Capítulo 15

Estaba metida en un salón de clases con más de 20 personas pero apenas notaba sus presencias; tenía un libro de historia abierto frente a mí pero apenas podía leer las palabras, y hacía al menos una hora que mi profesor estaba dando un monologo sobre algún tema que tendría que aprenderme de memoria para mis exámenes…y sin embargo, apenas notaba el sonido de su voz en mis oídos. Mi atención no estaba enfocada en ese día, o en ese minuto específico, ni siquiera estaba segura de que estuviera enfocada en la Tierra en absoluto, porque mayoritariamente mis pensamientos parecían estar dirigidos exclusivamente a criaturas extranjeras. Muy extranjeras.

Saya, para empezar.

Arrugué la hoja en la que había estado escribiendo la poca información que tenía disponible con respecto a Saya hasta el momento, pero que su revisión y análisis no me estaba sirviendo demasiado porque aquellos datos no eran suficientes como para dar respuestas a la cantidad de preguntas navegando por mi cabeza. La más grande de todas por ahora era, ¿Qué diablos le había hecho ella al Café?

Al no haber sido capaz de llegar a tiempo a la reunión la noche anterior, sabía que había bastante información que mi equipo no había compartido conmigo, razón por la cual, a primera hora de la mañana (luego de una noche de sueño inquieta y bastante inconclusa) había bombardeado a Mint con preguntas, pero o bien ella no había estado interesada en compartir las respuestas conmigo, o mi equipo estaba tan perdido como yo, y me conocía lo suficiente a Mint como para estar segura de que la segunda opción era la correcta.

Al parecer, la policía había declarado el ataque como una investigación abierta, y debido a que había oficiales casi todo el tiempo en el Café ahora mismo, aún no habíamos logrado llevar adelante nuestra propia investigación. Si existía alguna evidencia del ataque en cuestión, las posibilidades de que lo encontrara la policía eran bastante altas, lo cual no solo significaba una desventaja gigantesca para nosotros porque estábamos dándole tiempo a Saya de atacarnos nuevamente, pero además, nos estábamos arriesgando a exponer al mundo tanto la vida alienígena, como el proyecto Mew.

La información de la computadora que utilizábamos en el Café estaba encriptada por lo que sabíamos que no sería para nada sencillo acceder a ella, pero la documentación escrita dentro la cantidad de carpetas que solíamos tener en nuestra base de operaciones nos preocupaba bastante si llegaba a aparecer en manos equivocadas. Akasaka tenía la teoría de que probablemente todos los documentos (o al menos la gran mayoría de ellos) se hubiesen quemado o terminado completamente irreconocibles para cuando alguien los encontrara, pero no podíamos estar seguros hasta lograr revisar el sótano, y no podíamos revisar nada todavía porque no teníamos permiso para entrar en el Café.

La situación era un desastre por donde se la mirara, y me hacía preguntarme que tanto había planificado Saya para arruinarnos. Después de todo, sabía que su ataque no había sido diseñado para eliminarnos a todas, sino para alejarnos de nuestra base de operaciones, pero ¿con que objetivo? Había creído que al igual que para mí, la principal prioridad en la mente de Saya era la pelea y por eso nos había tomado con la guardia baja, sin embargo, estaba empezando a considerar la posibilidad de que quizás el Café había sido un objetivo más grande y dañino para nosotras. Quizás la desmoralización de mi equipo, el enojo, la confusión y la exposición al ojo público era exactamente a lo que ella había estado apuntando en cuanto voló en pedazos nuestra segunda casa. Quizás el destruir un simbolismo había sido una tarea mucho más importante, mucho más dolorosa que la pelea que le siguió después, porque sabía que nos dejaría sobre nuestro plato un problema mucho más grande que ahora mismo teníamos que dedicar todas nuestras energías para resolver.

Y no estaría equivocada.

Si Saya tenía la más mínima idea sobre lo duro que trabajamos todo el tiempo para ocultar nuestras identidades del resto de la población, entonces estábamos en un problema porque aquella era una pieza de información bastante importante que podía usar contra nosotras. Mientras las Mew estábamos en la oscuridad con respecto a nuestros enemigos, Saya y su séquito de figuras encapuchadas parecían estar aprendiendo sobre nosotras, juntando cartas bajo sus mangas para usar de la manera en que quisieran, y nosotras no tendríamos manera alguna de verlas venir hasta el momento en que nos explotaran en la cara.

Teníamos que conseguir más información, y rápido, pero era difícil hacerlo cuando nuestros únicos dos rehenes (que habíamos tomado de la pelea el día anterior) no comprendían nuestro idioma, ni nosotras el suyo. Incluso de haber querido compartir su información con nosotras (aunque sinceramente dudaba que ese fuera el caso) no había forma alguna de comunicarles las preguntas que nos interesaba saber, ni comprender las respuestas. No estaba del todo segura que íbamos a hacer con esos dos todavía, pero estaba empezando a dudar de su utilidad, al menos como potenciales espías.

Bueno, siempre esta Kish, pensé, aunque no estaba del todo segura de que eso fuera cierto en estos momentos, después de todo, él ya me había contado todo lo que sabía respecto a su prometida y su especie. Siempre podía intentar convencerle de aprender algo nuevo (particularmente la locación de su prometida no estaría mal) pero me parecía bastante obvio que ella ya no confiaba en él de la misma manera en que lo había hecho una semana atrás, y no estaría tan dispuesta a soltar la lengua ahora que sabía que él estaba de mi lado.

¿Cuál era el futuro de esa extraña relación a punto de convertirse en un matrimonio? No estaba segura, y sabía que no debería malgastar mi tiempo pensando en eso, pero me encontraba a mí misma volviendo al tema más veces de las que me gustaría admitir. ¿Qué diablos hacían ellos juntos? ¿Cómo mantenían aún la idea de casarse cuando el mero pensamiento de mi existencia era suficiente para causar que Saya se enloqueciera de esta manera? ¿Qué tan grande podía considerarse mi amenaza para gastar todo su esfuerzo y energía en intentar eliminarme?

Alienigena loca o no, ninguna de esas preguntas tenía sentido para mí.

- ¡Mamomiya Ichigo!

Ante la mención de mi nombre a modo de grito, prácticamente salté sobre el asiento y cuando levanté la cabeza, mi profesor me estaba mirando con expresión enojada. Probablemente no había sido la única vez que había intentado llamar mi atención mientras estaba distraída.

Un tiempo atrás me habría sentido avergonzada, especialmente por las risas bajas (a mi consta, claro) de mis compañeros de clase, pero ahora mismo solamente estaba agotada y realmente no me importaba demasiado que tema sin importancia me había perdido sobre la lección. Aún así, hice mi mejor esfuerzo por ser una alumna respetuosa porque no quería ganarme horas de detención.

. Lo siento – dije – estaba distraída, ¿podría repetirlo, por favor?

Mi profesor frunció el ceño, y me pareció que iba a reprenderme, pero quizás algo en mi mirada le mostró que estaba muy lejos de que me importara demasiado un castigo de secundaria, y cambió de opinión.

- Es tu turno de leer – respondió él, volviendo a su asiento en el frente de la clase.

Miré mi libro abierto sobre un capítulo de la historia de Japón e intenté recordar quien había estado leyendo antes y sobre qué, pero hacía un buen rato que no había estado escuchando absolutamente nada más que mis propios pensamientos, y estaba positivamente perdida acerca de que párrafo en el capítulo me correspondía. Levanté la cabeza para confesar que no había estado prestando atención, cuando vi en una fila más adelante que la mía a un compañero de clase señalar un párrafo sobre la hoja con un dedo. Yo asentí y me puse de pie para comenzar a leer.

No recuerdo ninguna palabra que salió de mi boca, ni el tema general sobre el que aparentemente leí durante casi diez minutos seguidos, porque un gran porcentaje de mi cerebro aún seguía enfocado en ataques alienígenas: los ya ocurridos, y los que vendrían indudablemente en el futuro.

Afortunadamente mi lectura se dio por terminada cuando sonó el timbre, y luego de guardar todas mis cosas, tomé rápidamente mi mochila y salí del salón antes de que mi profesor tuviera la oportunidad de hablarme. Sin embargo, apenas salí al pasillo, mis pies se dejaron de mover, y tuve el repentino pensamiento de que no tenía ningún lugar al que quisiera ir. Por lo general pasaba mis recesos entre mis clases con Miwa o Moe, pero no estaba realmente de humor para explicar la manera apurada y un tanto desesperada en la que había desaparecido el día anterior, y sabía que si veía a mis amigas, se tocaría ese tema, o posiblemente, él por qué parecía estar evitando todo y a todos últimamente. Sabía que terminaría por necesitar torcer la verdad o directamente mentir, y no estaba de humor para eso ese día.

Siempre podía visitar a Masaya en su clase…pero luego de la discusión que habíamos tenido anoche, no estaba tan segura de que él quisiera hablar conmigo todavía, y siendo sincera, tampoco estaba tan segura de que yo tuviese mucho que decirle tampoco.

Llámame cuando lo sepas entonces…

Eso era lo último que había oído de él antes de que me cortara el teléfono, y si me tomaba sus palabras al pie de la letra (en vez de cómo una simple descarga emocional de su parte), yo aún no sabía exactamente que había intentado decirle la noche anterior. Si me encontraba con él en ese momento, sentiría la necesidad de repetir una y otra vez lo culpable que me sentía, lo mala novia que estaba siendo últimamente, y terminaría remarcando su aparente inhabilidad para ver o ignorar mis acciones. De alguna forma me parecía que esa conversación no se dirigiría a ningún sitio producente, y yo aún no había averiguado por qué me había venido repentinamente la locura por ponerme a hablar de todo esto ahora.

Nuestra relación seguía siendo la misma que había sido siempre, nada había cambiado, pero entonces ¿Por qué se sentía tan distinta? ¿Por qué parecía que estábamos encontrando problemas que no recordábamos haber pateado debajo de una alfombra?

Me moví fuera del camino para evitar chocar contra mis compañeros que estaban comenzando a salir del salón, y comencé a caminar sin un destino específico, solamente consciente de evitar el salón de clases de mi novio.

La novia del año vuelve a las andanzas, pensé.

Deambulé durante un rato por los pasillos de la escuela, buscando un sitio lo suficientemente aislado y privado como para descansar por unos minutos hasta que tuviera que volver al salón para la próxima clase, pero ninguno servía para mi propósito. Todos los lugares por los que pasaban se encontraban cerrados con llave, o con personas ya dentro, y yo realmente necesitaba estar sola por un rato.

Casi estaba deseando que mi celular sonase con el aviso de un mensaje del grupo de las Mew, porque la posibilidad de juntarme con mis amigas a planificar estrategias, o incluso a revisar los escombros de nuestro Café se me hacía más soportable que pasar otra hora escuchando a mi profesor hablar de problemas que se habían resuelto hacía un siglo atrás. Yo tenía problemas ahora, y que se pasaran las semanas sin que pudiera encontrar soluciones para ellos, se me estaba haciendo muy estresante para mi día a día.

Para bien o para mal, mi celular no sonó, lo cual tenía sentido porque Shirogane y Akasaka nos habían mandado a pretender tener vidas normales por el momento y no aparecernos por el Café hasta que la policía hubiese terminado su investigación. Nuestra doble identidad pendía de un hilo, y no necesitábamos atención indeseada sobre nosotras… ¡pero era malditamente difícil jugar a ser una adolescente normal cuando era tan claro que ya no lo era! Tenía demasiadas responsabilidades sobre mis hombros como para que pudiera sentarme durante horas en un taburete y olvidarme de que había una especie alienígena amenazando nuestro planeta. ¿Tenía que simplemente apagar mi cerebro durante el día y hacer creer al mundo que me importaba mínimamente cualquier cosa que no fuera la seguridad de la vida humana o incluso simplemente la mía? ¿Cómo estaban haciendo mis amigas con sus propias rutinas? Yo sentía que estaba a punto de enloquecer.

Aún quedaban unas tres horas hasta que la última campana del día sonara, y pudiera reunirme con mi grupo, pero esas tres horas parecían completamente inalcanzables. Esa cantidad de tiempo que usualmente me parecería normal, ahora mismo me sonaba eterna, y minuto a minuto que yo pasara fallando en mantenerme distraída con cosas mundanas, era un grado más que aumentaba a mi estrés sin razón alguna. Lo cierto es que en ese momento no tenía ninguna tarea que realizar como Mew Ichigo, y la versión humana de mí se me estaba haciendo completamente inútil encerrada en la escuela.

Necesitaba hablar de esto con alguien, necesitaba hacer algo, necesitaba moverme…y no lo podría hacer encerrada en un salón de clase y metida en el uniforme incorrecto.

Consideré la posibilidad de volver a la casa de Mint, quizás descansar por un par de horas hasta que fuera tiempo de la reunión, pero no estaba segura de poder salir del edificio tranquilamente sin alertar a ningún profesor. Me había cruzado con varios en el camino, y a pesar de que no me habían prestado demasiada atención, tampoco había estado saliendo por la puerta o bajando por una ventana. Esos escenarios serían un poco más difíciles de ignorar.

El timbre sonó y el cansancio me cayó encima como una ola demasiado alta, demasiado sofocante y pesada para mi pequeño cuerpo. Había perdido el tiempo y ni siquiera había encontrado un lugar donde sentarme por un minuto en tranquilidad.

¿Adónde puedo ir? Pensé, a pesar de que estaba claro que tendría que estar haciendo mi marcha de vuelta al salón, pero mis pies parecían de plomo, y no encontré en mí la voluntad de darme la vuelta y volver hacia atrás.

Atravesé mi cerebro en busca de un lugar privado, idealmente apartado de todo y todos, y que me hiciese sentir mínimamente cómoda como para pasar el rato. Como si el pedido le hubiese llegado al mismísimo universo, se me vino a la cabeza una imagen que había visto unos días atrás y aún no había logrado olvidar: un gran ventanal cuya superficie cubría casi toda extensión de una pared normal, pero la vista que había podido ver detrás del vidrio podía considerarse cualquier cosa menos normal. En mi mente vi un fondo negro, decorado con pequeños puntos brillantes que había reconocido como estrellas, y lo suficientemente cerca como para apreciar su belleza, vi mi propio planeta flotando en el infinito.

Aún me asombraba el hecho de que yo, Ichigo Mamoiya, hubiese tropezado con semejante visión, y me pregunté si Kish estaría en ese momento dentro de su nave, mirando hacia afuera y maravillándose con la pobre visión que mi cerebro podía recrear para mí. Cerré los ojos, y me lo imaginé de pie…no, flotando, en el aire con las piernas cruzadas, ambas manos detrás de su nuca en su posición más cómoda, mirando por el gran ventanal y…

Sentí un ligero viento en mis oídos y me mareé ligeramente, como si hubiera cerrado una puerta de forma muy fuerte justo al lado de mi oreja, y la ventisca hubiese intentado tirarme al suelo. Solo fue un instante, y luego volví a sentirme firme sobre el suelo, pero cuando abrí los ojos, enseguida me di cuenta de que mis pies no estaban sobre la misma superficie en la que habían estado dos segundos atrás.

Ya no estaba en la escuela.

Lo primero que noté fue a Kish, de piernas cruzadas y flotando con las manos detrás de la cabeza, mirando hacia el gran ventanal que daba al mismísimo universo…exactamente como le imaginado en mi mente. Él estaba de espaldas a mí, por lo que no logró ver la expresión estupefacta de mi rostro, pero a pesar de que no hice ningún ruido, sí que notó mi presencia.

Dio un vistazo hacia atrás bastante vago, supongo que esperando ver a sus compañeros, y cuando notó que era yo quien se había aparecido, dirigió por completo su atención hacia mí y frunció el ceño.

- ¿Ichigo? ¿De dónde…cómo…? – comenzó a preguntar, y la expresión de su rostro fue tan confusa como la mía, me habría dado gracia si no hubiese estado estupefacta - ¿Cómo llegaste aquí? ¿Pai o Tart te trajeron?

- No…creo que lo hice yo – contesté, y me pellizqué el brazo solo para cerciorar de que no me había quedado dormida sobre el pasillo de la escuela y estaba actualmente alucinando – creo que me teletransporté.

Kish descendió hasta llegar al suelo y caminó hasta mí. Por la expresión en su cara, me pareció que también iba a pellizcarme para asegurarse de que yo no era ningún producto de su imaginación, pero se contentó con mirarme fijamente de arriba abajo, no demasiado convencido de la realidad de mi presencia.

Yo tampoco estaba del todo convencida de mi presencia, que digamos. Un segundo atrás había estado en un pasillo semi-vacío en mi escuela, y de repente me encontraba en el medio de una nave espacial alienígena con una vista de primera fila hacia mi propio planeta visto desde lo alto. Uno habría pensado que había terminado de enloquecerme, pero me habían sucedido suficientes locuras estas últimas semanas para no creer lo que mis sentidos me comunicaban. Puede que no tuviera la más mínima idea como había llegado allí, pero que me había movido de sitio, eso era claro.

- Ah, es cierto que podías hacer eso – dijo él, por fin decidiendo que yo debía ser real - parece que estas aprendiendo a usar tu nueva habilidad.

- No lo creo, yo no…no estaba haciendo nada específico – expliqué - fue un accidente…otra vez.

El día anterior ya había me había dado un susto al aparentemente teletransportarme espontáneamente mientras había estado escondiéndome del mundo en el baño de la escuela. Mi destino final en ese momento también había sido el interior de la nave espacial de los ciniclones, pero en vez de la sala con el gran ventanal, me había manejado para aparecerme en la sala de ejercicio, por alguna razón.

Mi intención había sido continuar explorando aquel episodio con la esperanza de poder recrearlo en algún momento de necesidad (especialmente en una pelea), pero gracias al caos del día anterior, la verdad es que no había tenido tiempo de volver a intentar teletransportarme, y había llegado incluso a olvidar que existía la posibilidad.

Bueno, no hay mejor momento para averiguarlo, me dije.

- Una vez podría resultar accidental, pero ¿dos? – preguntó él, y yo no respondí porque me parecía que estaba realizando la pregunta para sí mismo en voz alta más que para mí - no lo creo, y además te teletransportaste en ambas veces al mismo destino, ¿tienes alguna idea de por qué?

- ¿Sinceramente? No tengo idea de nada sobre lo que pasa conmigo últimamente.

Aquella respuesta era mucho más profunda de lo que estaba cómoda admitiendo, y aunque Kish no se perdió el suspiro que dejé escapar accidentalmente, o el tono absolutamente cansado de mi voz, por fortuna dejó pasar el tema y no preguntó nada al respecto. Suponía que ya debía conocer o asumir lo suficiente de todas formas, como para comprender que no estaba hablando por hablar.

- Bueno, quizás podamos averiguarlo – dijo él entonces - ¿Qué estabas haciendo cuando te teletransportaste?

- Estaba en la escuela, caminando por el pasillo y buscando un sitio donde descansar.

Todo había ocurrido demasiado deprisa como para acordarme ahora mismo de los detalles, y ni siquiera estaba del todo segura de que nadie me hubiese visto. El pasillo por el que había estado caminando no había estado del todo vacío, pero esperaba que al menos nadie allí hubiese estado prestando la suficiente atención a una chica pelirroja desvaneciéndose en un abrir y cerrar de ojos, porque aquello sería exactamente lo contrario a mantener el perfil bajo que Shirogane nos estaba obligando a mantener.

Kish asintió y volvió a dejarse caer de piernas cruzadas en el aire, con expresión pensativa en su rostro. Me sentí como un cuadro en una galería siendo meticulosamente observado y analizado, y me puse un poco ansiosa bajo su escrutinio.

Miré mi reloj solo para darme una excusa de alejar los ojos de la mirada intensa de Kish por un instante, y mascullé una palabrota al darme cuenta lo tarde que era para entrar a clase y lograr pasar exitosamente desapercibida luego de este pequeño episodio. Si volvía en ese momento, llamaría demasiado la atención a mí, y mi profesor se enojaría por mi tardanza, pero no había terminado de decidir si aquella probabilidad era peor a no aparecerme en absoluto y volarme la segunda hora de historia. Al final decidí que con cualquiera de las opciones, lo más probable es que me ganara igualmente la detención, pero al menos no volviendo a la escuela podía enfocarme en lo que realmente importaba y descubrir el alcance de mis habilidades.

Al menos ahora me sentía útil.

- ¿Y por alguna razón pensaste en este lugar específicamente? – preguntó Kish, atrayendo mi atención hacia él otra vez.

- Bueno, si, recordé esto – señalé con la mano hacia el gran ventanal a su espalda - pensé que sería un buen lugar donde esconderme por un rato, además me gusta la vista.

- ¿Tuviste algún pensamiento consciente de querer dirigirte hacia aquí?

- No, solo imaginaciones.

Él volvió a asentir, pero dudaba que estuviese llegando a alguna conclusión útil, o entendiendo mínimamente la situación, solo me estaba demostrando que me estaba escuchando. Yo tampoco entendía absolutamente nada del tema, así que no podía quejarme por no conseguir respuestas de otra persona de manera automática, aunque eso hubiese estado bastante bien, para variar.

- Bien, supongo que tomaste la imagen de tu mente e intentaste llevarte a ti misma a este lugar, aunque fuera de manera inconsciente – razonó él - ¿crees que puedas hacer lo mismo si visualizas… no sé, tu casa, por ejemplo?

- Ya lo intentamos ayer y no funcionó – le recordé, pero supuse que no podía hacer ningún daño volver a intentarlo.

Cerré los ojos, e imaginé mi casa. No la casa de Mint, en la que había estado viviendo por casi un mes, sino mi propia casa, con mi cuarto de paredes rosas, mi cama con edredón decorado con dibujos de fresas, mi ropa, mis accesorios, y todas esas cosas innecesarias pero de las que realmente quería verme rodeada de nuevo, porque necesitaba de esa familiaridad otra vez. Necesitaba ser la versión de mí que había dejado atrás junto con mis artículos personales.

Me imaginé a mí misma en el centro mismo de mi dormitorio…y no me fui a ningún sitio. Abrí los ojos, y la mirada expectante de Kish fue casi graciosa, pero la frustración en mí por no lograr controlar esto era demasiado grande como para reírme.

- ¿Lo ves? – pregunté, tirando los brazos al aire – Nada

Kish dio vueltas alrededor de mí, como si estuviese buscando la respuesta a alguna pregunta que solo él conocía, y yo intenté quedarme quieta a pesar de que me sentía más que nunca como una estatua en un museo.

- Es extraño – acordó él conmigo, apenas terminó la vuelta completa – es como si estuvieras siendo atraída a este sitio en particular, y no estuvieses necesariamente eligiendo el destino. ¿Estabas pensando en algo más aparte de esta imagen?

Iba a responder automáticamente que no, pero intenté darme un minuto para pensar y asegurarme de que era así, porque él estaba intentando más duro en ayudarme de lo que yo me estaba intentando ayudar a mí misma, y quería al menos colaborar.

Fue entonces cuando recordé un pensamiento muy simple que había tenido mientras caminaba por el pasillo de la escuela. Una imagen que no parecía tener importancia alguna, pero que decidí compartirla con él de todas formas.

- Bueno… si, en realidad estaba pensando…en ti – admití.

Él se sorprendió tanto como yo, y vi en su rostro una expresión muy honesta y muy cruda en él, que no estaba acostumbrada ver, y por lo tanto, se me hizo imposible de identificar. La vi por un segundo antes de que la cubriera con una usual capa de humor, una sonrisa y un guiño a modo de distracción.

- ¿En mi? Haciendo cosas malvadas, asumo – bromeó.

Para ser Kish, aquel había sido un muy pobre intento por aparentar indiferencia, pero al igual que él, yo también dejé pasar el tema sin comentar algo al respecto.

- No, nada demasiado dramático – contesté - solo te imaginé ahí sentado mirando hacia afuera.

- ¿Exactamente como me encontraste?

- Aja.

Kish se quedó pensativo por un instante, mirando hacia mí con el ceño fruncido en concentración y las manos sobre las caderas. No estaba segura cómo ni por qué, pero me parecía que estaba llegando a algún asomo de respuesta. ¿Cuál? No tenía ni idea.

- ¿Pensaste en mí también ayer? – preguntó de repente.

Las mejillas me picaron un poco, por alguna razón, y estuve a punto de contestarle de forma negativa simplemente por hábito. Cuando Kish se acercaba solo un poco a temas que pudieran tener algo que ver con él, especialmente estos días, me encontraba a mí misma poniéndome muy rápidamente a la defensiva. Algo en hacerle saber que él había estado recorriendo mis pensamientos durante un escaso minuto el día anterior no solo se me hacía un poco extraño, sino que también me parecía estar compartiendo algo un poco personal, como si tuviera una importancia mucho más grande de la que en realidad tenía.

No tiene ninguna importancia, me aseguré.

No le estaba confesando sentimientos, ni le estaba haciendo creer algo que no era con respecto a mí, ni me estaba poniendo a mi misma en un lugar vulnerable o débil. Era una conversación completamente normal, y era mi cerebro el que la estaba llevando por sitios que no tenía sentido transitar. Estaba exagerando y eso era todo.

Así que respiré hondo y contesté un poco de mala gana:

- A decir verdad sí, lo hice.

- ¿En qué pensaste?

- En ti entrenando – contesté, un poco incómoda – no sé bien por qué, a decir verdad.

Kish asintió y mantuvo su expresión pensativa, como si estuviera buscando la última pieza del puzle que venía haciendo por las últimas horas. De repente pareció ocurrírsele algo, y fue como si se le encendiera una lamparita sorbe la cabeza.

Lentamente, Kish comenzó a sonreír de oreja a oreja.

- ¿Me dejarías intentar algo?

- ¿Qué cosa? – pregunté, con sospecha.

- Solo un…experimento – respondió él solamente, aún con esa sonrisa de oreja a oreja – es simple: solo piensa en mí.

¿Qué?

Si se le había zafado a Kish un tornillo ahora era un muy mal momento.

- ¿Pero qué…?

- Solo piensa en mí.

Con aquel último críptico, confuso e irracional mensaje, Kish desapareció frente a mis ojos. Me quedé mirando el espacio vacío frente a mí y preguntándome que maldito experimento pensaba hacer conmigo, y cómo diablos podía ayudarme.

Esto es tan ridículo…

¿De qué tenía que ponerme a pensar exactamente? ¿Solamente sobre él? Las posibilidades eran infinitas. Podía recordar un momento específico compartido en el pasado entre Kish y yo, o podía imaginarme uno completamente diferente y totalmente irreal que jamás había ocurrido ni ocurriría, como… no sé, Kish…lavando platos, o barriendo el piso de una cocina.

Aquellas eran actividades que no me le imaginaba ni por un millón de años haciendo, más que nada por lo mundano del asunto, y también porque tampoco me parecía la persona más responsable como para hacerse cargo de las tareas típicas del hogar. Me parecía más creíble verle, por ejemplo, gastándole una broma a Pai, quizás en su laboratorio mientras este trabajaba en uno de sus experimentos. Esa situación sí que podía imaginármela: el alienígena más grande sentado frente a un escritorio trabajando diligentemente, y Kish a su espalda mirando sobre su hombro y espiando su trabajo, quizás incluso haciendo alguna pregunta estúpida del estilo…

La sensación de mareo repentina volvió a hacer acto de presencia, y cerré los ojos para contener el mareo. Fue como un torbellino que me sacudió el cuerpo, pero tan solo por un instante, y luego volví a sentirme firme sobre mis pies.

Fue entonces cuando escuché su voz:

- Bienvenida, gatita.

Abrí los ojos, y allí estaba Kish, flotando a espaldas de Pai, quien había estado intentando trabajar, pero ante el saludo de Kish hacia mí, se había distraído con mi presencia y dejado su trabajo a un lado. Al parecer, yo de repente me había vuelto un poco más importante que cualquier investigación que hubiese estado realizando.

- ¿Qué está pasando aquí? – preguntó Pai, confundido.

- Es exactamente lo que yo quiero saber – respondí, a pesar de que la pregunta no había sido para mí.

- ¿Cómo llegó ella aquí?

- La pregunta del millón, pero antes quiero saber: ¿Cómo diablos estoy haciendo esto?

Kish nos miró a Pai y a mí como si estuviera presenciando un partido de ping pong, uno especialmente divertido porque no dejó de sonreír durante el intercambio. Al parecer él comprendía algo que ni su compañero ni yo entendíamos del todo, porque en vez de contestar a nuestras preguntas (claramente dirigidas a su persona por nuestras miradas confundidas y enojadas) simplemente se dejó caer en su posición cómoda de piernas cruzadas.

- Necesito corroborarlo una vez más – explicó Kish - probemos de nuevo.

- ¿Probar qué? – pregunté - No entiendo…

Pero no llegué a terminar la frase, o al menos, él no llegó a escucharla porque se teletransportó nuevamente fuera de allí y me dejó hablando sola. Bueno, no totalmente sola porque allí estaba Pai, pero su presencia no me servía para nada. Por una vez en la vida parecía que yo no era la persona más confundida en la habitación.

- ¿Qué esta…? – comenzó a preguntar Pai.

- Ahora no – respondí, subiendo la mano para interrumpirle.

Cerré los ojos y volví a hacer lo mismo que había estado haciendo antes (a pesar de no comprender aún lo que eso significaba pero totalmente dispuesta a repetirlo) y pensé en Kish, dejando que mis pensamientos me llevaran por donde estos querían ir, porque parecía que estaba logrando mejores resultados de esa manera.

Fue más sencillo esta vez, casi enseguida me vino la imagen de Kish sentado de piernas cruzadas sobre una cama…no, no cualquier cama, su propia cama, en su dormitorio…y antes de que me diera cuenta de lo que estaba pasando, ya me había aparecido allí.

De nuevo, me lo encontré sonriente y pícaro, aunque por unos instantes pareció haber dos versiones de él mismo en esa habitación, pero cuando pestañeé se unieron en una sola.

- ¿Puedes no desaparecerte así como así? – pregunté, ya un poco molesta, y con un dolor de cabeza comenzando a formarse en mis sienes.

- ¿Por qué? – preguntó él flotando hacia mí – si puedes seguirme adonde sea.

- Pero me dejas con la palabra en… espera, ¿Qué quieres decir con que puedo seguirte?

Él sonrió…y volvió a desaparecer.

Maldito alienígena molesto… ¿Por qué no puede quedarse quieto un minuto?

Cuando me teletransporté como por…4 o 5 vez ese día (no estaba segura de la cuenta) reaparecí en la habitación con el gran ventanal, donde había comenzado un rato atrás, e inmediatamente me sentí como si alguna comida me hubiese caído mal. Tragué saliva y me llevé la mano a la garganta, muy consciente de que estaba muy cerca de vomitar, pero decidida a no hacerlo.

La habitación me giró por más tiempo que en las otras ocasiones, y tuve que sostenerme de una pared a mi lado para sentir que estaba sujeta a algún sitio firme y que no me caería al suelo.

- Quiero decir que puedes teletransportarte al sitio en el que yo me encuentro actualmente, o parece algo similar, al menos – explicó Kish, como si la conversación que habíamos comenzado en su cuarto no hubiese sido cortada por su acto de teletransportación.

Posiblemente iba a continuar probando su pequeño experimento, porque estaba claro que se la estaba pasando de lo lindo con su propio conejillo de indias humano, pero entonces me vio la cara, o quizás la mano con la que aún me sostenía de la pared de forma inestable, y frunció el ceño.

- ¿Te sientes mal? – preguntó, acercándose hasta mí.

- Creo que tengo nauseas – respondí, respirando hondo y lento.

- Quédate aquí.

Él se teletransportó y yo no tuve ningún deseo de seguirlo. Por ese día, y posiblemente por el resto de mis días, ya había tenido suficiente con la idea de moverme de un lado a otro con el pensamiento. Caminar era suficiente para mí, muchas gracias.

Kish volvió a aparecer con un vaso de agua y me lo entregó. Yo tomé pequeños sorbos hasta sentir como la habitación comenzaba a moverse un poco más lentamente y por fin detenerse del todo.

- ¿Siempre te sientes así cuando te teletransportas? – pregunté – ¿como si acabaras de salir de una licuadora?

- Solamente al principio – contestó el – luego el cuerpo se acostumbra. Es un efecto secundario bastante común en nuestra especie, especialmente en niños cuando empiezan a entender la habilidad.

- Así que tengo la habilidad de un niño, perfecto.

Le devolví el vaso de agua a Kish y él lo depositó sobre una repisa en la pared más cercana. No estaba segura de que esa repisa hubiese estado allí un segundo antes, pero rápidamente decidí que no me importaba demasiado averiguar si era así o no. La nave de los ciniclones funcionaba de maneras demasiado extrañas para mi gusto, y me dolía la cabeza intentar comprender cada una de ellas.

- No cualquier niño, uno ciniclón – bromeó él, y cuando vio que yo no estaba para reírme de ningún chiste, se puso serio – pero creo que al igual que nosotros en teoría podrías fácilmente entrenar a tu cuerpo para sobrellevar el malestar.

¿Fácilmente? Lo dudaba muchísimo.

- Creo que necesito sentarme – dije, porque todas las vueltas me habían agotado.

- Ven aquí.

Kish me ayudó a alcanzar un sitio frente al gran ventanal, y con un desliz de sus dedos en la pared, hizo aparecer un par de asientos para nosotros. Me senté pesadamente, y a pesar de que eran demasiado duros como para ser considerados cómodos, agradecí inmensamente dejar caer mi peso sobre un mueble.

- Si me esperas aquí un minuto, te traeré algo de comer.

- No, no es necesario...

- Créeme – me dijo – quieres comida.

Iba a protestar, pero Kish volvió a teletransportarse y me dejó otra vez con la palabra en la boca. Decidí no estresarme con el tema, volví la vista hacia el ventanal frente a mí, y dejé que los problemas me resbalaran fuera del cuerpo, aunque fuera por un rato.

La visión de mi propio planeta a la distancia me hacía sentir pequeñita en comparación con semejante extensión de tierra y mar, y por alguna razón eso me agradaba. Algo en el hecho de comprender la cantidad de personas que estaban allí abajo actualmente atravesando sus propias rutinas, sus propios problemas y viviendo vidas, quizás más o menos tumultuosas que la mía pero aún así igualmente importantes, me generaba una perspectiva un tanto más amplia. Después de todo, era sencillo olvidarse que existía un mundo entero alrededor de uno mismo, con otras personas que también sufrían, amaban y estaban tan confusas como uno acerca de sus decisiones.

Mis problemas eran grandes, difíciles y tomaban mucha más energía de mí de la que algunas veces quería dar, pero no era la única en aquel masivo planeta lleno de vida a la que le pasaban cosas malas. No era la única que tenía que levantarse, resolver sus problemas y seguir adelante. No podía conocer las dificultades de cada persona, porque jamás me daría el tiempo ni la vida, pero sabía que había todo un mundo de gente alrededor de mí que salía adelante día a día, y yo era parte de esa resistencia.

Saber que no estaba sola, que mi presencia era intrascendente en la suma de las cosas, que el mundo seguiría girando una vez que yo no estuviera porque siempre lo había hecho…me daba paz. Mew o no, ahora mismo me sentía pequeñita en la distancia, y me agradó la sensación. Se sentía mejor no sentir tanto peso sobre mis hombros, aunque fuera por un rato.

Kish volvió en cuanto comencé a sentirme un poco mejor, y el olor que atravesó la habitación hasta llegar a mi nariz me hizo agua la boca. De repente mi estómago despertó como de un pesado sueño, y me abalancé sobre la comida casi sin mirar a Kish, o agradecerle.

- Teletransportarse quema mucha energía, y puede dar un hambre voraz – me explicó, a pesar de que yo no había preguntado, estaba muy ocupada embutiéndome el sándwich en mis manos.

Comí sin casi respirar por unos minutos, y cuando mi estómago se contentó con el contenido, por fin pude subir la cabeza y mirar a Kish. Él se había sentado a mi lado sobre el asiento libre, a pesar de que podía flotar en el aire, y me estaba mirando con una ligera sonrisa en los labios. Un tintineo me atravesó el estómago, pero esta vez no tuvo nada que ver con mareos, ni con hambre.

Terminé el sándwich de un último bocado, y carraspeé para aclararme la garganta.

- Entonces, ¿crees que estoy limitada a teletransportarme solamente al sitio en donde te encuentras? – pregunté, intentando atraer el tema a lo importante- ¿Es eso normal? Y me refiero en términos ciniclones.

Hacía rato que me había alejado de la barra de normalidad en términos humanos.

- Nada de esto puede considerarse normal, Ichigo – me explicó él - no es una habilidad que deberías poseer, pero es posible que al igual que con el S`darak, tampoco sea algo permanente.

- ¿Crees que podría desaparecer esto también?

- No lo sabremos con certeza hasta que el S´darak no termine su curso.

Y pueden pasar meses o años hasta que eso pase, me recordé, con un poco de miedo. ¿Cómo podría soportar años de esto? ¿Quién podría?

El único con posibles respuestas a esta nueva problemática de la que nadie entendía absolutamente nada, era Pai, pero al nunca haberse visto enfrentado a una leyenda cobrando vida frente a sus ojos (porque aparentemente el S´darak era básicamente eso: una estúpida leyenda sobre almas gemelas) no estaba muy seguro de cómo avanzar en su investigación para eliminarlo o aunque fuera reducir su poder, si es que eso era posible. En base a los cuentos de cuna de los ciniclones, al parecer el S´darak tenía un ciclo específico dependiente de la pareja en cuestión, y una vez alcanzado, este desaparecía por sí solo, pero nadie podía estar seguro exactamente cuando este ciclo podría llegar a su fin, así que por el momento, estábamos atascados.

Bueno, no completamente atascados, pero la otra alternativa no era viable en absoluto. Pai tenía la teoría de que si el S`darak era una fuerza que intentaba unir a dos personas, entonces el final de un ciclo podría llegar más rápidamente si la pareja se…acercaba más deprisa. No estaba segura exactamente qué tan cerca podríamos acercarnos el uno al otro antes de que el maldito ciclo llegara a su fin, pero había decidido firmemente que no estaba dispuesta a intentarlo. Mantener una relación física con Kish estaba muy al fondo en mi lista de maneras de resolver un problema.

Sin embargo, no podía evitar preguntarme qué tan firme sería mi decisión en el futuro lejano…o cercano. En los últimos días, cada vez más frecuentemente había sentido una necesidad bastante grande de tocar a Kish, o permitirle tocarme, y estaba bastante segura que de no haber estado concentrada, mi cuerpo habría actuado por sí solo y llevado a cabo órdenes que mi cerebro jamás habría dado en otras circunstancias. Me sentía atraída hacia él, incluso ahora, a su lado mientras él me miraba con esos ojos dorados clavados en los míos, y su olor que llegaba hasta mi nariz de una forma que nunca me había resultado intoxicante, pero ahora mismo me lo parecía.

Me encontré a mi misma frenando a mis manos de acercarse para pasar mis dedos entre su pelo, y no estuve segura, pero me pareció ver un atisbo de decepción en sus ojos, antes de que lo escondiera detrás de una máscara.

- Te ves cansada – dijo él de repente, creo que para cambiar de tema – ¿No quieres descansar un rato?

- Ah…no…no, tengo cosas que hacer.

- ¿Cómo volver a la escuela y no prestar atención en clase?

- Estaba prestando atención – contesté, con un tono de falsa ofensa – soy una buena alumna, ¿sabes?

- ¿Ah sí? ¿De qué fue la clase?

Abrí la boca para responderle aunque fuera una mentira, pero me di cuenta de que estaba más cansada de lo que pensaba porque no se me ocurrió nada en absoluto que decir más allá de:

- De historia.

Kish sonrió a conciencia porque mi falta de detalles era de por sí una respuesta.

- Bien, hoy quizás no estaba del todo concentrada– respondí al fin – pero por lo general presto atención…a veces.

- Aja.

Rodé los ojos, y di un bostezo que me dejó casi dormida sobre mi asiento. El respaldo no era lo suficientemente alto como para sostener mi cabeza, por lo que no intenté recostarme, pero de repente el suelo blanco, frío e inmaculado bajo mis pies, me pareció el lugar más cómodo donde tirarme a dormir. O desmayarme, una de dos.

- Lo digo en serio, Ichigo, estas a punto de quedarte dormida, vuelve a tu casa a dormir. O duerme aquí, si quieres.

- ¿Qué? ¿En tu cama? – bromeé.

- Solo si eso quieres – respondió él, y sentí en su tono más que vi su guiño – pero no, tenemos más cuartos disponibles.

- No, te agradezco pero tengo…

- Que dormir – terminó él por mí y me tomó del brazo para ponerme de pie- apenas puedes mantenerte despierta.

Iba a protestar, pero me ganó otro bostezo, y Kish me arrastró hacia una pared opuesta de la sala. Tocó un par de botones en la pared, y una sección de esta se retrajo hacia arriba. Me llevó con él al interior y por unos segundos no vi nada más que oscuridad hasta que se encendió una luz y un cuarto igualmente desnudo me recibió.

- Ven – dijo, señalando hacia una cama en el medio de la habitación.

- No puedo quedarme dormida – le expliqué – tengo que reunirme con las Mew en tres horas y…

- ¿Prefieres que te teletransporte a la casa de Mint para que duermas?

Pensé en la posibilidad y decidí que no estaba lista todavía para recibir otro traslado a través del espacio, y arriesgar la posibilidad a que el sándwich fuera a rebelarse dentro de mi estomago. Negué con la cabeza.

- Te despertaré en tres horas para tu reunión, ¿está bien? – me aseguró Kish – una siesta no va a hacerte daño, Ichigo.

No me ayudaría demasiado tampoco, porque los sueños me dejaban bastante cansada como para recibir realmente un descanso, pero era mejor que nada, y asistir a la reunión un poco más revitalizada no estaría mal.

Tanteé la cama con un dedo, medio esperando que fuera una piedra, pero inesperadamente el colchón era tan suave como el de mi propia cama.

- ¿Prometes despertarme?

- Lo prometo.

Estaba demasiado cansada como para seguir discutiendo, y demasiado cansada como para no aceptar y agradecer su propuesta. Me dejé caer sobre la cama, y en cuanto la almohada recibió mi cabeza enseguida comencé a sentir como la conciencia se me volaba a algún lugar muy, muy lejano. Vagamente noté que Kish me tapaba con lo que asumí era una manta, y las luces se apagaron.

Cerré los ojos y me acomodé contra las almohadas.

- Dulces sueños – susurró él.

Le habría dicho que yo ya no tenía sueños dulces, sino simplemente pesadillas confusas y demasiado reales sobre una vida que no era la mía, pero me quedé dormida antes de poder desarrollar completamente el pensamiento, y luego dejó de importar.


Bueno, sinceramente hay una escena en particular que estoy queriendo escribir hace meses y había calculado que fuera a pasar en este capítulo. Comencé a escribirla, pero me di cuenta que este capítulo se me había alargado un poco demasiado, y decidí dividirlo en dos partes, así que esa escena específica va a quedar para el siguiente (supongo que va a ser pronto porque ya empecé a escribirlo pero como saben, suelo tardar a veces). Espero que les guste adonde se dirige la historia y aprecio cualquier comentario de su parte! Muchas gracias!