Capítulo 7
Desperté súbitamente y me senté completamente derecha, inspirando tan profundamente que me dolió ligeramente el pecho cuando hice ingresar aire a mis pulmones, aunque eso quizás tuviera más que ver con la venda que podía sentir apretada sobre mi torso. No recordaba como la misma había llegado allí, o por qué y a pesar de la curiosidad, no me encontré del todo preparada preparada como para averiguar que había dejado de ella todavía.
Miré a mi alrededor, esperando ver el desastre del centro comercial, sin embargo, aquel sitio no se asemejaba en absoluto a un interior destruido por batalla, ni a un lugar que yo reconociera. Estaba metida en una especie de habitación semi-oscura medio vacía e inmaculada, con una sola fuente de luz débil proveniente de algún sitio que no sobre el techo que no lograba identificar y que iluminaba parcialmente mis alrededores. Me pareció ver el lineamiento de una puerta justo frente a mí, pero no estuve segura porque no llegué a identificar ninguna manija o perilla.
Palpé debajo de mí, sintiendo un colchón suave sobre el que estaba sentada, una almohada a mi espalda en la cual probablemente había descansado la cabeza, y una sábana que me cubría hasta el torso, como si hubiera sido arropada mientras estaba dormida.
¿Estaba en un hospital quizás? ¿En la casa de alguna de las Mew? Estaba tan oscuro que no podía estar segura.
¿Importa en algo?, me dije entonces un poco enojada conmigo misma por estarme distrayendo, no es aquí donde tengo que estar.
¿Qué diablos había sucedido en el centro comercial? ¿Qué había pasado con Saya? ¿Qué me había hecho ella a mí? ¿Dónde estaban mis compañeras? ¿Aún seguían peleando? Tenía que volver a la batalla y buscar a mi equipo. Tenía que darles nuevas órdenes y encargarme de que…
- Ichigo, estas despierta – escuché a una voz hablar.
Escudriñé la oscuridad y noté una figura oscura junto a una puerta abierta, pero esta estaba a contraluz y no lograba verle el rostro. Me habría puesto en posición de ataque si no fuera porque últimamente había escuchado esa voz lo bastante como para reconocerla en cualquier parte.
- Kish, ¿Qué hago aquí? ¿Dónde estoy?
Una nueva luz dentro de la habitación se encendió, y yo entrecerré los ojos, escondiéndome tras mi propia mano porque la luz era demasiado intensa para el grado de oscuridad en el cual había despertado. Por el espacio entre mis dedos pude ver como él tocaba algo que no llegué a distinguir en la pared a su lado, y la intensidad descendió considerablemente hasta permitirme abrir los ojos normalmente.
- Estamos en el cuartel general de los ciniclones – respondió él, cerrando la puerta y acercándose hasta la cama donde yo estaba sentada - bienvenida otra vez.
Mientras veía a Kish acercarse no se me pasó desapercibido el vendaje sobre su muslo, y me pregunté si aquella herida había sido un cordial saludo de su prometida.
Probablemente, pensé, pero no hice comentarios.
Miré a mi alrededor otra vez, ahora encontrando patrones familiares en el factor inmaculado y minimalista del ambiente. Sin embargo, esta habitación no era la misma a la cual él me había llevado la última vez. Para empezar, esta tenía una cama en vez de una mesa de estrategias.
- No se veía así la última vez - declaré.
- Eso es porque este es mi dormitorio – contestó él con su sonrisa burlona de siempre – te habría traído aquí antes, gatita, pero…
- ¿Por qué estoy en tu dormitorio, Kish? – interrumpí antes de que pudiera terminar aquella frase - ¿Qué me pasó?
Sabía que había ocurrido una pelea bastante brutal, sabía que yo había sido herida por una serie de habilidades de la enemiga sobre la que aún no conocía lo suficiente y sabía que había perdido mi única arma en el proceso. Lo que no me quedaba claro es lo que había ocurrido después, específicamente luego de que había perdido la conciencia.
Sin quererlo me encontré a mi misma recordando cada momento de la pelea como una película de acción en cámara rápida: el látigo, las quemaduras, la destrucción de mi campana, la visión de la forma verdadera de Saya, el fuego en sus ojos… las imágenes se superpusieron entre sí tan rápidamente que apenas pude identificar cual evento había ocurrido primero, y cual después. Todo había sucedido demasiado deprisa, y yo había estado tan apurada por controlar la situación lo antes posible, por vencer a Saya y terminar de una vez por todas con la amenaza que ella representaba sobre la Tierra, que en aquel momento apenas había tenido tiempo de asimilar todo lo que ocurría.
Ahora mismo, sin embargo, comprendí que había luchado... y había perdido. Comprendí que había perdido mi única arma, y comprendí que mi pelea contra Saya había sido no más que una pequeña demostración de su poder.
Un poder más grande que el mío...
Un temblor recorrió mi columna y me dije que no era momento de ahogarme en recuerdos ahora mismo, no cuando aún me quedaba trabajo por hacer.
- ¿Qué pasó con Saya? – pregunté con una alarma en mi voz que me habría gustado no tener.
- Descuida, estas a salvo – respondió él, confundiendo mi ansiedad por miedo – ella no puede llegar hasta aquí.
Yo rodé los ojos y me crucé de brazos.
Hombres…
- No tengo tiempo para esto – anuncié, apartando la sábana de un manotazo y sacando ambas piernas fuera de la cama.
- Ehm…Ichigo, espera, no es… - dijo Kish, su voz un tanto ahogada, un tanto cautelosa.
- Si mis amigas aún están luchando allí yo tengo que acompañarlas – interrumpí poniéndome de pie y caminando un par de pasos sobre el suelo frío - no puedo estar aquí, tengo que…
- ¡Ichigo!
- ¡¿Qué?!
Molesta por la interrupción, me di vuelta hacia Kish. Él me estaba mirando fijo, pero enseguida se sobresaltó y me dio la espalda rápidamente.
- Quizás quisieras vestirte antes que nada – respondió él.
Como si sus palabras hubieran desbloqueado una parte de mí que no había estado encendida hasta el momento, de repente fui consciente del ligero aire que podía sentir recorriéndome el cuerpo. No necesité mirar hacia abajo para darme cuenta repentinamente de que…oh si, estaba desnuda. Encima solo tenía unas pantaletas que gracias al cielo me cubrían mi parte más privada, y la venda que había sentido alrededor de una parte de mi torso…pero nada más.
De la vergüenza no llegué ni a dar un grito, sino que me metí de vuelta dentro de la cama de un solo salto y me tapé con la sábana hasta la barbilla en menos de un segundo. Me habría tapado también la cabeza si me hubiera servido de algo para borrar la mortificación que tenía encima. De todas las situaciones embarazosas que me habían sucedido con Kish, esta sin duda se llevaba el premio.
Me encontré a mí misma gritándole algo a Kish que ni yo misma estuve segura que quise decir, pero indudablemente no era algo agradable. Me pareció escucharle aguantar una risotada, y tuve que contenerme para no saltar fuera de la cama y borrarle la sonrisa de un zarpazo.
- Si me hubieras dado un minuto te habría dicho que la pelea se terminó en el momento en que te desmayaste – explicó él cuando di por terminado mi griterío – ni tu equipo ni Saya continúan peleando, así que no tienes que ir corriendo a ningún sitio.
Me acomodé mas apretadamente la sábana contra mi cuerpo, y si las miradas pudiesen matar no me quedaba duda de que la mía habría hecho que Kish cayera muerto donde estaba de pie. La razón por la que eso no sucedió (más allá de que desafortunadamente aquel no fuera uno de mis poderes especiales de Mew) es que Kish no podía verme a la cara porque aún estaba de espaldas a mí, aunque podía imaginarme sin problemas la expresión que probablemente tenía en su estúpida cara alienigena.
- ¡Bien, genial gracias por el dato!– grité, con la voz mas chillona que había empleado nunca, carraspeé para intentar hacerla un poco más grave – Ahora, ¡¿Por qué estoy desnuda?! Si me hiciste algo cuando yo estaba…
- ¡Claro que no! – respondió él entonces, con un tono tan mortificado por mi pregunta que me dio a entender que estaba siendo sincero – sufriste un ataque, y tu ropa se…extinguió.
- ¡¿Qué diablos significa eso?!
- Te lo explicaré todo, pero ¿puedo darme vuelta ya?
- ¡No!
Kish tiró los brazos al aire en señal de exasperación, pero aunque no podía verle a la cara me pareció que se estaba riendo a mi consta.
- Esto es tonto, Ichigo, todo lo que yo hice fue vendarte y dejarte descansar...
- ¡¿Tú pusiste la venda sobre mí?! - grité, y a pesar de lo extremadamente obvia que era la respuesta me pareció un hecho de lo más sorpresivo - ¡no te di permiso para que me tocaras!
- ¿Hubieras preferido que te dejara sufrir quemaduras de segundo grado? - contraatacó él.
Tuve el ''sí'' en la punta de la lengua porque nada me habría gustado más que llevarle la contraria, pero cuando abrí la boca no me digné a responder a su pregunta, y me dediqué a manifestar insultos furiosamente murmurados. Los hombros de Kish temblaron ligeramente con risa contenida y yo apreté fuertemente los dientes.
- Prometo que no me quedé mirando nada, y apenas te toqué más allá de lo estrictamente necesario para asegurarme de que tu vida no corriera peligro - me aclaró Kish en una voz demasiado calmada para pertenecer al alienigena que por demasiado tiempo se había obsesionado por mí en el pasado - Ahora que aclaramos el asunto...¿puedo darme vuelta ya?
Estuve tentada de decirle que ''no'' nuevamente, porque estaba demasiado avergonzada como para poder mirarle a la cara o mantener una conversación en tono normal. Suponía que podía obligarle a contarme la información importante de espaldas...pero era estúpido y eso no me ayudaría a quitarme de encima la vergüenza.
Mejor terminemos con esto de una vez por todas, me dije.
Suspiré y empecé a responder:
- Solo si prometes pretender que esto nunca ocurrió...
- No.
Abrí la boca y dejé caer la mandíbula ante su interrupción. Apreté más la sábana contra mi cuerpo para recordarme que no podía acercarme a darle una patada si no quería arriesgar otro momento extremadamente embarazoso para grabar en la memoria de Kish. Solo podía ver su espalda, pero una seguridad muy arrogante y tan típica suya se estaba derrochando de su piel como feromonas y casi podía sentir su actitud ganadora a pesar de lo controlada que estaba su voz al hablarme.
¡El muy estúpido se estaba comportando como si se hubiera encontrado con un regalo sobre su cama!
- ¿Disculpa? ¿Qué quieres decir con ''no''?
- No voy a olvidarme de esto, está grabado en mi memoria para siempre – contestó él muy sinceramente, y ahora sí que estuve segura de la picardía en su tono de voz – lo siento, gatita, pero es así.
- Tú…maldito alienígena… - refunfuñé – ni que fuera la gran cosa.
- En ese punto difiero contigo, gatita…verás, hace un momento yo vi dos grandes…
Quité la almohada a mi espalda y se la tiré por la cabeza. Era una pena no disponer de un objeto más duro con el cual hacer más daño. Un zapato no me habría venido mal. Con la almohada solo logré que dejara escapar una risilla y que se le enmarañara ligeramente el pelo.
- ¡Está bien, ya basta! – suspiré con derrota – acuérdatelo, me da igual…pero nunca lo vuelvas a mencionar… ¡jamás de los jamases, ¿entendido?!
- Entendido.
Cuando Kish se dio la vuelta, inteligentemente había ocultado su sonrisa tonta detrás de una expresión medianamente seria, pero no realizó tan buen trabajo en ocultar el brillo pícaro en sus ojos dorados, especialmente cuando volvió a mirarme. De no conocerme sus habilidades y poderes especiales de memoria, habría pensado que era capaz de verme a través de la sábana.
Sí, sin duda el muy maldito estaba disfrutando lo ''divertido'' del momento.
Yo, por mi parte, me forcé a mi misma a sostenerle la mirada y pretendí que mis mejillas no estaban rojas, o que mi cuerpo no estaba sudando debajo de la sábana.
Unos años atrás esta misma situación me habría enloquecido tanto que indudablemente me habría encontrado a mí misma tirándome hacia adelante como un animal salvaje con rabia para matar a Kish con mis propias manos. Ciertamente, la vergüenza me estaba causando tal nudo en el estomago lo suficientemente molesto como para tentarme a mí misma con la posibilidad. Pero al parecer había madurado más de lo que había pensado con los años, o estaba lo suficientemente dolorida por la previa batalla, o simplemente demasiado consternada como para reaccionar de manera acorde.
Aunque me parecía que quizás parte de eso se debiera a que Kish no había hecho un escándalo del asunto. El viejo Kish no me habría dejado olvidar el tema, y posiblemente la sábana no hubiera sido suficiente para mantenerme protegida de su personalidad traviesa y juguetona. Pero este Kish, si bien parecía bastante…complacido, había dejado correr el tema y no hecho sentirme especialmente mal al respecto. Me había visto de la manera en la que nunca había querido que me viera, pero al menos se había dado la vuelta por respeto a mí, y eso me... sorprendía. Al parecer algo había salido bien de su relación tóxica con su prometida si es que había aprendido a no mirar a otras mujeres de manera lasciva.
Supongo que todos maduramos con el tiempo, pensé, pero no estaba del todo segura que me lo creyera.
Debo haberme quedado mirándolo muy fijamente, porque enseguida Kish se removió, e intercambió el peso de un pie al otro de forma incómoda antes de decir con un guiño y una gran sonrisa:
- Me estas mirando tan fijo, gatita... ¿soy yo el que no tiene ropa ahora?
Rodé los ojos nuevamente.
Quizás no todos maduran.
- ¿Puedes alcanzarme mi ropa? – pregunté, y luego recordé lo que había dicho anteriormente – ¿o lo que queda de ella?
- Dudo que te sirva – respondió – pero te la traeré.
Se acercó hacia una esquina de la habitación, toco un par de botones en la aparentemente lisa pared y un compartimiento se abrió a su lado. Se puso a rebuscar algo en su interior, dándome la espalda. Yo aproveché la ocasión para dar un vistazo debajo de la venda sobre mi torso, pero no llegué a ver mucho porque estaba demasiado apretada, aunque si me guiaba por el ligero ardor en mi piel, podía adivinar que Kish no había mentido acerca de las quemaduras.
Kish se dio la vuelta y entre sus manos me enseñó un par de piezas chamuscadas que reconocí como los colores de mi escuela. Nuevamente abrí la boca y mi mandíbula se abrió lo suficiente como para que dejara pasar moscas si hubiera habido alguna por allí.
- ¿Qué…que diablos me hizo ella? – pregunté, sosteniendo entre mis manos mi uniforme escolar, el cual Kish había alcanzado hasta la cama.
- Es una de sus habilidades…puede generar explosiones o incendios dependiendo de la energía que ponga en ello.
Vagamente noté como sobre mi regazo aterrizaba otra tela de textura diferente, y al mirar hacia abajo vi que era una especie de túnica verde lo bastante grande como para que me quedara bien.
Kish volvió a darse la vuelta, y yo acepté la oportunidad para ponerme ropa encima. La tela era bastante ligera y no todo lo opaca que me habría gustado que fuera considerando que mi sujetador había sido incinerado, por lo que me encontré a mí misma apretando los brazos sobre mi pecho de una forma que esperaba no se viera demasiado obvia, y solo por las dudas volví a taparme con la sábana. Me parecía que si hasta ahora había estado ligeramente incómoda en la presencia de Kish, desde aquel día en adelante estaría extremadamente incómoda.
- Asumo que esa habilidad de…incendiar cosas tiene algo que ver con la bola de fuego que vi aparecer en sus ojos – comenté, y él asintió con la cabeza - ¿Qué más puede hacer?
Kish se dio la vuelta hacia mí nuevamente y noté como se ponía serio, dejando su sonrisa burlona de lado. Suspirando, se dejó caer en el aire, y permitiendo que su habilidad de levitación le sostuviera, se cruzó de piernas como le había visto hacer tantas veces, pero esta vez no parecía tan relajado como de costumbre. Parecía más sombrío de repente, y la experiencia dictaba que cualquier evento o persona que pudiera hacer reaccionar a Kish de esa manera, significaba malas noticias.
- Puede…hechizar – contestó él – hay algo en su apariencia que te hace incapaz de dejar de mirarla, lo sentiste, ¿no es verdad?
Asentí, pero por alguna razón me encontré a mí misma apartando la mirada, un poco incómoda escuchando la descripción de su poder. Especialmente cuando yo había caído en la trampa sin haber generado casi resistencia alguna.
- No tienes que sentirte avergonzada por ello – se apresuró a explicarme – le pasa a todo el mundo que la ve demasiado cerca. Te nubla la mente, te hace olvidar por completo tu propósito, y enfocarte completamente en ella.
- Yo…no podía apartarme – intenté explicar, aunque bastante pobremente – me sentía encadenada.
- Lo sé, es algo común, créeme… me ha pasado.
Mi mirada se trasladó a él nuevamente, pero Kish había descendido su mirada hacia sus manos, con las cuales jugaba como si fueran de gran interés para él y me ignoraba a pesar de que estaba segura que podía sentir mis ojos sobre él. Tuve ganas de preguntarle exactamente en qué tipo de recuerdo se había perdido a sí mismo, que experiencia había vivido a manos de Saya y su extraño poder de seducción, pero me encontré a mí misma cerrando la boca y descartando la pregunta.
Su relación con Saya no era mi tema, él me lo había dejado claro en más de una ocasión. Su poder y las consecuencias que podría traerme, ese sí que era mi tema.
- Si puede hacer eso – dije, atrayendo su atención de vuelta a mí - nublarnos la mente y atacarnos en nuestro momento más débil, ¿entonces porque se esconde tras una capa? ¿No le sería más fácil simplemente…seducirme, o lo que sea que haga, y acabar con ello?
- No es exactamente una seducción – aclaró Kish, haciendo un movimiento con las manos para encontrar la palabra adecuada - es más un sentimiento de encanto… o de admiración y es algo bastante peligroso tanto para la persona en cuestión como para ella, porque es un arma de doble filo.
- ¿A qué te refieres?
- Verás, en el momento en que puedes verla, a su verdadera forma detrás de la capa, generas una conexión con Saya y te vuelves lo suficientemente débil como para dejarte atacar por ella sin que te des cuenta de lo que sucede.
Temblé nuevamente, dejándome recordar aquellos instantes (que en mi mente parecieron eternos) en los cuales parecía no ser dueña de mi misma. Como una sirena llamando a un marino con su canción, me sentí caminar tranquila y voluntariamente a mi muerte. No quería pasar por aquello nunca más.
- Pero al mismo tiempo – Kish continuó, atrayendo mi atención hacia él - ella se vuelve débil a ti. Si Saya no alimenta esa conexión, se pierde a los pocos segundos y puedes escapar del trance. Para que la conexión se mantenga fuerte, Saya debe dedicarle toda su energía y concentración a esa persona de forma exclusiva, lo cual la deja con demasiados puntos débiles a explotar si una tercera persona aparece por sorpresa.
Podía imaginarme porque no era una habilidad que prefiriera utilizar demasiado. Era irónico pensar que su mejor arma para derrotar a cualquier enemigo era también aquello que la hacía más débil.
- ¿Por eso ella no había usado su…apariencia hasta ahora? ¿Porque la habría dejado demasiado débil como para defenderse de un ataque externo? – pregunté.
- Así es. Si me lo preguntas a mí, es una habilidad muy fuerte, pero ella siempre va por el látigo.
- Ni me lo recuerdes.
Vagamente tracé con mis dedos una herida en mi brazo que aún latía, pero al menos el ardor había descendido desde que había recibido el latigazo cortesía de Saya. Kish notó el movimiento, y su expresión pasó de seria a devastada en solo un instante. Sus orejas descendieron ligeramente, recordándome un poco a la imagen de un perro triste, pero extrañamente no me pareció divertida la comparación. Quizás porque sus ojos mostraban demasiada devastación como para querer burlarme.
Su voz fue dura al hablar, y su mirada una de culpa:
- Realmente creí que podría hacerla cambiar de opinión.
- Sé que sí – dije, con un suspiro, y me encontré a mi misma sorprendida de notar que lo decía en serio.
- Pero no es la forma en la que podré encarar la situación.
- No, no lo es.
Kish infló el pecho entonces, y por un segundo me miró fijamente sin decir nada. Luego saltó al suelo, y cuando habló, su voz fue más potente que antes, más decidida:
- Tengo que enseñarte a pelear contra ella.
Me sorprendí de su decisión, pero creo que más que eso, me sorprendí de mi respuesta:
- No puedo pedirte eso.
Él pareció confundido entonces, y ladeó la cabeza hacia un lado mirándome como si no comprendiera mi respuesta. Siendo totalmente sincera yo tampoco la comprendía.
¿Por qué decir que no? Es lo que necesito… ¡es lo que estuve necesitando estas dos semanas!
- No me lo estas pidiendo, estoy ofreciéndome – aclaró Kish de una manera pausada y obvia.
- Bueno, no puedo aceptarlo – respondí, tajante y crucé los brazos nuevamente sobre mi pecho, enojada conmigo misma.
- ¿Por qué no?
- Porque ella es tu… - casi me ahogo con la palabra - prometida. Tú tendrías que ser imparcial en esto.
Diablos, ¿Por qué de repente me venía un sentido de la moral? ¡Y con Kish sobre todas las personas! Ser entrenada por él para pelear contra Saya (y salir sin latigazos del próximo enfrentamiento) era exactamente lo que necesitaba para tener una oportunidad contra alguien que claramente poseía habilidades más grandes que las mías, alguien cuya arma no se había despedazado sin ninguna posibilidad de volver a la vida.
Pensar en mi campana era como clavarme un puñal en el pecho, o recibir otro latigazo. Sin ella estaba perdida, más débil de lo que había estado nunca, y sin ningún otra arma lo suficientemente poderosa que pudiera rivalizar con mi enemiga. Le pediría a Shirogane que me consiguiera una nueva arma (si es que aquello era posible) pero por el momento, necesitaba poder pelear por mi misma, necesitaba a mejorar mi habilidad, y necesitaba saber todo lo que pudiera sobre Saya.
¡¿Así que porque diablos le estoy diciendo que no?!
- ¿Desde cuándo soy imparcial? – resopló él, como si mi contestación fuera totalmente ridícula, y no podía discutirle demasiado - Tu y yo solíamos ser enemigos, ella es mi futura esposa y fui yo quien prácticamente la atrajo a la tierra…difícilmente puedo considerarme fuera del asunto, ¿sabes?
- Sí, pero… más allá de que ella hubiera decidido venir aquí por ti…no eres tu quien está atacando mi planeta ahora. Tú no eres mi enemigo, Kish, ya no…Saya lo es, y no puedo pedirte que te pongas en el medio.
Un silencio se instaló entre los dos entonces, y creo que ninguno de los dos fue capaz de mirar al otro a la cara. Por alguna razón me sentía más roja que nunca luego de haber dejado salir de mi boca aquellas palabras que no tenía idea de dónde diablos habían salido. ¿Era así como me sentía? ¿Le había perdonado a Kish el que atrajera a Saya a la Tierra? ¿Me importaba mínimamente él como para querer incluirlo en la lista de personas en mi vida que quería que no fueran arrastrados por mis problemas?
Estaba teniendo unos días muy raros últimamente.
Sentí un ligero hundimiento en el colchón, y por el rabillo del ojo lo vi sentado en la esquina de la cama, mirándome. Acercó una de sus manos, y tomó la mía que descansaba sobre mi regazo. Subí la mirada y estuve a punto de decir algo más, no estuve segura de qué, sin embargo me callé en cuanto vi la expresión decidida y un poco intimidante de Kish.
- Ichigo, no estoy preguntándote – declaró muy tranquilamente – yo voy a entrenarte.
Consideré seguir discutiéndole, pero me comprendí que no tenía la energía suficiente como para hacerlo. Yo necesitaba ayuda de donde pudiera conseguirla, y sí él consideraba estar saldando alguna especie de deuda conmigo ayudándole… había una limitada cantidad de veces que podría negarme para intentar disuadirlo de lo contrario. La verdad es que estaba tentada de dejarle ayudarme, de por una vez confiar en el poder de alguien más aparte del mío.
Incluso si ese alguien es Kish, pensé.
- ¿No vas a dejarme salirme de esto? – pregunté, su mano aún en la mía, y por alguna razón, fue un extraño tipo de alivio.
Él sonrió ligeramente antes de contestarme con otra pregunta:
- ¿Crees que voy a rendirme fácilmente?
- Supongo que no.
Suspiré, y aunque la idea de estar muy cerca de Kish con posibles armas de por medio tendría que haberme espantado completamente considerando nuestro pasado... extrañamente me sentí tranquila, como si un gran peso hubiera sido levantado directamente de mi pecho. De repente podía respirar más cómodamente que desde hacía días.
- Bien – dije, un poco sin aliento, aunque intenté que no me molestase…mucho - pero no quiero que me culpes cuando todo esto te explote de vuelta en la cara.
Él sonrió ligeramente y soltó mi mano.
- Hecho.
- Ahora… ¿que mas puedes decirme sobre Saya?
Un par de horas después, yo estaba sentada junto a un gran ventanal con una increíble vista de la Tierra desde el espacio, un sándwich a medio comer en mi mano, y un alienígena contándome historias de su novia. No era exactamente la manera en que había pensado pasar mi martes por la tarde…pero sorprendentemente no estaba del todo mal. Me llevé a la boca lo que quedaba de mi sandwich, y lo devoré rápidamente.
- A ver…recapitulemos – dije levantando un dedo para empezar a enumerar la información recibida – Saya es superdotada con el látigo, puede moverse casi tan rápidamente como la teletransportación de un ciniclón, puede utilizar su poder de seducción…
- No es seducción, es bien…
- Admiración, sí, eso…puede usarlo para atraer y encantar a sus enemigos que quedan bajo un hechizo, pero al mismo la deja lo suficientemente vulnerable como para recibir ataques externos, ¿correcto?
- Correcto – respondió él, tomando un nuevo mordisco de su sándwich.
- Y su habilidad de lanzar bolas de fuego a través de sus ojos solo funciona cuando sus reservas de energía están especialmente altas, y luego queda fuera de combate, ¿no es así?
Kish levantó un dedo en señal de pausa, y yo esperé a que terminara de masticar y tragar su comida. Que yo me hubiera engullido mi propia cena para poder seguir la conversación no tenía porque significar que él fuera a hacer lo mismo.
- Ese tipo de ataque le consume demasiada energía como para hacerlo más de una, o un máximo de dos veces – me explicó él cuando hubo terminado.
- ¿Un máximo de dos veces en qué medida de tiempo? – pregunté esperanzada por escuchar una buena noticia - ¿un año? ¿un mes?
- Un día.
Hice una mueca, porque me hubiera gustado que me dijera algo así como ''una vez cada diez años''. Aquello me hubiera servido para no tener que preocuparme por otra de sus habilidades por un largo período de tiempo.
- No es mucho tiempo – murmuré.
- Quizás no, pero una vez que libera esa cantidad de energía, Saya o cualquiera de su séquito se encuentran lo suficientemente débiles como para seguir luchando con la misma ferocidad. Por lo general, la pelea se termina rápido si esa habilidad es utilizada.
- Espera un momento, ¿así que sus amigos intergalácticos también pueden realizar sus mismas habilidades? – pregunté, no habiendo considerado aquella posibilidad antes - ¿me estoy enfrentando a una docena de copias de Saya?
- Técnicamente sí – contestó Kish, y al ver la expresión de preocupación de mi cara rápidamente agregó – pero ninguno de ellos va a luchar contra ti.
- ¿Cómo sabes eso?
- Porque Saya tiene un altercado específicamente contigo, y su especie no es de las que se permitan apartarse a un lado mientras otros pelean sus batallas por ellos. Querrá vencerte ella misma, sin ninguna ayuda.
Asentí y me quede pensando en las palabras de Kish. No estaba segura si el alto sentido del honor de Saya era algo que me jugara en contra o a favor. Por un lado, apreciaba no tener que enfrentarme a otras once versiones más de Saya, pero por otro lado, esa misma faceta de su personalidad me daba a entender que si el honor era tan importante para ella, entonces nunca desistiría de su intento por aniquilarme.
Adiós a la posibilidad de que se aburriera y se vaya, pensé dejándome imaginar aquel escenario, aunque claramente no me sirviera de nada.
- ¿Qué más? – pregunté entonces, volviendo a la realidad del momento - ¿alguna otra debilidad que deba…saber?
¿O de la que pueda tomar provecho?, agregué silenciosamente en mi cabeza.
- Su sentido del oído y el olfato son bastante agudos – continuó explicando Kish – pero no su vista.
- ¿No ve bien? – pregunté extrañada.
No me había llevado la impresión de estar enfrentándome a una persona con problemas de vista durante nuestra pelea. Ciertamente ella no había tenido ningún problema en apuntar su látigo en mi dirección y asestar en el blanco más de una vez.
- A la luz sí, perfectamente – dijo Kish - pero no en la oscuridad. En un área escasamente iluminada puede distinguir sombras y colores fuertes, no más que eso.
- Así que luchar contra ella por la noche sería una ventaja para mí – aventuré.
- Así es.
Anoté ese pequeño dato en mi lista mental sobre Saya, que por suerte rápidamente estaba comenzando a llenarse de información que podría usar la próxima vez contra ella. No la iba a permitirle agarrarme desprevenida una segunda vez si podía evitarlo.
- ¿Y de qué diablos está hecho ese látigo que lleva? – pregunté de sopetón - ¡Rompió mi campana como si fuera un juguete!
- Es un arma poderosa, no voy a mentirte, está hecho de energía pura, y solo su especie es capaz de manejarlo con tanta soltura. Su látigo en manos equivocadas puede volverse…errático, para quien no sabe controlarlo.
- ¿Hay forma de destruirlo o protegerse de él de alguna manera? – pregunté, esperanzada.
- Si es que la hay aún no la he encontrado – contestó él, su mirada perdiéndose en la gran expansión del universo al otro lado de la ventana – mi consejo por el momento es que lo evites a toda costa, y ataca de cerca cuando puedas, para que no tenga oportunidad de blandirlo contra ti.
No era exactamente lo que había esperado escuchar, pero al menos no era un consejo del todo irracional. Durante la pelea me había dado cuenta que a Saya se le dificultaba mover su látigo cuando su distancia conmigo era más pequeña, y de todos modos sin mi campana, ya no tenía posibilidad de un ataque a distancia, por lo que la cercanía se había convertido en una prioridad para mí. Nunca había sido la más dotada en un combate cuerpo a cuerpo, pero al parecer me tendría que empezar a ser buena en ello. Y rápido.
Aún tenía más preguntas para Kish. Probablemente necesitara un día entero dedicado a preguntas, pero nuestra conversación fue inesperadamente cortada en el momento en que otro ciniclón se materializó junto a nosotros.
Di un pequeño salto en mi asiento por la sorpresa.
- ¡Tart, me asustaste…otra vez!
- Te asustas muy fácilmente – declaró él con una mueca divertida – y eso es más tu problema que el mío.
- No lo es.
- ¡Que sí!
Rodeé los ojos y no hice más comentarios, dejándole ganar la discusión. Tart sonrió más anchamente, contento de haberme callado y yo me volví de vuelta hacia Kish, quien nos miraba a ambos con curiosidad.
- ¿Cuándo te asustó? – me preguntó él.
- Hoy más temprano cuando Tart me embargó antes de que pudiera llegar a la escuela, quería que tú y yo hiciéramos las paces.
Mi tono había sido uno casual, incluso un poco divertido pero por como de repente se transformó la expresión en su cara, uno habría pensado que yo había dejado caer una bomba en la habitación. La mirada de Kish se endureció visiblemente y la trasladó hacia su compañero alienígena, con una expresión sobre su rostro bastante más fría de lo que habría esperado que sería capaz de mostrar.
No tenía idea de dónde surgía aquella reacción, ni porqué, pero me hizo sentarme más derecha sobre mi asiento, a pesar de que no estaba dirigida hacia mí. Su tono de voz fue serio al preguntar a Tart:
- ¿Eso hiciste?
Tart perdió la sonrisa en un instante y se removió un poco inquieto sobre su sitio, visiblemente nervioso ante el escrutinio de su compañero más grande y el obvio reproche que le estaban haciendo por su comportamiento. Me dedicó una sola mirada de irritación antes de volver a mirar a Kish, e intentar desesperadamente no parecer un niño pequeño siendo castigado.
- No dije nada extraño – se apresuró a decir Tart, flotando unos centímetros más alto sobre el suelo para llegar a la altura de Kish, aunque eso no pareció mejorar mucho las cosas – solo le fui a hablar para que pudieran trabajar juntos de nuevo.
- No te pedí que hicieras eso.
- Lo sé, pero ninguno de ustedes dos tontos se estaban hablando entre sí y pensé que podría…
- Pensaste mal – Kish interrumpió, poniéndose de pie y cruzándose de brazos, y a diferencia de Tart, sin necesidad de elevarse en el aire para marcar su punto – no era tu lugar.
Un silencio muy tenso e incomodo se instaló en la habitación, y busqué en mi cerebro algo para decir para aligerar las cosas, pero sin encontrar nada. Al final me limité a juguetear con una colita de pelo que había quedado atascada en mi muñeca y que por alguna razón sobrevivido al ataque de hoy.
Bueno, claramente me había metido en un territorio delicado, e inmediatamente quise desaparecer hacia cualquier otra parte porque no me apetecía meterme en aquella discusión entre camaradas o escuchar como una espía (especialmente cuando sonaba que había una razón muy estúpida, pero al mismo tiempo mortalmente seria). Sin embargo, me sentía responsable por haber sido la tonta que había traído el tema a la mesa para empezar, y a juzgar por la reacción de Tart, asumía que el pequeño alienígena había esperado que yo guardase el secreto de nuestro encuentro más temprano.
No es que él me hubiera dicho algo al respecto, pero me sentía culpable por no haber mantenido la boca cerrada...aunque no tenía idea de que exactamente debía haber mantenido la boca cerrada, porque que yo recordase él no había dicho nada en particular que pudiera hacer enojar a Kish. Además, ¿no había sido Tart quien le había convencido a Kish de encontrarse conmigo hoy después de que salí de la escuela? ¿Que era exactamente lo que le molestaba?
Suspiré, porque supe que me tenía que meter en el medio, o no iba a poder quitarme la culpa de encima. Bajé del asiento de un salto y me puse entre medio de ellos dos, intentando arrastrar sus miradas hacia la mía para que me prestaran atención.
- De verdad Tart no dijo nada extraño – le aseguré a Kish, no sabiendo que significaba lo ''extraño'' pero remarcándolo de todas formas – solo estaba preocupado por mi seguridad, ¿no es verdad, Tart?
- ¡No estaba preocupado por ti!
El pequeño ingrato no podía ayudarme ni un poco, ¿no es verdad?
- Bueno, ya – declaré con irritación - te habría molestado que me maten por el simple hecho de que estaba siendo una tonta orgullosa al no aceptar la ayuda de Kish, ¿eso se acerca más a la cuestión?
Tart volvió a removerse y murmuró algo por lo bajo que no llegué a oír, pero me pareció que me estaba dando la razón, o al menos eso quise pensar. Rápidamente me di vuelta hacia Kish para que no pudiera responder algo cortante.
- No te enojes con él – pedí, con un tono que esperaba fuera suave - si no hubiera sido por su visita hoy, no habrías venido a buscarme y puede que no te hubieses enterado a tiempo del ataque en el centro comercial.
Y ambos sabíamos lo que habría pasado si Kish no hubiera estado ahí para salvarme.
Como si mis palabras le hubieran hecho despertar de alguna especie de trance, Kish trasladó su mirada de su compañero hacia la mía, y vi una muy extraña emoción cruzarle a través del dorado de sus ojos, pero no conseguí identificarla. Él se tensó visiblemente y le hizo una seña a Tart, quien se teletransportó tan rápidamente que ni siquiera llegué a verlo.
Fruncí el ceño y me giré hacia Kish nuevamente. Abrí la boca para preguntar lo extraño de su actitud, pero él habló primero:
- Lo habría sabido.
Tardé un par de segundos en darme cuenta de lo que estaba hablando.
- ¿Cómo? – pregunté confundida, y de forma cautelosa agregué - ¿Ella te lo…contó o algo así?
Un temblor me recorrió el cuerpo ante la posibilidad de que Kish podría haber sabido de antemano del ataque en el centro comercial y aún así esperado a que ocurriera para decírmelo. Él me había prometido no tener nada que ver con los planes de Saya, especialmente cuando estos ponían mi seguridad, la de mi equipo o la de los civiles en peligro, pero no había llegado a pensar en la posibilidad de que él pudiera haberse sentado en la información. No estaba segura de poder mantener una alianza con él en aquel caso.
Involuntariamente di un pequeño paso hacia atrás, y cuando Kish notó mi alejamiento, se apresuró a responder:
- No, no, yo no sabía de antemano que habría un ataque.
- ¿Entonces qué estás diciendo? – pregunté, cruzándome de brazos.
- Estoy diciendo que habría sabido donde buscarte… ¿tiene sentido eso para ti?
- Para nada, ¿de qué diablos hablas?
Kish suspiró y se pasó la mano por el pelo. Como le había visto hacer un par de veces antes, se quitó la banda que sostenía su cabello (ahora bastante más largo que la última vez que lo había visto tres años atrás) y me quedé mirando como sus dedos corrían a través de las hebras para desenredar un par de nudos.
No sé por qué, pero mi mente decidió aprovechar aquel momento importante para recordar ocasiones en las que había accidentalmente (o de manera no tan accidental) tocado su cabello entre mis dedos. No recordaba su suavidad del todo, y me encontré a mí misma considerando acercarme hacia adelante para corroborar…
¿Corroborar qué?, me dije, volviendo a llevar hacia atrás la mano que no me había dado cuenta había empezado a estirar un par de centímetros hacia adelante.
- ¿Recuerdas de lo que estábamos hablando hoy cuando fui a verte a la escuela? – Kish llamó mi atención y yo volví a centrarme en sus ojos y no en sus dedos armando la sujeción en su pelo sobre su nuca - ¿Sobre los sueños que has estado teniendo y crees que son recuerdos de otra persona?
- Sí – respondí, altamente confundida, habiendo olvidado el tema que había querido hablarle a Kish más temprano - ¿Qué hay con eso?
- Los recuerdos son sobre mí, ¿no es cierto?
Sentí que me corría otro temblor por la espalda, y por la intensidad de su mirada sobre la mía me dieron ganas de desaparecer nuevamente. No había estado preparada para que él supiera mi secreto embarazoso, más cuando yo no le había dicho expresamente que mis sueños se trataban sobre él.
- ¿Cómo lo sabes? – me encontré a mi misma susurrando.
- Corazonada – contestó con un tono serio, cansado.
De repente algo en mi cerebro clickeó, y antes de que me diera cuenta de lo que hacía, estaba tomando a Kish de la solapa de su camiseta, o túnica (o lo que fuera que los ciniclones vistieran) y acercándome muy cerca de su rostro.
Oh dios, no es verdad, no es verdad…
- Estás teniendo sueños sobre mi también, ¿no es verdad? – pregunté en un susurro furioso y rápido, no podía sacar de la boca las palabras lo suficientemente rápido – Estas viendo etapas de mi vida… ¡diablos, diablos, lo sabía, sabía que…!
Las manos de Kish me tomaron de los hombros de forma firme, no lo suficientemente fuerte como para lastimarme, pero si lo bastante como para ayudarme a salir del pequeño trance furioso en el que me había metido.
- No, no estoy teniendo sueños…o recuerdos…o lo que sea que tu estés teniendo – me aclaró él, lo más tranquilamente que le fue posible – no es eso lo que me sucede.
Lo solté repentinamente e intenté respirar hondo.
Bien, bien, no está viendo mis recuerdos, me dije una y otra vez, intentando calmarme. Me aliviaba enormemente que Kish no pudiera acceder a áreas de mi vida que ni yo misma quizás recordara, pero al mismo tiempo, me quedaba bastante claro que si bien no estaba compartiendo la maldición que al parecer yo tenía sobre mi cabeza…él tenía una propia que podría ser igual de mala.
Estaba tentada de no saberlo, siendo sincera, pero me dije a mí misma que no saberlo era peor porque mi imaginación se iría por las ramas.
- Pero te está pasando algo extraño conmigo – dije – algo que no puedes explicar.
- Últimamente puedo… - Kish hizo una pausa para encontrar las palabras correctas - saber donde estas.
- Saber donde estoy – repetí lentamente, no muy segura de que me gustara por donde venía esto.
- Es como si tuviera un sistema de trackeo específicamente contigo. Puedo…sentir donde tú estás en momentos esporádicos del día. A veces incluso lo que estás haciendo, o con quien estas.
Me eché de vuelta hacia atrás, esta vez de forma voluntaria. No estaba segura de que mi imaginación pudiera haber creado un escenario peor.
- ¿Quieres decir que si estoy, por ejemplo, en la escuela…?
- Puedo sentir tu aburrimiento en clase de historia – terminó él por mí - y tu nerviosismo en matemáticas porque no tienes idea que va para un examen que tienes pronto, o en la casa de Mint cuando estas discutiendo sobre la cena, o cuando estas con tu novio y…
No, no diablos, no. No quería saber cómo terminaba aquella frase. No quería escuchar más, a decir verdad. Me dejé caer de cuclillas al suelo y oculté mi cara entre las manos, intentando respirar lentamente, porque no parecía conseguir meter oxígeno en mis pulmones.
Que Kish no viera mis recuerdos era un alivio, pero que pudiera ver mi presente tan claramente como si estuviera viviéndolo conmigo era casi tan malo. ¿O puede que peor? Me importaba poco y nada que supiera en qué momento estaba en la escuela, o si hacía una parada en mi camino a casa en mi café favorito. Pero que supiera de mis reuniones con las Mew, o de mis citas con Masaya…ya era demasiada irrupción en mi privacidad. ¡Ya era demasiado para la vida normal que estaba intentando aparentar tener!
No quería a alguien respirando sobre mi cuello, sabiendo a que lugares frecuentaba, con quien y por qué. No quería a Kish sabiendo tanta información sobre mi día a día. No quería conferirle a alguien más tanto poder sobre mí. ¿Cómo diablos habíamos terminado así?
Sentí una mano apoyarse suavemente sobre mi hombro y me centré en la calidez y fortaleza que podía sentir bajo ella, porque mi cuerpo parecía estar a punto de desmoronarse.
- ¿Qué nos está pasando? – murmuré tras mis manos - ¿Qué hicimos?
- No tengo idea – contestó él, suavemente, comenzando a acariciar mi espalda en movimientos lentos en forma de círculos - siéndote sincero, estuve tan concentrado últimamente en resolver la cuestión con Saya, que dejé…esto a un lado porque pensé que me lo estaba imaginando.
Sí, yo también…
- Pero ya no puedo evitarlo más…y creo que tú tampoco, Ichigo. No es imaginación nuestra.
- No, no lo es – accedí, destapando mi cara y torciendo el cuello para mirarle – Estoy viendo partes de tu vida cuando me quedo dormida.
- ¿Qué partes?
- No lo sé, son muy…cambiantes, y por lo general no son claras. Son más bien tormentas de sentimientos y si es que hay una acción central que ocurre, por lo general me la olvido cuando despierto.
Él asintió y respiró hondo, me pareció que de una forma un poco aliviada. Parecía que yo no era la única que le estaba costando aceptar que otra persona pudiera saber tanta información sobre mí. Él debía de sentirse tan vulnerable y confundido como yo, y extrañamente eso me hacía sentir un poco mejor. Al menos no estaba sola en el sentimiento de paranoia.
- Bien…bueno…puede que no sepamos lo que ocurre, pero sé de alguien que puede ayudarnos a averiguarlo – dijo Kish de forma asertiva.
Se puso de pie de un salto, y tomando mi mano me llevó con él a través de un pasillo. Quizás por mi cansancio, quizás por mis heridas, quizás por la sorpresa, pero mis pies iban bastante más lentos que los suyos y me encontré a mí misma siendo arrastrada como a un muñeco.
- ¿Adónde estamos yendo? – pregunté intentando acelerar.
- A ver a Pai, si alguien puede ayudarnos a descubrir lo que ocurre, es él.
Asentí aunque Kish no pudo verme, y me convencí a mí misma de que para lo que sea que nos enfrentábamos había una solución. Tenía que creerlo.
