Capítulo 18

Para el momento en que por fin dimos por terminada la reunión un par de horas más tarde, la cabeza me dolía tanto que dudaba pudiera existir pastilla en el mundo lo suficientemente poderosa como para hacerme sentir mejor. Después de todo, estaba actualmente metida en un cuerpo que no era mío, sin un lugar donde vivir (porque dudaba que Mint quisiera abrirme la puerta de su casa con la pelea que habíamos tenido y sinceramente tampoco me apetecía volver arrastrándome a su lado), y para rematar teníamos entre manos un plan que no me terminaba de satisfacer en absoluto…pero desafortunadamente tampoco teníamos otra opción dadas las circunstancias.

Utilizando los dos extremadamente poco cooperativos rehenes que habíamos hecho durante la última pelea, Kish planeaba hacer que Pai se contactase con Saya para regresar a sus camaradas a ella a cambio de una audiencia con las Mew con el pretexto de una negociación. Personalmente me habría parecido muy útil intercambiar a los rehenes por su retirada y terminar con este asunto de una vez por todas, pero aparentemente yo era un objetivo demasiado importante como para ameritar el sacrificio de dos de sus compañeros.

Bien por mí, ¿verdad?

El plan consistía básicamente en aparentar una reunión pacifica el tiempo suficiente como para tomar desprevenida a Saya, y mientras mi equipo y yo nos encargábamos de los alienígenas, Kish tendría libre terreno para pelear por mí, sin que su prometida tuviera la más mínima idea de que no era yo la que estaba dentro de mi cuerpo. Con un poco de suerte, perder contra "mí" dejaría a Saya con el honor lo suficientemente dañado como para hacerla volver a su casa con el rabo entre las piernas. Un poco improbable, lo sé, pero Kish parecía estúpidamente confiado en su plan, y yo estaba desesperada por soluciones, no más problemas.

Sin embargo, la idea de dejar pelear a Kish sin sus habilidades de teletransportación o levitación no me hacía ninguna gracia, y no estaba segura que tan sencillo se le haría acostumbrarse a mis propias habilidades a tiempo para la audiencia… si es que era capaz de acceder a ellas.

Puede que incluso no funcione, pensé de repente, y sentí la misma sensación de pánico que había estado carcomiéndome el estomago durante todo el día, ¿Qué pasa si no puede transformarse? ¿Qué pasa si el poder que responde a mí lo ignora a él?

Eché una mirada hacia Kish caminando frente a mí mientras salíamos de la casa de Shirogane, y vi como mi pelo rojizo usualmente suelto estaba ahora sujeto por en un peinado similar al que había visto en su propio cabello últimamente. Asumía que debía estar buscando algún sentido de normalidad en la bizarra situación, pero al ser mi pelo un poco más corto y salvaje que el suyo, la atadura no le quedaba de la misma manera y no debía estar resultándole cómodo ni familiar. La falda que se le subía por las piernas y el sostén que probablemente le apretaba el pecho por la manera en que le veía discretamente acomodarse los breteles, no debía estar ayudando demasiado tampoco.

Me pregunté si él también estaba considerando la posibilidad de que mi lado Mew no respondiera a él, y si estaba escondiendo su preocupación ante mí, o si de verdad estaba tan tranquilo como lo parecía. Kish debió de sentir mi mirada sobre él, porque dio vuelta el cuello e hicimos contacto visual por un instante antes de que yo apartara la mirada. Aún me resultaba muy extraño ver mis propios ojos a través de los de otra persona.

- …la próxima vez.

- ¿Qué? – pregunté a Lettuce a mi lado, quien había estado hablando conmigo antes de que me distrajera – Disculpa, ¿Qué decías?

Contrario a cómo reaccionaría Mint, Lettuce no pareció molesta de que no le hubiese estado prestando mi completa atención, ella simplemente me miró con esos ojos enormes y comprensivos tras los grandes lentes.

- ¿Estás bien, Ichigo?

No, para nada, quise decir, pero no era momento de quebrarme emocionalmente, teníamos cosas que hacer.

- Un poco nerviosa creo – respondí en su lugar, e intenté formular una sonrisa que no tenía idea como se vería en esta nueva cara – estoy bien.

Lettuce no pareció muy convencida. Esos ojos grandes veían más allá de lo que me gustaría, y en ese momento vieron lo cerca que estaba de quebrarme como si fuera una cuerda muy fina.

Ella tomó mi brazo en un gesto suave y ambas dejamos de caminar, permitiendo que el resto del grupo se adelantara a la calle, mientras nosotras nos quedábamos atrás en las escaleras. Pensé que mi amiga se sentiría repulsada de tocar la piel de un alienígena, pero si es que se sentía de esa manera, ciertamente su expresión no lo denotó.

- Lettuce, estoy…

- No es necesario que te guardes lo que sientes, Ichigo – me cortó ella, con esa voz suave de madre del grupo – todo esto es muy estresante y tienes derecho a reaccionar de la manera en que quieras, ¿está bien?

Sus palabras me sorprendieron, creo que porque luego de tantas discusiones con Mint con respecto a mis fallas como líder y amiga, no me había estado esperando palabras amables de un miembro de mi grupo. Lettuce, al igual que el resto de mis amigas no había estado del todo feliz conmigo últimamente (y con razón) y había asumido que el perdonarme o ponerse en mi lugar tardaría un poco de tiempo, pero había olvidado lo comprensiva que podía ser Lettuce, especialmente cuando veía cuanto lo necesitaba la otra persona.

No había estado consciente de cuanto había necesitado escuchar decir a alguien que me merecía reaccionar de la manera que fuera más natural para mí, dejando a un lado cualquier acto que tuviera que hacer para aparentar fortaleza o seguridad ante los demás por el hecho de ser la líder, pero Lettuce si se había dado cuenta y me lo estaba haciendo saber. De alguna forma, incluso con todos mis problemas, sus palabras fueron lo bastante poderosas para derretir un poco de ese bloque de hielo lleno de ansiedad dentro de mi pecho, y le agradecí silenciosamente por eso.

Sinceramente me habría gustado hablar con ella sobre todo, contarle todo lo que estaba sintiendo y todos los pensamientos paranoicos, asustados o furiosos que se cruzaban a diario por mi cabeza. Quería descargarme con alguien, pero hacerlo sabía que significaría abrir una puerta que no estaba segura de poder cerrar después, y ahora mismo no estaba segura de poder permitirme ese tipo de debilidad sin quebrarme completamente bajo el peso de mi propia ansiedad. Ahora mismo necesitábamos concentrarnos como equipo en erradicar la amenaza de la Tierra, y no podía permitirme huir o rendirme…pero que alguien se tomara un minuto para recordarme que estaba bajo una situación estresante, incierta y aterradora, de alguna forma me hacía sentir un poco mejor. Me recordaba que debajo del envase ciniclon, tenía un corazón y un cerebro muy humanos que necesitaban ventilar las frustraciones cada tanto.

- Sea llorar, gritar o distraerte con otras cosas, no me importa, haz lo que tengas que hacer para no ahogarte, pero no lo vivas sola, Ichigo, queremos estar aquí para ti, confía en nosotras – dijo ella, y luego para mi sorpresa agregó – o aunque sea en Kish.

Me pregunté si Lettuce estaba comenzando a atar cabos sueltos y darse cuenta de lo importante que Kish se estaba volviendo para mí últimamente, aunque yo misma no supiera lo que aquello significaba todavía.

No había explicado demasiado a mi grupo acerca del S´darak, mucho menos sobre la parte de la atracción física que estaba llevándonos a ambos a querer estar cada vez un poco más cerca del otro, a veces sin nuestro propio consentimiento, pero no necesariamente estábamos siendo muy cautelosos en mantener esa información oculta, así que era posible que mis amigas estuvieran comenzando a darse cuenta de mi no tan convencional alianza. Me pregunté qué tan necesario era comenzar a aparentar de una manera un poco más exitosa, o si simplemente debería dejar que cada quien pensara lo que quisiera. Tenía suficientes problemas como para ponerme a preocupar sobre la imagen que Kish y yo podíamos estar dando al mundo, y al fin y al cabo, ¿Cuál era esa maldita imagen? No tenía ni idea.

Lo cierto es que Kish significaba para mí una serie de preguntas más que de respuestas. Para empezar, no estaba segura si podía ir tan lejos como para llamarlo un amigo, y "compañero" se quedaba un poco corto luego de todo lo que habíamos vivido. Él me irritaba y me hacía explotar de enojo más veces de las que me gustaría, pero al mismo tiempo era la persona que mejor lograba calmarme durante mis momentos de histeria. Kish era la representación de todos mis problemas, pero al mismo tiempo, estaba intentando más duro que nadie en ayudarme, sacrificándose a sí mismo una y otra vez como si mi propia vida valiera más que la suya.

Y dentro de poco va a irse, me recordé.

Por alguna razón, no había dejado de pensar en las palabras de Kish durante toda la reunión, incluso luego de haber cambiado de tema. La idea de que Kish volviera a su planeta una vez que Saya o el S´darak ya no fueran amenazas para la Tierra o para mí, tendría que haberme parecido un alivio, una garantía de mi futura seguridad y paz mental, pero por alguna razón no lo era. La versión de mí de 14 años habría estado extasiada ante su inminente partida…pero la yo de ahora mismo parecía dudosa, y no sabía bien por qué. No estaba segura de querer saber por qué.

Nuevamente vi a los ojos demasiado sinceros y perceptivos de Lettuce, e inmediatamente desee que no pudiera ver a través de mí con tanta facilidad. Posiblemente encontrara algo que no estaba lista para ver.

- Gracias – le dije, tomando su mano en la mía, y notando lo más pequeña que se sentía en comparación – necesitaba escuchar eso.

Posiblemente Lettuce había estado esperando alguna especie de confesión de mi parte, pero no estaba lista para eso, no estaba lista para ponerme vulnerable ante otra persona cuando tenía que preocuparme por ser fuerte. Quizás más adelante, cuando estuviéramos fuera de peligro, y mi vida volviera a la normalidad, quizás entonces le contaría todo, y hablando en voz alta descubriría yo misma las respuestas a las preguntas en mi cabeza, pero no ahora mismo.

Afortunadamente, Lettuce sabía cuando no presionar demasiado, y no se tomaba demasiado a pecho el hecho de que alguien no se abriera ante ella, por eso no me hizo ningún comentario despectivo ni me lanzó una mala mirada, como lo habría hecho Mint, simplemente me sonrió y me abrazó, sin importarle en absoluto que aquel cuerpo fuera indudablemente masculino y menos humano que el mío. Un par de lágrimas me picaron tras los ojos, pero las contuve.

- ¿Por qué se quedaron atrás? ¡Vengan! – escuché la fuerte voz de Pudding más adelante.

Lettuce y yo nos separamos, y sin decir nada volvimos a hacer nuestro camino para juntarnos con el grupo.

Era bastante tarde en la noche, y el barrio de Shirogane no era exactamente de los más concurridos, así que afortunadamente la calle estaba vacía a excepción de nuestro pequeño grupo, pero aún así procuré ubicarme en la zona más oscura posible, para no ser vista accidentalmente por algún transeúnte inocente y darle una sorpresa con mi apariencia. Kish me miró con una pregunta tras mis propios ojos marrones, seguramente cuestionando sobre la mirada vidriosa que yo debía tener ahora mismo, pero no dije nada al respecto, y él no preguntó.

- Bien, entonces, ¿mañana por la mañana? – preguntó Zakuro, refiriéndose a la fecha para la siguiente reunión.

- Me parece bien – dijo Lettuce – es sábado, así que podremos estar todo el día sin problemas.

Con todo lo que estaba pasando últimamente ya no tenía demasiada idea sobre qué día de la semana era, afortunadamente el hecho de que comenzara el fin de semana significaba que no tendría que dar coloridas explicaciones a mis profesores sobre por qué no había podido ir a clase. A menos que estuviera dispuesta a enviar a Kish en mi lugar, pero eso estaba fuera de discusión por obvias razones.

- Intentaré traer a Mint – dijo Zakuro – posiblemente se haya calmado para mañana.

Mint era una de las personas más rencorosas que había conocido en mi vida, así que unas meras horas dudaba que fueran suficientes para devolverla a un estado de semi-buen humor, pero si alguien podía convencerla de dejar de lado sus inmaduras frustraciones para volver al trabajo, esa era Zakuro. Esperaba que la chica tuviera más suerte que yo intentando taladrar por la dura coraza de Mint.

Mi celular sonó y durante un par de segundos de búsqueda frenética por mis bolsillos, noté que no lo tenía encima. Subí la mirada hacia la dirección del sonido, y vi a Kish sosteniendo mi celular aún sonando. Sus ojos estaban pegados a la pantalla, y una mirada de ligera confusión y dolor decoraba sus facciones ahora femeninas. Antes de que pudiera preguntar, él subió la cabeza y tiró el celular hacia mí. Afortunadamente, los reflejos del cuerpo de Kish eran tan buenos como los míos, porque logré atrapar el pequeño dispositivo antes de que se estrellara contra el suelo.

Le dediqué una mirada fulminante antes de girar los ojos hacia la pantalla, y el corazón por poco se me para dentro de mi pecho al ver el nombre que aparecía en grandes letras rosas. Mis dedos se apretaron inconscientemente alrededor del pequeño dispositivo.

Masaya me estaba llamando. Ahora mismo.

¿Qué diablos hago? Me pregunté, y supongo que debí haber entrado en pánico porque corté la llamada en vez de dar al botón de contestar.

- ¿Tú que vas a hacer, Ichigo? – preguntó Pudding.

- ¿Qué? – pregunté confundida, subiendo la mirada hacia mis amigas, pero sin realmente verlas. Todo lo que podía ver era el nombre de Masaya frente a mis ojos.

- Sobre tu nuevo…alojamiento – me explicó Lettuce – suponemos que Mint no es una opción por el momento, y en tu propia casa están tus padres, ¿no?

- No creo que aprecien demasiado mi nueva imagen, no – concedí, y suspiré – no había pensado en donde quedarme, siendo sincera.

De no estar el Café completamente destruido e inhabitable, habría sido capaz de quedarme allí durante un par de días en una de las habitaciones en la parte de atrás, pero con los escombros y la cinta policial, no había manera de acercarme, mucho menos de vivir allí dentro.

Posiblemente mis amigas me habrían ofrecido lugar en sus casas, aunque fuera en un sillón o un colchón en el suelo, pero ninguna de ellas vivía sola por el momento, y no podían dejar que sus familias o amigos conocieran sobre la presencia alienígena en la Tierra, de la misma manera en que no permitirían ser vistas con sus trajes Mew en público. Con el cuerpo que tenía ahora mismo, tenía que irme a un sitio deshabitado, o con quienes estuvieran acostumbrados a lo sobrenatural.

De más está decir que las opciones eran pocas.

- Siempre está el apartamento de Shirogane – comentó Zakuro, pensativa – aunque ya tiene a los rehenes, pero es posible que…

- Ichigo se puede quedar conmigo.

Todas las cabezas (inclusive la mía) giraron hacia la voz que había hablado, que resultó ser la mía propia manejada por Kish, y más de una frunció el ceño o enarcó una ceja, incluida yo. Mi voz había sonado segura y demandante, una contradicción enorme con mi personalidad usualmente nerviosa y dudosa. Incluso los ojos marrones que tantas veces había visto en reflejos, ahora mismo parecían más seguros que nunca, retando a cualquiera de nosotras a contradecir su decisión. Me pregunté si alguna vez yo misma había sonado tan segura con respecto a algo, cualquier cosa, y no pude pensar en ni una sola ocasión.

Mi teléfono volvió a sonar, y volví a cortar la llamada con una sensación espantosa dentro de mi pecho, pero no era el momento para distraerme, y de todos modos, mi voz era la equivocada ahora mismo.

- ¿En la nave espacial de los ciniclones? – preguntó Pudding, con un brillo de emoción infantil en sus ojos – ¡Yo también quiero ir!

- ¿Crees que sea una buena idea? – preguntó Zakuro, ignorando la pregunta de Pudding - No tenemos forma de contactarnos con Ichigo allá arriba, ¿Qué pasa si hay una emergencia?

- Estamos monitoreando lo que sucede en la Tierra, ningún ataque se nos pasará desapercibido – explicó Kish – pero puedo conseguirles un comunicador, si es necesario.

La expresión de Zakuro dejaba bastante claro que la chica no estaba del todo convencida con la sugerencia, ¿y quién podía culparla? Nuestro equipo había tenido demasiados roces con los ciniclones en el pasado como para simplemente dejar de lado la desconfianza que habíamos mantenido durante años hacia ellos. Confiar que Kish no estaba intentando secuestrarme bajo sus narices probablemente era tan difícil de creer como lo había sido para mí.

Me costaba creer que en estas últimas semanas mi opinión sobre Kish podría haber llegado a cambiar tanto. Años atrás me habría reído de su sugerencia de quedarme con él en un mismo lugar físico, ahora mismo sinceramente solo estaba agradecida que él no me había dado la espalda cuando lo necesitaba.

- Está bien – dije, sorprendiéndolas a todas – tiene sentido.

- ¿Estás segura? – preguntó Lettuce – podemos buscar otra opción si no te sientes…cómoda.

- Estoy segura.

- Bien, pero si necesitas cualquier cosa… - empezó a decir Zakuro.

- Las llamaré.

Zakuro pareció aceptar el nuevo giro de los acontecimientos y asintió antes de despedirse con un movimiento de muñeca y su pelo ondeando al viento al darse la vuelta como la modelo de pasarela que siempre sería.

- Nos vemos mañana – dijo Lettuce, antes de seguir a Zakuro.

- Y quiero que me lleven a la nave – anunció Pudding antes de alejarse también.

En cuanto mis amigas desaparecieron en la distancia, caí en la cuenta que para llegar a la nave de los ciniclones, debía ser yo la que nos teletransportara hasta allí, considerando que por el momento Kish en su nuevo cuerpo no podía hacerlo. No me gustaba para nada nuestra forma de transporte, pero sabía que no teníamos otra opción, así que con un suspiro me dirigí a su lado para tomarle de la mano e irnos de una vez.

Sin embargo, en el momento en que nuestros dedos estaban a punto de tocarse, mi celular cobró vida nuevamente y nos tomó a ambos por sorpresa. No necesité volver a mirar la pantalla para saber quien me estaba llamando. Me quedé mirando el nombre de mi novio, y preguntándome desde cuando me había vuelto el tipo de persona capaz de cortar su llamada. Hubo un tiempo en que nada me habría hecho activamente rechazar el sonido de su voz.

- ¿No vas a contestarle?

- ¿Y atenderle con tu voz? – pregunté, resoplando.

Claro, lo que me faltaba, explicarle a Masaya por qué su antiguo enemigo atendía el teléfono de su novia. Esa sería una muy buena conversación.

- Bien, como quieras – concedió él, con los brazos en el aire en señal de rendición – pero seguirá llamando, ¿quieres que le diga algo?

Me planteé la posibilidad de pasarle el teléfono a Kish, y hacerle decir algo más o menos creíble para dejar la conversación para después, pero rápidamente descarté la idea. No tenía idea de lo que Masaya podría llegar a querer decirme, y no quería darle a Kish esa libertad de decisión.

- No, voy a…voy a enviarle un mensaje – declaré – hablaré con él cuando resolvamos esto, solo dame un minuto.

Él asintió y no dijo nada al respecto, pero su boca cerrada en una fina línea me dio a entender que no estaba del mejor humor. Le habría preguntado al respecto, pero tenía ahora mismo otra persona en quien pensar.

Me di la vuelta para tener un poco de privacidad y volví a cortar la llamada, pero esta vez, enviando un rápido mensaje a Masaya casi enseguida:

Perdona, no puedo atender ahora, ¿pasó algo?

Un par de segundos pasaron, y a pesar de que Masaya no era de las personas que más le agradaran las conversaciones por texto, de todos modos me respondió enseguida:

No, todo está bien. Quería hablar contigo, ¿Cuándo puedes desocuparte?

Respiré hondo, sintiendo como si me faltara el aire a pesar de que estábamos afuera y una ventisca me acariciaba el rostro, pero yo apenas podía sentirla.

No lo sé. Escribí rápidamente.

No fue ninguna sorpresa recibir silencio del otro lado de la conversación, y esta vez, yo también maldije las conversaciones de texto. Podían ser demasiado engañosas al no estar frente a frente con la otra persona, o al no poder escuchar el sonido de su voz.

Me pregunté que se le estaría pasando por la cabeza a Masaya ante mi vaga respuesta, y la curiosidad era tan fuerte como mi deseo por no saberlo. ¿Estaba enojado conmigo? ¿Decepcionado o triste? ¿Se estaría preguntando cuando me había vuelto tan fría con él? ¿O estaba tan acostumbrado a mi falta de respuesta que ya no le hacía diferencia alguna? Me habría gustado ser más específica con él, me habría gustado contarle todo lo que me pasaba, pero ¿Qué tanto podía decirle sin poner en peligro su vida, o sin romper completamente su corazón?

¿Eso es todo? Me preguntó él, después de lo que me pareció una eternidad, y su respuesta, a pesar de estar completamente justificada, me hizo encoger un poco por dentro.

La situación dio un giro que ninguna se estaba esperando. Expliqué, en un ruego que estaba segura él podría sentir, incluso a través de un medio virtual, y me sentí patética pero al mismo tiempo no podía parar. Es una larga historia. Quiero contártelo todo pero ahora mismo creo que no es conveniente.

Volvió a pasar un tiempo, que bien podrían haber sido segundos, minutos o días, en los cuales miré el pequeño icono en la pantalla que señalaba a Masaya escribiendo un mensaje, y deseando que ese mensaje no fuera un "ya no puedo hacer más esto". El pequeño icono apareció y desapareció varias veces, dejándome saber que fuera lo que fuera que Masaya estaba escribiendo no era sencillo, y probablemente no me fuera a gustar. Con terror en mi garganta, escribí antes de que él lo hiciera:

Lo siento tanto, sé que estoy arruinándolo todo, solo quiero arreglarlo y no sé cómo.

Su icono desapareció y me pregunté si había cambiado de opinión sobre lo que fuera que había estado a punto de escribir, o si simplemente había dejado la conversación. La pantalla de mi celular se borroneó ante lágrimas no derramadas, y deseé poder dejar el teclado por un rato y simplemente llamarle, pero me detuve con el dedo sobre su nombre.

No podía llamarle, no podía contarle lo que sucedía, no podía depender de él por ayuda, y no podía asegurarle absolutamente nada ahora mismo. Jamás me había sentido tan inútil, tan perdida con respecto a otra persona. Ni siquiera con Mint cuando me había acusado de poner a Kish en una escala de prioridad más alta que a mis amigas, ni siquiera con el mismo Masaya cuando se había convertido en Deep Blue frente a mis ojos años atrás, y ni siquiera conmigo misma cuando había aprendido la realidad sobre mi naturaleza Mew. Ahora mismo, hablando con Masaya en una conversación tan enredada en evasiones de información, me sentí completamente desconectada, como si fuéramos dos personas que no se conocían en absoluto, en vez de ser una pareja que ya llevaba dos años juntos.

¿Cómo podía haberse quebrado todo tan rápidamente? ¿Cómo podíamos haber sido tan fuertes durante dos años para irnos por el traste en tan solo unas semanas? ¿Por qué estábamos dejando que el peso de mi responsabilidad como Mew nos destruyera cuando era lo que nos había unido en el pasado?

Te quiero tanto. Le escribí, más porque necesitaba decírselo que por querer sacar una respuesta de su parte, pero de todas formas funcionó, porque el pequeño icono cobró vida otra vez.

Yo también te quiero, y no estás arruinando nada.

A pesar de que sabía que su respuesta no era más que su instinto de novio ejemplar por calmar a su novia, de todas formas me encontré mí misma tomando sus palabras y reconfortándome con ellas. Saber que él todavía me quería era un alivio para la piedra en la boca de mi estomago. Pero tendría que haber sabido que aquel no sería el final de la conversación, y que simplemente por decirnos mutuamente que nos queríamos, no desaparecerían por si solos todos los problemas que veníamos pateando debajo de la alfombra.

Es solo que…estoy empezando a darme cuenta cuantas cosas dejo pasar cuando pienso de otra manera. Me explicó. Creo que no estoy siendo sincero conmigo mismo.

Leí su mensaje una y otra vez, preguntándome hacía cuanto tiempo él había comenzado a sentirse así, y sobre qué cosas exactamente se estaba engañando a sí mismo. ¿Tenía que ver con su futuro? ¿Con su familia o amigos? ¿O era algo exclusivamente conmigo? De alguna forma, me parecía que no todo se resumía a las últimas caóticas semanas.

Lo siento. Respondí, porque es todo lo que podía decir.

No intento culparte de nada, esto también tiene que ver conmigo, no solamente contigo. Contestó él. Creo que debemos hablar, cuando todo esto termine.

Sí, yo también quiero que hablemos.

No dijimos nada más. La conversación no terminó con un "te quiero", ni siquiera con un mísero adiós, simplemente con mi promesa de una reunión en algún momento futuro y un pequeño ícono como muestra de que él había visto el mensaje, pero ¿Cuando sería nuestra bendita reunión? Ninguno de los dos podía saberlo. Parte de mí estaba aterrada de lo que podríamos llegar a decirnos en esa charla, y me habría gustado evitarla por completo…pero la otra parte de mí tenía tanta necesidad como él de dejar de correr y empezar a ser sinceros. Volver a la pareja fuerte, cariñosa y comprensiva que habíamos sido siempre.

Por un buen rato, no estuve segura exactamente cuánto, me quedé de pie en la calle mirando la pantalla en negro de mi celular, medio escondida entre las sombras. Me pregunté que estaba esperando, quizás una llamada real de Masaya, demasiado ansioso por hablar conmigo como para esperar a un mejor momento, quizás mis padres preguntándome donde estaba, o Mint queriendo disculparse. Ninguno de esos escenarios ocurrió, y supongo que debería haberme sentido aliviada de no tener que navegar a través de otra conversación complicada con mis padres o Mint. De todas formas parte de mí le habría gustado algún contacto con alguien más.

Queremos estar aquí para ti, confía en nosotras…

Recordé las palabras de Lettuce, y de repente se me hicieron más reales que nunca. No había pensado lo mucho que necesitaba hablar con alguien sobre…todo, incluso sobre temas que aún no había llegado a resolver en mi cabeza todavía. Me encontré a mí misma con mis dedos sobre la pantalla, ahora encendida y estuve a punto de marcar el número de mi amiga y aceptar su oferta de una charla.

Un ruido cercano me alertó y me puse en guardia, guardando mi celular en un bolsillo y tanteando mi cuello por mi pendiente, pero por supuesto no estaba allí. Afortunadamente el sonido de risas llegó a mis oídos, lo cual me dio a entender que no se trataba de Saya o alguna otra amenaza, pero aún así no podía permitir que me vieran. Miré hacia Kish, quien también había escuchado las voces, y ambos asentimos sin decir nada. Se acercó hacia mí, y tomó mi mano, yo cerré los ojos y respiré hondo antes de imaginar el destino en mi cabeza.

La corta sensación de mareo a la que desafortunadamente estaba comenzando a acostumbrarme cada vez que me teletransportaba me envolvió por un momento antes de desaparecer. Abrí los ojos, pero frente a mí no vi el diseño minimalista del hogar provisorio de los alienígenas, sino un pequeño dormitorio a oscuras, solamente iluminado con la luz de la luna que venía de la ventana, pero era suficiente para comprender a donde habíamos ido a parar.

- ¿Por qué estamos aquí? – preguntó Kish, señalando hacia mi dormitorio.

Abrí la boca para responder, pero ningún sonido salió de mi garganta. En su lugar, di una vuelta por toda la habitación, pasando mis manos a través de algunos objetos que hacía casi un mes que no veía o tocaba, y me sentí como una ladrona en mi propia casa. De alguna forma, se sentían como pertenencias de otra persona.

- ¿Tenías la nave como destino en tu cabeza? – volvió a preguntar Kish.

- Sí, pero…creo que me distraje.

- ¿Querías venir aquí entonces?

- No necesariamente, creo que solo necesitaba…desaparecer un rato.

Mis dedos tocaron unas prendas de ropa en mi armario, y a pesar de cada tela tenía un buen uso debido al correr de los años, las noté suaves entre mis dedos, nuevas. Inconscientemente me metí en el interior del armario, sin importarme en absoluto el hecho de que mis padres podrían estar en el piso de abajo escuchándome dar vueltas por la casa, o que Kish estaba ahora mismo en mi espacio más personal y sagrado. Dejé todo de lado como si nada me importara, y comencé a abrir cajones y dar vuelta cajas como si hubiera algo allí dentro que necesitaba encontrar. Un tesoro que llamaba mi nombre pero que no tenía la más mínima idea de que se podría tratar.

De la misma manera en que muchas veces en mi vida había preparado mi mochila para el colegio, o una valija para un viaje, por un momento me quedaba una sensación de estarme olvidando de algo importante: un cepillo de dientes, cargador de mi celular, mi billetera, o cualquier objeto de gran o poca importancia. Después de un rato, siempre lograba recordar que se trataba, pero en ese momento, dando vueltas en la oscuridad de mi armario, busqué con cada vez más desesperación en el interior de mi cerebro, pero ninguna palabra venía a mi cabeza, ninguna imagen de algo importante que debería recordar.

¿Qué vine a buscar? Me pregunté.

Escuché un sonido como de algo pesado rebotando en mi cama, y cuando subí la cabeza vi a Kish recostado sobre mi colchón y mis almohadas, tan cómodo como si se tratara de las suyas propias. La ironía de que ahora mismo técnicamente le pertenecían no se me pasó desapercibida, pero de todos modos no era un pase libre para que se pusiera cómodo en mi espacio personal. Me levanté y fui hacia él.

- ¿Qué haces?

- Me acomodo – respondió él, como si fuera algo obvio y subió ambos pies a la cama - ¿O quieres irte ya?

- Tendríamos que irnos – respondí, sin embargo mis ojos no fueron hacia la puerta o la ventana, sino de vuelta hacia el armario, como si quisieran continuar rebuscando algo entre mis cosas – No tenemos tiempo para desvíos.

- Como yo lo veo no tenemos algo crucial que hacer ahora mismo. Nada nos espera en la nave aparte de comer y dormir, puede que discutir con Pai si nos toma por el camino.

- No estoy haciendo nada en especial ahora mismo tampoco – le dije, un poco a la defensiva – no sé ni por qué nos traje aquí.

Kish torció la cabeza y me miró de esa manera tan intensa que a veces me daba la sensación que pudiese ver a través de mí, justo en las profundidades del interior que ni yo misma conocía. No me gustaba, pero aún peleé contra el deseo de temblar, o de apartar mi mirada de la suya en rendición.

- Sea lo que sea debe ser importante para ti – explicó él, en mi propia voz femenina - has venido en busca de algo, ¿no es verdad?

En aquel momento, de pie en el medio de mi dormitorio el cual no había puesto pie en el último mes, viendo a mi cuerpo tirado en mi cama dejando caer verdades sobre mí misma, podía haber olvidado fácilmente el hecho de que era Kish quien estaba detrás de esa mirada comprensiva, o detrás de esas palabras que jamás habían sido más correctas con respecto a mí. Era fácil dejarme convencer de que aquella era una versión de mi persona dándome consejos, y no un ser externo a mi vida que tenía la habilidad de conocerme tan bien. Eran mis propios ojos los que me devolvían la mirada, mi propio cabello rojizo el que podía ver contra la almohada…pero no eran mis palabras las que estaban dando vuelta en el aire.

Kish no tenía problema alguno en desnudar mi alma, en quitar capa por capa todo lo que había construido meticulosamente alrededor de mí para que él no viera lo vulnerable que me sentía debajo de esa muralla. Pasaba tanto tiempo intentando arrastrar hacia abajo preocupaciones o miedos, que cuando encontraba alguno flotando fuera mi alcance, de repente no podía comprender de donde había salido, o como hacer que desapareciera. Él sí lo sabía, o al menos, eso es lo que su mirada me decía.

Confía aunque sea en Kish, me había dicho Lettuce, y me encontré a mí misma temblando ante la mera posibilidad. Hablar podría hacerme sentir mejor, ayudarme a comprender por qué había aterrizado en mi dormitorio de forma inconsciente, y que era aquello que buscaba, pero al mismo tiempo, me daba miedo por el camino terminar encontrándome con algo sobre mi misma que no estaba preparada para ver. Me pregunté hacía cuanto tiempo no había hecho el esfuerzo por conocerme mejor a mí misma, y no supe la respuesta.

Comprendiendo hacia donde se habían dirigido mis pensamientos, Kish se movió para hacerme lugar en mi propia cama, y palmeó el colchón a su lado en una invitación a sentarme. Inconscientemente, como si parte de mí no tuviera idea de lo que pasaba lo hice, pero no me acomodé contra las almohadas ni apoyé los pies sobre la cama. Mi espalda estaba dura, y mis manos daban vueltas como si necesitaran algo con que entretenerse.

Abrí la boca y creí que nada saldría de mi garganta, pero me sorprendió la primera pregunta que encontró sitio en el aire:

- ¿Crees que pasaremos años…así?

No tuve que explicarle a que me refería.

- No lo sé…espero que no. No me malentiendas, tu cuerpo me parece muy atractivo, pero prefiero el mío.

- Lo mismo digo.

- Así que te parezco atractivo, ¿eh? – más que ver su sonrisa la sentí en el tono divertido de su voz – no puedo decir que me sorprenda, gatita.

- Te golpearía pero no estoy de humor – respondí, rodando los ojos – y no quiero darme moretones a mí misma.

El silencio se instaló entre nosotros, y a pesar de que era yo la que necesitaba ahora mismo la descarga emocional, me encontré sin saber que decir. ¿Debería empezar a hablar de cualquier cosa hasta que algo útil emergiera de mi garganta? ¿Debería esperar a que él dijera algo? ¿Me pasaría la noche entera con palabras en la punta de la lengua?

Estuve tentada de levantarme de la cama e insistir para irnos de una vez. No me consideraba una piedra sin emociones, pero tampoco era la mejor conectándome con ellas, y me sentía ridícula intentando buscar algo que decir, como si el hablar sobre lo que uno siente tendría que ser algo forzado.

Esto es ridículo, no estoy llegando a ningún sitio, pensé, e hice un ademan como para ponerme de pie.

- Es demasiado, ¿no es verdad? – preguntó Kish entonces, con una voz suave que apenas identifiqué como la mía – el S´darak, mi vuelta, Saya, la pelea con tus amigas…se está volviendo difícil de llevar, ¿no es así?

Frené todo movimiento, y sentí algo cálido dentro de mi pecho, que se sintió bastante como gratitud.

- Si, la verdad es que sí – respondí, dejando salir mi aliento, sin saber que había estado conteniéndolo – a veces es demasiado.

- Si te sirve de consuelo, para mí también lo es.

- ¿Está mal que eso me sirva?

Le vi esbozar una pequeña sonrisa.

- No, no está mal.

Respiré hondo, y me dejé caer contra mi cama. No pude evitar pensar que parecíamos dos amigas a altas horas de la madrugada, en pijama, comiendo chocolate y hablando sobre chicos o sobre cualquier otro chisme caliente que se me hubiera ocurrido. Me reí por lo bajo al imaginarme a Kish en esa situación, no necesariamente porque me pareciera un escenario ridículo para el alienígena sino porque me lo imaginaba perfectamente participando activamente en mis sesiones de chismeo con tal de reírse un rato, o hacerme reír a mí.

Esta vez cuando volví a hablar, me sorprendí de lo fácil que era encontrar las palabras.

- Creí que sería más fácil retomar el uniforme – comenté – cuando ustedes regresaron, creí que sería sencillo ser una Mew otra vez porque ya lo había hecho antes, pero con cada día que pasa creo que más me convenzo de que no sirvo para esto.

- ¿Por qué piensas eso? Haces bien tu trabajo.

- Hago mi trabajo, y apenas… pero no lo hago bien. Es posible que hace unos años fuese una líder decente, pero ahora mismo…no sé ni lo que estoy haciendo la mayor parte del tiempo.

- Sobrevives, y haces lo mejor que puedes – respondió Kish, como si la respuesta fuera obvia, absoluta.

Quizás para él, el mundo de verdad era tan sencillo, y le envidaba un poco por eso. Giré la cabeza para que él no pudiera ver la expresión en mi cara, y agradecí la oscuridad en mi dormitorio.

- ¿Es lo mejor que puedo hacer? ¿O es simplemente lo mínimo indispensable? – pregunté en voz baja, un poco aterrada de su respuesta – Hay veces que pienso que estoy perdiendo parte de mi vida por estar ocupada salvando al mundo, y sé que es egoísta de mi parte… pero no sé si quiero continuar haciéndolo.

Jamás me había permitido a misma decir algo parecido en voz alta, creo que nunca me había dejado ni siquiera considerar la posibilidad de comunicar abiertamente a alguien más mi descontento con el ser una Mew o todas las responsabilidades que aquello conllevaba. Sí, me había quejado, y hecho berrinches como una niña, tanto a mis 14 años como a los 17, pero siempre había asistido a las reuniones, a los entrenamientos, a las batallas, y la fantasía de la vida de adolescente normal me la había guardado exclusivamente para mí, porque uno no deja al mundo colgando ante el peligro si tiene la habilidad de prevenirlo ¿no es verdad? No era tan simple como presentar una carta de renuncia en un trabajo a cambio de una estúpida vida ordinaria.

Lástima que aquello era exactamente lo que quería.

Tanto el incremento de energía como la manifestación de habilidades sobrenaturales siempre me habían parecido beneficios que el proyecto Mew había traído a mi vida, y siendo sincera, el traje rosa siempre me había parecido bonito. Pero junto con los beneficios, se me habían sumado más de un problema que quizás antes había estado más que dispuesta a enfrentar, pero ahora ya estaba agotada. Ahora mismo, sentía deseos de poder deshacerme de mis poderes con la facilidad con la que podría tirar al vacío mi pendiente.

Pero nada es tan sencillo, pensé, el pensamiento amargado deslizándose a través de mi mente como una serpiente.

Lo cierto es que ser Mew era tan parte de mí como mi brazo o mi pierna, eran piezas de mi cuerpo o mi espíritu que me había convencido a mí misma que era imposible dejar atrás. ¿Qué pensaría yo de Lettuce o Zakuro si el día de mañana me dijeran que ya no querían continuar salvando al mundo? ¿Qué pensamiento se me pasaría por la cabeza si Pudding o Mint se despertaban el día de mañana con deseos propios que no nos involucraran como equipo? ¿Sería mi primer instinto pensar que estaban siendo egoístas con la causa? ¿O las entendería mínimamente porque yo me sentía igual?

Había sido fácil seguir diciéndome a mí misma que aún continuaba siendo una Mew durante dos años a pesar de mantener inactivo mi collar. Como un agridulce recuerdo, había empujado mis vivencias en la parte de atrás de mi cabeza, y concentrado en mi futuro, en mi vida con Masaya, en el trabajo que haría cuando terminara de estudiar, en la casa que me mudaría o los hijos que tendría. Mi mente había estado llena de sueños pero ahora mismo ya no recordaba cuales eran, y de todos modos, ¿Qué importaba? No había manera de hacerlos compatibles con la responsabilidad sobre mis hombros.

- ¿Y por qué no paras? – preguntó Kish suavemente.

- Sabes por qué – respondí, dejando escapar un suspiro muy, muy cansado – ¿Quién cuidaría a los humanos? ¿Quién detendría Saya? ¿Cómo podría vivir con la decisión de escapar y dejar que el mundo explote a mi espalda?

- No eres responsable de todos los desastres del mundo. Este específicamente es mío, y puedo resolverlo por ti.

Otra vez intentando hacerse el héroe, como si tener una muerte en mi conciencia fuera a servirme de algo.

- No quiero que lo resuelvas por mí, no quiero que nadie salga herido, no quiero que haya ningún problema por resolver.

- Quieres demasiado – dijo él, aunque no me pareció que fuera un reproche, me pareció escuchar un sonido de admiración en su voz…bueno, la mía.

- Y no consigo nada a cambio.

Estuvimos callados un rato, y creí que había dejado salir todo lo que quería decir, pero me sorprendí a mí misma nuevamente girando sobre la cama y acostándome de costado. Mis pies estaban a punto de salirse del colchón, pero no me importó la incómoda posición. Kish imitó mi pose, e inmediatamente me sentí metida en una burbuja en la que solo estábamos él y yo. El mundo a nuestro alrededor había desaparecido.

- ¿Quién soy yo si no soy Mew?

Era una pregunta que no me dejaba a mí misma preguntarme demasiado seguido, porque mi cerebro terminaba yéndose por las ramas y nunca llegaba a una respuesta medianamente satisfactoria. Al final solo me terminaba doliéndome la cabeza.

Para Kish, sin embargo, la respuesta parecía ser muy sencilla.

- Eres Ichigo – respondió él, como si eso significara algo más que un nombre que podría perfectamente no ser mío.

Suspiré. A pesar de sus respuestas demasiado simples, de todas formas era un poco agradable hablar sobre todo esto, liberador incluso, como sacarme un peso muy grande dentro de mi pecho.

- No sé si esa respuesta me basta – confesé - me siento menos yo que nunca últimamente. Hace un mes que no piso mi casa, mis amigas de la escuela me ven solamente en horas de estudio y Masaya…creo que él tampoco sabe que hacer conmigo.

Suspiré de nuevo, y busqué en la mirada o en las palabras de Kish algo que me hiciera sentir mejor, algo que me quitara de arriba esa incertidumbre de mi doble vida. Sus ojos se oscurecieron ligeramente, y me dio la sensación de que la burbuja que habíamos construido a nuestro alrededor tenía una grieta.

Él se enderezó y tomó algo que no llegué a ver de mi mesa de luz. Sin mirarme, preguntó en una voz extrañamente tensa:

- ¿Por qué parecías triste? Cuando hablabas con…Masaya.

Miré a Kish y traté de adivinar de donde venía su pregunta, pero él estaba completamente cerrado y parecía estúpidamente ocupado jugando con un portarretratos, como si el pedazo de plástico tuviese ahora mismo más importancia que yo. O quizás la foto que enmarcaba. En la misma estábamos Masaya y yo durante un viaje escolar, abrazados y sonriendo a la cámara, completamente despreocupados de los estudiantes a nuestro alrededor o la nieve que caía. Era una bonita foto, remarcando lo que había sido un muy buen día en un divertido viaje, y me pregunté por qué de todas las fotos que tenía en mi mesa de luz (algunas de mí sola, otras con mis amigas) Kish había decidido prestarle atención a esa en particular. Solo entonces me concentré realmente en su pregunta.

Me sentí tentada de negar sus palabras, de hacerle saber que Masaya jamás podría ponerme triste, pero me dije a mí misma que él no solamente me había visto con los ojos llorosos durante mi conversación con Masaya, sino que puede que incluso hubiese sentido cada uno de los sentimientos abrumadores, dolorosos y confusos que me atravesaron en ese momento el corazón. Para él no era una cuestión de si estaba triste, sino el averiguar por qué lo estaba. No me imaginaba hablando nada de esto con él, pero al mismo tiempo, tampoco me había imaginado intercambiar mi cuerpo con un chico alienígena, así que bien podía ser un día de nuevas experiencias.

Pasó un buen rato sin que yo dijera nada mientras sopesaba mi respuesta, y Kish debió haber asumido que me había ofendido porque volvió a dejar el portarretrato sobre la mesa de luz y me aclaró:

- Lo siento, no debí haber preguntado, podemos irnos…

- Me siento un poco…distanciada de él últimamente – respondí por fin – como si fuéramos extraños.

La confesión se sintió inmediatamente como un golpe en mi estomago, como la peor traición que podía haberle hecho a otra persona, y no pude evitar mirar a mi alrededor en busca de Masaya entre las sombras. ¿Qué pensaría de mí ahora mismo, hablando de él como si me generara algún mal inexplicable? Él siempre había sido tan bueno conmigo, estaba haciendo lo mejor posible por aceptarme como yo era y con todos los problemas que yo traía, ¿y era así como yo le pagaba? ¿Con traición?

Se me revolvió el estómago y dudé de ser capaz de hacer esto, de hablar sobre él con alguien más…pero una vez que empecé no pude parar.

- No es algo específico que él o yo hayamos dicho o hecho – expliqué, poniéndome de pie y caminando de un lado a otro de la habitación – él es dulce, amable y comprensivo, y yo…yo soy la misma que he sido siempre, y él me ama y yo a él también, de eso no tengo duda…pero se siente como si hubiera una…pared en el medio de nuestra relación y no la puedo romper.

No importa cuánto trate.

- Él está ocupado con sus proyectos para salvar la Tierra, y con sus solicitudes a la universidad, de las cuales hasta hace poco ni siquiera sabía que existían – agregué, con un regusto amargo en la boca de mi estomago al recordar que me había enterado de ese pequeño detalle por uno de sus amigos, y no por él mismo - yo tengo una invasión alienígena respirándome el cuello y le debo de estar contando un 8% por ciento de la información porque no quiero que se preocupe por mí…y con todo esto sobre nosotros aún así no gritamos, ni lloramos, ni nos acusamos o decimos nombres horribles. Somos civilizados, y nos perdonamos mutuamente, especialmente él a mí, y visto de afuera todo parece perfecto.

Hice una pausa para respirar hondo, agotada no tanto por la cantidad de cosas que había dicho, sino por todo lo que significaban, aunque por la pregunta en los ojos de Kish, me pareció que no había sido tan clara como había pensado.

- ¿Y no lo es? – cuestionó Kish – parece una relación bastante pacifica.

- Es pacífica, pero al mismo tiempo es…

Jadeé y me tapé la boca, horrorizada por lo que había estado a punto de decir. No me sentía capaz de dejar salir aquella palabra, incluso si Masaya no estaba ahí para escucharme, se sentía como una traición a su persona el destruir su buena intención hacia mí al hablar sobre él como si fuera alguien malo, alguien que no valía la pena.

Él siempre fue bueno conmigo, me dije, como un mantra, algo que necesitaba que mi mente testaruda le quedara grabado de una vez. Masaya siempre había estado ahí para mí y desde el comienzo había aceptado mi lado Mew como nadie más lo podría haber hecho. Incluso ahora, intentaba alcanzarme, encontrarme a medio camino en esta tormenta que yo misma estaba creando entre los dos con tal de salvarnos a ambos. ¿Por qué estaba intentando sabotearnos?

- Cambié de opinión, mejor vámonos – sentencié.

- ¿Al mismo tiempo es qué? – preguntó Kish, ignorando por completo mi intento por terminar la conversación.

Saltó de la cama y comenzó a acercarse hacia mí, y a pesar de que ahora mismo yo era más alta, más fuerte, y podía desaparecer con el mero pensamiento, me sentí atrapada mientras él se acercaba con cada paso.

- No es nada…yo no…no quise decir nada.

- Claro que sí, hace tiempo quieres decir algo y no te animas a hacerlo. ¿Qué temes que pase, Ichigo? ¿Qué puedes decir sobre él que pueda ser tan malo?

- No temo que pase nada – respondí, cruzándome de brazos, no solo para parecer firme, sino también porque mis manos temblaban – y no hay nada de malo en Masaya.

Kish se detuvo a dos pasos de mí y simplemente me miró como si sus ojos pudieran decirme "sé que no estás siendo sincera".

- El S´darak tiene sus límites, Ichigo – explicó él – sé que te estás refrenando, pero no puedo saber cuál es el sentimiento que te guardas, eso solo tú puedes dejarlo salir. O puedes guardártelo para siempre y dejar que te pudras por dentro.

Podría haberle dicho muchas cosas en ese momento. Podría haber empezado una pelea lo suficientemente grande como para consumirnos a los dos. Podría haberle atacado con la misma intensidad sobre las cosas que él mismo también se estaba guardando, porque afortunadamente o desafortunadamente, el S´darak funcionaba para ambos lados, y sabía que Kish se guardaba un par de secretos. La diferencia estaba es que yo no se los forzaría si él no quería compartirlos conmigo.

- Esto fue un error – dije, negando con la cabeza

- ¿Hablar conmigo es un error? ¿O simplemente hablar sobre tu novio lo es? La Ichigo que conozco…

- ¿Y qué diablos sabes tú de mí? – le corté, subiendo el tono, olvidándome completamente que debería estar haciendo silencio – ¿No me has estado escuchando? ¡No soy la misma persona que hace 3 años! Apenas me conozco a mí misma, ¿Cómo diablos me podrías conocer tú a mí?

Me encontré a mí misma respirando trabajosamente, agitada y dando vueltas como un gato salvaje dentro del pequeño espacio de mi dormitorio. Mi mirada viajó nuevamente hacia mi armario, pero esta vez no fue un objeto en particular lo que tuve en mente. No era ninguna prenda de ropa, ni accesorio, ni juguete viejo o libro de la escuela que había ido a buscar allí esa noche, lo que había intentando encontrar entre la montaña de objetos personales de alguna forma era a mí misma.

Creo que inconscientemente había intentado volver a buscarme en un punto de mi vida más sencillo y exitoso, en que no habían existido tantas dudas acerca de lo que quería o quienes me rodeaban, un momento en el tiempo en que balancear mis responsabilidades se me había hecho difícil…pero no tan absolutamente miserable como ahora. Quería volver a buscarme, asegurarme a mí misma que yo iba por un buen camino, porque la Ichigo de 14 años había sido más sencilla y si había sabido exactamente lo que quería. Lamentablemente no había ningún elemento físico allí dentro para llevarme conmigo, nada que me recordara como diablos había hecho para mantener mi cordura, mi novio, mis amigas, y a mi familia, mientras el mundo había dependido de mí con tanta fuerza.

No estoy aquí, pensé, no puedo encontrarme.

- Ya no sé que quiero – dije, más aterrada que nunca de mis palabras, pero al mismo tiempo, jamás había sido tan sincera – No sé a quién quiero dedicarle mi energía, no sé que quiero estudiar cuando salga de la escuela, no sé si quiero continuar siendo una Mew, no sé si tengo derecho a querer algo más aparte de ser una superheroina, y no sé si voy a vivir lo suficiente como para resolver todo esto.

- ¿Y cómo esperas saber lo que quieres si no te dejas decir lo que necesitas?

Kish estaba más cerca ahora, abrumándome con mi propio olor a shampoo de limón, y los ojos marrones que por ser míos, no dejaban de perder el brillo intenso de la persona que se encontraba atrás. Entré en un trance mientras le miraba, y continuar peleando o evadiéndole se me hizo extremadamente agotador. Ya no quería hacerlo más.

- Falsa – me encontré a mí misma susurrando – mi relación es pacifica pero es falsa. ¿contento?

Un destello de dolor cruzó por su mirada, más visible que nunca.

- ¿De verte infeliz? – preguntó él, subiendo la mano como si fuera a tocarme - jamás, Ichigo.

Un sonido en el piso de abajo nos hizo saltar a ambos, y lo reconocí como una cerradura abriéndose, seguido de las voces de mis padres hablando en voz alta. Por la corta conversación me pareció que acababan de llegar de una salida al cine o una cena, y probablemente se estarían yendo a dormir.

Miré mi cuarto nuevamente, como si pudiera encontrar la solución a mis problemas metida dentro de un cajón. Como si fuera tan fácil.

- Es hora de irnos – declaré. Necesitaba dejar esto atrás, si había una respuesta que encontrar, no era en el pasado donde tenía que buscarla.

Creo que Kish estaba esperando que yo dijera algo más, que continuara mi confesión sobre mí misma, Masaya, o lo que fuera, pero me había encerrado dentro de mí misma nuevamente, y dudaba que pudiera abrirme otra vez por el momento. Nunca me había sentido tan vulnerable, tan traicionera, tan…diferente, y no quería una repetición. Sinceramente, solo quería irme a dormir.

Kish comprendió que no sacaría algo más de mí por el momento, y simplemente unió su mano con la mía. Esta vez, cuando puse la nave como mi destino en mi mente, no hubo desvíos.


Perdón por la tardanza en actualizar. Tuve unas semanas que no tuve acceso a mi computadora para escribir, después me costó darme cuenta exactamente lo que quería escribir en este capítulo, después me quedó muy corto, y ahora de la nada me parece que está muy largo. Lo iba a cortar y dividir en dos capítulos diferentes, pero preferí dejarlo todo junto. Me quería meter en temas emocionales para esta escena, espero que les guste :)

Agradezco mucho los comentarios que me dejaron en previos capítulos y los que me puedan dejar en siguientes!