Capítulo 17
Por un buen rato nadie dijo una sola palabra, y por una vez, yo no intenté generar ningún tipo de conversación. Después de la gran discusión que habíamos tenido en la última hora, un poco de silencio no estaba mal.
Éramos seis personas metidas dentro de la pequeña sala de estar de la casa de Shirogane, pero por la forma en que estábamos evitando mirarnos mutuamente, uno habría pensado que no estábamos conscientes de las presencias de los demás en la habitación. Puede que nuestros cuerpos estuviesen sentados en el raído sillón, o en las sillas del comedor, pero nuestras mentes definitivamente estaban a kilómetros de distancia.
Pudding estaba alternando la mirada entre Kish y yo, abriendo la boca cada pocos segundos como si quisiera preguntar algo vital pero volviendo a cerrarla sin decir nada, marcando así una de las pocas ocasiones en que había presenciado a la pequeña chica en un estado tan silencioso. Zakuro estaba apoyada contra la pared a mi lado, mirando hacia la nada con apariencia un tanto perdida, como si prefiriera estar en cualquier otro sitio en vez de esta casa de locos (personalmente, yo también). Shirogane había salido de la habitación para hablar en privado con Akasaka, mientras que Lettuce ordenaba y reordenaba los vasos y platos sobre la mesa del comedor de una manera un tanto nerviosa y obsesiva, como si necesitara algo que hacer mientras nadie hablaba. Y por ultimo Mint, quien estaba inusualmente callada, sentada de piernas cruzadas en una silla justo frente a la mía y sin quitarme la mirada de encima, porque esa era aparentemente la manera en la que había decidido juzgar mis decisiones y criticar todo sobre mi persona en el día de hoy: en un furioso silencio.
Mint estaba enojada, eso estaba claro, pero imaginaba que nadie allí dentro estaba demasiado contento conmigo en este momento, considerando la bomba de información con su respectivo problema gigantesco que había traído conmigo al aparecerme con Kish en la reunión de las Mew. En retrospectiva, probablemente no había sido mi mejor idea teletransportarme de forma sorpresa junto al alienígena sin siquiera preguntar primero a las Mew si su presencia sería bienvenida. Claramente no lo era, pero sorprendentemente mi equipo parecía más reacio a tratar conmigo ahora mismo que con Kish (aunque quizás el intercambio de cuerpos tuviese algo que ver con eso), algunos miembros incluso llegando tan lejos como para mirarme de manera sospechosa, como si mi maniobra hubiese sido una emboscada.
¡Como si yo fuera capaz de algo así! Quise gritar, pero no dije nada, porque mis acciones no me estaban ayudando demasiado a probar mi lealtad, y eso era exactamente lo que estaba en juego ahora mismo, ¿no? Mi lealtad.
A ojos de las Mew, este no era ningún evento desconectado dentro de nuestra rutina, sino la culminación de una serie de semanas complicadas en las que me había estado comportando de manera extraña e inusual, ocultando información a mi propio equipo y prefiriendo compartirla en su lugar con la persona que una vez había amenazado con llevarme lejos de mi hogar.
A ojos de las Mew, no solamente había invitado a una persona externa al grupo, (y bastante non grata, debo decir) sino que también las había forzado a dejar a un lado el terrorismo de Saya que tanto estrés y dolor nos estaba causando, para enfocarnos en este nuevo problema que ahora yo estaba trayendo a la mesa. Que mis acciones no hubiesen sido a propósito no parecía importar demasiado en el gran orden de las cosas.
A ojos de las Mew… ni siquiera estaba segura de continuar siendo la líder del grupo, o todavía de poseer su confianza.
¿Y cómo culparlas de pensar así?
Había sido miserablemente derrotada ya dos veces por Saya, perdido mi única arma con el poder suficiente como para hacer una verdadera diferencia en esta guerra, confabulado con ciniclones a espaldas de mi equipo, y ahora mismo ni siquiera era mi rostro el que mis amigas podían ver al hablarme. Si existía todavía algo dentro de mí que me definía como Mew Ichigo, me parecía que mis amigas estaban teniendo dificultad en verlo, y francamente yo también.
Estaba oxidada en cuanto a la pelea, mis estrategias dejaban mucho que desear y me sentía agotada o irritada todo el tiempo a causa del poco sueño que estaba recibiendo, mientras que mis amigas, si bien estaban luchando con sus propios problemas, parecía que estaban realizando sus propias transiciones de manera mucho más sencilla.
Estúpidamente había creído que volver a tomar el uniforme sería sencillo para mí también, natural incluso, como volver a montar una bicicleta…pero en mi caso la estúpida bicicleta no quería funcionar correctamente, y me estaba quedando sin trucos ni paciencia para seguir montándola.
No es que pudiera bajarme tampoco. Saya tenía sus ojos fijos en mí, y rendirme no significaría simplemente dejar a las Mew o a la Tierra a un lado (lo cual ya de por sí la sola idea me resultaba impensable). En este caso, rendirme significaba darme a mí misma en bandeja de plata para que una alienígena psicópata experimentara conmigo, o me matara en cuanto me encontrara poco interesante. Así que lo quisiera o no, estaba atascada en este problema, pero no podía resolverlo sola, no a mi ritmo, no con mis pocos recursos, ni con el S´darak causando estragos en mi vida. Necesitaba a las Mew, y no podía darme el lujo de seguir pisoteando su confianza sobre mí. Estaba perdiendo demasiadas cosas últimamente como para perder también a mis amigas, y supongo que por esa razón no me estaba animando a hablar, o a mirar a Mint a la cara.
Las estaba decepcionando a todas como líder, y como amiga. Poco a poco, estaban perdiendo la fe en mí, y yo se los estaba permitiendo porque la realidad era que la situación se me había ido de las manos, casi sin haberme dado cuenta yo misma. ¿A quién había querido engañar pensando que podría retomar mi uniforme así como así? ¿Por qué había creído que sería capaz de ser una superheroína otra vez? ¿Por qué había pensado que esto podría ser fácil?
Puede que Mew Ichigo existiera dentro de mí, supuse que siempre lo haría, pero estaba empezando a darme cuenta que no era la misma versión que había conocido cuando tenía 14 años. Después de todo, yo había crecido, tenía sentido que la otra versión de mí lo hubiese hecho también, pero en vez de hacerse más fuerte, parecía que con el tiempo se había ido haciéndose más débil. Mientras mis amigas retomaban sus responsabilidades como si ningún día hubiese pasado desde que dejamos atrás el poder de nuestros pendientes, Mew Ichigo había vuelto al principio y dejaba mucho que desear.
Vaya líder resulté ser, pensé con tristeza, estarían tanto mejor sin mí…
Una ola cálida me embargó de repente, y me sentí reconfortada a pesar de que nadie en la habitación estaba hablando conmigo o tocándome de ninguna manera. No sé como supe que Kish estaba detrás del sentimiento, y a pesar de que en un día normal me habría puesto un tanto histérica ante la noción de que él pudiera estar en contacto con mis emociones, aquel no era un día normal, y acepté su empatía, porque la verdad es que la necesitaba. Era una sensación agradable, no invasiva, un poco íntima para mi gusto, pero no podía ignorar la manera en que Kish lograba desenredar mi ansiedad como si desatara los cordones de un zapato.
Aunque me parecía que su intento podría ser un poco más exitoso si Mint no me estuviese observando con asesinato en los ojos. Consideré hablar con ella directamente, quizás llevarla a un costado y hablarle en privado, pero la verdad es que me acobardé. Había suficiente frustración en los ojos de Mint como para darme cuenta de que esa conversación la haría explotar de una vez por todas.
Miré hacia un costado, y a pesar de que ya me podría haber acostumbrado a la vista de mi propio cuerpo sentado en una esquina del sillón, de todas formas me sorprendí, porque mi cerebro todavía no podía entender que yo no estaba allí dentro.
Kish estaba sumamente incomodo, sentado de piernas cruzadas pero reajustando su posición mínimamente cada pocos instantes con claras muecas de frustración. Posiblemente el no poder elevarse en el aire se le estaba haciendo un poco frustrante, o quizás solamente su incomodidad surgía de sus intentos fallidos de reajustar "discretamente" sus bragas bajo la falda. A mí personalmente se me estaba se me estaba haciendo muy extraña la sensación de no llevar un sostén bajo la camiseta, pero al menos había dejado de intentar taparme el pecho (que ya no tenía), con las manos.
Esto es ridículo, no estamos llegando a nada, pensé, volviendo a mirar hacia la puerta por la que habían desaparecido Akasaka y Shirogane hacía un rato, pero no estaban mostrando signos de volver pronto. Supuestamente se habían alejado para darnos unos minutos a las Mew para discutir mientras ellos intentaban comunicarse con los rehenes retenidos en la otra habitación, pero por la manera en que estaban tardando dudaba que estuviesen recibiendo material importante.
- Bueno, ¿alguien piensa hablar o nos vamos a mirar las caras todo el día?
La voz de Kish…o más bien la mía propia resonó en la habitación tan fuerte como un vaso de vidrio rompiéndose contra el suelo, y las miradas de todas se trasladaron a él como un resorte.
Kish ni se inmutó ante las miradas de cuatro mujeres sobre él, y puso una expresión de ligera arrogancia que nunca había visto en mi rostro. A diferencia de mí, aparentemente Kish no tenía miedo de lidiar con la ira de las Mew. Al principio nadie le contestó, y Lettuce fue a abrir la boca para decir algo que estaba segura sonaría bastante diplomático, cuando de repente Mint se sentó muy derecha sobre su asiento y frunció el ceño, dirigiendo toda su atención hacia él.
- ¿Y de que propones que hablemos? – preguntó ella, con el usual veneno en su voz cuando alguien la cruzaba en una discusión - ¿Del clima? ¿De deportes? ¿O de la falta de liderazgo de Ichigo?
Me encogí sobre el asiento y deseé estar dentro de mi cuerpo nuevamente para no ser una cabeza más grande que todas las personas en aquella habitación. En este cuerpo llamativo no había manera de esconderme.
- En realidad creí que íbamos a discutir estrategias – dijo Kish, arqueando una ceja - pero ahora que lo mencionas: no estaba consciente de que el poder de liderazgo de Ichigo estuviera puesto en duda.
Mint resopló, pero no había verdadera risa en el gesto.
- Parece que no comparte absolutamente todo contigo, entonces – respondió ella, dándome una mirada de reojo – sabemos lo que se siente eso.
- Mint, escucha, yo… - intenté decir, aunque no sé bien que hubiera dicho.
- ¿Escuchar qué? – me cortó ella, - ¿Qué excusa podrías tener para justificar…esto?
Señaló hacia mi cuerpo, mi nuevo cuerpo masculino, alien y claramente distinto a la persona que ella conocía y había permitido vivir en su casa mientras había una amenaza de muerte sobre mi cabeza. Ahora mismo yo no tenía el pelo rosado, los ojos marrones ni el uniforme al que ella y todas mis amigas estaban acostumbradas. Ahora mismo yo era una extraña, una persona incomprensible, y me estaban tratando como tal.
No solamente Mint. Por la falta de respuesta del resto de mi grupo, sabía que todas se sentían más o menos igual, y pocas cosas me dolieron más que el silencio de Pudding o Lettuce, quienes siempre habían sido dulces conmigo. Parecía que Mint había tocado una fibra sensible en el grupo.
Y todo es culpa mía.
Tenía tantas cosas por las que disculparme. Por no ser la líder que mi equipo necesitaba, por no estar preparada para luchar por la Tierra una vez más, por dejar a mis amigas a un lado, aunque fuera sin darme cuenta. La mirada enojada de Mint sobre mí me pesaba, y sabía que a ella no le interesaban demasiado mis explicaciones o mis disculpas, porque en su mente ya me había tachado como persona no confiable. ¿Qué tenía que hacer para hacerle cambiar de opinión?
Abrí la boca para disculparme, porque necesitaba de alguna manera arreglar la situación antes de perder para siempre el grupo de personas que, junto con Masaya, eran quienes más me importaban en el mundo, pero no llegué a decir nada. Mi propia voz me cortó antes de que pudiera hablar.
- ¿Crees que intercambiamos cuerpos a propósito? – preguntó Kish con incredulidad - ¿Para qué haríamos eso?
Mint volvió a mirarle, y pareció sorprendida de que alguien más aparte de mí estuviera discutiéndole.
- Ustedes dirán - dijo ella, encogiéndose de hombros y volviendo a recostar la espalda sobre el asiento de su silla – no conozco sus planes.
- ¿Planes para qué exactamente? – preguntó Kish, incrédulo – ¿para infiltrarnos en los equipos del otro? Dime si me equivoco, pero no le veo mucho el sentido a ejecutar un plan cuando ya está confesado el crimen.
Mint enrojeció ligeramente de vergüenza, y cruzó los brazos sobre el pecho. Si algo no le gustaba a la chica de cabello azulado era que dejaran sus argumentos tontos en evidencia, pero no por eso recapacitaría y consideraría la opinión de alguien más. Esa no era su manera de actuar.
Ella miró hacia otro lado y resopló nuevamente, poniendo sobre su rostro esa expresión de superioridad que no engañaba a nadie, pero era lo suficientemente testaruda como para llevársela a la tumba consigo.
- Esto fue un accidente – repitió Kish, esta vez dirigiéndose hacia todas – nada más que eso...
- Ay por favor, ¿Cómo diablos intercambias tu cuerpo por accidente?
Esta vez la pregunta de Mint estaba dirigida hacia mí, y de repente, no sentí solamente el peso de su acusación, sino también la curiosidad del resto de mis amigas.
Estaba claro que esta no era ninguna situación normal, pero sinceramente, había esperado pasar a discutir estrategias con mi equipo sin necesidad de dar demasiadas explicaciones más allá de "malfuncionamiento de tecnología alienígena" o algo similar. Vago, lo sé, pero no tenía demasiados deseos de explicar exactamente lo que había ocurrido entre Kish y yo. No quería ni siquiera analizarlo por mí misma en la privacidad de mi propia mente, mucho menos comentarlo en voz alta.
Vi a Kish mirarme de reojo, y supe que él no diría nada tampoco, no sin mi permiso. Él no le debía nada a las Mew y no se sentiría presionado para hablar, por lo que para bien o para mal, la decisión de cuanta información compartir, no era de nadie más que mía. Había pensado que los días de guardarles información a mis amigas ya habían terminado, pero al parecer, aún me quedaban un par de mentiras más.
- Solo fue un accidente – respondí, mirándome las manos que no eran mías, pero eran las únicas que podía usar – no lo buscamos ni nada por el estilo, simplemente…pasó.
Sentí la decepción de mis amigas rodar sobre mí como una capa incomoda, pero no había más que pudiera agregar al asunto sin arriesgarme a decir la verdad completa, y eso no estaba lista para admitirlo, ni ahora ni nunca. No quería volver a pensar en ese momento de debilidad, en ese beso que se nos había ido a ambos de las manos, o en la manera en que nos habíamos olvidado completamente sobre el resto del mundo fuera de nosotros dos. S`darak o no, la culpabilidad en la boca de mi estomago era como una piedra que no podía sacar aunque lo intentara.
Este no era nuestro primer beso ni por asomo, ni siquiera desde su vuelta. Habíamos compartido uno más unas semanas atrás durante nuestra travesía por una isla desierta, sin embargo, en ese momento yo había estado saliendo de una fiebre alta, por poco había muerto, y más importante aún, yo no había iniciado ese beso. Puede que lo hubiese correspondido por un instante en mi estado dolorido, agotado y confundido… ¡pero no lo había incitado ni deseado!
Esta vez no podía decir lo mismo.
Esta vez había iniciado el beso yo misma, había estado consciente (asustada e histérica, pero consciente), y peor aún, el pensamiento que realmente me estaba costando digerir era que… lo había disfrutado. No a un nivel psicológico ni emocional… sino puramente físico. Animal.
Esta vez había sido diferente, y no quería saber lo que eso significaba para mí, o para él. Ni siquiera estaba segura que le diría a Masaya…todo lo que sabía es que no podía admitir nada de esto en voz alta, ni siquiera a mí misma, y mucho menos a mis amigas.
Sin embargo, mi discreción tuvo consecuencias.
- ¿Pero qué pasó? – insistió Mint – ¿de repente te despertaste así? ¿Te caíste en un cubo de desechos químicos? Explica algo.
- Aún no lo sabemos bien… - intentó decir Kish, pero Mint volvió a interrumpirle, aún mirándome a mí.
- ¿Y van a decirme que no tienen ninguna idea de cómo podría haber sucedido esto? ¿Ninguna pista o sospecha?
En mi propio cuerpo, sé que me habría puesto un tanto roja al recordar exactamente lo que habíamos hecho Kish y yo para terminar así, pero por fortuna, mi nuevo cuerpo no se ruborizaba de manera tan sencilla, y logré no ponerme a mí misma en evidencia. Logré mantener una expresión seria que no dejaba entrever nada.
- Solo fue un accidente – repetí en voz más baja.
- ¿Eso es todo lo que tienes para decir? – preguntó Mint, haciendo un gesto de desdén con su mano - Típico, no podía esperar menos de nuestra "líder".
- Mint – el tono de voz de Lettuce fue de sorpresa – creo que eso es suficiente.
- ¿Lo es, Lettuce? A mi no me parece ni por asomo suficiente – dijo Mint, poniéndose de pie y señalando hacia mí - ¿Cuánto tiempo vamos a dejar que vaya por ahí haciendo lo que quiere mientras nosotras hacemos todo el trabajo? ¿Cuánto tiempo vamos a fingir que Ichigo tiene idea de lo que está haciendo? ¿Cuánto tiempo vamos a pretender que sigue de nuestro lado cuando claramente prefiere a otro equipo?...
- Basta, Mint – la recriminó Zakuro – no hables por todas.
Ante la reprimenda de nuestra miembro más adulta del grupo, ella se calló. Usualmente, cuando Zakuro le daba consejo o ordenes a Mint, ella lo aceptaba sin rechistar porque admiraba demasiado a la chica como para enojarse o estar en desacuerdo con cualquier cosa que dijera. Zakuro era de las personas más talentosas que conocía pero por lejos, y su mayor superpoder, en mi opinión, era la manera en que influenciaba a Mint de manera positiva.
En este momento, sin embargo, Mint no estaba de humor alguno, ni siquiera para respetar a su ídolo.
- ¿Ninguna piensa igual? – preguntó ella, sin poder creerlo, elevando un poco el tono de su voz, de una manera en que por lo general jamás hacía - ¿O están todas absolutamente contentas con nuestra líder?
Silencio.
- Eso pensé – dijo ella, con mirada un tanto más satisfecha, y entonces se dirigió de vuelta hacia mí - ¿algo para decir en tu defensa, Ichigo?
Las demás miembros de mi equipo no estaban apreciando mucho el juicio improvisado. Pudding parecía más nerviosa que nunca, Lettuce estaba más tensa que una cuerda, y Zakuro estaba dirigiendo su ceño fruncido hacia Mint, quien por una vez en su vida había decidido ignorar a la chica más adulta para mirarme exclusivamente a mí. Todas parecían querer pasar a otro tema, o al menos hablar de una manera más civilizada, pero era difícil ir en contra de Mint cuando se ponía testaruda con un tema específico, y hoy estaba más testaruda que nunca.
A mí tampoco me estaba gustando la manera en que me hablaba, pero tenía experiencia tratando con Mint, y sabía que no se echaría para atrás antes de que lograra sacar de mí la respuesta que yo no quería dar. No quería darle ese derecho sobre mí de conocer mi información privada sin mi consentimiento, pero al mismo tiempo, ya estaba cansada de la discusión. Honestamente, ya no estaba segura que valiese la pena guardar el secreto si significaba darle más razones a Mint para acusarme de espía, mentirosa o negligente.
¿Qué más da?, me dije, si tanto quería saber lo que había pasado entre Kish y yo se lo diría, decidí.
Con una derrota muy patética de mi parte, abrí la boca, pero no llegué a decir nada.
- Ella no va a disculparse contigo, si es lo que estás buscando – dijo Kish, con el tono más tajante que escuché en mi vida viniendo de mí misma. Ni siquiera sabía que mi voz podía llegar a ser tan comandante.
Mint volvió a mirarle y pareció más molesta aún de que Kish se estuviese dando la libertad o el derecho de hablar en nuestra reunión.
- No estoy hablando con…
- No me importa – sentenció él, mis ojos marrones llameando mientras hablaba - Puede ser que no conozca demasiado sobre los humanos, sobre sus costumbres o la manera en que se llevan a cabo sus relaciones, pero incluso yo puedo ver que estas siendo injusta, inflexible y perdiendo el tiempo con asuntos que no importan, e hiriendo a los demás solo para sentirte mejor contigo misma.
El silencio se asentó en mi grupo otra vez, pero esta vez fue de estupefacción más que por vergüenza. Todas mis amigas, incluso Mint, estaban mirando a Kish con sorpresa y mi propia mandíbula estaba amenazando con abrirse hasta el suelo.
- ¿Disculpa? – preguntó Mint.
- ¿Crees que Ichigo pasa sus días yendo por ahí a hacer lo que quiere? – preguntó Kish, poniéndose de pie en toda mi pequeña estatura - Cómo si tuviera tiempo para divertirse cuando están intentando eliminarla. He estado en contacto con ella más veces de las que recuerdo estas últimas semanas y todo lo que he visto de su parte fue una persona fuerte, determinada, e incapaz de detenerse ante nada porque rendirse no está en su naturaleza, aunque a veces ella piense que es así.
Tuve que recordarme a mí misma que yo era en verdad Ichigo, y que Kish no estaba hablando de otra persona con mi mismo nombre a la que yo no conocía, porque ciertamente sus palabras no me sonaban reales a mis oídos.
¿Fuerte? ¿Determinada? ¿El piensa eso de mí?
Kish continuó hablando hacia todas, sin mirarme:
- No sé qué problemas han tenido ustedes con Ichigo últimamente, pero si por un segundo consideran que ella disfrutó mínimamente sus encuentros conmigo, están sumamente equivocadas y no la conocen tan bien como aparentan. Prácticamente todas nuestras conversaciones fueron sobre su equipo, o sobre el bienestar de la Tierra, aunque eso la ponga en peligro más de lo que me gustaría – dijo y señaló hacia mí - Allí mismo sentada está su líder, en un cuerpo temporario, y teniendo que lidiar con una situación que en momentos la desborda… pero no por eso deja de ser Ichigo. No por eso tienen derecho a tirarla a un lado como si no la reconocieran.
Las palabras de Kish se asentaron en mi estomago como caramelo o chocolate caliente, y a pesar de la incomodidad de estar dentro de una piel que no era mía, de repente me sentí un poco mejor al escucharle hablar, porque sabía que estaba siendo sincero. Él no tenía razón alguna para ayudarme a llevar a mis amigas de vuelta de mi lado, es más, su yo de hace tres años, habría trabajado duro para crear el escenario contrario.
Pero es que él tampoco es la misma persona, me recordé, él también cambió.
Parte de mí intentó no dejarse convencer tan fácilmente por un discurso bonito, pero la verdad es que caí en la pintura que sus palabras creaban, y de repente no me sentí como la peor persona del universo, ni como una mala amiga, o una líder incapaz. De repente me sentí solamente como Ichigo, y eso fue suficiente para que la ansiedad dentro de mi pecho terminara por disiparse como una nube.
No me había dado cuenta de la necesidad porque alguien reconociera mi esfuerzo hasta que recibí ese respeto.
- Sabemos eso – dijo Pudding, mirándome desde su asiento, y sin perder la sonrisa en su rostro a pesar de que no era el mío de siempre el que ella veía – Ichigo es Ichigo.
- Y no creemos que nos hayas traicionado – agregó Lettuce – solo estamos confundidas.
- Lo sé, yo también lo estoy – respondí.
Sentí la mano de Zakuro apoyada sobre mi hombro, y a pesar de que ella no dijo nada ni me ofreció una sonrisa como Pudding, sentí también su apoyo, y me conmovió más de lo que habría esperado.
Todas miramos hacia Mint, y aunque estábamos consciente de lo testaruda que podía ser la chica, de todos modos creo que todas tuvimos la esperanza de que mi amiga se ablandara de la misma manera en que los habían hecho las demás, pero rápidamente me di cuenta que hacerla cambiar de opinión no sería una tarea tan sencilla.
- Ay por favor, ¿un discursito y ya nos tiene compradas? – preguntó ella, sin poder creerse el cambio de panorama -¡Eso es exactamente lo que quiere!
- ¡Por última vez, yo no estoy detrás de esta guerra! – dijo Kish, con una frustración que yo podía entender – no estoy del lado de Saya.
- Eso es lo que dices, ¿pero como creer tu palabra cuando tienes un año de batallas para probar lo contrario?
Ante su pregunta, parecí despertar de mi sueño, y de repente me di cuenta de que durante todo el ataque verbal de Mint hacia mí, yo no había respondido nada, sintiéndome demasiado avergonzada por mis acciones como para poder defenderme, o incluso confiar en mi propia habilidad. Me había dejado llevar tanto por Mint como por Kish, y ahora mismo necesitaba recobrar mi propia fortaleza.
- Kish no tiene nada que ver con Saya, Mint – informé, con una voz mucho más fuerte y segura que unos minutos atrás – eso te lo aseguro.
- Me alegra que tengas algo seguro – contestó ella, con un tono de desprecio - pero no confío demasiado en tu palabra ahora mismo.
- ¿Desconfías de tu amiga de esta manera?
La pregunta de Kish sonaba incrédula, como si no pudiera creer que las mujeres humanas fuéramos capaces de actuar de manera tan salvaje e incivilizada.
- No, no de una amiga – respondió Mint sin mirarme.
Y eso me quebró, más que todas sus anteriores dolorosas palabras, más que la manera en que me había venido ignorando toda la semana, más que su intento por quitarme mi liderazgo de las manos, o de separarme de mis amigas. El hecho de que no me considerara su amiga me quebró, porque a pesar de todas las cosas que yo aceptaba de su personalidad diariamente, aunque no siempre me resultasen del todo atractivas, yo nunca había dejado de considerarla una amiga. Yo nunca la había tirado hacia un costado de la manera en que ella lo estaba haciendo conmigo.
Sus palabras me dolieron, y quebraron algo dentro de mí, pero lejos de ponerme a llorar o hundirme en una depresión porque alguien en mi vida no veía cuán importante era para mí, me enojé, y me enojé mucho.
Me puse de pie y me acerqué un par de pasos hacia ella, esta vez pudiéndola mirar desde arriba. Mint se mantuvo firme, y no me quitó la mirada de encima.
- ¿Sabes? He intentado aplacarte porque considero que en algunas cosas tienes razón, y en las que no lo tienes, es más fácil darte lo que quieres – le expliqué, con una voz tan helada que parecía congelar la habitación entera – No estoy jugando al mejor papel de líder que podría llevar, eso lo admito y me disculpo por mis acciones, pero nunca…nunca he dejado tu amistad a un lado. Nunca las he cambiado a ninguna de ustedes por algo más, si tanto te cuesta ver eso, Mint… puedo dejar de esforzarme de forma definitiva.
Nadie respondió, ni siquiera Mint, creo que por una vez, no pudo encontrar palabras suficientes o gestos despectivos para mantener vivo su argumento. Por lo general era ella quien salía ganando de nuestras discusiones, pero algo en la seriedad de mis palabras o quizás en las suyas propias tocó una fibra sensible, porque vi sus ojos ponerse vidriosos, y se fue de la casa de Shirogane demasiado rápido como para estar segura si la había hecho llorar.
La puerta se cerró de un portazo, y vi a Lettuce levantarse, posiblemente para ir en busca de Mint, pero Zakuro la detuvo con un movimiento de cabeza. Yo lo dudé, pero al final me volví a sentar en el sillón.
Teníamos una reunión que empezar.
Una media hora más transcurrió hasta que Shirogane y Akasaka al fin volvieron. Aproveché ese tiempo para aprender toda la información que mi equipo había juntado sobre el ataque al Café el día anterior y sobre los rehenes. Desafortunadamente no era demasiado.
Shirogane entró en la sala, enseguida se detuvo y frunció el ceño.
- ¿Dónde está Mint?
- Tuvo que irse – respondió Zakuro – problema familiar.
- ¿Ahora? - preguntó Shirogane, incrédulo, como si no pudiera comprender la existencia de otros problemas cuando la Tierra estaba en peligro – este no es momento para…
- Espero que todo esté bien – le interrumpió Akasaka amablemente – podemos continuar sin ella por hoy, y alguien le comentara de lo que hablamos.
Shirogane no parecía demasiado contento ante el nuevo escenario, pero dejó correr el tema. Se le escapó una mirada de sospecha hacia mi dirección antes de mirar hacia otro lado y sentarse sobre la silla que Mint había dejado vacante.
- ¿Alguno de los dos ha hablado? – pregunté, refiriéndome a los rehenes que aún estaban escondidos en el otro cuarto.
- No, estamos bastante seguros de que no comprenden nuestro idioma – respondió Akasaka.
- O se están haciendo los tontos – corrigió Shirogane – de cualquier manera, no parecen muy receptivos a comunicarse con nosotros. Ni siquiera han tocado la comida que les dejamos.
- Claro que no – respondió Kish resoplando - se consideraría un acto de debilidad dentro de su especie si lo hicieran, preferirían morirse de hambre antes de aceptar ayuda o servicio de sus enemigos.
- ¿Dices que próximamente vamos a tener dos cadáveres simplemente porque son orgullosos?
- Orgullosos y extremadamente fieles a su líder, quien en este caso es Saya. Créeme, no dirán una palabra sobre ella o sus planes.
La predicción de Kish no podía haber sido peor, y todos reaccionamos con un muy tenso silencio que por un rato nadie se atrevió a quebrar. Podía ver los pensamientos pesimistas en las miradas de mis compañeras y mis jefes, y solo entonces comprendí cuan verdaderamente pocas opciones teníamos a nuestra disposición ahora que nuestra estrategia se había ido por el traste.
- Perfecto – dijo Shirogane irónicamente – entonces si no podemos sacarles información son inútiles para nosotros.
- Estoy segura de que podemos buscarles una utilidad – intentó sugerir Lettuce, para que el mal humor de nuestro jefe no se contagiara a todo el grupo – Saya no ha atacado desde ayer, así que debe saber que tenemos a sus camaradas con nosotros.
- Puede que los quiera de vuelta – agregó Pudding.
- Posiblemente, pero tarde o temprano descubrirá donde los tenemos – respondió Zakuro.
- Y no será piadosa con sus captores – agregó Kish.
No lo es con nadie, pensé, pero me guardé el pensamiento para mí porque posiblemente no era del todo cierto. Después de todo, Kish aún seguía prometido a Saya, y suponía que esa relación debía basarse en algo más que el mutuo enfrentamiento para sobrevivir estar en lados contrarios de una guerra, y algo similar debía suceder con sus camaradas. Si eran tan leales a Saya hasta el punto de ni siquiera considerar cooperar con nosotros, entonces le tenían un miedo terrible a traicionarla, o estaban completamente seguros de que su líder no los dejaría abandonados. Por el alto sentido de la moral que Kish siempre describía sobre ella, me parecía que la segunda opción era la correcta.
De cualquier manera, fuera para asegurarse de que no abrieran la boca, o simplemente para recuperar sanos y salvos a sus compañeros, me parecía que Saya no sería el tipo de persona capaz de dejar un cabo suelto que pudiera jugarle en contra. Ella vendría a buscarlos, pero, ¿Qué pasaba si nos adelantábamos a sus acciones por una vez?
Una lamparita se encendió en mi cabeza y me encontré a mí misma hablando antes de tener por completo la idea formada en mi cabeza:
- ¿Y si le devolvemos a sus rehenes?
Todas las miradas se desplazaron hacia mí, y cada una de ellas sugería que me había vuelto loca. Al menos nadie allí fue lo suficientemente bruto como para decirlo en voz alta.
- ¿De qué hablas? – preguntó Shirogane - ¿Por qué le daríamos nuestra única ventaja?
- Para negociar – expliqué – dos rehenes a cambio de su partida de la Tierra.
Las miradas pasaron de "¿que está diciendo?" a "por una vez tiene sentido", y me alegré de darme cuenta que mi cerebro no se había atrofiado del todo, y aún era capaz de escupir alguna que otra buena idea.
Sin embargo, enseguida me di cuenta de que mi pensamiento había sido demasiado sencillo con la complicada situación que teníamos entre manos.
- Jamás aceptará eso – informó Kish, negando con la cabeza – Saya definitivamente permitiría perecer a sus propios soldados antes de echarse para atrás de un reto.
- ¿Y que podría aceptar entonces? – preguntó Lettuce – tiene que haber algo que pueda estar dispuesta a sacrificar a cambio de sus soldados.
Kish se quedó pensativo un instante, moviendo los dedos de manera un tanto ansiosa sobre la rodilla que no era suya.
- Supongo que sería posible conseguir una audiencia con ella - dijo él.
- ¿En privado? – pregunté – eso sería útil.
- No, su guardia la sigue a todas partes – negó él – pero no son más qu personas, y fácilmente podemos igualar ese número.
- ¿Y cuál sería la idea? – preguntó Lettuce - ¿intentar llegar a un acuerdo?
Shirogane resopló, y por una vez yo estuve de acuerdo con uno de sus gestos despectivos. Dudaba muchísimo que Saya estuviese dispuesta a llegar a un acuerdo de ningún tipo con nosotros. Después de todo, ¿por qué abandonar su posición más poderosa cuando ya estaba ganando?
- Saya no aceptará nada menos que a Ichigo en bandeja – corroboró Kish – es la razón por la que vino a la Tierra, y no se irá de aquí a menos que pierda en una pelea directamente contra Ichigo.
- Vaya acuerdo – dijo Zakuro – no aceptaremos eso.
- Por supuesto que no lo haremos – dijo Pudding, fervientemente – pelearemos para siempre si es necesario, pero no se llevaran a Ichigo.
Sonreí hacia Pudding, pero dudaba que mi sonrisa estuviese llegando demasiado a mis ojos. Saya buscaba tenerme a mí, exclusivamente a mí, de una manera que no quería pertenecerle a nadie, y la idea de poder dar por terminada esta guerra simplemente entregándome al enemigo era tentadora…pero a la vez tremendamente aterradora. Mi destino podía ser incierto en sus manos, pero estaba completamente segura de que no sería bueno.
Conocía a mi equipo lo suficiente como para saber que jamás aceptaría mi rendición porque no estaba dentro del código moral de nuestro equipo, pero con cada día que pasaba parecía más y más como la única posible dentro del panorama. Me pregunté si alguna más aparte de mí también lo estaba pensando.
- No es necesario extender esta guerra eternamente – dijo Kish – solo necesitamos que Ichigo le gane en una pelea.
Todo se resume a eso, ¿no?, pensé.
Estaba bastante segura de que mi yo de hace 3 años habría sido capaz de poner una buena pelea, especialmente con mi campana en mano, pero ahora mismo, Saya me había demostrado una y otra vez que no estábamos a la misma altura y su resolución era infinitamente más clara y fuerte que la mía. Con cada día que pasaba yo parecía estar haciéndome más débil, teniendo que depender de otras personas para salvarme cuando la situación se volvía demasiado peligrosa para mí, pero llegaría el momento en que no habría nadie para ayudarme, nadie para caer en el último segundo y prevenir el golpe de gracia. Llegaría un momento en que sabría tendría que pelear completamente sola contra Saya, y parte de mí temía no ser yo suficiente.
¿Podía lanzarme en una pelea sabiendo que perdería? Con tal de ahorrarle el peligro a mis amigas, mis padres, mis compañeros de clase, e incluso el planeta entero…lo haría, pero eso no significaba que la idea no me dejaba helada.
Con sorpresa me di cuenta de que Saya había comenzado a darme miedo, más miedo del que Kish me había dado en el pasado. Me pregunté por qué cuando crecemos de repente notamos el peligro de forma mucho más clara que cuando somos niños inocentes e incrédulos. Si crecer significaba temer al mundo, ¿Cuál era la propósito de madurar?
- Pero ha perdido ya dos veces contra Saya, no tiene demasiada oportunidad – dijo Zakuro refiriéndose a mí, y cuando se dio cuenta de la sequedad de sus palabras agregó un poco más amablemente – sin ofender.
- No importa – dije – de todos modos es verdad, no estoy a su altura.
- No necesitas estarlo – dijo Kish apresuradamente - no eres tú quien va a pelear.
- ¿No dijiste que debía ser yo? – pregunté confundida.
- Dije que debía ser Ichigo…pero ahora mismo no eres quien ella reconocería como Ichigo.
Sus palabras tardaron un par de segundos en filtrarse por mi mente cansada, y cuando comprendí la idea que estaba proponiendo, salté del asiento y lo miré con incredulidad.
- ¿Estás hablando de pelear tu mismo contra ella dentro de mi cuerpo? – pregunté - ¿Estás loco?
- ¿Cuál es el problema? – preguntó, encogiéndose de hombros - yo estoy a su altura, y podemos terminar con esto de una vez por todas.
- ¡Pero ese es mi cuerpo!
- Cuidaré bien de él…
- No me refiero a eso – le corté – eres fuerte dentro de tu propio el cuerpo, pero el mío…
- Es poderoso – interrumpió Shirogane – solo le falta práctica, y de todos modos, él no solamente sabe pelear, sino que también conoce los puntos débiles de Saya.
- ¿Estás a favor de esta idea? – pregunté, sin poder creerlo.
Shirogane se encogió de hombros.
- No me parece especialmente mala, y no tenemos ninguna otra.
- Es cierto que no se lo vería venir – consideró Lettuce – y Ichigo estaría a salvo.
- ¡A expensas de Kish! – contesté, un tanto nerviosa de que todo el mundo se hubiese vuelto loco de repente y estuviese accediendo a una idea tan ridícula – esta no es su pelea, es la mía, soy yo quien tiene que ganarle.
- ¿Aunque no tengas posibilidad alguna? – preguntó Zakuro, y nuevamente agregó – sin ofender.
- Yo…
- Ichigo – me interrumpió Kish, quien se había puesto de pie y acercado a mí sin que me diera cuenta.
Miré hacia abajo, hacia mis propios ojos marrones, y pelo rojizo, y me pregunté si cuando yo estaba allí dentro también tenía esa expresión de confianza y determinación en mi propia mirada, o si era Kish quien la estaba trayendo hacia afuera.
- No vas a morir por mí – le dije, fuerte y claro.
- No voy a morir por ti – me aseguró con calma – voy a ganar por ti.
Estúpido alienigena insoportable, pensé rodando los ojos.
- ¿De verdad eres tan arrogante?
- No, en verdad soy tan bueno.
A través de mis propios ojos vi que no habría manera alguna de hacerle cambiar de opinión, no a menos de que una mejor idea apareciera sobre la mesa, y esto no parecía posible por el momento. Kish había vuelto a la Tierra para corregir su error, y tras casi un mes de su compañía había visto más de una vez la culpabilidad que sentía por haberme hecho la vida tan infinitamente difícil en ese año que fuimos enemigos, y por accidentalmente haber enviado a Saya en mi camino. Una y otra vez me había dicho que buscaba redimirse, de repente su oportunidad había aparecido, y dudaba que pudiera existir algo en el mundo que le hiciese echarse para atrás.
Podía ver toda esa claridad en sus nuevos ojos, y podía sentirla dentro de mí como si fuera el mensaje más claro que podía enviarme, pero yo aún no estaba convencida. Que alguien luchara por mí no solamente me resultaba un tanto humillante, sino también me generaba una nueva piedra de miedo en la boca del estomago, porque no quería la muerte o las heridas de nadie sobre mi consciencia, pero también sabía que no había nada que yo pudiera decir para detenerle. No con lo terco que era.
Además, ahora mismo tenía posesión de mi cuerpo, y técnicamente podía hacer lo que quisiera y no me enteraría nunca. Si me estaba comentando su plan era simplemente por cortesía, no para pedir permiso.
Suspiré, y me volví a sentar.
- No me gusta esto… – dije – quiero otra opción…
- Pero no hay otra opción – terminó de decir él – pelearé por ti, ganaré y apenas podamos volver cada uno de vuelta a su cuerpo…volveré a mi planeta.
Y no te veré nunca más, ¿verdad?
No tuve que hacer la pregunta, ya sabía la respuesta.
