Todos alrededor estaban en silencio, el aura pesada que se formó en cada uno de los integrantes de Seidō era escalofriante, a pesar del bullicio del estadio parecía que el equipo quedó en penumbra luego de la desastrosa performance que habían hecho. Incluso Sawamura, el pitcher escandaloso se encontraba serio, el rostro del chico moreno no reflejaba otra expresión más que la frustración, la línea recta de su boca y el ceño levemente fruncido le daba la certeza que no era el Sawamura de siempre; aquel chico que solo sabía expresarse a los gritos.
Desvió la vista al otro pitcher, Furuya no estaba mejor que el resto, él era el más afectado, suponía que el chico taciturno se encontraba en un debate consigo mismo. Darle aquellas carreras a Ichidai debió dejar su ego y autoestima por el piso.
Kazuya suspiró, el juego de hoy en pocas palabras fue un completo desastre, desde la tensión de Furuya que no pudo lanzar correctamente, hasta la ofensiva y defensa del equipo que no supieron como coordinarse en atrapar una maldita pelota, apenas pudieron anotar algunas carreras y con demasiado esfuerzo; diablos. Miyuki pocas veces en su vida se sintió tan impotente e inútil al no saber de qué manera ayudar a Furuya, por supuesto que siguió las consignas del entrenador, si tan solo él hubiera sido un pocos más consciente podrían haber evitado tal derrota.
Claro que aquel desastre cambio cuando Sawamura entro de relevo.
Miyuki no sabía con exactitud cómo sentirse, estaba frustrado, agotado, pero aquella emoción que sintió al atrapar los lanzamientos del pitcher zurdo aún seguía ahí. Se frotó el rostro queriendo golpearse contra la pared, no era momento de tener tales pensamientos. Subiendo al micro de la escuela, llegó hasta el asiento en el que había viajado dejando el bolso de entrenamiento. El entrenador minutos antes de que dejaran el campo de juego, anunció que podían quedarse a ver el próximo partido, los chicos dijeron que sí, así que ahí mismo se dirigía junto a sus compañeros.
Con las manos metidas en los bolsillos alcanzó a Kuramochi que mantenía el semblante serio, ninguno de los dos dijo nada, no hacía falta, ellos lo sabían, ninguno de los de tercero fue capaz de dirigir al resto, ellos siendo los mayores no pudieron con el equipo, Miyuki entendía aquel sentimiento, tenían la responsabilidad de mantener el orden y el espíritu de Seidō, Kazuya se mofó para sí mismo, él no podía levantar la moral de nadie, de eso estaba seguro.
Con paso tranquilo subieron las escaleras que los dirigían al interior del estadio, suspiró con algo de resignación sentándose en las gradas, su compañero de cabellos verdosos se situó a su lado soltando un suspiro también.
— Eso ha sido un desastre, eh.
— Ni que lo digas.
Ambos compañeros se miraron con una mueca, lo he hecho ya estaba, lamentarse a estas alturas no llevaba a nada, así era el béisbol de preparatoria, perdías y no tenías tiempo de deprimirte, menos ellos que en su último año debían ser conscientes y hacer lo posible en los entrenamientos, muy pronto empezaría el torneo el cual estaban decididos a ganar.
Furuya llegó poco después sentándose a su costado, el chico siempre estaba serio, las expresiones en su rostro solían ser nulas, ahora lo podía apreciar era tensión. Miyuki podría decirle algunas palabras que hicieran que el pitcher se calmara, era el capitán después de todo, el problema era que no sabía qué decir, consolar a la personas no se le daba muy bien, pensaba que cada uno debía hacerse cargo de sus problemas y ser capaz de resolverlos por cuenta propia. En silencio volvió la vista al estadio, Inashiro jugaba y esta era una buena oportunidad de evaluar a su contrincante para el futuro.
— Parece enojado. —La voz de Kuramochi llegó a sus oídos en un suave susurro, el corredor se acercó para hablarle sobre el oído como si de un secreto se tratara.
— ¿Ah?
— Sawamura.
Oh, Sawamura.
Ladeo la cabeza y alzó la vista, alcanzó a ver al zurdo varias gradas más arriba. El muchacho seguía con aquel semblante, Miyuki se mordió el interior de la mejilla al recordar lo que su guante tuvo el privilegio de atrapar una hora atrás. Claro que jamás lo diría en voz alta, en aquel momento frente a Sawamura sintió ver a una verdadera estrella, sintió que aquel Sawamura posicionado sobre el montículo y con aquella determinación que los ojos ámbar del zurdo reflejaban se apreciaba la esencia que el equipo buscaba.
Sawamura Eijun se hizo cargo del equipo siendo consciente de la frustración y los sentimientos que cada uno cargaba en aquel momento, ayudó a apaciguar la marea brusca que agitaba a cada individuo dentro y fuera del diamante.
Kazuya no pudo reprimir la sonrisa al estar de cuclillas frente aquel adolescente con exceso de energía, por dentro suyo se regocijaba el tener la dicha de ser el cátcher titular. La parte egoísta de Miyuki estaba feliz de ser el único con la posibilidad de formar batería con el pitcher.
— Supongo.
Se encogió de hombros respondiendo a Kuramochi, entendería si el menor estuviera enojado, incluso bateo varias veces después de lanzar de una manera casi perfecta.
Volvió a fijar la mirada en Narumiya Mei en un intento vago de despejar la mente en pensamientos egoísta sobre el pitcher, con el que últimamente había tratado de tener una mejor relación, claro que los frutos eran nulos, seguían siendo una clase de perro y gato que no daban tregua.
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A pesar de que haber perdido, al llegar a la escuela las aguas eran calmas. Suponía que al no ser un partido que los dejara fuera del torneo los mantenía tranquilos, claro que haber ganado hubiera sido mucho mejor, una derrota era una derrota, Nabe quien era encargado de recolectar datos, tuvo la idea fantástica de grabar todo el partido, gracias a eso tenían la posibilidad de estudiar las fallas que mantuvieron durante el juego. El equipo se encontraba reunido en el comedor, la hora de la cena sería muy pronto y todos ahí estaban hambrientos. Kuramochi se reía a su lado por alguna cosa que Zono dijo con voz alta, como si no fuera consciente de aquello o no manejara el tono a la hora de hablar. Miyuki observó a su alrededor, la vista quedó fija en cierto pitcher de cabellos castaños que agitaba los brazos, a su lado Haruichi le daba una palmadita en la espalda y en respuesta Furuya que también formaba parte de aquel séquito permanecía como una estatua ¿acaso aquel chico podía dormirse parado sin caerse? Vaya novedad.
Como si Sawamura sintiera su mirada, el chico giró y ambas miradas se encontraron, Kazuya alzó una ceja haciendo una mueca en forma de sonrisa apenas percibida para el público que los rodeaba, el zurdo colocó sus famosos ojos de gatos y giró nuevamente dándole la espada. Miyuki satisfecho por el momento, se cruzó de brazos apoyándose con la cadera sobre el borde la mesa que estaba detrás de él, volvió la atención a sus amigos sin entender de qué cosa debatían. Aburrido como estaba, su mente divago a los acontecimientos de la tarde. Se mordió el interior de la mejilla aguantándose la risa que quería soltar, si empezaba a reírse solo porque sí, Kuramochi sería el primer curioso. Oh, no. Miyuki no quería darle detalles a nadie de las cosas que pasaban por su perversa mente. No podría decirle ni siquiera al mismísimo Sawamura que los lanzamientos que estuvo lanzando aquella tarde lo habían dejado al borde de la excitación.
— ¿De qué te ríes, idiota? Oi, Miyuki.
Kazuya meneo la cabeza volviendo a la realidad, un dolor agudo subió por su pantorrilla haciéndole que se quejara, el maldito de su amiga lo había pateado sin piedad.
— ¿Ah? ¿Qué quieres?
— Tienes la cara de idiota más de lo normal.
La risa de hiena del peliverde resonó en el lugar, algunas miradas curiosas giraron sobre ellos, Miyuki maldijo sobándose el tobillo, se alejó de la mesa corriendo la silla para poder sentarse en ella.
— Esto podría acabar en una lesión, no estamos en condiciones, Kuramochi.
— ¿Y desde cuándo eres tan débil, capitán?
Miyuki río mirando como su amigo le sonreía, parado frente suyo con el hábito de mantener las manos dentro de sus bolsillos. Ellos tenían una dinámica que se basaba en Kuramochi insultándolo y Miyuki siendo sarcástico. Así era como congeniaban a la perfección.
Una de las cocineras dio la orden de mando anunciando que podrían ir pasando por sus bandejas de comida, Miyuki sin sentir dolor alguno en su tobillo se levantó con tranquilidad siguiendo a sus amigos, su estómago le pedía aquellos tres tazones de arroz que comía regularmente.
— ¡Capi!
El particular grito del pitcher de segundo retumbó en el comedor, Miyuki giró el rostro con una ceja alzada y una pequeña sonrisa de costado, el menor de cabellos castaño se acercaba a su lugar con decisión.
— ¡¿Estarás a las ocho en tu habitación?!
— ¿Ah?
— ¡Perfecto, iré a esa hora!
— Oi, Sawamura.
Las palabras de Miyuki quedaron suspendidas en el aire, lo único a lo que alcanzo a ver era la espalda de Sawamura yéndose nuevamente con los chicos de segundo, la situación no le era extraña para nada, el pitcher tenía la costumbre de ir a la habitación que compartía con Okumura la mayoría del tiempo, ya sea que hubiera avisado o no, Sawamura llegaba y se quedaba recostado en la alfombra leyendo alguno de sus manga Shojo, llegaba el punto que se ponía a pensar si el castaño no tenía un cuarto designado, ya que las horas que no ocupaba en el entrenamiento Eijun estaba en su dormitorio. Claro que a Kazuya no le molestaba, estaba más que acostumbrado a la compañía del zurdo, aunque no estuvieran hablando sentir la presencia del menor sin palabras de por medio era agradable.
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— Tienes que llevarte a Okumura.
Kazuya habló fuerte colocando la llave en la cerradura de la puerta, girando esta se escuchó un suave "click" y la puerta cedió dando paso a una habitación ordenada llena de afiches con diseños de béisbol, Miyuki entro y siguiendo sus pasos Kuramochi también, el shortstop alzó una ceja cruzándose de brazos, descansando la espalda en una de las paredes, mirando concuriosidad a su mejor amigo.
— ¿Por qué debería hacer aquello?
— Sawamura vendrá.
— ¿No viene Sawamura todos los días? —el peliverde alzó una ceja, sus ojos se fruncieron sospechando algo, podía ver con claridad las sucias intenciones del catcher.
— Necesito hablar de algunas cosas con él.
— Define hablar.
Kazuya que se encontraba sentado en el sillón de su escritorio rodó los ojos, alzó la cabeza sobre sus hombros observando a Kuramochi que le daba aquella mirada que gritaba "maldito infeliz", Miyuki soltó una carcajada, girando sobre los talones de sus pies la silla cedió y quedó frente a su compañero.
— Hablar, Kuramochi ¿te llevarás a Okumura?
— Eres un infeliz, al menos deja que pueda caminar bien, bastardo.
El peliverde bufo alzando los brazos con resignación, salió de la habitación dejando a Miyuki solo, dentro de esas cuatro paredes. Kazuya suspiro torciendo la boca en una mueca, maldito sea Kuramochi, era el menos indicado en soltar la voz cantante, bien sabía el catcher lo que sucedía con el mayor de los Kominato, cuando el chico de cabellos rosas aún convivía en los dormitorios. No debía darle indicaciones de cuidado, cuando Miyuki era consciente de que Sawamura debía estar en plena forma, era un pitcher esencial para el equipo, nunca haría para dañarlo físicamente. Y Sawamura era bastante flexible, lo que hacia las cosas menos dificultosas.
Tomó su guante de béisbol y uno de los trapos que utilizaba para poder limpiarlo, aquello era una rutina diaria, su guante era uno de los objetos más preciados, trataba de mantenerlo cuidado y limpio. Durante las horas de entrenamiento, este se llenaba de polvo y sudor.
— ¡Miyuki!
La puerta se abrió de un momento a otro, no hubo ningún golpe de aviso, ningún "permiso"; nada, solo el grito habitual del pitcher y el golpe de la puerta ser cerrada, porque aquel chico escandaloso, no tenía la delicadeza ni siquiera de cerrar la puerta de una forma adecuada. Sawamura tomó la almohada de la cama de Miyuki tirándola al suelo, panza arriba se recostó sobre ella con las piernas suspendidas y cruzadas, balanceando estas se dispuso a leer el manga que traía en sus manos.
— ¿Tú no tienes una habitación, no?
— Kuramochi no me deja leer en paz, siempre me está molestando para que juegue a la consola con él.
— ¿Y qué estás leyendo hoy, mh?
— No lo he empezado, Haruno dice que es divertido.
Miyuki asintió sin emitir sonido, raras eran las ocasiones que mantenían una charla sin gritos de por medio, burlas por parte del cátcher y con un Sawamura histérico de aquí por allá. Miyuki aceptaba que hacer rabiar al zurdo era una actividad diaria que lo divertía, aquello no lo hacía con maldad, Eijun era demasiado expresivo con todo, sus reacciones eran tiernas y cómicas, aparte que por cualquier cosa colerizaba.
— Sawamura ¿Has ido a que te hagan masajes luego del entrenamiento?
— Uhm... uhm.
— Samura.
— Ok, ok. Me he olvidado.
— Te he dicho que debías ir.
Sawamura arrugó la nariz meciendo los pies, de reojo observó a Miyuki que lo miraba con desaprobación, el pitcher no confesaría que el no asistir a los masajes diarios fue una acción netamente adrede por su parte.
El cátcher dejo el guante limpio guardado en el cajón del escritorio, arremangandose el poleron que llevaba puesto, se irguió dirigiéndose a la cama donde se sentó al borde de este, llamando a Sawamura para que acercara.
— No debes olvidarte, debes ser responsable, idiota.
— ¡No me digas idiota!
El castaño de baja estatura bufo colocando sus famosos ojos de gatos, que Miyuki lo llamara idiota le molestaba bastante, quería que el cátcher notara que era alguien inteligente, pero al parecer hacer el ridículo frente a su mayor era una costumbre, Eijun no sabía cómo es que había nacido así de idiota, juraba que no lo hacía adrede. Gateando sobre el piso, quedó entre las piernas de Miyuki quien le ordenó que se quitara la remera, Sawamura así lo hizo, sintiéndose algo cohibido. Era natural que ellos se vieran en paños menores en los vestuario e incluso en los baños, pero estar a solas con Kazuya siempre lo ponía algo nervioso, razón por la que comenzaba a actuar más idiota de lo normal.
— Eres un pitcher esencial para el equipo, los masajes son importantes ¿por qué no has ido, ah?
Eijun se encogió de hombros tratando de relajar el cuerpo, las manos de Kazuya se posaron sobre sus hombros con suavidad procediendo a masajearlos, ejerciendo presión con los dedos, tocando los puntos exactos cuando estos se deslizaron por sus omoplatos, sabía que los masajes eran importantes para su cuerpo, Sawamura podía ser idiota pero trataba de cuidarse, las lesiones eran comunes en jugadores, inconscientemente esperaba que cuando Miyuki le preguntara y se ofreciera a masajear sus músculos, no era la primera vez que lo hacía, Sawamura estaba feliz de que el cátcher se preocupara por él.
Los ojos se le cerraron ante lo relajado que se encontraba, respiró profundo estirando las piernas, Miyuki con suavidad lo empujo haciendo que su espalda bajara con cuidado, se quejó un poco y luego se incorporó.
— Debes ser responsable, Bakamura.
Miyuki susurro sobre el oído del menor, lo sintió estremecerse contra sus manos, Sawamura aparte de ser flexible era demasiado sensible a las caricias que le proporcionaba, Miyuki sonrió pegando los labios sobre el oído del pitcher, deposito un beso detrás de esta rozando los dientes con suavidad, Miyuki deslizó las manos hacia el pecho de su compañero, hundió el rostro en el cuello del zurdo rozando con un toque delicado la punta de la nariz sobre la piel expuesta, a sus fosas nasales llego el aroma de jabón que Sawamura usaba, inundando todos sus sentidos. Sus dedos alcanzaron los pezones del pitcher los cuales rozo y tomó entre las yemas para poder presionarlos con algo de fuerza.
Sawamura se mordió el labio reprimiendo un gemido, una corriente de placer recorrió las extremidades de su cuerpo juntando las piernas cuando la molestia de su entrepierna empezaba a fastidiarlo. Recostandose sobre Miyuki, echó la cabeza hacia atrás encontrándose con la mirada del cátcher, aquellos ojos miel que se ocultaban tras aquellos anteojos de pasta negra lo observaban con picardía, Eijun soltó un suspiro entre abriendo los ojos.
— Miyuki...
El nombrado detuvo los movimientos, sostuvo los hombros ajenos haciendo que el menor se diera la vuelta y lo mirase, el dedo índice lo posicionó debajo de la barbilla del castaño, alzó la cabeza de este acercando su rostro al ajeno; ambas narices chocaron. Miyuki sonrió ladino, Sawamura ya se encontraba con las mejillas levemente sonrosadas, su piel morena tomaba un color rosado tan tenue que lo hacía precioso ante sus ojos, Kazuya odiaba admitirlo pero el pitcher tenia su encanto.
— Que te he dicho, es Miyuki senpai para ti.
El cátcher observó con claridad como las mejillas del menor se atenuaban en un rojo más furioso, el tema de las formalidades no eran propios de ellos, ni siquiera Miyuki utilizaba los honoríficos con Sawamura, Miyuki soltó una carcajada sobre los labios adversos antes de juntar ambas bocas, el aire del castaño se mezcló con el suyo, Eijun fue el primero en comenzar el beso, el pitcher ansioso como lo era siempre se abalanzó sobre el cátcher. Miyuki abrió la boca dejando que la lengua rosada entrara a su cavidad, sus manos la llevó a la espalda morena empujándolo contra él, rodeó la cintura estrecha dejándose caer sobre la superficie de la cama junto con el zurdo, procuro que este no se golpeara con la cama, maldita sea con las camas dobles, sobre todo las odiaba en estos momentos en los que necesitaba más espacio.
Sawamura mordisqueo el inferior del mayor, las manos de Kazuya se escabulleron traviesas dentro del pantalón del pitcher, más preciso bajo sus bóxer, las manos grandes ahuecaron los glúteos ajenos apretandolos comenzando a amasarlos, Sawamura se meció por inercia sobre Miyuki, el menor suspiró abriendo los ojos cuando la distancia era necesaria para llenar de aire sus pulmones.
Kazuya observó los ojos ámbar de Eijun, estos brillaban encontrándose vidriosos, Sawamura creo una excelente fricción de ambas hombrías, Kazuya jadeo sintiendo de repente demasiado calor, la ropa le molestaba, su cuerpo picaba con ansias de fundirse en el pitcher como en otras ocasiones tuvo la posibilidad de hacer.
— Miyuki s-senpai...—La voz de Sawamura sonó entrecortada cuando hablo, las pequeñas manos se metieron dentro de sus prendas superiores. — ¿No tienes calor?
— ¿Ahora eres respetuoso, Sawamura?
El cátcher se quejó, Sawamura era idiota la mayoría del tiempo, pero sabía muy bien cuando utilizar los honoríficos. Miyuki se removió tratando se correrse en aquel estrecho lugar, como pudo se las ingenio para colocar a Sawamura contra la cama, él quedó suspendido encima suyo, le corrió las piernas metiéndose entre ellas volviendo a juntar sus bocas. Esta vez Miyuki se hizo cargo de la situación, una de sus manos tomó la mandíbula ajena ahuecándola, Eijun abrió la boca cuando soltó un gemido y Kazuya aprovecho a adentra la sin hueso a la cavidad bucal del menor, Miyuki se apoderó de ella con hambre, succiono los finos labios del zurdo y luego procedió a hacer lo mismo con el musculo rosa; ambas lenguas se rozaron, entonces el beso se formó en uno más obsceno. Miyuki se apretó al pequeño cuerpo bajo el suyo, ambas pelvis se rozaron empezando así un vaivén de roces sobre la ropa, Sawamura se quejó por la falta de aire y Miyuki aprovechó para quitarse las prendas superiores.
Sawamura llevó las manos al pecho trabajado del cátcher, la piel morena contra sus dedos se sentía bien, el calor que el capitán emanaba de su cuerpo producía que su propio cuerpo entrara en calor. Escucho a Miyuki soltar una risita, lo odiaba por reírse de cualquier cosa que hiciera, incluso en un momento tan indecoroso el cátcher se atrevía a reír, las ganas de darle un golpe nunca les faltaban.
Kazuya presidiendo el rumbo de sus pensamientos, volvió a besarlo. Esta vez los besos fueron más pausados, las manos de Miyuki se encargaron de tomar el elástico de los pantalones de chándal del menor y así bajarlo juntos con los bóxer. Aprovechando la acción para tocar la piel morena que llamaba su atención, Sawamura quedó totalmente expuesto delante de él, sus dedos subieron por las piernas ajenas, apretó los muslos musculosos del zurdo acariciando el interior de estos, rozó la pelvis de este obviando la erección que se levantaba orgullosa. Eijun se quejó, Kazuya era un idiota, pero un idiota que tocaba las partes perfectas de su cuerpo, por más que quisiera odiarlo no podía, maldito desgraciado, malditas manos y maldita sea Miyuki Kazuya.
Eijun envolvió los brazos alrededor del cuello del cátcher, lo atrajo hacia él depositando besos en el cuello del mayor, no podía darse el lujo de dejar marcas, aquello sería difícil de explicar le había dicho una vez el capitán, cómo explicarías un chupón, Sawamura; le había dicho. Sawamura le dio la razón, por lo que los chupones visibles estaban prohibidos para ambos, claro que eso no era imposición para Kazuya que ya se encontraba mordisqueando la piel de su abdomen.
— En el cajón... ah.
Miyuki se quejó cuando se golpeó con la cama de arriba, se estiró sobre el menor hasta alcanzar la mesa de noche, abrió el cajón sacando un tubo de lubricante junto con un paquete de condones. Kazuya suspiró recordando todo aquel exhaustivo trabajo de investigación que le tocó realizar cuando su cuerpo entraba en excitación cada vez que se encontraba con Sawamura y las cosas se ponían calientes entre ellos. Bendito sea el internet y su información. El cátcher se desabrocho los pantalones ante la molestia, entendía que para su edad la sobreexcitación era normal, apenas era un adolescente experimentando, y no importaba que sus sesos se desvanaran con penetrar al pitcher y hacerlo suyo, debía cuidarlo, antes se golpearía que lastimarlo.
Joder, Kuramochi lo mataría.
Eijun abrió las piernas con anticipación, aquel procedimiento era fastidioso así que suspiró y se preparó, sintió la presión de los dígitos de Miyuki en su anillo, estos empujaron y entraron. Su cuerpo tembló bajo el estremecimiento del frio y de la intromisión, Sawamura cerró los ojos jadeando, clavando los dedos en el colchón. Debía relajarse, lo sabía, solo que desde la última vez que esta misma escena sucedió habían pasado algunas semanas.
— Debes relajarte, idiota.
— N-no, me digas idiota.
Miyuki se rio hundiendo el rostro en el cuello del pitcher, joder que si estaba apretado el castaño, suspiró dejando besos furtivos en la piel de su cuello, su mano libre tomo el miembro olvidado del pitcher, lo sujetó con cuidado acariciándolo, sus propios dedos fueron estrujados, así que mientras masturbaba al zurdo sus dedos se abrieron estirándolo, empujaba estos y los sacaba penetrándolo otra vez, debía dejar la zona sensible para poder entra en el, desde su garganta salió un gruñido, su propio pene dolía de la sola idea de entrar en aquel cuerpo cálido que se retorcía bajo suyo solo siendo penetrado por los dedos, el movimiento de sus dígitos se hizo más intenso, Sawamura gimoteaba conteniéndose.
— Debes decirme cuando estés listo, Sawamura. —susurro sobre el oído del menor mordisqueando la oreja de este, raspando un poco los dientes en sus piel, las ganas de morderlo no le faltaban.
— Ya.. Mi-Miyuki...
Los movimientos de Miyuki se detuvieron, la desaprobación inconsciente de Eijun lo hizo sonreír, Kazuya se despojó de las prendas que mantenía aun cubriendo su cuerpo. Tirando la ropa hacia un lado, buscó el preservativo que había dejado a su lado, abriendo el envoltorio sacó el condón deslizándolo sobre su erección, procurando que este estuviera bien puesto se posicionó llevando su erección al interior del menor
— Sawamura, joder. No te rías.
— ¡Estoy nervioso!
— Solo relájate como las otras veces.
— Parece que es fácil para ti, uhm.
Para Miyuki no era fácil, él no era una clase de depredador sexual ni nada por el estilo, tenía los mismos nervios que el pitcher, solo que sabía disimularlos con mas eficacia. Sawamura lo abrazo por el cuello, lo atrajo para poder besarlo y Miyuki se dejó dándole el mando del beso al castaño, si esto lo dejaría más tranquilo podía con eso. Presionó contra su interior dándose paso, la penetración fue lenta, Kazuya no lastimaría a Sawamura. El nombrado clavo las uñas cortas en la piel de sus hombros, Miyuki mordió el labio inferior del zurdo empujando más la cadera, empujo despacio siendo considerado, la lengua de Sawamura jugaba con la suya, Miyuki correspondía. Con un suspiro ahogado Kazuya se tensiono cuando llegó hasta el tope, cerró los ojos jadeando. El castaño estaba igual o peor que él, el cabello de este se pegaba a su frente producto del sudor, ahora que tenía la mente despejada la habitación era un horno, el calor cubría a ambos cuerpo haciendo que sudaran por las acciones realizaba. La espera era tortuosa, agradecía enormemente cuando Sawamura estando relajado meció las caderas en un suave vaivén que Kazuya siguió de igual forma.
— S-senpai, ahm.
Sawamura entrecerró los ojos con la vista en el rostro contraído del capitán, quería mantenerlos abiertos y observar a Miyuki, sacarle los anteojos para poder apreciar los ojos miel del catcher con más atención, pero los deseos no siempre se cumplían y menos si Kazuya se empujaba en él de una forma tan deliciosa que cada poro de su cuerpo lo invitaba a dejarse llevar por las sensaciones placenteras. Los ojos se le cerraron por inercia, se aferró a la espalda trabajada del cátcher cuando el vaivén se hizo más rápido, Eijun se mordió el labio con fuerza, no podía soltar gemidos a viva voz en los dormitorios, de alguna manera debía ser cuidadoso.
— Solo ahora me dices... senpai, eh.
Kazuya jadeo presionando los labios en una línea mirando al pequeño chico de cabellos castaños que se encontraba bajo su cuerpo, Sawamura con sus cabellos revueltos y mejillas rosas lo miraba de aquella manera tan dulce, como si Miyuki fuera lo mejor del mundo y joder; Kazuya sentía su corazón oprimirse, queriendo que el pitcher lo mirara de aquella manera siempre, con los ojos ámbar más brillosos de lo común, lagrimosos y deseosos de él, aquella misma mirada que le dio aquella tarde sobre el montículo, confiando en él, confiando en Miyuki. Kazuya se ocultó en el cuello del zurdo para que este no vea su vulnerabilidad, sus caderas aceleraron por voluntad propia amedrentando a Eijun con sus embates, Sawamura soltó algunos chillidos ante el movimiento brusco, sus dedos se hundieron en los omoplatos del mayor, sin poder evitarlo lo araño deslizándose por toda su espalda, Kazuya se quejó pero no protesto.
Ambos cuerpo se balanceaba al mismo compás, el cátcher apoyo la frente contra la ajena, los cuerpos sudados chocaban entre sí, Eijun mantuvo los ojos cerrados gimiendo cuando la mano callosa del capitán tomó su miembro cubierto con el pre-semen empezando a bombearlo, la sensibilidad de su cuerpo lo hizo lloriquear, su cuerpo de adolescente hormonal estaba a punto de ebullición, Miyuki lo penetraba sin descanso y su miembro era atendido de forma pulcra.
— Senpia... ¡M-miyuki!
La voz le salió más aguda de lo que hubiera previsto, su cuerpo entero se tensó, aquel remolino que se juntaba en su parte baja estaba a punto de explotar, de su boca no salía más que "Miyuki, senpai, Miyuki, Miyuki, ah" aquella melodía llegaba a los oídos del cátcher como agujas que se incrustaban en todo su ser, para estas alturas Sawamura era un lío de gemidos y sudor, su cuerpo se retorcía y su espalda se llevaba la parte más dolora, su espalda estaría toda rasguñada al finalizar. Su mano aceleró cuando sintió el miembro del menor crecer en su mano, Sawamura chillo encorvando la espalda y entonces explotó contra su palma. Miyuki nunca se perdería aquella vista que podía presenciar, un Sawamura totalmente ido y débil bajo su cuerpo, sintiendo los espasmos del orgasmo, su piel brillaba y su interior se contraía alrededor suyo como si no lo quisiera dejar ir, Kazuya aún no saldría de él. Empujó la cadera más dentro, más y más; Miyuki aceleró arremetiendo sin descanso, Sawamura como pudo lo abrazo capturando sus labios, Kazuya lo beso con hambre pidiendo permiso para su liberación, Sawamura asintió y Miyuki se tensó con las manos en las caderas del zurdo, ajustó con dedos en su morena piel marcando sus pulgares, rozando el hueso de la cadera del menor, vaciando su semen en el preservativo hasta que estuvo satisfecho. Su cuerpo se sintió saciado, ligero y sin ningún tipo de tensión, se dejó caer al costado del castaño que no estaba en mejores condiciones que él.
— ¿Te sientes bien, Sawamura?
Kazuya deslizó la mano sobre la frente del pitcher que asintió con los ojos cerrados bostezando, suspirando se reincorporó para limpiarse, mucho no podía hacer con un castaño a su lado prácticamente roncando. Kazuya se recostó a su lado, esperaba que Kuramochi persuadiera a Okumura para que no fuera a la habitación, su cuerpo estaba demasiado cansado siquiera para mover un solo pies fuera de la cama, Sawamura a su costado no era la excepción, a sus oídos llegaban los suaves ronquidos. Tomó la ligera sabanas cubriendo el cuerpo desnudo del pitcher, Miyuki lo rodeo apretando su pecho contra su espalda, apoyó la frente en su nuca suspirando.
Se mordió la punta de la lengua evitando soltar algún tipo de frase cursi, en vez de eso reposo la palma de la mano sobre el abdomen ajeno repasando los dedos callosos en delicadas caricias, Sawamura suspiro con aprobación, Miyuki sonrió cerrando los ojos, algunas veces las palabras sobraban.
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Arrastrada los pies con desgano sobre aquel pasillo, se llevó una mano a su rostro frotándolo, un estremecimiento recorrió su cuerpo ante las imágenes que llegaban a su mente por voluntad propia, Okumura nunca hubiera imaginado la relación que llevaba su senpai con el catcher de tercero. Claro que siempre sospechó algo, como buen observador no podía obviar las miradas furtivas y sonrisas escondidas que aquel par se daba de vez en cuando. Okumura quería ser un cátcher del que Sawamura se sintiera orgulloso ¿algún día podría serlo? Con la presencia de Miyuki a su alrededor lo dudaba.
Con un suspiro alzó la mano golpeando la puerta enfrente suyo, esta se abrió segundo después dejando ver a Kuramochi en pijama, la mirada de este decía "Te los dije" el chico de primero fue advertido por el superior, que no sería buen momento para regresar a la habitación
Okumura hizo oídos sordos, quería ir a su habitación y dormir para recuperar las energías perdida.
— ¿Puedo dormir aquí?
El peliverde hizo una mueca dándole el paso, esta noche dormiría en la habitación de sus senpai, pero se aseguraría que aquello que vio pocos minutos atrás no se volviera a repetir.
