse de mí lo suficiente como para poder blandir su látigo cómodamente otra vez. Sin perder tiempo, volvió a hacerlo cobrar vida con una luz brillante y a enviar el otro extremo hacia mí, pero para ese entonces yo me había recuperado y dado varios saltos hacia atrás, tomando la suficiente altura y distancia como para estar lo bastante lejos de esa maldita arma, y al mismo tiempo poder ver toda la extensión del centro comercial debajo.

A lo lejos, pude ver a mis amigas ocupadas, ya no ayudando a trasladar civiles (asumía que habían puesto a todos a salvo para ese entonces), sino que luchando al igual que yo contra figuras encapuchadas entre medio del polvo, fuego y gravilla cayendo por doquier. Pude ver que estaban cansadas, maltrechas y alguna que otra llevaba un marca roja sobre un muslo o brazo, pero al menos, a diferencia de mí, mi equipo estaba unido y se apoyaban entre sí en batalla.

Más allá de las puertas del centro comercial, camiones de bomberos, policías y ambulancias se habían juntado, y aunque aún no habían iniciado el proceso de adentrarse en aquel desastre, sabía que no faltaba demasiado tiempo para que lo hicieran y nos descubrieran a todos. Conociendo la autoridad humana ignorante, muy probablemente entrarían en batalla con todo aquello que pudiera parecer enemigo, y si bien las Mew estábamos de su lado, no podíamos decir lo mismo de Saya y compañía. Si los humanos se metían en aquella batalla saldrían heridos, y eso no podía permitirlo, no cuando yo era una de las defensoras de la Tierra de turno.

Tenemos que terminar esto cuanto antes e irnos, me dije, volviendo a clavar mis ojos en Saya, de una forma u otra.

Conjuré mi campana, tan visiblemente rosada e inofensiva, pero con un tremendo poder que podía sentir corriendo entre mis dedos. Mi campana no fallaba, con ella desarmaría a Saya de una vez por todas, y me encargaría personalmente de desterrarla para siempre de mi planeta, y solo entonces quizás me podría ocupar de todos mis otros malditos problemas. Que lindo sonaba aquello.

Con los brazos estirados hacia adelante y la campana entre mis manos apunté rápidamente, y con unas palabras de mi parte hice que mi arma lanzara una descarga de luz rosa que salió disparada justo sobre el sitio donde Saya estaba de pie…o donde solía haber estado de pie antes de que desapareciera nuevamente.

Sin perder ni un segundo, volví a saltar, no queriendo estar quieta en un mismo sitio por mucho tiempo en caso de que ella me avistara y tomara ventaja. Di saltos cortos, rápidos y zigzagueando por montones de rocas, arriba y abajo, mientras buscaba con la mirada por todo el sitio, y aferraba con fuerza la campana entre mis manos.

Anda, sal y enfréntame, dije en mi cabeza, terminemos con esto.

Entonces ella apareció por fin, o más bien su látigo lo hizo, atravesando el aire en un intento por alcanzarme, y como yo estaba en el aire en el medio de un salto lo hubiera hecho… si no fuera por el cuerpo que de repente se estrelló contra mí y nos mandó a ambos volando al suelo.

Aterricé con fuerza sobre cemento roto, con un cuerpo más pesado sobre el mío, y un poco desorientada por el golpe que me había dado en la cabeza. Abrí los ojos, y entre la gravilla vi un par de ojos amarillos que sin ninguna duda me dejaban acerca de quien acababa de salvarme la vida. Otra vez.

- ¿Estás bien? – preguntó Kish, un poco sin aliento – diablos, casi no llego a alcanzarte.

- Estoy bien – respondí, aunque mi voz sonó dudosa para mi gusto.

Gracias a Kish había evitado un latigazo que podría haber sido fatal, pero de la sorpresa mi campana había salido disparada de mis manos unos metros más lejos. Podía verla entre la nube de polvo.

Búscala y sigue, no hay tiempo que perder.

Me sacudí el peso de Kish de encima y me puse de pie rápidamente, pero en el momento en que di un paso en dirección a mi campana, vi la figura oscura de Saya aparecer de las sombras e interponerse en mi camino…látigo en mano, por supuesto.

- Odio a tu prometida – dije a Kish, aunque sin quitar la mirada de Saya ni por un segundo - ¿mencioné eso alguna vez?

- Déjame intentar hablar con ella – respondió él, ignorando mi anterior pregunta – puedo hacerla entrar en razón.

- ¿No es eso lo que has intentado hacer en las últimas semanas?

- Sí, pero…

- ¿Y ha servido de algo? ¡No! – le dije, mi tono uno que no dejaba lugar a negociaciones – no te ofendas pero dudo que tu novia sea una de las personas con las que se puede hablar tranquilamente.

Kish se interpuso en mi camino entonces, dándole la espalda a Saya y mirándome a la cara con una expresión casi suplicante. Solo entonces me di cuenta de la sangre que le corría por un lado de la cabeza, y la serie de marcas roja de vista dolorosa que ya se le estaban empezando a formar sobre las áreas de piel que podía ver.

Parecía que yo no era la única que había tenido un encuentro con Saya y su maldito látigo centelleante.

- Déjame intentarlo una vez más – me pidió – ve a buscar a tu equipo, yo lidiaré con ella.

- Esto va más allá de mí, Kish…se metió con mi planeta, atacó a personas inocentes, no voy a dejar que se salga con la suya.

- Y no la dejaremos pero…

Él no llegó a terminar la frase porque de repente Saya se nos unió a la conversación y ambos trasladamos nuestra atención hacia ella. Más palabrería completamente inentendible fue dirigida hacia nosotros con un tono bastante claro de berrinche, o de más insultos, no estuve segura. Lo que fue sorpresivo, sin embargo, fue que Kish le contestara en el mismo idioma extraño.

Y claro que habla su idioma, me dije, sintiéndome como una tonta, ¿cómo estarían juntos de lo contrario?

- ¿Qué está diciendo? – le pregunté a Kish.

Él no contestó, al menos no a mí y no en mi idioma, solo se acercó unos pasos hacia Saya, y le respondió una sarta larga y rápida de palabras que por supuesto no llegué a entender. Me sentí como una niña siendo ignorada por su madre en el supermercado al ponerse a hablar con un conocido sobre cualquier tema estúpido sin importancia.

No me gustó la sensación.

- ¡Kish! – lo llamé - ¿Qué está pasando? ¿Qué se están diciendo?

Pero si es que alguno de ellos me escuchó, ciertamente no me miraron ni respondieron nada en mi dirección. Ambos se adentraron profundamente en su conversación, y se olvidaron de mi presencia… lo cual pensándolo bien no me venía nada mal. Más me valía aprovechar la distracción. Sigilosamente me acerqué hasta el sitio donde estaba mi campana, intentando pasar desapercibida. A lo lejos, cerca de la puerta de entrada podía escuchar sonidos de grandes trozos de cemento siendo removidos rudamente y voces gritando, voces que hablaban mi idioma pero que no pertenecían a mi equipo.

Se me está acabando el tiempo, me recordé. No debía faltar mucho para que el lugar se llenara de figuras de autoridad incapaz de comprender lo que allí dentro sucedía, tengo que apurarme.

Paso a paso me acerqué un poco más, y un poco más, siempre consciente de cerciorarme de que Kish y Saya estuvieran concentrados en ellos mismos y no en mí. Cuando estuve lo suficientemente cerca para tocar la campana con uno de mis dedos, de repente a Saya se le ocurrió por mirar en mi dirección, y antes de que me diera cuenta de lo que sucedía, su látigo se había movido demasiado rápido como para que yo pudiera terminar mi misión, y solo atiné a apartarme del lugar para no ser marcada por él.

Sin embargo, no tuve tiempo de salvar mi campana.

El látigo de Saya hizo contacto con mi campana en un movimiento grácil, perfecto y para mi gran mala suerte: justo en el blanco. Lo vi como en una cámara lenta sin que yo pudiera hacer nada, y con horror presencié como mi mejor y única arma estallaba en un destello de luz que nos arrojó hacia todos varios metros hacia atrás.

Como por cuarta o quinta vez en aquel día, aterricé duramente sobre el suelo, pero esta vez no me enfoqué en el dolor de la caída, porque había una cuestión más importante con la cual debía lidiar. Rápidamente volví al sitio donde había estado mi campana hacía un instante, y en su lugar solo vi un…juguete. Había perdido su color rosa, y adquirido un tinte gris apagado, ya sin luz centelleante ni poder emanando de su interior. Mi campana, la que me había acompañado en cada una de mis batallas, ahora no era más que un pedazo roto de plástico que de nada me servía.

No, pensé, sin poder creerme lo que mis ojos veían, no puede ser, no…

¿Cómo era esto posible? ¿No se suponía que todos nuestros objetos mágicos eran indestructibles? ¿Cuál era la gracia de ser una superheroína con armas que podían romperse con un mero golpe? ¿Cómo podía haberle permitido destruir tan fácilmente tal fuente de poder?

Me encontré a mí misma arrodillándome sobre el suelo, sintiéndome más perdida de lo que había estado nunca. Parte de mí sabía que aquella campana era simplemente un objeto material, de valor inmensurable claro, pero no dejaba de ser un objeto incapaz de sentir. Yo, sin embargo, sentía la pérdida como si acabara de perder a un miembro de mi equipo, algo importante que había estado conmigo desde el principio, que me había ayudado a ganar cada batalla y a enfrentar sin miedo a mis enemigos…y ahora habían acabado con ella casi sin esfuerzo, sin culpa. Como si no fuera nada.

Un temblor me sacudió entera entonces, pero no de miedo, no de tristeza, sino que de ira. Saya no lo sabía todavía, pero acababa de ganarse mi eterno odio. Furiosa, subí la cabeza y vi la figura negra de Saya elevándose entre el polvo y trozos de cemento, y en ese instante ya no me importó para nada que Kish quisiera llegar a un acuerdo. Yo no quería ningún acuerdo.

Yo quería acabar con ella.

Me lancé hacia adelante, demasiado rápido y oculta entre el polvo como para que ella me viera a tiempo, y con éxito la empujé con mi cuerpo logrando tirarla hacia atrás. De la sorpresa no pudo defenderse, y ambas rodamos desde lo que me pareció el segundo piso hasta la planta baja, rebotando varias veces en distintos trozos rotos de edificio. Ella forcejeó, pero por la sucesión de caídas o el peso de mi propio cuerpo sobre el suyo me manejé para que no se me escapara, y en el último tramo de caída libre antes de aterrizar sobre el suelo, logré asestarle otro rasguño y por fin quitarle la maldita capa.

Hubo un instante de pausa en el que el mundo pareció detenerse cuando presencié la verdadera forma debajo de la capa, y solo un solo pensamiento me vino a la cabeza. Debo decir que no estaba muy orgullosa de ello, pero no pude evitarlo:

Es… hermosa…

Su anatomía era bastante parecida a lo que sería una mujer humana común y corriente: joven y atlética, con casi todas las correctas partes anatómicas femeninas como para pasar por un ser humano de haberlo querido. Sin embargo, al mismo también habían claras diferencias que no dejaban lugar a dudas que aquella era una alienígena.

Para empezar, su piel era pleateada y extremadamente brillante, como miles de diamantes que bailaban sobre su cuerpo formando diferentes patrones y dibujos que rápidamente se construían y destruían ante mis ojos. Tenía una especie de cabello, aunque no parecía de la misma textura que del de un ser humano, sino que más suave y con vida propia, moviéndose como si estuviera bajo el agua. Los ojos tenían una base de color negro, pero con puntos de colores que daban vueltas alrededor del iris, como mirar las estrellas en un planetario.

No sabía por qué, pero había algo en ella que me hacía querer mirarla. No de una manera romántica ni mucho menos, sino de… ¿admiración? O extrañeza. Había un carácter onírico en su presencia, algo etéreo y fuera de este mundo que me dejaba incapaz de dar vuelta la cabeza, o incluso pestañear para no perderme más de lo que estaba viendo. La rareza de su piel y de sus ojos me hacía pensar que estaba metida dentro de un sueño, uno sin sentido, pero al mismo tiempo uno del cual no deseaba despertar.

Parecía irreal que alguien vivo pudiera tener elementos dentro de su cuerpo que se movieran con vida aparentemente propia, y sin embargo ella parecía poseerlos. Ella los dominaba con elegancia y me encontré maravillada con aquella imagen tan extraña, tan única, tan…perfecta.

Nunca he visto algo así…

Brilla con su propia luz…

No puedo dejar de mirarla…

Noté mis pensamientos pesados, cansados, como si estuviera debajo del agua, un poco sorda y perdida sobre donde estaba la superficie, pero sin que me importara demasiado. Sus ojos se clavaron en los míos, y una pequeña sonrisa cruzó su boca, y estúpidamente, como si estuviera drogada por medicamentos muy fuertes, le devolví la sonrisa. Entonces una estrella fugaz pareció cruzar por el espacio exterior en su mirada, una luz brillante que me encandiló y me perdí a mi misma siguiendo el movimiento.

Nuevamente me pregunté qué clase de animales extraños podrían existir en su planeta, y algo me dijo que seguramente eran mucho más poderosos que un simple gato.

De repente, el mundo volvió a su ritmo normal en cuanto la espalda de Saya golpeó el suelo, pero ni siquiera entonces fui capaz de apartar la mirada. Ensimismada, observé como la estrella fugaz en su mirada se había acercado más y más, hasta llegar a ocupar todo el iris, y me pareció que fuego salía de entre sus pupilas.

Estúpidamente me quedé mirando las dos bolas de fuego que salieron disparadas de sus ojos, directamente hacia mí, y no fui capaz de hacer nada al respecto.


Sé que estoy lenta con las actualizaciones, me gustaría ir un poco más rápido pero no estoy con demasiado tiempo este año, así que creo que este es el ritmo que voy a poder mantener hasta que pueda desocuparme un poco más :(

Este capítulo iba a ser extremadamente más largo y cubrir más que solo la escena de la pelea, pero cuando lo terminé me di cuenta que tenía que continuarlo un poco más para que tuviera sentido y ahí se me alargaba demasiado y suponía más tiempo sin actualizar, así que básicamente lo dividí en dos partes. Lo que quedó como segunda parte está bastante encaminado así que espero poder subir el capítulo 7 dentro de relativamente poco tiempo.

Por ultimo, quería agradecer los comentarios, y espero que les guste este capítulo! Muchas gracias por leer :)