Capítulo 19

Aparentemente el S´darak estaba seriamente empeñado en que yo me familiarizara con el punto de vista de Kish, porque el hecho de haber intercambiado de cuerpo no fue en absoluto un impedimento para la llegada de los sueños que plagaban constantemente mis noches. Apenas mi cabeza tocó la almohada, (en la habitación que me había sido señalada como disponible durante mi transitoria estadía en la nave espacial de los ciniclones) mi mente se apagó como una bombilla rota y dejé de ser una persona activa en el mundo de los vivos. Como venía sucediéndome hacía casi un mes, enseguida me vi sumergida en un recuerdo que nada tenía que ver conmigo.

Bueno, este en particular sí lo tenía, ya que yo (o la versión de 14 años de mí por lo menos) se encontraba allí, pero la experiencia no estaba transcurriendo a través de mis ojos, sino a través de los de Kish.


Allí estaba ella.

La persona que había estado buscado, la que venía buscando día tras día desde nuestro primer encuentro sellado con un beso. Pelo rojizo volando al viento, furiosos ojos marrones y aquel vestidillo rosa que de alguna forma pasaba como indumentaria de batalla, y la mostraba siempre armada, siempre lista, siempre exactamente lo que esperaba ver.

Era pequeña de cuerpo, pero no por eso podría considerarse delicada, especialmente por la manera en que gritaba de ira en cada una de nuestras peleas, o como se enfrentaba a mí o a mis creaciones con toda la valentía de quien no está preparado para perder en batalla. Sin importar cuantos golpes pudiera recibir, ella los devolvía con la misma fuerza que cualquier guerrero al que me hubiese enfrentado nunca. A pesar de la cantidad de veces que había intentado quebrar su espíritu para que se rindiera y fuera mía de una vez, ella jamás lo hacía, y su determinación era una mezcla de orgullo y molestia en mi estomago.

Me gustaba hacerla enojar, hacer enrojecer esas mejillas y ver sus ojos brillar con furia ante cada una de mis palabras. Ella afirmaba que no significaban nada, pero cada vez que le recordaba mi deseo por ella, o mis planes para hacerla mía, podía ver una reacción de su parte en respuesta. Su reacción siempre era negativa…pero me decía a mí mismo que eso no importaba, que el hecho de que ella sintiera algo en absoluto por mí ya era suficiente. Después de todo, el odio que ella me profesaba podía estar simplemente a un paso de convertirse en algo más…

Allí estaba ella.

Saltando en el aire con las garras extendidas y dirigidas directamente a mi garganta. De no ser mis reflejos tan rápidos como los suyos, su herida me habría costado caro. La voz de Pai en algún lugar a mi izquierda me gritaba que me concentre, pero yo apenas podía notar cualquier cosa que no fuera la apasionada criatura frente a mí.

Me tenía bajo su hechizo. Desde ese primer día que sus labios se abrieron por la sorpresa debajo de los míos ella me había hechizado, me había hecho suyo de una manera que ella nunca podría comprender o imaginar. Me hacía desearla por las noches cuando estaba solo y mis pensamientos se hacían demasiado oscuros, incluso para mí. Me hacía extrañarla en los pocos días en que nuestros caminos no se cruzaban. Me hacía malditamente soñar con un futuro que no incluyera batallas o bandos contrarios en una guerra. Me hacía querer robarla y esconderla de cualquier otro par de ojos que no fueran los míos, tanto humanos como ciniclones, porque nadie más aparte de mí la merecía.

Allí estaba ella.

Pero como le gustaba recordarme una y otra vez… ella no era mía.


Desperté de golpe y sudando como si tuviera fiebre, pero no me encontraba enferma, o al menos, no sentía nada más que un calor demasiado fuerte, cortesía de mi nuevo envase masculino cuya temperatura era más alta de lo que la mía había sido nunca.

Me senté sobre la cama y me pasé la mano por la frente para quitarme el sudor acumulado, notando la piel debajo de mis dedos con una textura diferente a la que estaba acostumbrada. No más áspera o suave, solo…diferente. Mi respiración era demasiado agitada, como si acabara de correr una carrera en vez de haber estado recostada en una cama, y el corazón me latía tan fuerte que no estaba segura que se mantuviera dentro de mi pecho por mucho tiempo más. A veces me costaba creer la fuerte reacción que podía tener en mi cuerpo con tal solo meras imágenes en mi cabeza.

Pero no son solamente imágenes, me recordé, y diablos no estaba preparada para pensar en lo que significaba eso todavía.

Volví a recostarme sobre la cama con mis ojos cerrados y respiré lentamente, pero no para quedarme dormida otra vez (estaba muy lejos de que eso pasara), sino para comenzar la rutina que me había creado durante el último mes con el objetivo de calmarme luego de mis agitados sueños. Durante unos minutos, me concentré en mi respiración y en ralentizar el traqueteo dentro de mi pecho, llegando incluso a dejar de lado cualquier pensamiento que no perteneciera al presente. Por un rato me ocupé solamente de mí, y como estaba empezando a darme cuenta, me resultaba ligeramente relajante.

En cuanto me sentí más calmada volví a abrir los ojos, y a pesar de que estaba consciente de que no sería el techo del cuarto de invitados de Mint el que vería por encima de mí, aún así me sorprendió por un momento encontrarme con la sensación de que estaba un poco perdida sobre mi lugar físico en el mundo. No sabía si el dormitorio que Kish había preparado para mí alguna vez había pertenecido a alguien, pero se sentía completamente impersonal para mí, como si nadie de verdadera importancia o personalidad alguna hubiera dejado su marca. Como una habitación de hotel, pero especialmente vacía.

Volteé la cabeza para buscar un reloj sobre una inexistente mesa de luz, solo para recordar que no había ninguno, y mucho menos una manera exacta de conocer la hora en Tokyo estando literalmente fuera del planeta ahora mismo. En mis entrañas se sentía como si fueran las tres o cuatro de la mañana, pero por supuesto, no podía estar segura.

Me pregunté si otras personas estarían experimentando algo parecido a lo que yo estaba viviendo en ese momento. No me refería al cambio de cuerpo, o a las pesadillas, sino más bien al simple hecho de despertarse en mitad de la noche y no poder volver a dormirse por una razón u otra. Me imaginaba que sí, después de todo, yo no era la inventora de los malos sueños, la ansiedad o el insomnio, y sabía que toda persona en el mundo podía tener una mala noche de vez en cuando. Podía imaginarme a mi padre antes de una reunión especialmente importante en su trabajo quedándose despierto la noche anterior para repasar los puntos importantes a decir en su cabeza. O a Lettuce estudiando en su escritorio con un libro abierto frente a ella, rehusándose a dormir hasta no estar segura que se había aprendido toda la información importante para un examen. Incluso podía ver a Shirogane quedándose despierto para repasar estrategias o nuevas maneras de equipar a nuestro grupo con mejores armas.

Mint era un poco más difícil de imaginar. Apostaría mi dinero a que estaba durmiendo tranquilamente en su cama, pero creo que parte de mí quería considerar la posibilidad de que también estuviera despierta esta noche, quizás repasando nuestra pelea de esa misma tarde en su cabeza y buscando errores en mis palabras o en las suyas.

¿Y qué hay de Kish? Me pregunté. ¿Qué estaría él haciendo ahora mismo?

¿Estaba acostado en su propia cama preguntándose cómo diablos haría para vencer a Saya en una pelea cuando llegara el momento de la verdad? ¿Estaba entrenando ahora mismo, hablando con Pai o dando vueltas por la nave hasta cansarse? ¿Estaba durmiendo plácidamente porque a diferencia de mí, él si podía dejar los problemas para otro día? A pesar de nuestra conexión, a pesar de lo cercana que me sentía últimamente a la persona que durante un año entero había sido mi enemigo, me di cuenta que aún había muchísimo que no conocía en verdad sobre él. Un mundo entero de información sobre la persona en la que se había convertido luego de dos años de ausencia.

Sabía que Kish podía ser valiente, testarudo, inapropiado y un maldito cabeza dura, pero de repente, otras facetas de su personalidad estaban saliendo a la luz, y no estaba segura si siempre habían estado allí escondidas bajo una gruesa capa de obsesión y un comportamiento errático, o si él había cambiado, realmente cambiado 180 grados para convertirse en esta persona empática, considerada y capaz de poner a otros sobre su propia supervivencia.

¿El mundo se había vuelto loco mientras yo jugaba a ser humana sin responsabilidades sobrenaturales sobre mis hombros? ¿Había sido Kish reemplazado por otro alienígena completamente diferente? ¿Cómo esta persona estaba tan tranquila con la posibilidad de dar su vida por la mía, cuando unos años atrás él habría aprovechado cualquier desvío de mi parte para llevarme secuestrada a su planeta?

Recordé la imagen de mi misma en mi sueño: enojada, enfrentando el peligro de frente, pelo rosa volando al viento y mi vestido de batalla siguiendo cada uno de mis movimientos con la gracia de una bailarina.

Sinceramente, creía que me veía hermosa… ¡lo cual era muy extraño! Siempre había pensado que durante una batalla me vería cansada, gruñona, sudada e impaciente. No grácil, no delicada, no esa imagen de chica que tenía la situación completamente bajo control, sin que se le moviera ni un solo pelo. Jamás había creído que podía verme ni remotamente parecida a la manera en que me había visto a mí misma en sueños, y estaba bastante segura de que mi visión era la correcta. Pero Kish me había visto de otra manera.

Él siempre parecía verme de otra manera.

He estado en contacto con ella más veces de las que recuerdo estas últimas semanas y todo lo que he visto de su parte fue una persona fuerte, determinada, e incapaz de detenerse ante nada porque rendirse no está en su naturaleza, aunque a veces ella piense que es así…

Las palabras de Kish durante la reunión se colaron entre espacios vacíos en mi mente, y sin importar que cinco minutos atrás había convencido a mi cerebro que no pensaría en él o lo que mi sueño significaba, aún así me encontré a mi misma cayendo en una espiral directamente hacia su nombre.

Algunas veces, cuando me encontraba metida en la piel de Kish en cada sueño, sentía un deseo desesperado de proteger a otra persona de un peligro inminente. En otras ocasiones me veía ahogada en una furia a la que era incapaz de darle nombre, y más de una vez había llegado a sentir un nudo de angustia tan fuerte que me había despertado en mi propia cama casi en lágrimas. Todo ese…abanico de sentimientos negativos no eran míos, sin embargo los sentía tan fuertemente dentro de mi pecho que me hacían sufrir como si lo fueran, y quería desesperadamente que se terminaran de una vez. No solamente por el hecho de necesitar descansar, sino porque sabía que muchos de esos sentimientos habían sido dirigidos hacia mí. Llevaban mi nombre quemado como una marca que no se iría nunca.

La obsesión de Kish por mí en el pasado no era ninguna sorpresa, después de todo, me lo había confirmado él mismo más de una vez como para creer otra cosa. Pero a pesar de que no era nada nuevo saber que Kish había tenido sentimientos fuertes por mí en su momento, jamás había considerado la posibilidad de que esos mismos sentimientos pudieran ser tan…humanos.

Estúpidamente había creído que él no podía "sentir" de la misma forma en que sentía yo, que su manera de querer debía ser errónea, y su tren de pensamientos demasiado simple como para entender la complejidad del corazón humano. Sin embargo, noche tras noche, sus recuerdos me demostraban lo contrario. Al cerrar mis ojos podía sentir un torbellino dentro de mi pecho repleto de dolor e ira, y pensamientos oscuros recorrer mi cabeza, diciéndome que "yo podría hacerla feliz si ella me lo permitiera", o, "ella nunca me verá de esa manera" y "¿Cómo puedo hacerla mía?".

¡Me enloquecía!

Me enloquecía tener que ponerme en su lugar y sentir la magnitud de aquellos sentimientos y saber que en su momento habían sido para mí. Solo para mí. ¿Cómo alguien podía…sentir tanto por otra persona? ¿Cómo no se había ahogado bajo esa angustia de saber que yo jamás le correspondería? ¿Por qué estaba de mi lado cuando yo le había causado tanto daño (aunque no hubiese sido a propósito)?

Me levanté de la cama de un salto y me encontré a mi misma caminando hasta el panel de control, el cual ahora con mi nueva vista de alienígena, podía ver a la perfección. Frené en seco cuando noté mis dedos sobre el pseudo- teclado, preguntándome a donde se estaba dirigiendo mi cuerpo sin que mi cerebro hubiese dado orden alguna.

La imagen de Kish en mi cabeza fue todo lo que recibí como respuesta, pero fue suficiente para entender. Fue suficiente para despertar de mi trance y volver hacia atrás sobre mis pasos un poco aterrada de que buscar a Kish hubiera sido una respuesta casi instintiva en mí. Comencé entonces a dar vueltas, como si por alguna razón eso pudiera ayudarme a ahuyentar aquellos pensamientos de mi cabeza.

Siempre supe que Kish había sentido algo por mí en el pasado, entonces ¿Por qué ahora mismo me ponía tan incómoda el hecho de conocer exactamente el grado de sus sentimientos por mí? ¿Por qué ahora mismo estaba en vela dándole vueltas en mi cabeza a la idea de que Kish me había querido en su retorcida, extraña y obsesiva manera? ¿De qué me servía todo este conocimiento ahora?

Él ya no se sentía así con respecto a mí, me lo había asegurado, y quería creer que la presencia de su prometida podía ser razón suficiente para no tener que preocuparme porque sus sentimientos encontraran su camino de vuelta a mí. No había razón para pensar que él encontraría una excusa para quedarse en la Tierra y continuar causando estragos en mi vida. Después de todo, él tenía un planeta al cual volver, una esposa con la cual jugar a la casita y un futuro que no me incluía a mí de ninguna manera. Así que técnicamente, una vez que todo este gran problema tuviera su feliz resolución, ya no tendría absolutamente nada que preocuparme, porque volveríamos cada uno a nuestros cuerpos, yo no tendría más sueños, y Kish se iría incluso más fácil y voluntariamente que la última vez.

Todo estaría bien.

Más que bien.

Todo estaría perfecto.

Entonces, ¿Por qué no puedes dejar de pensar en esto?

Aterricé en la cama de nuevo, sintiendo ligeramente ganas de tener que usar el baño pero demasiado negada a la idea de pasar por esa experiencia otra vez mientras estuviera en el cuerpo de un hombre. No quería ni pensar como Kish se había encargado de esa situación dentro de mi propio cuerpo.

Me di vuelta sobre la cama, arruinando el orden meticuloso de las sabanas, pero sin que me importara porque tenía demasiado calor como para querer cubrirme de todas formas. Estuve tentada de tomar mi celular y sumergirme en una cantidad indefinida de horas en tontos artículos en redes sociales, pero frené el movimiento de mi mano cuando recordé que no había señal aquí arriba.

Sola con mis pensamientos, pensé, perfecto, pero cuando estaba comenzando a hacerme la idea de que probablemente me pasaría toda la noche en vela dándole vueltas a temas a los que no les encontraría respuesta, sentí un golpe sobre una de las paredes, similar a la manera en que uno tocaría una puerta. Antes de que pudiera responder, una de las paredes se retrajo hacia arriba y me permitió ver la silueta de un cuerpo femenino a contraluz. No necesité verla completamente para saber de quién se trataba.

- ¿Sabes? Es malditamente difícil encontrar la combinación correcta en un panel de control con tu limitada visión humana – comentó Kish, y luego entró en el dormitorio sin esperar a que lo invitase a pasar.

La "puerta" se cerró a su espalda, llevándose consigo la fuente de luz demasiado fuerte proveniente del pasillo, y me permitió ver a mi propio cuerpo aún vestido con mi uniforme escolar. Le había estrictamente prohibido que se cambiase de ropa, y al parecer había respetado mis gritos histéricos.

Noté la manta y almohada bajo su brazo pero no dije nada.

- La próxima vez elige un mejor cuerpo – le señalé, sin levantarme de la cama.

- En lo que a cuerpos respectan, el tuyo no está mal.

Kish dejó caer sus escasas pertenencias en el suelo, acomodando la almohada para recostar su cabeza, y la manta sobre su cuerpo. Me pregunté si su pasado como soldado le habría acostumbrado a dormir sobre superficies incomodas, o si mi cuerpo era demasiado malcriado como para aceptar nada menos que un colchón mullido.

Me dio un poco de pena verle en el suelo, así que supongo que por eso pregunte:

- ¿No vas a tener frío ahí abajo?

- Nah, no lo creo.

Asentí, a pesar de que desde su posición en el suelo él no podía verme, y ambos nos quedamos callados, haciendo nuestro mejor intento por pretender dormir, pero no estábamos engañando a nadie. Kish no había dicho una sola palabra a modo de explicación antes de meterse en la habitación, pero si estaba aquí ahora mismo entonces debía ser porque al igual que yo, él tampoco se encontraba del todo cómodo en su propio dormitorio, o en su nuevo envase femenino.

Quizás parte de él quería estar más cerca de su verdadero cuerpo, o quizás el S´darak estaba empujándole a estar más cerca específicamente de mí, fuera cual fuera la razón...compartía el sentimiento. Me encontré a mi misma sintiéndome un poco menos perdida, un poco menos ansiosa sabiendo que él estaba cerca. Me encontré a mi misma queriéndole un poco más cerca si eso significaba calmar la paz en mi mente.

- Puedes venir a la cama– dije, sin pensar.

Un instante de tenso silencio fue todo lo que recibí como respuesta, y arriesgué una mirada al suelo en su dirección para ver la expresión en su rostro, pero su cabeza estaba parcialmente tapada con la manta y no podía verle claramente.

¡¿Qué diablos acabo de decir?!

Podía haber aprovechado ese momento para dejar el tema a un lado, pretender junto con él que yo no había dicho nada, pero la idea de dejar durmiendo en el suelo como un perro a esta persona tan dispuesta a protegerme me sentaba como un trago amargo en la boca.

- ¿Kish? – pregunté - ¿me escuchaste?

- Si tan solo me hubieras pedido algo así unos tres años atrás – respondió él, en un claro intento de broma – habría saltado a la cama.

Le tiré una almohada y esta embocó justo en su cabeza.

- Para dormir – aclaré, firmemente – No quiero que le des a mi cuerpo un dolor de espalda.

- ¿Estás segura? – preguntó, en voz más seria, dejando las bromas de lado.

No. Pero ya había abierto mi gran bocota.

- Tan solo mantente de tu lado y estaremos bien.

Escuché más que vi a Kish levantándose del suelo y caminar hacia el lado vacío de la gran cama. A pesar de lo delgados que eran los alienígenas, por alguna razón tenían la necesidad de poseer camas enormes. Tres o cuatro personas habríamos entrado tranquilamente.

El colchón se hundió donde Kish dejó caer su peso, y se tomó un momento para acomodar las almohadas debajo de su cabeza antes de volver a cubrirse con la manta. En todo el proceso yo no le miré, es más, di vuelta el cuerpo hacia el lado contrario y le di la espalda, porque a pesar de que era yo quien le había invitado a la cama, aún así podía sentir mis mejillas enrojeciéndose de vergüenza. Después de todo, aunque mis intenciones no eran nada menos que inocentes, aún así no había tenido nunca un chico durmiendo en la misma cama que yo, ni siquiera Masaya. Agradecí la oscuridad a mi alrededor para que Kish no pudiera verme la cara.

- ¿Ichigo?

Estuve un poco tentada de no responder, porque su modo de decir mi nombre había estado cargado de tensión, como si hubiera una pregunta realmente importante apenas yo aceptara la conversación. Se sentía en el aire, pesada e invasiva, y parte de mí no quiso saber de qué se trataba, pero se sentía estúpido pretender que me había quedado dormida en los últimos dos minutos.

- ¿Sí? – pregunté en voz baja.

Él vaciló, quizás no se esperaba que yo aceptara su pregunta. De todos modos, lo escuché suspirar y preguntar:

- ¿Sigues teniendo los sueños? ¿Los que se tratan de mí?

- Aja.

Se quedó esperando a que yo completara un poco más mi respuesta, pero siendo sincera, los sueños no eran algo que quisiera discutir con nadie, mucho menos con Kish. A pesar de que técnicamente la información debería ser tan suya como mía porque eran sus recuerdos, dudaba que fuera a agradarle demasiado el hecho de que él supiera que tan profundo podía adentrarme en sus pensamientos, sentimientos y recuerdos del pasado.

Una imagen de mi misma como una criatura grácil, hermosa y mortal volvió a mi mente, y me enrojecí aún más.

Kish se cansó de esperar, o quizás se impacientó ante la manera en que tan obviamente me estaba guardando información, porque su voz fue un tanto más segura cuando preguntó:

- ¿Qué tan comprensibles son? ¿Qué puedes ver?

- No demasiado – mentí – y por lo general los olvido cuando abro los ojos.

La última parte no era necesariamente una mentira. La mayoría de las veces en verdad olvidaba lo que había visto mientras estaba inconsciente para el mundo, pero esta vez…dudaba que esta vez pudiera borrar el conocimiento de mi memoria. Estaba guardado en uno de esos cajones en nuestro cerebro cuyo contenido nos gustaría tirar a la basura, pero no encontramos la llave para acceder al mismo.

Por más que quisiera, no podría olvidar nunca la manera en que me había visto a mi misma a través de sus ojos.

- ¿Hay algo que no debería saber? – tanteé, porque él no era el único que podía crear una situación incómoda entre los dos.

Silencio otra vez. Pesado, significativo y maldito silencio.

- ¿Realmente quieres saber eso?

No, pensé, supongo que no.


Luego de una larga reunión con las Mew que duró buena parte de la mañana, Kish sugirió entrenar por el resto de la tarde, cosa que acepté sin considerar demasiado cómo iba a hacer para bañarme después. Problema para una futura Ichigo.

Como la última vez, ambos utilizamos dagas, pero a diferencia de nuestra primera y única sesión de entrenamiento, esta vez mayoritariamente yo fui la maestra. Afortunadamente la metamorfosis funcionó, y dejé escapar un suspiro de alivio en cuanto la forma Mew que tanto conocía hizo fácilmente su aparición, como si no notara en absoluto la falta de mi alma bajo el cuerpo que actualmente Kish hospedaba. Inmediatamente noté en Kish una diferencia en su manera de moverse, de saltar o incluso de atacar mientras estaba en la forma Mew, y su energía estaba al máximo, incluso con la mala noche de sueño a su espalda. Pero estaba claro que aún le costaba moverse en un cuerpo tan diferente al suyo.

Por lo general Kish tenía una forma grácil de pelear, impulsiva e implacable pero aún así bastante bella, como una coreografía que se sabía de memoria. Sin embargo, con mi cuerpo parecía un tanto confundido e incómodo: más de una vez se había pisado la larga cola rosa, el pelo constantemente se le metía en los ojos y se distraía a si mismo intentando quitárselo del camino, y no había forma de evitar que metiera mano dentro de su vestido para arreglar una que otra incomodidad. A mí tampoco me estaba resultando tan sencillo adaptarme a su cuerpo, pero al menos la teletransportación era una habilidad a la cual estaba empezando a agarrarle la mano, y estaba bastante segura que estaba cerca de poder levitar por más de un par de segundos.

Enseguida nos empezamos a tomar el asunto como un reto, a ver cuál de los dos podía adaptarse más rápidamente al otro, y por la frustración en los ojos rosa que me miraban desde la otra punta de la habitación, sabía que yo estaba ganando.

Sin embargo, un punto a favor de Kish es que aprendía rápido, y luego de un par de horas de frustrados intentos por tirarme al suelo sin conseguirlo, debió darse cuenta que no podía pelear con las mismas estrategias que había utilizado siempre, y tenía que adaptarse a las capacidades que mi cuerpo le podía dar. Vi las ruedas de su mente girar y entonces su manera de moverse, saltar y atacar comenzó a tener una verdadera dificultad para mí.

Siendo sincera había disfrutado un poco del hecho de ganarle con tanta facilidad luego de que me hubiese completamente humillado en nuestra última sesión, pero verlo aprender y adaptarse fue una sensación incluso mejor. Quizás Kish no estaba tan perdido como había creído en un principio.

- ¿Es fe en mí lo que veo en tus ojos, gatita? – preguntó él, saltando fuera del camino de mi daga.

- ¿Y que si lo es? – pregunté, mi cuerpo aterrizando suavemente en el suelo antes de volver a tomar vuelo.

- Cuidado, gatita, eso podría significar que te caigo bien.

Tomé mi daga (que había caído al suelo en mi último tiro) y apunté hacia él para arrojarla nuevamente, pero cuando quise mirar, el vestido y cabello rosa ya no estaban por ninguna parte. Di una vuelta a mi alrededor en su busca, pasando mi mirada rápidamente por la habitación, pero sin tener suerte.

Si algo sabía sobre enfrentamientos, es que nunca era bueno perderle la vista a tu oponente, y ahora mismo, Kish se había escondido de mi mirada, probablemente esperando tomarme por sorpresa. No era una mala estrategia, pero no dejaría que me ganara con tanta facilidad.

¿Dónde estás? Me pregunté, dando pasos cautelosos en el suelo.

- ¿Me buscabas? – murmuró una voz en mi oído.

Me di la vuelta rápidamente, pero Kish había desaparecido otra vez. Era casi una sorpresa escuchar mi propio tono de voz en el aire, pero con la manera tan característica que Kish tenía para hablar.

Di un salto, esta vez levitando por unos instantes antes de dejarme caer encima de una de las maquinas de la sala de entrenamiento, una lo suficientemente alta como para permitirme ver un flash rosa correr a través de la sala. Sonreí y me agazapé para saltar otra vez, cuando las luces se apagaron repentinamente y la habitación se sumó en la oscuridad.

- Eres muy tramposo, ¿lo sabías?

Una risita muy característica suya flotó en el aire hasta mí, pero no pude identificar de donde procedía.

- No hay ninguna regla que impida alterar un poco el ambiente.

- ¿Qué regla? Estamos entrenando para tu batalla, no jugando a un juego – le recordé, pero creo que escuchó la diversión en mi tono de voz.

- No significa que no podamos divertirnos un poco.

Izquierda, noté, y salté hacia la zona donde me pareció haber escuchado su voz. Aterricé en el suelo, agazapada en caso de que Kish estuviera más cerca de lo que me imaginaba, e intenté ver su figura entre la poca luz que las máquinas tiraban dentro de la habitación.

De repente, algo me golpeó detrás de las rodillas y caí al suelo como una bolsa de papas especialmente torpe. Afortunadamente, mis nuevos reflejos fueron lo suficientemente rápidos como para moverme de mi lugar vulnerable en el suelo antes de que Kish me inmovilizara. Casi enseguida escuché el sonido de otro cuerpo aterrizando en el sitio donde yo había estado hacía un instante, y sonreí antes de moverme para devolver el golpe. Sin embargo, para cuando me moví, Kish ya no estaba allí.

La vista en mi forma Mew era realmente casi perfecta, incluso en la oscuridad, y estaba segura de que Kish la estaba aprovechando en este momento a su favor, por ejemplo, para asestarme pequeños golpecitos casi juguetones (pero igualmente frustrantes) en los hombros, piernas o cabeza, antes de desaparecer rápidamente en las sombras. Apenas si me daba tiempo de darme la vuelta hacia él antes de que le perdiera el rastro nuevamente, y solo su risa juguetona quedara flotando en el aire.

Estaba jugando conmigo. Emocionado o satisfecho porque estaba aprendiendo como utilizar mis propias habilidades contra mí, Kish ya no estaba interesado en el entrenamiento, sino en el reto de ganarme, lenta y frustrantemente. Lógicamente, tendría que haberle dicho que se dejara de juegos, que tenía una guerra intergaláctica que ganar en nombre de la Tierra, y no podíamos perder tiempo con actividades de niños…pero me encontré a mi misma siguiéndole el juego a pesar de todo. Hacía demasiado tiempo que no me permitía divertirme un poco, y la risa que Kish dejaba caer era contagiosa.

Otro golpe, esta vez en mi espalda, y esta vez le rocé con mis dedos brevemente antes de que se escurriera como agua.

- ¿Lista para rendirte? – preguntó desde algún lugar alto.

Miré hacia arriba como un reflejo, pero no encontré nada más que oscuridad.

- Para nada – respondí – intenta ganarme.

- Será un placer.

Cerré los ojos y respiré hondo, relajándome ligeramente pero sin por un segundo dejar a un lado el hecho de donde estaba o a quien me estaba enfrentando. La vista que Kish poseía ahora mismo podía ser mejor en la oscuridad, pero mi oído actualmente era muy superior al que él tenía disponible. Cortesía de mi nuevo ADN ciniclon.

No eres el único que está aprendiendo, pensé.

Dejé de lado todo lo que no fuera él y yo dentro de esta habitación, y me concentré en el sonido de sus pasos, en su respiración, en el sudor que corría de su cuerpo al suelo. Esta vez, cuando se dirigió de nuevo hacia mí, fue fácil predecir su locación, y me sentí flotar, o quizás simplemente levité antes de que lograra alcanzarme. Mi mano se cerró sobre su muñeca, y a pesar de que no pude ver su expresión de sorpresa, pude perfectamente imaginármela. Antes de que se moviera, tiré fuertemente hacia abajo, lo suficientemente fuerte como para tirarlo al suelo.

Mi intención había sido dejarle caer y apoyar uno de mis piernas sobre su pecho en señal de victoria, pero subestimé demasiado mi propia fuerza, y me vi cayendo al suelo junto a él, o más bien, encima. Una rodilla golpeó una de mis costillas, y creo que mi mano se estrelló contra su cara. De más está decir, que ambos nos quejamos de dolor…y luego estallamos en risas.

- Eso fue sucio – dijo él, intentando levantarse.

Dejé caer mi peso, y me reí cuando me di cuenta lo mucho que le estaba costando quitarme de encima. Intentó patearme en un lugar sensible, pero me moví de su camino y sujete sus manos contra el suelo.

- Ey cuidado, este es tu cuerpo, ¿recuerdas?

- Este es el tuyo y le estas dando moretones.

- Creo que solo tienes el orgullo herido porque te gané – le dije, pero aún así quité parte de mi peso de encima.

Enseguida, una de sus piernas me pateó y de alguna forma a pesar de tener ambos brazos sujetos, aún así Kish encontró la fuerza suficiente para hacernos rodar en el suelo, y quedar encima de mí. No podía verle la sonrisa de victoria pero sabía que estaba allí.

- Eso fue sucio – le dije – ya había ganado.

- Solo me adapto a mi compañera.

Sentí su aliento contra mi cara, y mi cuerpo dio un tintineo sutil, como respondiendo a él. ¿Qué tan cerca estaba? ¿Podía verme en la oscuridad? ¿Qué tan lejos estaba su boca de la mía?

Carraspeé y me moví para quitar a Kish de encima de mí, lista para poner algo de distancia entre los dos, pero él estaba haciendo peso con su cuerpo contra el mío, y para lograr levantarme tendría que rodar nuevamente para quedar encima, o ejercer una fuerza lo suficientemente grande como para sacarle completamente. Mi nuevo cuerpo era más fuerte de lo que pensaba y no quería lastimarme a mi misma o a él accidentalmente, por lo que decidí por otro camino y dejé de ejercer fuerza alguna.

- De acuerdo, tú ganas – dije – quítate.

- No eres divertida, Ichigo.

Kish quitó sus manos de encima de mis hombros, pero por alguna razón no se levantó. El aire a nuestro alrededor se volvió pesado, y nunca tuve tanta necesidad por encender una luz. Me agité ligeramente sin darme cuenta, demasiado consciente de todos los lugares que su mirada podría aterrizar sin que yo lo supiera.

¿Y qué importa eso? Es su propio cuerpo el que ve, me recordé, pero por alguna razón, eso no me hizo sentir mejor.

- ¿Kish? – pregunté, mi voz extrañamente temblorosa, pero no de miedo o de enojo. De algo más que no logré identificar - ¿puedes levantarte?

Fue como si ni siquiera hubiese hablado. Su aliento volvió a golpearme el rostro, esta vez un poco más cerca, más caliente, y podía imaginarle perfectamente sobre mí, su cara a centímetros de la mía, sus ojos inquisitivos, sus labios abiertos por una acción que yo no podría frenar.

Que quizás yo no frenaría aunque pudiera.

En la oscuridad y en el silencio, ambos creamos nuestra propia burbuja temporal y olvidé que afuera de la misma había un planeta por salvar o una alienígena por derrotar. Allí dentro, olvidamos que estábamos en el cuerpo del otro, olvidamos que nuestras acciones estaban llevadas a cabo por un poder que no habíamos querido ni pedido nunca, pero aún así, hacía su mejor esfuerzo para arrastrarnos en los brazos del otro. Olvidé que en ese momento no era yo misma, en cuerpo, mente o alma, y debajo de Kish me sentí pequeña, vulnerable, necesitada. Me sentí la otra mitad de una persona, y me sentí incompleta en algún rincón muy interior dentro de mí misma.

¿Se estaría sintiendo él igual? ¿Podía sentir mi aliento contra su rostro? ¿Se estaría él olvidando del mundo tanto como yo? Esto era peligroso, como un cuchillo acercándose lentamente, y sabía que estaba a punto de cortarme. Rodaría mi sangre por el suelo y quedaría una herida abierta incapaz de ignorar. En algún rincón de mi mente debía estar gritando que parara, pero mi cuerpo se movía por si solo, levantando mis dedos para trazar una mejilla más cerca aún de lo que pensaba. Otros dedos que no eran míos se enredaban en mi pelo, forzaban mi cabeza hacia arriba y entonces…

La luz se encendió, y fue como un balde de agua fría sobre los dos. Vi mis propios ojos rosa observarme fijamente, sumergidos en una nube de confusión, pero esta rápidamente empezó a disiparse hasta dejar atrás una mezcla de sorpresa y miedo.

Mi cuerpo, mi verdadero cuerpo, se levantó encima de mí tan rápidamente que apenas si vi el movimiento, más que nada lo sentí como una ausencia de calor. Oh dios, ¿Qué había estado a punto de pasar?

- ¿Están ocupados? – la voz de Pai nos hizo saltar a los dos, a mí incluso estando acostada en el suelo.

Me levanté de un salto y dediqué toda mi atención a sacudir mi ropa de un polvo inexistente. No estaba lista para mirar a nadie a los ojos.

- Estábamos entrenando – respondió Kish, haciendo que mi cuerpo dejara caer la metamorfosis y volviendo a la versión normal de Ichigo – pero creo que podemos descansar un rato.

- Bien, tengo algo que hablar con ustedes – anunció Pai, y entonces se dio media vuelta y se fue por donde había venido.

Arriesgué una mirada en dirección a Kish, pero afortunadamente, él no me estaba mirando. Sus mejillas, o más bien, las mías estaban rojas, y su aliento salía en pequeños suspiros.

Así que yo no soy la única que lo sentí, pensé, y en realidad muy profundamente creo que había sabido que a Kish le influenciaba el S´darak tan fuertemente como a mí, pero una cosa era saberlo, otra era verlo de forma tan clara. Dudaba que él quisiera que se lo hiciera saber, sin embargo, así que no dije nada.

Él carraspeó, y empezó a caminar, de manera firme, como si absolutamente nada hubiese pasado. Sobre su hombro dijo:

- Será mejor que vayamos.

Me quedé un instante de pie, mirándole irse y preguntándome qué podía querer decirnos Pai. Si eran malas noticias no estaba preparada para escucharlas, pero dudaba que el gran científico de los ciniclones le interesara demasiado mis sentimientos al respecto. Suponía que no podía retrasar eternamente la reunión, y tras un suspiro, seguí a Kish al laboratorio de Pai, rezándole a cualquier dios que estuviese escuchando plegarias de chicas adolescentes, que no se agregase un nuevo problema a esta ecuación.

Me pregunté si mi vida podría hacerse más complicada, y luego me arrepentí del pensamiento porque si es que el universo me escuchaba, no quería que lo tomara como un reto.


Capítulo un poco más corto pero espero que les guste. Calculo que me quedan 4 capítulos y un epílogo para terminar, pero este número puede cambiar dependiendo del momento en que me siente a escribir, a veces sale material que no estaba esperando y tengo/quiero meterlo de alguna forma. Espero terminar en lo esperado porque no quiero alargar de más esta historia.

En fin, muchas gracias por leer, y agradezco sus comentarios! Nos vemos en el próximo capítulo!