Capítulo 13
Desperté muy lentamente y con muchísimo esfuerzo. La cabeza me pulsaba con su propio latido, mis extremidades se sentían pesadas como plomo, y si bien tendría que haberme resultado sencillo aunque fuera abrir mis párpados, no encontré la energía suficiente para llevar a cabo una acción tan arrolladora. Ni razón alguna, siendo sincera.
¿Tengo que despertar? Me pregunté, sintiendo como el sueño me arrastraba hacia abajo nuevamente, y sin querer pelear contra la tentación. Puedo dormir unos minutos más…
Y habría perdido la conciencia nuevamente, de no haberme dado cuenta de pequeños detalles que me ayudaron a mantenerme despierta, como el hecho de que algo muy incomodo estaba clavado en mi espalda, o del fuerte olor a quemado que sentía contra la nariz, o los gritos que podía escuchar en la distancia como si estuvieran a miles de kilómetros, y sin embargo que cada vez parecían escucharse un poco más cerca.
Al final la curiosidad me ganó, y acumulando toda mi fuerza, logré abrir mis párpados de una vez. Si bien la imagen frente a mí no fue lo suficientemente clara como para comprender en donde estaba o en qué situación me había metido, si fue lo bastante extraña como para estar segura de que no estaba durmiendo sobre mi cama, ni me encontraba en la escuela luego de una de mis accidentales siestas. Una gran nube de polvo tapaba bastante mi línea de visión, así que no podía ver demasiado, pero aún así llegué a vislumbrar sobre mi cabeza un techo colapsado, y piezas de metal y trozos de piedra desperdigados a diferentes alturas, con apariencia de que se irían a desprender de un momento al otro. Un par lo hicieron frente a mis ojos, haciendo un estruendo contra el suelo y levantando aún más polvo en el aire.
Tosí e intenté mover el cuello para ver algún detalle más que me hiciera saber que había ocurrido, pero a mi alrededor todo lo que podía ver era más destrucción. A lo lejos, sin embargo, un vistazo de un rosa chillón me llamó la atención, y tras un par de segundos de confusión de repente reconocí aquel pedazo de tela como mi mochila, la misma que llevaba día a día a la escuela y a trabajar en el Café todas las tardes.
Oh, diablos no… este es el Café… Me di cuenta con horror. ¿Qué había sucedido allí? ¿Por qué estaba todo destruido? ¿Dónde estaban mis amigas?
Con el corazón en la boca intenté sentarme, pero algo pesado sobre mí me lo impidió y no logré moverme más de un par de centímetros hacia arriba antes de volver al mismo lugar. Irritada, doblé el cuello hacia adelante para intentar ver que tan grande sería el trozo de roca que seguramente estaba aplastándome contra el suelo, pero me encontré con una familiar cabellera verde resbalando desordenadamente por mi pecho en su lugar. Me costó un par de segundos, pero en cuanto mi cerebro recién despertado comprendió el hecho de que el peso encima de mí se movía al ritmo de una respiración profunda, y que podía sentir una anatomía (relativamente) humana, el corazón me saltó derecho a la boca. Aquello era una persona viva: un alienígena para ser exactos.
- Kish – lo llamé, pero él no me contestó ni se movió.
Mi voz estaba ronca por alguna razón, así que carraspeé y probé de nuevo, esta vez agregando un zarandeo suave en uno de sus hombros.
- ¡Kish!
Por favor que esté bien, por favor que esté bien…
Lo sentí moverse ligeramente, y entonces el cabello verde se deslizó hasta que pude ver su rostro pálido (más incluso que de costumbre) y un par de ojos dorados que me miraron tras una cortina de somnolencia muy similar a la que debía haber tenido yo unos minutos atrás. Dejé escapar una exhalación de puro alivio.
- ¿Ichigo? – preguntó él, y tras unos segundos de mirarme con confusión, de repente abrió mucho los ojos y llevó una de sus manos a mi mejilla - ¿estás bien? ¿llegué a tiempo?
- Estoy bien – contesté, sintiendo un ligero tintineo allí donde su mano tocaba mi piel – ¿llegar a tiempo para qué?
Kish tosió e intentó trasladar parte de su peso sobre mi cuerpo a sus manos, pero el proceso debió ser más trabajoso de lo que parecía porque hizo una mueca de dolor ante el pequeño movimiento.
- No lo sé, un ataque, me supongo...dadas las circunstancias – respondió él - tu pedido de ayuda no fue muy claro, ni me dio demasiado tiempo para actuar.
- ¿Cuál pedido de ayuda?
- Tuviste un mal presentimiento hace rato, ¿no es así? – preguntó Kish – bueno, al parecer, ahora compartimos ese tipo de información de alguna manera, porque tuve la repentina sensación de peligro cerca de ti, y fue lo bastante fuerte como para no poder ignorarla.
Sabía de que mal presentimiento hablaba, lo había sentido durante la reunión con el resto de las Mew, sin embargo, no me había dado cuenta que accidentalmente había enviado alguna especie de señal de auxilio mental a Kish.
Claramente era una nueva violación a mi privacidad por parte del… ¿S`darak? pero al menos, gracias a ello Kish había logrado salvarme de ser aplastada como un bicho, así que por una vez agradecí la maldita conexión entre nosotros.
- ¿Sentiste que algo andaba mal y te teletransportaste hasta aquí? – pregunté.
- Sí, y a tiempo, al parecer.
Como si el universo quisiera enfatizar el punto de Kish un poco más, un trozo bastante grande de roca se desprendió de lo poco que quedaba del techo, y por fortuna mis instintos animales me obligaron a moverme lo suficientemente rápido como para hacer rodar nuestros cuerpos fuera de la zona de peligro.
Un par de segundos de lentitud nos habría costado, pensé, mirando el gran trozo de roca a mi lado, que fácilmente podía habernos aplastado a los dos.
- Eso estuvo cerca – comenté, intentando que no se notara ese pequeño temblor de miedo en mi voz - ¿te encuentras bien?
Volví la vista hacia Kish, ahora debajo de mí, y noté como su mirada estaba completamente fija en mí. En el momento en que hicimos contacto visual, sin embargo, pareció atajarse a sí mismo y carraspear.
- Sí, si, estoy bien – respondió él rápidamente – quizás debamos levantarnos y revisar los daños.
Asentí y quité una pierna encima suyo antes de rotar mi cuerpo para estar sentada sobre el suelo, y no sobre él. Revisé mi propio cuerpo rápidamente, y si bien me había visto en mejores condiciones en el pasado, tampoco parecía estar en peligro de muerte, lo cual me alegró porque no tenía tiempo para perder en hospitales.
Por el rabillo del ojo noté como Kish hacía una mueca antes de sentarse lentamente, pasando su mano por su costado como si alguna costilla o órgano interno le estuviera dando problema. Iba a preguntarle al respecto, pero entonces un sonido a mi espalda me alertó y en cuanto me di vuelta noté la figura de nuestra Mew mas joven levantándose pesadamente del suelo, siendo sostenida por el brazo de otra compañera. Esta última llevaba entre sus manos una pequeña criatura rosa altamente familiar.
- ¡Pudding! ¡Lettuce! ¡Masha! – grité en su dirección.
Me moví rápidamente entre los trozos de roca y metal, ignorando el mareo que me dio al levantarme tan deprisa del suelo, y cuando llegué a su posición abracé a las dos chicas fuertemente. Ambas estaban bañadas en polvo, (como yo también lo estaba) tenían un par de cortes en los brazos, y se veían un tanto abrumadas, pero dentro de todo podía ver que estaban ilesas.
- ¿Se encuentran bien? – pregunté de todas formas, mirándolas de arriba abajo para cerciorarme de que no tuvieran ninguna herida profunda o rotura escondida.
- Estamos bien – me aseguró Lettuce – no estábamos muy cerca de la peor parte del derrumbe, así que no salimos heridas.
- ¿Y los demás? – pregunté, sintiendo un nudo en el estómago al ver a Masha tan quieto entre las manos de mi amiga - ¿Los han visto? ¿Se encuentran…?
- Todos están bien – respondió Pudding, tranquilizandome – nadie salió demasiado herido. Masha está un tanto aturdido nada más.
Del alivio las piernas me fallaron y me fui al piso, notando como algo me raspó o quizás cortó la rodilla, pero sin tener la energía suficiente como para que me importara. Todo en lo que podía pensar era en que mi equipo estaba bien. Habíamos sido tomadas con la guardia baja, y el resultado podría haber sido espantoso…y sin embargo por algún milagro, tanto yo como mi equipo estábamos bien.
Pero no el Café, me recordé con angustia mirando el que alguna vez había sido nuestro centro de operaciones, y ahora no era más que un basurero.
Masha hizo alguna especie de ruidito bajo y un tanto quebrado, muy diferente al chillido ensordecedor al que estaba acostumbrada a oír como advertencia de una presencia alienígena, y flotó hasta mí hasta apoyarse sobre mi hombro. Como un animalillo asustado buscando ser reconfortado, se frotó contra mi mejilla y yo lo acaricié en respuesta. Me sorprendí de notar como de repente era capaz de respirar más profundamente.
- ¿Qué sucedió? – pregunté al fin, aún desde el suelo - ¿Fue Saya?
Lettuce y Pudding compartieron una mirada de preocupación. Sabría que preferirían no compartir esa información conmigo, probablemente intuyendo cuan culpable me sentiría yo por traer a nuestro planeta, a nuestro país, a nuestras vidas…a nuestro Café, un problema que solamente llevaba mi nombre. Sabía que preferirían ahorrarme el mal trago de darme aquella noticia, pero no podían ocultarme algo así.
- Ninguna de nosotras vio nada, pero creemos que fue ella, sí – contestó Lettuce, con esa voz suave que guardaba para esos momentos claves en los que se convertía en la madre del grupo - Shirogane cree que Saya y sus camaradas podrían haber utilizado alguna especie de explosión.
Creí que me desmayaría de nuevo al escuchar la última palabra. ¿Explosión? ¿En nuestro Café? ¿Qué podría haber quedado después de algo así? Podía imaginarme las mesas, y las sillas y el mostrador en el piso sobre nuestras cabezas, usualmente un lugar inmaculado y hogareño, convertido ahora en un terreno baldío simplemente con desechos. Un lugar irreconocible, irreparable, un lugar que ya no era nuestro.
Saya me las va a pagar por esto, decidí entonces, por todo.
Su ataque en el centro comercial había hecho nacer en mí un sentimiento de cólera que no estaba demasiado acostumbrada a sentir hacia otro ser viviente, pero ahora se habían metido con un lugar muy especial para mí y puesto en peligro a mis amigas, ¿y por qué? ¿Por el capricho tonto de alguien a quien ni siquiera conocía realmente? ¿De verdad sus celos hacia lo que yo había significado para Kish en el pasado era suficiente como para que llevara a cabo estas acciones? ¿O simplemente disfrutaba de la destrucción que dejaba a su paso?
No era ninguna tonta, y estaba bastante segura de que Saya debía estar rondando por las cercanías del Café (o lo que quedaba de él al menos) esperando la oportunidad de que saliéramos afuera sin tener idea de que ella nos estaba aguardando para dar el golpe final. No me importaba que tipo de relación enfermiza compartiera con Kish, ahora mismo ella no era su prometida, ella era mi presa y yo estaba preparada para enfrentármela.
- ¿Y se largaron luego de cometer su trabajo sucio? – pregunté, poniéndome de pie y accidentalmente alertando a Masha, quien saltó de mi hombro asustado - ¡No voy a dejar que se salgan con la suya!
- Por supuesto que no, ya nos adelantamos – respondió Pudding efusivamente al atrapar a Masha en vuelo - Zakuro y Mint creen que Saya aún puede estar cerca, y fueron a buscarla…
- ¿Solas? ¡Necesito ir con ellas! – exclamé.
- Y lo haremos, juntas – me aseguró Lettuce, tomándome de las manos.
Asentí, y sacudí de encima lo último que quedaba de mi cansancio. Lettuce tenía razón en intentar calmarme, de nada me serviría cundir el pánico o entrar en un torbellino de furia irracional, porque de ser así, mi batalla sería muy corta y con un resultado indeseable.
Sentí un toque en mi hombro a mi espalda y giré el cuello para ver a Kish, quien se había logrado levantar del suelo por fin, pero tenía un aspecto incluso peor que antes. Un solo vistazo y me quedó bastante claro que el alienigena no estaba listo para ninguna pelea, lo cual nos daba una clara desventaja porque Kish no solamente era un muy guerrero bastante decente (por no decir mejor que yo, pero no admitiría eso) sino que era la persona ideal para enfrentarse específicamente a Saya. Tenía suficientes batallas en mi repertorio como para saber que conocer las debilidades y fortalezas del enemigo, de la manera en que Kish conocía las de Saya, podía definir un resultado positivo o negativo en una pelea.
Considerando que quisiera pelear por mí en primer lugar, me recordé, porque una cierta discusión acalorada sobre la confianza (o más bien, la falta de ella) me venía a la cabeza, y me dejaba con cierta duda sobre la decisión que Kish podría tomar. Después de todo, él me había dado a entender una y otra vez que me debía su ayuda, pero eso podía tan fácilmente cambiar…
Me dije a mí misma que no pensaría en eso, al menos no mientras tuviéramos un asunto importante entre manos, y de todos modos, no podía contar con su habilidad estando herido.
- Vayan yendo – volví la cabeza hacia mis compañeras – me sumaré enseguida.
Ambas asintieron y tras un momento de transformarse en sus alter egos Mew, ambas salieron disparadas fuera del arruinado Café, con Masha siguiéndolas de cerca atrás.
- ¿Qué sucede? ¿Qué dijeron? – preguntó Kish al ver la expresión seria en mi rostro.
- Esto es obra de Saya – expliqué, sintiendo como la sangre me hervía en las venas al pensarlo – voy a ir a buscarla.
- Iré contigo.
- No, apenas te puedes mantener en pie, vuelve a tu nave y recupérate.
Kish me miró como si acabara de proponerle que se pusiera a rodar por vidrios rotos.
- ¿Mientras tú te enfrentas a una guerrera experimentada por ti sola? Ni hablar.
- Vas a salir aún mas herido si vienes ahora – intenté racionalizar con él, a pesar del poco control que tenía ahora mismo sobre mis emociones como para ponerme racional - ¿de qué nos sirve eso?
- Estaré bien.
De alguna forma no me lo creí, quizás por el hecho de que su muy valeroso comentario vino unido a un ataque de tos, seguido por un gemido doloroso mientras se sujetaba las costillas. Me habría regocijado en el subidón de poder que me daba el tener razón (lo cual no parecía pasar demasiado seguido para mi gusto) pero el aspecto lamentable de Kish estaba arruinando mis ganas de disfrutarlo.
Noté un corte un tanto profundo en su brazo derecho, y rápidamente rasgué un trozo de mi propia camiseta bastante rota de por sí, para usar como venda.
- Estarás bien porque no vas a pelear – le dije, dando vueltas furiosamente con la tela para cubrir la herida y luego atarla en un torniquete sobre su brazo - vuelve de vuelta a tu nave.
- Oblígame – respondió él, con ese brillo de rebeldía que tantas veces había visto en él cuando éramos niños.
Eché las manos al aire en frustración, porque de la escala del 1 al 10 en el medidor de lo insoportable, Kish acababa de alcanzar un 11.
Una intenta cuidar de sus compañeros, ¿y para qué?
- ¡Dios, Kish! Pareces un niño, tan solo vuelve a tu maldita…
- ¡No voy a tener tu muerte sobre mi consciencia, Ichigo!
Sin una palabra más, Kish tuvo la osadía de teletransportarse, dejándome con un insulto en la boca, y bastante segura de que no acababa de hacerme caso. Oh, no, apostaría mi brazo a que el muy tonto se había mandado directo al campo de batalla.
Maldito alienígena testarudo…
Tomé mi pendiente y me transformé rápidamente para alcanzarle antes de que se lastimara aún más, pero antes de ir en busca de mi equipo, por el rabillo del ojo volví a notar mi mochila rosa sobresaliendo ligeramente entre los escombros.
Normalmente la habría dejado allí, porque la pelea que se estaba desarrollando en la superficie era más importante que cualquier cosa que pudiera encontrar dentro de mi mochila, pero un objeto (o un par de ellos, en realidad) me vinieron a la mente y decidí que valía la pena desviarme por un segundo. Corté la distancia hasta llegar a mi mochila y me incliné para revisar su contenido. Desde el fondo, justo debajo del libro de historia que no había abierto en todo el año, encontré lo que esperaba: una caja conteniendo un par de dagas. Aún no estaba del todo acostumbrada a utilizarlas, pero parecía que era hora de pretender como si lo estuviera.
Tomé una daga en cada mano, probando su peso y mi agarre, y luego las guardé en un escondite entre mi vestido. Respiré hondo una vez, y salté fuera del hoyo bajo tierra que una vez había sido el sótano del Café Mew.
No fue demasiado difícil encontrar el centro de la pelea: simplemente seguí la dirección de los gritos y las descargas multicolores de poder hasta finalmente aterrizar en un campo de batalla improvisado. Afortunadamente, mi equipo parecía haber logrado atraer al enemigo hacia un terreno baldío unos cuantos kilómetros fuera de la carretera principal y lejos del ajetreo de la ciudad, por lo que no había demasiados civiles cerca, aunque tampoco estaba del todo desierto para mi gusto. Un par de edificios precarios, la mayor parte aparentemente abandonados, se elevaban aquí y allá, y tras algunas de las ventanas podía ver ojos curiosos intentando comprender lo que pasaba afuera.
Esto va a atraer un poco la atención, pensé, mientras veía a Pudding y Lettuce liderando la evacuación de un pequeño grupo de personas fuera de un edificio, y sin poder evitar las cámaras de los celulares justo en sus caras. Al parecer las Mew no permaneceríamos como un secreto por mucho tiempo más, lo cual solo nos traería problemas a la larga mientras todavía existieran especies alienígenas dispuestas a atacar nuestro planeta. Civiles heridos, ataques sobre nuestro suelo, y esperaba que no sucediera nunca pero a este ritmo era inevitable no pensarlo: muertes…
¡No, no podía dejar que llegáramos a ese punto! Tenía que detener a Saya antes de que el ojo público se involucrase en nuestra guerra y humanos sin experiencia o poder alguno intentasen luchar contra un enemigo al que jamás podrían derrotar. Tenía que terminar con esto lo antes posible antes de que fuera demasiado tarde.
Di un salto hasta agazaparme sobre el techo de un edificio bajo cercano y me dediqué a investigar la escena delante de mí antes de que el enemigo me avistara. El sol ya estaba comenzando a descender en el horizonte, lo cual normalmente significaría una desventaja para nuestro equipo considerando la dificultad de distinguir las capas oscuras de los alienígenas contrastadas en la noche. Sin embargo, en este caso, eran ellos quienes estaban en una verdadera desventaja porque su visión en la noche era bastante pobre. No estaba segura por qué Saya se había arriesgado a atacarnos tan cerca del atardecer; quizás el ataque había sido apresurado, o no tan correctamente planeado, pero fuera cual fuera la razón, pensaba aprovechar mi ventaja sobre ella.
Tanto en el aire como en el suelo, podía ver a mi equipo luchando contra seis o siete figuras encapuchadas, moviéndose rápidas como rayos. Nos superaban ligeramente en número, pero no era una labor imposible, no para mi equipo por lo menos. Enseguida me lo demostraron en cuanto conjuntamente Zakuro y Mint enviaron volando por los aires a uno de los alienígenas. Este pasó casi rozándome antes de que derrapara dolorosamente sobre el techo a mi lado. Miré en su dirección, y a pesar de que no podía verle el rostro, me parecía bastante claro de quien estuviera debajo de esa capa no se volvería a levantar por el momento.
Era demasiado pedir que aquella persona pudiera ser Saya.
- Bueno, ya era hora de que llegara nuestra líder – anunció Mint, volando suavemente hasta posarse en la cornisa.
- Tardé un poco en despertar – respondí - ¿me perdí de algo?
- No demasiado, llegaste en el momento indicado – respondió Zakuro, aterrizando graciosamente a nuestro lado.
Zakuro entonces le tiró a Mint un trozo de cuerda, la cual ella tomó en el aire y comenzó a caminar en dirección a la figura encapuchada en el suelo. Luego de cerciorarse de que estuviera realmente inconsciente y no fingiendo un desmayo para engañarnos, comenzó a atarle con la cuerda a través del pecho, con los brazos a la espalda.
Algo en la manera automática en la que Mint estaba ocupándose de nuestro enemigo alertó alguna alarma en mi cabeza y quise preguntar al respecto, pero Zakuro se me adelantó con la explicación:
- Con Mint estábamos pensando en la posibilidad de hacer un par de rehenes.
- ¿Dices de secuestrar a uno de ellos? – pregunté, no muy segura de que me gustara la idea, jamás habíamos hecho algo así.
- No lastimaríamos a nadie, solo queremos hacerles un par de preguntas – me explicó Zakuro – ver si podemos conseguir información acerca de sus planes.
No es una mala propuesta, me encontré a mí misma considerando la posibilidad. El secuestro nunca había sido nuestro estilo, sin embargo, situaciones desesperadas justificaban medidas desesperadas, y la destrucción del sitio que para todas se había convertido en un segundo hogar, a mi entender era suficiente para que intentásemos algo fuera de nuestra zona de comodidad. Si lográbamos resultados, secuestraríamos a todos los malditos alienígenas que se nos cruzaran.
- Bien, estoy de acuerdo pero ningún herido, ¿está bien? – acepté, yo no era Saya y no permitiría que mi equipo lastimase a nadie, ni siquiera al enemigo – ¿pueden esconder a este en algún sitio que no lo encuentren fácilmente? Apenas termine la pelea lo llevaremos de vuelta al…
Me detuve, porque había estado a punto de decir el nombre de un sitio que se había reducido a un montón de escombros, y que ahora mismo no nos serviría en absoluto para esconder o interrogar a nadie. Desafortunadamente, no se me ocurría ningún otro sitio al que pudiéramos llevar a un alienígena inconsciente sin levantar sospechas.
- Llamaré a Shirogane – se ofreció Zakuro – quizás tenga algún lugar que podamos usar.
- Bien, si, él sabrá lo que hacer.
Zakuro asintió y en cuanto Mint terminó su labor, entre ambas lo levantaron y juntas comenzaron a llevar al alienígena dentro del edificio. Un momento antes de desaparecer escaleras abajo, sin embargo, Zakuro hizo una pausa y me dedicó una de sus miradas significativas en las que no era necesario agregar absolutamente nada verbal para que yo comprendiera el mensaje.
"Ten cuidado" parecía decirme.
No era nada que no pudiera imaginarme por mí misma, pero apreciaba el sentimiento. Después de todo, Saya y su séquito habían ampliado la apuesta de este juego atacándonos por la espalda y de una manera que podría haber eliminado a todo mi equipo en un abrir y cerrar de ojos. Parecía un milagro que todas estuviésemos bien, y solamente por el hecho de que en el momento del desastre habíamos estado en el sótano que nos había protegido parcialmente de la explosión, y no en el piso principal donde habríamos terminado hechas pedazos.
¿Habíamos tenido suerte en ese sentido? ¿Había sido mera coincidencia que el ataque hubiese ocurrido en el momento en que descendimos al subsuelo del Café? ¿O era posible que Saya hubiese ignorado las horas de aquella tarde que habíamos pasado trabajando en el piso principal porque su objetivo real no había sido eliminarnos?
Más de una vez Kish me había hablado del supuesto sentido del honor de su prometida, y como ella misma quería ser quien se enfrentara a mí y eventualmente me ganara en batalla. Me parecía un poco extraño, cobarde incluso de su parte, que ahora se limitara a enviar una explosión a distancia, en vez de retarme cara a cara como lo había hecho en otras ocasiones. Me hacía pensar que quizás la explosión no había sido más que un engaño, una forma de hacernos salir de nuestro escondite como ratas, de tomarnos por sorpresa y atraernos hacia donde ella quería, pero no necesariamente de borrarnos del mapa de un solo golpe. Ese lujo, parecía que se lo estaba tomando ahora en batalla al tenernos a todas desorientadas, un tanto débiles y poco preparadas.
Pero sin perder nuestra energía, me dije. Si algo no comprendía Saya de las Mew, era que no nos deteníamos ante nada ni nadie, nunca. Así que asentí en dirección a Zakuro, haciéndole saber que entendía su mensaje. Ella asintió en respuesta y desapareció con Mint escaleras abajo. Yo me di la vuelta y salté fuera del edificio, buscando el mejor lugar donde contribuir con mis habilidades.
No busqué necesariamente a Saya, porque no había verdadera forma de diferenciarla entre su séquito de capas oscuras, y de todos modos, me parecía lo más probable que ella viniera a por mí. Lo que sí podía hacer, sin embargo, era buscar a Kish. El muy testarudo debía estar herido en algún sitio, sin poder moverse con la misma soltura de siempre, pero aún así pretendiendo que tenía todo bajo control.
Tuve razón. Cuando al fin lo localicé entre el caos, lo encontré agazapado tras unos arbustos, sosteniéndose el costado, sangrando por una herida sobre su ojo y respirando con dificultad. Me encontré a mí misma enojándome con él, a pesar de su obvio deseo por ayudar a nuestra causa, y cuando llegué a su lado, le hablé con un tono mucho más seco y furioso del que pretendía:
- Creí haberte dicho que volvieras a tu nave.
- Y yo creí haberte dicho que me obligaras – respondió él, pretendiendo de repente poder respirar con total normalidad. Como si me lo creyera.
- ¡Diablos, Kish! No tenemos tiempo para esto.
- En eso estamos de acuerdo.
Un latigazo pasó tan cerca de mi oreja que mi cabello se elevó por la estática, pero afortunadamente, alguien parecía haber fallado en su puntería porque no llegó a tocarme. Decidí no quedarme a averiguar si tendría suerte una segunda vez.
Tomé a Kish de la cintura y di un par de saltos, evitando una serie de latigazos que pasaron demasiado cerca de nuestros cuerpos para mi comodidad, pero ninguno llegó a tocarnos. Para cuando logré frenar en un sitio lo suficientemente alejado, Kish estaba respirando nuevamente con dificultad, y una ligera capa de sudor había comenzado a pintarle la frente. Sin quitar el ojo de encima a la figura encapuchada que nos había estado siguiendo (Saya, sin duda) pero que ahora mismo nos había perdido la pista, miré de reojo a Kish y me pregunté si no debería simplemente noquearlo y esconderle por un rato para apartarlo del peligro. No estaba segura de la extensión de sus heridas, pero hasta yo misma podía ver que no se encontraba en condiciones óptimas para la ofensiva o defensiva, y yo no podía estarle cuidando toda la tarde. Tenía que encargarme d Saya.
Abrí la boca para nuevamente pedirle que volviera a su nave, pero él me cortó poniendo la palma de su mano sobre mi boca para literalmente callarme. Se puso de pie (lenta y trabajosamente) y me miró con completa seriedad antes de amenazarme:
- Si sugieres que me vaya una vez más, voy a teletransportarte a algún sitio muy lejos y me encargaré de todo este problema yo solo.
Fruncí el ceño, y me dispuse a seguir protestando, pero el sonido de más explosiones de poder, más latigazos de energía pura y más gritos me llevaron a desistir de una vez por todas. Después de todo, yo no era la guardiana de Kish. Él era un chico grande, si creía poder pelear, entonces podía pelar. Me quité de un manotazo su mano de mi boca.
- Bien, si vas a insistir en quedarte aquí, al menos trabajemos juntos – pedí - ¿puedes hacer eso?
- Puedo hacer eso – respondió seriamente - ¿Tienes un plan en mente?
- A decir verdad, sí, lo tengo. Es muy simple: si la distraigo, ¿crees que puedas encargarte de ella?
Kish me miró con sorpresa, y solo con una ligera pizca de perplejidad. Fue entonces cuando escuché mis propias palabras en mi cerebro, y comprendí como podían ser fácilmente malinterpretadas.
- ¡Me refiero a que la saques de combate! – aclaré – noquéala, átala o enciérrala en algún sitio, me da igual, pero que no esté libre para pelear.
- Bien, puedo encargarme de ella, pero Ichigo…ten cuidado. No subestimes a Saya.
- Estaré bien – le aseguré - tu solo prepárate
Kish no pareció del todo convencido con mi vaga respuesta, y teniendo en cuenta lo conectado que parecía estar con mis emociones últimamente, no podía culparle. Mi plan no involucraba una gran preocupación por mi seguridad de mi parte, pero sí una suma considerable de nerviosismo que él podía sentir, o por lo menos, ver reflejada en mi rostro. No estaba segura cual era el alcance de nuestra conexión, pero por la sospecha en sus ojos me pareció probable que él no supiera exactamente lo que me proponía hacer, solo que era lo suficientemente peligroso como para ponerme nerviosa y evitar dar una respuesta clara.
Él fue a protestar, lo supe en cuanto abrió la boca, pero no llegué a escuchar lo que fuera que se disponía a decir, porque Saya de repente nos encontró y dio por terminada nuestra conversación.
- Ataca cuando este distraída – le recordé.
- Ichigo, espera…
Antes de que pudiera decirme algo más, salí disparada fuera del camino, porque no quería que Saya viniera nuevamente a por mí, y Kish quedara atrapado en el medio. Después de todo, yo era la carnada, a él lo necesitaba para dar el golpe final.
Al parecer, Saya había estado esperándome, porque ciertamente no perdió tiempo. Apenas llegué a dar un par de pasos en su dirección antes de que volviera a hacerme bailar por todas partes intentando evitar su látigo. Enseguida noté que se había vuelto más rápida, o quizás era yo la que estaba actuando más lento, porque de alguna forma no me parecía que estuviésemos moviéndonos ni remotamente a la misma velocidad.
Intenté acercarme lo suficiente como para utilizar una de mis dagas, aunque fuera al menos para cortar su maldito látigo al medio, pero cada paso que daba hacia adelante, enseguida me veía obligada a retroceder tres más rápidamente hacia atrás. Apenas tenía el tiempo suficiente como para ver adónde iba, mucho menos en qué dirección, y en una ocasión, trastabillé con algún objeto tirado en el suelo. Esa milésima de segundo en que tardé en recobrar el equilibrio por poco me costó el cuello, pero por fortuna, mis instintos actuaron lo suficientemente rápido como para hacerme rodar fuera del camino justo a tiempo de ver el suelo a mi lado partirse al medio.
Tengo que encontrar un punto débil, pensé, algo que me permita al menos acercarme un poco…
Era un trabajo frustrante, lento, agotador y que no me estaba llevando a ningún sitio, porque claramente Saya no tenía intención de dejarme avanzar, y yo tenía que avanzar costara lo que costara. Este pequeño juego del gato y el ratón probablemente estaba manteniéndola ocupada, pero ni en un millón de años me creía que sería suficiente como para tomarla desprevenida. El ataque de Kish no valdría la pena si Saya no estaba completamente distraída conmigo, y él debía saberlo porque no intentó acercarse.
Tenía que engañarle de alguna manera, hacerle creer que me estaba ganando, o que me tenía indefensa, porque era posible que el subidón de confianza le hiciese perder la concentración, y permitir no solo que yo pudiera acercarme lo suficiente como para realmente poder pelear contra ella, pero incluso también darle a Kish la oportunidad que necesitaba para hacer su parte.
Quizás no sea necesario actuar, pensé, volviendo a saltar fuera del camino de su ataque, pero solo por un pelo, quizás tenga que dejarme atrapar por una vez…
Respiré hondo, completamente segura que acababa de cocinar una de las ideas más estúpidas que se me habían ocurrido en toda mi vida. Era arriesgado, me dolería como los mil demonios, y puede que incluso me llevara alguna consecuencia que todavía no podía ni imaginarme, pero era un plan lo suficientemente impredecible como para que funcionara, y diablos, yo estaba lo suficientemente deseosa de ganar como para querer intentarlo. Así que cuando Saya volvió a revolear su látigo, esa vez no me alejé, ni me moví fuera del camino…sino que fui directamente hacia ella.
Dejé que la fuerza de su látigo me golpeara de lleno en el pecho, y a pesar de que me había preparado para el dolor, no había estado consciente de la ráfaga de poder que atravesaría mi cuerpo. Había recibido roces del látigo de Saya durante nuestro último encuentro, y me había llevado un par de quemaduras (que Kish y Pai habían curado mientras yo permanecía inconsciente en su nave.) Habían dolido tremendamente en aquel momento, y estúpidamente había creído que podría soportarlo nuevamente si ya sabía lo que me deparaba.
Esto no fue ningún roce, y nada para lo que podría haber estado preparada.
Jamás me había electrocutado en mi vida, y sin embargo, estaba bastante segura de que la sensación debía ser similar, o quizás menor, a la descarga eléctrica que atravesó mi cuerpo en aquel instante en que mi piel estuvo en contacto con ese látigo. Fue como una patada directamente a mis terminaciones nerviosas, a mi cerebro, a mi corazón, y me cegó tan completamente por un instante que olvidé mi propósito y la mente se me puso en blanco. Ni siquiera atiné a gritar.
Posiblemente toda la acción hubiese durado no más que un instante, pero en mi cuerpo se sintió como si fueran horas de suplicio. Cuando la descarga por fin se apagó, caí sin fuerza alguna sobre el techo de un auto, el cual se dobló bajo mi peso y una alarma molesta comenzó a sonar, pero apenas la escuché por el pitido en mis oídos. Me golpeé la cabeza bastante fuerte, pero por alguna razón, en vez de perder el conocimiento, el golpe me aclaró ligeramente la mente, y me encontré a mí misma pudiendo pensar nuevamente.
No te desmayes, me dije, ahora no es el momento.
- ¡Ichigo! – gritó Kish, apareciendo repentinamente a mi lado - ¡¿Qué diablos has hecho?!
- Estoy…bien – murmuré entre jadeos, pero por supuesto que no lo estaba.
La había subestimado, a ella y a su estúpido látigo, y ahora mi cuerpo estaba pagando las consecuencias con una gran debilidad que no estaba preparada para sentir o tenía tiempo de superar. El dolor había remitido bastante, pero mi cuerpo aún así dejaba escapar ligeros temblores, y mis manos no podían sostener la daga con firmeza, mucho menos blandirla de una manera que lograse hacer daño alguno. Me había puesto en un lugar vulnerable, y ella se aprovecharía de eso, estaba segura, podía verlo en la manera en que se había comenzado a acercar lentamente hacia mí, látigo en mano y capa al vuelo.
Saya podía haber acabado conmigo a distancia, haber descargado nuevamente la fuerza de su arma sobre mí una y otra vez, hasta que no quedara ninguna parte de mi cuerpo sin quemar, y sin embargo no lo había hecho, porque su objetivo al fin y al cabo no era exclusivamente eliminarme, también era estudiar mi genética, lo cual asumía que no debía tener demasiada gracia si terminaba con un cadáver en vez de con un cuerpo vivo. Así que se acercó lentamente hacia mí como si tuviera todo el tiempo del mundo, y supe que si no hacía algo pronto me llevaría con ella. Fuera donde fuera su nave, sabría que mis posibilidades de sobrevivir se reducirían a un número muy bajo.
- Te sacaré de aquí – anunció Kish, y fue a tomarme del brazo para teletransportarnos fuera del campo de batalla, pero yo quité su mano de un manotazo.
- No...no puedes hacer eso...tenemos que mantenernos...en el plan - dije, con la respiración aún agitada, pero intentando que no se notara.
- ¿Pero estas loca? Ya no hay ningún plan.
- No voy a dejar...que se escape – declaré con firmeza.
Kish fue de nuevo a tocarme, y esta vez le empujé con más fuerza, provocando que se cayera hacia atrás y fuera del auto hasta el suelo, y por la mueca en su rostro supe que la caída le había dolido. Sentí una punzada de culpa porque no había querido empujarle tan fuerte, pero la enterré profundamente dentro de mí porque no tenía tiempo para esto.
- No puedo irme ahora, Kish – intenté explicarme – necesito llevar esto hasta el final.
- Ichigo, ¿Qué vas a hacer?
Siendo sincera, no tenía idea, solo sabía que no podía darme la fuga, porque hoy había sido el Café, pero mañana podía ser mi casa, o mi escuela o un lugar público que nada tuviera que ver conmigo. Saya no dejaría de atacarme a mí o a quienes me importaban con tal hacerme salir de mi escondite. No podía permitir que continuara dando vueltas por mi planeta e hiriera a mis seres queridos. Podía detenerla, y podía hacerlo ahora.
Puedo hacer que todo esto se termine hoy mismo…
De alguna forma encontré la suficiente fuerza en mí como para ponerme de pie, y aunque me tambaleé ligeramente sobre mis pies, logré ponerme firme y adoptar una pose defensiva. Dudaba que estuviera dando un mensaje demasiado amenazante con manos temblorosas como las mías, pero era lo que había. Antes de que Saya se me viniera encima, opté por cortar yo misma la distancia entre las dos, y me arrojé hacia adelante en un movimiento que esperaba fuera lo suficientemente impredecible como para que no se lo viera venir.
No tuve tanta suerte.
Como si mis movimientos estuvieran siendo llevados a cabo mediante una cámara lenta, Saya apenas pareció alertarse o sentirse amenazada ante mi repentina cercanía. En vez de apartarse (con tiempo de sobra) simplemente rotó su cuerpo fuera de la línea de trayectoria a la que me daga apuntaba y no llegué a hacer daño alguno. Antes de que pudiera asimilar el cambio en la situación, ella ya me había dado una patada directamente a mi estómago que me dejó ahogándome como un pez fuera del agua. Caí al suelo nuevamente, y antes de que pudiera considerar la idea de ponerme de pie, fui tomada por un brazo y revoleada por el aire. En cuanto aterricé en algún sitio con suelo firme apenas tuve tiempo de hacer entrar aire en mis pulmones antes de recibir un rasguño vengativo en la mejilla, otra patada (esta vez en la rodilla) y finalmente un empujón que me envió volando hacia atrás fuera de un edificio en el que en algún punto debíamos habernos aterrizado durante la pelea, pero no recordaba demasiado el momento específico.
Mi espalda golpeó cemento duro tras una caída de al menos dos pisos, y a pesar de que el dolor fue suficiente como para querer abandonar toda posibilidad de continuar peleando, me encontré a mí misma intentando moverme porque parte de mí sabía que no podía dejar que Saya me atrapara así, tan indefensa. Y sin embargo, a pesar de la fuerza monumental que empleé para moverme, no llegué a ningún sitio.
¿Así es como termina todo entonces? Me pregunté, sin poder creerlo.
Observé la figura oscura de Saya, apenas contrastada con la noche rápidamente cerrándose, y me pregunté por qué se molestaría ella en llevarme como rehén. ¿Le parecía yo ahora mismo una criatura tan interesante? ¿Esta versión rota, débil y herida de mí era lo suficientemente cautivadora como para perder tiempo estudiándome?
No expresé ninguna de mis dudas en voz alta, y sin embargo, Saya pareció leerme la mente de igual forma, porque sentí el cambio en ella aún desde la distancia y sin palabras de por medio. Desde su lugar en lo alto del edificio, con su capa al viento y su látigo en mano, no podía verle el rostro, no podía saber los pensamientos que le pasaban por la cabeza, pero algo en la forma que estaba alargando innecesariamente todo esto, en la manera en que no parecía apresurada en absoluto de llevarme con ella, me hizo pensar si no estaba cambiando de opinión acerca de lo que pensaba hacer conmigo.
Un instante después, Saya tiró su látigo al suelo. El corazón se me detuvo dentro del pecho, y me pregunté si se había rendido, si había visto la futilidad de estudiar mi estúpido cuerpo y había decidido simplemente…
Pero, de nuevo, tendría que haberme dado cuenta que yo nunca tengo tanta suerte. Saya tiró su látigo…pero en su lugar, tomó una barra metálica junto a sus pies, y la apuntó directamente hacia mí. Supe lo que iba a hacer antes de que lo hiciera, vi su propósito como si estuviera viendo mi propio futuro a través de una bola de cristal y me horrorizó. Aparentemente Saya había perdido el interés por secuestrarme, luego de presenciar su inútil y patético caso de estudio, pero su deseo de matarme no había mermado en absoluto, y pensaba cumplirlo…ahora mismo al parecer.
La barra metálica fue arrojada en el aire, en un movimiento que sabía sería perfecto, calculado y que daría justo en el blanco. Me embargó entonces un miedo paralizante, y solo pude cerrar los ojos para no ver mi propio final.
Un instante después escuché un sonido de algo que se rompía, y un gemido de dolor justo sobre mí. Un par de gotas mojaron mis mejillas, y cuando abrí los ojos al fin, la imagen frente a mí me fue completamente incomprensible.
- ¿Kish? – pregunté, sin poder entender lo que mis ojos veían.
Él no había estado ni remotamente cerca de mí en el momento en que Saya había apuntado para matarme, pero entonces, ¿Por qué estaba él ahora agazapado sobre mí de manos y pies? ¿Por qué tenía una expresión de completa agonía en sus ojos dorados? ¿Por qué tenía una barra metálica sobresaliendo por su costado? ¿Por qué escapaban gotas de sangre desde su boca? Nada de esto parecía tener sentido para mí, y mi cerebro no pudo conectar las acciones de Saya con las de Kish.
- Ichigo… - él apenas susurró mi nombre, aunque no llegué a saber que iba a decirme, porque entonces su cuerpo cayó sobre el mío, sin fuerza.
Por un instante no atiné a reaccionar. Me quedé congelada, viendo sobre su hombro la noche que ya había cerrado por fin, hasta que encontré a Saya, aún sobre el edificio, aún mirándome, y por un segundo temí que fuera a terminar el trabajo que había dejado por la mitad. Pero al parecer, ella estaba tan congelada como lo estaba yo, porque no se movió, ni levantó su látigo, ni amenazó con atacarnos de manera alguna. Dos de sus secuaces aparecieron rápidamente, uno a cada lado de su figura, y la tomaron de los brazos. Ella no pareció percatarse del movimiento, y no ofreció resistencia alguna cuando de un salto demasiado rápido como para seguir el movimiento se la llevaron de allí.
Tuve un segundo de frustración al ver desaparecer a Saya, cuando había estado tan dispuesta a acabar con ella de una vez por todas. La había tenido tan cerca, y la había dejado ir, otra vez. Parte de mí quería seguirla, buscarla por la ciudad a través de mi olfato y continuar la pelea porque no podía aceptar que esto fuera todo, no podía aceptar que ella hubiese movido contra mí y ganado. Parte de mí quería levantarse e ir en su busca, y sin embargo la otra parte, se preguntaba por qué no podía sentir la respiración de Kish contra mi pecho.
Una alarma sonó en mi cabeza y de repente, Saya pasó completamente a un segundo plano en cuanto por fin comprendí por qué Kish estaba tan quieto.
- ¡Kish! – grité, despertando como de un sueño al que me había sumergido sin darme cuenta - ¡No, no, no, no, no! ¡¿Qué has hecho?!
Con mucho esfuerzo quité su peso de encima y con cuidado le moví para que se recostara contra el suelo. Esperaba que el movimiento fuera suficiente como para causar algún efecto, aunque fuera un gemido o mueca de su parte, pero él no reaccionó en absoluto.
No, no, no, por favor, no me hagas esto...
- ¡Kish! ¡Kish, despierta…despierta ahora mismo!
No se estaba moviendo, ni dándome razón alguna para pensar que podía estar escuchándome. No queriendo caer en el pánico, intenté pensar racionalmente y busqué su pulso, como lo había hecho la última vez que se había desmayado en mis brazos, pero a diferencia de aquella vez, no encontré muestra alguna de que el corazón de Kish aún estuviera bombeando sangre dentro de su cuerpo. Al menos, no que yo pudiera encontrar.
Di entonces una bofetada ligera a su rostro, luego de forma más fuerte, hasta que al final terminé dándole vuelta la cara con toda mi fuerza, pero aún así no despertó. Miré a mi alrededor, esperando encontrar alguien de mi equipo a quien pedir ayuda pero no debían de haberme encontrado todavía porque no podía verlas u oírlas. Incluso Saya y su séquito se habían largado, y eso significaba que estaba sola, completamente sola con un alienígena inconsciente. Un alienígena que ahora mismo se estaba muriendo…por mí.
Sin poder mantener a raya el pánico por más tiempo, sentí como un grito comenzaba a formarse en mi pecho, queriendo escapar por mi garganta. Como loca empecé a buscar entre las ropas de Kish, diciéndome a mí misma que no era posible que él se hubiera metido en la pelea sin al menos una manera de contactar con su propio equipo. A través de ojos nublados, encontré algo que me sonó similar a un intercomunicador y toqué todos los botones hasta que una voz salió molesta desde el otro extremo del aparato.
- Kish, ¿Qué crees que estas…?
- ¿¡Pai!? ¡Pai! ¿Me escuchas? – pregunté, esperando que el pequeño aparato tuviera un micrófono instalado - ¡Necesito que vengas aquí ahora mismo! ¡Es Kish, está herido, necesito tu ayuda!
Por un instante, solamente silencio me recibió desde el otro extremo, y me pregunté si lo había apagado accidentalmente, pero entonces la voz de Pai, más seca de lo que la había escuchado nunca volvió a hablar:
- Quédate donde estas.
La comunicación se cortó, y asumí que Pai estaba en camino. Iba a comunicarle nuestra dirección más aproximada, pero el comunicador debía tener alguna especie de sistema de rastreo instalado porque un segundo después, el alienigena en cuestión se teletransportó justo a mi lado.
Pai se arrodilló en el suelo, y me moví para que pudiera revisar a Kish, sorprendiéndome de lo mucho que me costó apartarme esos pocos centímetros. Miré su rostro, esperando una reacción, mala o buena, sobre el estado de su camarada, pero tendría que haber previsto que para una persona tan inexpresiva como él, no sería capaz de adivinar sus pensamientos.
- Tengo que llevarlo de vuelta a la nave – anunció – necesito operarle y no puedo hacerlo aquí.
- Iré contigo – contesté, poniéndome de pie y perdiendo un poco el equilibrio a causa del mareo, pero conseguí no volverme a caer.
Para mi sorpresa, Pai asintió sin rechistar, y comenzó a pasar sus brazos bajo el cuerpo de Kish, en un intento de levantarlo lo más suavemente posible. Intenté ayudar, pero rápidamente me di cuenta de que el temblor de mis manos era demasiado grande como ser de mucha ayuda, así que desistí.
- ¡Ichigo!
Me di vuelta ante el grito de Mint, y la encontré acercándose rápidamente hacia mí. Iba a decirme algo, quizás a comentarme lo que había sucedido en la pelea desde su lugar, pero entonces vio a Kish inconsciente a mi espalda, a Pai sombrío y a mí hecha un desastre, y fuera lo que fuera que iba a decir, murió en su boca. Antes de que enfocara la vista en mí, borré rápidamente las lagrimas que habían comenzado a resbalar por mis mejillas.
- ¿Qué ha pasado? – preguntó Mint, con el ceño fruncido - ¿Estás bien? Te ves…
- Estoy bien – contesté, juntando las manos a mi espalda para que no viera el temblor - pero tengo que irme.
Por un instante Mint me miró sin comprender, y luego cuando mis palabras parecieron asentarse en su mente, frunció el ceño y me dedicó esa mirada enojada que había visto demasiadas veces dirigida a mí en los últimos días.
- ¿Te vas? ¿Estás loca? Conseguimos hacer dos rehenes, tenemos que cuestionarlos… - comenzó a decir Mint, pero yo la corté.
- Confío en ustedes.
Estaba siendo demasiado vaga en mi explicación, pero no tenía tiempo de ponerme a relatar...todo lo que había sucedido en los últimos minutos, y ni aunque la vida me fuera en ello habría podido explicar el sentimiento de desesperación que se estaba enrollando a través de mi pecho como una víbora, dificultándome la respiración y causándome nauseas. Ahora mismo no podía pensar en los planes de mi equipo, no tenía el cerebro enfocado en cuestionar a nadie hasta que Kish despertara.
No pude soportar la mirada de traición que me dirigió mi amiga en ese momento. Sabía que mi equipo me necesitaba, sabía que era un momento crucial y muy frágil para las Mew luego del ataque que habíamos sufrido, y sabía que necesitaba ir con ella, pero no podía hacerlo. No podía darme la vuelta y dejar a Kish en el estado en que estaba, y pretender que algo dentro mío no estaba doliendo terriblemente al verlo así. Aunque no pudiera hacer absolutamente nada para ayudar, necesitaba ir con él, necesitaba estar cerca suyo. Necesitaba...saber que estaba bien.
Así que le di la espalda a Mint, y me dirigí hacia Pai, quien había logrado levantar a Kish en brazos.
- Mew Ichigo, debemos irnos ahora mismo – me informó Pai - si debo teletransportarte, es ahora.
Asentí y me acerqué a él para tomarle la mano.
- ¡Ichigo! – volvió a gritarme Mint - ¡¿Vas a dejarnos?! ¡¿Ahora?! ¿Cuándo mas te necesitamos?
Cerré los ojos, no pudiendo creer la decisión que tenía que tomar, pero en mi cabeza no había duda alguna.
- Lo siento, Mint, necesito…
- Sí, necesitas ir, claro, ya entendí – exclamó Mint con desdén - vete de una vez, podemos sobrevivir sin ti.
Habría respondido algo, pero no tenía razón para hacerlo cuando mis acciones hablarían tanto más fuerte que mis palabras. Me dolía dejar a mi equipo atrás, pero no podía concebir la idea de no ir ahora mismo con Kish, simplemente no podía comprenderlo. Así que no dije nada, tomé la mano de Pai y los tres nos teletransportamos fuera de allí, dejando a mi equipo a limpiar el desastre…sin mí.
Bueno, este fue un capítulo muy frustrante de escribir y sé que tardé muchísimo en actualizar. Lo reescribí tantas veces que no estoy tan segura de que haya quedado del todo feliz con el resultado final, además me dí cuenta de que las escenas de acción no son mucho lo mío, pero eso es algo que intento mejorar para el futuro así que me sirvió la practica. En fin, no estoy tan orgullosa de este capítulo, pero sí estoy orgullosa de que no me quedé atascada y pude terminarlo, cosa que hace unos años no sé si hubiera pasado.
Espero que les guste, y voy a intentar que el próximo salga un poco más rápido. Gracias por leer y por sus comentarios!
