Capítulo 20
Durante lo que pareció una eternidad, Pai nos dio una larga explicación de cómo lógicamente, lo que sea que estuviese pasando con Kish y conmigo como para desencadenar un intercambio de cuerpos…básicamente no debería estar pasando. Hubo un par de gritos al principio de la conversación, y algunos insultos a su inteligencia, especialmente de mi parte, pero aún así Pai estaba encerrado en la idea de que no era humana o ciniclonamente posible que estuviéramos atravesando esta experiencia.
¿Lo cual era perfecto no?
Exactamente lo que una persona quiere escuchar de su científico/doctor: que nos estábamos inventando o imaginando los síntomas.
Después de un rato de no llegar a ninguna parte con Pai, Kish tomó el mando de la conversación, en algunas ocasiones llegando a gritar incluso más fuerte que yo, y aproveché que nadie me estaba viendo para moverme por el laboratorio en busca de cualquier otra cosa con la que distraerme con tal de evitar entrar en pánico. Si volvía a escuchar una vez más la frase: "no tiene sentido" iba a empezar a tirar tubos de ensayos por los aires, y me daba igual las consecuencias.
El laboratorio era más amplio de lo que me había parecido en un principio, creo que más que nada por el hecho de que en cada una de las ocasiones en las que había sido traída hasta aquí, había estado preocupada por lo que Pai pudiera decirme, y no había estado tratando de alimentar mi sentido de exploración. A pesar de que estaba segura de que solamente él trabajaba allí dentro, parecía que en el laboratorio convivían al menos diez científicos, y todos muy desordenados, debo admitir.
Había alrededor de siete u ocho mesas, todas repletas de papeles o carpetas abiertas, frascos con diferentes líquidos de colores que se movían en remolinos a distintas velocidades, y pantallas de hologramas suspendidas en el aire representando diferentes imágenes fijas o videos sin sonido.
En uno de los hologramas, pude ver un modelo en tercera dimensión de Kish, dando vueltas sobre su eje lentamente con brazos y piernas abiertas, como si estuviera listo para ser examinado. Flechas aparecían cada pocos segundos, señalando distintas partes de su cuerpo y se unían con frases en un idioma que no logré entender, pero que asumía debía dar información personal acerca del funcionamiento de su cuerpo. Otras pantallas mostraban la anatomía de Pai, Tart, e incluso miembros de las Mew, por alguna razón. No estaba segura para que Pai necesitaba esa información de mi equipo, pero sinceramente esperaba que ninguna de ellas se enterara de esta invasión a su privacidad, porque dudaba que fuera a agradarles la idea de ser estudiadas sin su consentimiento.
Caminé un poco más por la habitación, alejándome cada vez más de los gritos a mi espalda, y eventualmente me encontré también a mí misma en uno de los hologramas. Al igual que con los demás, la imagen de mi cuerpo también era un modelo tridimensional que giraba cada pocos segundos sobre su propio eje y me daba una visión 360 de lo mal que me veía utilizando mi uniforme escolar. A pesar de todo el ejercicio que estaba haciendo últimamente, mis muslos estaban comenzando a verse un poco más grandes, mi estomago ya no se veía tan plano como antes, y mi camisa ya estaba empezando a quedarme pequeña. Crecer y pasar la pubertad tenía eso, ¿no?
Afortunadamente ya no me quedaba más de un año de secundaria, y una vez que me graduara podría despedirme de la falda plisada y la camiseta que no abrigaba en invierno, pero que al mismo tiempo era demasiado calurosa para el verano. Ciertamente no extrañaría ninguna de las dos cosas dentro de un año.
Un año… ¿y luego qué? Me pregunté, y a pesar de que realmente no quería desviarme por esa tangente, fue casi imposible no hacerlo.
Nunca le había dado tanto vuelta al hecho de decidir cuál sería mi camino a tomar una vez que me graduara. Temo decir que había asumido que mis decisiones serían bastante obvias, tanto para las personas que me rodeaban como para mí. Aplicaría a la misma universidad que Masaya, ambos entraríamos en una carrera que nos permitiera hacer un trabajo activo para salvar el planeta, nos casaríamos, quizás nos mudaríamos a otro sitio donde hacer un impacto mucho más grande, tendríamos hijos y…seríamos felices. Simple.
El futuro que todo estudiante se imagina con su pareja en algún momento, ¿no es verdad? Bueno, ¿qué pasaba si ese futuro estaba comenzando a romperse en mil pedazos frente a mis ojos? ¿Qué pasaba si no me veía a mi misma haciendo esa carrera altruista con el objetivo de salvar al planeta, o ninguna otra en realidad? ¿Qué camino tomaría si ni siquiera estaba segura de la única constante en mi vida? ¿La única persona que debería generarme seguridad y confianza, pero que sin embargo, y por alguna estúpida razón que no podía comprender…me estaba comenzando a dar dudas? ¿Qué sería de mí si no podía resolver las preguntas que Masaya me estaba haciendo últimamente?
O más bien, una sola pregunta:
¿Qué es lo que quieres, Ichigo?
¿Estaba todo el mundo tan seguro sobre su futuro y era yo la única que estaba dando vueltas con mis decisiones? ¿Era yo la única persona en el universo que aún no sabía lo que quería? No podía evitar pensar que sería tan sencillo simplemente seguir por el camino que ya había decidido, seguir ciegamente a Masaya porque con él era feliz, y a su lado todo parecía estar siempre bien, pero… ¿sería justo para él? ¿Podía continuar con nuestras vidas sin contestar a su pregunta?
¿Qué es lo que quieres, Ichigo?
Sinceramente, ahora mismo quería…salir del cuerpo de Kish de una vez.
Pensar en Masaya y el futuro cuando ni siquiera sabía si podría ir de nuevo al baño sentada me estaba poniendo de los nervios, y me convencí a mí misma de que no podía tomar decisión alguna mientras tenía otros asuntos más importantes cargando sobre mi espalda. Así que guardé en un cajón en mi cabeza todos los pensamientos que no involucraban mi problemática actual, e intenté concentrarme en algo que realmente pudiera ayudarme.
Fue entonces cuando encontré el libro.
El maldito libro viejo, medio arrugado y con paginas a punto de salirse, pero que de alguna forma era una fuente lo suficientemente factible para Pai como para aprender sobre el S´darak. Aparentemente era un libro de cuentos de la cultura de los ciniclones, la versión alienígena de "Las mil y una noches", o algo parecido. Aún me rechinaba la idea de que estuviésemos tomando cuentos infantiles para explicar problemas muy reales, pero se me estaba haciendo cada vez más fácil de aceptar la veracidad del maldito libro ahora que estaba en un cuerpo que no era mío. Y la cercanía que sentía hacia Kish definitivamente tenía un carácter sobrenatural.
Recordé el casi-beso que habíamos tenido en la sala de entrenamiento, y mi cuerpo vibró con un tintineo muy particular. Lo reconocía porque lo había sentido más de una vez hacia Masaya, pero creo que nunca de manera tan fuerte, nunca como si fuera algo instintivo dentro de mí misma. Me pregunté si Kish podía sentir algo parecido cuando pensaba en mí, pero enseguida tiré aquel pensamiento por la ventana porque no era un buen camino para tomar. Era un camino peligroso en realidad.
Volví a mirar el libro, y a pesar de que no comprendía las palabras, los dibujos eran bastante claros, y me cautivaron lo suficiente como para llevarme a sentarme en uno de los bancos altos frente a la mesa. Corrí los papeles, y me dispuse a mirar los dibujos sobre la página abierta.
En la misma podía ver a una pareja trazada en sombras, anónima en su falta de detalle, sin ofrecer casi ninguna pieza de información acerca de si mismos aparte de las características orejas ciniclonas y la anatomía claramente masculina o femenina. Parecían cercanos, en algunas imágenes tomándose de la mano, flotando en una cercanía e intimidad que estaba clarísima, incluso sin verles las sonrisas.
Pasé las páginas, y las imágenes comenzaron a contar una historia frente a mí con el foco en la misma pareja: siempre juntos y felices. Me pregunté si la historia se trataba de algún tema en particular, o si simplemente relataba la felicidad de dos personas que tuvieron la suerte de encontrarse y crear semejante conexión entre sí. ¿Habría sido un accidente para ellos también? ¿Un error sin justificación alguna pero que terminó convirtiéndose en algo positivo para sus vidas? ¿O su cercanía fue buscada y aceptada desde el primer instante? Unas semanas atrás, si alguien me habría contado esta historia, incluso sin palabras, habría creído que no se trataba más que de una metáfora sobre el conocerse lo suficiente con alguien más como para crear una relación de amor y completa confianza. El tipo de unión tan cercana entre dos personas que ya no era tan obvio identificar donde terminaba un alma, y donde comenzaba la otra.
Me avergonzaba un poco pensarlo, pero allí sentada con mis ojos fijos en aquella feliz, hipotética y muy irreal pareja, la historia me resultó estúpidamente romántica. Claro que no estaba viendo los problemas entre ellos dos, los momentos de tristeza, enojo o decepción, yo solamente veía la parte bonita, porque como suelen hacer las viejas historias, el mensaje que encerraba en su final era demasiado objetivo, demasiado perfecto para ser verdad.
En la práctica, el S´darak no era todo color de rosas, especialmente para una "pareja" como Kish y yo, que teníamos otras personas a quienes amábamos en lugar de al otro. El S´darak hacía nuestro día a día incomodo, innecesariamente difícil, y conllevaba demasiados riesgos físicos y emocionales como para al final pudiera garantizar satisfacción, felicidad o éxito. Incluso en el hipotético caso de que la pareja en cuestión estuviera efectivamente enamorada, aún así podía encontrar más contras que pros a la experiencia.
La idea era impráctica y tonta…pero aún así mi corazón era lo suficientemente estúpido como para tirar la lógica por la ventana y considerar el escenario como uno romántico, al menos desde un punto de vista teórico. Vivir este tipo de experiencia con la persona indicada, como la pareja en el libro, imaginaba que debía ser algo exhilarante, mágico incluso, algo especial para compartir con una sola persona en todo el mundo y nadie más.
¿Me sentiría diferente si se tratara de Masaya? Me pregunté. ¿Me sentiría feliz, enamorada y completamente en sintonía?
Antes de todo este lío con el S´darak, jamás habría pensado que se podrían borronear tanto los límites entre dos personas hasta el punto de unir dos almas, o que podría tener una conexión tan incómodamente profunda con alguien más que no se trataba de mi novio. Incluso en mis intentos por resistirme a esta fuerza que me atraía hacia Kish como un imán, aún así algunos de sus pensamientos llegaban a mí como mensajes que solo yo podía recibir, sus sentimientos a veces me alcanzaban como flechas, y había algunas ocasiones en que parecía que solamente él y yo hablábamos el mismo idioma. Por más que intentáramos no sucumbir a lo que nuestros cuerpos nos pedían, la fuerza emocional que el S´darak ejercía sobre los dos era tan o más fuerte que la física.
Era aterrador sentirme tan conectada con alguien más, pero luego de considerarlo por un rato, decidí que con Masaya no habría necesariamente vivido una mejor experiencia. Quizás me habría sentido un poco más cómoda, pero teniendo en cuenta mi amor por él, me habría dejado caer completamente en lo que el S´darak demandaba de mí, y me habría perdido a mí misma en mi otra mitad. Al menos con Kish podía pelear contra la experiencia y recordarme que yo no era la segunda mitad de nadie, yo era una persona completa por mí misma.
Por supuesto, la relación entre Kish y yo no estaba basada en amor, no como la pareja en los dibujos, pero aún así, al S´darak no le importaba eso en lo más mínimo, y estaba ejerciendo la suficiente fuerza como para forzarnos a estar lo más cerca posible uno del otro. Últimamente, casi no sentía diferencias entre Kish y yo, como si a ratos, mis pensamientos o sentimientos fueran suyos y a veces me costaba separar cuales eran originalmente míos. A veces parecía que estábamos muy cerca de convertirnos en una misma persona…
Un pensamiento de repente se coló en mi cabeza, o más bien, un sentimiento sin palabras pero que aún así me resultaba extremadamente familiar. La idea de dos personas convirtiéndose en una sola, borroneando los limites hasta no poder distinguir donde empezaba uno y donde terminaba el otro, me resultaba conocida, como si fuera una película que había visto años atrás pero que había olvidado entre el mar de información en mi cerebro. Bueno, estaba recordando algo ahora, no una imagen clara, no una frase, ni siquiera creo que una idea del todo formada. Simplemente tenía la más extraña sensación de que ya había vivido algo así antes, que muy profundamente dentro de mí, había algo que entendía aquella conexión entre dos almas de una manera real y dolorosa.
Exprimí mi cerebro, cerrando los ojos e intentando buscar una imagen. Una sola era todo lo que necesitaba para disparar el resto de información escondida justo en la superficie de mi mente, pero lo suficientemente oculta como para que no pudiera acceder a ella todavía. Una imagen, un sonido, una frase, algo que me sirviera. ¡Cualquier cosa!
La sensación de un par de brazos alrededor de mí me sorprendió, pero no fue real, solamente un recuerdo tratando de abrirse paso en mi cabeza, y le seguí porque no quería perderle el rastro. Casi enseguida pude sentir más cosas.
Viento en mi pelo.
Una tremenda caída.
Miedo en mi corazón.
Mi cuerpo se sumergió en sensaciones sobre un momento en el tiempo que estaba comenzando a recordar, y cuando la voz de Kish se abrió paso, el recuerdo por fin terminó de formarse y se encastró en mi mente a la perfección, como la pieza de puzle que me faltaba:
No comprendes lo cerca que estuvimos de no volver, Ichigo…nos perdimos en quién sabe dónde y casi no regresamos a ser nosotros mismos…
El pesado libro se me cayó de las manos e hizo un gran estruendo cuando golpeó contra el piso, lo suficientemente fuerte como para hacer callar las voces de Kish y Pai.
- ¿Podrías tener más cuidado, Mew Ichigo? Ese libro es viejo – me recriminó Pai.
Al ver que yo no me movía para levantarlo, Pai suspiró y se teletransportó a mi lado para hacerlo él mismo. Yo apenas me enteré. Mis ojos estaban fijos en Kish, al otro lado del laboratorio, viéndose tan malditamente perturbado como yo. Al parecer no tendría necesidad de explicarle sobre el recuerdo que me había asaltado la memoria, parecía que me había manejado para enviárselo a su cerebro sin ningún tipo de problema.
- ¿Qué sucede? – preguntó Pai, pasando su mirada de Kish a mí - ¿Por qué están tan callados?
Ninguno de los dos respondió a Pai, ni siquiera le miramos o reconocimos su presencia de ninguna manera. Creo que llegué a olvidarme que él estaba ahí. La única persona a la cual le presté atención fue a Kish, y él hizo lo mismo conmigo.
- Nos desintegramos – dije, en voz baja.
Kish no necesitaba que yo dijera esa pieza de información, creo que era yo quien necesitaba decirla en voz alta, decírmelo a mí misma quizás.
Le vi asentir con la cabeza distraídamente, antes de decir:
- Y volvimos.
- Volvimos – accedí – pero creo que no del todo.
Él asintió otra vez, tomando mi comentario como la verdad que habíamos estado buscando todo este tiempo, pero sin habernos dado cuenta de ello. ¿Cómo podíamos haber olvidado aquel día? El día que desaparecimos, que dejamos de ser dos personas de carne y hueso y nos convertimos en…moléculas dispersas en el aire, sin pensamientos, sin sentimientos, sin nada. ¿Tanto miedo habíamos tenido que habíamos borrado la experiencia completamente de nuestras memorias?
Bueno, nos había alcanzado ahora, lenta y dolorosamente pero nos había alcanzado en un gran chiste cósmico que no me estaba dando ninguna gracia, y ante el otro ambos nos quedamos sin lo que decir. Después de todo, ¿Qué más había para agregar?
Aparentemente bastante, al menos para Pai, quien claramente no estaba del todo convencido de lo que estaba pasando, ¿y cómo culparle luego de nuestras respuestas cripticas? Nos miró de uno al otro, esperando a que alguno de los dos se dignara a hablar, pero Kish y yo teníamos las lenguas cortadas.
- ¿Qué sucede? – preguntó, y cuando de nuevo ninguno de los dos contestó, volvió a preguntar, esta vez un poco más impacientemente – ¿Qué sucede? Uno de los dos me va a decir ahora mismo que sucede.
Respiré hondo y corté el contacto visual con Kish. Solo entonces recordé que estaba conectada a un mundo y otras personas aparte del aliengiena cuyo cuerpo actualmente habitaba, y de repente me sentí muy cansada. Demasiado para hablar. Me dejé caer sobre la silla otra vez, y dejé colgar mi cabeza sobre mis brazos. Quería volver a dormir.
- Hace un mes tuvimos un inconveniente – explicó Kish, su voz…o mi voz, más cerca de mí que antes – creemos que ese puede ser el origen del S´darak.
Sentí una mano trazando círculos reconfortantes en mi espalda, y no tuve que mirar para estar segura de que se trataba de Kish. Me habría gustado encontrar su masaje relajante, pero la tensión en mi cuerpo era demasiado alta como para permitirme calmarme. Aún así agradecí su intento.
- ¿Qué inconveniente? ¿De qué hablan? – preguntó Pai - ¿Y por qué es la primera vez que escucho de esto?
- Porque lo habíamos olvidado, o por lo menos… no habíamos conectado ambos hechos como parte de un mismo problema – respondió Kish, y en voz un poco más baja agregó – es mi culpa, debí haberlo previsto.
Dejé caer los brazos sobre la mesa con fuerza, causando un sonido fuerte, y ambos me miraron con sorpresa. Miré a Kish sin poder creer lo que escuchaba, y él tomó mi repentino enojo como si se lo mereciera, como si yo acabara de gritarle. Evadió su mirada de la mía con vergüenza, quizás temeroso de que fuera a atacarle. ¿Me conocía tan poco o yo había sido lo bastante desconsiderada últimamente como para causar aquella reacción casi instintiva en él? La segunda opción me parecía más viable.
Sabía lo que Kish estaba haciendo, estaba dando vuelta la situación para convertir todo este escenario en su culpa, otra vez. Desde su vuelta a la Tierra todo lo que había hecho era culparse a sí mismo por accidentalmente traer a Saya, por causar una nueva guerra, por volver a mi vida, y por cualquier otra complicación que nos encontráramos por el camino…y yo había necesitado a quien culpar, así que rápidamente había accedido sin ningún tipo de problema. Muchas de esas ocasiones habían sido su completamente su responsabilidad, ambos podíamos admitirlo, pero no absolutamente todas y mucho menos esta. El S´darak al parecer tenía mi nombre por todos lados, ¿y él quería quedarse con la culpa?
En mi mente parecía haber un enjambre de abejas enojadas, dando vueltas y vueltas, y cuando hablé, me sorprendió el tono enojado que podía tomar la voz de mi cuerpo masculino.
- ¿Disculpa? – dije, mirando directamente hacia Kish - ¿tú culpa? ¿es en serio?
- Tú no podrías haber previsto lo que pasaría, Ichigo – me intentó explicar, como si yo fuera demasiado tonta para entender algo tan simple – no eres un ciniclon…
- ¡Claro que lo sabía, tú me lo dijiste! En el momento en que tuve esa información y la ignoré por completo me convertí en la persona responsable.
O irresponsable, en este caso. Tan malditamente irresponsable.
- ¿Intentas decirme que esto es tú culpa? – me cortó él, tan furioso como yo por alguna razón – fui yo el que nos sacó de allí, ¿recuerdas? Yo nos teletransporté fuera de la isla...
- Pero tú no querías hacerlo, fui yo la que te obligué…
- Tú no me obligaste a teletransportarme para ti. Llegué a la misma decisión que tú en el momento porque nuestras vidas estaban en peligro.
- Si, luego de que te presioné.
- Creo que deberíamos… - intentó decir Pai, pero ninguno de los dos le escuchó.
- ¡Diablos, Ichigo! Ya para…
- ¡No, no voy a parar! ¿No lo entiendes? Todo este tiempo te he estado culpando a ti por volver a la tierra, por traer a Saya, por iniciar otra guerra, pero este maldito problema – dije señalando hacia nuestros cuerpos de manera casi violenta – es mío, porque yo no fui capaz de apartar mi miedo el tiempo suficiente como para pensar en una verdadera solución al peligro que teníamos frente a nosotros. No pensé como una líder, no analicé la situación con cuidado, no sopesé los pros y contras, simplemente te rogué que tomaras el camino fácil porque es lo que me he acostumbrado a hacer estos últimos dos años que no fui Mew…bueno, ¡mira que malditamente fácil nos resultó al final!
Me sentía encendida, como si hubiera sido electrocutada y ahora mi cuerpo no podía volver a la normalidad. Mis dedos picaban con la necesidad de empezar a arrojar tubos de ensayo por el aire, y mis pies se desprendieron del suelo por cuenta propia, queriendo sacar mi cuerpo disparado de allí, aunque, ¿Quién sabe adónde iría? Tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para volver al suelo.
Costaba creerlo, pero parecía que todo al final se reducía a mi inhabilidad para liderar. Los dos años que habían transcurrido entre la última vez que utilicé mi pendiente, y el retorno de los alienígenas hacía un mes, habían creado más inseguridad en mí que cualquier comentario que Mint pudiera arrojar en mi dirección. Sabía que estaba oxidada, pero el peso de mi propia negligencia era ahora como una piedra en mi estomago, lo suficientemente pesada como para no poder levantarla por mi misma y quitarla del camino. Yo había causado esto, yo me había dejado vencer a mí misma y condenado a los dos por quien sabía cuánto tiempo, yo era la responsable por este último confuso mes. Él no se merecía cargar con la culpa.
Mis ojos picaban como si quisieran derramar lágrimas, pero afortunadamente el cuerpo de Kish no lloraba con tanta facilidad como el mío, y ninguna se escapó por mis mejillas. Aún así a Kish no se le pasó desapercibida mi desesperada reacción, y su mirada se suavizó.
- ¡Ichigo, esto no es…! – empezó a decir, con su brazo estirado hacia adelante como si fuera a tocarme, y yo iba a permitírselo porque necesitaba ese contacto.
De repente, otro sonido fuerte sonó en la habitación, esta vez de parte de Pai, quien intentó golpear con su mano abierta sobre una mesa, pero le erró en la cantidad de fuerza necesaria y terminó tirando un tubo de ensayo por el aire. Este se rompió en el suelo, y los tres nos quedamos mirando las piezas de vidrio, junto con el líquido azulado esparciéndose en el suelo plateado.
- ¡Ya basta, los dos! – anunció Pai, antes de que Kish y yo nos pudiéramos poner a pelear otra vez – Kish, ve a buscar algo con que limpiar este desastre.
Creo que en un día normal, Kish habría protestado porque alguien le estuviera dando órdenes, especialmente porque no era su desastre el que terminaría limpiando. Pero aquel no era un día normal, y creo que apreció la excusa para salir del laboratorio, porque se dio vuelta sin decir nada y se llevó mi cuerpo a quien sabe dónde.
En cuanto solo quedamos Pai y yo en el laboratorio, el alienígena se dirigió hacia mí, y se cruzó de brazos. Su mirada lo decía todo: comienza a hablar.
- Nos desintegramos – expliqué de nuevo, esta vez, con un tono de voz tan muerto que debería haberme preocupado, pero tenía demasiadas cosas últimamente que me preocupaban como para sumar una más a la lista.
- Si, escuché eso, ¿pero qué significa exactamente?
Respiré hondo, volviéndome a sentar en la silla, y Pai hizo lo mismo con otra frente a mí. Se sentía bien poder hablar de esto sin que Kish me interrumpiera.
- Hace un mes, cuando todavía estábamos en la isla, fuimos atacados por unos nativos. Ambos estábamos agotados, heridos y francamente creo que la falta de sueño nos afectó un poco el cerebro, porque ambos sabíamos que la habilidad de teletransportación de Kish se encontraba dañada, y aún así le forcé a sacarnos fuera de allí, porque creí que no había ninguna otra opción.
Me sumergí en los recuerdos, rememorando la herida en mi hombro, cuan tirante se sentía sobre mi piel, el cansancio que parecía que no se iría nunca, la suciedad sobre mi cuerpo, y el miedo en mi garganta. Habíamos estado sobre la cima de un acantilado, teniendo que decidir en tan solo un par de segundos si arriesgábamos una caída, una pelea o un viaje que podría o no destruirnos. Sinceramente había creído que mi decisión había sido la correcta en ese instante, pero ahora viendo las consecuencias, no podía evitar preguntarme si alguna de las otras opciones nos habría resultado mejor a la larga.
- Kish me había avisado que existía la posibilidad de que nuestros cuerpos fueran dañados durante la teletransportación, y eso fue exactamente lo que pasó. Salimos con éxito de la isla, pero no llegamos a ningún sitio en particular, al menos, no se sentía como si estuviésemos del todo…vivos.
- ¿Quieres decir que su teletransportación falló? – preguntó Pai, su voz dándome a entender que no me creía del todo – eso no es algo que suela suceder con ciniclones, ni siquiera con niños empezando a aprender la habilidad.
- Pero Kish estaba herido – le recordé – él sabía que algo podía salir mal, y aún así le obligué a hacerlo. Casi nos mato a los dos.
- Pero aún así…no tiene sentido.
Suspiré. Explicarme se estaba volviendo más difícil de lo que esperaba.
- Créeme que para mí tiene menos sentido, yo ni siquiera entiendo bien como funciona una teletransportación.
- Es una habilidad natural para nosotros, casi como respirar – me explicó Pai y luego se puso pensativo – pero supongo que si el cuerpo de un ciniclón presenta alguna especie de falla podría terminar en un resultado un tanto caótico…aunque no puedo decir que se conozcan las consecuencias.
- ¿Nadie más falló nunca en una teletransportación?
- Sí, claro, pero los casos son raros, y los pocos que se han logrado estudiar venían atados a un fallo genético, y no al resultado de una herida. Siempre me ha parecido interesante estudiar este hecho…pero lamentablemente nunca se sabe que sucede con los individuos en cuestión, solo sabemos que no vuelven de una teletransportación.
Bueno, yo sí lo sé, pensé, y me habría gustado no entrar en el tema, pero me parecía información que Pai tenía derecho a saber. Como hipnotizada, volví a tomar el libro cuyo título desconocía, mis ojos enseguida volviendo a la pareja enamorada.
- Lo que sucede es que no se llega a ningún sitio – expliqué sin mirar a Pai, mi mirada fija en el libro – no mueres exactamente…simplemente…existes en algún plano que no es el nuestro. Es my extraño, y da miedo. Pierdes la noción de quien eres, y te sientes desprendido de todo, como si estuvieras completamente dividido.
Pai no contestó nada por unos segundos, y arriesgué una mirada en su dirección para encontrarle tecleando algo rápidamente en su computadora. No llegué a ver lo que escribía, pero asumí que estaba tomando nota de mis palabras. Su ceño estaba fruncido y su expresión era de la más extrema concentración.
- Fascinante – comentó, caso sin mirarme – voy a necesitar escuchar más sobre esto, pero antes ¿por qué crees estaría una teletransportación defectuosa atada al S´darak?
- Porque cuando nos desintegramos pudimos volver gracias a que Kish y yo nos ayudamos mutuamente a unir las partes de nosotros mismos, como dos grandes rompecabezas…solo que eran demasiadas piezas, o quizás muy parecidas entre sí – contesté, no del todo segura de estar teniendo sentido, pero no sabía cómo explicarme mejor – no lo sé bien, pero se siente como si hubiéramos hecho algo mal, como si una de sus piezas hubiese quedado atascada de mi lado o viceversa, y ahora estuviéramos…
- Entrelazados.
Asentí.
Más que nunca quise despertar sobre mi cama, y que todo esto fuera un sueño, que todo el último mes resultase no ser más que un maldito mal sueño del cual pudiera reírme por la mañana y dejar atrás un instante después.
Pero es demasiado pedir.
¡Todo esto era tan ridículo! Ni siquiera estaba segura si podía haber algo mínimamente científico detrás del concepto de "almas entrelazadas". ¿Era esto a la que el S´darak se refería en el libro con la cercanía entre dos personas? ¿Las células, o los átomos, o lo que sea de lo que nuestros cuerpos están compuestos podían simplemente perder su camino y encontrarse metidas en el recipiente equivocado? ¿En verdad parte de mí podía estar equivocadamente dando vueltas por…lo que sea que formara a Kish como persona?
Me estaba empezando a doler la cabeza de solo pensarlo, pero al mismo tiempo, sabía que había algo de verdad en mi teoría. Hacía bastante tiempo que no me sentía como una persona individual, o por lo menos, hacía tiempo que mis pensamientos o mis acciones no se sentían completamente mías.
Un tiempo atrás me habría reído tanto de esta situación…pero supongo que si iba a reírme de cosas sobrenaturales que la ciencia no podía explicar, también debería encontrar ridículo el hecho de transformarme en una superheroina con las habilidades de un gato con el simple poder de un pendiente de aspecto barato. De alguna forma mi lado Mew había sido más fácil de aceptar que todo esto.
- Entonces…cuando se desintegraron y volvieron a unirse, parte de ti quedó atascada en Kish, y parte de Kish en ti, ¿es esa tu teoría?
- No lo sé, no soy una científica, y todo esto parece más magia que ciencia – respondí, encogiéndome de hombros.
- La magia por lo general es solamente un hecho científico que aún no se le encontró su explicación – contestó Pai pensativo – bueno, al menos sabemos que el S´darak si viene de una base factible.
No me importaba en absoluto si el S´darak pasaba de ser un cuento de niños a una condición real, o si el caso de Kish y yo se volvería lo suficientemente conocido en su planeta como para darle a Pai la versión alienígena del premio nobel o algo por el estilo. Yo solamente quería eliminar nuestra conexión de una vez por todas, y que cada uno pudiera volver a ocuparse de su propia vida.
- ¿Crees que puedas encontrar la forma de revertirlo? – pregunté, intentando no sonar esperanzada – ahora que sabes de donde viene…
- Puedo seguir intentando buscar una solución…pero siendo sincero, Mew Ichigo, creo que si el problema comenzó con una teletransportación fallida, quizás la clave está en recrear la situación de alguna manera.
- ¿De qué hablas?
- Bueno, quizás…volver a desintegrarse – probó él, aún sin mirarme, aún escribiendo información en su maldita computadora.
Apoyé una de mis manos sobre la suya, y él me miró como si fuera a protestar, pero algo en mis ojos debió darle a entender que era mejor no discutirme. Me sentía pendiendo de un hilo, y parte de mi desesperación debía estar visible en mi cara.
- No puedo pasar por eso otra vez – le dije – no puedo hacerle a Kish pasar por eso otra vez. ¿O acaso no me escuchaste? ¡Casi nos mato a los dos!
- Sí, pero quizás anteriormente no estaban preparados para lo que sucedería, quizás ahora lo están y puedan controlar mejor la situación.
- Son demasiados quizás.
- Bueno, siempre pueden esperar. Según las historias, el S´darak se desvanecerá por si solo con el tiempo.
Pai debió tomar mi silencio como la prueba de que la conversación se había terminado, porque volvió a sumergirse en su investigación, efectivamente ignorándome como si yo no estuviera todavía allí, todavía pensando en sus palabras.
Sí, siempre podíamos esperar…pero ¿Por cuánto tiempo? Si un mes era suficiente para volverme loca de esta manera, para hacerme olvidar aunque fuera por unos instantes que Kish no era la persona con la que quería compartir el resto de mi vida, ¿Cuánto daño podía hacernos dos meses con el S´darak activo y progresivamente haciéndose más fuerte? ¿O un año? ¿O diez años? ¿Había algún límite? ¿Me olvidaría en algún momento que yo era una persona con mentalidad propia? ¿Seguiría aumentando esta cercanía hacia Kish hasta el punto de no ver un problema en atravesar la línea que nos separaba de potenciales amigos a…algo más?
No había solución a esto, no una satisfactoria al menos. Por como lo veía, podía arriesgarme a realizar otra teletransportación defectuosa (luego de averiguar cómo se lograba eso), o podía sentarme a esperar y simplemente rogar ser lo suficientemente fuerte como para no dejarme caer más profundamente en las garras del S´darak. Había una tercera opción secreta en la que podía intentar acercarme más a Kish para acelerar el proceso, pero ya lo habíamos intentado y los resultados no habían sido los que esperábamos, todo lo contrario en realidad.
Ninguna opción me gustaba, pero desafortunadamente, parecía ser las únicas que tenía.
Escuché un sonido a mi espalda, y cuando me di vuelta vi a Kish entrar nuevamente en el laboratorio, su mirada tan distraída como debía estar la mía. En el momento en que me miró, disparé de la silla. No podía lidiar con esto ahora.
- Con permiso – dije a ambos alienígenas, y me dirigí al sector de la pared que aún no había terminado de deslizarse hacia el suelo.
- Ichigo – me llamó Kish, pero afortunadamente para mí, no escuché lo que me dijo, porque la pared terminó de cerrarse a mi espalda, y quedé del otro lado del laboratorio.
Respiré hondo, sin realmente sentir que llenar mis pulmones de oxigeno hacía algo para hacerme sentir mejor, y comencé a caminar rápidamente, no sabiendo bien hacia adonde me dirigía pero sin que me importase demasiado. No quería estar cerca de Kish ahora mismo, no cuando mi propia culpa me estaba generando un nudo en mi garganta.
De repente golpeé contra otro cuerpo, uno más pequeño y delgado que el mío, y este se quejó de forma muy vocal cuando por mí distracción cayó al suelo.
- ¡Ouch, más cuidado! – me dijo Tart, aún desde el suelo, frotándose la parte baja de su espalda – mira por dónde vas.
- Lo siento – murmuré, estirando la mano para ayudarle a levantarle.
Tart la tomó y por fortuna se levantó de un energético salto, lo que me dio a entender que no estaba herido. Lo único que me faltaba era lastimar a alguien más con mis descuidos.
- ¿Y a ti que te pasa? – me preguntó, flotando en el aire muy cerca de mi cara – parece que hubieras visto un fantasma.
- Creo que hubiera preferido eso.
Un poco rudamente de mi parte me alejé de allí, sin ofrecer ningún tipo de saludo a Tart antes de comenzar a caminar nuevamente. En verdad no estaba de ánimo para charlar, prefería estar sola por un rato. O todo lo sola que pudiera estar con alguien más consciente de mi estado físico y emocional al menos.
- ¿Problemas en el paraíso? – preguntó Tart, flotando hacia mí.
Le dediqué una mirada no muy amigable ante su tonta pregunta, pero él no pareció molestarle en absoluto mi mal humor, simplemente me miró con esos ojos inocentes de niño. Suspiré.
- Difícilmente esto podría considerarse el paraíso, Tart – dije, pausando frente a una pared y elevando mi mano para pulsar el código necesario para salir de allí.
Sabía que podía teletransportarme directamente hasta mi cuarto, pero luego de lo que había escuchado en el laboratorio, me encontré un poco resistente a hacerlo, especialmente cuando tenía dos piernas en perfecto estado capaces de caminar, o en general un cuerpo que podía ir levitando por allí. Había visto a Kish utilizar el mismo código para trasladarse de una habitación a otra más de una vez desde mi llegada, y al parecer el mismo se repetía para cada uno los paneles de control. Afortunadamente había logrado aprendérmelo de memoria.
La pared se retrajo y caminé a través del espacio abierto. Tart me seguía detrás como una sombra molesta. Una que claramente estaba aburrida y quería compañía.
- Pff, ¿aún sigues diciendo eso? ¿Cómo no te está encantando esta situación?
- No estoy para bromas, Tart.
- ¡No estoy bromeando! Enserio creo que te ha tocado el escenario perfecto y no lo estas aprovechando.
- ¿Escenario perfecto? – pregunté, frenando en seco y dándome vuelta para mirarle, más enojada de lo que había estado nunca con él – ¡¿Pero de qué diablos hablas?!
Él frenó rápidamente antes de chocarse contra mí, y pareció genuinamente sorprendido con mi exabrupto, como si se hubiera esperado una reacción completamente diferente de mi parte. Se recuperó enseguida, sin embargo, y su rostro cobró una expresión un tanto condescendiente.
Resopló y movió su mano hacia mí en un gesto sin importancia.
- Eres un testarudo – declaró – Ichigo es igual, de verdad son el uno para el otro.
Pestañeé, muda por la confusión.
Resentía la indirecta de que Kish y yo podríamos ser una buena pareja solo por el hecho de que estábamos entrelazados por un error cósmico (o que ambos aparentemente éramos testarudos), pero ese era otro tema. Ahora mismo quería enfocarme en por qué Tart estaba hablando sobre mí como si yo fuera otra persona. Más específicamente, como si yo fuera Kish.
Quizás no lo sabe, pensé, tan solo llevaba un par de días metida en el cuerpo de un chico, y en todo ese tiempo había estado lo suficientemente ocupada o efectivamente muerta para el mundo en una cama como para haber hablado con Tart sobre esto, pero había asumido que sus camaradas le habían informado acerca del nuevo acontecimiento. Parecía que no era el caso, sin embargo.
- Tart, yo no… - intenté explicarle que no era Kish con quien estaba hablando, pero o no me escuchó, o tenía todavía mucho que decir.
- Entiendo que no sean las mejores circunstancias para ella – me interrumpió él – debe ser bastante molesto verse metida en una nueva guerra intergaláctica…pero tienes que admitir que nunca has estado en mejores términos con Ichigo.
- Somos amigos – respondí, confundida preguntándome que camino estaba tomando esta conversación – y Tart…
- Sí, claro, los amigos siempre mantienen amores no correspondidos con otros amigos durante años y cancelan compromisos por ellos.
Mi cerebro hizo un freno violento entonces, todo pensamiento desintegrándose, y cualquier respuesta que le podría haber dado a Tart, murió en mi boca. Parte de mí, una muy, muy pequeña parte, sabía que estaba invadiendo la privacidad de Kish al fallar en explicarle a Tart que estaba hablando conmigo, y no con su compañero, pero esa parte de mí se encontraba muy, muy lejos y no hacía el suficiente ruido como para que le prestara la debida atención. Imposible hacerlo cuando me acababan de tirar una bomba de información.
Amor.
¿Tart acababa de decir lo que creía? Casi no quería saberlo, pero al mismo tiempo…no podía no preguntar.
- ¿Ah sí? – pregunté, voz un tanto temblorosa, mis manos también lo estaban, y las escondí a mi espalda para que no las viera.
- Pff, eres demasiado obvio – aseguró Tart, llevando ambos brazos a su espalda y mirándome con burla – te iluminas como una maldita luz cuando la ves, y nadie pronuncia tanto el nombre de otra persona si no la tienen en la cabeza todo el tiempo. Quizás has madurado, pero sigues siendo el mismo tonto enamorado de siempre.
Tart siguió hablando por un rato, muy seguramente burlándose de Kish de una manera u otra, pero yo dejé de escuchar. En mis oídos había un zumbido, y en mi cabeza ya no me encontraba en el presente. Hice un rápido rastreo mental de todo lo que Kish me había dicho, o como había actuado hacía mí en el último mes. Analicé sus palabras, decodifiqué sus expresiones, diseccioné cada uno de los momentos que pasamos juntos. Momentos que no me habían dado a entender en absoluto que su compromiso con Saya podría haber estado roto desde un principio, o que sus sentimientos por mí jamás se habían retirado del todo. Revisé cada uno de esos momentos agridulces, y me pregunté si Kish en verdad era un buen actor, o si yo no había querido ver la verdad.
No soy el que era antes, la voz de Kish resonó en mi cabeza, tan clara que casi podía escucharla nuevamente en mis oídos, no te perseguiré ni exigiré nada.
Abrí la boca para gritarle a Tart que estaba equivocado sobre su compañero, que Kish ya no me veía de esa manera, que me había demostrado como su visión hacia mí había cambiado con los años de ausencia y ya no necesitaba ni quería hacerme suya. Yo había basado nuestra alianza en la promesa de que él ya no me buscaría ni presionaría para que correspondiera sus sentimientos, en que jamás demandaría de mí el amor que yo no le podría o querría dar. Había confiado en su palabra y bajado mi guardia todo por esa bendita promesa, ¿y ahora resultaba que no era cierta?
Pero él no me ha hecho nada, me recordé, sea lo que sea que sienta, no ha actuado al respecto.
En todo el tiempo que habíamos estado juntos en la isla Kish no se me había insinuado ni tocado indebidamente (sin contar el beso que yo había correspondido en una nube de fiebre), y desde nuestro escape de la isla, su actitud hacia mí no había cambiado en lo más mínimo. Aún era un bromista y seductor por naturaleza, pero había aprendido como serlo sin pasarse de la raya hasta volverse irrespetuoso o directamente perturbador.
Lo cual me llevaba a pensar dos cosas: o Tart estaba consciente de que estaba hablando conmigo y estaba gastándome una broma de mal gusto, o sus palabras eran reales y Kish efectivamente aún sentía algo por mí, pero lo había estado sufriendo en silencio. ¿Cuál de las dos era real?
- ¡Ya sé, ya sé! – continuó hablando Tart, sacándome de mis pensamientos, y trayéndome de vuelta al presente – no es como si fueras a hacérselo saber, porque ella está con el estúpido humano ese, ya me lo dejaste claro. Tú sigue negándolo tranquilamente e inventando mentiras sobre tu "prometida".
- ¿Saya? – pregunté, a pesar de la pregunta obvia, necesitaba saberlo. Necesitaba saber que no me estaba confundiendo sobre todo esto.
- ¿Tienes alguna otra prometida falsa de la que no tengo idea? Honestamente me alegro que hayas roto ese compromiso, la chica está loca.
No respondí.
¿Qué podría haber dicho de todas formas? ¿Qué estaba de acuerdo? ¿Qué estaba aliviada de que Kish no estuviera comprometido con una persona horrible capaz de hacer tanto daño? ¿Debería agradecer a Tart por darme la suficiente información como para dejarme en vela toda la noche? No había lo que decir, o por lo menos, ciertamente no encontré las palabras.
Tart pareció darse cuenta que yo no me encontraba del todo bien, o quizás se cansó de bromear con alguien que no le estaba respondiendo nada satisfactorio, porque suspiró y me miró con confusión.
- Estas actuando un poco raro, quizás debas dormir o algo así – me dijo, levitando lejos de mí, y sobre su hombro agregó – voy a buscar a Pai, te veré después.
Yo asentí, a pesar de que Tart ya no podía verme, y por lo que pareció un buen rato, no me moví de mi sitio.
