Capítulo 14

El sonido de la máquina me estaba enloqueciendo. Cada pocos segundos, el mismo pitido agudo que había venido escuchando por las últimas tres horas, reverberaba por la habitación y crispaba mis nervios como un choque eléctrico. Quería que parara…pero al mismo tiempo, desesperadamente necesitaba que se mantuviera con la misma constancia, porque el sonido continuado significaba que el cuerpo al que estaba conectada la maquina aún respiraba, que su corazón aún latía, y eso era todo lo que me importaba.

Al menos ya había dejado de saltar en el asiento cada 5 segundos, pero ese era el único progreso que había logrado durante la tarde.

Me puse de pie como por centésima vez, y comencé a caminar en círculos, porque sabía que no podría estar quieta demasiado tiempo escuchando ese maldito sonido sin volverme loca. En algún momento de la pelea contra Saya, me debía haber torcido el tobillo, porque un dolor bastante intenso atravesaba mi pierna con cada paso que daba, pero lo ignoré como había venido ignorando también la molestia en mis costillas y los moretones que no podía ver pero estaba segura que se habían formado a mi espalda, y continué dando vueltas como si eso fuera servirme de algo. Tenía demasiada energía que quemar y lamentablemente no podía salir de allí dentro por el momento, no hasta que Kish abriera los ojos, al menos.

Taruto había ofrecido teletransportarme de vuelta a mi planeta unas cuantas veces, pero yo le había rechazado una y otra vez porque no me imaginaba a mí misma pasando la tarde esperando a que Kish recobrara la conciencia en cualquier otro sitio que no fuera a su lado. Sinceramente, se me estaba haciendo un poco desesperante pasar las horas junto a su cuerpo inconsciente metido en una maquina que se asemejaba aterradoramente a un ataúd de vidrio y sin tener idea si estaba o no mejorando, pero sabía que la posibilidad de irme me haría sentir aún peor conmigo misma. Después de todo, era mi culpa que ahora mismo Kish necesitase atención médica.

El recuerdo de su cuerpo perdiendo por completo la fuerza sobre mí aún me hacía temblar, y de nuevo me encontré a mí misma repasando la escena en mi cabeza, como si pudiera transformarla para que terminara de una manera distinta. No podía evitar preguntarme qué habría pasado si tan solo no hubiese dejado que Saya se acercase tanto a vencerme, si tan solo me hubiese quedado la suficiente energía como para dar una buena pelea, si tan solo hubiese logrado prevenir las acciones de Kish…y aquella era la cuestión que más me pesaba.

En el pasado, Kish se había arrojado a sí mismo delante del peligro para salvarme más de una vez. Me conocía su modus operandi, su manera apurada, espontanea y extrema de hacer las cosas, y sin embargo entonces, ¿Por qué no había logrado prever que lo haría una vez más por mí? ¿Por qué no me había adelantado a sus estúpidas acciones?

Porque no había estado pensando en él…

Irónico que fuera yo la que siempre se quejaba y criticaba a Kish por no actuar en equipo, cuando al parecer como compañera yo también dejaba mucho que desear. La necesidad de vencer a Saya de una vez por todas, de vengarme de ella por atacar a mis amigos y destruir nuestro Café me había cegado por completo, me había hecho olvidar sobre mi verdadero objetivo y había causado que Kish fuese forzado a ser algo extremadamente estúpido y espontaneo con tal de salvarme la vida.

Gracias a la pausa en mi sentido común, había dejado atrás planes, estrategias e incluso el tiempo necesario como para ponerme a pensar si mis acciones eran o no las correctas. En el momento en que tuve a Saya frente a mí todo lo que había querido había sido venganza, y en consecuencia, no solamente Saya había logrado escapar (otra vez), sino que Kish había salido herido, y yo había descuidado a mi equipo (otra vez).

Recordar a Mint mirándome con decepción y enojo no se me estaba haciendo nada fácil tampoco. No estaba segura cuantas veces podía seguir dándole la espalda a mi amiga y seguir pretendiendo que ella me lo perdonara. Mint era de las personas más testarudas que conocía, y esta vez sabía se me haría muy difícil que volviera a confiar en mí.

¿Y qué esperabas? Susurró una voz en mi cabeza. Dejaste claro quién te importa más…

Quería pensar que no lo había hecho. Quería pensar que darle la espalda a Mint y tomar la mano de un alienigena significaba que solamente en esa situación puntual y específica, mi prioridad había sido seguir a los ciniclones para asegurarme de que Kish estuviera bien…pero que no pasaría otra vez. Quería pensar que no estaba ahora mismo al lado de Kish porque lo hubiese elegido sobre todos los demás.

Sin embargo, no estaba tan segura de que aquel fuera el caso. Pai ya me había asegurado de que Kish se recuperaría completamente, y me había explicado que la maquina aterradora no era ningún ataúd, sino un instrumento complejo de su planeta capaz de curar virtualmente cualquier enfermedad y/o herida severa. Supuestamente, yo misma había pasado un tiempo metida allí dentro luego de que el último ataque de Saya me hubiese causado quemaduras un tanto graves alrededor de mi piel. No recordaba en absoluto la experiencia de recibir medicina alienígena, pero teniendo en cuenta la cantidad de horas que había pasado inconsciente luego de esa pelea, no me parecía extraño haberme perdido parte de la información.

A pesar de que Kish aún no había despertado, Pai no había parecido preocupado al respecto la última vez que le visitó más de una hora atrás. Al parecer, la medicina de los alienígenas era lo suficientemente novedosa como para que ser empalado por una barra metálica no tuviera que necesariamente significar una muerte segura, o al menos algo así había logrado entender con las complicadas explicaciones de Pai.

Kish estaría bien, y no era necesario que yo estuviera a su lado mientras dormía, o en cuanto despertara, porque en ninguno de los dos casos estaba siendo o sería de mucha utilidad para él. Sabía que podría irme, que debería irme en realidad, y encargarme de la situación en la Tierra junto a mi equipo (si es que todavía querían verme), sin embargo, no estaba encontrando en mí la voluntad para apartarme. Más allá de la culpa por lo que le había sucedido a Kish, la idea de separarme de él, de dejarle allí solo sufriendo, era similar a tener una roca dentro de mi pecho que me estaba dificultando la respiración.

La vista se me puso borrosa, y los ojos me quemaron con lágrimas sin derramar. Pestañeé un par de veces para aclarar mi visión y borré rápidamente las lágrimas que habían comenzado a rodar por mis mejillas, pero no sabía para quien me estaba esforzando tanto en mantener la compostura considerando que el único otro ser vivo allí conmigo estaba inconsciente. No era la primera vez que había llorado en lo que iba la tarde (ni probablemente sería la última), porque al parecer algo dentro de mí necesitaba un buen llanto, y yo estaba haciendo lo posible para no dejar salir la cascada, o esta no terminaría nunca. Me conformaba con secarme las mejillas y pretender que no me sucedía nada.

¡Pero claro que me sucedía algo!

Las manos me picaban por tocar a Kish (de no ser porque la maquina estaba completamente cerrada lo habría hecho tres horas atrás), un grito estaba escalando por mi garganta y un nudo de miedo dentro de mi estomago se estaba enrollando tan tensamente que ya se estaba haciendo imposible no doblarme al medio de dolor. Pero lo peor de todo eran los pensamientos que corrían por mi cabeza como un enjambre de abejas: ¿Qué pasaba si Pai se equivocaba y Kish no despertaba? ¿Qué tan confiable era la maquina que lo mantenía dormido? ¿Había visto su final frente a mí? ¿Por qué diablos se había tirado de esa forma para salvarme como si yo valiera la pena ese sacrificio? ¿Por qué seguía haciendo estas cosas por mí?

Me había vuelto a sentar en el pequeño banco sin respaldo que me había conseguido Pai, cuando de repente el pitido de la máquina se detuvo por un instante, y luego comenzó de vuelta de una manera diferente a la que lo había hecho en las últimas horas. Este sonido era más alto, iba de corrido, sin pausa, y traía consigo un tono de alarma que me hizo saltar sobre mis pies y hacer que mi corazón latiera enloquecido dentro de mi pecho.

¡No, no, no, no, no! La voz dentro de mi cabeza estaba histérica y no estaba segura de tener receta alguna para calmarla. ¡Por favor, no…que no esté pasando esto!

Estaba a punto de gritar el nombre de Pai, cuando súbitamente, la tapa de la máquina comenzó a levantarse, y el sonido se cortó al fin, esta vez no volviendo a retomarse. Me acerqué un par de pasos, y esperé con el corazón en la garganta hasta que vi los parpados de Kish moverse muy ligeramente, y cuando se abrieron del todo, mi mirada fue lo primero que sus ojos amarillos encontraron.

- Gatita – murmuró él pesadamente – si no me equivoco…a la bella durmiente la despiertan con un beso.

Me encontré a mí misma riendo de su estúpida broma, pero por alguna razón, mi visión continuó estando borrosa. A pesar de nuestra cercanía, apenas podía ver su rostro, pero no se me pasó desapercibida su expresión preocupada.

- ¿Qué sucede? – preguntó él, sentándose mucho más enérgicamente de lo que una persona recientemente empalada debería hacerlo - ¿estás herida?

Negué con la cabeza, y a pesar de que intenté borrar mis lágrimas, de nada sirvió porque nuevas continuaron saliendo.

Estúpida, deja de llorar, me dije, él ya está bien…

Pero mi cerebro aún no parecía entenderlo, en realidad, parecía demasiado enfrascado en recordarme la imagen de Kish sangrando encima de mí, o la forma en que su cuerpo se había dejado caer sobre el mío sin fuerza alguna. A pesar de que ahora mismo podía verle curado, completo e incluso de buen humor frente a mí, cada vez que pestañeaba era demasiado sencillo recordar lo cerca que había estado de que ese día terminara de una manera tan diferente…lo cerca que había estado de que él muriera en mis brazos.

Empecé a temblar, por alguna razón, e inmediatamente quise irme a cualquier sitio donde pudiera tener un poco de privacidad para poder tranquilizarme, pero no conseguí la voluntad para retirarme todavía. Parte de mí tenía que cerciorarse de que Kish en verdad estaba bien, porque mis ojos simplemente no lo creían

- Ichigo – me llamó Kish - ¿Qué sucede?

Sin responder, seguí un instinto que no estaba segura de donde salía y elevé mi mano para depositarla con muchísimo cuidado y un poco de duda, sobre su mejilla. Sentir su piel cálida bajo mis dedos, al parecer fue exactamente lo que necesitaba, porque dejé salir el aire que no me había dado cuenta de que había estado conteniendo, y el siguiente respiro se sintió más sencillo en mis pulmones.

Él no me miró sin entender, ni hizo ningún chiste tonto o se burló de la situación de ninguna manera. En realidad, pareció bastante agradecido, como si aquella caricia fuera exactamente lo que había estado necesitando él también. Fui vagamente consciente de que nuestra conexión probablemente estaba escalando, y que el contacto físico se estaba empezando a volver un poco más importante para nosotros…pero decidí que no tenía la energía para ponerme a teorizar lo que aquello podría significa en ese momento.

Todo en lo que podía concentrarme era en lo bien que se sentía tocarle, de la manera en que fuera y por una vez me dejé llevar por el hecho de que algo en mi vida se sentía correcto, lógico y necesario. Por una vez no me vi abrumada por el peso que estos sentimientos pudieran significar para los dos, y simplemente me alegré de que él estuviera vivo.

- Estoy bien – le aseguré, y carraspeé cuando noté mi voz un poco ronca – ¿Tú?

- En perfectas condiciones.

Y lo parecía. A pesar de que su ropa aún estaba manchada de sangre, ya no tenía un gran agujero en su costado (cortesía de su prometida y su habilidad para blandir una barra metálica). Sus moretones habían desaparecido, y de ser posible, su energía también parecía haberse elevado, como si se hubiese sumergido en una siesta bastante poderosa.

Su mano cubrió la mía, aún en su mejilla, y cuando me miró a los ojos, fue con mayor importancia, como si tuviera algo significativo que decirme, pero que no se estaba atreviendo a dejar salir de su boca. No llegué a preguntarle al respecto, sin embargo, porque entonces el sonido de una pared retrayéndose sonó a mi espalda y Pai entró en la habitación. De la sorpresa, salté y accidentalmente rompí el contacto entre los dos.

- Has despertado – declaró Pai, acercándose a la máquina - ¿Cómo te sientes?

Yo me aparté del camino para que Pai pudiese revisar a Kish, y traté de ignorar la forma en que mi cuerpo quería acercarse de nuevo, como si hubiese dejado algo importante atrás. Kish debió haber sentido algo similar, porque también pareció ligeramente incómodo.

- Excelente – contestó él, sin prestarle más que lo mínimo de atención a Pai, y en su lugar dedicándose a mirarme de reojo.

- Parece que has realizado una recuperación completa – anunció Pai – aunque debo decir que fue una tontería dejarte herir de esa manera.

Por su personalidad estoica, Pai siempre me había dado esa imagen de padre gruñón del grupo, y verlo regañar a Kish como un niño pequeño, no solamente confirmó mi teoría acerca de quién mandaba dentro de la nave, sino que también me dio gracia el intercambio, especialmente por la manera en que Kish rodó los ojos en clara rebeldía.

A Pai no pareció caerle demasiado bien su actitud, y su rostro cobró aún mas seriedad que de costumbre.

- Hablo en serio, Kish – insistió Pai.

- Sí, sí, lo sé – respondió él, de nuevo restándole importancia al asunto – pero como ves ya estoy bien.

- Irrelevante, si yo no llegaba a tu lado de la manera rápida en que lo hice…

- Pero lo hiciste, y te lo agradezco, ¿ahora podemos cambiar de tema?

- No, no podemos cambiar de tema. Si vas a continuar actuando de manera irresponsable…

Kish saltó de la máquina al suelo y se cruzó de brazos. Miró a Pai fijamente a los ojos, demostrando que no se estaba dejando espantar por la amenaza.

- ¿Qué? ¿Vas a dejar de curarme? - preguntó Kish – Deja de hacerlo.

- Eres un niño inmaduro…

- Como si tú te quedaras atrás…

Decidí que estaba en presencia de una conversación muy tonta, y que de todos modos no estaba yendo a ningún sitio. No me quería meter en el medio, pero me pareció necesario aclarar algo:

- En realidad yo estoy un poco de acuerdo con Pai – dije, dirigiendo una mirada apologética hacia Kish – te dejaste herir de gravedad y podría haber salido muy mal.

Kish fue a responder algo, pero se calló antes de que cualquier sonido escapara de su boca, y no sabía si el hecho de que conmigo estuviera menos predispuesto a discutir que con Pai podía ser considerado algo bueno o malo. Prefería no discutir con él, pero al mismo tiempo, prefería que fuera sincero conmigo, y que no guardara algo dentro suyo que pudiera lastimarnos después. Yo ya lo había hecho varias veces y sabía que guardarse la dudas no llevaba a nada bueno.

- Sé que estabas intentado protegerme – expliqué, rápidamente, bajando la mirada al suelo porque estaba a punto de ponerme muy vulnerable y no me gustaba serlo – pero me asustaste…preferiría que no lo volvieras a hacer.

Recibí silencio como respuesta, y cuando aposté una mirada en dirección a los alienígenas, Pai parecía tan indiferente como siempre, pero me alegré de ver que Kish no parecía en absoluto molesto conmigo, sino que me miraba de forma comprensiva, como si pudiese entender perfectamente de qué clase de susto yo hablaba…y conociéndole, muy probablemente lo sabía. Podía estar equivocándome, pero apostaría a que él mismo se había sentido de esa manera hacia mí varias veces (no necesitaba de ninguna conexión para intuirlo). Diablos, por todo lo que sabía, quizás el miedo a perderme frente a sus ojos había sido la motivación que había encontrado para arrojarse como un suicida delante de mí y recibir una herida mortal a cambio.

Después de todo, el miedo era un factor poderoso en la toma de decisiones de la mayoría de las personas, y Kish podía resultar demasiado espontaneo para su propio bien. Su espontaneidad, sin embargo, me hacía preguntarme si no se despertaría algún día dentro de 1 año, o 5 o 10, lleno de arrepentimientos con respecto a mí. ¿Miraría su vida en retrospectiva y se daría cuenta por fin que no tenía razón alguna para salvarme la vida una y otra vez? ¿Se despertaría en un futuro (cercano o lejano al nuestro), y se preguntaría que había llegado a ver en mí en el pasado, que ameritara dejar su propia vida a un lado? ¿Se daría cuenta alguna vez que todo lo que estaba haciendo por mí era muchísimo más de lo que yo había pedido y merecía?

No estaba segura de la respuesta a ninguna de aquellas preguntas, pero lo que sí sabía, es que actualmente Kish estaba ofreciéndome muchísimo más de lo que un compañero, amigo, o lo que fuera que él representaba para mí, estaba generalmente dispuesto a dar, y yo no quería ser la razón por la que un día Kish pudiera saliera herido y la milagrosa máquina no fuese suficiente para salvarle. El mero pensamiento me causaba nauseas.

Cambié el peso de una pierna a otra y debo haber hecho una mueca, porque Kish me miró con sospecha y anunció:

- Estás herida.

Fui a responder que no era nada, solamente una tonta torcedura o esguince, pero entonces Pai me dedicó una muy rápida mirada antes de volver la vista de nuevo hacia Kish.

- Tiene lastimada su pierna, y quizás una o dos costillas facturadas – respondió Pai – pero continuando con el tema anterior…

- ¿Por qué no estaba Ichigo en una de las máquinas? – preguntó Kish, de forma dura – tenemos más de una, ¿no es verdad?

- Si pero, mi prioridad eras tú, y además, ella no quiso apartarse de tu lado.

Kish cruzó brevemente una mirada conmigo y por alguna razón sentí mis mejillas arder ligeramente. No es que fuera un secreto el hecho de que me había pasado 3 horas mirándole dormir, pero tampoco había estado preparada para que la información estuviese allí en el aire para ser abusada.

Por fortuna, Kish no hizo comentario al respecto. En su lugar, dio unos golpecitos en la máquina y me miró antes de prácticamente ordenarme como a un perro:

- Ichigo, ven, entra aquí.

- Ah…no, no, estoy bien – dije – iré a un hospital en cuanto vuelva a la Tierra.

- No seas tonta, esto es mucho más rápido – respondió Kish, acercándose y tomando mi mano – estarás como nueva en poco tiempo.

Miré a Kish y miré la máquina, la cual ahora que alguien me estaba proponiendo entrar en ella por un tiempo indefinido, de repente me parecía incluso más pequeña y claustrofóbica. Dejando a un lado mis heridas, no tenía muchos deseos de meterme allí dentro.

Fui a rechazar su oferta, cuando Kish apretó mi mano en la suya muy ligeramente para llamar mi atención, y cuando le miré, sus ojos tenían un brillo inexplicablemente amable que me dejó callada. No eran demasiadas las veces en que veía esa emoción en él.

- Descuida – me dijo – es perfectamente segura, y estaré a tu lado por si me necesitas.

Y de repente, tan rápidamente como había tomado mi decisión, esta se esfumó como por arte de magia. No puedo explicar exactamente por qué el saber que Kish estaría cuidándome del otro lado del vidrio descendía un poco mi nivel de claustrofobia…pero la verdad es que lo hacía. De alguna forma saber que él me esperaría y cuidaría desde el otro lado, me hacía sentir un poco mejor.

Asentí antes de cambiar nuevamente de opinión, y usando su mano como soporte, me metí dentro de la máquina hasta lograr recostarme sobre una camilla muy similar a la de los hospitales humanos, pero un poco más pequeña y más fría al tacto.

Respiré hondo y solté su mano para dejar que la tapa de vidrio se cerrara por completo. Iba a preguntar exactamente cómo funcionaba aquello, cuando entonces un gas con un olor un tanto dulce comenzó a llenar la pequeña cabina y tuve un segundo de pánico en que quise salir corriendo de allí dentro, pero enseguida empecé a sentirme muy cansada, y con los parpados pesados. Kish murmuró algo que no llegué a escuchar desde mi lado del vidrio, y entonces me quedé dormida.


Eran alrededor de las diez de la noche cuando Kish me teletransportó de vuelta a la Tierra. Me esperaba recibir una lluvia de mensajes y llamadas perdidas de mi equipo, pero extrañamente, mi celular estaba bastante silencioso. Lo reinicié para asegurarme de que me llegara bien la señal, y recibí un par de mensajes y llamadas perdidas de Masaya, pero nada de mis amigas.

- ¿Segura de que tu equipo está aquí?

Miré a Kish para responder pero él no me estaba prestando atención a mí, sino al edificio hecho pedazos frente a nosotros que alguna vez había sido el Café Mew. A pesar de que ya había visto el resultado del ataque de Saya, al parecer mi cerebro aún no había asimilado del todo el grado de destrozo, porque durante mis horas en la nave espacial de los ciniclones, había recreado una imagen que ahora mismo palidecía ante la que tenía frente a mis ojos.

Apenas quedaba nada del pequeño edificio en donde había pasado casi todas mis tardes trabajado, planeando estrategias o entrenando durante tres años, y los colores alegres que una vez habían sido parte de la fachada ahora parecían más apagados y más oscuros que nunca. Aquel no parecía mi Café Mew, aquel parecía un cementerio. Había cinta policial amarilla alrededor del derrumbe, lo cual significaba que el ataque se había dado a conocer a la población humana, y eso solamente podía ser malo para nosotros. Circunstancias de esta magnitud no podían dejar tanta evidencia atrás y seguir pretendiendo pasar desapercibidas ante el ojo público, pero al menos esperaba que se tachase como un accidente de cocina o algo similar, y que no fuera necesaria una investigación que no pudiésemos explicar.

De cualquier forma, teníamos un Café destruido, una base de operaciones desperdigada y un lugar central para nuestro equipo que ya no parecía ser nada.

Es solamente un lugar físico y puede ser reconstruido, me recordé, en un pobre intento por ahuyentar el dolor dentro de mi pecho, pero este no parecía muy apurado por retirarse, todo lo contrario, parecía que se había hecho un cómodo lugarcito dentro de mi cuerpo. Era una lastima que la milagrosa medicina alienigena no fuera lo suficientemente compleja como para también llevarse este tipo de dolor junto a las molestias físicas como costillas rotas, esguinces y moretones.

Sabía que en teoría, no debería sentirme tan miserable, después de todo, nadie de mi equipo había salido herido durante el ataque y eso era lo verdaderamente importante para nosotros. La piedra y el ladrillo podía reconstruirse, ordenarse de la misma manera para revivir nuestra segunda casa, o dejarla incluso mejor que antes. Un edificio no podía sufrir ni morir, y debería estar satisfecha de que aquella había sido nuestra única pérdida.

Sin embargo, no podía quitarme de encima el sentimiento de impotencia al ver uno de los lugares más importantes en el mundo para mí venido completamente abajo. Siempre me había sentido conectada con este sitio, incluso luego de nuestra pausa como Mews, o las veces que deseé no haberme convertido en superheroína, siempre había tenido mi conexión inquebrantable con el Café y mis amigas. Ahora la primera había desaparecido en una nube de polvo, y la segunda…no estaba segura que sucedía con la segunda.

Me pregunté vagamente cuantos objetos materiales, lugares físicos o personas tendría que perder hasta que el dolor fuera demasiado para mí, e incluso sin que mi cuerpo saliera herido yo terminase desapareciendo por completo.

- Ichigo.

Me sobresalté al escuchar mi nombre y mi celular cayó al suelo. Me agaché para tomarlo y por fortuna, era uno de esos modelos viejos que resistían bastante bien a los golpes, porque con la cantidad de veces que se me caía el pequeño aparato, uno más moderno no habría podido conmigo.

- Sí, creo que están aquí – respondí al fin, recordando su pregunta – no se me ocurre otro lugar en el que puedan estar.

Y quiero pensar que me habrían llamado de ser así…

Kish volvió a mirar lo que quedaba del Café, y luego a mí.

- No creo que esté muy…apto para reuniones por dentro – dijo, de manera un tanto cautelosa, como si pensara que me molestaría su comentario - ¿no hay ningún otro sitio en el que se junten cuando el Café no está…disponible?

- No que se me ocurra – respondí, encogiéndome de hombros – este es nuestro lugar.

No esperaba que él lo entendiera, pero si mi equipo se sentía aunque sea un poquito similar a cómo me sentía yo, me parecía muy probable que aún siguieran allí mismo, buscando cualquier pista capaz de descifrar como nuestro sistema de seguridad no había sido capaz de detectar el explosivo que Saya había utilizado. Y lo encontraríamos, de eso no me quedaba duda.

Aproveché el momento para mandar un mensaje a mi grupo, y tras una espera de unos segundos en que nadie me contestó procedí a llamar a Lettuce.

- Bien, ¿te dejo aquí entonces?

Lettuce no me atendía, así que corté la llamada. Iba a intentar con Zakuro, pero mis dedos se sintieron congelados sobre la pantalla de mi teléfono, y no quise hacer un nuevo intento.

Por alguna razón, estuve a punto de pedirle a Kish que no se fuera, y por fortuna me frené a tiempo antes de poder decir algo que ni yo misma estaba segura de poder explicar. El ataque se había terminado, y si bien todavía quedaba el asunto de Saya por resolver, no necesitábamos estar juntos para que yo me reuniese con mi equipo. Podía imaginarme la situación en mi cabeza y por las personalidades de Mint y Shirogane, estaba bastante segura que la presencia de Kish terminaría siendo contraproducente.

Ya había dedicado mi tarde a su lado, y ahora tenía que enfocarme en mis responsabilidades con mi equipo, lo tenía muy claro, pero entonces… ¿Por qué se me estaba haciendo tan difícil decirle que se vaya? ¿Por qué me sentía un poquito menos sola si estaba allí conmigo?

Kish debió haber tomado mi silencio como una señal positiva porque sacó algo dentro de sus ropas, y al entregármelo dijo:

- Me voy entonces, si me necesitas, usa esto para comunicarte conmigo, Pai o Taruto. Solamente enciendes el botón del costado y hablas por aquí, ¿está bien?

Me quedé mirando el pequeño aparato que había utilizado esa misma tarde para llamar a Pai, y extrañamente me sentí un poco más aliviada de poder comunicarme fácilmente con Kish si es que la situación lo ameritaba. Estaba bastante segura de que aliviar mi nerviosismo había sido la intención de Kish al darme su comunicador, y me pregunté cuanto de eso había sido discernible en mi rostro, y cuanto había necesitado de la conexión entre los dos para saberlo.

Me resultaba extraño lo cercanos que nos estábamos volviendo en relación al otro, y lo fácilmente que parecíamos estar empezando a comprendernos. Me daba un poco de miedo pensar cuanto más cercanos podíamos hacernos…pero era un tema para otro día.

- Gracias – respondí, por mucho más que el comunicador.

Él asintió y me saludó con su mano a modo de despedida. Tuve una milésima de segundo de aviso antes de que se teletransportara, y estuve a punto de utilizarlo para frenarle, no muy segura de que excusa utilizaría más allá de "necesito tu compañía" ahora mismo. Pero en esa milésima de segundo sonó mi celular, y me distraje lo suficiente como para dejarle escapar sin que llegase a tiempo a decir nada. Kish desapareció sin hacer ruido.

Miré la pantalla de mi celular, esperando ver el nombre de Lettuce en grandes letras rosas, pero vi un nombre completamente diferente en su lugar.

Masaya.

Me sentí congelada mientras veía el nombre de mi novio en la pantalla de mi celular, y a pesar de que usualmente atendía sus llamadas lo más rápido posible por pura felicidad, en aquel momento no estuve segura si sería una buena idea contestarle. Después de todo lo que había sucedido aquel día, había olvidado el pequeño descubrimiento que había hecho durante la mañana sobre nuestro aniversario.

Había intentado llamarle más temprano para disculparme, y si bien en ese momento habría sido capaz de llevar adelante una conversación lógica, ahora mismo no me parecía tener el cerebro en el carril correcto como para hacerlo. ¿Qué podría decirle para arreglar la situación? ¿Estaba siquiera enojado conmigo? ¿O simplemente había decidido que yo no valía la pena el enojo o la decepción? No estaba segura como se desarrollaría una conversación entre los dos ahora mismo, y parte de mí no quería tener una interacción con él que no fuera perfecta. Parte de mí no quería dar lugar a una pelea.

Estuve tentada de no atenderle. La única razón por la que lo hice, es porque sentía que le debía una explicación. Así que respiré hondo, y oprimí el botón verde sobre mi pantalla.

- ¡Ichigo! ¡¿Estás bien?!

No me esperaba recibir un saludo tan efusivo, y perdí el tren de pensamientos que había comenzado a ordenar en mi cabeza.

- ¡Ichigo! – volvió prácticamente a gritar Masaya al teléfono - ¡Dime que estas bien! ¡Vi en las noticias que hubo alguna especie de accidente, y necesito saber que estas bien!

¿Accidente? Ah, se refiere al ataque al Café, pensé. Al parecer las noticias viajaron bastante rápido durante mi tarde en la nave, porque si Masaya lo sabía debía ser información de conocimiento público.

Me hizo sentir un poco peor conmigo misma, porque significaba que mientras Masaya había estado intentando contactarme, yo apenas me había acordado del hecho de que tenía un novio probablemente muerto de la preocupación por mí. En mi defensa, había estado demasiado concentrada en cerciorarme de que Kish no muriera…pero esa no era exactamente una excusa para no llamarle en el momento en que estuve fuera de peligro.

- Estoy bien – respondí, y enseguida escuché su respiro de alivio junto a mi oreja.

- Gracias a Dios – dijo él, aún con la respiración agitada, pero un poco más calmado que antes - ¿Qué sucedió?

No estaba segura cuanto de esta información era mejor compartir con él, porque no quería ponerle en peligro si Saya averiguaba la importancia que tenía Masaya para mí, pero estaba muy cansada de secretos. Me encontré a mi misma contándole los eventos del día y me sorprendí de notar como la piedra dentro de mi pecho parecía estar haciéndose un poco más soportable. Supuse que había querido hablar de esto con alguien mucho más de lo que me había imaginado.

Le conté todo, incluso sobre Kish salvándome la vida, pero Masaya no hizo comentario al respecto. Dejé a un lado el tema del S`darak, y me dije a mí misma que era porque aquello no tenía nada que ver con el ataque, pero en realidad sospechaba que era porque no estaba del todo lista a compartir esta pieza de información con él. Al parecer, de una forma u otra, siempre terminaba cayendo en un secreto.

- Que horrible situación – dijo él, en cuanto terminé – pero al menos están todas bien, ¿no?

- Sí, todas estamos bien – contesté – voy a juntarme con ellas ahora a…hacer control de daños.

- Claro, entiendo... ¿quizás podamos hablar más tarde o mañana?

¿Por qué me parecía que aquella sería una esas conversaciones que nunca tendríamos? Yo había olvidado nuestro aniversario y me merecía una pelea por eso, pero mi novio, mi perfecto, comprensivo, mas ángel que humano novio, parecía no tener interés alguno en remarcar mi error. Cualquier persona en su sano juicio se sentiría aliviada, pero yo estaba frustrada, como si me quedara algo en la garganta que no permitieran decir.

Claro, el ataque en el Café constituía la distracción perfecta para no tener que hablar de esto, al menos por el momento, porque para él, saber que yo estaba viva había sido más importante que cualquier tonta discusión, pero se estaba engañando a si mismo si pensaba que la postergaríamos para otro momento. Siempre habría un ataque, siempre habría una pelea contra algún alienígena amenazando la Tierra, y siempre tendría responsabilidades más importantes con las Mew que con él. Si jugaba bien las cartas, podría aplazar esta conversación para siempre, y hacerla desaparecer debajo de una alfombra metafórica.

Lamentablemente, yo no quería eso. Yo sí necesitaba la pelea.

- ¿Ichigo? – Masaya dijo mi nombre a modo de pregunta – si prefieres otro día, no tengo…

- Olvidé nuestro aniversario – anuncié de repente.

Y listo, ya estaba afuera.

Masaya se quedó callado unos segundos, y mi corazón latió tan fuerte que pensé que él lo podría escuchar a través del teléfono. Cuando volvió a hablar, fue con su tono tranquilo de siempre:

- Descuida, Ichigo, no pasa nada.

Podría haberlo dejado por ahí, disculparme y seguir con nuestras vidas, pero aquel día me había privado de una pelea, ahora mismo no estaba para privarme de otra. Me sentí enojada, engañada incluso, y me potencié con los sentimientos negativos, los envolví alrededor de mí, me hice un poco más fuerte gracias a ello y los usé contra él.

- ¿No pasa nada? ¡¿Cómo puedes decir eso?! – pregunté.

Silencio otra vez, solo que en esta ocasión, noté su confusión. Yo no era de hablar así, mucho menos con Masaya que jamás se había merecido que le gritaran, y sin embargo me encontré a mí misma haciéndolo, porque necesitaba sacar una respuesta de él. Incluso si esta me daba miedo.

Creí que volvería a decirme algo del estilo "no te preocupes, Ichigo" o "no es problema, Ichigo", porque era tan típico de él ponerse en el rol del novio comprensivo ante cualquier situación, pero me sorprendió cuando le escuché suspirar.

- ¿Qué te gustaría que dijera?

- No lo sé…- contesté sinceramente - dime… ¡dime que soy una egoísta! ¡Dime que soy una mala novia!

Dime algo real…

- ¿Por qué te diría eso, Ichigo? Yo no pienso esas cosas de ti…

- Quizás no siempre, pero en ese momento, ¿no lo pensaste ni por un segundo? – le pregunté, con un poco de miedo a saber la respuesta - ¿No se te cruzó por la cabeza que estas en una relación con una persona completamente egoísta?

- ¿Es este el momento para hablar de esto? - contraatacó él.

- ¿Y cuando lo es, sino?

Nunca. Esa era la respuesta. Para bien o para mal, Masaya jamás dejaba siquiera una pequeña entrada a una discusión, a pesar de la cantidad de veces que lógicamente deberíamos habernos metido en una. En algunas ocasiones me sentía como parte de una pareja perfecta por el simple hecho de que nunca peleábamos, pero estaba empezando a pensar que quizás aquello no era tan bueno, quizás nos estábamos guardando demasiadas cosas que se pudrían en nuestro interior, y explotaban luego. Quizás nos estábamos haciendo mal, y yo era la única dispuesta a verlo. ¿Que tanto estaba dispuesto a ver él, incluso si le parecía doloroso?

No era el momento para hablar de esto, pero nunca existiría uno mejor, así que lo estaba creando yo misma ahora.

- Ichigo, ¿Qué sucede?

- ¡¿Qué sucede?! Sucede que olvidé el aniversario de 2 años con mi novio, eso sucede.

- Son…cosas que pasan... - contestó, pero su tono no me pareció tan seguro, ni sus palabras tan claras.

- Especialmente cuando sales conmigo, ¿no? - no pude evitar preguntar.

Vagamente me pregunté cuanto de todo lo que estaba saliendo de mi boca era a causa de mi propia culpa por este evento específico, y cuanto se había estado acumulando en mi interior desde hacía más tiempo. Pero eso no tenía sentido, ¿no es verdad? ¿Qué parte de su personalidad amable, afectuosa y comprensiva podía molestarme lo suficiente como para hacerme sentir esta bola de ansiedad dentro de mi pecho? ¿Qué podía haber de negativo en él como para hacerme sabotear nuestra relación en busca de una pelea?

Estaba consciente de que yo no era la persona más sencilla para salir, pero estaba poniéndome en un peor sitio a propósito con tal de conseguir una respuesta de su parte, con tal de recibir algo que por una vez no terminara en "no pasa nada, Ichigo" porque no me cabía en el cerebro la posibilidad de que él no estuviese enojado conmigo. Yo había olvidado una fecha tan importante para nosotros, ¿y él no tenía absolutamente nada que decir?

¿Realmente no le importaba, o me estaba mintiendo para preservar mis estúpidos sentimientos?

- Yo no te culpo – dijo él, en su tono calmo, reconfortante de siempre.

- No me estas entendiendo, yo me culpo a mí misma, y con razón. Hice mal contigo, ¿puedes al menos ver eso?

- ¿Quieres que me enoje contigo? – preguntó él, confundido.

Quiero que me digas algo.

Quiero que te encuentres conmigo a mitad de camino.

Quiero que seas real por una vez, y no un príncipe de una película…

- Quiero…quiero… - comencé a decir, pero frené y suspiré porque ninguno de los pensamientos que atravesaban mi cabeza parecía el correcto - en verdad no sé que quiero.

Se hizo otro silencio, pero por alguna razón, este se sintió un poco diferente a los anteriores. Este se sintió más frío, incluso a través del teléfono. Masaya volvió a suspirar, y entonces me sorprendió con su respuesta:

- Bueno…llámame cuando lo sepas entonces.

Se cortó la llamada, y a pesar de que me habría gustado pensar que había sido un error en la línea, no podía engañarme tanto a mí misma. Él me había cortado el teléfono…y con razón, después de todo lo que le había dicho ni yo misma habría querido seguir hablando conmigo, pero aún así dolía.

No estaba segura si esta constituía nuestra primera pelea, porque técnicamente yo era la única que había gritado, y él simplemente se había retirado de la conversación con un botón rojo en su pantalla, pero lo sentí como un cambio gigantesco en nuestra relación. Lo sentí como algo que si lográbamos no ignorar o barrer bajo la alfombra podía terminar de dos maneras: haciéndonos más fuertes como pareja…o lograr rompernos en dos.

Parte de mí quería volver a llamarlo, y parte de mí quería darle tiempo de asimilar todo lo que yo misma había estado sintiendo, y no estaba segura cual era el mejor método de acción en este caso. No estaba acostumbrada a discutir con Masaya, y no podía resolver esto de la misma manera en que resolvía discusiones con mis amigas, porque con él no tenía experiencia alguna, y no sabía si apreciaría más tener su propio espacio, o que le persiguieran. La indecisión me tuvo con el celular en la mano por un buen rato, mirando la pantalla en negro, hasta que esta cobró vida.

Esta vez fue el nombre de Lettuce el que apareció en letras rosas en mi pantalla, y atendí su llamada en un estado medio zombie.

- Ichigo, ¿estas bien?

Esa era la pregunta del día, ¿no?

- Sí, estoy bien – contesté - ¿Dónde están? Estoy en el Café, pero no las veo.

- Estuvimos allí hasta hace un par de horas, pero luego se puso muy oscuro y terminamos yendo a la casa de Shirogane – respondió Lettuce - ¿no te…avisaron?

No, pero debía habérmelo visto venir. Nadie estaba muy feliz conmigo últimamente.

- Iré para allá… - comencé a decir, pero Lettuce me cortó.

- En realidad ya estamos terminando…estamos todas bastante agotadas y decidimos continuar mañana temprano, puedes sumarte entonces.

- Ah, claro, está bien…si, es bastante tarde.

- Te veré mañana, Ichigo.

Corté la llamada, y tras un par de segundos de mirar el Café un poco más, intentando encontrar algún pedazo de piedra que me recordara a la vieja fachada (y sin lograrlo) guardé mi teléfono y comencé mi camino hacia la casa de Mint. No estaba segura con que sueño me iría a encontrar esa noche, pero desesperadamente necesitaba apagarme, aunque fuera por un rato. Necesitaba desaparecer.


Hola, primero que nada quería agradecer sus comentarios en los capítulos anteriores, me alegro muchísimo que les esté gustando el camino que está tomando esta historia.

Por otro lado, quería disculparme por tardar de nuevo en actualizar, este mes me costó muchísimo sacar este capítulo porque me cayeron un montón de trabajos que hacer al mismo tiempo y no pude hacer malabares con todo. Ya estoy comenzando a escribir el próximo capítulo y voy a intentar apurarme (se que lo dije varias veces pero de verdad lo intento). Gracias por la paciencia y espero que les guste lo que se viene!