Especiales de EBS
Hermanas
"Nuestros lazos van más allá de la sangre"
…
La infancia de Adagio fue bastante normal en comparación con su presente. Su padre era dueño de una disquera, mientras que su madre atendía el hogar, vivían en una situación acomodada, tenía suficiente dinero para darse algunos lujos debido a lo pequeña de la familia. Pero lo cierto era que sus padres no buscaban tener una familia pequeña sino todo lo contrario, ambos esposos deseaban tener más hijos, pero ese sueño se vio opacado debido a que después de concebir a Adagio, la señora Dazziling ya no pudo engendrar más hijos, pero eso no detuvo a la pareja, pues la opción de adoptar fue abierta para ellos.
Aquella mañana a la pequeña Adagio se le ordenó levantarse temprano, bañarse muy bien y vestirse con lo mejor que tenía, cosa un poco extraña para la niña de ocho años.
— ¡Auch, mamá! —se quejó al sentir como aquel cepillo para el cabello alisaba sus rebeldes risos.
La mujer castaña, le dio una cálida sonrisa a su pequeña.
— Tranquila, cariño —dijo mientras le colocaba un moño de color lila— hoy debes de lucir muy linda.
— ¿Por qué? —pregunto mientras levantaba la mirada, para toparse con los ojos azules de su madre.
La mujer se puso de cuclillas para estar a la altura de su hija y la tomó por los hombros.
— ¿Recuerdas de que hablamos sobre engrandecer la familia? —Adagio asintió aun con una expresión de confusión— bueno, yo sé que tú eres muy inteligente y lo entenderás. Hoy conocerás a tu nuevo hermano o hermana, lo que tú quieras será.
— ¿Yo? —pregunto la niña, aun no comprendía muy bien las palabras de su madre.
— Así es, hoy conocerás a muchos niños y niñas, y entre todos ellos veras a tu nuevo hermanito o hermanita —la mujer se encogió de hombros, quería que fuera Adagio la que eligiera quien formaría parte de su familia.
— ¿Y cómo voy a saber si lo encontré?
— Lo sabrás, solo tienes que ser observadora —la mujer deposito un beso sobre la frente de su hija.
El sonido de la puerta abriéndose llamó la atención de ambas. Un hombre rubio, vestido de traje entró por el lumbral.
— ¿Ya están listas, Ámbar? —el hombre se acercó a su esposa depositando un beso en su mejilla, y miraba cariñosamente a Adagio.
— Claro que si, Golden, ¿verdad Dagi? —la pequeña asintió energéticamente.
— Bien, vámonos entonces.
La familia salió en camino al orfanato de la ciudad Ottawa. Adagio iba impaciente y pateaba constantemente el asiento de su padre, era la primera vez que se sentía tan nerviosa.
— Tranquila, cariño —vio los ojos color lila de su padre atravesó del retrovisor. No necesito más para calmarse, y sonrió algo le decía que encontraría algo grandioso en el lugar al que se dirigían.
El viaje no duro mucho más. Las instalaciones del lugar eran sumamente imponentes para Adagio.
Una mujer de edad avanzada salió para recibirlos, aquella agradable mujer los guio al interior, caminaron por un largo pasillo que daba vista a un gran patio.
— Adagio —le llamó su madre— ¿Por qué no vas a explorar un poco mientras la señora House nos asesora en el papeleo?
— Si mamá.
La pequeña salió corriendo de la escena, los espacios grandes le fascinaban, sus pequeños pies la guiaron a otro patio más grande que el que había visto con anterioridad, salvo que en este había muchos niños como de su edad corriendo y jugando. Muchos la miraron extrañados por la presencia desconocida, otros le sonrieron y otros más estaban entretenidos en su juego de pelota.
Uno de los que estaban jugando con la pelota, dio una patada muy fuerte, esta se salió del juego y fue a dar directo a la cara de una niña peli-azul que jugaba en la arena. Los sollozos de la niña no se hicieron esperar, uno de los jugadores se acercó a ella, pero en vez de pedir disculpas o revisar si su compañera estaba bien, solo tomo su juguete y volvió al juego.
Confundida, Adagio se acercó a ella.
La niña lloraba mientras que de su nariz salía un poco de sangre, Adagio recordó lo que hacía su madre cuando a ella le sangraba la nariz, se acercó hasta ella, de momento la niña se calló al ver a la desconocida frente a ella, por otro lado Adagio tomo el borde del cuello de la playera que tenía la peli-azul y le presiono el puente de la nariz inclinando su cabeza hacia abajo. Al cabo de unos segundos la hemorragia se detuvo.
— Gracias —le agradeció la peli-azul mostrando una sonrisa chimuela.
— No hay de que —respondió de forma alegre— me llamo Adagio.
Antes de que la otra respondiera a dicha presentación, otra niña llego al lugar, evidentemente era más grande que ellas, llevaba un short sucio y sus rodillas estaban llenas de rapones, una camisa de rayas y traía un curita en la mejilla izquierda, su cabello morado y ojos del mismo color.
— ¡Sonata! ¿Qué te paso? —fue lo que dijo al percatarse de la sangre que estaba en el cuello de su camisa.
— Un balón me golpeo y… oye Aria, ¿A dónde vas? —ni siquiera pudo dar explicaciones puesto que Aria comenzó a caminar rumbo al grupo de niños que jugaban.
— ¿Quién fue? —su voz detuvo en seco al grupo, era normal que muchos le tuvieran miedo, pues se sabía defender muy bien para su edad.
Adagio observo todo a la distancia, también miro a Sonata, y aunque en ese preciso momento ninguna de las tres lo supo con certeza, ese fue el comienzo de algo más allá de lo que hubieran imaginado.
…
El inicio de las Dazzilings, espero que les haya gustado, corto como casi todos los especiales, pero, creo que fue la mejor forma de reunir al trio de hermanas.
Un saludo a dheyluz, si quiero un premio pero pues aun no estoy apta para eso :¨v
Sin más que decir me despido.
