Capítulo 8
Ya era de noche para el momento en que Kish nos teletransportó a ambos justo sobre la entrada del café Mew. El pequeño edificio estaba a oscuras, pero algo me decía que en el subsuelo del mismo debía haber luces encendidas, específicamente en el sala de reuniones donde nuestro grupo se había reunido más de una vez en el pasado con el objetivo de armar estrategias para luchar contra los ciniclones y sus incontables creaciones quimeras.
Extraño como todo parecía tan distinto ahora. Las estrategias ya no se utilizarían más en contra de los ciniclones, y la líder de las Mew había decidido pasar la tarde entera con su viejo enemigo (y no necesariamente discutiendo) en vez de unirse rápidamente a su equipo. Si alguien me hubiera dicho años atrás que aquel escenario algún día sería posible, me habría reído a carcajadas en su cara.
Suspiré, porque sabía que se me vendría una discusión en el momento en que me apareciera por allí abajo, pero sabiendo que no podría escapar o retrasarlo por más tiempo.
Apenas volví a pisar pie sobre la tierra, mi celular comenzó a vibrar una y otra vez dentro de mi bolsillo con lo que probablemente era una infinidad de llamadas perdidas y mensajes de mi equipo. No había tenido intención de ignorarlas, pero mi celular por supuesto no había conseguido señal estando fuera del planeta, por lo que no había tenido manera de avisar a mis amigas de mi paradero, o del hecho de que estaba viva luego del desastre que había ocurrido en el centro comercial esa misma tarde. Imaginaba que no iban a estar demasiado felices conmigo por haberme dado de fuga (a pesar de que técnicamente no había estado consciente en el momento en que Kish me sacó de allí) y me veía venir una riña especialmente dura de Shirogane por no haber vuelto apenas recobré la consciencia.
En este caso, sin embargo, mis horas de retraso estaban justificadas por una reunión especialmente larga con Pai, quien nos había realizado a Kish y a mí diferentes pruebas con el fin de determinar exactamente lo que nos sucedía, ya que él no había sabido darnos una respuesta clara. Para lo muy inteligente que Pai parecía ser, me había esperado que tuviera la solución a nuestro problema en uno de sus tubos de ensayo sobre su escritorio. Por supuesto no le había caído demasiado bien que yo desestimara su inteligencia, pero parecía que había aceptado mi desconfianza en sus habilidades como un reto en vez de como un insulto, así que suponía que había servido de algo si mi nerviosismo lo había impulsado a trabajar.
Sin darme cuenta se me había ido todo el día en el laboratorio de Pai, y ya estaba agotada. No sabía que sueños me recibirían esa noche, pero esperaba estar lo suficientemente cansada como para no ver nada en absoluto.
- Gracias por traerme – dije a Kish con un bostezo – ¿Cuándo crees que Pai tendrá los resultados?
- No lo sé con seguridad, pero Pai trabaja rápido, especialmente cuando se enfrenta a un reto.
Y esto sí que es un reto... fueron las palabras que Kish no agregó, pero las pude oír perfectamente de todas formas.
Al principio Pai nos había tratado a ambos casi como si fuéramos un par de locos, como si le estuviéramos haciendo una broma intrincada, o peor aún como si nos lo estuviéramos imaginando todo. Nos había costado un buen rato poder explicarle exactamente lo que nos sucedía porque apenas nosotros lo comprendíamos.
Básicamente él puede saber donde yo estoy en cualquier momento del día, y yo puedo soñar eventos de su pasado. No sabemos cómo ni por qué, solo queremos que pare, recordé las palabras que le había dicho a Pai en un intento por explicarme de la forma más sencilla posible, y sí, debía admitir que sonaba bastante demente, incluso para una raza alienígena capaz de teletransportarse a su antojo. Nuestras nuevas ''habilidades'' eran tan sutiles que no había verdadera forma de probarlas o de demostrarlas ante alguien más. Simplemente tenían que creernos.
Al final Pai nos había comprendido, pero sin tener experiencia alguna en casos como el nuestro había decidido por estudiarnos más de cerca, tomando diferentes muestras que supuestamente lo ayudarían a encontrar una solución. Yo no tenía idea cómo funcionaba la genética, especialmente cuando se trataba de seres no humanos como lo éramos los ciniclones y las Mew, pero si había una respuesta en nuestra sangre, Pai debía encontrarla. Tenía que hacerlo, había depositado todas mis fichas en aquella apuesta.
- Ichigo.
Me sorprendí de escuchar la voz de Kish, porque me había metido tan profundo en mis pensamientos que me había olvidado que él todavía se encontraba allí. Lo miré en cuanto me llamó, y su mirada me pareció estar tan agotada como la mía, aunque la suya tenía un deje de confianza que yo no sentía.
- Pai encontrará una solución – me aseguró él – no te preocupes.
Como me hubiera gustado creer eso con tanta facilidad.
- ¿Lo crees enserio? – pregunté en un susurro – ¿o solo lo estás diciendo para que no me preocupe?
- Lo digo en serio – contestó él con firmeza – conozco a Pai desde hace mucho tiempo…y no hay una sola vez en que lo haya visto dejarse vencer por un desafío, no importa que tan complicado fuera de resolver…créeme, nos ayudara.
Respiré hondo. ¿Quién diría que algo que saliera de la boca de Kish pudiera hacerme sentir mejor? Sí que cambiaban los tiempos.
- Está bien…gracias.
Le ofrecí una pequeña sonrisa y él me la devolvió. Supuse que sellamos un pacto entonces, un pacto de no entrar en pánico cual fuera la respuesta de Pai, porque al fin y al cabo, estábamos juntos en esto. Daba miedo, pero al mismo tiempo se sentía extrañamente reconfortante tener un compañero en aquella extraña situación, incluso si ese compañero era Kish.
- ¿Estarás bien si te dejo? – preguntó él.
- ¿Dices por Saya? Bueno…puedes sentir adonde vaya y a veces lo que hago, ¿no es cierto? Si sientes que estoy en problemas…tienes mi permiso para aparecerte y ayudarme.
Kish me dio una falsa expresión de sorpresa exagerada que me hizo sonreír un poco más.
- Y sin discusión ni golpes…wow, que honor – contestó él en broma – casi pareciera que no me odias.
Yo sacudí la cabeza, y rodé los ojos.
- No te odio – me encontré murmurando antes de darme cuenta de que había abierto la boca.
Cuando me di cuenta de lo que había dicho cerré la boca y me di vuelta rápidamente hacia la puerta. De repente quería entrar al café con más urgencia que antes. Busqué la copia de la llave de la puerta que tenía en algún lugar entre mis bolsillos.
- Será mejor que entre y lidie con esto para poder irme a dormir lo antes posible – anuncié con otro bostezo - estoy agotada.
Estaba a punto de entrar, cuando sentí una mano sobre mi antebrazo y por poco salté ante la sorpresa del contacto. Me giré hacia Kish, quien enseguida apartó su mano, y miró hacia el suelo un poco avergonzado.
- ¿Sí? – pregunté, al ver que no hablaba.
- Ichigo...no…no le prestes mucha atención a los sueños… ¿está bien? – pidió él sin mirarme.
Hay cosas que no quiero que veas…
Quizás mi nueva habilidad involucraba poder oír ciertos pensamientos correr por la cabeza de Kish, o quizás simplemente me estaba haciendo mucho más talentosa en el hecho de poder comprender lo que quería decir sin decírmelo expresamente, pero el hecho es que estuve segura que había eventos de su vida que habría preferido que yo no viera. Fuera cuales fueran.
Comprendía el sentimiento, porque en el caso contrario, sabía que yo estaría igual o más histérica todavía por ocultarle información de mi vida privada. De haber podido, habría elegido no ver ni un solo momento de su vida. Por las razones que fueran yo no podía elegir eso, pero podía darle tranquilidad.
- Descuida, nunca presto atención – contesté – y me lo olvidó todo al amanecer.
Aquello no era exactamente cierto en todos los sueños o todas las noches, pero se acercaba bastante a la verdad, y al fin y al cabo, seguramente dejaba a Kish más tranquilo. Él dejó escapar el aire en un suspiro que me pareció de alivio y asintió con la cabeza. Se despidió de mí con un saludo de su mano y una sonrisa dudosa antes de desaparecer, probablemente de vuelta a su nave.
Respiré hondo, robando un par de segundos más de tranquilidad, y cuando ya no pude alargarlo más, tomé mi celular en una mano y mis llaves en la otra. Shirogane contestó al primer tono.
- ¿Dónde estas?
- Estoy bien, gracias por preguntar…y estoy entrando al café, están todos aquí, ¿no? – pregunté, mientras ponía la llave en la cerradura y daba dos vueltas.
- Estamos en el piso de abajo.
- Ya bajo.
Corté el teléfono, cerré la puerta a mi espalda, volviendo dar dos vueltas con la llave pero hacia el lado contrario, y me dirigí hacia las escaleras que me llevarían directamente a la sala de reuniones de las Mew. Sin embargo, apenas conseguí bajar un par de escalones antes de que cuatro chicas salieran corriendo despedidas escaleras arriba y prácticamente me arrojaran al suelo en un gigantesco y caótico abrazo, el cual correspondí.
Enseguida fui abrumada por una ametralladora de preguntas:
- ¡Ichigo estas bien!
- ¿Qué te sucedió?
- ¿Adónde fuiste?
- ¿Por qué no nos avisaste?
Me habría gustado responder a todas sus preguntas, pero no sabía a quién prestarle atención primero porque todas demandaban una respuesta con sus gritos y sujeciones sobre mí. Al final Mint decidió tomar cartas en el asunto y me tomó de las mejillas, apretándolas hasta apretarme la boca, pero consiguió que la mirara a la cara. A la muy seria y ligeramente enojada expresión en su cara.
- Tienes mucho que contarnos – declaró severamente, recordándome la vez que había sido enviada a a la oficina de la directora de la escuela cuando era niña, y sido amonestada.
Asentí con la cabeza porque por la forma en que Mint me apretaba no podía contestar de forma verbal. Cuando ella lo notó, me soltó y enseguida cruzó los brazos sobre el pecho, esperando a que yo hablara.
- Será mejor que volvamos a bajar – comentó Zakuro, antes de que yo pudiera contestar nada. Como siempre, nuestra miembro más adulta del equipo atrajo nuestra atención hacia ella al hablar - Shirogane también querrá escuchar esto.
Me pareció ver que a Mint no le hacía gracia la espera cuando había intentado dejar su punto claro, pero Zakuro era probablemente la única persona en el mundo por la que Mint daba vueltas sus planes y accedía a giros en situaciones que ella preferiría que ocurrieran de otra forma. Como me lo esperaba, la chica bufó y se dio la vuelta en un movimiento especialmente grácil, haciendo que su cabello corto volara sobre su hombro con desdén
- Está bien – concedió Mint – mientras Ichigo no desaparezca de nuevo…
Me dio la impresión de que mi compañera de cuarto estaba enojada, pero no tenía tiempo para lidiar con su actitud de niña malcriada, en especial cuando me daba la espalda y no se dignaba a mirarme. Suspiré y cuando ella empezó a caminar en dirección a la sala de reuniones, la seguí junto con las demás. Con Pudding sujeta de mi brazo y preguntándome una y otra vez si me encontraba bien, comencé a bajar las escaleras.
- Por última vez, sí, estoy bien, Pudding – contesté.
- ¡Pero hubo una explosión tan grande! – discutió ella.
Pudding hizo un gesto con las manos de forma exagerada, demostrando como se vería una explosión en un dibujito animado, y abrió mucho los ojos al hablar. A pesar de que ya no era una niña tan pequeña, todavía tenía actitudes un tanto infantiles, las cuales eran parte de su personalidad y me sacaban una que otra sonrisa.
- Lo sé, pero los ciniclones me ayudaron a recuperarme – le aseguré.
- Tan amables como siempre – habló una voz en tono irónico.
Para aquel momento habíamos llegado a la sala de reuniones, la cual era no más que un salón pequeño con una mesa y unas cuantas sillas. Simple, de no ser por la gran computadora conectada a una pantalla que ocupaba toda la pared. Algunas veces la habíamos utilizado para ver filmaciones de diferentes monstruos quimeras, intentando encontrar un patrón en el cual basarnos para prepararnos a nosotras mismas antes del siguiente ataque.
Tanto Shirogane como Akasaka se encontraban de pie delante de la pantalla apagada, hablando suavemente entre ellos, pero pararon en el momento en que todas entramos, y sus miradas se dirigieron hasta mí. Akasaka me miraba con una sonrisa y un deje de preocupación en sus ojos, mientras que Shirogane me observaba con la actitud reservada y enojada que me había esperado ver en él, porque su personalidad era así de seria usualmente. Sus brazos estaban cruzados sobre el pecho, y no sonreía, aunque no es que aquello pasara muy seguido de todas formas.
Si alguien tenía más problemas que yo a la hora de confiar en los ciniclones, definitivamente ese era Shirogane. Aún me parecía que el hombre no me creía del todo cuando le había explicado que de no ser por Kish quizás yo no habría vuelto tan sana y salva de la isla remota en la que nos habíamos perdido dos semanas atrás. Si fuera por él, la guerra contra los ciniclones aún permanecería en pie, sin importar que final le habíamos dado años atrás.
- Bueno, me salvaron la vida – dije a la defensiva y adoptando la misma pose que Shirogane – no puedo decir que me queje.
Él frunció el ceño y abrió la boca para decir algo, pero Lettuce, como siempre intentando aplacar la situación, rápidamente se dispuso a interrumpir.
- Cuéntanos lo que sucedió, Ichigo, por favor – pidió ella, de la forma dulce con la que Lettuce siempre hablaba – estábamos todos muy preocupados por ti.
- Lo sé, y lo siento – dije con un suspiro – me hubiera gustado avisarles que estaba bien antes, pero era necesario que hiciera un par de cosas antes. Quizás deban sentarse para esto, tengo mucho que contar.
Sin esperar si seguían mi recomendación o no, me dispuse a sentarme en la silla más cercana, no pudiendo permanecer de pie más tiempo. Prácticamente colapsé sobre el asiento, y resistí la tentación de quitarme los zapatos para estar más cómoda.
- ¿Quieres algo de comer o beber, Ichigo? – preguntó Akasaka, siempre tan atento.
Negué con la cabeza, y me dispuse a dar la versión más completa de los hechos que pude. Comencé desde la pelea con Saya que había ocurrido más temprano durante el día, pasando por la parte de la historia que incluía la destrucción de mi campana (e ignorando las inhalaciones de sorpresa que escuché en la habitación al respecto) hasta llegar al momento en que casi había sido vencida por ella.
Les conté como Kish me había salvado, como me había llevado a su cuartel general, y todo lo que me había contado sobre su prometida, tanto las habilidades como las debilidades, y su promesa de entrenarme en batalla. Les conté todo lo que había aprendido, las conclusiones que había sacado, y al final…también les conté sobre las pesadillas.
- Espera, espera… - dijo Mint, interrumpiéndome – ¿entonces estas últimas semanas cada vez que te despertabas prácticamente que gritando de la cama estabas presenciando la vida de Kish en sueños?
Asentí, mirando mis dedos retorcerse sobre mi regazo. Por alguna razón me sentía un poco desnuda, probablemente porque aún llevaba puesta la túnica que Kish me había dado, y no mi propia ropa. Pero me parecía que tenía más que ver con el hecho de que acababa de sincerarme con mi equipo después de un tiempo de jugarme de callada.
- ¿Y porque no nos lo dijiste antes? – preguntó ella, su tono de voz incluso más enojado que antes.
- ¿Qué querías que te contara exactamente? Ni yo lo entiendo, Mint…
- Bueno, podríamos haberte ayudado a entenderlo, podríamos haberlo aprovechado, podríamos…
- ¿Aprovechado para qué? No es la vida de Saya la que estoy viendo…
- No, pero nos daría una ventaja contra los ciniclones – habló Shirogane de repente.
Aún sentada sobre la silla me giré hacia él, y al verlo de pie frente a mí, de repente me sentí como en un interrogatorio. Ignoré mi cansancio y me puse de pie para que estuviéramos a alturas similares aunque fuera.
- ¿Qué quiere decir eso? – pregunté, y hasta yo me sorprendí del tono frío que adoptó mi voz - ¿Qué ventaja?
- No puedes ser tan ingenua, Ichigo.
- No estoy siendo ingenua, estoy seriamente confundida porque no comprendo lo que estás diciendo. ¿Qué ventaja necesitamos contra alguien que no es nuestro enemigo?
- Que no es nuestro enemigo…todavía – aclaró él – ¿o ya pasó tanto tiempo que olvidaste que una vez ese mismo alienígena quiso matarte?
Me quedé sin palabras de repente, porque de todas las cosas que podría haber esperado escuchar de Shirogane, no me había imaginado que la conversación pudiera dar aquel giro.
- No olvidé nada – contesté, mirándolo a los ojos para que viera que no me estaba dejando amedrantar por su pregunta – pero los ciniclones no son de quienes nos debemos estar preocupando ahora. No tienen ninguna riña con nosotros…
- Pero la han tenido en el pasado – contraataco él, sus ojos azules parecían echar llamar - ¿quién dice que no intentarán invadir nuestro planeta de nuevo?
- Ya tienen el Mew Aqua, ¿Por qué invadirían de nuevo?
- No lo sé…quizás tú puedas decírnoslo, Ichigo.
Me sorprendí tanto por su pregunta que me eché hacia atrás, sin poder creer lo que había escuchado.
- ¿Disculpa? ¿Y eso que quiere decir?
- Quiere decir que si eres capaz de sentarte en información tan crucial para nosotros por dos semanas enteras, entonces ¿Qué más puedes estarte guardando sin que lo sepamos?
Yo me quedé estupefacta, mirando a nuestro supuesto líder, y sintiendo como si no lo conociera. Miré a los rostros de mis amigas, las cuales parecían estar tan igualmente sorprendidas…pero no del todo asombradas como yo lo estaba. Más bien, parecían un poco incomodas, como si Shirogane hubiera dejado caer comentarios que habían atravesado una o dos veces por sus cabezas.
Aprovechando el silencio, Shirogane volvió a la carga:
- Confían en ti, ¿no? ¿Aprendiste algo sobre ellos en su cuartel general? ¿O piensas también quedarte con ese secreto?
- Shirogane… - intentó hablar Lettuce, posiblemente para intentar calmar las aguas – quizás deberíamos…
- Ahora no, Lettuce.
Y la chica se calló, porque parte de su personalidad dulce significaba también que no se metía en medio de líos que no eran suyos. Me dedicó una mirada de disculpa antes de volver la vista al suelo.
Yo sin embargo, no quería seguir dándole la palabra a Shirogane.
- ¿Me estas acusando de traicionar a mi propio equipo? – pregunté, cerrando los puños con tanta fuerza que las uñas se me clavaron en las palmas – te recomiendo que elijas tus siguientes palabras con mucho cuidado.
- No soy yo el que debe tener cuidado con sus palabras.
¡¿Qué diablos estaba pasando?! ¿Por qué de repente mi lealtad era puesta en duda? Sí, había tenido más contacto con Kish y los ciniclones últimamente, pero el hecho es que los necesitaba para la nueva lucha que se nos venía encima. Nuestros objetivos eran bastante similares así que había asumido que todos estábamos de acuerdo en la necesidad de recurrir a la ayuda de los ciniclones para que nos ayudaran a detener a Saya. Era el paso lógico considerando las circunstancias, ¿no?
Además, incluso si no estuvieran de acuerdo con mi decisión de aquella alianza, me imaginaba que mis amigas debían conocerme lo suficiente como para saber con total seguridad que yo jamás las traicionaría. Así que, ¿Por qué de repente parecía que yo había estado confabulando con el enemigo a espaldas de todo el mundo?
Miré el rostro de Shirogane, el aparentemente traicionado rostro de nuestro líder, y me pregunté si estaba más enojado por haberme callado información, o simplemente no le gustaba el hecho de que nuestros antiguos enemigos eran ahora nuestros aliados. Me parecía bastante claro que Shirogane estaba atravesando una encrucijada similar a la que yo había atravesado cuando intentaba hacerme a la idea de que Kish ya no era el malo de la película. Al principio me había costado creer que él ya no quería invadir nuestro planeta, o secuestrarme para llevarme con él hacia cualquier paraíso que me había prometido en el pasado. Me había costado creer en su deseo de ayudarme…pero había terminado por ceder, por confiar. Sinceramente, no me parecía que tenía otra opción.
Shirogane, sin embargo, estaba lejos de llegar a la misma conclusión que yo, y parecía aún más reticente a aceptarlo. Lamentablemente yo no tenía el tiempo o la energía para hacerle cambiar de opinión, no esta noche al menos.
- No tengo tiempo para esto – anuncié tirando mis manos al aire en frustración - a diferencia de ti…tengo una verdadera guerra que pelear.
Sabía que aquel comentario no le sentaría demasiado bien a mi jefe, pero no me había resistido a atacarle con algo doloroso, y tuve la reacción que me imaginaba:
- ¿Aliada con ciniclones? - preguntó, como uno preguntaría por qué alguien se arrojaría voluntariamente de un avión sin paracaídas - ¿Realmente crees que puedes confiar en ellos?
- ¿Sabes? Hasta hoy, ninguno de ellos cuestionó mi lealtad, solo tú lo has hecho.
- Ellos no tienen ninguna lealtad hacia ti, Ichigo. Puede que haya pasado mucho tiempo, y hayas olvidado el pasado, pero los ciniclones no son seres en los que debas confiar…
- ¿Incluso cuando me ofrecen su ayuda? – pregunté, y esta vez, miré a todo mi equipo al hablar, porque no podía creer su silencio - ¿Su conocimiento? ¿Su tecnología? ¿Tampoco debería confiar en ellos entonces?
Las chicas me miraron con una mezcla entre culpabilidad e incomodidad. Hacía mucho tiempo que no teníamos una riña en el equipo, y jamás por acusaciones de traición. Para mi gusto, Shirogane había ido demasiado lejos, y no quería que las demás conocieran solamente su lado de la historia.
Para mi suerte, alguien parecía haber estado escuchando mi lado.
- ¿Tart es nuestro aliado? – preguntó Pudding en un susurro, provocando que todas las cabezas se giraran en su dirección.
Suavicé mi tono de voz antes de responderle a mi compañera:
- Lo es – respondí – Kish y Pai también lo son. Están agradecidos de que les dimos el Mew Aqua, y quieren ayudarnos a echar a Saya de aquí.
Pudding asintió y me sonrió ligeramente. Yo le devolví la sonrisa y agradecí que al parecer algunas de mis amigas sí confiaban lo suficiente en mí como para al menos estar dispuestas a escuchar. Esperaba que todas pudieran reaccionar como Pudding.
Aunque no cuando Shirogane parecía enfrascado en mantener su odio hacia los ciniclones:
- Nunca sabes cuándo puede ser un truco - habló él, cortando el lindo momento que había creado entre Pudding y yo, llenándolo de sospecha nuevamente - pueden estar engañándote ahora mismo y confabulando contra ti.
- ¿Sabes qué? Es posible– contesté, y mi voz fue bastante más cortante de lo que esperaba - pero creo que si fuera un truco ya estaría muerta. Si algo no les ha faltado fue oportunidades en las que estuve vulnerable.
Todo el mundo hizo silencio entonces, y me sentí tan cansada como si hubiera corrido una maratón, lo cual no se alejaba mucho de la realidad considerando la cansadora pelea que había tenido lugar unas meras horas antes.
Puede que yo tuviera más razones para confiar en Kish (especialmente considerando el vínculo extraño que nos unía y aún no sabíamos explicar) pero no se necesitaba ser un genio para darse cuenta de que tanto él como cualquier otro de los ciniclones podían haber intentado acabar conmigo desde que habían vuelto a la Tierra.
Quizás mi equipo aún no había tenido la oportunidad de aliarse con un ciniclon en batalla (como yo había sido forzada a hacerlo últimamente) y quizás por esa razón eran más resistentes a confiar en nuestros antiguos enemigos. Pero no podían ignorar que hasta ahora no habíamos tenido ningún ataque de su parte, y en la única ocasión en que Saya y su séquito abiertamente habían creado destrucción, Kish nos había ayudado a detener el desastre. Todas lo habían visto ayudarme, así que si no podían confiar en él todavía, al menos podían confiar en mí. Les pediría eso al menos.
- Yo…confio en Kish. Sé que suena extraño dada nuestra historia pero ha salvado mi vida más de una vez, y podría haberme aniquilado o secuestrado una cantidad de veces. No tiene razón para hacerme daño ni tampoco me ve de la misma manera que antes, yo…creo que ha cambiado.
¿Quién diría que algún día podría encontrarme defendiendo a Kish? Por fuera, una máscara de seriedad enmarcaba mi rostro, pero por dentro estaba estupefacta.
- Es posible – contestó Shirogane, sin darme la mínima señal de que podía ver las cosas de mi punto de vista - ¿Pero puedes estar completamente segura? Él mismo te dijo que puede sentirte en cualquier sitio en el que estés. Eso le da una ventaja sobre ti, ichigo, ¿Cómo no puedes verlo?
Podía verlo...y me daba miedo, a decir verdad. Puede que un tiempo atrás habría estado tan mortificada por la cantidad de información que Kish era capaz de sacar de mí sin que yo me diera cuenta, que me habría puesto tan histérica como Shirogane, pero no podía sujetarme de esa excusa para mantenerlo alejado de mí. No cuando necesitaba su ayuda.
- No voy a desconfiar de mis aliados... me di cuenta que no sirve de nada si no deposito toda mi confianza, y ahora mismo él la tiene – contesté, y sin apartar mi mirada de Shirogane, agregué duramente - Si quieres la mía, te recomiendo que me obsequies el beneficio de la duda antes de acusarme de traicionar a la raza humana.
Shirogane fue a responderme, pero yo estaba cansada, estaba harta y francamente, aquello no era la prioridad.
- No vine aquí a discutir sobre Kish – le corté - vine a hablar estrategias. Sabemos que Saya no tiene problema en atacar lugares públicos con civiles que pueden quedar atrapados en el fuego cruzado, así que ahora sus ataques no solo son contra mí, sino contra cualquiera que pueda estar en el medio, ¿Qué podemos hacer al respecto?
Mi equipo pareció dubitativo, alternando su atención entre Shirogane y yo, sin saber exactamente quien ganaría el concurso de miradas que habíamos comenzado. Al final, gané yo.
- ¿Alguna sugerencia? – volví a preguntar.
La conversación comenzó entonces, con las Mew envalentonándose para dar sus opiniones, discutir y llegar entre todas a conclusiones. En todo el rato, Shirogane no me quitó la mirada de encima.
Unas dos horas más tarde hicimos nuestra salida del café, no habiendo llegado a ninguna solución en particular, pero al menos habiendo discutido viejas estrategias que habíamos utilizado anteriormente contra los ciniclones, e intentado adaptarlas para combatir a la especie de Saya con la nueva información que yo había traído a la mesa.
Mi cerebro estaba frito, ya no podía pensar en nada más, y me alegré cuando Akasaka propuso continuar al día siguiente luego de que todo el mundo se tomara un descanso. Sabía que lo había sugerido más que nada por mí pero me alegraba de su sugerencia, porque de lo contrario me podría haber dormido sobre la silla.
Con un saludo, todas nos despedimos en la puerta y cada una siguió un camino diferente dirigiéndonos a nuestras respectivas casas. Al estar quedándome en la casa de Mint por el momento, seguí el mismo camino que ella, pero la chica me ignoró como si yo no estuviera allí, caminando por delante de mí sin siquiera mirarme. Por un rato, disfruté el silencio y no pregunté el por qué de su trato frío.
Al acercarnos a su casa, sin embargo, me pareció muy estúpida la posibilidad de irnos a dormir en el mismo cuarto sin vernos a las caras o desearnos las buenas noches, por lo que me armé de valor y troté hasta mi compañera.
- Mint ¿Qué sucede? – pregunté, mi tono más cansado del que esperaba, pero intenté despabilarme para no terminar diciendo nada estúpido debido al cansancio.
Ella me dedicó una mirada de reojo cargada de falso y sobreactuado desdén antes de volver a mirar hacia adelante. En ningún momento dejó de caminar.
- ¿Por qué crees que sucede algo? – preguntó la reina del hielo en su obvia actitud pasivo agresiva.
- Anda, Mint, solo dímelo.
- Oh, yo debo ser sincera contigo, pero tú no tienes por qué corresponder, ¿verdad? Me alegra de saber cómo funcionan ahora las cosas.
Suspiré y puse mi mano en su hombro para detener su caminata. Ella se detuvo, pero aún así no me miró.
- ¿Es eso lo que pasa? ¿Estás enojada conmigo porque me guardé información? Diablos, Mint, ya te dije que…
- Que no sabías lo que te ocurría, lo dejaste claro – replicó ella de manera mordaz – ¿Qué me importa haber sabido o no sobre tus tontas pesadillas?
- ¿Entonces que te molesta? – pregunté, ignorando la obvia manera en que intentaba insultarme. Si buscaba hacerme enojar, no iba a funcionar con un truco barato.
Mint parecía especialmente molesta, más incluso de lo que la había visto en mucho tiempo, y aquello me extrañó. Su boca estaba cerrada en una fina línea como si se estuviera tragando palabras que no estaba segura de poder decir en voz alta sin gritar, su ceño fruncido, y sus brazos cruzados a la altura del pecho.
Fuera lo que fuera que le molestaba, sabía que no estaba muy apurada por decírmelo, ya que Mint era el ejemplo perfecto de ''yo no tengo que decirte por qué estoy enojada contigo, tienes que descubrirlo por ti misma''. Su actitud era clásica, increíblemente molesta, y no estaba segura de tener la energía para seguirle el juego, y rogarle para que se sincerara conmigo. Pero peor me parecía dejar que se quedara con el enojo adentro, y luego un día, o dos, o diez después (quien podía saberlo con ella) explotara en mi cara y de una forma aún peor.
Era ahora o nunca.
- Mint – intenté de vuelta, con el tono más suave que pude manejar - eres mi amiga y solo quiero…
- ¿Soy tu amiga? – preguntó ella en forma sarcástica y completamente venenosa - ¿Enserio? Porque últimamente no lo parezco.
- Por supuesto que lo eres, ¿por qué dices eso? – pregunté, confundida.
Mint respiró hondo, como si fuera a calmarse, pero no me pareció que estuviera dando muy buen resultado.
- ¿Hace cuanto nos conocemos, Ichigo? ¿Tres años? – preguntó ella, pero cuando fui a responder ella simplemente siguió hablando - por si lo olvidaste, fui la primera que se unió contigo a las Mew, la primera persona con quien peleaste contra Kish, trabajo contigo todos los días, y vives en mi casa desde hace dos semanas.
- Si y te agradezco que…
- ¡Esto no tiene nada que ver con agradecimiento!
- ¡¿Y con qué diablos tiene que ver?! – pregunté, igualando su grito con el mío – dilo de una vez.
Dios, ¿Cuánto tiempo más podía Mint seguir dando vueltas? ¿Y qué diablos había hecho yo para se enojara conmigo de esta forma.
Ante mi grito, ella descruzó los brazos e hizo un ligero amague hacia adelante, como si se estuviera enfrentando a mí en una pelea física, y no quisiera demostrarme debilidad. Sabía que no me golpearía, sin embargo. Dejando a un lado las peleas en forma Mew, el estilo de Mint para debilitar a alguien pasaba por su lengua venenosa y no por la violencia física. Me lo había demostrado a la perfección más de una vez.
- ¡Tiene que ver con el hecho de que supuestamente soy tu amiga pero confías en un alienígena que en el pasado no quiso más que amenazarte de muerte o intentado secuestrarte! – gritó ella, y luego en un susurro furioso agregó - …que en mi.
Me sorprendí tanto, que parte de mi enojo se evaporó ligeramente. Mint estaba temblando de furia, y en sus usualmente fríos ojos azules, me pareció ver una pátina de brillo causada por lágrimas no derramadas.
Todo lo que estaba oyendo me parecía irreal. Ilógico, estúpido e irreal.
- Mint, yo no confío mas en él que en ti. ¿Cómo puedes pensar eso?
- ¡¿Cómo puedo no pensarlo?! Últimamente te das la fuga sin decir nada, no nos explicas de tus planes, no compartes lo que te sucede con tu equipo, e intentas quedarte con la amenaza de Saya como si fuera tu responsabilidad, cuando todas estamos metidas en esto. ¡Y solo a Kish recurres por ayuda!
- Te lo dije, necesito su ayuda para…
- Pelear contra su prometida, lo sé – me interrumpió ella.
- Odio la situación tanto como tu, pero ¿qué esperas que haga? No tengo nadie más en quien confiar.
Mint se echó hacia atrás como si la hubiera abofeteado, y por un segundo me miró con verdadero asco, como si no me reconociera, antes de apartar la cara y volver a caminar rápidamente. Yo la seguí solo un paso detrás.
- ¿Y de tu equipo te olvidaste completamente? – preguntó ella con voz dura, sin misericordia - ¿De las batallas que peleamos juntas? ¿De las veces que nos salvamos entre sí?
- Por supuesto que no lo olvido.
¿Cómo puede creer que la dejaría atrás? ¿Qué la cambiaría por Kish?
Mint se detuvo en seco, dándose la vuelta tan rápidamente que me tomó por sorpresa y paré con mucha menos gracia que ella, hasta el punto en que para evitar chocarla, trastabillé y caí al suelo. Aterricé sobre mi trasero en la dura acera, pero apenas me di cuenta del dolor. Mint me miraba desde su altura, con los brazos en las caderas, y me sentí muy pequeña bajo su figura.
- ¡¿Entonces por qué diablos recurres a él, confías ciegamente en él, y a nosotras nos dejas en un mísero segundo plano?! – gritó ella.
A un lado había echado Mint su usual decoro, su vergüenza al estar gritando como una loca en el medio de la calle, y la fortaleza que le impedía llorar en público. Jamás la había visto así: tan…arrebatada. ¿De verdad la había traicionado tan horriblemente? ¿Era yo la persona horrible responsable por dejar a mi amiga en lágrimas?
¡Solo había querido protegerlos! A todos: Masaya, las Mew, mis padres, mis compañeros de la escuela. No quería que nadie saliera herido de aquella guerra con Saya cuando yo era el único objetivo de la nueva especie alienígena en la tierra. Ya bastante difícil se me hacía aceptar que no podría proteger a todos los civiles, que no todo el mundo cabía bajo mis alas, y sí, admitía que necesitaba ayuda. Pero al mismo tiempo, me daba miedo pensar que les podría hacer Saya a mis amigas si en algún momento llegaba a ponerles la mano encima para tener una ventaja sobre mí. Me daba miedo pensar que un latigazo acabaría con alguien importante para mí
Kish era alguien fuerte, con conocimiento sobre Saya, con habilidades útiles y...de importancia transitoria para mí. Me daba tranquilidad saber que si él estaba en buena relación con Saya, quizás ni siquiera habría necesidad de que saliera herido...de que nadie saliera herido. Tenía sentido que yo me aliara con alguien que no me daba miedo perder, así que para los demás, ¿no podía hacer mi mejor esfuerzo por dejarlos afuera de mis problemas? ¿Estaba mal querer protegerlos hasta aquel punto?
Algo en mí se retorció de forma dolorosa entonces, como si tuviera metida una pesada piedra en mi estómago. No sabía exactamente por qué pero ver a Mint en aquel estado me estaba doliendo.
- Yo no hago eso – intenté decir, con una voz tan pequeña, tan poco importante que se me hizo patética a mis oídos - solo quería intentar protegerlas de lo que se venía, pero no por eso pienso…
- Pero no tenías razón para dejarnos afuera, Ichigo – interrumpió ella, con todo el odio que fue capaz de evocar contra mí - no somos heroínas primerizas, ¿sabes? No somos débiles niñas. Nos ignoraste como si no fuéramos útiles, como si no fuéramos nadie...cuando supuestamente somos tus aliadas…tus amigas, maldita sea.
- Y lo son pero…
Pero no quiero que salgan heridas…
Me quedé callada porque recalcar mi miedo no serviría de nada, no cuando Mint estaba dando un discurso ella sola, cuando tenía demasiado que soltar. Además, por como venía la mano, solo la ofendería.
Y con razón, susurró una voz en mi cabeza, ¿Como te sentirías tú si alguna de ellas te dejara afuera?
Obviamente yo me había equivocado. Aquella no era la discusión necesaria para que Mint no explotara en un futuro cercano, aquel era el día que Mint finalmente había decidido explotar luego de mucho tiempo de guardarse el enojo.
- Pero él lo es más, ¿no es verdad? – preguntó, con el tono más venenoso que escuché en mi vida proveniente de ella - ¿sabes qué? Ahórrate el discurso, cuéntaselo a él si lo necesitas.
Entonces Mint se dio la vuelta y entró en la casa, sin dignarse a ayudarme a levantarme. Yo me quedé en el suelo unos minutos, sintiéndome como una completa tonta, pero al mismo tiempo, más confundida de lo que había estado en mucho tiempo.
¿Estaba haciendo tan mal las cosas?
Hola espero que les haya gustado este capítulo! Muchas gracias por leer y aprecio cualquier comentario y/o crítica :)
