Capítulo 21
A Tart no le llevó demasiado tiempo darse cuenta de su monumental error.
Una mera hora más tarde, mientras estaba tirada en la cama mirando el techo y sin realmente pensar en nada, el pequeño alienígena se apareció dentro de mi dormitorio sin previo aviso. En un día normal me habría enojado por su falta de modales, pero este no era un día normal. Diablos, no era tampoco ni una semana, ni un mes normales.
- Tengo que hablar contigo – anunció el alienígena, flotando en el aire frente a mi cama con aspecto visiblemente nervioso.
Hice el enorme esfuerzo de girar la cabeza en su dirección, pero más allá de eso no contesté absolutamente nada ni me moví de mi sitio. Estaba demasiado cansada como para realizar cualquier movimiento, como si toda mi energía se hubiese evaporado por completo luego de aquella reveladora conversación.
Te iluminas como una maldita luz cuando la ves, me había dicho Tart erróneamente pensando que estaba hablando con Kish. Sus palabras no solamente fueron una sorpresa, sino una manera de romper completamente el balance que Kish y yo habíamos construido este mes, y creo que mi mente aún no estaba lista para reaccionar a este cambio todavía.
- ¿Me escuchaste? Tengo que hablar contigo ahora mismo – volvió a repetir Tart – ¡Es urgente!
- Si, te escuche – contesté con un suspiro - soy toda oídos.
- ¿Puedes al menos sentarte?
Me encogí de hombros, de la manera en que uno puede encogerse de hombros mientras esta recostado.
- ¿Para qué? Aquí estoy cómoda – señalé.
Tart levitó hasta posicionarse en el espacio en el aire frente a mí y así poder mirarme a la cara. Su rostro aún demasiado joven me miró atentamente, como si estuviera buscando algo entre las líneas de mi rostro. O más bien, del rostro de su compañero. Fuera lo que fuera que hubiese estado buscando, claramente no lo encontró, porque frunció el ceño y cruzó ambos brazos sobre su pecho.
- No puedes hacer esto.
- ¿Hacer qué? – pregunté.
- Tener un colapso emocional – respondió él – no tenemos tiempo para esto, y Kish sospecharía que algo anda mal.
- ¿Y que si sospecha? Con el S´darak activo difícilmente puedo ocultarle mucha información.
La conexión entre Kish y yo era por lo general bastante errática y aún no comprendíamos del todo bien la mejor manera de utilizarla. Más que nada era una caja de sorpresas, en algunos momentos abriéndose para mostrar algo útil en su interior que nos ayudara en una pelea, y en otras ocasiones desencadenaba una serie de eventos que nos arruinaba el día a los dos. Ya me había sucedido de accidentalmente enviar sentimientos vagos o pensamientos completos hacia Kish en un medio de comunicación que solamente funcionaba para nosotros dos, pero como no había logrado determinar cuándo ocurría esto o como, nunca podía estar segura de la cantidad de información que había logrado compartir con Kish hasta el momento en que hablara con él.
De haber podido cortar nuestro medio de comunicación mental, lo habría hecho sin duda alguna porque era demasiado invasivo para mi gusto, pero desafortunadamente para Tart, para mí, y posiblemente para Kish también, no sabía como hacer eso. Ahora mismo, las posibilidades de que Kish hubiese participado como oyente en la conversación entre Tart y yo eran altas, y se lo hice saber a Tart.
El rostro del pequeño alienígena palideció incluso más de lo normal para su especie, y pareció realmente asustado por un instante, lo bastante como para hacerme sentir mal por no aclararle que había estado hablando conmigo en vez de con Kish una mera hora atrás.
- Lo siento, Tart – le dije, sentándome sobre la cama.
Mi disculpa pareció despertarlo de alguna especie de trance, porque sus ojos perdieron el matiz asustado, y cuando me miró fue con frustración.
- ¡No me importan tus disculpas! – anunció – Tú solo tienes que prometerme que no dirás nada, Kish no puede enterarse de que te hable de…de…
- ¿De que me mintió todo este tiempo sobre sus sentimientos por mí, y no está verdaderamente comprometido con Saya?
- ¡Diablos, Kish va a matarme!
Tart se catapultó sobre mi cama, con la cabeza enterrada en el edredón blanco inmaculado, y no dijo nada por un rato. Consideré volver a mi interesante actividad de apagar el cerebro y mirar el techo por una hora más, pero algo en la imagen destruida del alienígena me detuvo, y me encontré a mí misma buscando algo amable que decir para reconfortarle.
- Si te hace sentir mejor, no pensaba confrontarle – dije.
Por unos segundos, Tart no contestó, y cuando estaba por rendirme a mantener viva esta conversación, le vi levantar la cabeza y mirarme con un rayito de esperanza en sus expresivos ojos.
- ¿Por qué? – preguntó con sospecha – pensaba que estarías marchando a romperle la cara en este momento.
- Sinceramente, lo consideré…pero me di cuenta que no me interesa mantener esa conversación con él bajo ninguna circunstancia – contesté, imaginándome por un instante lo que podríamos llegar a decirnos – solo lograría humillarlo, herirle en cuanto le rechace y ponernos a ambos en una situación innecesariamente incomoda. Mientras él no me confiese nada, cosa que a estas alturas dudo que haga, podemos evitar tocar ese tema por completo.
- No, él no va a confesar nada ni espera que tú le correspondas tampoco – me comentó Tart – te tiene en demasiada estima como para añadirte un nuevo problema a tu mesa.
Me quedaba la duda si aquella era la razón principal por la cual él no había dicho nada antes. Sabía que Kish quería ayudarme a pelear contra Saya, y si yo estaba consciente de sus sentimientos por mí, no habría formado ninguna alianza con él por miedo a ser el foco de su atención. La creación de su vinculo con Saya había sido con el objetivo de poner una barrera entre los dos, podía ver eso ahora, y sinceramente, tenía sentido. En ningún momento me había parecido que ambos habían actuado ni remotamente como una pareja normal actuaría.
Sin embargo, luego de un mes de permitir al S´darak crear sentimientos intensos entre los dos que nos hacían confundirnos tan completamente la cabeza, aún así él no había dicho nada sobre lo que sentía por mí, o sobre su inexistente compromiso. ¿No tenía idea como salir de la mentira que había creado? ¿O estaba totalmente consciente de que yo jamás podría corresponderle y prefería no sentir nuevamente otro rechazo?
Por esas razones, si Kish había recibido la misma información que yo durante mi conversación con Tart, dudaba que fuera a confrontarme. ¿De qué le serviría? Ahora mismo podía pretender que no tenía idea de mi nuevo conocimiento, podía jugársela de tonto y volver a su planeta aún guardándose el secreto (sin importar lo que yo supiera). Hacérmelo saber solo lograría que no pudiéramos evitar el elefante rosa en la habitación, y ninguno de los estaba preparado para reconocer su existencia o lidiar con ella todavía. Puede que nunca estuviésemos listos.
- Entiendo que es una invasión a su privacidad que ahora mismo yo sepa lo que sé, pero no puedo cambiar eso – dije a Tart – lo que sí puedo hacer es nunca hablar al respecto, y conociéndole, él hará lo mismo. Cuando todo esto termine cada uno se irá por su lado y este tema quedará en el olvido.
Creí que Tart suspiraría y por fin relajaría la expresión preocupada en su rostro, después de todo, se había aparecido en mi dormitorio sin tocar la puerta o anunciarse con el firme objetivo de mantener mi boca cerrada para que Kish no se enojara con él, pero contrario a la reacción que me estaba esperando, Tart simplemente pareció aún más preocupado, y puede que un poco dolido.
Abrió la boca para decir algo y volvió a cerrarla enseguida. Luego procedió a morderse el labio como si se estuviera guardando algún comentario, cosa que para el chismoso alienígena era toda una sorpresa.
- ¿No es eso lo que querías? – pregunté confundida – ¿salvarte el culo?
- Si, si lo es.
¿Y por qué pareces tan desconforme? Me pregunté, pero no me encontré con la energía suficiente para decir nada al respecto.
Había sido sincera cuando dije que no estaba preparada para tener ese tipo de conversación honesta con Kish. No quería saber si pensaba en mí casi tanto como yo me encontraba pensándolo en él durante el día, no quería saber si me estaba volviendo importante para él, y no quería saber si conocer a la persona en quien me había convertido luego de tres años de ausencia, era para él una decepción o si ahora podía llegar a sentir incluso algo más fuerte hacia mí.
Ninguna de aquellas preguntas podía servirme de absolutamente nada ahora mismo, tan solo podían confundirme, asustarme, y posiblemente querer alejarme de Kish completamente, y no podíamos permitirnos distanciarnos del otro ahora mismo. Lo quisiera o no, aún necesitaba a mi aliado.
Algo en la expresión casi dolida en el rostro de Tart me dio a entender de que él posiblemente poseyera las respuestas a algunas de esas preguntas, o al menos, su percepción de ellas, y por esa razón no pregunté nada. Ahora mismo no podía lidiar con algo más.
- Bien, me alegra ver que nos entendemos – dije, dando por terminada nuestra conversación.
Tart frunció el ceño, pero asintió con la cabeza y se levantó de mi cama. Desapareció de mi habitación sin decir nada, y yo volví a mi posición anterior.
Un instante después, sin embargo, el alienígena hizo una nueva aparición, y con un tono bastante enojado declaró:
- Kish es una buena persona, ¿sabes?
Pestañeé, porque de todas las cosas que me habría esperado escuchar fuera de contexto, aquella frase ciertamente era una sorpresa.
- Si, por supuesto que lo es – respondí confundida – no me queda duda.
A veces me sorprendía cuanto había cambiado mi percepción hacia Kish desde su vuelta. Con cada día que pasaba me encontraba cada vez más lejos de pensar en él como un ser sádico, obsesivo y machista, enfocado totalmente en la idea de robarme como un juguete para ser utilizado como le satisfaciera. Con cada momento vivido juntos, con cada conversación, con cada nueva pieza de información que aprendía sobre él, más me parecía una persona que había sido capaz de transformarse a sí mismo para ser alguien mejor, alguien que valía la pena llamar un amigo. Y el S´darak no tenía nada que ver en esto, de eso estaba segura.
- Bien – sentenció Tart, no del todo convencido, pero debió de darse cuenta que no había más que decir a menos que quisiera quebrar la confianza de Kish aún más, y tan pronto como había aparecido, volvió a desaparecer.
Medio me esperaba que regresara, pero cuando pasaron los minutos y mi cuarto continuó en silencio, suspiré y me recosté sobre mi costado. Me acomodé una manta sobre mi cuerpo demasiado grande para mi gusto e intenté dormir.
Durante las siguientes tres semanas viví una vida que no parecía la mía propia.
Por necesidad, me vi forzada a mudarme permanentemente a la nave espacial, pero no llevé conmigo mi ropa (la cual obviamente no me entraba por el momento) ni ningún otro objeto personal que no fuera absolutamente necesario en mi día a día. Mi rutina se convirtió en una secuencia interminable de entrenamientos con Kish por la mañana, exámenes médicos con Pai al mediodía, reuniones con las Mew por la tarde, y más entrenamiento por la noche. Mi día no tenía tiempo para un hobby, una salida divertida, ni tampoco un descanso más allá de una horas de sueño, lo suficiente como para seguir adelante sin desplomarme de cansancio.
Por razones obvias dejé de ir a la escuela por el momento, ya que difícilmente podía aparecerme en mi nuevo cuerpo sin completamente revelar la existencia de una especie alienígena a un montón de humanos inadvertidos. Kish había sugerido la idea de tomar mi lugar, aunque fuera un par de días para que mi nombre no desapareciera completamente del radar y mi director se preocupara (o pensara que estaba faltando a propósito) pero rechacé su propuesta porque no quería imaginármelo haciéndose pasar por mí durante horas en clase solo para que se aburriera, respondiera estúpidamente alguna pregunta o hiciese algo para enojar a mis profesores. Además, la idea de Kish y Masaya en el mismo edificio no me gustaba para nada.
Masaya era un tema en sí mismo, y uno que me preocupaba casi tanto como el futuro de mi propia vida o la Tierra. No había hablado con él desde nuestra conversación por mensaje de texto tres semanas atrás, y las cosas habían quedado demasiado tensas entre los dos como para no querer intentar repararlas de una vez, pero actualmente no estábamos en el momento indicado para dedicarnos el tiempo necesario para hablar. Simplemente hablar. ¿Por qué se nos había hecho tan difícil eso últimamente?
En varias ocasiones me había encontrado a mí misma encendiendo mi celular mientras estaba en la Tierra durante las reuniones con mi equipo, mi dedo listo en el cuadro de texto junto a su nombre, pero siempre que abría la conversación para enviar un nuevo mensaje (aunque fuera algo tan simple como un "hola") volvía a releer nuestras dolorosas palabras y el corazón se me apretaba dentro de mi pecho hasta que me costaba respirar. Pensar en Masaya, especialmente en la manera que habíamos dejado las cosas entre los dos, me llenaba de terror y ansiedad, hasta tal punto en que prefería no pensar en él en absoluto, y simplemente enfocarme en la amenaza de muerte sobre mi cuello. Por alguna razón, era menos estresante pensar en Saya ganando esta guerra, que en mi novio rompiendo conmigo.
Eso no va a pasar, me había dicho a mí misma una infinidad de veces, hemos pasado por demasiadas cosas juntos como para terminar así. Pero entonces si nuestro futuro estaba tan claro, ¿Por qué necesitaba seguir asegurándome al respecto? Prefería no contestarme a mí misma esa pregunta.
Durante esas tres semanas de puro entrenamiento y estrategia, no pensé casi en Masaya, ni me distraje con la pelea que había tenido con Mint, ni me di tiempo de extrañar a mis padres, o preguntarme sobre la universidad o cualquier plan a futuro. Tanto Kish como yo nos sumergimos en un propósito específico, nos enfocamos completamente en la creación de un plan que nos garantizara una victoria contra Saya, y evitamos absolutamente todo lo demás. Lo barrimos todo bajo una alfombra metafórica, y pretendimos no ver el desastre que tendríamos en nuestras manos cuando esto terminara.
Jamás tocamos el tema de sus sentimientos o los míos, ambos conscientes de que abrir esa caja de pandora solo podría traernos problemas. Creí que me pondría incomoda en su presencia, que le evitaría siempre que pudiera y me terminaría retrayendo sobre mi misma por miedo a incitar en él alguna especie de obsesión por mí, tal y como había sucedido una y otra vez en el pasado. Sin embargo, me sorprendí de darme cuenta que no solamente él había madurado para tratarme con respecto, sino que yo también había madurado lo suficiente como para no asumir lo peor de él, y otorgarle el beneficio de la duda. Mientras los días pasaban y Kish no me trataba diferente a como lo había venido haciendo en el último mes y medio, dejé caer mis barreras y decidí que ambos podíamos jugar el juego de ignorar todo aquello que no estábamos preparados para enfrentar.
No importaba si Kish no había logrado olvidarme incluso después de todos estos años. Su silencio me demostró que no me pondría en la incomoda situación de tener que rechazarle, y ambos nos adaptamos a pretender que sus sentimientos no existían. Incluso en los entrenamientos cuando eramos forzados a mantener un mínimo de contacto físico (y el S´darak se disparaba en respuesta) ambos nos tratamos al otro con profesionalidad y seriedad. No hubo más besos, ni miradas cargadas de intensidad, y a pesar de que Kish durmió cada una de las noches conmigo en mi dormitorio, ninguno de los dos se dignó a hablar de ello en voz alta o a preguntarnos por qué necesitábamos esa cercanía.
No sabría que decir sobre sus razones. Personalmente en mi caso, los sueños sobre Kish se reducían cuando él estaba cerca, y de repente era capaz de dormir un poco más tranquila gracias a ello. Como si el S´darak ofreciera una noche de sueño más completa en recompensa por nuestra proximidad. O quizás había alguna otra razón, ¿Quién podía decirlo?
Durante mis horas en la Tierra pasaba la mayor parte de mi tiempo considerando estrategias con mi equipo, y con los ciniclones como invitados especiales. A Pai le tomó un par de días, pero luego de incesantes intentos de comunicación con el general del ejército de Saya, por fin logró convocar una audiencia con el pretexto de devolver a sus prisioneros a cambio de un duelo entre Saya y "yo". Según lo que había escuchado, los demás no estábamos invitados a participar de ninguna manera en la pelea, pero luego de largas horas de consideración, nuestro lado había decidido aceptar estas condiciones con pinzas. Si Kish necesitaba nuestra ayuda por cualquier motivo, se la ofreceríamos, y al diablo las reglas.
No volveríamos a dejarle a Saya ganar otra batalla, a destruir aún más nuestro hogar o dejarle herirnos a alguna de nosotras o a Kish otra vez. Esta vez estábamos preparados para sorprenderla, para pelear con todo nuestro poder, y para verla largarse de una vez por todas de nuestro planeta, fuera por las buenas o por las malas. Ciniclones y Mews compartíamos la misma visión, y no dejaríamos que nada se interpusiera en nuestro camino de lograr nuestro objetivo común.
Es por eso que luego de tres semanas de entrenamiento, reuniones interminables hasta altas horas de la madrugada y análisis de nuestro plan desde todos los puntos de vista posibles, el gran día por fin llegó, y me encontré extrañamente entumecida al respecto.
Uno habría pensado que luego de tanta preparación, tanto estrés, tanta necesidad de ganar de una vez por todas, me sentiría extasiada porque nuestro plan tenía potencial, pero siendo sincera, me estaba costando sentir algo más allá de ansiedad fría recorriendo mi estomago. Parte de mí quizás todavía no comprendía del todo bien que aquel podía ser el día en que la amenaza sobre mi cabeza llegaría a su fin, o quizás simplemente me había encontrado con tantos obstáculos en mi camino que ni siquiera podía estar confiada de mi propio plan. Quizás muy profundamente parte de mí consideraba que perderíamos, y que Kish y yo jamás nos desharíamos del S´darak, y Masaya se daría cuenta que yo no valía la pena el esfuerzo y terminaría conmigo, y…
Quizás estaba más nerviosa de lo que me había dado cuenta en un principio.
Ciertamente Kish lo notó, porque la noche anterior a la audiencia con Saya, quebró por primera vez el silencio que habíamos prometido mantener mientras le dejaba dormir en mi dormitorio, y en la oscuridad absoluta escuché mi propia voz susurrar:
- No debes preocuparte tanto. Todo saldrá bien.
Me habría gustado decirle que no estaba preocupada en absoluto, que estaba confiada en nuestro plan, en nuestro equipo y en él, y que no necesitaba que me aseguraran sobre el futuro…pero ambos sabríamos que yo estaría mintiendo. Mi silencio, y la manera en que había estado altamente distraída durante todo el día eran señales bastante claras de mi nerviosismo. Y en el caso de que fuera la mejor actriz del mundo como para ocultar mis sentimientos, siempre podía contar con el S´darak para que Kish supiera vagamente como me encontraba emocionalmente.
Lastima que nuestra conexión no siempre resultase del todo recíproca. Un par de veces había sido capaz de recibir flashes de sentimientos de su parte, pero por lo general me encontraba bastante en la oscuridad con respecto a Kish.
A menos que Tart accidentalmente hable de más, me dije, pero tenía demasiado en que pensar esta noche como para acordarme de la información que había ganado en esa conversación específica.
- ¿Eso crees? – pregunté antes de poder detenerme a mí misma – ¿no estas…nervioso, o algo así?
- Nuestro plan es sólido y hemos entrenado como locos, no hay razón para desconfiar de un buen resultado.
No se me pasó por alto el pequeño detalle de que Kish había evitado contestar a mi pregunta, pero no le presioné al respecto. ¿Quién era yo para obligar a alguien a hablar?
- Todo estará bien – repitió Kish, creo que más para sí mismo que para mí – mañana ganaré contra Saya, y luego nos desharemos del S´darak…de alguna manera.
- ¿Cuánto te has vuelto tan optimista?
- Siempre lo fui, ¿o crees que podría haberme pasado un año entero peleando contra ti mientras sentía cosas por ti?
Supe el momento en que Kish se dio cuenta que había hablado de más, pero el tema ya estaba ahí afuera, listo para interponerse entre los dos y complicarnos innecesariamente la existencia. La única pregunta era como reaccionaríamos al respecto. No estaba preparada para reconocer sus sentimientos, o para escucharle hablar sobre mí (a pesar de que tenía todo el derecho a confesarse si realmente lo quería) y menos aún estaba preparada para contestar algo al respecto. Estaba cómoda en mi burbuja y no quería que nadie la pinchase por el momento.
No llegué a saber si Kish pensaba explayarse o tomar el momento para revelar sus sentimientos por mí, sin embargo, porque aproveché la oportunidad para rellenar el silencio y cambiar de tema rápidamente.
- Si, supongo que eso requiere optimismo – me apuré a decir – pero aparte de eso necesitaremos energías mañana, así que será mejor que nos vayamos a dormir.
A pesar de que en la oscuridad no podía verle, aún así me di vuelta para darle la espalda sobre el colchón y me acomodé la manta un poco mejor sobre mí.
Creí que él diría algo entonces, que me acusaría de cobarde (y con razón), o que aprovecharía la que muy posiblemente pudiera ser nuestra ultima noche juntos para sincerarse sobre lo que pensaba sobre mí, después de todo, ¿Qué tenía para perder? Pero para mi sorpresa, Kish no dijo nada. Al menos, nada de gran importancia.
- Buenas noches – declaró con suavidad, y le escuché girar sobre el colchón lejos de mí.
Me lo podía imaginar imitando mi posición, dándome la espalda porque era demasiado confuso, demasiado doloroso verme a la cara. Compartía el sentimiento, y a pesar de la sensación de tranquilidad que me daba escuchar su respiración, sentir el latido de su corazón a través de la cama, o simplemente saber que él estaba cerca…la inquietud aún así pesaba demasiado en mí como para poder dormir del todo cómoda.
Inquietud porque no sabía que pasaría por la mañana. ¿Comenzaría mi vida a volver lentamente a la normalidad, o tendría que buscar en mí la energía suficiente para seguir peleando de alguna manera? ¿Seguiría Kish pretendiendo su falso compromiso a pesar de que yo sabía la verdad? ¿Tenía el corazón para dejarle continuar por ese camino que solamente podía ser doloroso para él? ¿Qué sería de nosotros en cuanto pudiera tachar uno de mis problemas en mi gran lista?
En este ultimo mes y medio me había llegado a acostumbrar a nuestros entrenamientos, a nuestras charlas, a nuestras compañías nocturnas sin decirnos nada, y era toda una sorpresa venirme a dar cuenta que lo echaría de menos en cuanto todo llegara a su fin. La relación amistosa que habíamos logrado crear a pesar de las circunstancias de repente tenía una fecha de vencimiento.
No de repente, me recordé.
Técnicamente lo había sabido durante todo el tiempo, pero solamente ahora, cuando estábamos a punto de perderlo todo parecía más real. Si Saya ganaba, ya no importarían problemas tan triviales como los sentimientos de Kish por mí, o si Masaya estaba decepcionado de mí, o si Mint en algún momento dejaría a un lado nuestra estúpida pelea. Si dejaba que Saya se saliera con la suya, no tendría oportunidad alguna de estresarme, ponerme nerviosa o sobreanalizar situaciones como lo venía haciendo durante el ultimo mes y medio. Si Saya ganaba, no habría una Ichigo a la que proteger.
Me habría gustado no dejar que alguien más me protegiera, pero para bien o para mal, no era yo quien estaba destinada a pelear a la mañana siguiente. Una vez más, ese honor era de Kish por el simple hecho de estar metido en el cuerpo equivocado. Yo tendría mi propio enfrentamiento contra la guardia de Saya posiblemente, pero la gran pelea, la que definiría mi futuro y el de la Tierra, la tendría Kish en mi lugar.
No es justo, pensé, cerrando los ojos con fuerza e imaginándome su rostro, el que últimamente veía con demasiada frecuencia cada vez que me veía en un espejo, él no tendría que pelear por mí.
Y más importante, él no tendría que arriesgar su vida por mí. Más allá de que pudiera admitir que Kish era mejor luchador que yo, y conocía los puntos débiles de Saya más profundamente de lo que yo lo haría nunca, aún así no quería verle pelear.
No quería verle morir.
- Ichigo – Kish me llamó suavemente en la oscuridad – deja de torturarte a ti misma, todo estará bien.
- No puedes prometerme eso – contesté, mis ojos aún cerrados, mi mente fija en su rostro – no puedes prometerme el futuro.
- Claro que puedo, tú solo mírame.
Resoplé, y aunque la ansiedad no desapareció de mi cuerpo, Kish logró hacerme sentir ligeramente menos paranoica. Lo cual es mucho decir con la mañana que se nos vendría encima.
- Gracias – contesté – aunque soy yo la que tendría que asegurarte a ti.
- No necesito que me aseguren…pero adelante si quieres, ¿alguna idea?
¿Cómo hizo Kish para hacer sonar su tono lascivo con mi voz? No tenía idea, pero le arrojé una almohada y le envié a dormir. Si podía hacer chistes al respecto, entonces estaba mejor que yo.
- Buenas noches – sentencié, pero creo que ninguno de los dos llegamos a dormir del todo bien esa noche.
Al dia siguiente me encontré a mí misma a primera hora de la mañana, antes incluso del amanecer, de pie frente a las ruinas de mi café favorito junto a todo mi equipo. Incluidos los ciniclones, y un par de rehenes atados con las muñecas a la espalda. Nadie hablaba, ni siquiera Pudding, quien era la persona usual para levantar el ánimo con bromas o payasadas, pero ahora mismo estábamos demasiado tensos para reír.
Miré el reloj en la muñeca de Lettuce a mi lado. Quedaban alrededor de 5 minutos para que saliera el sol y un integrante de la guardia de Saya apareciese para llevarnos a su nave espacial, el sitio de encuentro que su especie había denominado para esta audiencia, y francamente, no sabía si quería que los minutos corrieran más rápido o más lento. Terminar con este asunto de una vez por todas tenía su lado tentador, pero imaginar el enfrentamiento que tendríamos entre manos creaba en mí el suficiente nerviosismo como para querer que el momento no llegase nunca.
Todo estará bien, repetí como un mantra las palabras de Kish de la noche anterior, dejé que se metieran en mi cabeza, que me aseguraran, que me calmaran y casi lo logré.
Al menos, hasta que la bendita alarma en el reloj de alguien sonó, y como si hubiera sido convocado, el sol comenzó a aparecerse en el cielo. El tiempo se había acabo.
- Bien, es hora – sentenció Shirogane – ¿todos recuerdan el plan?
Un coro de "sí" y "no tienes que preguntarlo de nuevo" respondió a Shirogane, pero ninguno fue demasiado específico con su respuesta. Estábamos bastante seguros de que los rehenes no comprendían nuestro idioma, pero de todos modos no queríamos arriesgarnos a que supieran detalles de nuestro plan antes de ser capaces de llevarlo a cabo.
No es que tuviéramos un plan brillante con un giro inesperado que nos llevaría a la victoria, más que nada habíamos planificado estrategias de combate, considerando las fortalezas y debilidades del enemigo y las nuestras propias para idear quien pelearía contra quien, como y cuando, si se daba el caso. La idea era permitir el duelo entre Kish y Saya, pero si la situación se salía de las manos, si Kish se encontraba con algún problema o eramos forzados a defendernos, no nos sorprenderían sin preparación. Esperaba que no llegáramos a eso, sin embargo. Ya me estaba costando la idea de dejar a Kish pelear por mí, no quería pensar en mi equipo también arriesgando el cuello.
- Ichigo, ¿estas bien? – preguntó Lettuce a mi lado.
Volví al presente y me di cuenta de que todos me miraban, Kish especialmente con una mirada un tanto preocupada. Carraspeé e intenté fingir una sonrisa para Lettuce.
- Si, sí estoy bien – respondí – lista para todo.
- ¿Segura? – susurró ella, para que solo yo escuchara – te ves un poco pálida.
- Esta piel es pálida.
- Sí, pero…
- Estoy bien, Lettuce, solo quiero terminar con esto.
Ella frunció los labios ligeramente, y supe que no me creía del todo, pero no insistió más. Asintió y volvió la vista a Shirogane, pero este no tuvo la oportunidad de continuar hablando. El aire a nuestro alrededor pareció levantarse, y en un movimiento demasiado rápido para poder captarlo, un miembro de la especie de Saya apareció frente a nosotros. Su capa oscura tapaba su rostro, como me había esperado.
Inmediatamente todos nos tensamos, y vi por el rabillo del ojo a algunas de mis compañeras ponerse en posición defensiva, pero Pai se adelantó a la situación antes de que pudiéramos generar una pelea allí mismo. Se acercó a nuestro "invitado" e intercambió un par de palabras rápidamente. Los que no comprendíamos el idioma no teníamos mucha idea de lo que podrían estar discutiendo, pero por la manera en que Pai discutía con un tono ligeramente irritado, supuse que algo no estaba del todo bien. Una alarma sonó en mi cerebro, pero la ignoré.
No pienses cosas malas ahora mismo.
Cuando Pai se dio la vuelta hacia nosotros, había una pequeña esfera transparente con humo violeta circulando lentamente entre sus manos.
- No hay forma de viajar el grupo entero a la nave, no en un solo viaje – explicó Pai, un tanto irritado – tendremos que dividirnos.
- Ese no es el plan – sentenció Shirogane.
- Claro que no lo es, pero no tenemos otra opción para llegar allí arriba.
- ¿No pueden teletransportarnos ustedes mismos? – preguntó Lettuce – llegaríamos más rápido y no dependeríamos de su tecnología.
Pai negó con la cabeza.
- No tenemos idea donde esta localizada su nave, y un error de calculo podría hacernos aterrizar en algún lugar peligroso, especialmente fuera de la atmósfera – explicó Pai – no hay otra opción.
- No me gusta esto – comentó Zakuro.
- A mi tampoco, pero no aceptaran un cambio de lugar, y si queremos llegar allí, esta es la única manera – sentenció Pai, llevando hacia adelante la pequeña esfera – podemos viajar 4 personas, contando a nuestro guía.
Entonces solamente tres.
Diablos, los cambios de planes no eran buenos. Nos forzaban a tener que rechazar su propuesta o arriesgarnos a seguir adelante sin ninguna idea con lo que nos iríamos a enfrentar. Si solamente tres personas podían entrar, entonces la opción obvia eramos la formula de Kish, Pai y yo, por el simple hecho de que Kish era quien debía pelear contra Saya, Pai sería el traductor durante la audiencia para asegurarse de que Saya cumpliera su palabra una vez que el duelo se terminara, y yo…yo no sería del todo útil, en realidad. Diablos, puede que Zakuro fuera más útil que yo si se daba el caso de tener que pelear contra otros como Saya.
Pero incluso mientras pensaba en la posibilidad de quedarme aquí abajo mientras Kish peleaba por mí en quien sabe donde, supe que no podría aceptarlo nunca. Estaba demasiado nerviosa de por sí, y no poder acompañarle, me terminaría por arrojar a mí misma en un estado psicótico, especialmente con el S´darak creando estragos cuando nos separábamos. Yo necesitaba ir en ese viaje.
Los demás me seguirán poco después, intenté asegurarme, pero por supuesto, no podía confiar en el enemigo. Quizás Saya fuera honorable, pero ¿se arriesgaría a enfrentarse a todo mi equipo cuando fácilmente podía dividirnos?
- Bien, vayamos entonces – sorprendí a todos cuando hablé – si no hay otra opción tomaremos esta.
Pai asintió, y sentí la resistencia de mi equipo a mi espalda, incluso sin poder verlos. Creo que la única razón por la que no expresaron su preocupación fue porque como yo, sabían que era Kish quien estaba en verdadero peligro ahora mismo. No era yo la que se estaba arriesgando.
Pai se acercó a Kish y tomó su mano, y procedió a colocarla sobre la esfera. Luego hizo lo mismo conmigo, y el extraño alienígena copió nuestros movimientos. Le escuché murmurar alguna palabra en su idioma, y enseguida tuve una sensación similar a la de teletransportarme, solo que un poco más larga, más violenta, y el estomago llegó incluso a darme vuelta dentro de mí. Sentí que el mundo a mi alrededor giraba como en un juego en un parque, y tras un pestañeo, nos encontramos en un sitio completamente diferente.
La nave espacial de Saya era bastante más aterradora que la de los ciniclones. Los espacios eran mas amplios, los techos mucho más altos, y a diferencia del blanco inmaculado al que me había venido acostumbrando, todo a mi alrededor estaba pintado con una capa de un color oscuro, quizás azul, quizás negro, no estuve segura. Había unas cuantas luces encendidas de maneras estratégicas pero no ayudaban demasiado a la decoración, la cual lejos de ser minimalista como a los ciniclones aparentemente les gustaba, más bien estaba llena de muebles arrojados sin ningún tipo de orden por todas partes. La mayoría eran parte de maquinarias, con cables, tubos y fuentes metálicas de muchos tipos, como partes de juguetes que alguien se había aburrido antes de poder armar correctamente.
Suprimí un escalofrío, no necesariamente de nerviosismo, sino por el frío en la habitación, suficiente para helar mi aliento en el aire.
- Este lugar me pone de los nervios – murmuró Kish a mi lado, en cuanto nuestro guía se alejó lo suficiente como para que podamos hablar sin ser escuchados.
- A mi también – respondí, mirando a mi alrededor en busca de la persona que nos había convocado este día.
La encontré fácilmente. A pesar de que llevaba puesta la misma capa que todos sus guardias, su manera de moverse, de aparecerse frente a nosotros con la elegancia de una reina la delataban. Además, el látigo junto a su cadera no se me pasó desapercibido. Podía recordar las heridas que me había infligido en la última pelea, y mi cuerpo prestado se tensó en respuesta.
Sentí los ojos de Kish sobre mí en un mensaje claro: "no dejes que vea que eres tu allí dentro". No es que fuera algo sencillo de adivinar, pero de todas formas mientras Saya se acercaba a nosotros me relajé lo más que pude, e intenté parecer…Kish, si es que eso tenía sentido.
Saya frenó en cuanto se encontró a un par de pasos de nosotros, y nos observó a los tres sin decir nada. A mi no me dedicó más que una mirada rápida, antes de dirigir la vista hacia Kish, y comenzar a caminar nuevamente, su mano yendo a su látigo.
Pai enseguida se le cruzó de frente y comenzó a hablar rápidamente en su idioma. Intenté comprender por el contexto general de que estaban hablando, pero no recibí ninguna pista. Con dos personas tan acostumbradas a ocultar sus expresiones (una bajo una capucha y otra con sus mismas facciones) no era sencillo adivinar sus palabras o sus intenciones. Solamente me quedaba confiar en Pai en esto.
Eventualmente la conversación terminó y Pai me dirigió una mirada rápida de advertencia antes de darse la vuelta hacia Kish.
- "Ichigo" peleará contra Saya ahora mismo – tradujo Pai para mí, pero sin dejar de mirar a Kish para que Saya no sospechara – las reglas son sencillas: ninguna persona puede interferir, y se continuará el duelo hasta que una de las dos caiga, ¿entendido?
A pesar de que la pregunta era para mí porque Kish había comprendido todo el intercambio antes, aún así él asintió como si la información fuera nueva.
- ¿Que hay sobre el resto? - preguntó Kish - ¿Cuando se nos unirán?
- Un guardia será enviado ahora mismo, no tardarán en ser traídos.
Kish asintió de nuevo, y sin mirarme, procedió a acercarse a Saya con la espalda recta y mi pendiente entre sus dedos. Tuve el repentino reflejo de querer tomarlo de la mano para frenarle, pero me detuve antes de poder hacerlo.
Todo va a estar bien, ¿recuerdas?
Todo tenía que salir bien.
Hola! Sé que tarde mucho en actualizar, me disculpo por la espera, tuve dos semanas sin acceso a una computadora, y el resto del tiempo estuve luchando para terminar este capítulo. Me costó mucho visualizarlo, y más aún en escribirlo. Sinceramente no es de mis favoritos, pero tenía que escribirlo para dar paso a lo que va a pasar después que me emociona bastante más :) Espero que les guste y nos vemos en el próximo!
Muchas gracias por leer!
