Capitulo 9
La criatura frente a mí se alzó sobre su enorme y grotesco cuerpo, dando un gruñido capaz de sacudir la tierra bajo sus patas y buscó un objetivo sobre el cual descargar todo su poder y furia. Sin que tuviera que darle orden alguna, mi (no tan) pequeña creación, comenzó a moverse en dirección contraria a la mía, buscando donde sembrar caos y llamar la atención del único grupo capaz de igualar a mi bestia quimera en su poder.
Más específicamente: el grupo de chicas que aparecerían tarde o temprano para enfrentarse a mi creación, la cual estaba perfectamente diseñada para acabar con cada una de ellas. Sonreí a pesar de mí misma, disfrutando del desarrollo de una pelea que todavía no había comenzado, y me senté a ver como mi monstruo, mi creación perfecta, llamaba la suficiente atención como para garantizar la pronta llegada de mis adversarias.
¡Mi amo esta vez sí que estaría orgulloso de mí! Las otras veces mis experimentos habían fallado, caído obsoletos bajo la magia o tecnología que el grupo contrario tenía en su posesión. Había desestimado su poder, su valor a pesar de su poca experiencia, y más que nada su maldita dedicación. Para demostrarle a mi amo mi habilidad, mi compromiso a la causa, necesitaba ponerme más proactiva, crear quimeras más poderosos, más difíciles de destruir. Necesitaba destruir a mis adversarias de una vez por todas, incluso la de pelo de color de rosa…
Desperté con un sobresalto y me pasé la mano por la cara, quitándome las gotas de sudor de la frente. Esta vez, no hubo ninguna exclamación de protesta de parte de Mint proveniente de la otra cama, porque la noche anterior mi amiga me había comunicado que los arreglos en la casa estaban lo suficientemente terminados como para que siguiéramos compartiendo un cuarto como niñas de escuela inicial.
Me parecía bastante obvio que Mint todavía seguía molesta conmigo sin embargo, y por esa razón me había echado de su cuarto, pero con lo cansada que había estado la noche anterior, no había logrado disuadirla que terminara con el trato frío hacia mí. Especialmente después de la confesión que me había hecho en la puerta de su casa:
- Nos ignoraste como si no fuéramos útiles, como si no fuéramos nadie, cuando supuestamente somos tus aliadas…tus amigas, maldita sea.
Las palabras de Mint resonaron en mi cabeza como un cruel disco rayado, y como por centésima vez, me pregunté si ella había querido lastimarme con lo que tuviera a mano, o si había realmente algo de razón en sus palabras.
No le había logrado dar demasiado pensamiento durante la noche, en su lugar habiéndome caído dormida casi en el segundo en que mi cabeza tocó la almohada, pero ahora, con la luz del día entrando por la ventana y habiendo descansado (lo poco que uno podía descansar con la clase de sueños que yo veía apenas cerraba mis ojos) podía admitir que realísticamente, la conclusión a la que Mint había llegado podía no ser del todo errónea. Especialmente fuera de contexto.
El hecho es que sí, yo había dejado un poco…bueno, bastante de lado a mi equipo de mis problemas personales últimamente, habiendo solicitado ayuda externa, la cual no más de tres años atrás no habría sido ni siquiera mi última opción, pero jamás, ni en un millón de años, había intentado tratar a mis amigas como menos de las superheroínas poderosas y valientes que sabía que cada una de ellas eran.
No había alcanzado a decírselo a Mint la noche anterior, pero estaba orgullosa de todas, de su dedicación, de su fuerza, de todo lo que habíamos crecido y madurado como personas individuales y como grupo. ¿Cómo podía Mint siquiera pensar que yo querría dejarlas a un lado?
Y para confiar en Kish además, agregué.
Ridículo. Lástima que para Mint podía no serlo completamente. ¿Y para el resto de mis amigas? No quería ni pensar en tener que justificarme ante cada una de ellas, o Shirogane, otra vez. Con Mint me había alcanzado y sobrado, pero sabía que aquella no iba a ser la última discusión sobre mis lealtades que tendría al respecto.
- Ellos no tienen ninguna lealtad hacia ti, Ichigo. Puede que haya pasado mucho tiempo, y hayas olvidado el pasado, pero los ciniclones no son seres en los que debas confiar…
Shirogane no sería alguien sencillo de convencer considerando su odio hacia los ciniclones, el cual al parecer no había llegado a desvanecerse con los años. Suponía que había sido un poco iluso de mi parte creer que podría intentar unir a nuestros pequeño grupo con una especie alienígena que en el pasado había intentado aniquilarnos, sin encontrar resistencia alguna. Me había ocupado tanto en hacerme yo misma a la idea de la locura que me estaba proponiendo, que no me había parado a pensar en que podría significar para los demás involucrados.
¿Estaba Kish pasando un mal rato también? ¿Sus camaradas lograrían aceptar más fácilmente el hecho de que él quisiera brindarme su ayuda, y sin ningún beneficio propio? Tart parecía lo suficientemente de acuerdo, y Pai nos había realizado las pruebas sin rechistar, así que asumía que también estaba de nuestro lado, pero ¿por cuánto tiempo serían amables si aquello significaba poner la vida de su compañero en peligro…por mí?
Demasiado complicado, me dije, y nada que tenga que considerar necesariamente en este instante.
Lo que sí debía hacer en ese mismo instante era levantarme de la maldita cama, porque si la hora en el despertador sobre la mesa de luz era correcta, estaba llegando lo suficientemente tarde a la escuela como para significar un rezongo de mis profesores. Posiblemente un castigo después de clases.
¡Diablos!
Me levanté de la cama medio rápido, tambaleándome un poco ante el repentino mareo y me enderecé poniendo una mano sobre la pared. Definitivamente necesitaba café, aunque eso tendría que esperar. Corrí hacia el baño para darme la ducha más rápida del mundo y me vestí con el mismo uniforme arrugado del día anterior, antes de salir corriendo por la puerta. Esta vez, ningún alienigena me frenó en mi camino, ni tampoco pareció haber ningún ataque que requiriera mi presencia, por lo cual conseguí llegar a la escuela (una hora y media tarde!) sin distracciones sobrenaturales.
Por el momento, al menos. Aún era temprano.
El resto de mi mañana transcurrió de la misma manera rutinaria en la que se desarrollan todas las mañanas. Los discursos de mis profesores se fusionaron unos con otros en mi cabeza hasta que no pude diferenciar entre una clase y otra, y fue necesario más de un café para parecer lo suficientemente despierta ante los demás.
- Te ves un poco cansada, Ichigo, ¿no dormiste bien anoche?
No era la primer persona que me hacía aquella pregunta, y tampoco sería la última si era tan obvio que me ''veía cansada'', por lo que en vez de dar una respuesta más larga que terminaría siendo una mentira, simplemente asentí con la cabeza y seguí con mis cosas.
No estaba segura cuánto tiempo más podría seguir así. Necesitaba una buena noche de sueño, sin embargo cada vez que me quedaba dormida descansaba muy poco como para que me hiciera una verdadera diferencia en mis reservas de energía. Quería dormir, lo necesitaba a un nivel físico, y no estaba segura cuanto tiempo podía seguir evitando la cuestión, o tomando café para soportar el día a día.
Espero que Pai tenga una respuesta pronto…
Respiré con alivio cuando sonó la última campana del día, y rápidamente junté mis cosas para volver a la casa de Mint y poder descansar un rato antes de la próxima reunión con las Mew que tendríamos por la tarde. El mensaje de Shirogane me había llegado a media mañana y sido lo suficientemente cortante como para darme a entender la obligatoria asistencia. No es que se me pasara por la mente faltar, pero por el tono del mensaje me pareció bastante claro que mi jefe aún seguía molesto por la situación del día anterior, y muy probablemente continuaríamos la discusión donde la habíamos dejado.
Todavía no había comenzado la dichosa reunión y ya quería que se terminara.
Estaba saliendo por la puerta de entrada cuando escuché mi nombre siendo gritado a mi espalda. Consideré pretender que no había oído nada, pero entonces la voz se hizo más alta y clara conforme se iba acercando a mí, y me di la vuelta cuando me di cuenta de quien se trataba.
Masaya se acercó corriendo los últimos pasos hacia mi posición y con una gran sonrisa se detuvo justo frente a mí. Le devolví la sonrisa y esperé que mis ojeras no se vieran demasiado claramente bajo el sol. Compartimos un beso corto antes de que él preguntara:
- Te estuve buscando por todos lados, pensé que te encontraría en tu clase.
- Sí, lo siento, tocó la campana y salí corriendo – contesté riendo, y vagamente me pregunté desde cuando mi risa sonaba tan apagada – creo que ni siquiera llegué a escuchar al profesor despidiéndonos.
- ¿Ansiosa por encontrarte conmigo? – preguntó en su forma juguetona de hablar que siempre terminaba sonando más sincera que traviesa, y rodeándome de la cintura con un brazo.
Más bien por irme a la cama, pensé con no poca vergüenza, pero no me pareció una buena respuesta que darle a mi novio así que la cambié un poco.
- Claro que sí.
No me decepcionó su sonrisa de felicidad ante mi no muy sincera respuesta.
- Yo también – contestó él - ¿lista para irnos entonces?
- ¿Ir adonde? – pregunté con el ceño fruncido.
- Eres graciosa, ¿quieres ir caminando o nos tomamos el metro?
No estaba segura cual era el grado de confusión en la expresión de mi cara, pero aparentemente fue lo suficiente alto y claro como para hacerle entender a Masaya de que no tenía idea de lo que me estaba hablando.
Perdió su sonrisa casi enseguida.
- ¿Lo olvidaste? – preguntó él, y muy lentamente apartó su brazo de mi cintura.
Diablos.
- ¿Teníamos una cita hoy?
Estúpida pregunta, me dije. Por la sombra de decepción que podía ver en sus ojos, me parecía bastante claro que teníamos alguna especie de compromiso importante, el cual yo parecía haber olvidado completamente, y ahora estaba a punto de explotarme en la cara.
Bueno, no explotarme exactamente porque no era el estilo de Masaya pelear, discutir, o siquiera enojarse. En todo el tiempo que lo conocía, jamás lo había visto perder los estribos, o demostrar que estaba herido por alguna razón en particular. Sin embargo, no necesité que me dijera nada en voz alta para saber que acababa de arruinarle un poco el día con mi descuido.
Me habría gustado aclararle que por lo general yo era una mejor novia, mucho más atenta y comprometida, pero Masaya llevaba saliendo el suficiente tiempo conmigo para saber que yo podía ser una persona olvidadiza y distraída por naturaleza (aunque no con mala intención), y podía serlo aún más considerando las malditas circunstancias estresantes que había sido forzada a vivir teniendo una doble vida. Circunstancias de las cuales las mayoría Masaya no tenía demasiada idea porque no había compartido nada de esto con él.
¿Y no me merecía yo el premio a la honestidad?
Con temor, me di cuenta que aquello se estaba convirtiendo rápidamente en una repetición del comienzo de nuestra relación tres años atrás, con evasiones de la verdad y poco tiempo para vernos en el día a día, fuera porque yo estaba salvando al mundo, o descansando por todas las horas que debía poner de mi vida salvando al mundo. Horas que no había podido dedicarle a la única persona con la que me hubiera gustado compartir todo ese tiempo.
Diablos, no quería volver a eso, no quería volver a dar excusas por mi comportamiento, y estaba segura de que él tampoco.
- Lo siento mucho – dije, sintiéndome como la peor persona del universo – he estado tan ocupada últimamente que no he podido…
- Descuida, Ichigo, no pasa nada.
Miré a mi novio con tristeza, pero en su rostro solo vi la brillante sonrisa que siempre me dedicaba, me la mereciera yo o no. Esa sonrisa que me había enamorado desde el primer día por su amabilidad, por su brillo de optimismo, por su…
Falsedad.
El pensamiento apareció de la nada en mi cabeza y fue tan sorprendente que casi no se sintió como mío. Definitivamente ''falso'' no era un adjetivo que usara para describir a mi novio con regularidad, y lo eliminé de mi mente tan rápidamente como había aparecido.
- Sé que estas bajo mucha presión – continuó él, sonriéndome como siempre - y no quiero que te preocupes por mí…era una salida, nada más.
Aquello me habría hecho sentir un poco mejor si al menos recordara de qué se trataba la salida en cuestión. ¿Qué tan difícil era acordarse de una maldita cita?
- Estoy bajo un poco de estrés, sí, pero de todos modos, no está bien que yo…
- Descuida, no estoy enojado – me aclaró él, acariciándome la mejilla con su mano.
- Lo sé, pero… igual lo siento, no es mi intención cancelar u olvidarme de estas cosas.
- Lo entiendo, Ichigo, no tienes que explicármelo.
¿Pero por qué no puedo hacerlo de todas formas? Era mi culpa a fin de cuentas.
- ¿Quizás podemos arreglar para otro día? – pregunté, esperanzada de poder arreglar las cosas de alguna manera si no era disculpándome.
- Claro, por supuesto.
Tendría que haberme sentido aliviada entonces, feliz incluso, porque mi novio era el ser más comprensivo de la Tierra, incluso con una persona alocada como yo que parecía cometer más errores que aciertos. Tendría que haber sentido como el peso de mis problemas se elevaba aunque fuera un poquito ante su apoyo incondicional a mí, ante su amor que no parecía bajar nunca de intensidad, y ante su compromiso a nosotros.
Y sin embargo me encontré…ansiosa, y confundía ante mi propia reacción.
- ¿Cualquier día te viene bien? – pregunté, dubitativa.
- Claro, sí, solo avísame cuando te viene mejor a ti.
¿Por qué me sentía intranquila ante su respuesta? ¿Por qué de repente quería que dejara de sonreírme tan perfectamente? ¿Pero por qué me parecía que no estaba siendo del todo sincero conmigo?
Quizás porque en su lugar, otra persona respondería con enojo, o con decepción…
Nuevamente me vino a la cabeza la discusión con Mint, el dolor que había visto en sus ojos al pensar que yo podría dejarla a un lado para aliarme con otra persona. Masaya no tenía idea de todo el asunto con Kish, y no estaba segura de querer llenar el espacio en blanco tampoco, pero sí había vivido lo que es estar en una relación con una persona que no tenía el suficiente tiempo para dedicarle a su pareja. Lo habíamos vivido juntos en el pasado, y jamás había escuchado ni una sola palabra de reproche al respecto, fuera porque Masaya era incapaz de reprochar a otra persona, o porque se estaba guardando el enojo adentro suyo para no dificultarme en mi misión.
Fuera cual fuera la respuesta correcta, ambas opciones me parecían absolutamente horribles. Por un lado, Masaya se estaba guardando sus sentimientos por mi culpa, y por otro, directamente no le importaba lo suficiente como para enojarse o ponerse triste al respecto. No sabía que opción era peor.
- ¿Te acompaño a la casa de Mint? – preguntó él, tomándome de la mano y sacándome de mis pensamientos tumultuosos de un sopetón.
- Me encantaría – contesté con una sonrisa que estuve muy segura que no llegó a mis ojos.
Nos pusimos a charlar de tonterías mientras caminábamos, mi mente medio en la conversación sobre su práctica de Kendo, medio en un tren pensamientos que estaba yendo a toda velocidad por mi cabeza, y no estaba consiguiendo poner el freno.
¿Por qué sentía tanta ansiedad? Ni Masaya ni yo estábamos actuando de ninguna forma sorpresiva, ambos habíamos jugado a este juego más de una vez en el que yo olvidaba o debía cancelar alguna de nuestras citas, y él me comprendía y lo dejábamos para otro día. Nada horrible, nada apocalíptico, nada que no pudiera corregirse.
Y sin embargo, ¿Por qué hoy se siente diferente?
Me alegraba que Masaya me comprendiera tan perfectamente, incluso más de lo que probablemente yo comprendería si la situación fuera al reverso, y fuera él quien me dejara sola tanto tiempo para irse a salvar al mundo. Pero al mismo tiempo, odiaba ponerlo en esta situación complicada, y que él no pudiera decírmelo para no hacerme sentir mal.
Pero tú haces lo mismo, me recordé.
Y era cierto. Yo ocultaba a las Mew parte de lo que sentía para no preocuparlas o desmoralizarlas, y quizás él hacía lo mismo conmigo por las mismas razones, pero de alguna forma no se sentía tan bien cuando yo era la receptora de mi propia medicina. Jamás me lo había puesto a pensar demasiado, pero de repente me parecía que Masaya no era tan sincero como me gustaría que lo fuera, y era mi propia culpa por darle demasiadas razones como para querer mentirme.
Todo está bien.
No pasa nada.
Lo entiendo.
¡Y por supuesto que no! Nada estaba bien, y ¿qué podía él entender de lo que yo estaba viviendo? Sabía que intentaba aplacarme con esa forma tan dulce de ser, sin nunca decirme a la cara lo absolutamente hastiado que muy probablemente estaba por la cantidad de veces que yo volaba nuestras citas. Sabía que lo hacía por mí, para que yo no me preocupara por él, por sus sentimientos por mí, por nuestra relación pero, ¿Cómo no preocuparme cuando para él todo estaba bien siempre?
- Ichigo – me llamó él.
Me di cuenta que me había quedado colgada en el tren complicado de pensamientos porque cuando lo miré, la mirada de Masaya fue una de pregunta, y entonces comprendí que él esperaba una respuesta a algo.
Tonta, ¿Dónde tienes la cabeza? Claramente no sobre mis hombros.
Pensando tonterías cuando tendría que estar prestándole atención a mi novio…
- Lo siento, no escuché la última parte, ¿Qué dijiste?
- Te pregunté si querrías ver una película esta noche.
Ambos nos detuvimos frente a la casa de Mint, y vagamente me pregunté cuanto rato estuve distraída para no haberme dado cuenta que ya habíamos llegado a destino.
- Me encantaría, pero tengo reunión con las chicas, y estoy bastante segura que se extenderá hasta tarde – contesté, sintiéndome aún más mal por tener que rechazarlo nuevamente.
- Oh, está bien, ¿en el fin de semana?
Sonreí y me puse de puntillas para besarle. Me gustaba besarle, el mundo hacía silencio por un segundo, y me aseguraba que Masaya estaba allí conmigo, a pesar de todos mis errores. Él me devolvió el beso con su dulzura habitual.
- Claro, sí, el fin de semana – acordé.
- Hasta entonces, Ichigo.
Masaya se despidió de mí con otro beso y un saludo de su mano. Yo sonreí e imité su saludo, hasta que lo vi dar vuelta la esquina, y entonces dejé caer mi mano. Suspiré, tomando mis llaves del bolsillo de mi mochila para abrir la puerta, y me pregunté si mi novio estaría sintiendo la misma ansiedad que yo en aquel mismo momento.
Lo dudaba, sinceramente, porque Masaya no era del tipo de persona que se dejara herir o poner mal por cualquier tipo de situación, al menos eso me había demostrado siempre. Quizás no estuviera siendo del todo sincero al decirme que no era algo grave el que yo hubiera olvidado nuestra cita, pero incluso si ese era el caso, lo hacía porque me quería y no quería lastimarme, ¿no es así? ¿No es lo mismo que hacía yo al no ser del todo sincera sobre mis problemáticas actuales? Para no preocuparlo innecesariamente.
Podía ver la lógica, podía entenderlo, y más importante, podía estar bien con eso. Muy probablemente yo era la única que había quedado dando demasiadas vueltas sobre el mismo tema tonto, y sin razón alguna. Era una salida, nada más, él mismo lo había dicho, y a fin de cuentas arreglaríamos para otro día. Eso era todo.
Además, siempre podía compensárselo.
Quizás cocinar una cena romántica, me dije, imaginándome la comida espantosa que podría llegar a salir de mi creación, y riéndome ante la imagen. O regalarle algo bonito…
Un nuevo tren de pensamientos mucho más agradable que el anterior cruzó por mi cabeza, y me quedé lo suficientemente distraída como para no darme cuenta hasta el último segundo de que no me encontraba sola.
- ¿Qué? ¿No lo invitas a pasar?
De la sorpresa salté (sí, como un gato asustado) y se me cayeron las llaves de la mano. Miré a Kish con hastío antes de agacharme a recogerlas.
- Me asustaste – le recriminé, y puse mis manos en las caderas para dirigirme a él - ¿Y se puede saber de dónde saliste?
- Detrás de aquel edificio que está allá – señaló él, una sonrisa burlona muy similar a las que solía ver en él años atrás apareciendo sobre su rostro.
- ¿Nos estabas espiando?
- Gatita, ¿crees que yo haría algo así?
Crucé los brazos sobre el pecho y levanté una ceja, sin creerme por un segundo su acto ingenuo. Él se hizo el ofendido, pero me pareció que se estaba divirtiendo de lo lindo molestándome, y le costaba mantener a raya la risa.
- Francamente, si.
- Ouch, bueno si te hace sentir mejor, no te estaba espiando…a propósito.
- Oh, ¿fue un accidente entonces? – pregunté, dejando muy claro mi sarcasmo.
- A decir verdad, si, lo fue – contestó él, levitando suavemente hasta llegar al suelo frente a mí - venía a buscarte para decirte que Pai tiene nueva información para nosotros, y solicitó vernos a ambos.
La posibilidad de resolver el extraño problema por el que Kish y yo estábamos pasando fue lo suficientemente poderoso como para dejar a un lado mi enojo ante su más reciente actividad de espionaje. Tan solo el día anterior nos habíamos realizado diferentes pruebas, y ¿ya habían resultados? No se podía ignorar que Pai trabajaba rápido.
- Me pareció buena idea esperar a que tu novio se fuera antes de aparecerme – bromeó Kish – ya sabes, para evitar un momento incómodo.
''Incómodo'' se quedaba bastante corto para describir como me imaginaba estando en el mismo lugar físico que Masaya y Kish, todos pretendiendo normalidad. Me imaginé el escenario en mi cabeza y enseguida estuve segura de que aquella no era una situación que quisiera ver en la realidad. Nunca.
- Muy sensible de tu parte – comenté.
- Uno aprende con el tiempo.
Me guardé una risa ante su comentario, y me concentré en lo importante:
- Entonces, ¿Pai nos quiere ver hoy?
- Lo antes posible, esas fueron sus palabras.
- Bien, ¿podemos ir ahora?
Como respuesta él me extendió su mano, y esta vez no dudé como las otras veces antes de tomarla. Apenas hubo un segundo de mareo, pero se me pasó casi al instante y enseguida el escenario frente a mí pasó de mi familiar ciudad al poco conocido laboratorio de Pai. Un lugar iluminado que me recordaba un poco a un hospital al ser las paredes, el suelo y el techo de un blanco inmaculado e iluminado con luces lo suficientemente intensas como para desarrollar fácilmente un dolor de cabeza. El fuerte olor a químicos tampoco ayudaba a quitarme de la cabeza la imagen de un lugar poco hogareño y frío.
Desde detrás de una mesa con varios tubos de ensayo y recipientes con líquidos de procedencia dudosa, apareció la cabeza de Pai.
- Oh, ya están aquí, excelente – comentó él, volviendo a bajar la cabeza hacia lo que fuera en lo que estaba trabajando - ¿pueden ambos descubrir su brazo?
- ¿Por qué? – pregunté, acercándome para ver más de cerca.
Mi conocimiento científico era bastante reducido de por sí, pero ninguno de los instrumentos que Pai estaba manipulando se me hizo remotamente familiar como para adivinar lo que estaba haciendo. De todas formas espié detrás de su hombro con curiosidad.
- Necesito tomar una nueva muestra de sangre – respondió Pai, visiblemente incómodo ante mi escrutinio.
Suspiré.
- ¿Más pruebas? Creí que podrías haber llegado a una solución.
Por el rabillo del ojo noté como Kish movía su cabeza en forma negativa, dándome a entender que quizás no había sido lo suficientemente cuidadosa con mis palabras. Cuando volví a mirar a Pai, este se había girado sobre su silla y me estaba dedicando una mirada de silencioso resentimiento.
Al parecer a Pai no le gustaba que le echaran en cara sus errores.
- Me gustaría tener una respuesta más…satisfactoria que darte, Mew Ichigo – contestó él, en un tono de voz más frío que de costumbre y absolutamente de reproche – pero debo admitir que no esperaba encontrarme con algunos resultados de sus pruebas.
- ¿Eso qué quiere decir? – preguntó Kish, poniéndose de pie a mi lado.
- Quiere decir que aún no estoy seguro todavía de lo que significan dichos resultados.
Respuesta evasiva para un ser evasivo, pensé frustrada pero no del todo sorprendida por no conseguir la respuesta que buscaba. A fin de cuentas, había transcurrido un solo día. Me dejé emocionar sin ninguna garantía…
La parte racional de mi cerebro comprendía que no podría llegar al fondo de nuestro problema sin la ayuda de Pai, y probablemente hacerlo enojar iba a ser que pasara mi…extraña condición con Kish hasta el fondo de sus prioridades, por lo que me tragué la queja que sentía en la punta de la lengua queriendo salir, y respiré hondo en su lugar.
Mi silencio duró unos dos segundos.
- Entonces, ¿no tienes ideas de lo que nos pasa? – pregunté, esperando tontamente que la respuesta no fuera un rotundo no.
Ahora fue el turno de Pai de suspirar.
- Tengo un par de teorías, pero nada concreto por el momento, y me gustaría tomar un par de pruebas más para estar seguro antes de darles cualquier explicación.
- ¿No podrías al menos compartir alguna de tus teorías? - pregunté, rozando un poquito la desesperación.
Algo, lo que fuera…
Pero Pai no solo no estaba interesado en proveer información, tampoco parecía demasiado preocupado por mi bienestar emocional. Su respuesta fue tan fría como me lo esperaba:
- No trabajo de esa manera.
Dejé caer los hombros, y solo entonces me di cuenta de la alta expectativa que había puesto en el alienigena. Recibir una negativa, aunque fuera una provisoria, se me hizo duro considerando la necesidad que tenía de poder al menos resolver uno de los tantos problemas que estaban dando vuelta por mi cabeza últimamente.
Habría sido agradable tener una cosa menos de la que preocuparme.
- Está bien – accedí, suspirando otra vez – haz todas las pruebas que sean necesarias.
Pai asintió y nuevamente volvió a inclinarse sobre su trabajo, sin dedicarnos a su camarada o a mí, ni una palabra más.
Kish me miró con cierta pena en sus ojos, y cualquier otro día habría tratado de esconder mi malestar, porque me sentía demasiado en evidencia cuando otros mostraban abiertamente pena por mí. Pero sabía que las ojeras debajo de mis párpados eran lo suficientemente notorias como para no poder esconderme detrás de una máscara, y pretender que estaba bien con la situación. Claramente no lo estaba, así que ni lo intenté.
Él no dijo nada, tan solo se acercó al otro extremo del laboratorio y tomó una silla. La trajo hacia mí y me hizo un gesto para que me sentara. Yo me dejé caer sobre la silla y doblé la manga sobre mi brazo derecho hasta descubrir mi codo. Deliberadamente ignoré la aguja que Pai acercó a mi piel.
- Anda, Pai, al menos cuéntanos que es lo extraño de nuestros resultados – Kish insistió – puedes decirnos eso al menos.
Pai miro de reojo a Kish antes de volver la vista hacia mí y tomar su maldita muestra de sangre. Yo hice una mueca ante el pinchazo pero al menos terminó rápido. Me dio un pequeño algodón el cual poner sobre el pliegue de mi codo, y guardó el pequeño vial con líquido rojo sobre el escritorio. Agregó una pequeña tira con mi nombre sobre el exterior del vial.
- Apenas terminó conmigo, Pai se dio vuelta hacia Kish, pero este tenía los brazos cruzados sobre el pecho, y miraba a su camarada con seriedad. Pai suspiró y preguntó:
- ¿Sería una información de utilidad?
- Lo sería – admitimos Kish y yo a la vez.
Pai asintió, y tomo una jeringa nueva antes de acercarse a Kish, quien presentó su brazo hacia adelante. Ignoré nuevamente la visión de la aguja adentrándose en la piel, aunque en este caso no fuera la mía, no era una visión que quisiera presenciar.
- Hay…una anomalía en sus resultados – djo Pai, apartando la aguja y guardando el vial rojo al lado del mío, pero con el nombre de Kish - no logro diferenciar las muestras de ADN que tomé de Kish, de las tuyas, Mew Ichigo.
Aparté la vista de los pequeños viales que se veían iguales, y volví a mirar a Pai.
- ¿Qué significa eso? – pregunté.
- ¿Sinceramente? No tengo idea - confesó Pai, de una manera un tanto tímida, como si no estuviera acostumbrado a comentar sus errores en voz alta - es como si me hubiera equivocado de muestra...lo cual es absolutamente imposible porque mi sistema de categorización es impecable.
- ¿Entonces que puede ser? – preguntó Kish de forma un tanto insistente.
Pai pareció…dubitativo, durante un instante.
- No estoy seguro, pero voy a averiguar qué significa todo esto - respondió al fin con una certeza muy típica de su personalidad.
No estaba segura por qué su respuesta parecía tan dudosa, pero no tenía la suficiente energía como para temer que Pai no pudiera llegar a su prometida respuesta. Necesitaba creer que nos ayudaría, no había forma de que pudiera pensar lo contrario, o mi cabeza explotaría.
- Intentaré tener una respuesta más clara más tarde, si pueden quedarse ambos cerca sería lo mejor – dijo Pai, y volvió a sentarse en su silla frente su escritorio para continuar trabajando.
- ¿Debo pasarme el día aquí entonces? – pregunté – tengo cosas que hacer.
- Kish puede encontrarte en cualquier parte, ¿no? Arreglen entre ustedes.
Suspiré por tercera vez, sabiendo que me quedaría en la maldita nave espacial hasta que Pai volviera a llamarnos con otra respuesta vaga, o quizás con otro examen doloroso e incomodo, pero necesario a fin de cuentas. Tenía tarea para la escuela, la cual había planeado hacer antes de la reunión con las Mew, pero dudaba que pudiera conseguir concentrarme lo suficiente como para poder terminarla, o empezarla siquiera.
Irme a jugar a la vida humana común y corriente no sería algo que lograra hacer hoy, lo sabía. Estaba demasiado nerviosa.
- Entonces… ¿quieres que te lleve de vuelta a casa? – preguntó Kish.
Yo sopesé las alternativas en mi cabeza. La posibilidad de irme a la casa de Mint para recibir nuevamente el trato frío y no poder dormir tranquila no se me hizo muy tentadora. Quería escapar de ello por un rato mientras pudiera.
- En realidad no. No creo que pueda descansar pensando en esto.
- ¿Quieres quedarte aquí? Puedes observar tu planeta desde la ventana.
¿Y contemplar lo insignificante que soy? Tampoco tenía ganas de ello.
- En realidad no quiero estar quieta en un mismo sitio – confesé, poniéndome de pie - quiero moverme.
Kish pareció pensativo por un instante, pero entonces sonrió con picardía y preguntó:
- ¿Qué tal empezar tu entrenamiento entonces?
