Capítulo 11

Apenas volvimos a pisar tierra firme me desprendí de la mano de Kish como si esta quemara, y rápidamente me alejé de él porque no podía soportar su cercanía por el momento. De haber encontrado una manera de llegar de vuelta a la Tierra por mi misma que no involucrara un contacto físico con Kish, la habría llevado a cabo en un latido, pero rápidamente me di cuenta que aquello no sería posible.

Para ser una superheroína con poderes sobrenaturales dependo demasiado de los demás. Aquel pensamiento solo sirvió para darme cuenta que estaba mucho más enojada de lo que había creído en un principio. No me hacía ninguna gracia depender de alguien más, especialmente cuando a ese "alguien más" prefería no verle la cara.

- Ichigo – me llamó Kish, pero yo opté por ignorarle y sin aviso alguno comencé a caminar en dirección a la casa de Mint, y a mi cama.

Me merecía mi maldita siesta, y no pensaba postergarla por más tiempo.

Tras un par de segundos de silencio, sentí más que escuché a Kish respirar hondo y seguirme de cerca, probablemente apostando por comenzar una conversación que yo no tenía ningún interés por participar, y tampoco estaba en el humor correcto como para mantener sin gritar. No sabía lo que él querría decirme, solo estaba segura de que yo no quería escucharlo y menos por el momento. Sin embargo, si es que el alienígena comprendió el grado de mi malhumor, ciertamente no tomó la decisión inteligente de darse media vuelta e irse por otro lado.

Al parecer los hombres son tontos sean humanos, o alienígenas.

A pesar de que me habría gustado decirle a Kish que se largara, no hice movimiento alguno o dije nada para indicarle mi deseo. Bueno, nada más que el trato excesivamente frío que mantuve mientras caminamos juntos las dos cuadras necesarias hasta llegar a destino, en las cuales apenas si reconocí su presencia.

- Ichigo – Kish probó de nuevo - ¿podemos hablar de esto?

Nuevamente preferí quedarme callada, y solamente continuar caminando. Apenas llegué a la puerta de entrada, tomé las llaves de mi bolsillo y entré en la casa. Estaba a punto de cerrarle la puerta en la cara a Kish, cuando este se apresuró a poner una mano en la madera y detener mi acción.

Lo miré con frustración, y consideré que tan importantes podían ser sus dedos para él si estaba dispuesto a ponerlos en peligro cuando yo estaba en un humor tan delicado.

- ¿Qué quieres? – pregunté al fin, porque de alguna forma me pareció que Kish no se iría a ninguna parte sin hablar conmigo primero.

Vaya mi suerte…

- Solo hablar – respondió él, un tanto sorprendido por mi tono de voz cortante, o quizás por la mirada asesina que estaba enviando en su dirección, ¿quién podía saberlo?

- ¿Y sobre qué te gustaría hablar exactamente?

Me hice la tonta con aquella pregunta, enfatizando un tono de falsa inocencia que estaba segura él no se creería, pero tendía a caer en el sarcasmo barato en mis momentos de enojo, y en ese momento sí que estaba enojada.

Kish respondió en un tono de voz un tanto dubitativo, quizás preocupado incluso por la reacción que obtendría de mí en respuesta:

- Sobre…um…la nueva… información que acabamos de aprender…no estaría mal.

- Por nueva información, ¿te refieres a la relación metafísica que desarrollamos espontáneamente? ¿O más específicamente sobre como la aparente solución para deshacernos de ella es acostándome contigo?

Vi en su cara el momento exacto cuando se percató de que quizás no había sido la mejor de sus ideas el forzarme a hablar de aquel tema en ese momento. Vi su incomodidad, y me dio un poco de gracia, pero no la suficiente como para dejarle escaparse una vez que había abierto la caja de pandora.

En un gesto diseñado para apresurarle en su respuesta, puse una mano en mi cadera como si estuviera completamente relajada y enarqué una ceja, de la manera en que había visto a Zakuro hacerlo más de una vez, y secretamente pensaba que se veía completamente elegante y atemorizante a partes iguales. Supongo que debí hacer un decente trabajo en mi imitación porque Kish se puso visiblemente más nervioso.

- ¿Y bien? – pregunté, explotando aún más mi recientemente descubierto poder de hacer a Kish comer sus palabras - ¿Cuál de las dos es?

- Bueno, ambas cosas están relacionadas así que…

- Por tu bien, no quiero saber cómo termina esa frase.

Decidiendo que ya me había "divertido" lo suficiente, intenté cerrar la puerta de nuevo y terminar con todo el asunto, pero Kish logró colar su pie antes de que lo lograra y mis esfuerzos se vieron frustrados.

- Ichigo, espera, puedo entender la fuente de enojo pero…

- No, Kish – le corté, con un tono tan dolido que me sorprendió hasta mí - dudo muchísimo que puedas entenderlo.

Ni yo misma estaba segura de entenderme, o los sentimientos que estaban dando vueltas por mi cuerpo como murciélagos energéticos, así que, ¿Por qué lo haría él? Estaba furiosa, sí, pero más que eso me sentía como una completa estúpida. Semanas enteras jugando a tener un compañero que supuestamente tenía mis espaldas, quien me estaba ayudando por el simple hecho de que sentía que me lo debía…para venirme a enterar ahora de que ese mismo "compañero" me había estado engañando todo el tiempo, probablemente incluso riéndose de mí a mis espaldas.

¿Y para qué? ¿Para poseerme como un objeto fácilmente descartable una vez que consiguiera lo que quería? ¿Para por fin ganar en la estúpida competencia que había iniciado consigo mismo? ¿En qué dimensión paralela creyó siquiera por un segundo que yo le dejaría tenerme?

Probablemente en la misma dimensión paralela en la que llegué a creer que él había cambiado, pensé, pero siendo sincera, aquella estupidez no era culpa de nadie más que mía.

Yo sabía cómo era Kish, conocía el grado de sus obsesiones, y sabía que ningún plan era lo suficientemente retorcido como para emplearlo con tal de llegar a su objetivo. Y sin embargo, aún con ese conocimiento fui yo quien decidió dejar a mi equipo a un lado para arriesgarme a confiar en el alienígena con reputación de acosador y obsesivo. Yo solita me había metido en este lío, y al parecer ahora me tocaba pagar las consecuencias de mis actos.

Así que no, él no estaba ni de cerca de comprender lo extremadamente estúpida que me sentía por haber ignorado mi sentido común, mi razón y los consejos de mi equipo. Pero por sobre todo, no había nada que él pudiera decir para aplacarme o convencerme de que la única solución a nuestro problema yacía en nuestra cercanía, y por ninguna razón pensaba dejarle ganar.

Ya terminé de ser estúpida, pensé decidida.

- Por favor, Ichigo – pidió él – escúchame solo unos minutos, y te prometo que me iré…

Dejé de escucharle entonces, porque más allá de lo satisfactorio que me habría parecido cerrarle la puerta en la cara, de repente me di cuenta de que quería decirle lo que sentía. Todo lo que sentía. No era justo tener que guardármelo dentro de mi pecho a que se pudriera y muriera conmigo, o dejar que él se fuera por ahí creyendo que yo era una niña exagerada por no conformarme a su solución. Quería hacerle saber exactamente cuánto me había lastimado, y que tanto me odiaba a mí misma por permitírselo. De repente todo se me hizo demasiado pesado para mantenerlo dentro mío, y quise gritar.

Tener una conversación a través de una rendija me resultaba aún más molesto que cara a cara, así que dejé de hacer fuerza para cerrar la puerta y en cambio me moví hacia atrás para dejar entrar al alienígena. Parecía que mi siesta se había postergado a fin de cuentas.

Kish entró un par de pasos en la casa y cerró la puerta a su espalda, no poco sorprendido ante mi repentino cambio de estrategia, pero no dijo nada al respecto. Enseguida me sentí invadida, como si el espacio gigantesco de la entrada se hubiera hecho más pequeño repentinamente, y me sentí como un gato enjaulado.

Un gato salvaje enjaulado.

Esto no puede salir bien, pensé, pero desafortunadamente para él, estaba lejos de importarme.

- Para ti todo esto debe ser tan gracioso, tan…conveniente, ¿no? – solté, casi respirando con dificultad por la frustración - dime ¿hace cuanto lo estabas planeando?

Kish estaba abriendo la boca para decir algo, pero pareció atajarse a sí mismo cuando escuchó mi pregunta. Una expresión mezcla de confusión y sorpresa le atravesó el rostro antes de preguntar:

- ¿Planeando qué?

- No te hagas el tonto, ya todo salió a la luz así que más vale ser sincero. Después de todo, no puedo estar más enojada de lo que estoy ahora.

La expresión confundida desapareció de su rostro, y fue reemplazada por un ceño fruncido. Debía admitir que si algo no le faltaba a Kish era una buena actuación, el chico sabía llevar el acto hasta el final.

- No tengo idea de que me estás hablando Ichigo, pero me está sonando malditamente cercano a una acusación.

- Vaya, si eres brillante decodificando mi tono de voz – dije, sarcásticamente echando las manos al aire - Y encontrando nuevas y más creativas maneras de arruinar mi vida, por supuesto. Casi que podría felicitarte por esta, no me la vi venir.

- ¿Crees que tuve algo que ver en esto? – Kish preguntó lentamente, casi como si no quisiera en verdad preguntarlo, como si prefiriera no saberlo.

- ¡Por supuesto que lo creo! Es tan típico tuyo que hasta es un cliché.

Kish hizo una pausa como si mis palabras fueran completamente ajenas o desconocidas para él y no pudiera comprenderlas del todo. Luego de un instante, su ceño fruncido dio paso a una expresión de completa incredulidad, y luego enojo.

¿Enojo? ¡¿Enojo?! Si alguien se merecía estar enojada esa era malditamente yo.

- ¿Sabes qué? – le dije, apuntando con un dedo hacia él y dejando salir de mi voz todo el veneno que quisiera - si todo este…problema hubiera surgido hace tres años, me habría incomodado, me habría enfurecido completamente…pero de cierta manera también lo habría entendido porque este es exactamente el tipo de cosa que habría esperado de ti…pero a pesar de que ahora soy más grande y supuestamente más madura, estúpidamente había empezado a confiar en tu palabra. Como ves, no dejo de cometer errores estúpidos.

Más cuando se trata de ti…

No estaba segura de donde había salido aquel pensamiento tan extraño, pero enseguida me di cuenta de que era cierto. Me había equivocado monumentalmente con Kish en más de una ocasión, algunas veces con razón, otras veces no, pero al final siempre se terminaba generando entre él y yo una pelea inevitable, una necesidad por gritarnos lo suficientemente alto como para ahogar la respuesta del otro, porque a fin de cuentas solo nos queríamos escuchar a nosotros mismos.

No estaba segura cuantas veces más podía seguir confiando en él así, seguir reiniciando nuestra alianza, y equivocándome en pensar que su lealtad estaba conmigo cuando en realidad solo estaba en sí mismo. Me dolía…y eso era lo más confuso de todo, porque no tendría que estarme doliendo ser engañada por alguien que no representaba nada para mí, que no me importaba, que no quería en absoluto… ¡Y sin embargo me dolía, y no sabía malditamente por qué!

Inexplicablemente, una sensación de miedo me recorrió de pies a cabeza, y de repente ya no quise hablar más, no quise decirle todo y desnudarle mi alma de esa manera. No quise que me siguiera viendo con esa expresión furiosa en sus ojos amarillos, que sacara más respuestas de mí y me hiciera darme cuenta de algo de lo que no quería darme cuenta. O peor aún, que de alguna forma él lo comprendiera antes yo.

- Creo que deberías irte – dije, moviéndome hacia la puerta para abrirle y obligarle a que se vaya – estoy cansada y…

- Tu único error estúpido – dijo él, habiéndose quedado colgado en mi anterior comentario y sin escuchar el nuevo - es pensar que yo tomé parte en lo que sea que nos está pasando. ¡Ni siquiera sabía lo que sucedía hasta que me lo dijiste!

Resoplé y me crucé de brazos.

- Por favor, Kish, ya deja el acto, es francamente agotador, y de todas formas la jugada no te salió bien porque yo nunca voy a estar contigo.

Kish se echó hacia atrás como si le hubiera golpeado una bofetada, y durante un instante vi claramente en sus ojos una copia del dolor que yo misma sentía, antes de que este se evaporara tras una expresión de disgusto.

El deseo de querer escapar rápidamente de allí me recorrió el cuerpo como un latigazo, y me pregunté si aquella sensación era completamente mía, o si estaba respondiendo a un eco de la suya, ¿Quién sabía con la conexión extraña que habíamos formado?

Kish parecía incluso más arrepentido de haber iniciado esta conversación, pero esta vez no por nerviosismo o vergüenza, sino por pura furia, y no estaba comprendiendo por qué. ¿Que era exactamente lo que le había molestado acerca de mis palabras? ¿El hecho de que yo lograra descubrir su complejo plan? ¿O que no estuviera dispuesta a conformarme a su "solución"? Mi mensaje no había sido nada nuevo ni diferente de lo que siempre me había asegurado de recordarle una y otra vez: él y yo nunca íbamos a suceder. ¿Así que por qué la sorpresa?

- ¿Crees que todo se reduce a eso? – preguntó Kish, destilando asco, y acercándose un par de pasos hacia mí - ¿Eres tan superficial hasta el punto de creer fervientemente que todas mis acciones están basadas en un sentimiento de amor juvenil por ti que nunca superé? Madura de una vez, Ichigo.

Me sentí como un pez fuera del agua abriendo y cerrando la boca estúpidamente por el shock de sus palabras. Me fui hacia atrás mientras él avanzaba hasta que mi espalda tocó la pared opuesta de la entrada, y de repente me encontré encerrada por Kish frente a mí.

Un temblor me recorrió la espalda.

- ¿Disculpa? – terminé preguntando, sin dígname a evitar su mirada intensa y furiosa - si alguien tiene que madurar aquí eres…

- Tu – constató él, interrumpiéndome - me dices una y otra vez que somos compañeros, que somos aliados, que confías en mí, pero cada vez que surge el más mínimo problema soy el primero de quien desconfías.

- ¿Puedes culparme? No tengo exactamente buenos recuerdos de ti.

- Y ya me disculpé por eso, excesiva y constantemente…pero ¿sabes qué? Tengo que dejar de hacerlo porque no puedo cambiar el pasado, no puedo deshacer todas las veces en las que te di miedo y quise algo de ti que no estabas dispuesta a dar. Intente demostrarte una y otra vez que ya no hay un motivo oculto tras mis acciones, pero sigues empeñada en creer lo contrario, y quizás nunca puedas salir de eso. ¿Algún día será suficiente, Ichigo? ¿O desconfiaras de mí hasta el último segundo?

Mi cerebro pareció apagarse al escucharle hablar de mí de esa manera, acusándome exactamente de lo mismo que yo había estado acusándole un escaso minuto atrás, y sin poder creer que el mensaje pudiera estar dirigido a mí.

Yo era confiable. Yo era honesta. ¡Yo era una Mew, maldita sea! Si había un problema en nuestra alianza no era por mí. Me habría gustado decirle todo eso, me habría gustado hacerle saber que no estaba cayendo en su juego, y que no me engañaría con más mentiras…y sin embargo no pude hacerlo. Había algo en mi interior que estaba temblando, que tenía las garras extendidas y estaba en posición de ataque, porque aquella conversación se sentía exactamente como eso: un ataque, cuando yo ya estaba dolida.

- Yo confiaba en ti – me encontré diciéndole, borrando rápidamente una lágrima que empezó a correr estúpidamente por mi mejilla.

Kish frunció más el ceño y se echó hacia atrás, respirando hondo como si le costara hacer entrar aire a sus pulmones. Se dio la vuelta y frenó frente a la puerta. Creí que se iría entonces y respiré hondo de manera aliviada, pero tras un par de segundos él se dio vuelta hacia mí nuevamente, y esta vez no tuve duda de ver un sentimiento de traición en sus ojos.

- No, no lo hacías… no confiabas en mí, o me habrías dado el beneficio de la duda – declaró él - pensé que me lo había ganado, pero al parecer aún lucho contra ti, en vez de contigo. Yo no tuve nada que ver en esto, Ichigo.

Algo en su mirada me hizo saber lo extremadamente seguro que se sentía sobre sus palabras, y me pregunté si un mentiroso experto puede ocultar tan perfectamente una mentira hasta el punto de creérsela él mismo. Fuera la respuesta que fuera, aún así me hizo dudar. De alguna forma me parecía que su pasión, intensidad y dolor ante mi desconfianza hacia él, eran sentimientos demasiado agotadores de mantener como para ser un truco.

Además, ¿no me tenía él ya donde quería? ¿Dónde estaba su discurso sobre como teníamos que simplemente formar una relación física para acabar con todo el asunto? ¿Si lo que quería era mi cuerpo por qué se preocupaba si yo rompía mi confianza en él? No sabía que pensar o que creer. ¿Estaba cayendo de vuelta en un ciclo vicioso? ¿Esta era yo de nuevo equivocándome sobre Kish?

- Si dices que no tienes nada que ver en esto – comencé a preguntar, solo por curiosidad - ¿entonces como…?

- No lo sé – me interrumpió él, y luego se dio la vuelta y me habló de espaldas - pero descuida, encontraré la manera de eliminar nuestra conexión sin que tengas que tocarme siquiera una vez más.

La última frase la pronunció con un claro deje hiriente para mí, y resonó en algún lugar dentro de mi pecho, a pesar de que no tenía por qué sentirme dolida. La palabra "tocar" la había hecho sonar tan…cruel, asquerosa incluso, como si yo no pudiera soportar el más mínimo toque suyo sobre mí sin sufrir terriblemente. Y quizás me estaba equivocando completamente, pero estaba bastante segura de que nunca le había demostrado que eso fuera así. Lo veía como algo necesario en algunos momentos incluso, como cuando me teletransportaba junto con él de un sitio a otro, o en los extremos casos en que mi vida había corrido peligro, y su asistencia había sido necesaria. En aquellos momentos, no me había molestado en lo más mínimo ser tocada por él, y no había sentido disgusto alguno.

Pero ¿qué pasa en los otros momentos? Susurró una voz en mi cabeza. Una voz que no quería escuchar. ¿Qué pasa en los momentos que no son necesarios?

Pensé en la cantidad de veces en que había trastabillado sobre mis pies de forma torpe y casi caído al suelo solo para ser atrapada y levantada por un brazo fuerte.

Pensé en nuestro entrenamiento de aquella tarde, en la que más de una vez había habido más de un contacto entre los dos.

Pensé en nuestros días en la isla, cuando había llorado entre sus brazos y él me lo había permitido, solo por el hecho de que sabía que yo lo necesitaba.

Mi vida no había estado en peligro en ninguno de aquellos momentos, y sin embargo, no había salido disparada por el contacto de su piel con la mía. Kish no me repelía de la manera en que él lo estaba haciendo sonar, y sin embargo me acusaba de lo contrario, ¿Por qué? ¿Le hería una posibilidad de rechazo de mi parte? ¿Qué diablos le importaba si de todos modos estaba con otra persona? ¿Por qué era esto importante?

Vi su espalda tensa frente a mí, y su cabello cayendo fuera de la cola de pelo y resbalando enmarañadamente sobre su hombro. Me di cuenta de que solamente en una sola otra ocasión había visto a Kish tan…arrebatado y emocionalmente confundido, y no era un buen recuerdo para mí. Unas semanas atrás, apenas habíamos aterrizado en aquella isla perdida en quién sabe dónde, me había encontrado a punto de ser atacada por otro ser humano, y Kish me había salvado de un destino del que prefería no pensar demasiado. Él había estado tan enojado entonces, tan decepcionado de mí por no haber confiado en él. Podía ver un eco de furia ahora, e inconscientemente quise eliminarla de su cabeza, quise borrar cualquier rastro de esa decepción.

Sin darme cuenta de lo que hacía, me encontré a mí misma caminando los míseros cuatro pasos hasta llegar a él, y mis dedos se elevaron por sí solos, dejándose caer sobre los músculos rígidos de su espalda, los cuales se tensaron más ante mi tacto. Me sentí en un sueño, ensimismada, mirando como mis dedos atravesaban la longitud de su espalda y dejaban tras de sí un rastro tembloroso. Kish se quedó tan quieto que ni aire entró en sus pulmones.

- Ichigo – me llamó Kish, por tercera o cuarta (ya no podía recordarlo) vez esa noche, y su voz no fue más que un susurro, en forma de pregunta…o quizás un ruego.

Mis dedos estaban comenzando a trazar una segunda vuelta, cuando vi su cuello torcerse ligeramente hacia atrás, y mi mirada se encontró con la suya, tan confundida, profunda, y con más preguntas de las que yo misma tenía. De repente me di cuenta de lo que estaba haciendo, y la burbuja que había creado alrededor de mi misma se rompió.

Me tiré hacia atrás tan rápido que mi cadera golpeó contra una mesa y tiré un portarretrato. Este aterrizó en el suelo de madera y el vidrio se rompió, pero el sonido apenas se registró en mi cerebro porque estaba demasiado ocupada mirando con terror a Kish.

Terror porque las puntas de mis dedos estaban calientes, y su mirada aún estaba fija en la mía, y por alguna razón, mi corazón había empezado a correr una carrera dentro de mi pecho, y no quería saber lo que eso significaba. Lo vi empezar a darse la vuelta y decir algo, pero entré en pánico y le corté antes de que pudiera decir nada:

- ¡No! Por favor, no.

No estaba segura que le estaba pidiendo que no dijera, pero muy dentro mío sabía que no estaba preparada para escucharlo.

Kish cerró la boca y asintió. Me observó fijamente durante un instante más, un instante excesivamente intenso en el que no pude evitar preguntarme si él podía sentir el remolino de emociones en mi corazón. Si es que lo hizo, no dijo nada al respecto, y simplemente se teletransportó fuera de la casa sin despedirse. Cuando pasaron un par de segundos y me dije a mí misma de que estaba sola, ingresé una bien merecida bocanada de aire a mis pulmones, y luego otra.

El corazón aún retumbaba dentro de mi pecho, pero estaba bajando su ritmo, y agradecí la calma de una casa vacía. No estaba segura donde estaba Mint, ni me importaba, siendo sincera. Por el momento ya tenía suficiente en lo que pensar, y no quería agregar una pasivo-agresiva amiga a mi lista.

No estaba segura que…acababa de suceder, pero lo que sí sabía era que no quería averiguarlo ahora. Por el momento solo quería dormir. Quería olvidarme de todo por un rato, ignorarlo y sumirme en un sueño lo suficientemente profundo como para pasar al menos unas horas sin tener líos y enredos en mi cabeza. Quería dormir, y aunque parte de mí sabía que me enfrentaría a un nuevo recuerdo de la vida de Kish en cuanto cerrara los ojos y apoyara la cabeza sobre la almohada, aún así me dirigí escaleras arriba y me dejé caer sobre la cama. No pasó ni un minuto antes de que comenzara una película tras mis párpados…


Caí sobre la tierra dura con un golpe y estuve tentada de no volverme a levantar. El entrenamiento ya estaba comenzando a parecerme demasiado intenso, demasiado fuerte…simplemente demasiado para mi cuerpo débil, y dudaba que algún día pudiera mejorar lo suficiente como para realmente ser útil para alguien más. ¿Así que porque no quedarme allí en el suelo y rendirme de una vez por todas?

- De pie – anunció una voz autoritaria.

Suspiré y consideré dar rienda suelta a mi espíritu rebelde escapándome lo más rápido posible del maldito entrenamiento. Después de todo, mi cuerpo aún era ágil y lo suficientemente pequeño como para adentrarme en varios escondites secretos, de los cuales estaba bastante segura mi comandante no debía tener ni siquiera una idea de que estos existían. Podía correr y esconderme, pasarme la tarde espiando a otros entrenar hasta el punto máximo del agotamiento y reír porque nadie era lo suficientemente hábil como para atraparme.

Podía escabullirme de una tarde de entrenamiento aburrida…pero no podía escapar del resto de mis problemas.

- No lo repetiré de nuevo, soldado – volvió a anunciar la voz autoritaria, y a pesar de su anterior proclamación, repitió nuevamente las palabras, aunque de manera mas lenta y amenazante – De. Pie.

Levanté la cabeza y miré a mi comandante, mientras este me observaba desde toda su altura como si yo fuera un bicho asqueroso bajo su zapato, lo cual no se alejaba demasiado de su opinión personal de mí. Yo no era la gran cosa a sus ojos y lo sabía, razón por la cual la tentación de huir era incluso más grande si aquello significaba darle problemas a una pobre excusa de comandante. Lo castigarían, y yo podría reír en la oscuridad de mi escondite.

Sin embargo no lo hice. Debajo de mí el suelo era duro, seco y sin vida, un recordatorio constante de que nuestra tierra se estaba muriendo debajo de nuestro de pies, y ¿qué hacía yo para evitar el horrible final? Molestar a mi jefe. Patético.

Puede que no fuera el mejor soldado, pero no permitiría que mi hogar se pudriera bajo mi cuidado, no cuando podía evitarlo. Así que me levanté con piernas temblorosas por el cansancio y miré a mi comandante a los ojos. Algo similar al respeto atravesó su mirada antes de que se borrara completamente y el entrenamiento continuara como si nunca hubiera existido la pausa.

Un instante después volví a caer, y la voz de mi comandante volvió a repetir:

- De pie.


Un sonido agudo cortó a través de mi sueño, y me desperté de golpe. Entre el sueño profundo y el cansancio, me costó entender en donde estaba, o incluso que día de la semana era. Muy confundida me tambaleé fuera de la cama y llegué hasta la fuente del sonido, identificándola como mi teléfono. Mi idea era simplemente apagar el sonido (o tirar el aparato por la ventana y continuar durmiendo) pero alguna muy pequeña parte de mi cerebro debió haber estado trabajando, porque se me ocurrió primero mirar la pantalla.

El nombre de Shirogane aparecía en grande sobre el vidrio de mi celular, y tras un instante de confusión sobre por qué mi jefe me estaría llamando, de repente comprendí que estaba en serios problemas.

¡Diablos, olvidé la reunión!

Una mirada hacia la ventana del cuarto me hizo comprender que ya era de noche, por lo tanto no me había retrasado una cantidad de tiempo tolerable, sino unas buenas horas que las pagaría caro. Shirogane no se lo iba a tomar bien.

La única razón por la que atendí el teléfono, fue porque sabía que el regaño que ya existía sobre mi cabeza iba a ser mucho peor si postergaba lo inevitable, así que respiré hondo y toqué el botón de atender.

- ¿Dónde estás? – preguntó enseguida mi jefe.

En un día normal habría remarcado burlonamente el hecho de que la cortesía indicaba primero decir "hola" y luego quizás un "¿cómo has estado?", pero decidí mejor no hacerme la graciosa. Su tono de voz me había indicado una falta importante de paciencia, incluso en su frase tan corta.

Tuve que encargarme de un asunto y luego me quedé dormida – confesé, poniendo el celular contra mi hombro y haciendo equilibrio para ponerme los zapatos – estoy yendo para allá.

- Date prisa – fue toda su respuesta, y luego cortó el teléfono.

Bueno, ya no había dudas de que estaba metida en problemas. Cuando Shirogane gritaba o era burlón con sus respuestas significaba que estaba enojado pero se le pasaría, el tema era cuando respondía en aquel tono frío que había sentido incluso a través del teléfono. Significaba que estaba intentando controlarse, pero eventualmente se desataría la tormenta.

Y creo que tendré el honor de desatarla yo misma, pensé, ya detestando la manera en que terminaría mi día, pero sin poder hacer nada al respecto. Era mi reunión después de todo, y yo acababa de volarla como si no fuera mi prioridad número uno.

Rápidamente me terminé de vestir y salí volando de la casa como si me llevara el viento, solo deteniéndome para cerrar la puerta de la casa y volver a guardarme la llave en mi bolsillo. Corrí hasta la estación de subte, en donde por fortuna se había terminado la hora pico, por lo que no había tantas personas alrededor, y pude ir sentada en uno de los asientos del vagón. Aunque enseguida me di cuenta de que estaba demasiado ansiosa como para quedarme quieta, por lo que me puse de pie, pero al menos no pasee incansablemente por el vagón.

Tranquilízate de una vez, pensé, pero era más fácil dicho que hecho.

No me gustaba demasiado el subte porque me hacía sentir como si estuviera encerrada en una jaula, y el gato salvaje en mi interior quería escapar a toda costa, empoderado por un sentimiento de ansiedad que estaba actualmente enrollándose alrededor de mi estomago. Tampoco estaba ayudando demasiado el hecho de que todo mi equipo estaba esperando en aquel momento por su tonta líder, quien parecía ser incapaz de recordar la fecha de una maldita reunión. Debía parecer tan tonta a sus ojos, tan poco confiable. ¿Quién querría dejar su vida en manos de alguien que considera dormir una siesta más importante que juntarse con su equipo a planear estrategias.

Nadie. Esa era la respuesta.

Además, estaba segura de que últimamente la opinión de mi equipo sobre mí no debía ser demasiado buena como para que me dieran ahora mismo el beneficio de la duda. Algunos de los miembros incluso debían todavía estar enojados conmigo por haberles guardado información, por lo que probablemente no estaban en el mejor de los ánimos para ser tolerantes conmigo. Que los problemas en mi vida estuvieran escalando y haciéndose cada vez más complicados de resolver no iba a servirme de ninguna excusa tampoco, al fin y al cabo, Mint solo me diría que me lo había buscado yo solita por haber confiar en alienígenas antes que en mi propia especie. Difícil refutar su teoría cuando yo misma había comenzado a dudar sobre las intenciones de Kish, y sobre el efecto que la maldita conexión estaba empezando a tener sobre nosotros…

Una conexión sobre la que positivamente no iba a pensar ahora mismo.

El tren se detuvo en mi parada y me bajé rápidamente, evadiendo algunas personas y corriendo hacia la salida hasta que volví a ingresar en la calle. Estaba a algunas cuadras de distancia todavía, y la calle estaba convenientemente vacía como para correr tranquilamente sin chocar contra nadie.

Sin embargo, me dio la impresión de que no estaba sola. No habría sabido explicar de donde provenía aquella sensación, porque no era más que eso, una sensación sin nombre, pero que me atravesó la columna con un temblor y se asentó sobre mi nuca. Frené y miré a mi espalda, pero la calle aún estaba vacía, y no había ni siquiera un perro o un gato callejero a quien culpar por mi paranoia.

Ya basta, me dije, estoy muy cansada, es todo.

Continué corriendo, pero a pesar de que intenté ignoré la sensación, aún así podía sentir ojos sobre mi espalda, como si alguien me siguiera de cerca. Miré de reojo a mi izquierda y derecha, pero nada me llamó la atención.

Saqué mi celular del bolsillo para encender y dar vuelta la cámara para poder ver algo a mi espalda sin necesidad de darme la vuelta yo misma. El aparato estaba bastante maltrecho luego de la pelea que había tenido en el centro comercial el día anterior, y la pantalla estaba un poco rasgada (gracias, Saya) pero incluso en esas circunstancias fui capaz de ver lo que parecía ser una mancha negra sobre un tejado. Esta mancha se movió mientras yo corría, asentándose en otro tejado, y entonces me pareció que la "mancha" cobraba una figura relativamente humana.

O más bien alienígena…

Sentía que la figura sobre el tejado me miraba, que no despegaba sus ojos de mí a pesar de que no podía verle la cara. No es que lo necesitara tampoco, me quedaba bastante claro quién era sin necesidad de que se quitara su usual capa negra. ¿Debía pelear contra ella allí mismo? ¿Sin mi equipo? ¿Qué tanto podría servirme el factor sorpresa?

No, no tengo ningún arma, me recordé de mala gana, no puedo enfrentarme a ella sola ahora mismo. Pero ¿entonces qué hago?

¿Debía llamar a Kish? Aún no comprendía del todo como funcionaba todo esto de la conexión metafísica, pero si Kish decía que podía "sentir" un punto físico donde me encontraba, y algunas veces incluso lo que yo sentía o lo que estaba haciendo, asumía que ahora mismo debía tener alguna idea de lo que estaba sucediendo, ¿no? ¿Qué tan fiable era su GPS mental? Al fin y al cabo, si él no lo adivinaba por su cuenta, yo no tenía ninguna forma real de avisarle de mi situación, porque no es que tuviera su número, o él un celular con el cual atenderme.

Pero las Mew si podían atenderme, y estaban lo suficientemente cerca como para ayudarme.

No queriendo alertar a Saya de que había descubierto su posición, cerré mi celular y sin dejar de correr ni un instante, doblé una esquina, y luego la siguiente, y luego otra más. Mi plan era distraerla lo suficiente con un camino sin sentido para hacer tiempo y llamar por refuerzos. Estaba a punto de hacerlo, cuando por supuesto, mi celular eligió ese momento para apagarse innecesariamente, y luego no volvió a encenderse más.

Perfecto.

Doblé a la izquierda, luego a la derecha, y luego a la izquierda de nuevo, intentando que no pareciera que no tenía idea hacia donde estaba yendo. Ya había pasado el café hacía rato, pero no había querido detenerme en caso de que Saya me estuviera siguiendo no con el fin de atacarme, sino de encontrar nuestra base de operaciones. Definitivamente no podía dejarle saber donde estaba mi equipo, o las cosas se pondrían muy feas muy rápido.

Aún podía sentir sus ojos sobre mi nuca, siguiéndome a cada paso que daba con el suficiente sigilo como para que no pudiera estar segura de su posición. Si ella me atacaba ahora mismo, yo estaría en una clara desventaja, y no estaba segura que tanto daño podría hacer en mi actual estado físico, sin un arma ni refuerzo. Necesitaba perderla de alguna manera, al menos hasta que fuera capaz de contactar a las Mew, ¿pero como perderla cuando era tan rápida?

La respuesta vino a mí en la forma de un recuerdo, esta vez uno mío:

- Su sentido del oído y el olfato son bastante agudos – explicó Kish – pero no su vista.

- ¿No ve bien? – pregunté extrañada.

- A la luz sí, perfectamente – dijo Kish - pero no en la oscuridad. En un área escasamente iluminada puede distinguir sombras y colores fuertes, no más que eso…

Bingo.

Giré rápidamente a mi derecha, donde me recibió un callejón oscuro. Lo suficientemente oscuro como para que a un humano le costara encontrar su camino de vuelta hacia la zona iluminada. No sabía exactamente qué tan mala era la visión de Saya, pero esperaba que fuera peor que la de un humano promedio. Debí haber estado en lo correcto, porque inmediatamente dejé de sentir esa sensación de estar siendo observada.

Me escondí detrás de un basurero y espié la boca del callejón en busca de una capa negra detrás de la cual se escondía una psicópata. La encontré fácilmente, y me di cuenta de que la había haber sorprendido lo suficiente como para que se olvidara de esconderse. Su figura se quedó muy quieta contra la noche, el viento haciendo volar su capa, y supe que estaba escudriñando el callejón, buscándome.

Encuéntrame ahora, pensé, a ver que tan bien peleas en la oscuridad…

Si me encontró, ciertamente no se aprovechó de ello, porque un instante después, se elevó en el aire y desapareció tan rápidamente como había venido.

Yo respiré hondo, y esperé unos minutos más detrás del basurero, solo para asegurarme de que en verdad se hubiera largado. Cuando estuve lo suficientemente segura de que ya estaba sola (y hastiada del olor a basura) me levanté de mi escondite y continué mi camino, esta vez manteniéndome dentro de un manto de oscuridad lo más posible.


Dayome-chan Dragneel, Annika Abarai y GioChris

Gracias por sus comentarios!