Capitulo 16

Si algo estaba comenzando a entender sobre los sueños que plagaban mis noches, era que no seguían un orden cronológico, ni tampoco tenían problema en repetirse una y otra vez dentro de mi cabeza como un disco rayado. No estaba segura cuantas veces había soñado ya con un recuerdo de tres años atrás (cuando Kish me había visto desde lo alto de un edificio caminando por la calle, y descendido casi en vuelo para sorprenderme con el que se convertiría en mi primer beso) pero tenía la escena sabida casi de memoria.

Sabía perfectamente en qué momento me inclinaría hacia abajo, y me vería a mí misma desde la perspectiva de Kish. Sabía cuando Masha empezaría a chillar con su usual alarma de peligro. Sabía en qué instante tomaría la decisión de arrojar mi cuerpo hacia adelante y dejarme caer al vacío. Había visto, olido, escuchado y sentido esa misma escena las suficientes veces como para estar completamente segura de cómo se desarrollarían los hechos, y de qué forma terminaría para dar paso a un nuevo sueño...o al menos, pensé que lo sabía.

En el momento en que me dejé caer hacia adelante, la escena cambió frente a mí en un abrir y cerrar de ojos, y no podía recordar ninguno de mis sueños haciendo algo igual. Mientras caía, noté como la Ichigo de 14 años, Masha, e incluso la misma acera en la que caminaba desaparecían frente a mis ojos, y me atravesó la extraña sensación de que aquel no era un sueño normal, de que algo estaba mal. Especialmente por el hecho de que estaba completamente consciente de estar viviendo la experiencia no desde la vida de Kish, sino desde la mía propia, y de alguna forma no se sentía exactamente como un recuerdo viejo.

Tampoco ayudaba demasiado el hecho de que continuase cayendo.

Y cayendo.

Y cayendo.

A mi cerebro le costó un par de segundos para adelantarse a los hechos, pero en el momento en que comprendí que aquel no era ningún sueño, desperté de mi estado somnoliento durante una caída tan alta que apenas llegaba a ver el suelo, pero el cual sabía que estaba acercándose paulatinamente hacia mí. O más bien, yo hacia él.

Grité pero el viento ahogó mis gritos, me heló la garganta como si hubiese tragado hielo, y por un segundo no pude respirar. Moví brazos y piernas como un pez fuera del agua con tal de encontrar un soporte de algún tipo, cualquier cosa que sirviera, pero allí no había nada. Estaba cayendo… ¡estaba cayendo y no había nada de lo cual sostenerme o con lo cual frenar mi caída! Así que grité, y grité, a pesar de que nadie estaba ahí para escucharme porque no gritar no era una opción, y mientras los segundos pasaban y gritar no me ayudaba en absoluto, mi mente se convirtió en un torbellino de pánico, y comencé a ver el suelo cada más cerca, más cerca, más cerca y…

Sentí que golpeaba algo entonces, algo solido que me dolió en el costado pero apenas noté el dolor, porque ese algo me sostuvo, y fue como un ancla en el medio de una tormenta. Yo me sujeté de lo que fuera que tenía a mi alcance con toda la fuerza que mi pequeño cuerpo permitió, y entonces finalmente toqué el suelo…pero no tras una imposible caída, sino como el resultado de un pequeño salto de una cama al piso.

O más bien, exactamente como eso.

Me costó unos instantes comprender que no estaba muerta en el suelo, y que sobre mí no había una gran expansión de cielo azul sobre el que había estado cayendo, sino un techo solido de color blanco sin ningún decorativo. Una mirada sobre mi hombro me permitió ver una cama que no era la mía, y frente a mí vi a Kish sosteniéndome como si la vida le fuera en ello. Su mirada taladró la mía con más preocupación de la que había visto nunca en una persona.

- Ichigo, respira…ya estás bien.

¿Qué respire? Me pregunté vagamente, mientras miraba hacia todos lados en busca de un hoyo en el techo, o de la marca que mi cuerpo debería haber dejado en el suelo con semejante caída, pero no había ninguna señal de que mi experiencia hubiese ocurrido en un lugar externo al interior de mi mente.

¡Pero no había sido una pesadilla! O al menos, no se había sentido como una. Podía sentir todavía la garganta helada y cerrada, y el nudo en mi estomago estaba apretado tan fuerte que dudaba que pudiese pasarme comida por allí dentro nunca más. Y cuando pestañeaba aún podía ver el suelo acercándose peligrosamente hacia mí, tan rápido que no llegaba a vislumbrar ningún elemento de manera nítida. Podía ver borrones que podrían haber sido personas o hormigas debajo de mí, tan pequeños e indefensos pero haciéndose más grande con cada metro que descendía hacia ellos.

Comencé a marearme a pesar de que no estaba de pie, y por alguna razón mi visión comenzó a hacerme más oscura.

- Ichigo – repitió Kish, tomándome de los hombros con un poco más de fuerza – respira.

¡Estoy respirando! Quise gritar, pero no pude hacer atravesar ningún sonido por mi garganta, y cuando lo intenté nuevamente, me di cuenta de que ni siquiera podía hacer entrar aire a mis pulmones. El miedo reapareció dentro de mi mente al comprender que estaba teniendo alguna especie de ataque de pánico, y no estaba segura como manejar aquella situación. Esta vez el terror me sacudió con la fuerza de un huracán, y estúpidamente comencé a ahogarme con el propio aire que no lograba respirar.

Kish se movió para ayudarme a recostar en el suelo sobre mi espalda y volvió a repetirme que respirara y a asegurarme de que todo estaba bien, pero a pesar de que mi pecho se movía de forma violenta, y estaba intentando con todas mis fuerzas seguir su consejo, no estaba logrando el simple objetivo. La oscuridad en el borde de mis ojos creció un poco más, y me sostuve fuertemente del brazo de Kish, clavando mis uñas en su piel pero sin poder aflojarme porque estaba aterrada…aterrada y ahogándome, y no tenía idea como salvarme a mí misma.

¡Dios, esa caída! ¿Por qué aún podía verla? ¿Por qué podía sentirla? ¿Por qué podía imaginar el dolor de caer contra el suelo cuando no había pasado? ¡No podía dejar de pensar en la posibilidad de…!

- ¡Ichigo! – me gritó Kish, a pesar de que estábamos tan cerca yo apenas podía escucharle entre los gritos en mi cabeza – concéntrate en mí.

Imposible. No podía concentrarme en nada, no podía pensar, solo podía ver esa caída, y el suelo cada vez más cerca. Solo podía imaginarme a mí misma aplastada como un bicho, mi pelo rojo en contraste contra el asfalto.

Mi mente era como un enjambre de abejas que habían escapado luego de que su colmena fuera violentamente sacudida. Cada pensamiento volaba aterrado de un lado a otro, y golpeaban dentro de mi cabeza de forma dolorosa antes de continuar corriendo enloquecidos. ¿Cómo iba a concentrarme en cualquier cosa que no fuera mi propio miedo?

La mano de Kish me sostuvo del mentón y me obligó a mirarle a los ojos.

- Respira – volvió a repetir – solo respira.

Respira…

Aquella palabra se coló en mi cabeza y fue un pensamiento calmo, pacífico, y que no me causaba dolor o confusión alguna, por lo que lo seguí e intenté comprender como llevar a cabo una sugerencia tan simple. Me enfoqué en los ojos de Kish y él me habló en ese mismo tono relajado y suave, que por alguna razón comenzó a calmar mi tormenta. Su mano acarició mi pelo, mi mejilla, mi mandíbula, y me concentré en cada uno de los lugares que sus dedos tocaban, tratando de predecir el siguiente.

No sabía si él estaba utilizando alguna habilidad oculta para calmar nervios, o si simplemente nuestra conexión era lo suficientemente fuerte como para que pudiera acallar mis emociones turbulentas con meras palabras y toques, pero la verdad es que no me importaba. Fuera lo que estuviera haciendo, necesitaba que siguiera, porque todo en lo que podía concentrarme era guardar cada una de las abejas de nuevo en la colmena, en calmarme a mí misma…en respirar.

Me enfoqué en el sonido de su voz y en el movimiento de su boca hablando a pesar de que apenas podía escuchar las palabras, y poco a poco, la oscuridad comenzó a desvanecerse con cada aliento que fui capaz de meter en mis pulmones y la tormenta se asentó por fin. No se fue del todo, pero la sentí lejos, más manejable y eso era suficiente por el momento. Poco a poco se me hizo un poco más sencillo respirar, y entonces pude pensar nuevamente.

- Estoy bien – dije, un rato después, e intenté incorporarme.

Él me detuvo depositando una mano sobre mi pecho y yo volví al piso sin fuerza alguna.

- Mejor quédate un rato así. Estabas un poco alterada – dijo, quitando de vuelta su mano.

Alterada era poco, pero no intenté corregirle. Simplemente asentí y cerré los ojos, porque mi garganta estaba completamente seca y me estaba costando un poco hablar. Mi respiración estaba acelerada y mi corazón latía demasiado deprisa para mi gusto, pero al menos ya podía ver bien, y más que eso, podía comenzar a entender qué diablos había pasado.

A ver, recapitulemos…

Había estado durmiendo plácidamente en una cama, soñando mis usuales sueños derivados de los recuerdos de otra persona, y me había despertado cayendo al vacío...por alguna razón.

Si es que pensaba que entendería algo nombrando los hechos, me encontré muy equivocada.

- ¿Qué sucedió? – desistí de relajarme y pregunté a Kish, porque fuera cual fuera la respuesta, sabía que no iba a gustarme pero necesitaba saberlo.

- No tengo idea – respondió él, aún acariciándome un mechón de pelo sin darse cuenta de lo que hacía – esperaba que tú pudieras decirme eso.

Perfecto.

Últimamente estaban sucediendo tantas cosas extrañas con respecto que a mí, que transitar del interior de un sueño a una caída libre debería haberme parecido totalmente ridículo y loco. Sin embargo, sabía que existía una respuesta en algún sitio, y sabía que tendría algo que ver con la conexión entre Kish y yo, porque últimamente todo parecía resumirse en eso. Me habría gustado ignorar el tema y volverme a dormir, pero frenó el miedo a que volviera a suceder algo similar. Dudaba que mi corazón pudiese aguantar otra carrera dentro de mi pecho.

Me incorporé lentamente y esta vez Kish me dejó, apartándose un poco de mí para darme espacio. Noté como su pelo estaba ligeramente enredado como si una ventisca lo hubiese atravesado, y solo entonces uní dos más dos.

- Tú estabas ahí también ¿no? – pregunté, un poco asustada que fuera a negármelo – no me lo imaginé, ¿verdad?

- A menos que me lo haya imaginado contigo…estoy bastante seguro de que fue real.

Respiré hondo, un poco más aliviada, a pesar de que lógicamente no había nada en toda la situación que debería haberme hecho sentir un poco mejor. Sin embargo, prefería pensar que la caída había sido real, a empezar a creer que mi imaginación pudiese ser más fuerte de lo que creía.

- No fue un sueño entones – dije en voz alta - ¿Pero cómo llegamos allí?

- Básicamente gritaste dentro de mi cabeza con una llamada de auxilio y fui a tu lado, pero no me esperaba que estuvieras intentando hacer caída libre sin paracaídas – explicó él – Tienes suerte de que yo estuviera cerca.

- ¿Cerca?

- Te apareciste casi a mi lado.

¿Por qué esa respuesta en vez de aclarar la situación sonaba como que la iba a hacer por completo más complicada?

- ¿Qué quieres decir con que me aparecí? – pregunté cautelosamente.

- Estoy bastante seguro de que te teletransportaste justo a mi posición.

Mi primer instinto fue negarme rotundamente, porque parte de mí estaba completamente segura de que yo estaría consciente de teletransportarme, especialmente considerando lo que me había costado intentar recrear la situación esa misma tarde con su "experimento". Pero parte de mí, una muy pequeña parte, ya no encontraba garantías en ningún sitio.

- Pero… ¡Yo no estaba pensando en ti! – me encontré a mí misma elevando el tono de mi voz, y cuando me di cuenta lo volví a bajar – solo estaba durmiendo.

- ¿Dices que fue algo inconsciente? – preguntó él, creo que más para sí mismo que para mí – bueno, si aparecí en tu sueño por alguna razón…

- ¡No, no, no! ¡Estas cosas no pueden pasar!

Empecé a sentir como me estaba costando respirar de nuevo. Kish lo notó y puso una mano sobre mi hombro, haciendo un poco de presión hacia abajo como si quisiera obligarme a recostarme otra vez.

- Ichigo…

Su tono calmo me puso de los nervios en vez de calmarme y no le dejé seguir hacia adonde fuera que iba su frase. Me sacudí su mano del hombro y me puse de pie, un poco tambaleante.

- No puedo andar ahí por la vida preocupada de que si de repente pienso algo mínimamente relacionado contigo me vaya a aparecer cayendo al vacio o peor, ¡¿quién sabe cómo?! – grité, dando vueltas por la pequeña habitación en busca de una puerta para ir hacia otro sitio, pero allí no había salida y de repente comencé a sentirme un poco claustrofóbica - ¡¿Cómo salgo de aquí dentro?!

Kish se puso de pie y comenzó a seguirme, aunque debía estarle pareciendo un animal salvaje más que una persona porque parecía un poco reacio a acercarse el último metro hasta mí. Prefería que mantuviera su distancia, sin embargo, porque no estaba del todo convencida de que no iba a rasgarle la cara con mis uñas si me tocaba en mi estado actual.

Estaba demasiado alterada, incluso para mi estándar usual, y no sabía que pensar de toda la situación. El descubrimiento de que podía teletransportarme al lado de Kish con el mero pensamiento tendría que haber sido una cosa mínimamente positiva, aunque fuera como una ventaja para usar en batalla, pero ahora parecía que se convertiría rápidamente en un problema, como todo lo demás en mi vida últimamente.

- Descuida – intentó decirme Kish – ahora que sabemos que algo así puede pasar, podemos…

- ¿Qué? ¿Podemos hacer qué? – pregunté, un poco (bastante) rudamente, pero su consejo iba a resultarme totalmente inútil, me lo veía venir - no puedo controlar mis sueños, te apareces siempre.

- Pero estamos preparados ahora.

- ¿Y qué diferencia hace? Es algo instintivo, no lo puedo controlar.

- ¿Cómo vas a saberlo si no lo intentas? – contraatacó él.

¿Por qué de repente todo el mundo a mi alrededor parecía más esperanzado que yo? ¿Por qué parecía que yo era una loca dispuesta a rendirse a la más mínima dificultad o confrontación? ¿Por qué no podía creerle que encontraríamos una solución también a este problema en vez de entrar en pánico? ¿Por qué la habitación se estaba poniendo oscura otra vez?

Sentí un par de manos sobre mis hombros y salté, pero Kish me sostuvo con un poco de fuerza para impedir que me fuera a ninguna parte. No sabía cuando se había acercado lo suficiente a mí como para que no me diera cuenta de su presencia, pero ahora mismo tenía su rostro muy cerca del mío. Sus ojos dorados parecían anclarme al piso, y me concentré en ellos como un faro en una tormenta.

- Ichigo, respira – me dijo él suavemente.

- No me digas que respire.

- Entonces hazlo sin que tenga que decírtelo – sentenció él de manera firme – que entres en pánico no va a ayudar en nada.

- ¡Lo sé!

- Si lo sabes, para.

Respiré hondo un par de veces, lenta y tranquilamente, sin apurarme, pero aún sentía que tenía una piedra dentro de mi pecho. Suponía que esta no terminaría de irse nunca. No al menos hasta que me deshiciera de los problemas que creaban todo este peso en mí. Problemas que podían resumirse en una sola palabra.

- Necesitamos eliminar el S´daro…

- S´darak – me corrigió él.

- ¡Eso! Tenemos que deshacernos de él, es la única forma de asegurarme de que no sucedan estás cosas.

- Escuchaste a Pai, seguirá su curso sin importar lo que hagamos.

Asumía que Kish había planeado tranquilizarme al recordarme que muy probablemente la conexión entre los dos no duraría para siempre. Era una estrategia que ya había intentado utilizar conmigo un par de veces, pero francamente no me había servido de nada antes, y dudaba que comenzara a servirme ahora mismo.

Sin embargo, en vez de ponerme a discutir nuevamente o causar nuevos estragos en mi respiración, me encontré a mí misma pensando seriamente en sus palabras, y en las de Pai, y de repente su comentario creó un sentido mucho más importante para mí…solo que no de la forma en que él esperaba.

Considerando que el S´darak une almas gemelas, no sería erróneo teorizar que se podría culminar más rápidamente el ciclo si sus almas están más…conectadas, por así decirlo…

Las palabras de Pai que tan rápidamente había desestimado como ridículas ahora corrían por mi cabeza con una pregunta…con una sugerencia, y mientras miraba a los ojos a Kish, más se me estaba haciendo difícil recordar por qué aquella no era una opción viable. Me habría gustado decir que tenía claras mis convicciones, pero todo en lo que podía pensar era en aquella caída, y en lo que significaba para mi futuro de una forma tan incierta que me estaba comenzando a correr el terror por mi espina dorsal como dedos fríos.

Si tenía tan poco control sobre mí misma, si no podía garantizar mi propia seguridad durante mis sueños, si la próxima vez Kish fallaba en ayudarme… ¿Qué diablos quedaría de mí en dos días, en una semana, en un mes, en un año? ¿En el momento en que el S´darak terminara su curso cuando malditamente se le diera la gana, estaría yo viva para verlo?

Un instinto de supervivencia más fuerte que cualquier cosa que hubiera sentido nunca en la vida se asentó dentro de mi pecho, y de repente mi respiración volvió a un ritmo normal.

- Dejemos que siga su curso entonces – sentencié, sin quitar los ojos de los suyos.

Kish sonrió ligeramente al verme más calmada y decidida, y quitó sus manos de mis hombros.

- Exacto y mientras tanto… - comenzó a decir él, pero no dejé que terminara aquella frase. Sinceramente no me importaba hacia adónde iba.

Mi ser se dividió en dos versiones de mí entonces, una versión humana que se escondió junto con mi consciencia dentro de algún cajón profundamente en el interior de mi mente y ambas se taparon los ojos para no ver lo que mi versión Mew, armada con mi nuevo sentido de la supervivencia, hizo entonces con mi cuerpo.

Me sentí como otra persona en cuanto deslicé una de mis manos hacia la nuca de Kish y lo atraje hacia mí de forma tan rápida, que apenas le dio tiempo de abrir los ojos ligeramente en confusión…antes de que mi boca se aplastara contra la suya en un beso que no tomaba rehenes, que no aceptaba una vuelta atrás. Hubo un instante en que su cuerpo no reaccionó contra el mío, y yo aproveché ese segundo para aferrarme a él como si la vida me fuera en ello, y para mi lado Mew, para la versión de mí completamente aterrada de no ser dueña de mí misma…la vida sí que me iba en ello.

Con un último recordatorio de insistencia a hacer lo que fuera necesario para sobrevivir, mi cerebro se apagó como si alguien hubiera bajado un interruptor oculto del que nunca había estado consciente que tenía, y dejé de pensar completamente. Pegué mi cuerpo al de Kish, y pasé ambos brazos por su cuello en un intento por acercarme lo más posible, y en cuanto me sentí como una pieza puzle perfectamente encrestada, solo entonces él respondió…con igual o mayor nivel de fervor.

La fuerza de su beso me tiró hacia atrás, y por poco trastabillamos al suelo, pero una pared que no había sido consciente que estaba a mi espalda me mantuvo firme y atrapada contra su cuerpo.

Deliciosamente atrapada.

Un sonido poco mío, un sonido que dudaba que alguna vez hubiese querido o estado tentada de pronunciar, estaba ahora haciendo un gran esfuerzo por escaparse de mi boca, y cuanto más danzaban los labios de Kish sobre los míos, más me costaba mantenerme callada. Sus manos recorrían mi cintura, mis caderas, mis brazos, cualquier centímetro de mí a su alcance y parecía desesperado por recorrer cada uno de aquellos lugares, desesperado por hacerlos suyos. Contra mi boca había un chico hambriento que estaba dando rienda suelta a su sed, mordiendo mis labios y haciendo adentrar su lengua en el momento en que jadeé por la sorpresa y por la excitación que recorrió mi cuerpo como un rayo.

No necesitaba aire.

No necesitaba ropa.

No necesitaba recordar por qué estaba haciendo todo esto en mi primer lugar. No necesitaba nada más que esa boca sobre la mía reclamándome de una manera tan animal que debería haberme sentido ofendida, y sin embargo, a una parte muy desconocida de mí le encantaba la forma en que me estaba tratando. No necesitaba más que esas manos recorriéndome como a un mapa en busca de un tesoro. No necesitaba nada ni nadie más que a él… ¡y por dios! ¿Alguna vez sería esto suficiente? ¿Alguna vez tendría suficiente de él?

Mis manos estaban tocando la piel tersa y suave debajo de su camiseta y deleitándose con sensaciones que nunca habría pensado que sentiría tocando a otra persona, en cuanto sentí nuevamente esa sensación de mareo, solo que esta vez, muchísimo más violenta. No fue un instante, o al menos, no se sintió como uno solo y tuve la extraña sensación de estarme desprendiéndome dolorosamente de mi misma. La cabeza empezó a dar vueltas cada vez más rápido y deje de sentir que estaba en algún sitio específico. Dejé de sentir nada en absoluto.


La siguiente vez que desperté fue con un dolor de cabeza que solo podía clasificar como "masivo", pero al menos ya no estaba cayendo al vacío, ni tenía un ataque de pánico en curso, así que dentro de todo, no fue la peor sensación con la que podría haber despertado.

Hasta el momento en que intenté ponerme de pie, y caí al suelo como un saco de papas especialmente pesado y sin coordinación alguna. Mis músculos se sentían un tanto atrofiados, como si no los hubiera utilizado en mucho tiempo o directamente no supiera donde estaban todos los controles, y me faltaba fuerza para hacer algo tan simple como apoyar mi peso en mis brazos o piernas. Ponerme de pie quedó fuera de la cuestión luego d intentos fallidos (y francamente un tanto patéticos), por lo que me quedé quieta en el suelo e intenté considerar que hacía allí en primer lugar.

¿Pero qué diablos…? Incluso mis pensamientos parecían correr más lentos por mi cabeza, y reordenarlos supuso un esfuerzo casi tan grande como mover mi propio cuerpo.

Miré a mi alrededor, y luego de unos instantes de confusión, noté el familiar tono blanco inmaculado de las paredes del cuarto de Kish, la falta de muebles y la luz demasiado intensa que no parecía provenir de ningún sitio. En algún rincón de mi cabeza, recordé que había estado allí hacía un rato, pero ahora mismo no podía recordar los detalles de mi visita. Busqué con la mirada a Kish, pero todo lo que mis ojos encontraron fue una habitación vacía y a mí misma reflejada en un espejo.

Me quedé mirándome, y noté pequeños detalles sobre mí de los que nunca parecía haberme dado cuenta antes. Como la forma en que mi pelo se encrespaba demasiado en las puntas (mentalmente hice una nota para cortármelo), o como mi falda se elevaba un poco demasiado sobre mis piernas, o la expresividad en mis ojos marrones, los cuales ahora mismo mostraban un grado de terror que pocas veces en mi vida había llegado a sentir.

¿De qué tengo miedo? Me pregunté, ¿Por qué tengo esa mirada?

Vi mi boca abrirse, pero ninguna palabra salió de mi garganta. Mi reflejo carraspeó un par de veces, y cuando volvió a abrir la boca una segunda vez, esta vez sí salió un sonido, aunque no tuvo demasiado sentido para mí:

- Ichigo…

Miré con confusión, o lo que asumí sería confusión, pero mi reflejo aún mostraba miedo, y una alarma que no comprendía porque yo no la estaba sintiendo. Vi un mechón de pelo rojo resbalar por la mejilla de mi reflejo, y subí la mano para quitármelo de la cara. A pesar de que me llevó un par de intentos, no parecía estar encontrando el mechón rebelde, y peor aún, por alguna razón, mi reflejo no parecía estar copiando mis movimientos.

- Ichigo… - mi boca volvió a moverse, pero no sentía como si yo lo estuviese haciendo, y de todas formas, ¿Por qué estaría diciendo mi propio nombre una y otra vez?

Una piedra especialmente pesada se asentó en mi estomago, y me sentí absolutamente revuelta. Sabía que algo no estaba bien, que había cabos sueltos en mi cabeza, y una vez que los uniera, podría comprender la alarma en aquellos ojos que ahora mismo no se sentían como míos. Ojos que parecían gritarme, que querían decirme algo, que estaban completamente fijos en mi misma, pero parecía que había alguien más detrás de ellos. Alguien que no era yo.

Abrí la boca para decir algo, lo que fuera, pero mi garganta estaba cerrada y seca, y me pregunté cómo podía haber logrado hablar antes. Vi mi reflejo estirar un brazo hacia adelante, hacía mí, pero sentía el mío propio a un costado de mi cuerpo, pesado e inútil. ¿Qué estaba viendo? ¿Por qué la realidad me estaba pareciendo tan distorsionada?

El brazo que no podía ser nada menos que indudablemente mío continuó su trayectoria hacia adelante, y adelante, hasta que lo tuve tan cerca que pensé que sentiría la superficie del espejo debajo de mis dedos. Es lo que debería en toda lógica haber sentido, pero esta sensación nunca llegó. En su lugar, sentí un par de dedos temblorosos pero definitivamente sólidos sobre mi hombro, tanteándome casi sin fuerza alguna. Bajé la mirada hacia mi propio cuerpo… el cuerpo cubierto por una camiseta que no era la mía y con una serie de músculos que yo jamás había poseído, y al ver aquellos dedos finos sobre mí, con uñas pintadas de potente rosa…de repente todos los cables se unieron de un solo tirón en mi cerebro, y dejé de respirar.

Subí la cabeza, y cuando volví a encontrar mis ojos, esta vez sí que comprendí la alarma detrás de ellos. Ahora mismo la compartía.

- ¿Qué…? – comencé a preguntar, a nadie en particular, porque allí mismo, solo estaba yo, ¿no es verdad? - ¿Qué está…?

Pero me callé enseguida, completamente aterrada al notar el carraspeo de una voz que no era la mía propia, pero que sin embargo parecía salir de mi garganta. ¿Por qué sonaba tan grave? ¿Dónde estaba mi estúpido tono chillón? ¿Por qué no me reconocía a mí misma?

La mano sobre mi hombro se elevó hasta tocar mi mejilla en un toque que me supo familiar, pero al mismo tiempo completamente extraño, porque la imagen frente a mí era de mí misma.

- Respira, Ichigo…

El mundo se torció nuevamente, porque solo recordaba a una persona diciéndome algo así últimamente, y definitivamente no era yo misma. A pesar de que la voz tenía el tono correcto con el cuerpo que podía ver en el reflejo, ni el tono calmo ni la seguridad detrás iban conmigo, pero sabía de donde provenían.

- ¿Kish…? – pregunté, y casi salté nuevamente al escuchar su propia voz saliendo de mi garganta.

Él, o más bien, mi propia cabeza asintió, y estúpidamente caí en un hecho que debería haber sido obvio desde el comienzo. Allí no había ningún espejo, y no era a través de un reflejo por el que estaba viéndome a mí misma. Mi propio cuerpo estaba allí, solo que no estaba habitado por mí.

Vi mi boca abrirse, pero no supe lo que…Kish habría dicho. La habitación volvió a oscurecerse y perdí la consciencia por segunda vez en un mismo día.


Desperté sobre un suelo duro, con un nuevo dolor de cabeza (o puede que este fuera el mismo de antes, solo que redoblado en fuerza e intensidad) y un par de voces gritando de forma bastante alterada. En realidad, una sola voz estaba alterada, la otra parecía más bien confundida y con deseos de estar en cualquier otro sitio menos allí dentro.

- ¡Por tercera vez, no tengo idea como sucedió esto! – gritó una voz femenina, un tanto chillona y muy familiar.

- ¿Y qué esperas que yo haga al respecto? – preguntó una voz masculina en un tono monocorde.

- ¡Que lo arregles!

- ¿Arreglar qué? Ni siquiera entiendo el problema.

- ¿Qué hay para entender? ¡Este no es mi maldito cuerpo, Pai!

- Esto va más allá de mi experiencia, no puedes esperar que yo sepa como…

- ¡Solo arréglalo!

Consideré pedirles a las voces que se callaran de una vez, porque estaban perturbando mi merecido sueño y no llegando a ninguna parte de todas formas, pero algo me decía que no les importaría demasiado mi malestar.

Me senté lentamente, un tanto mareada pero no tenía la suficiente comida dentro de mi estomago como para vomitar, lo cual era bueno. Cuando por fin me digné a abrir los ojos, una luz bastante potente me cegó y me vi forzada a cerrarlos nuevamente. Me froté los parpados durante unos segundos, y el resto de la conversación siguió desarrollándose con un progresivo aumento de estrés por parte de la voz chillona.

- ¡Solo devuélveme adonde pertenezco!

- No puedo arreglar esto si no sé como lo provocaste.

- ¡¿Cuántas veces tengo que decirte que yo no provoqué esto?!

- Entonces, Kish…

- ¡Yo soy Kish!

Y entonces los recuerdos de las últimas horas me embargaron con la fuerza de un tren, y abrí los ojos de golpe. Durante un par de segundos no vi nada más que un par de personas sin una morfología clara, pero poco a poco, una de aquellas figuras la reconocí fácilmente como Pai, mientras que la otra comenzó a cobrar elementos más femeninos y altamente familiares para mí, como el pelo rojo, el uniforme de mi escuela con falda y camisa, y un pendiente Mew con insignia rosada.

Debí haber hecho alguna especie de ruido de algún tipo, porque tanto Pai como… ¿yo?, se dieron vuelta hacia…mí, y me miraron con sorpresa. Afortunadamente, me manejé para no desmayarme otra vez, pero mientras miraba a mi propio cuerpo moverse sin mí, estuve bastante cerca de perder la cabeza.

- ¿Qué está…pasando? – pregunté, carraspeando un par de veces e intentando que mi voz no sonase tan extraña en mi oídos.

Pero por supuesto que me iba a sonar extraña. No era la mía.

- Ichigo, bien, estas despierta, tenemos un problema – me informó mi propio cuerpo y mi propia voz, pero a quien ignoré porque era demasiado bizarro verme a mí misma dándome órdenes.

- ¿Quién está en mi cuerpo? – pregunté a Pai, porque claramente alguien lo estaba habitando mientras yo estaba de vacaciones fuera de él.

- Aparentemente…Kish – respondió Pai, alternando su mirada entre mi cuerpo, y donde sea que yo estaba.

- Entonces eso significa que yo estoy en…

No terminé la frase, no podía. Físicamente, dudaba que pudieran salirme las palabras de la boca.

De la boca que no es mía, me recordé.

Me puse de pie tan rápido que la habitación dio un giro violento, y vi tanto a mi cuerpo como a Pai moverse en dirección a mí como para sostenerme en caso de que me fuera al suelo. Yo salté fuera de su camino con la gracia de un hipopótamo y comencé a caminar como una borracha, porque al parecer, hacer un cambio de cuerpo no venía con un manual interno sobre cómo manejarlo, y no se me estaba haciendo para nada intuitivo.

Me di contra la pared, y mi hombro se quejó de dolor, pero al menos no me fui al suelo de nuevo. Esa pequeña travesía me había provocado una respiración trabajosa, como si hubiese corrido 20 kilómetros, en vez de haber dado unos míseros cuatro pasos.

- Espejo – pedí – necesito un espejo.

Nadie se movió por unos instantes. Tanto Kish, como yo parecíamos congelados, mirándonos el uno al otro y esperando encontrarnos a nosotros mismos, pero sintiéndonos más perdidos que nunca. Con deliberada lentitud, Pai se acercó a un escritorio y abrió un cajón, del cual sacó un pequeño espejo y me lo depositó cuidadosamente sobre mis manos.

Respiré hondo, y con manos temblorosas di vuelta el espejo hacia mí.

Una sensación de malestar que nada tenía que ver con lo físico, y todo que ver con lo mental, me recorrió entera en cuanto pude ver la cara reflejada en el espejo, y de repente me pareció posible vomitar con un estomago vacío. La piel era demasiado pálida para ser mía, el cabello de un tono verde antinatural, y las facciones eran más masculinas que femeninas, pero eran los ojos los que lograban desequilibrarme por completo. A pesar del tono dorado característico de Kish, detrás de ellos podía verme a mí misma, con todo el miedo, el malestar y la histeria que sentía, reflejada hacia afuera tan fácilmente como un cristal.

Aquella era yo, solo que en un envase completamente diferente, y a mi alma le resultaba tremendamente incomodo, como llevar puesto un traje que no era de mi talla. Las manos me temblaron tanto que perdí el agarre sobre el espejo, y este cayó al suelo hasta romperse en mil pedazos. El sonido pareció resonar en la habitación con demasiada fuerza, y tanto Kish y yo saltamos en nuestros cuerpos prestados.

- ¿Cómo pasó esto? – pregunté, en un tono casi no más fuerte que un susurro - ¿Cómo terminamos así?

Esta vez, mi pregunta sí que estaba dirigida a Kish, o al menos, él se lo tomó de esa manera.

- No lo sé, es lo que estamos intentando averiguar. Si solo Pai pudiera decirme algo más útil que…

- No tengo forma de averiguar cómo llegaron a esta…situación, Kish – informó Pai, alternándose para mirarnos a ambos como si no estuviera seguro a quien hablarle – jamás había presenciado algo igual.

- Hay una primera vez para todo, Pai – respondió Kish, con un tono mordaz incluso mientras usaba mis cuerdas vocales.

- No para esto.

No era la respuesta que esperaba escuchar, y al parecer a Kish le gustó aún menos que a mí porque entrecerró los ojos…mis ojos, y fulminó a Pai con la mirada.

- ¿Vas a decirme que te rindes tan fácilmente? ¿Dónde está el científico que creó a todos esos chimeras? ¿Dónde está el investigador principal del Mew Aqua que salvó a nuestro planeta? ¿Dónde está el genio que…?

- No dije que pensara rendirme – respondió Pai, claramente avergonzado por los comentarios de Kish – solo admito que no tengo la suficiente información ahora mismo para resolver su problema.

Pai se movió hasta su escritorio, y echó a un lado la cantidad de papeles que había encima, como si fueran de poca o nula importancia ahora mismo. Comparado con el problema que acabamos de tirarle, probablemente lo fueran.

No había ningún teclado a la vista, sin embargo sobre la superficie blanca del escritorio vi unos cuantos botones brillantes iluminarse una vez que Pai los tocaba. Enseguida un holograma en forma de pantalla rectangular apareció frente a él, junto con un texto en un idioma que definitivamente no era el mío, pero que de alguna forma pude leer, aunque del contenido específico no comprendí nada. Luego de unos minutos de búsqueda, en que Kish pareció incluso más nervioso que yo, Pai desistió y se dio la vuelta hacia nosotros.

- No hay nada en mi base de datos que se parezca remotamente a un…intercambio de cuerpos – nos informó – no estaba enterado de que algo así pudiera existir.

- ¿Ni siquiera en lo referido al S`darak? – pregunté, con una voz extrañamente calma de acuerdo a las circunstancias. Al parecer mi cerebro había alcanzado el límite de shock que podía aguantar, al menos por ese día.

- No lo sé, posiblemente – contestó Pai, frotándose la barbilla de forma pensativa - ¿Cómo sienten su conexión últimamente?

Kish y yo nos miramos, y ambos respondimos al mismo tiempo con la misma palabra:

- Intensa.

- ¿Intensa como?

De nuevo hicimos una pausa, y ninguno de los dos se vio preparado para contestar a la pregunta de Pai. Sinceramente, no creía que tuviésemos manera alguna de explicar con exactitud lo que nos pasaba, o todo lo que sentíamos en el día a día desde que la maldita conexión se había forjado entre los dos. No era exactamente un sentimiento de atracción, pero aún así mi cuerpo buscaba la cercanía con el de Kish como si fuera agua para mi garganta seca. No era exactamente lujuria, pero aún así Kish parecía disfrutar de los pequeños toques que nos permitíamos entre los dos, como si su piel llamara específicamente a la mía. No era exactamente cariño, pero aún así cada vez que nos veíamos ambos nos sentíamos un poco más calmados, un poco más en paz.

No habían palabras lo suficientemente claras como para describir lo que nuestros cuerpos o nuestras mentes demandaban de nosotros para con el otro, solo sabía que no tenía sentido, que no era lógico y que con cada día que pasaba los sentimientos se hacían un poco más difíciles de ignorar.

- Nos está intentando impulsar a que estemos más cerca – respondió Kish, en un pobre intento de explicación – algunas veces no podemos evitarlo.

Sentí mis mejillas calentarse al recordar la pequeña escena que habíamos montado en el cuarto de Kish, y me dije a mí misma que no era momento de ponerme a pensar en besos. Besos que no tendrían que haber pasado, ni podrían pasar otra vez…pero era un poco difícil olvidar sensaciones como labios suaves sobre los míos, y manos calientes en busca de piel. Más que un simple recuerdo, mi cuerpo parecía incapaz de dejar atrás el cosquilleo en mi espalda, o el temblor en mis piernas.

A Pai no se le pasó desapercibida mi reacción, porque me miró muy fijo y entrecerró los ojos. Yo carraspeé e intenté recomponerme, aunque no debo haber hecho un buen trabajo, especialmente en un cuerpo que no era el mío.

- ¿Ha habido contacto físico entre ustedes? – preguntó Pai.

Se podría decir…

Pero maldita sea, no iba a admitirlo. Aún no estaba del todo segura que clase de pausa había decidido tomarse mi cerebro y causado que besara a Kish, pero estaba preparada para que ese secreto se fuera a la tumba conmigo.

- ¿Es eso importante? – preguntó Kish, sin mirarme, porque al parecer él tampoco estaba muy emocionado por admitir nuestro desliz.

- Ahora mismo, cualquier pieza de información es importante – respondió Pai, de brazos cruzados, mirándonos a ambos como si fuésemos niños pequeños que rompieron una importante regla – por sus expresiones, voy a asumir que existió un contacto físico.

- ¿Y qué tiene que ver eso?

- Quizás nada, o quizás todo…no puedo saberlo hasta que no me den toda la información, especialmente la que se están guardando.

Puse la cara entre las manos, completamente avergonzada por el camino que se estaba dirigiendo esta conversación, y aunque me hubiera gustado quedarme callada, tenía que admitir que no podía ayudarnos en absolutamente nada permanecer en silencio.

Con mucho esfuerzo, respondí en un murmullo:

- Creí que podría hacer que se acabara el ciclo del S`darak más rápido si le dábamos lo que quería.

- ¿Tuvieron coito, entonces?

- ¡Diablos, no! – respondí en un grito, ahora completamente segura de que tenía la cara toda roja – solo nos besamos… ¡Una vez!

Pai se quedó pensativo un instante, y luego preguntó algo muy estúpido:

- ¿Si lo volvieran a hacer ahora mismo…?

- No va a volver a pasar – sentencié, de forma tajante, quitando las manos de mi nuevo rostro para que a Pai no le quedara ninguna duda de la seriedad de mi respuesta.

- ¿Por qué no? – preguntó él, genuinamente confundido por mi reacción – si un beso fue suficiente para que cambiaran de cuerpo…

- No quiero saber lo que un segundo intento podría llegar a hacernos – contesté – es demasiado arriesgado.

Y personalmente, no creía que mi corazón ni mi cerebro pudieran soportar otro acercamiento entre Kish y yo.

Quizás no había sido más que el miedo a la caída, o el shock de enterarme de que con cada día que pasaba perdía más y más el control sobre mi propio cuerpo, o puede que incluso la propia conexión me hubiese impulsado a tirar por la ventana toda lógica. Fuera por la razón que fuera, en el momento me había parecido una buena idea darle al S`darak exactamente lo que estaba pidiendo con el objetivo de terminar el ciclo más rápidamente.

Ahora mismo, no estaba segura si mi plan había funcionado, y nos habíamos saltado pasos en el ciclo, o si simplemente lo habíamos hecho enojar de alguna manera, y este era nuestro castigo. Lo único que me quedaba claro, es que no estaba lista para una repetición, y no quería saber si había una manera de juntarnos incluso más. Si el S`darak quería unirnos, yo no pensaba seguir colaborando.

- ¿Y si es la manera en que pueden volver a sus propios cuerpos? – preguntó Pai, insistente.

- ¿Y si terminamos en un estado aún peor? – contraataqué.

- No lo sabrán hasta que no lo intenten.

- No me estas escuchando, te dije que lo intentamos y…

Pero no llegué a terminar la frase, porque de un segundo al otro de repente una boca se estrelló contra la mía. Se notaba que mis reflejos estaban un poco dormidos, porque apenas fui capaz de ver a mi propio cuerpo moverse con rapidez hasta llegar a mí, y tomarme duramente de la camiseta para bajar mi cabeza hacia abajo. Durante unos instantes de puro shock, vi mis propios ojos marrones mirarme fijamente, tan cerca que mi visión se emborronaba, y un par de labios excepcionalmente suaves me besaron con insistencia.

Y no pasó absolutamente nada.

Kish despegó su boca de la mía con frustración, y se volvió para mirar a Pai, mientras yo sentía en la boca un sabor inconfundiblemente a fresa y un ligero sabor a menta de la pasta de dientes que había usado en mi propia boca esa mañana. Me pregunté si yo siempre sabría así.

- No funcionó – sentenció Kish – ¿Qué otra idea tienes?

De repente me cayó la ficha de lo que Kish acababa de hacer conmigo, mientras estaba en posesión de mi cuerpo, y las mejillas se me colorearon de rojo otra vez. Golpeé el brazo de mi propio cuerpo, y me arrepentí enseguida porque había utilizado demasiada fuerza que no podía controlar todavía, y muy probablemente me había ganado un moretón. Perfecto.

- ¡Ouch! – se quejó Kish – Este cuerpo es tuyo, ¿sabes?

- Me besaste sin mi permiso – dije, ignorando su anterior pregunta – no hagas eso.

- Tú también me besaste sin mi permiso.

- Eso… ¡eso fue diferente!

Él se cruzó de brazos y puso una expresión de incredulidad, pero la ceja levantada que a él por lo general le quedaba bastante atractiva, en mi propia cara perdía por completo su efecto, y simplemente parecía extraña. Al parecer, yo no era la única que no se había acostumbrado a los botones nuevos.

- Claro que no, fue exactamente igual – dijo Kish - Estaba intentando corroborar que un nuevo beso no fuera devolvernos a nuestros cuerpos originales.

- Tú…solo… ¡no lo vuelvas a hacer!

- Entendido.

Me dejé caer al suelo, demasiado cansada a pesar de que parecía haber dormido (o estado inconsciente) más horas ese día que en las últimas semanas. Me pregunté si el cansancio era algo que mi alma se llevaba de un cuerpo al otro, o si el cuerpo de Kish estaba tan agotado como el mío. Todo en lo que podía pensar era en apoyar la cabeza contra una almohada y despertar nuevamente en donde mi alma pertenecía, pero de alguna forma dudaba que el proceso fuese a ser tan sencillo.

- Podría hacer un par de pruebas – Pai habló en voz alta, aunque dudo que el comentario fuese para uno de los dos, más bien parecía que estaba hablando consigo mismo – aún tengo sus muestras de sangre y supongo que podría…

- Si, hazlas – respondió Kish de forma impaciente - ¿Cuánto tiempo necesitas?

- No puedo darte una hora exacta, Kish, esto no es algo con lo que esté familiarizado – respondió Pai, pero se volvió a su escritorio de todas formas y se puso a trabajar - Probablemente tarde un par de días en llegar a una respuesta.

¿Días? Pensé, con un reguero de hielo recorriéndome la espalda al considerar la posibilidad de ese escenario. ¿Días así?

¿Cómo diablos podía pasar días metida en el cuerpo de un alienígena? ¡Y de un chico además! Tenía responsabilidades, tenía que ir a la escuela, tenía que hablar con mi familia en algún momento, o con Masaya (oh dios, Masaya), tenía que juntarme con las Mew y tenía que pelear contra Saya, y ¿Cómo diablos podrías hacer todo eso en un cuerpo que apenas podía controlar para que dé dos pasos?

Mi propia línea de pensamiento se vio cortada en cuanto me di cuenta de algo importante.

- Espera, ¿qué hora es? – pregunté.

- ¿En Tokyo? Casi las cinco.

- Diablos, tengo una reunión con las Mew.

Me puse de pie de forma un tanto tambaleante y me manejé para quedarme firme. A pesar de que era un poco temprano para describirme con la palabra "estable", al menos la habitación ya no giraba, ni parecía una borracha dando vueltas.

- ¿Ahora estas pensando en reuniones? – preguntó Kish con incredulidad – ¿no crees que volver a nuestro propios cuerpos tiene un poco más de prioridad ahora mismo?

- ¿Sabes? En un día normal te diría que sí, pero actualmente tengo una base de operaciones recientemente destruida, un grupo que está muy cerca de no verme más como su líder, dos rehenes en la casa de mi jefe, una alienígena que aún quiere matarme y ningún plan para lidiar con todo esto. Así que, por más que quiera que salgas de mi maldito cuerpo, ahora mismo necesito volver a la Tierra de la forma que sea.

Y un novio al que estoy evitando porque no sé que decirle, agregué, pero me guardé esa pieza de información para mí.

Kish parecía listo para protestar, pero quizás mi enorme lista de problemas, o puede que la expresión seria en su propio rostro le hizo frenar. Respiró hondo y dijo:

- Bueno, en ese caso, será mejor que vaya contigo.

- ¿Por qué? – pregunté, con sospecha.

- ¿Piensas caer a tu reunión tranquilamente con mi cuerpo y esperar que no hayan represalias? Si es verdad lo que dices, y tus compañeras están dudando de tu liderazgo, dudo que les vaya a caer muy bien que te aparezcas así.

Miré el cuerpo en el que estaba metida, como si necesitara un recordatorio de que no había manera de ocultar mi nueva identidad con mis amigas. No había maquillaje en el mundo con el cual pintar aquella pálida piel, y el cuerpo masculino no engañaría a nadie fuera cual fuera la ropa que me pusiera. Ahora mismo yo parecía Kish, y diablos, mi equipo no se llevaría demasiado bien aquella noticia.

Tenía que admitir que Kish tenía razón, mis amigas estarían un poco reacias a comprender la situación, y puede que incluso no me creyeran del todo. Necesitaba que el viniese conmigo, aunque eso desencadenara una nueva discusión sobre mi lealtad y la confidencialidad de nuestros planes, pero no podía pensar en eso ahora mismo.

- Está bien – accedí, moviéndome para ponerme a su lado y estirar la mano para tomar la suya, intentando ignorar lo extraño que era mirar el mundo desde una altura más alta– vámonos de una vez.

Pero ni él ni yo nos movimos, y tras un par de segundos me pregunté por qué Kish no nos había hecho teletransportar de una vez. Se lo pregunté, y él volvió a (intentar) enarcar una ceja.

- Estoy en tu cuerpo, ¿recuerdas? – preguntó – no tengo la habilidad para teletransportarme, al menos, no en un sitio donde no estés tú...o quiero decir yo...esto es confuso.

Demasiado.

- ¿Quieres decir que lo tengo que hacer yo? ¡No sé cómo hacer eso!

- Intenta visualizar el lugar al que quieres viajar, imagínate allí mismo y deja que tú…mi cuerpo haga el resto.

Estaba harta de las instrucciones cripticas, pero cerré los ojos e hice lo que me pedía, porque dudaba que fuese a recibir otro tipo de ayuda. Nos imaginé a ambos en la reunión en la casa de Shirogane, con todo mi equipo sentado alrededor de una mesa en una habitación bastante pequeña, un pizarrón a un costado y varias palabras escritas, pero nada claro ni completo que se asemejara a un plan.

Nos imaginé a ambos apareciendo en el centro de la habitación, e inmediatamente volví a sentir esa sensación de desprenderme de mí misma. Me dio un poco de miedo e inconscientemente intenté frenar el proceso de golpe, pero la mano de de Kish sobre la mía me dio un pequeño apretón, y por alguna razón, eso fue suficiente para volver sobre mis pasos con suavidad.

- Hazlo tranquila – me recomendó él – no te apures, puede ser peor.

¿Cómo puedo tranquilizarme en estas condiciones? ¿Y que puede ser peor que esto? Me pregunte, pero aún así intenté seguir su consejo sin quejarme, porque estaba apurada.

Respiré hondo y cuando volví a sentir que nos movíamos, esta vez intenté no dejarme ganar por el pánico. A pesar de ya haber intentado teletransportarme varias veces en un mismo día, aquella vez fue por lejos la más sencilla. Se sintió natural, fácil, como una línea directa entre el punto A y el B, y esta vez no hubo dolor, y nadie se desmayo. En un abrir y cerrar de ojos, ya no nos encontrábamos en la nave espacial de los ciniclones, y habíamos aterrizado en su lugar en el comedor de la casa de Shirogane.

Debo haber calculado mal la distancia, sin embargo, porque ambos aterrizamos duramente contra el suelo, y yo incluso me golpeé la pierna contra una silla. Me tragué la palabrota que mi boca había estado a punto de decir, pero la dije de todas formas en cuanto miré a mi alrededor y vi las caras petrificadas de las Mew, todas en traje de batalla y apuntando sus armas contra mí. Tuve un instante de completa admiración al darme cuenta lo rápido que mi equipo se había manejado para transformarse ante una señal enemiga.

Miré mi cuerpo siendo alzado y apartado fuera del camino por Zakuro, quien se puso delante de forma protectora, y luego apuntó su lazo hacia mí. Detrás de mis ojos marrones, vi la expresión molesta de Kish por estar siendo manejado como una muñeca de trapo, pero al menos, a diferencia de mí, a él no le estaban apuntando ningún arma a la cara.

- ¿Qué hace él aquí? – preguntó Mint a Kish, porque él ahora mismo estaba metido en el cuerpo que ella conocía - ¿Qué está pasando?

- Es una larga historia – contesté, antes de que Kish pudiera responder, y cuando todos me miraron con confusión, agregué – y estoy aquí dentro, Mint.

Esto no va a ser nada divertido.


Llegué a la escena que quería llegar :) pero tengo que admitir que el resto del capítulo me costó muchísimo de escribir. En fin, espero les guste y muchas gracias por sus comentarios!