Capítulo 10

La nave espacial de los ciniclones resultó ser más espaciosa de lo que habría imaginado en un comienzo, y un sitio increíblemente complicado por el cual movilizarse siendo una humana sin demasiada idea de la obviamente más avanzada tecnología alienígena.

Ya había estado allí un par de veces antes, por lo que sabía que las puertas y las ventanas no se abrían exactamente de la manera convencional. Fiel a su estilo minimalista, cada cuarto o pasillo por el que atravesábamos no poseía más que cuatro paredes, un suelo, un techo de color platino y una cantidad muy limitada de muebles u otros objetos indispensables. Aparentemente las puertas no calificaban en la categoría de indispensable, ya que no parecía haber ninguna, aunque no tardé demasiado en darme cuenta de que aquello era solamente una ilusión. Estas existían, solo que no se podían ver a simple vista, sino que estaban ocultas.

Para pasar de una habitación a otra, Kish aparentemente tenía que acercarse hacia una de las cuatro paredes dentro de una habitación y con sus dedos formar un patrón sobre la misma, como si estuviera tocando botones en una secuencia específica en un intercomunicador, y solo entonces la pared se retraía hasta revelar un arco de entrada hacia la siguiente habitación.

Más de una vez intenté prestar la suficiente atención como para darme cuenta de lo que hacía, o al menos como lo hacía para poder recrearlo por mí misma, pero por más veces que presenciara la forma en que Kish lograba hacer aparecer una entrada en donde un segundo atrás solo había habido pared lisa, no pude comprenderlo. La quinta vez que lo hizo fue para mí suficiente:

- No entiendo como creas las entradas – mencioné, palpando la pared más cercana y buscando hendiduras claves, pero sin sentir nada más que la pintura áspera y fría bajo mi mano - ¿Cómo lo haces?

Kish no contestó, sigilosamente se acercó hasta pararse a mi espalda y su mano se cerró sobre la mía, frenando mis movimientos. Con suavidad me hizo arrastrar los dedos hacia otra sección de la pared casi un metro más lejos. A simple vista, la nueva sección no tenía ninguna diferencia con la anterior, pero mis dedos sintieron un ligero cambio, no tanto en la textura, sino en el calor emanando de la pared misma.

- ¿Sientes eso? – preguntó, su voz más cerca de lo que habría esperado.

Miré hacia atrás ligeramente para responder y tuve que doblar el cuello hacia arriba porque mis ojos se encontraron con su clavícula en vez de sus ojos. A veces olvidaba que Kish ya no era un chiquillo pequeño, sino que me llevaba una buena altura, más estando tan cerca.

- Mhm – respondí, volviendo a mirar la pared frente a mí - ¿Qué es eso?

- Es nuestra versión de un panel de control – respondió él, haciendo mover mi dedo índice en un patrón específico – para un ciniclón es sencillo encontrarlo, pero para un humano es casi imposible.

Una vez terminado el patrón, una entrada diferente por la que nos habíamos adentrado se abrió a nuestro lado. Solo entonces Kish soltó mi mano, aunque me pareció que sus dedos rozaron los míos por un segundo más del necesario, y luego se alejó caminando hacia la nueva entrada. Yo lo seguí en caso de que se cerrara detrás de él y me dejara atrás.

- Entonces en teoría, yo podría quedarme encerrada aquí dentro y no tendría forma de salir – adiviné, no gustándome para nada la posibilidad.

- ¿Por qué te quedarías encerrada?

- Es un caso hipotético.

Kish frenó frente a una nueva pared y volvió a dibujar el mismo patrón, o puede que fuera uno completamente diferente, no estaba del todo segura.

- Bueno…hipotéticamente podrías gritar mi nombre pidiéndome ayuda – contestó con una sonrisa burlona y un guiño – vendría a tu rescate enseguida.

Eso te gustaría, ¿no? Pensé, pero no expresé mi sarcasmo en voz alta.

- No soy una damisela en peligro, Kish.

- Nunca creí que lo fueras – su respuesta fue natural y sencilla, no como una broma en absoluto, sino como un hecho.

Dejé pasar el tema, porque estaba difícil responder sarcásticamente a un comentario suyo cuyo objetivo final no era burlarse de mí. Al parecer aún no estaba del todo acostumbrada a poder mantener una conversación con Kish sin esperar recibir comentarios lascivos o burlones de su parte. Aún me dejaba un poco anonadada oírle decir algo respetuoso acerca de mí.

Kish terminó de dibujar el patrón y tras una milésima de segundo de espera, la pared se retrajo desde el suelo al techo, desvelando una nueva entrada a lo que pude ver era por fin la sala de entrenamiento.

La habitación era más amplia de lo que las anteriores habían sido e igualmente iluminada por fuentes de luz que no logré encontrar por ningún sitio, pero estaba más amueblada hacia el fondo de la misma, específicamente por máquinas de ejercicio de diferentes tipos. Algunas reconocí medianamente como cintas de correr, elípticas o bancos con pesas, pero otras no fui lo suficientemente imaginativa como para darme cuenta cual era su propósito específico, o como se encendían.

Me di una vuelta alrededor de la sala probando los equipos y bajándome enseguida cuando alguna luz o sonido extraño comenzaba a sonar. Parecía que tenían alguna especie de código especial para poder usarse sin activar la alarma, o quizás simplemente no estaba acostumbrada a la manera en que la tecnología alienigena funcionaba.

- No sé cómo se usan ninguna de estas cosas – informé a Kish.

- Está bien, no vamos a usarlas hoy.

Escuché a mi espalda el mismo sonido de una pared siendo retraída, y miré hacia atrás rápidamente en caso de que Kish hubiera decidido dejarme allí sola a pesar de sus anteriores palabras. Una nueva entrada se había abierto, pero esta vez no se dirigía hacia una nueva habitación, sino a un enorme armario lleno de armas que iba del suelo al techo.

No disimulé demasiado la expresión de sorpresa que probablemente tenía pintada por toda mi cara. Jamás había visto tantas armas en un mismo lugar.

Que me emocione por esto y no por maquillaje o ropa como una adolescente normal, debe de decir mucho de mí, pensé, y la verdad es que dos semanas atrás el pensamiento me habría molestado más de lo que ahora lo hacía. Tener una amenaza sobre mi cabeza sí que podía cambiar mucho a una chica.

- Esto es lo que vamos a usar – dijo Kish, riéndose un poco ante mi reacción - ¿interesada?

Diablos, si.

En vez de contestar, simplemente me adentré en el armario, totalmente ensimismada con la cantidad de poder que había allí dentro, poder capaz de ayudarme a enfrentarme a Saya en un punto más equilibrado.

Esta vez no me va a tomar desprevenida…

Sabía que las probabilidades de encontrar un arma de manufacturación humana que fuera igualmente poderosa a mi antigua campana eran virtualmente imposibles, pero un arma alienígena podía ofrecerme una cierta ventaja. Después de todo, si alguien tenía experiencia en recibir ataques de armas de ciniclones, esa era yo, y sabía de primera mano lo poderosas (y dolorosas) que podían resultar.

El interior de la armería era incluso más sorprendente y espaciosa que vista desde afuera, con una gran cantidad de armas de distintos tipos separadas en categorías. A mi izquierda, cubriendo casi toda una sección de la pared encontré armas de fuego muy similares a las que uno encontraría en la Tierra, pero con ciertas diferencias a nivel de diseño, y probablemente en la funcionalidad. Me alejé de esas, porque mi estilo no era disparar balas desde lejos donde civiles inocentes o mi propio equipo pudieran resultar heridos por accidente. No, mi estilo era luchar de cerca, cuerpo a cuerpo, y con toda mi fuerza.

Algo quizás como esto, me dije en cuanto encontré una gran espada curva que brillaba de una manera en la que no había visto ningún material en la Tierra hacerlo. La tomé en mis manos, y fue tan pesada que casi se me cae al suelo.

- Interesante – dijo Kish detrás mío.

- ¿Qué cosa?

- No imaginé que escogerías una espada.

Intenté mejorar mi agarre sobre el mango, pero la maldita cosa resultaba demasiado pesada incluso con las dos manos. Fruncí el ceño y seguí tratando.

- ¿Qué puedo decir? Soy una caja de sorpresas.

- No lo dudo – contestó él, y a pesar de que no le estaba mirando escuché la sonrisa en su tono de voz – pero supuse que querrías empezar con algún elemento con el que estuvieras más familiarizada.

Resoplé ante su comentario, y me concentré en realizar un esfuerzo descomunal por levantar la espada por encima de mi cabeza, y probarle a Kish, y a mí misma, de que podía hacerlo. Aquello se había vuelto personal.

- ¿Qué tan difícil puede ser aprender a usar una espada? – pregunté con frustración.

Al final mi esfuerzo dio frutos porque en un movimiento rápido logré levantar la hoja y apuntar la misma hacia el techo, sosteniendo el mango fuertemente entre mis manos por encima de mi cabeza. Sonreí de forma triunfal a Kish por un instante antes de que todo el peso de aquella espada me hiciera perder el equilibrio e inclinara hacia atrás.

Kish fue rápido en actuar, en un instante materializándose a mi espalda para evitar que me cayera sobre otros objetos puntiagudos y terminara llena de agujeros. Sus manos me sostuvieron hasta que fui capaz de recobrar el equilibrio, y solo entonces pude bajar los brazos agotados por el esfuerzo. La espada se me deslizó de las manos hasta caer al suelo haciendo un gran estruendo.

- Bastante difícil cuando te hace falta entrenamiento – contestó él a mi anterior pregunta, y a pesar de lo desastrosa que podría haber terminado toda la situación, Kish sonrió como si todo aquello fuera divertido – aunque no te falta entusiasmo, gatita.

Más allá del sobrenombre tonto que tenía para mí (y probablemente nunca lograría que eliminase) un punto a favor de Kish era que no parecía haber situación en el mundo que él no pudiera aligerar. De haber estado con Shirogane en ese momento, sabía que me habría gritado por actuar de forma irresponsable y ponerme a mí misma en peligro, pero Kish prefería tomarse las situaciones con ligereza y humor. Era algo refrescante, siendo sincera, especialmente luego del gran altercado que había tenido con mi equipo la noche anterior.

No pienses en eso ahora…

- A pesar de lo entretenido que sería verte entrenar con esto – señaló Kish, agachándose para tomar la espada con una sola mano y con facilidad, como si no pesara nada - quizás podamos empezar con algo más pequeño primero.

- ¿Algo como qué? – pregunté dubitativa.

Necesitaba un arma poderosa para enfrentarme a Saya, y preferentemente que creara miedo, o al menos incertidumbre en ella. "Algo más pequeño" no me sonaba del todo convincente en mi propósito. Aunque, pensándolo bien, mi campana rosada tampoco había sido un objeto visualmente intimidante, y sin embargo su poder había sido impresionante.

Kish guardó con cuidado la espada en su lugar y me dio la espalda. Sin decirme nada se introdujo más profundamente en el armario y desapareció por una esquina. Escuché unos sonidos de metal contra metal durante unos segundos, y luego silencio. Un instante después Kish volvió a aparecerse, esta vez con una caja entre sus manos.

- Creo que estas serán un poco más útiles, y definitivamente serás capaz de levantarlas.

Tomé la caja que ofrecía, y abrí la tapa. En su interior, encontré un par de dagas cruzadas una sobre la otra, no más largas de lo que sería mi antebrazo y de color plata. Ambas tenían una piedra amarilla sobre su centro, y al contrario que muchas de las armas allí dentro que parecían nuevas y brillantes, estas parecían un tanto desgastadas, como si tuvieran un par de años, y hubieran visto más de una pelea.

Me resultan un poco familiares...

Tomé una de las dagas y probé su peso, encontrando fácil moverla y haciendo brillar la hoja afilada contra la luz. No era una espada intimidante, pero no estaba mal. Al ser un arma más pequeña podía pasar desapercibida, lo cual no era algo malo para utilizar como factor sorpresa.

- No está mal – dije, volviendo a guardarla dentro de la caja – pero nunca utilicé nada parecido, y mucho menos dos armas a la vez.

- Empezaremos con una sola, y si te resulta cómodo podemos agregar la segunda más adelante – contestó él, tomando la caja de vuelta entre sus manos – y te conozco, Ichigo, sé que aprendes rápido.

Kish no me guiñó el ojo, ni dejó caer una de sus sonrisas pícaras, ni me dio a entender de ninguna manera que me estaba tomando el pelo como le había visto hacer en el correr de los años. Todo lo contrario, su tono había sido confiado, un poco obvio incluso, como si estuviera repitiendo una pieza de información que no era nueva para ninguno de los dos, y lo cierto es que me dejó callada. Me sorprendía como a veces Kish podía darme ese pequeño subidón de confianza en mi misma que necesitaba, y él ni siquiera parecía darse cuenta de ello.

¿Lo hace a propósito?, me pregunté, no con poca sensación de paranoia, ¿es alguna estrategia estúpida para ganar mi confianza?

Sin embargo, cuanto más pensaba en la posibilidad de estar siendo engañada por Kish (lo cual años atrás no me habría parecido para nada descabellado) no me parecía que este fuera el caso. Kish no tenía razón alguna para necesitar que yo depositara mi confianza en él, no recibía virtualmente ningún beneficio por nuestra alianza, y ni siquiera había algo poderoso en mis manos de lo que él pudiera querer adueñarse si yo bajaba la guardia (como el Mew Aqua, o el futuro de la humanidad). Pensándolo lógicamente, la beneficiada en aquella alianza era yo, ya que sin su ayuda no tendría acceso a Pai, o a su armamento alienígena, o incluso a la información sobre Saya.

De los dos, era yo quien necesitaba que él siguiera confiando en mí… pero entonces, ¿de dónde salía mi duda? ¿Por qué un pequeño comentario tan…positivo sobre mí me dejaba callada?

Quizás los malos hábitos no se esfuman tan fácilmente, me dije. Después de todo, sabía cómo lidiar con un Kish soberbio, y con uno seductor, incluso con uno ligeramente enloquecido. No tenía ni idea ni idea como lidiar con una faceta de él respetuosa, amable…humana. Estaba fuera de mi experiencia, y sin embargo, no me parecía un mal giro de los acontecimientos. Extraño, sí, por completo, pero no malo.

Luego de la pelea que había tenido con Mint y Shirogane sobre mis lealtades, era extrañamente…reconfortante saber que alguien confiaba en mis habilidades. Incluso si esa persona era Kish.

Agradecí que él eligiera ese momento para darme la espalda y salir de la armería con la caja entre sus manos, probablemente esperando que yo lo siguiera atrás, pero me tomé un minuto, porque por alguna razón sentía las mejillas un poco más calientes de lo habitual.

Un pequeño comentario amable, y ya me pongo tonta...

- Ichigo, ¿Qué esperas? ¿Vienes? – me llamó Kish desde la sala de entrenamiento.

Respiré hondo una vez, y decidí que no era momento para distraerme con pensamientos que no me llevarían a ningún lado de todas formas. Cuadré los hombros y salí del armario en dirección al centro de la sala, donde Kish no esperó ni un segundo antes de arrojar una de las dagas en mi dirección.

Mis reflejos fueron lo suficientemente rápidos como para que me corriera del camino antes de que la maldita cosa me atravesara por el medio, pero apenas.

- ¡Ey! ¿Qué diablos haces?

- Entrenándote – contestó simplemente, tomando la daga extra dentro de la caja y sonriendo de una manera que de repente me transportó a unos años atrás – espero que estés lista porque no iré fácil contigo.

Apenas tuve un instante para procesar sus palabras antes de que Kish se abalanzara sobre mí, y descubrí entonces que un entrenamiento ciniclon, es extremadamente diferente a uno Mew.


Una mera hora más tarde me encontré a mi misma sosteniéndome de la pared (e intentando que no pareciera que lo necesitaba, pero ¿a quién engañaba?) jadeando por el esfuerzo y con una capa de sudor recorriéndome debajo de la ropa.

De haber estado con mi equipo, me habría quitado la camiseta, pero considerando quien era mi nuevo entrenador ni se me pasó por la cabeza. Kish se estaba portando bien últimamente, no había necesidad de incentivar lo contrario.

- ¿Has tenido suficiente?

Miré a Kish desde el otro lado de la habitación, esperando ver a alguien tan agotado como yo, pero el muy maldito no llevaba encima ninguna muestra de haber estado en el mismo entrenamiento brutal al que yo me había visto sometida. No estaba sudando, su ropa no estaba desaliñada, y ni siquiera un mísero pelo sobre su cabeza estaba fuera de lugar, todavía sujeto completamente sobre la coleta a la altura de la nuca. Comparado conmigo, Kish parecía alguien que se había pasado la tarde descansando, mientras que a mí parecía que me habían aniquilado.

Lo cual no se alejaba mucho de la verdad, pero no estaba a punto de confesar nada parecido.

- Por favor – resoplé, haciendo un esfuerzo sobrehumano por alejarme de la pared y pararme sobre mis dos pies – podría seguir durante horas.

Kish rió de una forma en la que me hizo saber que no me creía, ¿y porque habría de hacerlo? Estaba claro que me había destrozado en mi propio juego.

Parecía que en aquel par de años, no solo había perdido bastante de mi habilidad en batalla, sino que Kish había mejorado considerablemente en la suya, a pesar de que supuestamente estaba retirado del ejército en su planeta. Recordaba algunas de nuestras previas peleas cuando solíamos ser enemigos, y si bien siempre me había costado mantenerme a su altura en lo que a habilidad refería, no se comparaba en absoluto con la sensación de extrema frustración que tenía encima.

¡Apenas había conseguido tocarlo!

Fiel a su palabra, Kish no había ido fácil conmigo, como no había esperado que lo hiciera tampoco, pero lo que sí había esperado es que mis reflejos (usualmente lo suficientemente poderosos como para sacarme de más de un enredo) me sirvieran para algo más que una retirada detrás de otra. Lograr acercarme lo suficiente a Kish como para igualar el terreno se me hizo tremendamente difícil, especialmente sin mi campana para aumentar mi poder. Por como venía la mano, me quedaban años luz para enfrentarme a Saya en un punto más equilibrado si apenas podía con Kish.

- ¿Horas? ¿Segura que puedes resistir tanto tiempo, gatita?

Se está burlando de mí, comprendí, como si fuera a permitírselo.

- Hablas demasiado – le dije, tomando mi daga del suelo y acercándome hacia el centro de la habitación – vamos otra vez.

- Diablos, eres testaruda – comentó él, pero aún así se acercó y con una sonrisa en su rostro, disfrutando por completo la situación – veamos hasta donde puedes llegar.

Mi cuerpo estaba agotado, dudaba que mis brazos pudieran elevare un poco más arriba de la altura de mi pecho, y mis rodillas estaban pidiendo a gritos doblarse, pero aún así no pensaba detenerme. No estaba segura cuando me había vuelto tan competitiva, pero asumía que tenía algo que ver con Kish. De alguna manera él siempre parecía sacar a relucir lados de mí que no había sabido que existían, y no necesariamente malos. Ahora mismo me servía más ser competitiva.

Ambos nos preparamos, dagas en mano, mirada fija en el otro, y yo llevé el peso de mi cuerpo hacia atrás, preparada para dar un salto en la mínima oportunidad en la que él…

- Aquí están – anunció una voz desde una esquina de la sala – los he estado buscando desde hace un rato.

Kish y yo parecimos despertar de alguna especie de ensueño entonces, como si un balde de agua fría hubiera sido arrojado sobre nuestras cabezas. Ambos relajamos la posición de batalla, y nos dimos vuelta para mirar a Pai, quien estaba flotando suavemente junto a la entrada de la sala de entrenamiento.

Solo entonces recordé que mi verdadero propósito en la nave de los ciniclones no era competir por la supremacía con Kish, sino enterarme de que diablos nos pasaba.

- ¿Has encontrado algo? – pregunté a Pai, dirigiendo mi atención completamente hacia él.

Por favor, dime que sí…

- A decir verdad, sí, lo he hecho – respondió Pai con orgullo – no fue sencillo, ya que no me había encontrado con algo así antes pero la persistencia es una…

- Sí, sí, genial, felicitaciones, ¿puedes comentarnos de que se trata? Y más importante aún, ¿puedes arreglarlo?

Pai no pareció del todo contento de ser interrumpido en lo que probablemente habría sido una explicación exhaustiva sobre el gran trabajo que había hecho al descubrir el problema que fuera que Kish y yo compartíamos, pero yo no tenía tiempo que perder.

- Si me hacen el favor de seguirme a mi laboratorio les explicaré todo – contestó él, un tanto reacio y nos dio la espalda enseguida, pero al menos comenzó a caminar.

- Vamos – apuré a Kish.

Apurada, guardé mi daga en el espacio disponible dentro de la cinturilla de mi falda, y comencé a caminar rápidamente para no perder de vista a Pai, o ser atrapada accidentalmente en una sala extraña sin poder recrear el código sobre la pared. Tanto Kish y yo le seguimos a Pai hasta su laboratorio, donde sorpresivamente también se encontraba Tart flotando en el aire con las piernas cruzadas, y con expresión muy aburrida en su rostro. Cuando nos vio sonrió ampliamente y bajó hasta nuestra altura.

- Tart, ¿Qué haces aquí? – pregunté.

- Ayudo con la investigación – contestó él de manera un tanto soberbia, como un niño feliz de sentirse necesario.

- ¿En serio? – pregunté, y reformulé la pregunta al ver como juntaba las cejas en frustración – quiero decir…no tenía idea que se te diera bien la ciencia, o los problemas médicos extraños.

- A decir verdad, ha sido una gran ayuda, debo admitirlo – contestó Pai por él – había estado un tanto…trancado, cuando Tart ofreció una alternativa que no había tenido en cuenta hasta el momento.

Sin explicar más sobre su nuevo descubrimiento gracias al más joven de los alienígenas, Pai nos hizo una seña a Kish y a mí para que nos sentarnos en un par de sillas altas junto a su escritorio, mientras Tart continuaba flotando en el aire con las piernas cruzadas. Inmediatamente me sentí como en el consultorio de un medico (uno que no tenía demasiado trato con las personas). Intenté ignorar el sentimiento porque, ¿a quién le agrada ir al médico?, pero antes de que me diera cuenta había tomado un tubo de ensayo limpio y estaba haciéndolo pasar entre mis dedos para distraerme con algo.

Tranquilízate, me dije, ponerte nerviosa no servirá de nada…

Pai se posicionó en el extremo contrario de su escritorio, apoyando los codos sobre la superficie plateada y cruzando las manos antes de mirarnos fijamente tanto a Kish como a mí. Me removí en mi asiento incómodamente y seguí jugando con mi tubo de ensayo.

- Como expresé previamente – comenzó a decir Pai - los resultados de su anterior examen resultaron inconclusos, y no lograba encontrar una razón válida para que ambas muestras de ADN fueran tan similares.

- ¿Y obviamente era un error, no es así? – pregunté.

- Como expresé previamente – comenzó nuevamente Pai, y su tono de voz me dio a entender que no estaba de humor para mis interrupciones - yo no cometo errores.

Pai se agachó ligeramente para abrir un cajón a su izquierda y empezar a remover en su interior. Me mordí la lengua, esperando a que continuara, pero parecía que su búsqueda era un poco más importante en su lista de prioridades. Al final no me pude resistir:

- ¿Y qué significa eso entonces?

- Significa que nuevamente el resultado volvió a ser el mismo – contestó Pai, aún con la cabeza metida casi debajo del escritorio - ambas muestras son iguales.

Resoplé con frustración. Quizás Pai no era el ser absolutamente genio que había pensado que sería. Miré a Kish por apoyo, pero él simplemente encogió los hombros en señal de que entendía la situación incluso menos de lo que yo lo hacía. Perfecto.

- Bueno, obviamente hay una primera vez para cometer errores porque no es posible que…

- Al principio consideré la posibilidad, Mew Ichigo – Pai me cortó - pero luego de un comentario accidental de Tart...

- Pero completamente inteligente – aportó Tart a la conversación.

- Me puse a investigar en fuentes antiguas – concluyó Pai - fuentes realmente antiguas que no había considerado porque hasta el momento, francamente las había creído solamente leyendas. Luego de mi exhaustiva búsqueda, sin embargo, me temo que la situación es más complicada de lo que creí en un principio.

Por fin el alienígena frente a mí sacó la cabeza de debajo del escritorio, y consigo en su mano derecha llevaba un libro de aspecto pesado y muy viejo. Lo depositó sobre la mesa frente a nosotros con el suficiente estruendo como para hacer que yo saltara en mi asiento por la sorpresa.

Me incliné para ver lo que decía la tapa, pero como debía habérmelo imaginado, el abecedario alienígena no se parecía exactamente al español. O a nada que yo hubiera visto antes. Abrí la boca para preguntar que diablos era ese libro, y por qué era importante para su "exhaustiva búsqueda", pero Pai habló primero:

- S´darak.

La palabra no tenía ningún sentido para mí, ni en mi idioma o cualquier otro, pero por la mirada penetrante que Pai le dedicaba a Kish, me quedó bastante claro de que su significado no era para mi entendimiento.

Miré giré sobre la silla para mirar a Kish, y cualquier pregunta que iba a hacer murió en mi garganta al ver su rostro más pálido aún que de costumbre, y con una expresión muy extraña en sus ojos dorados, que no supe como identificar. Me miró con sorpresa durante un instante antes de volver a enfocarse en Pai, esta vez con un poco de enojo.

- No es cierto – susurró Kish.

- Lamento decir que sí, hay posibilidades de que pueda ser cierto – respondió Pai de manera solemne.

Miré entre los dos, sin comprender de lo que hablaban, pero empezando a impacientarme porque fuera lo que fuera de lo que estaban hablando parecía ser importante.

- De que hablan, ¿qué es…eso?

- No puedes estar hablando en serio, Pai – dijo Kish, ignorándome por completo - eso es…no es más que… ¡es un cuento!

- ¡Un cuento que perfectamente podría ser real! – contraatacó Tart.

- ¿Qué está pasando? – volví a repetir, esta vez un poco más fuerte, pero ninguno de los tres dio señales de haberme escuchado.

- ¿Y ahora tomas consejos de niños? – preguntó Kish a Pai, mientras señalaba a Tart – pensé que habíamos venido aquí por verdadera ayuda, pero si vas a tomarte el asunto como una broma...

- Te aseguro que esto no es ninguna broma para mí – le cortó Pai, un tanto ofendido – Si tienes alguna otra teoría me encantaría escucharla, porque de lo contrario me he quedado sin ideas.

- Es la única opción que tiene sentido, Kish – aportó Tart.

- ¡Ambos están locos! Es imposible que…

Harta de ser ignorada, me puse de pie de un salto y a propósito arrastré la silla fuertemente por el piso, haciendo que rechinara con el suficiente volumen como para que los tres alienigenas se callaran y me miraran con sorpresa. Creo que se habían llegado a olvidar que yo estaba allí con ellos.

- ¡Ya basta! – dije firmemente - alguien me tiene que explicar de qué diablos hablan, o voy a enloquecer.

Logré mi propósito al hacerlos callar, pero una vez que el silencio se asentó entre el grupo extraño que conformábamos allí dentro, ninguno pareció demasiado inclinado a seguir hablando. Fuera lo que fuera que Pai había encontrado era malo, al menos lo suficientemente malo como para poner nervioso a Kish.

Puse las manos en mis caderas como había visto hacer a mi madre en repetidas ocasiones y golpeteé el pie contra el suelo en señal de impaciencia. Pai me miró con frustración y Kish evitó mirarme los ojos, prefiriendo copiar mi anterior comportamiento poniéndose a jugar con un tubo de ensayo. Al final fue Tart el que abrió la boca y se dignó a explicarme algo:

- S´darak significa "conexión" en nuestro idioma. Es… algo así como…un estado que pueden alcanzar dos personas mediante una fuerte conexión de sintonía entre sus almas.

Creo que pestañeé como una idiota por un minuto entero y miré tanto a Pai como a Kish, esperando que alguno de los dos se riera estrepitosamente o me diera a entender de alguna manera que aquella no era más que una broma de mal gusto.

Esperé, y esperé, mientras dos de los alienígenas me miraban muy serios, y el tercero seguía jugando estúpidamente con un tubo de ensayo. Y solo entonces caí en la cuenta de que Tart hablaba en serio.

- ¿Qué? – pregunté simplemente.

Tart fue a hablar, seguramente para repetir nuevamente el mensaje sin sentido que acababa de darme, seguramente de una forma más lenta para que mi tonto cerebro humano pudiera comprenderlo, pero Pai le cortó poniendo una mano sobre su hombro.

- Es una leyenda bastante popular entre nuestra especie – explicó Pai abriendo el libro frente a él y buscando entre sus páginas - no existen casos reales documentados de personas que lo hayan experimentado, y mucho menos que lo hayan sobrepasado, o como lo hicieron…

- Si no hay casos documentados, ¿Cómo sabes que eso es lo que nos ocurre? – pregunté.

Pai no contestó, solo continuó buscando entre las páginas del libro, sin levantar la vista ni dignarse a contestarme. Yo me di vuelta hacia Kish, pero el otro alienígena se había levantado de su asiento y estaba actualmente flotando a través de la habitación, sumido en lo que parecía un muy profundo tren de pensamientos.

Yo me le acerqué y tironeé de su brazo con un poco más de fuerza de la que pretendía hasta que por fin Kish me miró, pero su mirada ligeramente asustada no me hizo sentir mejor. No sabía que podía asustar a Kish así, pero definitivamente no era bueno.

- ¿Por qué Pai cree que tenemos un Daar… o como se llame? – repetí, esta vez a Kish.

Kish miró sobre mi hombro hacia Pai, pero este aún seguía con la nariz dentro del libro, y muy probablemente no nos estaba escuchando. Tart estaba a su lado susurrando algo que no llegué a escuchar, y siendo sincera, no estaba segura de querer escucharle tampoco. De alguna forma no me parecía muy confiable su visión.

Moví la cabeza hasta quedar nuevamente en la línea de visión de Kish, y lo forcé a que me mirara. Él suspiró y por fin contestó:

- Porque los síntomas que tenemos son similares a los que…

- A los que ¿que…? – pregunté, al ver que no seguía hablando.

Él suspiró otra vez y se pasó una mano por el pelo.

- A los cuentos que escuchábamos de niños – terminó de decir Kish – S´darak es básicamente un cuento de cuna sobre almas gemelas.

¿Almas gemelas? ¿Kish y yo?

Pff, se me podían ocurrir miles de personas más propensas a convertirse en mi alma gemela antes que Kish, eso considerando que toda esta tontería fuera real, por supuesto. Podía aceptar la existencia de especies alienígenas, y de chicas adolescentes con superpoderes, podía incluso aceptar que seguramente existían otras entidades sobrenaturales en el mundo de las que yo no tenía ni idea, y probablemente nunca llegaría a conocer o comprender. Pero la sola idea de que mi alma de alguna forma pudiera estar "conectada" a la de Kish me parecía completamente descabellada, y francamente también bastante estúpida. No sabía como se sentiría tener un alma gemela, pero de alguna forma dudaba que fuera esto.

¡Apenas si podíamos tolerar la presencia del otro la mitad del tiempo! La otra mitad estábamos demasiados ocupados gritándonos y echándonos la culpa mutuamente como para poder siquiera llegar a un acuerdo, mucho menos a un entendimiento tan profundo como lo sería con un alma gemela.

Rídiculo, pensé.

No sabía por qué Pai se estaba enfocando en una leyenda cuando nos había prometido encontrar una solución real, científica y lógica para nuestro problema, pero no me hacía gracia el desvío de la conversación.

- Está bien… - contesté con suavidad, porque si no me controlaba iba a ponerme a gritar de un momento a otro - pero no entiendo como un cuento de cuna de una especie alienígena con la que no comparto absolutamente nada pueda tener algo que ver conmigo repentinamente.

- Eso es porque no tendría que tener nada que ver contigo – explicó Pai, acercándose hasta nosotros con el libro aún en sus manos - pero de alguna forma estas involucrada, Mew Ichigo. Que hayas alcanzado una conexión con Kish lo demuestra.

- ¿Qué conexión? No entiendo de que hablas.

- ¡Puedes ver sus recuerdos! – dijo Tart emocionado, apareciendo desde detrás de Pai - Y Kish puede saber en donde estas, ¿no es así? A mí me suena a una conexión…al menos según lo que cuentan las historias.

Las historias… ¿Qué tipo de historias podían incluir situaciones como esta?

Una conexión entre almas gemelas, al parecer…

¡Ya basta! Esto no podía ser real. Habíamos acudido a Pai por ayuda, y ¿luego de dos míseros análisis de sangre había llegado a la conclusión de que Kish y yo habíamos forjado alguna especie de conexión metafísica sin saberlo? ¿Por qué de repente le dábamos importancia a una leyenda tonta?

Nada de todo lo que venía escuchando en los últimos 15 minutos estaba teniendo ningún sentido para mí, y empecé a preguntarme si no habría sido mejor ir a mi equipo por ayuda. Incluso Shirogane debía tener algo más útil que "cuentos de cuna alienígenas" como respuesta.

Lo que nos sucede tampoco es tan lógico y sencillo de comprender que digamos, me dije.

Me di vuelta hacia Pai, esperando que pudiera explicarme un poco mejor su justificación como para darnos una respuesta tan ridícula, pero el alienígena no parecía del todo inclinado a hablarme, sino que seguía buscando como loco algo dentro de las páginas en el libro, pero no parecía demasiado cerca de encontrar fuera lo que fuera que buscaba. Puse una mano sobre la página que llevaba abierta para atraer su atención.

- Esto no es algo sencillo de aceptar para mí tampoco, Mew Ichigo – dijo Pai – jamás le había dado ni siquiera un segundo pensamiento a las viejas historias, pero he descartado todo lo demás…

- Entonces busca algo nuevo que investigar – le respondió Kish de forma cortante, y a pesar de que no lo vi, estuve bastante segura de que estaba echando humo por las orejas.

- Además – continuó Pai, sin inmutarse ante el tono de Kish - si el S´darak puede llevar al menos un mínimo de porcentaje de veracidad, entonces vale la pena investigarlo. Jamás ha sido estudiado antes, y las posibilidades son infinitas.

Sorpresivamente, la mirada de Pai se volvió esperanzadora mientras miraba hacia el horizonte, como si pudiera ver a lo lejos el premio que le darían por su novedosa investigación. Me dieron ganas de golpearle, porque no podía creer que se tomara en serio un cuento de niños. Me hacía enojar porque si él lo tomaba en serio…

Significaba que yo también tendría que hacerlo, y la posibilidad me asustaba.

- Aún no comprendo del todo porque sus muestras de ADN son altamente similares – Pai siguió hablando luego de salir de su trance - pero creo que tiene algo que ver con la conexión que ambos formaron. Lo que no puedo comprender es cómo llegaron a que eso pasara.

- No lo puedes comprender porque tu estúpida teoría no tiene sentido, Pai – atacó Kish, y por su tono de voz, me pareció que él estaba incluso más nervioso que yo – S´darak no es real.

Pai le dedicó una mirada asesina a Kish antes de prácticamente arrojarle el libro de una manera bastante ruda.

- Yo no me equivoco.

Kish refunfuñó por lo bajo pero atajó el libro y se dio la vuelta para leerlo rápidamente por lo bajo. Yo ni intenté acercarme porque sabía que no lograría entender una sola palabra de aquel idioma. Pero aún así necesitaba respuestas, por lo que me contenté con explotar mi fuente de información más cercana y que podía hablar mi lengua.

- ¿Por qué estamos prestando atención a lo que dice un cuento de niños? – pregunté, dirigiéndome a Pai.

- Porque a diferencia de lo que Kish cree, esta es la única opción que tiene sentido para mí de acuerdo a las circunstancias. Además, muchas de las viejas historias de nuestra especie se basan en verdades…

- Medias verdades y exageraciones – aportó Kish desde el otro lado de la habitación.

- La información no es infalible, por supuesto – acordó Pai – pero solo por el hecho de que no existan casos documentados, no quiere decir que sean una mentira. Solo que aún no se han probado.

¿Puede ser verdad? ¿Lo que nos esta pasando puede tener que ver con alguna conexión que formamos accidentalmente?

Diablos, ya no estaba segura que era real y que no. Era cierto que podía ver recuerdos de la vida de Kish en mis sueños, ¿pero cuanto de eso podía estar segura que era real o simplemente un invento de mi subconciente? ¿Porque estaba buscando soluciones "lógicas" cuando lo que me sucedía no tenía lógica en absoluto? De verdad no quería creer en la teoría de Pai, ¿pero que más opción existía si no era esto?

Estaba empezando a sentir como todo el aire en la habitación de repente se evaporaba.

- En el hipotético caso de que pueda creerte mínimamente… ¿Cómo nos deshacemos de esto?

- Ahí es cuando la situación se vuelve un tanto complicada – respondió Pai – de acuerdo con las viejas historias, S´darak no es una enfermedad con un remedio correspondiente que se pueda utilizar como cura.

Por supuesto que no…

Nada era tan sencillo en mi vida. Quizás fuera el cansancio extremo, pero empecé a sentirme un tanto mareada.

- Pero según las historias S´darak no dura para siempre – se apresuró a decir Tart.

- Eso es cierto – acordó Pai - tiene su proceso, el cual debe atravesarse de principio a fin, y una vez culminado, desaparecerá por sí solo.

Respiré hondo, y me dejé caer sobre la silla. Dentro de todas las malas noticias que había recibido en las últimas semanas, aquella no era la peor.

- Bueno eso es un alivio… - comencé a decir.

- La mala noticia, sin embargo – me atajó Pai - es que este proceso puede tener una duración diferente para cada…pareja, por lo que no hay forma verdadera de saber cuándo se culminara su proceso.

- ¿Y cuanto puede durar exactamente?

- Bueno, es difícil calcularlo, podría ser en unos meses o años…

- ¿Años? ¡¿Años?! – grité, poniendo ambas manos sobre la mesa con tanta fuerza que tiré un frasco al suelo, y este se rompió en mil pedazos.

Pai se agachó a recoger los trozos de vidrio muy tranquilamente, como si no acabara de darme el top 3 de las peores noticias que alguien podía decirme ese día. O en el año.

- ¡Pero se irá por si solo! – dijo Tart, creo que en un intento por ayudarme a respirar mejor – aumentará un poco más de intensidad primero, pero después…

- ¿Qué quiere decir que aumentará más la intensidad? – pregunté, ya muy lejos de calmarme con respecto a este tema como para hablar amablemente.

- Bueno… podría…significar muchas cosas… - balbuceó Tart.

- Lo más probable signifique que su conexión se hará más intensa, quizás aumentando los síntomas que ambos ya tienen – contestó Pai, volviendo a levantar la cabeza de debajo de su escritorio – repito: las posibilidades son infinitas.

No se en que momento me había puesto de pie y sujetado a Tart de la camiseta, pero de repente me di cuenta de lo que hacía y lo solté de golpe. Sin energías me volví a dejar caer sobre la silla, y agradecí el respaldo porque de lo contrario me habría caído hacia atrás, y no habría tenido la voluntad de detener mi caída.

¿Qué diablos iba a hacer durante años sin poder dormir una noche tranquila? ¿Cómo podría seguir mi vida normal si mis estúpidos sueños sobre la vida de Kish se multiplicaban? ¿Qué clase de vida normal podría hacer sabiendo que Kish siempre podría saber donde me encontraba?

No podía evitar pensar que todo esto era demasiado conveniente, al menos con el Kish que yo conocía. El Kish que había realizado truco tras truco para intentar engatusarme, secuestrarme y engañarme con tal de "hacerme suya" fuera de la manera que fuera. Algo en mí siempre tuvo claro que él no siempre había estado dispuesto a jugar por las buenas, ¿era esta un nuevo truco intrincado y recién ahora me estaba dando cuenta?

No, me ha prometido que no se trataba sobre eso esta vez... que simplemente quería salvarme...

Miré a Kish, al otro lado de la habitación, pero él ya no estaba leyendo el libro, o al menos fingía muy mal hacerlo. Tenía la mirada perdida, muy seria y un tanto conmocionada, y tampoco parecía estar pestañeando. Al parecer a él le chocaba la información tanto como a mí, y fuera lo que fuera que dijera ese libro, le estaba demostrando la veracidad de las palabras de Pai. Palabras que al parecer ninguno de los dos quería creer que eran ciertas.

¿O él ya lo sabía y simplemente estaba actuando?

Kish levantó la cabeza y me miró entonces, y yo aparté la mirada tan rápido que no estuve segura si él supo que yo lo estaba mirando.

No, no podía dejar que esto siguiera así, confiara o no en Kish, no podía tenerlo tan cercano a mi vida.

- Tiene que haber algo que podamos hacer, no es posible que tu solución sea "deja que se pase solo" – pedí, en algo que me sonó muy parecido a un ruego pero lo ignoré.

- Bueno, considerando que el S´darak une almas gemelas, no sería erróneo teorizar que se podría culminar más rápidamente si sus almas están más…conectadas, por así decirlo.

Miré sin comprender. Tart parecía compartir mi confusión.

- Habla de una relación física – dijo Kish, sentándose a mi lado sobre la silla vacía.

La conmoción de aquella tarde, y el cansancio del entrenamiento anterior habían dejado mi cerebro bastante cansado, por lo que tardé un instante en comprender sus palabras. Cuando lo hice, por poco levanto la mano y le dejo marcados los dedos sobre la mejilla.

- ¡¿Disculpa?!

- El coito sería la mejor opción, a mi entender – señaló Pai, atrayendo mi atención hacia él – aunque también…

- Espera, espera, espera, ¿me estas sugiriendo que…tenga ese tipo de relación con Kish para deshacernos de esto?

Miré a Kish sin poder creer como la conversación se había dirigido a aquel tema, pero nuevamente él no me miraba. Me di cuenta que estaba bien, pensándolo bien yo tampoco quería verle a los ojos en aquel momento, de todas formas. No estaba del todo segura que no fuera a darle esa tentadora cachetada.

Estaba empezando a confiar en él, pensé sin poder creerlo, a creer que él no quería más que ayudarme...

Había sido tan ilusa. Al final parecía que mis dudas acerca de Kish no estaban siendo del todo injustificadas después de todo. No sabía como pero de alguna forma esto, todo esto, era su culpa, y ese pequeño acto de enojo hacia Pai que se estaba montando no iba a ser suficiente para que creyera lo contrario. Esta vez había ido demasiado lejos llevándome en su juego, y si pensaba que se iba a salir con la suya haciendome creer que tenía que...que... "acercarme" más a él para que la conexión entre ambos se fuera por sí sola, estaba muy equivocado.

Eso jamas pasaría.

- El S´darak no es algo físico, pero esta relacionado con el alma – explicó Pai – claramente no tengo forma de probarlo aún, pero estoy bastante seguro de que si ustedes dos…

- Entonces nunca lo sabremos porque eso no va a pasar – declaré furiosa, mirando a todos los alienígenas allí dentro con mi mejor mirada asesina – punto final.

El silencio se asentó nuevamente, solo cortado por el sonido de mi respiración apresurada.

¿Diablos, ahora qué?


Me disculpo por haber tardado tanto tiempo en actualizar, hace un tiempo se me rompió la computadora cuando ya había empezado este capítulo y perdí todo el progreso que tenía, así que tuve que empezar esto de vuelta y fue bastante frustrante. Además, de por sí, me costó muchisimo más de lo que pensaba escribir este capítulo en especial, ni siquiera estoy segura de que me hayan quedado las explicaciones como me las imaginaba. Mi intención era hacer una mezcla entre revelar información, pero todavía guardarme un par de cosas para revelar después, espero que me haya salido bien.

Bueno, en fin, espero que les haya gustado el capítulo, y voy a intentar apurarme con el siguiente. Muchas gracias por leer, y por cualquier comentario y/o crítica que puedan dejar! Hasta la próxima!