No puedo empezar sin decir que este fic o al menos su idea principal nació de un rol que tenía con mi partner y que nunca terminamos (¿por allá por los 2016? No logro recordarlo).

El caso es que encontré el borrador entre mis archivos y al ver que tenía potencial decidí editarlo, lo reestructuré y resulta que ahora tiene varios capítulos (o al menos ese es el plan). Tres capítulos ya están listos pero pretendo que sean de cinco a siete a lo sumo.

En fin, hay algunas cosas que no he decidido, pero tentativamente tendrá calificación T y está sujeto a posibles cambios porque aún no sé qué temas agregue en los últimos capis, pero por ahora todo es bonito(?)

De momento no tengo ninguna advertencia.

Y recuerden que Tales of Vesperia y sus personajes pertenecen a Namco Bandai


La virtud de hacer lo posible

El innegable favor

Ahí estaba de nuevo, en la bien merecida tranquilidad de los jueves. Una tranquilidad que en un mundo ideal le permitiría permanecer en su casa luego de una ardua jornada laboral sólo posible por obra y gracia de la libertad que sus estudios universitarios le daban a la hora de personalizar sus horarios.

Por supuesto, ese tiempo de calidad consigo mismo, mayormente era ocupado en más trabajo ya sea por organización de su reducido espacio o en el adelanto de proyectos y temas que, de acuerdo a la planificación, le presentarían en las clases de la siguiente semana. Y esto se repetía hasta sentirse conforme para al fin dedicarse al ocio.

Flynn no sabría que en algún punto sus jueves no volverían a ser lo mismo.

Una llamada perdida de Estellise recibida en el transcurso de una de sus clases le alertó principalmente porque la joven sabía que no podía contestar en ese horario, motivo más que suficiente para abandonar prontamente el salón y sin recordar que llevaba algo en su bolsillo derecho, más específicamente un móvil, como para al menos contactarla durante su trayecto y mitigar la ansiedad que aquella situación le produjo, yendo directamente a su hogar.

La alarma no dejó de zumbar en sus oídos ni tensar su espalda ni siquiera cuando sus nudillos, tras respirar profundamente un par de veces, tocaron con suficiente sonoridad la puerta frente a sí. Era el único lugar en el que debería poder encontrarla, y la suerte le sonrió esta vez, dándole un fuerte alivio al encontrarla entera, incluso con un ligero rubor adornándole las mejillas.

Flynn entendió de inmediato sin que ella hubiera pronunciado la disculpa dibujada en su rostro. Al parecer no sabía en que otro idioma disculparse por lo que explicó rápidamente el motivo de su llamada en tan inoportuno momento. Había estado necesitando contactarlo y por miedo a olvidarse, simplemente le había llamado apenas pudo, olvidando a cambio la exigencia de sus horarios. El alivio hizo que Flynn reparara al fin en su imprudencia y también hiciera un gesto de disculpa desestimando las excusas conferidas por su amiga, pese a la reconocida inteligencia de ambos, simplemente eran algo torpes para las acciones inherentes al sentido común y con esto asumido sólo se produjo una risa por parte de ambos.

Con café en mano y una charla casual de por medio, Estellise finalmente le reveló el asunto que la inquietó a contactarlo: Necesitaba un favor. Y ni Flynn ni, seguramente, cualquier otro ser con un dejo de humanidad podía decirle que no a esa joven de tiernas facciones.

Eso marcó un hito entre sus antiguos y nuevos jueves.

Flynn observó el reloj en la pared y comprobó que la hora de su nueva rutina se acercaba y no teniendo, posiblemente, apuro, pero respondiendo a una costumbre arraigada en sí, limpió diligentemente la mesa de estudio para disponer los libros referenciales que creyó más convenientes para el tema del día, labor que no le tomó más de cinco minutos.

Cuando vio entrar a su departamento a ese chico, el cual Estellise le había confiado para salvar sus notas escolares usando algún truco mágico de universitarios dedicados, observó que llevaba el cabello largo enmarcando unos rasgos peculiares dibujados sobre una piel casi pálida, que a la legua se notaba saludable. Sus ojos negros eran un detalle imposible de pasar desapercibido, contrastando perfectamente con su sonrisa. En aquel momento, bajo ningún concepto y que le maldigan si mentía, podría el honesto y bien portado Flynn Scifo haberse imaginado que la presencia de ese joven y la relación que forjarían desde entonces pudiese volverse tan...tan...

¡TAN INCOMODA!

Ese muchacho debía ser un enviado de alguna fuerza maligna que quería hacerle pagar los pecados de sus vidas pasadas. No existía otra explicación para su actitud tan desesperante y su carácter tan desvergonzado.

Apenas entraba en su casa, lo único que no hacía era estudiar o preocuparse por ello pese a que estaba allí precisamente para eso. Ponía una inusual y perturbadora energía en el ridículo acto de indagar en cualquier asunto personal que se le ocurría, hablaba sobre temas irrelevantes e ignoraba por completo los intentos de Flynn por conservar una estructura en sus encuentros. También tenía una afición que pudiera llamar… particular, una en la que incluso Flynn detectaba cierta dedicación, pues el nivel de ocurrencia era tal que más de una vez le llevó a pensar que colocando un esfuerzo proporcional en sus clases los avances serían astronómicos.

Cada tanto, este personaje se daba el lujo de soltar unas insinuaciones que podían avergonzar fácilmente a cualquier persona con un deje de decencia. Pero para darle quizás un tono más desesperante, apenas notaba que el rubio estaba arañando el límite de su paciencia, simplemente frenaba su azote y se mostraba dócil, como si lo hubiese sido desde el momento en que entró a su departamento. No entendía y a ese punto realmente no estaba seguro si quería entender cómo una persona así podía ser tan apreciada por el buen corazón de Estellise, y aunque esa pudiera ser precisamente la razón, Flynn no se sentía capaz de recrear un evento lógico en el que dos personas tan disparejas pudieran congeniar. Pero así era ella, hacedora de lo imposible, derretidora de corazas, habilidad que, dicho sea de paso, le tenía justamente ahí.

Flynn deslizó la mirada con precaución, cuidándose de ser visto mientras repasaba el ejercicio aplicado antes de explicarlo. ¿De verdad tenía algo que acaso no estaba viendo? ¿Algún don o habilidad que no se había decidido aún a mostrarle?

Devolvió la mirada al texto y prosiguió, hundido aún en el dilema y la obligación.

—...Si lo que buscas es derivarla, sólo- ¿Me estas escuchando, Lowell? —reprendió. Había perdido la cuenta sobre la cantidad de veces que hizo esa pregunta en el día y ya para esas alturas el cansancio hacía mella.

Se quitó las gafas para poder ver a Yuri directamente, abandonando en el proceso el libro que sostenía.

—Las derivadas son algo bastante complejo —respondió Yuri con total tranquilidad.

Le había sido imposible retener el pensamiento cuando la exclamación de su tutor de turno le interrumpió de estrépito, notando de inmediato que su libreta estaba cubierta de un sin número de rayones irregulares, figuras y frases que nada tenían que ver con la lección que necesitaba aprender si quería tener la oportunidad de matricularse en alguna universidad, cualquiera que fuese ésta.

Yuri, a decir verdad, no era muy dado a lo académico a diferencia de Flynn que coincidía por completo con el perfil típico de ratón de biblioteca.

Cuando conoció a ese chico, supo de inmediato que su vida se describía con una única y simple palabra que a él le aterraba en demasía: aburrida.

Un resoplido áspero escapó de sus labios y su cuerpo dio la impresión de desinflarse haciendo aún más notorio el fastidio que le generaba aquella actividad, considerándola casi un castigo al que se había visto sometido sin entender aún el porqué. Una expresión de inconformidad se sumó a sus ya decaídas facciones, le había prometido a Estelle intentarlo, pero sencillamente las cuentas en su cabeza carecían de sentido dificultando el aprendizaje y si a eso le añadía la actitud histérica de su joven tutor, no ayudaba en lo absoluto con los incontrolables impulsos de molestarle descubriendo con facilidad los puntos más sensibles de su personalidad.

Flynn era complejo y… desesperante en un modo casi adorable, aunque no más que él cuando se lo proponía. Simplemente Yuri no entendía cómo el otro podía seguir hablando con tanta propiedad y pasión de un tema que él estaba más que seguro que no aplicaría ni una jodida vez en su vida. Eso era un pensamiento que había entrado en su cabeza y había echado raíces, por lo que su hastío resultaba groseramente evidente, sin embargo el hecho de que el otro no pareciera notar lo obvio y lo particularmente inútiles que eran estos ejercicios para alguien que había pasado su vida lo más alejado posible de los libros, logró despertar su curiosidad con respecto a la manera en la que el otro chico gastaba sus horas de ocio.

Si es que las tenía…

Dejó escapar el lápiz que rodó por la mesa y sin prestarle más atención al mismo, cruzó los brazos tras su cabeza mientras inclinaba un poco la silla para balancearse despreocupadamente. Sabía además, que esto incomodaba titánicamente a Flynn y reconoció que éste había tenido mucha más resistencia a su actitud que los anteriores, lo cual suponía un reto.

Era un buen chico, lástima que Yuri tenía un particular gusto por molestar a los chicos buenos.

—Sigo sin comprenderlo —prosiguió Yuri mientras perdía su mirada en el techo gracias a la postura que se había regalado con la silla que bailaba lánguidamente en sus dos patas traseras—. ¿Para qué quiero derivarlas si luego tendré que integrarlas? —pensó un poco en lo que había dicho, aunque tampoco es que fuese un tema que le quitaría el sueño, nada lo haría en realidad, aun así no pudo evitar que su nariz se arrugara con expresión pensativa— ¿Tan siquiera estás seguro que esto salga en los exámenes de admisión de las universidades locales?

Dejó que la silla volviera a su posición original, cayendo con fuerza y, por ende, extendiendo un ruido sordo en el pequeño departamento tipo estudio. Inclinó medio cuerpo sobre la mesa, reposando un codo sobre la superficie y apoyando la barbilla en el dorso de su mano al tiempo que su mente elaboraba nuevas formas de dejar pasar las horas de obligado estudio.

Yuri no gastaba demasiado tiempo en cosas que no le generaban ningún tipo de interés y los números por supuesto, encabezaban la lista de las cosas que no le interesaban. Reiteradas veces le habían acusado de distraído, pero incluso él era capaz de notar hasta dónde podía avanzar con sus irreverentes juegos y no le fue difícil descifrar que con el chico de piel tostada y ojos claros, ampliaba progresivamente sus niveles de tolerancia con él, aunque en ocasiones tenía unas expresiones un tanto exageradas que a él, más que hacerle desistir, le incitaban. Sin embargo, en oportunidades se obligó a controlarse para tener asegurado su pase el siguiente jueves y quizás, también el que le seguía a ése.

Desde su posición y sin dejar de ver al otro, mostró la hilera de dientes en una sonrisa picaresca mientras la voz de sus pensamientos hacía eco de algo que sonaba parecido a un "¿Hasta dónde aguantará hoy?". Recobró una expresión inocentona y estiró la mano tomando las gafas que el rubio se había quitado para dejarlas caer sobre su tabique con infantil curiosidad, dejando que su voz volviera a llenar el espacio junto al coro de bufidos inconformes de Flynn.

—¿Siempre estás solo? —preguntó observando a su alrededor para comprobar el aumento de las gafas con los escasos objetos que podía haber en el departamento de un estudiante universitario.

Flynn ojeó un poco más los ejercicios hasta encontrar alguno que la capacidad de Yuri pudiera completar y de este modo pudiera sentir que hubo, por pequeño que fuera, un avance. Extendió la mano izquierda mientras que con la derecha repasaba hojas hasta dar con algún planteamiento con las características que planteó para su búsqueda y al sentir como Yuri, sin oponer la usual resistencia entregó sus anteojos sin una segunda solicitud, Flynn se alabó internamente por no perder la paciencia.

—Mi familia está en otra parte —respondió sin molestarse en dar detalles—. Intentemos con éste y serás libre de irte.

Yuri terminó con poco entusiasmo el ejercicio y se fue a regañadientes. Flynn no quiso reparar en ese detalle puesto a que había pactado consigo mismo no inmiscuirse demasiado con el otro, pues presentaría su ingreso y hasta ese punto llegaría su responsabilidad moral.

Un Yuri matriculado era el compromiso que tenía con Estellise y estaba dándole lecciones que le servirían incluso para las mejores opciones, no obstante, ni siquiera él podía hacer milagros si el principal implicado no ponía entusiasmo en ello. Flynn sabía que su responsabilidad se limitaba a dar lecciones, pero a medida que las semanas transcurrían y las clases avanzaban con cierta lentitud, no pudo hacer caso omiso a las dudas que la actitud reticente y hasta desanimada del otro tenía.