Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Kōhei Horikoshi.


Primera parte del caos.

El sonido de un silbato se oyó en todo el departamento, indicando que el agua en la tetera estaba en su punto de ebullición.

Se quejó. No quería abandonar su mullido sillón, ni mucho menos soltar la confortante almohada que desprendía el aroma de su dueño.

El pitido sonó más fuerte haciéndole volver a gruñir y convertirse en bolita. Ahora no le apetecía comportarse como el adulto responsable que se supone que es e ir a apagar el aparato, se supone que para eso es su horario laboral.

Cuando el sonido se volvió insoportable fue que se dignó a pararse.

Con un enorme pesar y una admirable fuerza de voluntad, llegó a la cocina casi a rastras. Se sentía cansando, casi como si un hubiera chocado contra un edificio; le faltaba aire a ratos y su pecho no dejaba de lastimarlo.

Llevaba así toda la semana, más bien, está así desde que inició el mes; su mente se encontraba a punto de reventar del estrés, su sueño se ha visto afectado por la ansiedad, y el nerviosismo apenas y le dejaba cumplir con sus obligaciones de héroe de forma decente. Y todo eso se fue multiplicando conforme el correr del calendario.

Después de todo, se venía una fecha importante.

Apagó la hornilla dormitando. Estaba tan cansado—y un poco ido— que agarró la tetera por el borde hirviendo quemándolo al instante.

—Mierda—exclamó, adolorido. Con lágrimas, corrió directo al congelador y metió su mano dentro de una bolsa de hielos. Esto le va a dejar ampollas.

Suspiró.

No sería Izuku Midoriya si no se lastimara a cada instante.

Bueno, al menos no se rompió un hueso.

Sacó su mano con cuidado una vez que el ardor menguo y fue a su habitación por el botiquín. Una vez vendada y con los cuidados requeridos, volvió a la cocina por el causante de su dolor.

Se suponía que antes de su desastre iba a prepararse un té verde para calmar sus nervios, solo un té sin nada que acompañarlo porque lo sometieron a una dieta libre de azúcares. ¿Pero saben qué? Al diablo la dieta. Estaba exhausto, y necesitaba algo azucarado con urgencia.

Sacó del refrigerador ese maldito pastel de durazno que le ha estado haciendo ojitos desde que se lo regalaron—un acto cruel, siendo sincero—, también sacó fresas y crema batida porque puede y quiere, es más, quizás más tarde se anime a pedir una pizza. Terminó de hacer su bebida y se con toda su glotonería a su querido sofá.

A la primera mordida a su pastel, su celular sonó indicando una llamada. Perezoso, y al molesto de ser interrumpido, tomó el aparato.

Casi se muere al ver la pantalla.

¡Ochako lo estaba llamando! ¿Acaso predijo su delito? ¿Qué era, una clase de bruja?

Podría ignorarla pero eso significaría su muerte, por lo que no tuvo más opción que contestar.

—¿Qué pasó, Ochako-chan?—contestó, teniendo la osadía de comer una fresa cubierta de crema.

Deku-kun, perdona la molestia pero debemos de revisar los últimos puntos para mañana—dijo Ochako, sonaba apurada, como si estuviera corriendo un maratón.

Izuku bufó al oírla, quería que lo dejaran tragar en paz.

—Ochako-chan, no—se quejó alargando la última letra. Ya estaba hasta el cuello de revisar asuntos.

Nada de que no—lo regañó la castaña—. Si queremos que mañana no sea un día de muerte debemos de adelantar todo lo que podamos.

—Pues molesta a Shouto.

—A él lo está molestando YaoMomo.

Respiró profundo, mejor era verlo ahora que escuchar a su amiga al borde del colapso mañana.

Se atiborró de más fresas y pastel para encontrar fuerzas y contestó—: Bien, empieza.

Estuvieron cerca de una hora checando sus listas, Uraraka hablaba tan rápido y sin pausas que apenas pudo seguirle el hilo a la conversación, ¿esto es lo que sientes todos cuando él se pone a murmurar en voz alta? Entre tantos papeles se acabó su pastel y las fresas, por lo que no dudó en ordenar su pizza aun con la mente ajetreada.

Dios, su cabeza le comenzó a doler.

Creo que eso es todo, Deku-kun.

Para el nombrado fue como escuchar el canto de los mismos ángeles.

—¿De verdad?—preguntó, esperanzado.

Sí, es todo lo que podemos adelantar. Ya mañana se ve el resto—suspiró cansada, Izuku podía visualizarla lanzándose en su cama—. Estoy muerta.

—Dímelo a mí. Estoy al borde del colapso—dijo derrotado. Necesitaba dormir por al menos dos meses.

Espero que no estés comiéndote las uñas, ni hayas rato tu dieta.

—Eh…

—¡Deku-kun!—intentó regañarlo pero se detuvo—. Agh, olvídalo. Haré lo mismo. Si mañana no entró en mi vestido será tu culpa.

Sí, si, ya entendí.

A pesar de no estar a su lado, escuchó perfectamente pasos y el sonido de su refrigerador abriéndose.

Eso le recordaba que a su pizza no le pidió orilla de queso.

Odio que Sato-kun nos regale sus postres siempre que nos ve—gruñó carita redonda con comida en la boca—. ¿Qué no sabe que darle pastel a una persona estresada es mala idea?

—Solo fue amable, Ochako—la regañó, a pesar de que la entendía. Los postres de Suga Rush son una tentación más fuerte que él.

Entre el sonido de cubiertos y mordiscos, Uraraka continuó la conversación—: He estado metida planeando todo y aún así no puedo creer que… Deku-kun, mañana te casas.

El nombrado sonrió nostálgico.

Tampoco él podía creerlo. Se sentía tan surreal saber que mañana a esa misma hora, sería un hombre casado. Daría el siguiente paso en la etapa de su vida junto a la persona que más amaba, formaría nuevo comienzo a su lado.

—Tampoco yo me la creo—confesó cansado.

Siento que fue ayer cuando me llamaste para decirme que se comprometieron.

Incluso cuando había pasado cerca de medio año desde esa llamada llena de lágrimas y mocos, para Midoriya también es como si la realidad del tiempo fuese otra. Los meses se fueron volando, y cuando menos se lo esperaba, el calendario marcaba la fecha exacta.

—La vida nunca se detiene.—Aunque sientas por un momento que todo acabóagregó solo para él—. Ochako, ¿alguna vez te imaginaste que me casaría?

Sí lo hice, pero no con Todoroki-kun.

Izuku sabía a lo que su amiga se refería, nadie se había imaginado que ellos dos terminarían juntos, ni mucho menos conociendo la historia que pisaba los talones del héroe número uno. Y no podía culparlos, él mismo por mucho tiempo pensó igual que ellos.

Fue una relación que surgió de sorpresa después de un corazón roto, luego de años de amistad.

Y aún así, se siente como si siempre estuvieron juntos.

Shouto Todoroki, ex-compañero de clases, colega de trabajo, pareja de año y medio, y en menos de veinticuatro horas, futuro esposo.

Pero me alegra que sea él con quién vayas a dar este gran paso—continuó Uravity, con un tono cálido y agradecido.

—También yo...—dijo sincero—. Aunque ahora me estoy muriendo de los nervios. ¿Cómo voy a hacer para levantarme mañana? No podré salir de mi cama.

—¡No te preocupes, Deku-kun! ¡Yo me encargaré de ti a primera hora de la mañana!

—Siempre salvando mi pellejo, Ochako. No sé que hubiera hecho sin ti, quizás ya habría colapsado hace meses.

Por algo soy tu mejor amiga—dijo alegre, casi iluminando la habitación—. Pero no todo el crédito es para mí, YaoMomo empezó a organizar todo desde que Todoroki-kun le contó que te iba a pedir matrimonio.

Era cierto, Yaoyorozu fue la primera en ver los asuntos necesarios para la boda, solo que tuvieron que bajarle un poco a sus expectativas porque ella tenía planes de una celebración en grande, llena de lujos, y con ideas en París, Venecia o Hawái. Nada cercano a la fiesta sencilla que los novios querían.

—Todos fueron de gran ayuda, Shouchan y yo se los agradecemos mucho.

Porque todos los miembros que alguna vez pertenecieron a la Clase A contribuyeron para que está boda fuese hecha.

Todos.

Antes de que pudieran continuar con la charla y las palabras emotivas, tocaron el timbre de su departamento.

—Esa debe de ser mi pizza. Voy a tener que colgar, Ochako, aún me falta revisar unas carpetas del trabajo.

No hay problema, Tenya no tarda en llegar y hoy es mi turno de preparar la cena—escuchó oír mientras el timbre volvió a sonar—. ¡Nos vemos mañana, Deku-kun! ¡Y por favor no te desveles! Tienes que verte apetecible y pecoso para futuro esposo.

—Lo haré. Salúdame a Iida-kun, los veo mañana—colgó.

Dejó asentado el celular en la mesita y se dirigió a la puerta. No le importaba que lo vieran en bóxers y usando una playera de algún partido político, estaba muy cómodo es fachas, gracias. De todas formas, solo iba a recibir su pizza.

El timbre sonó con más desesperación, parecía que querían romperlo.

¡Pero que genio!

La puerta resonó con mucha fuerza.

¡Ahora por eso le daría cuatro estrellas en lugar de cinco!

—Ya voy, ya voy—gritó al poner su mano en el picaporte.

La sorpresa que se llevó al abrir la puerta casi lo hace atragantarse con su propia saliva. Era lo último que se esperaba recibir esa noche. Fue como ver un fantasma. No, mucho peor, fue como si le acabará de abrir la puerta al mismísimo diablo.

Porque Bakugou Katsuki se encontraba al pie de su hogar.

—¡K-Katsuki!—exclamó Izuku, sorprendido—. ¿Q-Qué haces aquí?

El rubio, haciendo uso de característico carácter, torció la boca.

—Yaoyorozu me hizo venir. Dijo que tú tienes el mentado traje que usaré.

—¡Oh, cierto, cierto!

Se quedaron callados un momento. La noche era fresca y viento soplaba con fuerza siendo este el único sonido que se atraviesa entre ellos. Izuku seguía sorprendido de tener a Katsuki frente a él, parecía estar viendo a un fantasma.

—¿Y bien?—soltó de pronto Bakugou, harto de ser visto así—. ¿Vas a invitarme a pasar o te quedarás viéndome como imbécil?

Izuku reaccionó dejando la vía libre del camino—. Claro, claro, pasa.

Sin más, y aún con su habitual ceño fruncido, ingreso al departamento. Importándole poco o nada ensuciar el piso con botas de combate. Tampoco se preocupo en pedir permiso para sentarse en los mullidos sillones.

Midoriya trataba de mostrarse calmado pero su mente era un completo caos.

gritó su mente.

—Eh…—Di algo, maldita sea—. ¿Te ofrezco algo? ¿Agua, jugo, té, café? Sota-kun me regaló un pastel riquísimo de melocotón que te—

—¿Dónde el bastardo mitad-mitad?—cortó de pronto, Bakugou.

—¿Ah?

Katsuki suspiró, de seguro estaba contando hasta diez—. Que dónde está Todoroki.

—Oh, eso—llevó una mano a su sien, aún con gesto de incomodidad—. Está en casa de su familia; las chicas estuvieron gritando que era de mala suerte que nos viéramos antes de la boda. Aunque esas son costumbres occidentales no pude contradecirlas. Simplemente vi como se llevaron casi a rastras a Shouchan desde la mañana.

—Solo te pregunté dónde estaba, no tenías que contarme toda tu puta vida.

—¿Lo siento?

El ambiente era pesado, turbio vieras donde lo vieras. Midoriya creyó que tratar con el héroe explosivo era mucho más fácil que sus días de escuela, solo que no considero ciertos escenarios que volvieron a trancar su relación.

—Traeré té—señaló la cocina, necesitaba escapar y relajarse unos minutos.

Llegó corriendo a la cocina, buscando su celular como desquiciado, necesitaba hablar con Uraraka y que está le diera fuerzas para seguir con eso. Necesitaba de apoyo moral si no quería terminar saltando por la ventana.

¡Tanto drama era salido para el bebé!

Con bebé se refiere a él, claro.

—Maldición, Ochako. Contesta—gruñó al oír por tercera su buzón de voz—. Hmmm…supongo que la cena debe de estar muy buena como para no contestar.

Podría hablarle a Hitoshi, pero estaba seguro que en esos momentos estaba patrullando. Podría hablarle a Tsuyu-chan pero no confiaba en que no abriera la boca con las chicas, y no tenía ganas de que se convirtiera en chisme.

O podría hablarle a Shouto, su voz siempre lo calmaba y contestaría más rápido de lo que Kaminari funde sus neuronas.

Podría hacerlo… si no fuera por el hecho de que a su novio le incomodaba cualquier cosa que tenga relación con Katsuki. No es que él se comporte de forma celosa o posesiva, simplemente seguía teniendo ciertas riñas con el rubio, e Izuku no quería preocuparlo

Tan inmiscuido estaba que no se dio cuenta de una presencia invasora en su cocina.

—Eres tan inútil que creo que ya quemaste el agua.

La voz grave y rasposa se escuchó detrás de él, muy cerca de su oreja.

¿Era necesario decir que se asustó al punto de casi volver a quemarse?

Porque sí, eso pasó.

¿Cuándo prendió la hornilla?

El héroe número uno soltó un grito poco agraciado y tres tonos más agudo. Llevó una mano a su pobre corazón. Siendo tan joven y ya sufría de problemas cardíacos. Estaba seguro que su muerte no iba a ser por manos de un villano, no, él iba a morir por un infarto.

Y su verdugo será Bakugou Katsuki porque sus carcajadas le indicaban que parecía disfrutar su sufrimiento.

—¡Katsuki, no te rías! ¡Casi me matas de un infarto!—riñó enojado. Dando su esfuerzo de parecer lo más serio y amenazante.

En realidad, parecía un conejito esponjoso con el ceño fruncido.

Pero esos son detalles.

—Yo solo me acerqué a ver si no habías quemado el agua—carcajeó el rubio—. Casi veintisiete años, jodido héroe número uno, y aún sigues teniendo los nervios de un chihuahua.

—Ja-ja, muy gracioso. Casi haces que me queme la mano

—¿Y? Así estarás a juego con el bastardo mitad-mitad—alzó una mano antes de que Izuku contestara—. Ya deja de berrear. Mejor ve por el jodido traje que yo me encargo de esta porquería.

—Solo no explotes algo.

—Ugh, no te prometo nada.

Con un bufido, se encaminó a su habitación.

El ambiente era mejor de lo que imaginó; no hay gritos, insultos, y todavía nada se ha roto, explotado y/o arrojado. Era, por mucho, la charla más amena que han tenido desde que rompieron.

Oh, sí. Leyeron bien, Izuku Midoriya y Katsuki Bakugou, rivales del instituto, puesto uno y dos en la lista de héroes, el estupendo Wonder Duo, tuvieron un pasado amoroso juntos. Un muy largo y complicado pasado amoroso.

Sorprendente, ¿no lo creen?

Después de su primer año comenzaron a tener una mejor relación; Bakugou ya no quería matarlo con tal solo ver su existencia, es más, tuvieron momentos gratos que poco a poco fue escalando a lo que se podía llamar como amistad. Hasta llegaron a pasar tiempo en los dormitorios del otro; ya sea estudiando, intercambiando tácticas de combate o simplemente charlando.

Casi como cuando eran niños.

Fue en su tercero año que un nuevo cambio llegó, así como el caer de los cerezos. Izuku comenzó a ver al rubio de una forma diferente: su piel perlada de sudor le pareció atrayente, su voz dejó de serle amarga, sus ojos pasaron de ser rojos como la sangre a ser igual de brillantes como los rubíes, el olor a nitroglicerina se transformó a uno dulce, y su sonrisas raras se convirtieron en su meta por conseguir cada día.

Bueno, también debía de admitir que el jodido pirómana poseía unos músculos que lo calentaron más que el sol de verano.

Le tomó más de tres meses admitir que su amigo de la infancia le hacía mojar la canoa, gustar del arroz con popote y botar la canica por él. O sea, le tomó tres meses admitir que Bakugou le gustaba.

Y fue más grande la sorpresa cuando descubrió que era correspondido.

Por lo que, cuando menos se dieron cuenta, iniciaron una relación amorosa.

Duraron muchas estaciones, vivieron sus mejores años juntos, compartieron sus logros y metas juntos.

Hasta que, como toda etapa, la suya tuvo que terminar.

—¡Oi, Deku! ¿Acaso te volvió a tragar el closet o por qué tardas tanto? ¡Tu jodida mierda ya está lista!

Desde la cocina, sonaron los alaridos de su visita, ocasionándole otro pre infarto y un regreso al presente. Se quedó tan prensando en sus pensamientos que se había olvidado del rubio pirómana que dejó sin compañía.

Sin detenerse en más distracciones, tomó de su armario el traje de gala pulcramente limpio y envuelto en su empaque, y se fue a ver que su visita no está explotando su vasija.

Katsuki lo volvió a sorprender esperándolo en la sala, con dos tazas de té humeante y rebanas de pastel curiosamente posando sobre sus platos de porcelana con temática de All Might.

—¡Al fin! Te tardaste un siglo. Ni para anfitrión sirves, Deku. Mira que hacerme prepárate tu mierda aromática es un asco—bufó Bakugou, cruzado de brazos—. Sigues teniendo esa porquería de vasija—chistó—. Que patético.

Pelusita, más que acostumbrado al carácter de este tipo, ignoró el insulto y le entregó el traje.

—Perdona la tardanza. Lo tenía guardado hasta el fondo del armario. Creí que jamás vendrías por él y sería Kirishima el que tuviera que dártelo mañana.—También pensó que Bakugou iría con la ropa que quisiera y no con la que le correspondía como padrino.—Pero si viniste, así que no hace falta. Te veo mañana.

Listo, se tacha un pendiente menos. Ochako y YaoMomo serán la que se ocupen de la organización mañana. Él solo se tendrá de preocupar de sus ataques de pánico, verse bonito y practicar decir su discurso sin que le dé una taquicardia.

Pero claro, Katsuki jamás se la ponía fácil.

—¿Qué? Me hiciste hacerte está mierda por nada—dijo Bakugou, fingiendo estar ofendido. Agarró su taza de té para darle un sorbo—. Si ya quieres que me vaya solo tienes decirlo, nerd.

—No, no, no—sus manos se movieron desenfrenadas, su voz se agudizó al igual que en su juventud, hasta sintió frío—. No me refería a eso. Claro que me encanta tu compañía, la última vez que compartimos algo más que monosílabos fue cuando te pedí ser mi padrino, y eso fue por mensaje. Incluso faltaste a la despedida de soltero que organizó a Ashido para nosotros. Aunque que bueno que no fuiste porque se salió de control: Kaminari y Ashido hicieron un desastre con todos, ¡hasta convencieron a Iida a entrar a la competencia de shots!—De la nada, empezó con su viejo hábito de murmurar como perico hiperactivo.— Necesitaré terapia para sacarme el beso de cuatro de Kirishima, Ashido, Kaminari y Sero porque fue demasiado gráfico para mis castos ojos—Y la perra seguía y seguía.— Me siento aliviado que esa noche se prohibieron los celulares porque estoy seguro que si alguna foto se hubiera llegado a filtrar sería el fin de—

—Oi, deja murmurar a lo pendejo, que con trabajo puedo seguirte el hilo—lo detuvo Katsuki.

Las mejillas pecosas se convirtieron en melocotones maduros debido de la vergüenza.

No sé percató en que momento empezó a soltar murmullos. Se suponía que ese pequeña maña la había superado.

—Perdón, perdón. Hace tiempo que no pasaba—soltó abochornado.

—Tu ansiedad volvió, ¿verdad?—más que pregunta, está era una afirmación. Izuku iba preguntar cómo lo notó cuando esté se adelantó—: Vi muchas envolturas y restos de comida en la cocina, y tú solo comes como loco cuando estás ansioso—Pelusita sólo pudo ladear su boca, tratando de sonreír sin gracia—. ¿Te has estado rascando muy fuerte?, ¿O mordido las mejillas? ¿Al menos aún te quedan cutículas por morder?

—¡No me he mordido las uñas!—presumió orgulloso—. ¡No tengo el corazón de arruinar el perfecto trabajo de manicura que YaoMomo me ha sometido cada semana!

—¿Y qué hay de lo demás?

Izuku quiso mentirle, mentirle le hacía con los demás. Sin embargo, de su boca no salió ningún sonido. No podía mentir si esos ojos rojizos se mezclaban con los suyos, si no querían soltar su mirada.

No podía mentirle a Bakugou Katsuki.

Suspiró, no hallaba otra salida—. Puede que mi ansiedad haya vuelto un poquito. Entre la boda y cumpliendo las expectativas de todos no he podido descansar. Te juro que lloro como cinco veces al día por tanto estrés—confesó sin más, quizás un poquito más liberado de por fin soltarlo—. Puedo tejer un suéter con mis lágrimas.

—¿Le has dicho al bastardo de eso?

—No quiero preocuparlo, él igual está hasta el cuello de deberes. Su padre lo saturó de trabajo a cambio de unos cuantos días de vacaciones. No puedo abrumarlo con mis problemas.

—Son una maldita pareja, Deku. Tienen que hablar de lo que les molesta.

Tuvo que aguantar con todo tipo de comentario sarcástico, era irónico que Bakugou dijera eso, considerando que la principal razón de su rompimiento fue la falta de comunicación.

¿No te mordiste la lengua, Katsuki?pensó más no tuvo el atrevimiento decirlo en voz alta.

—Shouto y yo nos hemos apoyado en todo—rió—. Prácticamente es mi paño de lágrimas—se detuvo dudando en si continuar o no. Subió sus piernas, apoyando su mentón sobre sus rodillas—. Es solo que prefiero mantener esto conmigo.

—¿Por qué?

—Porque no quiero que piense que no me quiero casar con él—se estiró para agarrar la taza de té que luchaba por mantenerse caliente—. Cuando me propuso matrimonio solo llevamos año y medio de relación. Mires por dónde lo mires es una decisión apresurada, todos estamos conscientes de eso, sobretodo él. A diario me pregunta si estoy seguro de esto.

Dirigió su mirada al rubio, este parecía pensativo; abría y cerraba la boca como si dentro de si peleaba para formar algún consejo decente o algún tipo de insulto por tanto drama. No hablaba, y sus ojos ya no buscaban los suyos.

Era raro verlo así, si a Midoriya no le fallaba la memoria, esa eran las muecas que hace Bakugou cuando intenta agarrar valor, y eso era tonto, porque a él jamás le faltaba valor.

Le dio un sorbito a su olvidado té. Elevó las comisuras de sus labios tras pasar el tierno líquido por su garganta. La mezcla de té verde y leche, junto con el agradable dulzor de la miel le dieron la bienvenida a sus sentidos.

—Aún recuerdas como me gusta el té—dijo Izuku, sintiendo la ternura de la bebida recorrer su cuerpo, o quizás era por el hecho de que su amigo todavía conservaba detalles como este en su memoria.

Este simple gesto le trajo miles de recuerdos, y esto le hacían sentir calmado. Un pequeño té logró despejar su mente tan fácil que le era gracioso.

Porque tener a Katsuki a su lado aún le era agradable.

—No tienes que casarte.

Pero claro, algo tenía que estallar su burbuja.

Bakugou, tras perderse en su mutismo, abrió la boca para sacar una bomba.

—¿Qué?—Izuku por poco entra en shock, tuvo que mantener la calma, posiblemente escuchó mal.

—No tienes que casarte—repitió Bakugou, más alto y más claro, con su mirada igual de firme como siempre—. No te cases.

Está bien, eso lo oyó muy bien.

—¡¿Pero qué dices?!—exclamó ante tal ocurrencia. Estuvo a punto de tirar su taza. ¿A quién se le ocurre decirle eso a un novio una noche antes de su boda?

El pirómana se tomó un momento para continuar, aún así su mirada y voz seguían firmes—. Lo que oíste: No te cases con él.

El pobre novio contó hasta cien. Muchos le habían dicho lo mismo en estos meses de planeación, todos lo persuadieron y aconsejaron que no lo hiciera, que era muy pronto y dejaría ir su libertad. ¡Hasta su misma madre le dijo que era una locura!

Sabía que lo sus palabras no eran de mala fe; solo estaban preocupados porque sus decisiones.

Pero él estaba harto, ya era grandecito y podía valerse de sus propios deseos y enfrentarlos.

—Mira—comenzó, buscando el discurso que sabía de memoria—, aprecio la preocupación pero creo que estoy completamente consiente de—

—Te amo, Izuku.

.

.

.

OH.

POR.

LAS.

NALGAS.

DE.

ALL.

MIGHT.

¡¿QUÉ CLASE DE TELENOVELA INDÚ ES ESTÁ?!

—¡¿QUÉ?!—gritó Midoriya, o eso fue lo que se logró entender.

Sus ojos verdes se abrieron como te esferas de navidad, su pulso aumentó se disparó tan rápido como si Kaminari le hubiera noqueado con sus descargas, el aire apenas lograba llevar a sus pulmones, y sus mejillas tenían la misma temperatura que el lado derecho de su prometido.

Ahora sí que le iba a dar algo.

Mientras Izuku lidiaba con su ataque, Ground Zero le dio un sorbo a su bebida. Posiblemente buscando fuerzas para continuar.

Fue ahí que Deku por fin notó el ligero carmín en su cara.

—Tsk, sigues siendo igual de lento…¡Dije que te amo, inútil! ¡Aún te sigo amando!—gruñó, de sus ojos salían explosiones, no habían dudas, ni muchos menos titubeos.

gritó su mente, no soportando a donde se dirigía Bakugou.

—¡Jamás he dejado de hacerlo! ¡Incluso cuando tú y el bastardo formalizaron yo seguía amándote!—su voz subía, no solo de timbre, también de emoción. Percibía la rabia mezclada con el dolor en sus palabras.

Katsuki, por favor, no sigas suplicó sabiendo a donde iba.

— Fui un jodido cobarde, me costó tiempo valioso poder decidirme. Pero…sé que todavía no es tarde.

No me pidas hacerlo.

—Por eso te pido que no te cases con él, no te quedes con él.

No lo hagas.

—¡Regresa conmigo, Izuku!

Silencio.

Silencio fue lo único que vivió en ese departamento por escasos cinco minutos.

Cinco minutos en los que se sintió un ambiente tan tenso que hasta Kirishima podría cortarlo con un dedo.

Cinco minutos en cuales a Izuku le empezaba a doler la cabeza. No estaba preparado para recibir tales confesiones.

Para Bakugou, esos diez minutos le supieron a eternidad.

—¡Di algo, carajo!—sonó desesperado, su silencio era abrumador—. ¡No solo te me quedes viendo, di algo!

¿Qué podía decir Izuku? Su mente se negaba en cooperar y ni que se diga de su boca, en cada palabra u oración que por fin lograba formular, está convertía en polvo al internar transmitirla.

Era como en sus años de secundaria, ese niño enclenque y llorón que no podía contestarle al rubio porque sus ojos lo paralizan. Le hacían tragarse sus palabras, ya que cualquier cosa podría generar una explosión. Justo como ahora.

Salvo que ya no le tenía miedo a esos ojos, ni las palabras se quedaban atoradas por el miedo. Ahora le temía herir a esa persona, temía que de sus increíbles rubíes se creen miradas que igual podrían lastimarlo.

Izuku Midoriya temía lastimar al corazón que amo por mucho tiempo.

Porque eso va a hacer.

—Yo…—dudó, ¿por qué le era doloroso hablar?—Yo… No puedo hacerlo—dijo por fin, y sus miedos se cumplieron, porque en los ojos de Katsuki se pudo ver la decepción—. No puedo hacerle eso a Shouto. Él no merece esto.

—¿Y acaso yo si me lo merezco?—Katsuki no pudo mantener su mirada, puesto que tuvo que esconderla con ira.

El pecho del primer héroe pincho de dolor. —. Katsuki, entiende que—

Trató de explicarse, más el segundo héroe no quiso escuchar:

—No, yo entiendo. No haces falta que me expliques. Después de todo siempre fue Shouto, desde nuestro noviazgo siempre estuvo él.

La mirada esmeralda frunció el seño incrédula—. ¿Disculpa?, ¿a qué te refieres con eso?

—Como si no lo supieras.

—Pues no, no lo sé.

—Pues has memoria, porque yo recuerdo muy bien todo el tiempo que pasabas con el bastardo—mencionó Bakugou, dejando percibir la cizaña entre cada oración.

No tuvo que pensar mucho para saber de lo que estaba hablando.

—¿Estás insinuando que te fui infiel?—sus ojos se abrieron de par en par, incrédulo de lo que había escuchado.

Bakugou sonrió a la vez encogiendo sus hombros. Oh, como Izuku conocía muy bien esa sonrisa. Era esa sonrisa irónica que usaba para burlarse de las personas.

Midoriya siempre ha odiado esa sonrisa culera.

—Por algo terminamos, ¿no?

—¡Terminamos por tu carácter, Katsuki!—elevó la voz, utilizando todas sus fuerzas por tranquilizarse.

El problema es que a Bakugou jamás le ha gustado que le alcen la voz.

—¡Ahora me tiras toda la mierda a mí!—gritó el rubio, importándole nada modular su voz—. ¡Siete años, Deku!, ¡fueron siete años de relación tirados a la basura!

—¡¿Y de quién crees que fue la culpa?!—exclamó. Izuku al darse cuenta de su volumen, respiró profundo. Tenía que tranquilizarse si no quería que el enojo lo segara—. Katsuki, nos la pasábamos discutiendo. No había día que nos tirábamos mierda el uno al otro.

Sus primeros años fueron buenos, tenían discutas como cualquier pareja, y la rivalidad que tanto los caracterizaba desde sus inicios seguía ahí pero de manera leve y mero propósito de querer superarse. Fue a partir del cuarto año que las peleas aumentaron. Y todas tenían el mismo origen: los celos.

—¡¿Cómo no íbamos a discutir si siempre que volvía a la casa estaba el cabrón mitad-mitad allí?! ¡Siempre salías con él, no importa el día o la hora, buscabas una jodida excusa para salir a verlo! ¡Y todavía tienes el descaro de invitarme a la boda!

—¡Éramos amigos! ¡Lo mismo pensé de nosotros ahora!—dijo perdiendo la paciencia, estaban retomando las mismas palabras—Yo jamás te reclamé que salieras tanto con Kirishima—señaló receloso.

—¡La diferencia es que yo no me iba a follar con él!

El One for all recorrió todo su cuerpo, una energía conocida acarició su nuca calentándola. Porque las palabras venenosas de su ex le calaron con fuerza. ¿Qué derecho tenía en reclamarle eso?

Ya de nada le servía contar.

Se levantó de su asiento, haciendo un círculos con sus pasos.

—Oh, por Dios—llevó sus manos a sus sienes—. Todo el mundo me decía que eras una mierda de persona, ¡y yo te defendía!—gritó harto—. ¡Te defendía, cabrón!

—Claro, ahora tú eres la víctima—mofó, poniéndose igual de pie.

—¡SIEMPRE fui la jodida víctima aquí, Katsuki! ¡Desde que éramos unos malditos niños, siempre fui la víctima!—pestañeó varias veces, sus ojos comenzaron aguarse.

Se mordió la mejilla para soportar, no debía llorar.

—¡¿Y eso que tiene que ver con todo esto?!

Midoriya bufó—No puedo creerlo, ¡estás tan metido en ego que no te das cuenta de tu maldito problema! ¡Nunca se ha podido razonar contigo!—sus manos se movían frenéticas, su propia furia las calentaba—. ¡Solo entiendes con gritos!

—¡Así estuviste conmigo, cabrón!

—¡OJALÁ NUNCA LO HUBIERA HECHO!

Gritó, gritó sin pensar, solo utilizó la única arma que podía herir a Bakugou Katsuki . Su plan funcionó, sabía que funcionaría, después de todo, su más grande inseguridad existía desde antes de formalizar.

Que Izuku se arrepintiera de su noviazgo, de sentir amor por él.

Katsuki no pudo responder.

El aire se sentía caliente y pesado, difícil de respirar. Las lágrimas escapaban de sus ojos para enfriar sus mofletes pecosos aún rojos por la ira.

Ninguno continuó.

Los ojos que un día comparó igual de agridulces como una zarzamora, le miraron dolidos antes de dejar el apartamento.

Dejándole a él en un mar de lágrimas.

El timbre volvió a sonar, la pizza por fin llegó.

It's Britney, bitch.

Perdón, ahora sí me presento bien: Soy Shiro.

Y les traigo está cosa amorfa (que no supe catálogarla como TodoDeku o KatsuDeku, así que la deje en ambos), que se me ocurrió mientras estaba valiendo verga.

La cuarentena nos hace escribir cosas raras, banda.

Esta es la primera parte de la historia. La segunda parte no sé exactamente cuando la publicaré pero ustedes esperemos sea antes del fin del mundo.

La boda se avecina y no sabemos que le esperara a nuestra pelusita (que en estos momentos está al borde del colapso). Ni que ocurrirá con TodoTraumas, y nuestro pirómana favorito.

Nos vemos