Capítulo 12
- ¡¿Cómo estuvo ayer?!
La voz de mi amiga Moe me sacó abruptamente del estado somnoliento en el que me había adentrado sin dar cuenta, y prácticamente salté sobre mi asiento por la sorpresa. Miré a mi alrededor con confusión y comprendí que estaba en la escuela, más específicamente en mi propio salón de clases, aunque por suerte no había ningún profesor enseñando un tema que no me lograría aprender para un eventual examen.
Por lo vacío del salón, asumía que estábamos en la hora del almuerzo, la cual al parecer yo había aprovechado para descansar los ojos. Sentí una pequeña pizca de irritación hacia Moe por haberme despertado de mi siesta, y consideré no contestar nada en absoluto para continuar durmiendo, pero mi amiga tenía una muy emocionada expresión en su rostro, y no me dio el corazón para ignorarla. Intenté concentrarme en su pregunta.
- ¿Ayer? – pregunté con un bostezo.
Me pasé la mano por la cara y sentí un patrón un tanto arrugado sobre la piel de mi mejilla, el cual se parecía sospechosamente demasiado al patrón sobre la superficie de mi escritorio. Parecía que me había dormido mucho más profundo de lo que había creído en un principio.
Moe resopló y se dejó caer en una silla a mi lado, apoyando ambos codos sobre mi escritorio para mirarme con total seriedad.
- No te hagas la tonta – me dijo - sé que ayer fue un día muy especial para ti y quiero saber todo al respecto. ¿O no se lo pensabas contar a tu mejor amiga?
Si supiera de qué me hablas…pensé.
¿De qué me había manejado para olvidar ahora?
- Por supuesto que iba a contártelo – contesté, a pesar de que no tenía ninguna idea sobre lo que Moe podría estar hablando, pero totalmente comprometida a no dejar que ella se enterara de mi mala memoria - es que no estaba segura que parte querrías saber.
Moe largó una risa contenta, y sus ojos parecieron brillar de una manera especial, una manera en que los míos no habían brillado en mucho tiempo.
- Bueno, para empezar… ¿Qué te pareció la sorpresa? ¿Te lo esperabas?
Tuve un momento de breve pánico en el que por alguna razón, pensé que Moe se estaba refiriendo a la información nueva que había aprendido el día anterior sobre la conexión entre Kish y yo. Después de todo, era la última "sorpresa" que había descubierto últimamente.
No, no puede ser eso, ella no lo conoce, me recordé. A decir verdad, Moe no conocía demasiado de mí más allá de lo que yo le dejaba ver. Mi alter ego Mew era una faceta de mí que mi amiga desconocía por completo, por lo que no tenía sentido alguno que de repente ella supiera información tan crucial que solo mi equipo, y un trío de alienígenas sabía. Así que me calmé y consideré otras posibilidades.
Hice un paneo mental de todo lo que me había sucedido el día anterior, pero sin encontrar nada de verdadero interés para ella, asumí que Moe debía estar hablando sobre algún tema sin demasiada importancia. Decidí que podía torcer un poco la verdad y fingir un poco más para ver si conseguía más información al respecto sin confesar que no tenía ni idea de que me hablaba.
- No, para nada – respondí.
La cara de Moe se iluminó aún más.
- ¡Excelente! – gritó ella con orgullo - ¡Yo le dije que te sorprenderías! ¿Sabes? Cuando Masaya pidió ayuda para planear la mejor manera de celebrar su aniversario, no estaba muy segura que decirle, te soy sincera, pero luego…
A pesar de lo lento que estaba en funcionamiento mi cerebro últimamente, sus palabras lograron colarse por entre la niebla de mi cansancio mental y sentí inmediatamente un nudo en el estómago.
- Espera, espera –le corté la frase - ¿Dijiste…aniversario?
- ¡Claro! ¿O él pensaba quedarse con todo el crédito? Déjame decirte que tu novio es un romántico empedernido, Ichigo, pero yo también tuve un par de ideas que…
El nudo en mi estomago se convirtió rápidamente en una piedra que creció hasta el punto en que pensé que iba a vomitarla. Me llevé las manos a la cabeza y me encontré a mí misma tironeando de mi propio cabello, como si eso pudiera hacerme despertar de un mal sueño. Pero había estado experimentado suficientes malos sueños últimamente como para saber que en aquel momento no estaba dormida.
Moe continuó hablando de lo que fuera que se había tratado la sorpresa, pero yo dejé de escucharla, demasiado ocupada haciendo cálculos en mi cabeza intentando justificar el hecho de que no…no podía haber sido nuestro aniversario el día anterior, porque yo lo habría recordado. No podía ser posible que se me escapara completamente una de las fechas más importantes para mí. No era real.
- ¿Ichigo, que pasa?
Diablos, es cierto…recordé entonces, la fecha por fin apareciendo en mi cerebro para torturarme. Fue ayer y lo olvidé.
De haber existido la posibilidad de que la tierra se abriera al medio y me tragara entera, aquel hubiera sido un buen momento. No habría peleado ni resistido en absoluto.
- Ichigo…
Moe me tocó el hombro y yo salté como si me hubieran quemado. No sabía qué tipo de expresión debía estarle enseñando a mi amiga en aquel momento, pero claramente no era una buena porque ella se echó un poco hacia atrás también, como si no me reconociera.
Miré hacia otro lado para no tener que ver a otra persona más en mi vida con esa expresión en la cara dirigida hacia mí, y me levanté del asiento de un salto. Sin mirar atrás hacia una seguramente muy confundida Moe, me dirigí hacia la puerta.
- Ehh…tengo que buscar a Masaya ahora – dije sobre mi hombro, en un tono el cual ni siquiera me esforcé en que sonara normal, porque no lo habría logrado ni en un millón de años - lo siento…Moe, te veo después.
Comencé a caminar a paso rápido hasta el salón de clases de Masaya, el cual quedaba casi al otro lado del edificio, y durante todo el camino (que se me hizo eterno) fui repasando en mi cabeza un millón de diferentes disculpas, excusas y alguna que otra mentirilla blanca para decirle en cuanto le viera. Lo pensé todo, desde un simple "lo siento mucho, lo olvidé" a un vago "he estado tan ocupada últimamente" e incluso pasé por un par de promesas de "no volverá a pasar". Me sabía el repertorio, después de todo, lo había utilizado más de una vez en el pasado, y sin embargo, en aquel momento nada que yo dijese me parecía ser suficiente para redimirme.
Esta vez es la peor…
Había cometido errores antes, pero esta vez me parecía que había cruzado alguna especie de límite que ninguno de los dos había marcado, y sin embargo se sentía tan definitivo. ¿Podía él perdonarme por esto? ¿Podía perdonarme que me hubiese salteado una de nuestras fechas importantes como si no fueran nada, cómo si no me importaran en absoluto? ¿Podía yo perdonarle algo así si sucediera al reverso? No estaba segura como se desarrollaría esta conversación.
Entré en el salón de clases de Masaya y di una pasada visual de principio a fin, pero de todas las personas que estaban allí sentadas o de pie conversando casualmente, ninguna me resultó conocida. Sentí como el nudo dentro de mi estomago se apretaba un poco en reacción a mi ansiedad, y sin embargo al mismo tiempo parte de mí se sintió…aliviada al no encontrarle, porque aquello significaba postergar la conversación un tiempo más. Empecé a pensar que si dejaba pasar el tiempo suficiente, puede que incluso pudiera encontrar una mejor excusa…
Soy una cobarde, me recriminé enseguida, ¿Qué estoy pensando? ¡Necesito encontrarlo y hablar con él!
Salí corriendo fuera del salón rápidamente, y estaba tan metida en mi enredo mental que doblé una esquina casi sin mirar y choqué contra otra persona, causando que ambos nos cayéramos al suelo.
- Ichigo, disculpa, no te vi – dijo una voz masculina.
Levanté la cabeza y vi a un chico de mi edad, con una versión masculina de mi uniforme. Llevaba lentes y el pelo muy corto, y estaba bastante segura de que lo había visto un par de veces en la escuela. No reconocía su rostro, ni tenía idea cual podría ser su nombre, pero al parecer nos debíamos de conocer de algún sitio, porque él me había llamado por mi nombre. Aquel no era el mejor día para mi memoria.
- No te preocupes, yo tampoco estaba prestando atención – respondí, haciendo un gesto sin importancia con la mano.
- ¿Estas bien? – preguntó él, poniéndose de pie y extendiendo una mano para ayudarme a levantarme - ¿No te lastimaste, o sí?
- No, no, estoy bien.
Acepté su mano y con su ayuda me levanté del suelo, sacudiendo un par de veces mi falda para quitarme una fina capa de polvo que se había pegado a la tela.
- Qué bien, mi amigo no estaría del todo contento conmigo si lastimase a su novia – bromeó él.
Así que es amigo de Masaya, razoné, y suponía que su rostro me sonaba ahora un poco más familiar por alguna fiesta o evento en común que había asistido con Masaya, pero no estuve más cerca de acordarme de su nombre.
¿No había mencionado ya que no me estaba ganando ningún premio a la mejor novia?
- No, claro que no – bromeé – es demasiado bueno para enojarse con nadie.
Nadie sabía eso más que yo.
- Sí, eso es verdad – respondió él, y luego empezó a darse la vuelta para irse en dirección contraria – bien, si no necesitas nada…
- En realidad sí – le frené - ¿has visto a Masaya?
- No, hoy no ha venido a clase.
De nuevo, no estuve segura del sentimiento que estaba cobrando más fuerza dentro de mí: decepción, o alivio. Preferí no analizarlo.
- ¿No lo hizo? ¿Está enfermo o algo así? – pregunté.
- No, creo que está estudiando para un examen – respondió él, pensativo - algo de la universidad a la que está aplicando, ya sabes.
¿Ya está aplicando a universidades?
Bueno, tenía sentido considerando que estábamos en último año (aunque solamente fuera principio de semestre aún) y sabía que estaba dentro de sus planes para el año siguiente asistir a la universidad, pero ¿Por qué yo no lo sabía? O quizás sí lo sabía pero era algo más de lo que había logrado olvidarme con el tiempo.
- Claro…si, si, ya sabía – respondí, sin embargo, sintiéndome un tanto avergonzada por mi mentira – está estudiando muchísimo.
- Como loco – concedió él - espero que lo admitan de una vez, así puede tomárselo todo con más calma.
- Sí, yo también.
- Bien, si no me necesitas para nada más… - dijo él, haciendo una pausa para esperar, y al ver que yo no respondía nada, decidió que ya podía irse - ¡Te veo luego, Ichigo!
Saludé con la mano y fingí una sonrisa mientras veía irse al chico, pero mi interior estaba incluso más turbio y confuso que antes. ¿Calma? ¿Por qué Masaya no se estaba tomando las cosas con calma? ¿Estaba estresado o preocupado por el futuro? ¿Siquiera había intentado hablar de esto conmigo?
¿Y para qué lo habría intentado? Me pregunté, un tanto enojada conmigo misma. Con la falta de atención que le he había dado recientemente, no me parecería raro que él no viera el sentido a gastar fuerzas en comunicarse conmigo. Sabía que Masaya tenía una universidad en mente con un muy fuerte plan de estudios relacionado con el cuidado ambiental, y me había hablado una que otra vez sobre su trabajo soñado para ayudar a mejorar el estado del planeta, así que estaba bastante al tanto de sus planes de vida, pero al parecer me había dejado afuera de las noticias más recientes.
Por lo general él era tan buen estudiante que estaba segura que podría lograr sus metas, pero no había considerado que podría estar pasándola mal con momentos de incertidumbre y trabajo duro. O peor aún, no había considerado que él no sintiera la necesidad de compartirlo conmigo. ¿Me había vuelto tan poco de confiar en tan poco tiempo? ¿Casi tres semanas de tiempo es todo lo que había sido necesario para que Masaya decidiera que no era necesario que yo participara en aspectos importantes de su vida? Hacía mucho tiempo que no me sentía dejada afuera en algo, y me encontré a mí misma extrañamente celosa, pero de una manera muy infantil, como a un niño que lo dejan afuera de un juego.
Solo que este no era ningún juego, era su vida, y por alguna razón, él me estaba dejando a un lado, lo que no me quedaba claro era por qué. ¿Estaba resentido conmigo por haber olvidado nuestro aniversario? ¿Estaba por fin reaccionando lógicamente a la idea de que había vuelto a ser una Mew? ¿O quería él protegerme de sus sentimientos negativos, como yo había querido protegerlo a él de los míos?
¿Estoy recibiendo mi misma medicina? Si era así no me gustaba.
Nunca le había dado a entender a Masaya que no estaba dispuesta a escucharle, a comprenderle, o a darle apoyo de cualquier manera que él necesitara. A pesar de todas mis fallas como novia (y sabía que eran muchas) siempre había estado a su lado y dispuesta a ayudarle en lo que necesitara. Si es que últimamente le había dado razones para confiar menos en mí, ¿Qué podía hacer para revertir ese pensamiento?
La campana de la escuela señalizando el fin del horario del almuerzo sonó fuertemente y cortó el tren de mis pensamientos. Comencé a caminar en dirección a mi salón, muy consciente de la bola de ansiedad que aún comprimía mi estomago, cuando de repente mis pies se detuvieron por sí solos. Me pregunté a mí misma que estaba haciendo mientras daba media vuelta y me dirigía en dirección contraria, hacia ningún lugar en específico. Di la vuelta a una esquina y me adentré en otro pasillo, donde vi un par de profesores acercándose desde el otro lado, y rápidamente me metí en el baño a mi derecha para que no me vieran.
Cuando cerré la puerta del baño a mi espalda, de repente fui consciente del silencio, y de lo bien que se sentía estar sola por un rato. Parecía que últimamente todo lo que hacía era tener reuniones con las Mew, ir a la escuela, intentar hablar con Mint (y ser ignorada completamente) o pelear contra alienígenas. Era muy triste pensar que para tener un momento exclusivamente para mí tenía que escaparme de clases para meterme en un baño, pero decidí que no me importaba. Estaba demasiado cansada como para analizar demasiado esta situación, por lo que me metí en un baño individual, cerré la tapa del inodoro, y me dejé caer sobre el mismo como si fuera el asiento más cómodo del mundo. En aquel momento me lo pareció, y dejé caer mi espalda contra el azulejo, decidida a esconderme allí dentro hasta recuperar la energía suficiente para volver a clase, o para irme cuando terminara el día. Lo que viniera primero.
Dejando a un lado el olor, el baño de chicas no era el peor sitio donde descansar por un rato. Era silencioso, y a menos que alguien se agachara para ver el espacio que quedaba libre entre la puerta y el suelo, nadie podría verme.
Esto es lo que necesitaba, pensé, dejando cerrar mis ojos, un minuto de paz…
Sin embargo, el descanso no duró más de un escaso minuto, si es que tanto tiempo llegó a transcurrir. Rápidamente me di cuenta de que estaba demasiado ansiosa como para disfrutar del silencio, y abrí los ojos, porque detrás de mis parpados todo lo que conseguía ver era el rostro decepcionado de Masaya cuando había pedido postergarle nuestro aniversario sin saberlo.
- Lo siento mucho – le había dicho – he estado tan ocupada últimamente que no he podido…
- Descuida, Ichigo, no pasa nada.
¿No pasaba nada? Sabía que Masaya no me había dicho la verdad para no hacerme sentir peor o agregar más complicaciones a mi vida, pero considerando lo mal que me sentía ahora, habría preferido que fuera sincero conmigo desde el principio.
¿Cómo tú lo estas siendo con él? Preguntó una voz muy molesta en mi cabeza. A esa pregunta no podía discutirle demasiado, había estado ocultando demasiada información a mucha gente últimamente. Pero esto se termina hoy...
Sin pensarlo un segundo más, pesqué mi teléfono de entre los bolsillos de mi falda, y busqué el numero de mi novio. Esperé unos instantes con el corazón en la boca y el celular contra mi oreja, pero la llamada nunca se concretó. La grabación de la voz de Masaya anunció que él no estaba disponible pero que podía dejar un mensaje, y él me respondería en cuanto pudiera. Yo corté antes de escuchar el pitido indicador, porque las cosas que quería decir prefería que no se grabaran en un mensaje. Quería hablar con él cara a cara.
Rápidamente le envié un mensaje de texto para que me llamara en cuanto se desocupara, y volví a guardar mi celular. Ahora que mi misión se había visto trancada, me sentía aún más nerviosa, pero sabía que no podría hacer nada al respecto hasta que él me contestara la llamada, así que, me dije a mí misma que más me valía olvidarme del tema por un rato, y volver a clase.
Intenté obligarme a mí misma a levantar el trasero del asiento, pero no encontré las fuerzas y al final desistí, nuevamente volviendo a cerrar los ojos y apoyando la espalda en la pared. Empecé a pensar que aquel no sería un mal lugar para dormir una siesta de 10 minutos, hasta me parecía que podía llegar a ignorar el olor…
¿Para qué? Si de todos modos voy a tener esos sueños…
Más que el problema con Masaya, soñar con Kish me estaba haciendo la cabeza un enredo de cables, que no estaba segura si algún día sería capaz de desenredar. Algunas veces cuando me iba a dormir veía recuerdos que yo misma compartía, especialmente con los quimeras que Kish había fabricado para luchar contra nosotras en el pasado, y había presenciado más de una batalla contra mí misma vista desde los ojos de Kish. Extraño, lo sé, un tanto invasivo y muy confuso, pero dentro de todo ese tipo de sueños eran bastante soportables y fácilmente ignorables.
Los otros sueños que tenía, sin embargo, se estaban haciendo cada día más difíciles de ignorar, y ya no sabía lo que hacer al respecto. Todo lo que parecía ver detrás de mis parpados en el momento en que decidía irme a dormir, parecían ser escenas de una vida muy dramática, repleta de incertidumbre, de dolor y de miedo, protagonizada nada más ni nada menos que por Kish, con algunas apariciones especiales de Tart y Pai.
Sabía que el planeta de los ciniclones no había atravesado las mejores condiciones en el pasado, e incluso el propio Kish me había hablado un poco sobre ello alguna que otra vez en un intento de hacerme entender que tan duro habían trabajado ellos tres para intentar salvar su hogar y su población. Había creído comprender su necesidad por encontrar una solución para su moribundo planeta, fuera donde fuese y costara lo que costara, sin embargo, de no ser por aquellos malditos sueños, nunca hubiera llegado a comprender la magnitud del desastre al que habían sido forzados a vivir.
Puede que nunca lo comprendiera del todo, ya que tenía la suerte de que no me hubiese tocado su mismo destino, pero ahora viendo lo que veía, y sabiendo lo que sabía, me sentía más cerca a ellos que nunca. Más cerca del dolor de Kish, de las piezas rotas que componían su corazón al haber sido forzado a crecer demasiado rápido, a dejar su infancia atrás por un objetivo que otros no habían sido capaces de aceptar. Me sentía más cerca de alguien que al igual que yo, llevaba sobre sus hombros la responsabilidad de toda su especie, e intentaba no sucumbir ante la obvia carga. Me sentía tan cerca suyo, que casi podía empatizar…
¡No, no, esto no es más que la maldita conexión! Pensé, sin poder recordar el nombre específico, pero incapaz de olvidar las consecuencias que nos estaba causando en nuestras vidas. Ahora al parecer no solo estaba invadiendo la privacidad de Kish, también estaba siendo forzada a sentir cosas a las que no quería darles nombre. No quería ver a Kish bajo otra luz, no quería entender tan claramente su dolor, y no quería ver un lado de él tan…humano, tan malditamente igual a mí…pero no fui capaz de detener mis pensamientos y antes de que me diera cuenta me encontré preguntándome donde podría estar él en ese instante, o que podría estar haciendo. Asumía que debía encontrarse en la nave de los ciniclones, probablemente entrenando. Casi que podía verlo, una daga en cada mano y una mirada feroz en su rostro mientras…
Tuve una muy repentina sensación de mareo, la cual duró un solo instante, y entonces mi cuerpo comenzó a caer. Abrí la boca para gritar, pero no tuve tiempo de hacerlo porque enseguida aterricé sobre una superficie dura y caí de espaldas. Me golpeé levemente la cabeza contra el suelo, pero fue mi trasero el que se llevó el gran golpe.
- Ouch – dije en voz alta, aliviando la zona herida con mi mano.
- ¿Ichigo? – preguntó una voz muy familiar.
Aún tirada en el suelo, abrí los ojos y vi un par de ojos dorados muy confundidos mirándome desde arriba, y un cabello verdoso enmarcando su rostro claramente alienígena. Quise preguntarle de donde había salido, pero no pude formar en mi cerebro una frase coherente. Bueno una sí, aunque no muy útil.
¿Por qué no lleva puesta una camiseta…? fue todo lo que pude pensar durante un par de segundos. Segundos que me quedé colgada mirando su pecho pálido, e increíblemente fuerte para alguien tan delgado, y sin ningún rastro de pelo por alguna razón. Vagamente me pregunté si los alienígenas se quitaban el vello corporal por estética, o simplemente nacían sin él.
- Ichigo, ¿estas bien? – preguntó Kish, y si es que se dio cuenta de mi distracción, ciertamente no dijo nada.
Aparté la mirada de él, y miré a mi alrededor, con tal de no distraerme más con su estúpido cuerpo, y solo entonces noté como ya no me encontraba en el baño de la escuela.
¿Qué diablos…?
- ¿Dónde estoy? – pregunté, sentándome lentamente.
- ¿Qué pregunta es esa? – contraatacó él - ¿Por qué no sabes donde estas?
- Me gustaría saberlo, por eso pregunté.
Miré a mi alrededor de nuevo, y solo cuando noté la maquinaria extraña (pero muy familiar) a mi derecha comprendí donde estaba. Ya había estado en esta sala de entrenamiento antes.
- Estoy en la nave espacial de los ciniclones… - dije, no a Kish específicamente, sino a mi misma en voz alta - ¿por qué estoy en la nave espacial de los ciniclones?
Al parecer Kish no comprendió el hecho de que yo no le estaba hablando a él, porque se dispuso a contestarme, aunque de una manera más seca de lo que me habría esperado proviniendo de él:
- No lo sé, Ichigo, tu apareciste aquí.
Sigue enojado conmigo, me dije, lo cual no me parecía raro considerando mi acusación de la noche anterior. En ese momento había estado enojada, dolida y confundida, y me había formulado una teoría en la que Kish de alguna forma había creado la conexión entre él y yo para forzar una unión que yo no quería. En ese momento me había parecido un pensamiento muy lógico considerando nuestra historia.
Sin embargo más tarde, luego de haberme calmado un poco, y haber tenido tiempo de pensar un poco más antes de ponerme a gritar, había encontrado un par de problemas con mi teoría, y ahora no estaba tan segura de lo que realmente había pasado. Todo lo que sabía es que él me había mostrado haberse sentido lastimado con mis dudas, y su sentimiento me había parecido demasiado real.
- ¿Yo? – pregunté, como si acabaran de decirme que me había crecido una segunda cabeza desde mi cuello - ¿Cómo voy a hacer eso? Hasta donde yo sé, de los dos tú eres el único con la habilidad de teletransportacion
Una mirada muy similar a la que había visto en él la noche anterior cruzó por su rostro antes de que pudiera ocultarla de mí y taparla con otra cosa. Me mostró un solo latigazo de dolor rápido e intenso que me hizo saber que no se esperaba mis palabras, antes de que desapareciera nuevamente tras una máscara de indiferencia.
Maldita sea, lo había hecho de nuevo, me había manejado para herirle otra vez con mis comentarios, solo que ahora me sentía culpable en vez de paranoica.
¿Desde cuándo me importa si está o no ofendido? Maldito alienígena que me hace dudar de mí misma…
- Yo no te traje aquí, si es de lo que me acusas – dijo él, su espalda muy derecha y sus músculos tensos, como si se estuviera preparando para el segundo round que habíamos dejado sin empezar la noche anterior.
- No te estoy acusando de nada – me apuré a decir, con los brazos al aire en señal de rendición - solo quiero entender cómo diablos llegue aquí.
Kish me miró como si yo fuera un bicho tirado sobre el piso, y luego miró hacia cualquier otro sitio menos a mí, como si prefiriera estar en cualquier otro lugar que allí conmigo. Por un segundo creí que ignoraría mi obvio pedido de ayuda, lo cual me sorprendió, porque a pesar de que habíamos tenido incontables peleas en el pasado, él siempre había… estado ahí. Fueran malas o buenas sus intenciones con respecto a mí, Kish siempre había estado en mis momentos más débiles para ayudarme o aprovecharse. No me quedaba claro que hacer con una versión de él que prefería no tener nada que ver conmigo. ¿Había por fin llegado al límite de cuando de mi personalidad podía aguantar?
Kish se dio la vuelta y creí que se iría de la sala de entrenamiento. Sentí una ligera punzada de nerviosismo al darme cuenta de que si me dejaba sola allí dentro, no podría irme por mi cuenta. Estaba a punto de abrir la boca para decir algo al respecto, pero entonces él se detuvo junto a una pila de ropa en el suelo, y levantó algo similar a una camiseta, la cual se pasó por la cabeza para cubrirse el torso desnudo.
- ¿Qué es lo último que recuerdas? – preguntó él, desde el otro lado de la habitación.
Yo respiré hondo con alivio, y no quise pensar en lo preocupada que había estado ante su silencio. Estaba dependiendo demasiado de Kish y lo sabía, pero no estaba segura que pudiera detenerme. Dejé a un lado aquella pregunta porque era demasiado profunda para ponérmela a pensar ahora mismo.
- Estaba en el baño de la escuela – respondí - y de repente aparecí aquí.
Era una respuesta vaga y muy tonta, lo sentí en el aire apenas hablé en voz alta y lo vi en sus ojos cuando me miró con una ceja arqueada, obviamente esperando a que yo diera más información. Lamentablemente no tenía mucho más que eso para decir.
- ¿No estabas haciendo nada? – preguntó él, acercándose de vuelta hacia mí, y sentándose en el aire con las piernas cruzadas.
- ¿Que podría haber estado haciendo?
- No lo sé, tú dime.
- Bueno, tuve una… sensación de mareo – intenté explicar - como cuando tú me teletransportas…y sentí como me caía, y solo…aparecí.
No sé que había estado esperando a que Kish me respondiera. Algo lógico y que tuviera sentido para mí supongo, una respuesta que no me generara más preguntas, pero no estaba segura por qué había esperado eso. Al fin y al cabo, él no era el científico del grupo.
- Me suena bastante a una teletransportacion – respondió él simplemente, encogiéndose de hombros.
Me quedé esperando a ver si continuaba con su teoría, pero ante su silencio, me encontré a mí misma desesperándome un poco.
- Pero eso sería imposible… ¿no?
- Últimamente, ya nada me suena tan loco.
Un par de segundos transcurrieron en que creí que el corazón se me saltaría del pecho, porque aquel era un problema más para agregar a mi lista. Un problema que tendría que ponerme a arreglar por sí sola, como todo lo demás, y estaba tan poco preparada para hacer eso que estaba a punto de ponerme a gritar. Pero me tragué el grito, porque de repente me di cuenta de que no era miedo o preocupación lo que sentía realmente. Sorpresa, sí, pero también sentí adrenalina.
Me puse de pie de un salto. Kish se echó hacia atrás sorprendido, y yo luché por no sonreír como una loca. De todas las habilidades que esta extraña conexión me había dado, esta no tenía por qué ser del todo mala.
- ¿Dices que me teletransporté hasta aquí? ¿Yo sola? – pregunté, y escuché más que sentí la sonrisa en mi voz – ¿Cómo lo haces tú?
- No lo sé, Ichigo, pero podría ser – respondió Kish, quien a diferencia de mí estaba muy serio - el S´darak podría estar causando estragos en nosotros.
- ¿Es una habilidad que tengo ahora entonces? – pregunté, mirándome el cuerpo como si pudiera encontrar la respuesta escondida en el pliegue de mi codo o algo así.
De reojo noté la sonrisa de diversión que Kish estaba intentando ocultar bajo la capa de mal humor con la que se había tapado ese día.
- No lo sé – respondió él, volviendo a encogerse de hombros - yo también soy nuevo en esto de las conexiones metafísicas. Inténtalo si quieres.
Claro, si, muy sencillo, pensé, resistiendo el deseo de poner los ojos en blanco.
- ¿Qué tengo que hacer? – pregunté, emocionada.
- Lo que hiciste antes debería estar bien.
- ¡Pero no hice nada antes!
Kish suspiró, y se dejó caer ligeramente hacia atrás. Llevó sus manos a su nuca en la que sabía era una posición cómoda para él. No noté en absoluto como el movimiento causaba que sus brazos se abultaran un poco más bajo su ropa.
- Intenta concentrarte en un lugar específico, visualízalo dentro de tu mente – contestó él a modo de ayuda – intenta imaginarte a ti misma en ese lugar.
Cerré los ojos, a pesar de que Kish no me había dado ninguna indicación al respecto, porque siempre era más fácil concentrarse con los ojos cerrados, ¿no es así? Inspiré y solté el aire de mis pulmones lentamente un par de veces, hasta sentir como se relajaba un poco mi ritmo cardíaco, e intenté hacer lo que me él me había dicho.
Intenté imaginarme un sitio sencillo para empezar, y decidí por el café. Visualicé en mi mente el pequeño sitio, con sus mesas y sillas, y su decoración bonita. Me imaginé la caja registradora, los pasteles tras un mostrador de vidrio, y las escaleras que se dirigían hacia un subsuelo que utilizábamos como base de operaciones. Construí en mi mente la imagen como si fuera un puzle, y fui juntando las piezas hasta que se encastraron perfectamente entre sí. Respiré hondo una vez más, y me puse a mi misma en medio de la imagen.
A pesar de que podía verme perfectamente dentro del café como un recorte de una revista, no sentí mi cuerpo físico moverse hacia ningún sitio. Cerré los ojos más fuertemente, y debí hacer una expresión graciosa, porque escuché a Kish soltar una risita. Abrí los ojos para verlo riéndose de mí.
- No funciona – declaré, un tanto molesta y sintiéndome como una tonta.
- Quizás fue cosa de una vez – respondió él, un tanto divertido – siento decepcionarte.
- Diablos, me habría venido útil.
Saya tenía habilidades extraordinarias y novedosas, yo por mi parte, ni siquiera tenía mi campana, ¿Por qué no podía una cosa salirme bien por una vez?
- Si no eres capaz de teletransportarte de vuelta, te regresaré a tu casa – anunció Kish, volviendo al suelo - ¿o es en la escuela donde estabas?
¿Tan pronto? Me encontré a mí misma preguntándome, por alguna razón. Un par de años atrás, Kish habría encontrado cualquier excusa con tal de pasar más tiempo conmigo, fuera a causa de una pelea o de una discusión estúpida. No tenía ningún problema con volverme de vuelta a mi planeta (especialmente considerando que me había escapado de clase y tendría que volver en algún momento) pero era extraño pensar que tanto había cambiado el pensamiento de Kish hacia mí. Me sentía más segura, aunque extrañamente un poco… ¿decepcionada?
- ¿Ichigo?
Kish dijo mi nombre a modo de pregunta, y volví a concentrar mi atención en él. ¿Por qué de repente estaba tan distraída?
- Si, si, en la escuela – respondí rápidamente – puedes dejarme allí.
- Bien, vayamos entonces – dijo él volviendo a posarse en el suelo, pero luego se detuvo por un instante y dio media vuelta – pero antes de irnos, tengo que darte algo.
Se dirigió hacia la pequeña habitación donde se encontraban las armas, y volvió a salir con una caja entre sus manos. Me la entregó, y al abrirla vi el par de dagas que habíamos utilizado en nuestro primer (y último al parecer) entrenamiento.
- Para que puedas entrenar mientras tanto, y no te tomen desprevenida en una pelea – me explicó.
Me quedé mirando las dagas, preguntándome si tendría que sentirme aliviada por el hecho de por fin tener conmigo un arma capaz de enfrentarme contra Saya, o si sentirme preocupada de que aquello significara que Kish ya no entrenaría conmigo. ¿Era esta su manera de decirme que me preocupara más por mí misma porque él ya no lo iba a hacer por mí?
- Gracias – respondí, sin dar a entender mis dudas.
Cerré la caja y me la puse debajo del brazo. Enseguida se hizo una pausa muy extraña e incómoda entre los dos. Medio que me esperaba que la rompiera él con un chiste, pero no lo hizo, solo estiró su mano y me hizo un gesto para que la tome. Yo apenas había llegado a rozar mis dedos contra los suyos, cuando una descarga eléctrica recorrió completamente mi cuerpo, pareciendo partir desde el contacto entre su mano y la mía hasta extenderse por todas partes de mí.
Fue tan solo una milésima de segundo, sin embargo una sola milésima de segundo fue suficiente para sentir como todo mi cuerpo se encendía en llamas. Me vino el repentino pensamiento de querer estar más cerca, de querer tocar más, de ser tocada… Imágenes que me habría gustado nunca ver poblaron mi mente a una velocidad vertiginosa, pero al mismo tiempo con demasiada claridad como para no verlas. Y en todas estábamos Kish y yo.
Él debió haber sentido algo parecido, porque ambos alejamos las manos casi al mismo tiempo, y entonces fuera lo que fuera que había sucedido se rompió en mil pedazos frente a mis ojos. ¿Qué había sido eso? ¿Por qué mi corazón estaba latiendo tan deprisa de repente?
- Ignóralo – me dijo él.
- ¿Qué? – pregunté, sin aliento, por alguna razón.
- Ignora…todo lo que sientas en lo relacionado a mí. Es el S´darak actuando entre los dos.
¿La maldita conexión podía hacerme sentir así? ¡Mi corazón estaba latiendo tan fuerte que estaba a punto de salírseme del pecho! Me asustó tanto, que sin quererlo me alejé un par de pasos hacia atrás, no muy segura de querer arriesgar un contacto nuevo otra vez.
- ¿Se está haciendo más fuerte? – pregunté.
- Solo ignóralo por ahora, hasta que encontremos una manera de eliminarlo – me respondió él, sin mirarme – le pediré a Tart que te lleve a casa.
Sin decir una palabra más, se dio media vuelta y se teletransportó fuera de la habitación. Estaba tan conmocionada con lo que acababa de pasar, que apenas me di cuenta del hecho de que estaba sola en un lugar del que no podría salir sin ayuda. Poco me importó sin embargo, ya que estaba ocupada intentando ignorar el eco de la electricidad que aún podía sentir en mis dedos.
Hazle caso e ignóralo, me dije.
Sencillo, ¿no?
Un par de horas más tarde estaba en el café barriendo el suelo de manera completamente automática e innecesaria (porque esa porción del suelo ya llevaba limpia un buen rato) y positivamente no había logrado ignorar el tema.
Todo lo contrario, desde el instante en que Tart me había llevado de vuelta a mi planeta, me había pasado la tarde pensando y repensando lo que había sucedido entre Kish y yo. Como si fuera una escena de una película la había analizado hasta el cansancio, diseccionando miradas, comentarios y roces, intentando encontrar una razón por la cual yo podría haber reaccionado de una manera tan extraña y violenta respecto a él. Me habría gustado decir que había llegado a un asomo de respuesta, pero lamentablemente no había encontrado nada parecido.
Dios, había querido…tocarle. ¡A Kish! Si en algún momento había llegado a albergar mis dudas sobre el verdadero peligro que representaba esta conexión entre los dos, ciertamente ya no las tenía ahora. Esta... cosa, fuera lo que fuera, era malditamente fuerte, y para mi horror parecía estar creciendo con el tiempo, en vez de convenientemente empezar a desaparecer. No estaba segura de cuántas maneras más podía llegar a manifestarse entre Kish y yo, pero si esto no era la peor parte, si todavía existían más escalones por los que teníamos que subir antes de poder dejar todo esto atrás, mi vida diaria se iba a terminar convirtiendo en algo muy difícil de sobrellevar, más incluso que de costumbre.
Ignóralo, me dije, como por quinta vez ese día, pero era como ignorar una manada de lobos aullando a mi alrededor, imposible.
- ¡Tierra llamando a Ichigo! – gritó una voz casi directamente en mi oído.
Yo salté por la sorpresa y sin querer dejé caer la escoba de mis manos.
- ¿Qué sucede? – pregunté, más cansada que enojada ante el susto que me habían dado.
- Estabas en otro mundo completamente – respondió Mint, a modo de excusa.
Hasta hace unas horas eso era literal, pensé.
- Lo siento, estoy…distraída – contesté vagamente - ¿Para qué me llamabas?
- Ya no hay clientes, vamos a hacer una reunión ahora… si le parece bien a nuestra líder, por supuesto.
Suspiré ante el tono sarcástico de Mint, que si bien me lo había visto venir considerando su riña conmigo, me estaba encontrando a mí misma bastante cansada de su actitud hacia mí. Me agaché para tomar la escoba del suelo, para que ella no viera la manera en que había puesto los ojos en blanco.
- Solo por curiosidad, ¿Cuánto tiempo más piensas ser así conmigo? – pregunté, volviéndome a enderezar.
- ¿Así como? – preguntó ella, haciéndose la tonta.
- Cortante, evasiva y básicamente mala.
Mint frunció ambas cejas, dándome el primer indicio de que la reina de hielo podría estar descongelándose un poco por dentro, incluso si era para dejar entrever su descontento hacia mí. Al menos era algo de honestidad. No duró mucho, sin embargo, ya que se volvió a retraer en si misma casi enseguida.
- Supongo que el tiempo necesario para que recapacites - contestó, su tono de voz tan altanero y soberbio que me dieron ganas de zarandearla.
- ¿Recapacitar sobre qué?
- Sobre dónde están tus lealtades.
- ¿Esto de nuevo, Mint? – pregunté, y esta vez dejé que me viera rodar los ojos. Habría sido mejor quedarme callada pero no había podido evitarlo - Ya hablamos sobre esto, no tengo otra opción.
- Si, lo dejaste claro.
Aparentemente considerando que la discusión se había dado por terminada, la chica se dio media vuelta, quitándose el delantal por la cabeza y depositándolo en una mesa cercana antes de caminar en dirección a las escaleras. Yo dejé la escoba contra la pared y la seguí rápidamente atrás, en parte porque nuestro destino era el mismo, en parte porque me había quedado con palabras en la boca.
- Yo no pedí esto, Mint – le recordé apenas la alcancé.
- Ninguna de nosotras pidió nada de esto – respondió ella, de una manera mordaz antes de volver a su tono frío - pero no vamos por ahí dando la espalda a nuestro grupo.
Ambas llegamos al inicio de las escaleras, y al ser estas demasiado angostas como para que pudieran atravesarlas dos personas a la vez, me vi forzada a frenar. Mint continuó avanzando con la cabeza en alto, y me dejó mirando su espalda alejándose de mí, y preguntándome si alguna vez arreglaría las cosas con mi amiga, o si me había manejado para romper en dos nuestra amistad.
¿Estaba siendo Mint demasiado testaruda, o de verdad mis acciones eran imperdonables?
- Descuida, ya se le pasara, Ichigo – escuché la voz de Lettuce a mi espalda antes de sentir su mano sobre mi hombro en un tacto reconfortante.
Suspiré. De nuevo.
- ¿Pasara en algún momento de este siglo? – pregunté.
- Es un momento estresante para todas, solo está tratando de acostumbrarse a los cambios – intentó justificar ella.
- Lo sé, lo sé.
Sabía que necesitaba darle a Mint tiempo y paciencia para que volviera a hablar conmigo (al menos en tonos decentes) pero ya llevaba dos días ignorándome en su propia casa, haciéndome creer que de un momento al otro me echaría a la calle, y haciéndome preguntar si no sería lo mejor que yo misma me fuera. Más allá de que aquella estúpida pelea no podía ser buena para el equipo, personalmente ya me estaba afectando su lejanía y su trato frío. Mint podía tener sus defectos, pero al final del día era mi amiga, y no quería pensar que la había perdido por una situación que se salía de mi control.
Me encontré a mí misma abriendo la boca para contarle todo esto a Lettuce, necesitando sacarlo de mi pecho, pero entonces apareció Pudding a nuestro lado y empezó a saltar los escalones de dos en dos en dirección hacia abajo.
- ¿Vienen? – preguntó ella sobre su espalda, antes de desaparecer tras una esquina.
Ahora no es el momento, pensé. A pesar de que me habría gustado hablar con Lettuce, la realidad es que no teníamos tiempo para esto. Más que nunca mi grupo necesitaba una líder, y la reunión que estábamos a punto de tener era un millón de veces más importante que mi pelea tonta con Mint.
Sin decir más, me dirigí yo también escaleras abajo hacia nuestra pequeña sala de reuniones, donde nos esperaba el resto del equipo. Me senté junto a Pudding y Lettuce y me dediqué a escuchar.
- Como saben, no ha habido ningún otro ataque por parte de la nueva raza alienígena, por el momento – comenzó a hablar Shirogane a modo de introducción – pero eso no significa que estamos a salvo, todo lo contrario, es solamente cuestión de tiempo para que el desastre del centro comercial se repita, y tenemos que estar preparados para cuando eso pase.
- Es más complicado ahora que en el pasado con los ciniclones – nos recordó Akasaka – los nuevos alienígenas parecen estar poniendo como objetivo lugares altamente poblados, lo cual dificulta nuestra acción.
- Y el ocultar nuestra doble identidad – agregó Zakuro – hasta ahora no hemos tenido repercusiones al respecto, pero eso podría cambiar muy rápidamente si comenzamos a aparecer como Mews nuevamente en el ojo público.
- ¿Y por qué no darnos a conocer de una vez por todas entonces? – preguntó Pudding, a mi lado – así no tendríamos que estar ocupadas con ocultarnos todo el tiempo.
- No, causaría demasiado pánico – contraatacó Mint.
- No necesariamente – dijo Lettuce, en su usual voz tímida e insegura - si colaboramos con la policía…
- La policía no entiende a que lo nos enfrentamos, y es mejor que siga siendo así – interrumpió Shirogane con voz firme – información como la que disponemos podría causar un desastre más grande del que intentamos evitar.
- Es cierto – acordó Zakuro – estuve fijándome en Internet pero ni siquiera hay información real sobre lo que paso en el centro comercial, solo especulaciones y teorías ridículas que no llegarán a ninguna parte. Dejosmeles que sigan así.
Siendo sincera, no había estado demasiado atenta a las noticias en los últimos días, pero de haber existido alguna actualización sobre el ataque de esta semana, me imaginaba que algo habría escuchado, al menos en la escuela o en la calle a modo de rumor, por lo que la prensa no debía tener información real que divulgar. En mi opinión eso era bueno, porque nos permitía hacer nuestro trabajo sin que nadie nos respirara sobre el cuello.
Sin contar a Shirogane, pensé.
- Pero es solo cuestión de tiempo hasta que se enteren – dijo Pudding - hay demasiadas cámaras sobre la ciudad como para poder mantenernos ocultas.
- Pero si las Mew vuelven a aparecer de la nada, la gente demandará respuestas – explicó Mint.
- Respuestas que podríamos darles – se defendió Lettuce – si controlamos la información que dejamos entrever de nuestra parte entonces podríamos…
- Sería un caos, no tenemos los recursos para…
- ¿No tenemos recursos? ¡Somos Mew!
- No es lo mismo, y lo sabes…
- ¿Y que otra opción…?
- Solo tenemos que ser mas cuidadosas…
- Ser cuidadosas no es una estrategia...
A medida que la discusión iba en aumento, también lo hacían las voces de mis amigas, hablando cada vez más fuerte con el objetivo de dar la opinión de cada una y ahogar la de la otra. Llegado a un punto, ya ni siquiera logré identificar finales de sus oraciones, o quien apoyaba cada teoría. Solo podía escuchar gritos sin forma, y me abrumé tanto que perdí el hilo de la conversación. En el momento en que dejé de prestar atención al griterío, sin embargo, fue cuando sentí...algo. No sabría decir exactamente si fue un ruido cruzando por mis oídos, un olor por mi nariz o simplemente una sensación en la boca del estómago. Lo único que supe, fue que se me puso la piel de gallina y mis músculos se tensaron, listos para una pelea.
Algo está mal...
Miré hacia todos lados, pero nada me pareció fuera de lugar. Lo más probable era que el no dormir me estuviera dejando un poco paranoica… ¿y sin embargo, porque la sensación se había vuelto tan fuerte?
- Ichigo, ¿estas bien? - pregunto lettuce a mi lado.
Abrí la boca para contestar que no, algo no estaba bien. Quise explicar que mi instinto me estaba intentando decir algo, aunque no pudiera entenderlo, pero nunca llegue a emitir ni un sonido. Fui cortada por el ruido estruendoso de un edificio viniéndose abajo...justo sobre nuestras cabezas.
Muchas gracias por las reseñas, de verdad las aprecio mucho y me alegro que les esté gustando la historia :)
