Capítulo 22
Mis ojos seguían tan de cerca a Kish, que apenas me di cuenta del momento en que el resto del equipo se nos unió en el punto de encuentro. Sentí una mano sobre mi hombro y di un pequeño salto, por poco llegando a teletransportarme del susto. Cuando miré hacia atrás me reencontré con los ojos verdes de Lettuce, que silenciosamente me decían que calmara, aunque fuera para mantener apariencias.
Claro, como si fuera tan sencillo aparentar tranquilidad mental cuando mi viejo enemigo (ahora nuevo aliado/amigo/quien-sabe-que-diablos) estaba a punto de enfrentarse a su ex (mejor conocida como mi nueva enemiga) para resolver la pequeña disputa de que pasaría con mi vida en la próxima hora. Y todo eso sin ser permitida a participar.
Alejé mis ojos de la mirada demasiado intuitiva de Lettuce y vislumbré al resto de mis amigas, quienes junto con Shirogane, Akasaka, Tart y Pai estaban de pie mirando hacia adelante con aspecto visiblemente nervioso. Al parecer yo no era la única preocupada por Kish y con buena razón. Ninguno de nosotros se había realmente puesto a pensar que pasaría en el caso de que Saya ganara. ¿Se llevaría ella mi cuerpo con Kish metido dentro? ¿Cómo diablos volveríamos a la normalidad entonces?
No pienses en eso…
Giré el cuello hacia mi otro lado y noté unos cuantos guardias de Saya desperdigados cerca de nuestra zona y aunque todos tenían puestas sus capuchas sobre las caras, me dio la impresión de que nos estaban observando. No fuera a hacer que se nos ocurriera meternos en el medio de la pelea.
Mientras Kish gane no llegaremos a eso, me aseguré, y volví mi vista al frente, hacia los dos alienígenas de especies completamente diferentes que estaban a punto de decidir mi destino a la manera medieval.
Bueno, técnicamente uno no debería ser alienígena en absoluto, ya que tendría que ser yo quien estuviese frente a Saya con mi pendiente en mano y dagas escondidas entre mi ropa, pero para bien o para mal era Kish quien ahora mismo se estaba haciendo pasar por mí. Por el momento Saya no conocía esta información, y nadie pensaba dejársela conocer tampoco. Por una vez, nosotros teníamos la ventaja y pensábamos aprovecharla.
O eso quería creer, al menos.
Observé a Kish y Saya dar un par de vueltas alrededor del otro, midiéndose, buscando debilidades, observándose mutuamente con ojo crítico e ideando diferentes estrategias para asegurar sus victorias. Lo supe porque es lo que yo misma estaba haciendo en ese momento, incluso desde afuera de la pelea. Aunque no se me permitiera participar, podía ser los ojos y oídos de Kish desde las sombras, y podía ofrecerle información mediante nuestra conexión si lo intentaba con la suficiente fuerza. No era la mejor estrategia, especialmente considerando que nuestro método de comunicación mental no era para nada infalible, pero era mejor que nada, y no estaba dispuesta a dejar a Kish pelear sin tenerme cubriéndole las espaldas.
Ambos por fin dejaron de moverse y la sala entera pareció perder todo sonido. Nadie respiró mientras veíamos a Kish levantar el pendiente entre sus dedos. Sin quitar el ojo de encima a Saya, pronunció las palabras que yo misma había dicho miles de veces, y ante mis ojos, se transformó.
Durante nuestros enfrentamientos le había visto transformarse en Mew un par de veces, pero nunca me había realmente parado a ver como se veía el acto desde afuera. Claro, lo había presenciado en mis amigas en muchas ocasiones, y ni que hablar la cantidad de veces que lo había experimentado por mí misma. Sin embargo, ahora mismo, aquella transformación cobró más importancia que nunca y se me hizo infinitamente más especial. Ver a Kish recibir todo ese poder y ponerse en posición de ataque, listo para hacer lo que fuera necesario para ganar, me sacó una pequeña sonrisa, y me encontré a mí misma alentando silenciosamente por él.
Tú puedes, pensé, y esperaba que mi sentimiento le hubiese llegado.
Asumí que Saya se quitaría su capa oscura y utilizaría su imagen para distraer a Kish el tiempo suficiente como para incinerarle (habíamos considerado esa posibilidad) pero me sorprendió al verla acomodarse más fijamente su capa sobre ella para que ninguna parte de su cuerpo fuera visible. Kish me había mencionado alguna vez que Saya no hacía uso del poder de su apariencia en el comienzo de una pelea porque la dejaba demasiado débil para continuar luchando, pero de todas formas no había querido descartar la posibilidad de aquel ataque sorpresa. Nada me aseguraba que no fuera a utilizarlo más adelante.
Antes de que pudiera predecir lo que ocurriría, Kish se movió a una velocidad lo suficientemente rápida como para que un mediocre ojo humano no fuera capaz de verle, y un oponente promedio no habría sido capaz siquiera de notar su movimiento antes de que fuera demasiado tarde. Desafortunadamente, él no se estaba enfrentando a ninguna persona promedio.
Saya se movió fuera de la línea de trayectoria que la daga de Kish hizo en el aire en cuanto la lanzó en su dirección, y esta se encastró en la pared a espaldas de la alienígena femenina, sin hacerle ningún tipo de daño. En una acción que claramente demostraba su habilidad de rapidez por sobre la de Kish, la vi abalanzarse al otro lado de la gigantesca sala en menos de lo que dura un latido. Kish apenas tuvo tiempo de moverse fuera de su camino.
Y entonces la pelea en verdad comenzó.
Los vi danzar en el aire, por el suelo, dagas chocando contra un látigo que se esmeraba en enroscarse alrededor del cuerpo femenino embadurnado en rosa, pero Kish se manejaba para escaparse de cada uno de sus sujeciones antes de que lo tocaran. La pregunta era cuanto duraría esta danza. ¿Cuántas veces podía Saya fallar tan mínimamente en el blanco? ¿Cuántas veces podía Kish escapar sin un rasguño? ¿Cuánto tiempo más podía yo misma mantenerme al margen sin enloquecer?
El corazón dentro de mi pecho latía enloquecido mientras miraba a mi cuerpo moverse sin mí. Era una sensación extraña, como estar metida en una pesadilla pero completamente consciente de que no había manera de escapar despertándome a mí misma. En más de una ocasión, especialmente en los momentos en que Kish estuvo a punto de ser alcanzado, me encontré a mí misma amagando hacia adelante en un movimiento casi inconsciente. Lettuce fue quien me detuvo, poniendo una mano firme sobre mi brazo y echándome de vuelta hacia atrás. Después de un par de veces, simplemente mantuvo su mano sobre mí, porque al parecer yo no podía mantenerme quieta.
Esta no es tu pelea, me recordé, no puedes participar.
Kish tenía que ganar, era ahora o nunca.
Vi a Saya saltar en el aire, su capa moviéndose peligrosamente cerca de abrirse por completo, pero nunca llegando a verdaderamente dar a conocer su cuerpo debajo. Ella llevó su brazo hacia atrás en un movimiento que claramente indicaba que volvería a lanzar su látigo, la pregunta era en que dirección lo haría. Si algo había aprendido de la alienígena en cuestión es que el hecho de no poder ver la expresión en su cara era una desventaja inmensamente grande porque significaba una indicación menos a la hora de predecir sus movimientos. Era demasiado buena pretendiendo que su atención estaba fija en un objetivo, cuando en realidad su plan era completamente diferente, y por lo general yo no lograba ver sus intenciones hasta que era demasiado tarde.
Para nuestra fortuna, Kish conocía esos trucos, y era mucho mejor que yo a la hora de entender la mente de Saya. En cada una de las ocasiones en que ella amagaba hacia una dirección, él lograba predecir el verdadero movimiento detrás de la fachada, y escapaba de la fuerza de ese maldito látigo relampaguante. En un par de ocasiones incluso llegó a asestarle una patada o dos a su oponente.
Después de unos cuantos intentos fallidos de alcanzarle, noté como Saya se estaba empezando a impacientar, y su irritación se tradujo en ataques mas violentos y rápidos de su parte, pero menos controlados y poco certeros. Creo que la chica había considerado que la pelea contra "mí" sería mas sencilla, quizás incluso se había imaginado llegando a ganarme en los primeros minutos sin realmente llegar a sudar. Sinceramente, no podía culparla. Luego de nuestros últimos dos enfrentamientos, le había logrado mostrar a Saya un lado oxidado, mediocre y francamente débil de mí. En aquellos momentos mi falta de habilidad por poco me había costado el cuello, pero ahora mismo significaba que Saya creía que me había subestimado, y subestimar al enemigo siempre era una sorpresa peligrosa. Significaba que era hora de cambiar radicalmente de plan, y eso generalmente llevaba atado una torpeza de la que esperaba que Kish se aprovechara.
No me decepcionó.
Kish comenzó a ser capaz de acercarse cada vez más a Saya, cerrando la distancia entre los dos sin que su látigo le tocara. Ella comenzó a responder con una estrategia defensiva en vez de ofensiva, moviéndose por primera vez fuera del camino en vez de ser ella quien forzara a su oponente a hacer una retirada. Incluso con la capa oscura sobre su rostro supe que estaba sorprendida, que no se esperaba el nivel de habilidad de "mi" parte, y ya no podía simplemente atacar con la tranquilidad de que ella era mejor que yo. Cuando una de las dagas de Kish rozó el cuerpo de Saya, supe que la balanza estaba haciendo peso para nuestro lado y me alegró tan inmensamente que me sentí mareada.
Tú puedes, sigue así, pensé.
No estuve segura pero me pareció verle sonreír minimamente, quizás por las palabras de aliento en su mente, quizás porque él mismo sabía que estaba ganando, o quizás simplemente era un loco desquiciado que le gustaba pelear. Fuera cual fuera la razón, Kish pareció llenarse de poder de repente, y la siguiente vez que se acercó Saya con una rapidez que me sorprendió incluso a mí, incluyó una patada con la suficiente fuerza como para arrojar a Saya al otro lado de la habitación. Su cuerpo golpeó contra la pared antes de caer al suelo sin su gracia habitual.
Sentí el alivio general de nuestro grupo a mi espalda, y me pregunté si esto era todo. ¿Habíamos ganado? ¿Cuándo finalizaba exactamente un duelo?
No me había realmente esperado que la cosa se terminara de manera tan sencilla, sin embargo, porque Saya volvió a levantarse con un poco de pesadez en sus extremidades pero lista para continuar lo que había comenzado. Parecía furiosa, y no se me pasó por alto el ligero arrastre de una de sus piernas. Quizás no había sido acabada del todo todavía, pero su cuerpo había recibido golpes importantes y ya no estaba funcionando en su máximo rendimiento. De todos modos, sabía que la alienígena era dura, y no había posibilidad de que se rindiera sin haber agotado todos sus recursos primero.
La siguiente vez que Saya se movió, fue con un claro propósito de crear verdadero daño. Con una técnica de muñeca realmente sorprendente, Saya enganchó su látigo en una de las piernas de Kish, y antes de que este pudiera moverse fuera del camino, una descarga de electricidad recorrió su cuerpo durante un instante. Le vi tensarse por completo desde el otro lado de la sala, y apretar los dientes en un gesto de extrema agonía que podía entender por completo, ya que yo misma había estado en el otro extremo de esa descarga eléctrica y no se la deseaba a nadie. Kish arqueó su espalda en un ángulo visiblemente incómodo y cayó al suelo de rodillas, aparentemente sin fuerza alguna.
Saya entonces comenzó a caminar lentamente hacia él.
Lettuce tuvo que verdaderamente hacer fuerza sobre mí para obligarme a quedarme en mi sitio para ese momento, y yo tuve que recordarme que no era mi amiga a quien debería dirigir la fuente de mi enojo.
- Sueltame, Lettuce – informé a mi amiga, en una voz que no era la mía, no solamente porque era masculina, sino por el tono bajo y amenazante que jamás creí que podría emplear.
- Si te metes en el camino acabarás con las reglas del duelo y esto no terminará nunca, Ichigo – me recordó mi amiga con su usual voz maternal y amable.
- ¿Tengo que dejarle morir entonces?
- No es eso a lo que me refiero y lo sabes. Confía en Kish y guarda tu participación hasta el momento en que verdaderamente él la necesite. No antes.
Mis ojos no se habían apartado de la pelea o de mi propio cuerpo en el suelo. Al menos Kish no inconsciente pero si obviamente herido y con mucha menos fuerza que antes. Saya se acercaba a paso lento, como si disfrutara de la imagen derrotada frente a ella y no tuviera ningún apuro por terminar su diversión de la tarde de una vez por todas.
A nuestro alrededor, los guardias parecían un tanto nerviosos, la mayoría más enfocados en nuestro grupo que en la pelea, particularmente en mí, y en la manera en que parecía a punto de zafarme del agarre de Lettuce para salir corriendo al otro lado de la habitación. Lettuce tenía razón, tenía que hacer un mejor esfuerzo en aparentar calma hasta el momento en que Kish verdaderamente me necesitara…y entonces Saya dejaría de sentir esa maldita confianza.
Respiré hondo, y me eché hacia atrás, intentado relajar mi cuerpo y mis facciones, pero dudaba que lo estuviese haciendo demasiado bien. Mi cuerpo estaba tenso como una cuerda, listo para salir disparado en cuanto me dejaran libre.
¡Kish! ¡No dejes que esto termine así, levántate, maldita sea!
Si Kish me escuchó o no en su cabeza no me quedó claro, pero de igual forma le vi levantarse pesadamente del suelo, fulminando con la mirada a Saya, quien ya no parecía del todo preocupada por su oponente. Imploré mentalmente a Kish que hiciera el primer avance, que tomara el factor sorpresa y atacara con la suficiente fuerza como para tirar la balanza hacia su lado nuevamente, pero a Saya le debió haber llegado ese mensaje, porque se movió primero, esta vez lanzando una patada de pura venganza que lo arrojó varios metros hacia atrás.
Kish no había terminado de derrapar por el suelo cuando Saya volvió a blandir su látigo, pero Kish rodó fuera del camino y se puso de pie de un salto. Una serie de rápidos latigazos en su dirección tuvo mi corazón palpitando con demasiada fuerza dentro de mi pecho, y a pesar de que un par le rozaron un brazo o una pierna, ninguno conectó con la suficiente certeza como para hacerle desplomar otra vez.
Antes de que me diera cuenta lo que pasaba, Kish había saltado en el aire, aterrizando a espaldas de Saya y girando sobre su eje hasta lograr patear las piernas de la alienígena. Ella cayó al suelo de una manera un tanto embarazosa, y Kish aprovechó el momento para abalanzarse sobre ella, pero no con el objetivo de asestar un golpe como hubiese creído, sino para robar su preciado látigo directamente de entre sus manos. Él sonrió entonces y lo arrojó a su espalda, antes de tomar una de sus dagas.
Lo que siguió a continuación fue una serie de ofensivas certeras y rápidas por parte de Kish, junto con una retirada torpe por parte de Saya, lo cual debo admitir que levantó mi animo considerablemente. Fue entonces cuando supe que Kish ya había ganado. El hecho de quitar el arma de Saya del medio, de hacerla retroceder porque ya no tenía otra manera de defenderse, de dejarla tan débil que sus pies trastabillaban significaba que su preciado orgullo estaba dañado, y eso era casi tan o más importante aún que la derrota en sí misma. No era más que cuestión de tiempo hasta que la balanza se inclinara por completo hacia nuestro lado. Todo el mundo lo veía, era tan claro que incluso me permití a mí misma respirar un poco más profundamente y relajar ligeramente mis músculos.
Sin embargo, debí haber sabido que cuando las cosas parecen demasiado sencillas de resolver, por lo general tienen una trampa escondida. La siguiente vez que Kish tuvo a Saya al alcance de su mano para asestar un nuevo golpe, de repente apareció otra figura encapuchada a su espalda.
¡Detrás de ti! Grité en su mente, y él se movió en el aire lo más rápido que fue posible…pero no lo suficiente como para evitar una de sus propias dagas siendo empujada contra su costado, probablemente entre costillas.
Todo se movió muy rápido entonces.
No estuve segura si Lettuce llegó a tomarme del brazo nuevamente porque esta vez me teletransporté justo debajo de Kish, quien cayó sobre mis brazos pesadamente y aferrándose a su costado con una expresión de extremo dolor. Observé con horror como mi propio rostro se ponía pálido frente a mis ojos, y como una mancha de sangre comenzaba a crecer en el abdomen del pequeño cuerpo frente a mí.
¡No, no, no, no, no! ¡Esto no está pasando!
A mi alrededor el caos se desató de manera furiosa como una caja de pandora recientemente abierta y que en su interior llevaba meses de tensión, frustración e instinto de guerra. Noté la transformación de mi equipo como flashes de luz en la esquina de mi visión, pero no me di vuelta para ver lo que sucedía. Mi objetivo ahora mismo era otro.
Deposité a Kish con suavidad sobre el suelo y llamé a Pai con desesperación, pero él debía estar ocupado, porque no se dignó a aparecer. Maldije por lo bajo e hice presión en la herida en un intento por frenar la sangre, pero esta manchó mis dedos tan rápidamente que me asustó.
- Ichigo… - murmuró Kish de manera somnolienta, sus ojos empezando a nublarse - ¿Qué estas haciendo? Tengo que pelear…no debes…meterte en…
- Cállate – prácticamente le ladré – guarda tu fuerza, y ni se te ocurra morirte, ¿me has escuchado?
Se me hizo una experiencia completamente surreal el cuidar de mi propio cuerpo y al mismo tiempo recordarme a mí misma que se trataba de otra persona allí dentro. Esa piel, esos ojos y ese cabello podían ser técnicamente partes del cuerpo con el que había nacido, pero el dolor y la debilidad que ahora mismo estaba presenciando no lo estaba viviendo por misma, yo era tan solo una espectadora.
Miré a mi alrededor en busca de alguien, quien fuera capaz de ayudarme, pero la sala se había convertido rápidamente en un campo de batalla mientras había estado distraída, y todo mi equipo estaba ocupado manteniendo a raya a seres con capas oscuras.
Diablos, tenía que encontrar una manera de ayudar a Kish y tenía que hacerlo ahora mismo. La sangre no estaba frenando bajo mis dedos, y si continuábamos allí tirados en el suelo alguien iba a aprovecharse de nuestra debilidad y distracción. Pero, ¿que podía hacer? ¿Que clase de decisión podía tomar ahora mismo con mi muy limitado conocimiento médico como para lograr salvar a Kish y a mi cuerpo al mismo tiempo?
La máquina, pensé, recordando la vez que Kish había sido herido en el último enfrentamiento contra Saya y se había curado a sí mismo utilizando una especie de ataúd de vidrio en su propia nave espacial. Si lograba teletransportar a Kish hasta la nave, podría salvarle, tan solo tenía que sacarle de allí.
- Kish – le llamé – voy a sacarnos de aquí.
- No, espera, tenemos que…
No llegué a escuchar lo que quería decirme, porque de repente Saya volvió a hacer su aparición y mi mente pareció frenar todo movimiento. La alienígena en cuestión estaba solamente a unos cuantos pasos de nosotros, nuevamente con su látigo en mano, y capa firmemente puesta sobre sus hombros. Instintivamente me puse en guardia, y sin quitar el ojo de encima a Saya, utilicé mi cuerpo para tapar la vista de Kish en el suelo. Creo que incluso llegué a gruñir en su dirección.
Ella frenó en seco, y dijo algo entonces. Entre el ruido a mi alrededor y el hecho de que no podía comprender su idioma, no podía estar segura que acababa de decirme, pero asumía que debía estar relacionado al duelo que yo acababa de interrumpir (sin importar que su propio guardia había roto las reglas primero). Ella quería llegar a mi cuerpo, y puede que si ahora mismo yo estuviese metida allí dentro, habría estado asustada de que me alcanzara, pero lejos de sentir miedo, lo que recorrió a través de mí fue el sentido de protección más fuerte que había sentido nunca. Con completa certeza comprendí que no habría absolutamente nada en el mundo que yo no fuese capaz de hacer con tal de proteger a mi aliado.
Ella no se llevaría a Kish. No se lo permitiría.
- Mío – le dije, sin tener idea por qué esa palabra parecía tan importante, pero era la única que ahora mismo tenía sentido para mí, la única que podía salir a través de mis dientes apretados – es mío.
Ella giró la cabeza hacia un lado como si estuviera considerando mis palabras.
- ¿Mí…o? – escuché su voz preguntar de manera confundida, repitiendo aquella sílaba y devolviéndola a mí con una profundidad que no se me pasó por alto.
Incluso sin comprender mi idioma, me quedó claro que Saya podía entender el significado de aquella palabra, de la importancia que yo estaba confiriendo con mi voz y mi cuerpo. No tenía idea que tipo de pensamientos se le podían estar pasando por la cabeza, pero definitivamente ella podía entender perfectamente la amenaza.
Sostuve su mirada, y sin pestañear tanteé sigilosamente con mi mano a mi espalda. Mi objetivo era alcanzar a Kish para teletransportarnos fuera de allí mientras Saya estuviese distraída, pero en el momento en que mi mano se cerró sobre una más pequeña y delicada, no tuve ni un instante para pensar un destino en mi cabeza antes de que un latigazo a mi espalda me tomase por sorpresa. La descarga eléctrica que recibí un instante después fue la más fuerte que había sentido nunca.
Mi cuerpo prestado se tensó de pies a cabeza, mis músculos chillando de dolor y mi boca cerrada con un grito que no llegué a pronunciar por la sorpresa. Lo que se sintió como la muerte misma me atravesó como un rayo, destruyendo algo profundamente dentro de mí a su paso, y borrando todo pensamiento en mi cabeza más allá de:
¡Que pare! ¡Que pare! ¡Por dios, que pare!
Luego de lo que pareció una eternidad, el látigo que apenas había sentido estallar contra mi espalda se apartó, y mi cuerpo cayó hacia adelante, tembloroso, débil y con las venas en llamas. Mi cerebro parecía haber pasado por el interior de una licuadora, y no logré pensar en absolutamente nada por un par de segundos. No en Kish desangrándose debajo de mí, ni en Saya acercándose hacia mi posición, y dándome vuelta sobre el suelo como una bolsa vieja, ni en el duelo que obviamente acabábamos de perder. No pude pensar en nada mientras mi cerebro intentaba comprender el hecho de que estaba viva. Con mucho dolor y completamente incapaz de moverme, pero viva al fin y al cabo. Lástima que no podía ver el lado bueno de ello ahora mismo.
Saya se agachó a mi lado, y su figura oscura pareció más aterradora que nunca. Casi me hizo querer quitarle la capucha para al menos poder ver el rostro de la persona que iba a finalizar mi vida, pero para bien o para mal, sus facciones continuaron ocultas. Vagamente me pregunté si pensaba eliminar a Kish junto conmigo, o si se contentaría con administrar otra especie de castigo al cuerpo de su ex, el cual actualmente yo habitaba. Por la manera en que me estaba mirando de forma tan fija, sin decir nada, supe que tenía algo en mente, y yo no quería averiguar que era.
Intenté levantarme, pero mi cuerpo estaba agotado, y de todas formas, apenas si podía coordinar a mi cerebro para dar ordenes al resto de mí, como si por fin hubiese comprendido que "Ichigo" no debería estar allí dentro y se estuviese rebelando contra mi poder. Aunque suponía que mi debilidad tenía más que ver con el ataque que acababa de recibir.
Saya me observó retozar en el suelo como un pez fuera del agua, y yo me detuve al fin porque ya estaba comenzando a sentirme estúpida. No llegaría a ningún lado de esta manera. Le devolví la mirada entonces, de una manera que esperaba se viera minimamente amenazante (lo mejor que uno puede estando paralizado en el suelo), cuando escuché su voz susurrar por lo bajo:
- Mío.
Esta vez, aquella pequeña palabra no era una pregunta saliendo de sus labios, era una afirmación, y no necesariamente sobre Kish. Era una demostración de poder que representaba mi derrota, que marcaba su completa autoridad sobre mí...sobre los dos en realidad. Significaba que ni Kish ni yo eramos mejores que ella, y cualquier intento de probar lo contrario terminaría en un escenario patético y doloroso.
En ese momento supe sin duda alguna que no habría un cuarto enfrentamiento, no habría más oportunidades de salirme con la mía por los pelos. Saya había jugado sucio, y a pesar de toda nuestra preparación, todo nuestro entrenamiento, no habíamos sido capaces de visualizar este posible escenario para equilibrar la balanza. Estúpidamente, había creído en su honor. !Que tonta había sido!
Ahora mismo, lo único que podía salvarnos era mi habilidad de teletransportanción, pero con la herida que había recibido, dudaba que fuese capaz de hacerlo. No de forma exitosa.
Pero quizás no necesito que sea exitoso, pensé de repente.
Con el comienzo de una idea en mi cabeza, envié un mensaje a Kish que esperaba pudiera ser capaz de alcanzarle incluso con toda la interferencia que podía sentir entre los dos.
Kish, ¿me escuchas?
No recibí palabra alguna en voz alta ni en el interior de mi cabeza, y mi corazón martilleó como loco dentro de mi pecho ante la posibilidad de que no pudiera oírme. ¿Había perdido demasiada sangre como para responderme?
Fue entonces cuando sentí el roce de sus dedos contra los míos sobre el suelo, muy delicadamente, y sin alertar en absoluto a las tres figuras encapuchadas que se habían reunido a nuestro alrededor, sin duda alguna listos para ver el castigo que Saya ejercería sobre nosotros.
¿Confías en mí? Pregunté en su cabeza.
Otro roce de dedos. Esperaba que eso significara un sí.
Voy a hacer una locura, pero creo que podría funcionar, expliqué rápidamente, no pienses en mí, intenta recordar quien eres, que te forma como persona, intenta no…olvidarte de ti mismo.
El roce contra mis dedos se sintió como una pregunta esta vez, o quizás como una advertencia, porque a pesar de que yo no le había explicado mi plan directamente, por mi descripción podía entenderme, y quería hacerme cambiar de opinión. En un día normal, en una vida normal, le habría hecho caso al alienígena que se había convertido en alguien tan importante que dolía la misma idea de perderle. Dolía tanto, que estaba preparada para hacer una locura que ya habíamos hecho en el pasado si eso significaba darnos a los dos una oportunidad de salir de esta.
Me daba terror pensar lo que estaba a punto de hacer, pero nos habíamos quedado sin tiempo, y por nada del mundo le dejaría a Kish morir en un cuerpo que no era suyo.
Por favor recuerda…
Entonces tomé fuertemente su mano en la mía y nos teletransporté.
No tuve que asegurarme de que nuestro viaje fuese movido, inestable o caótico, esto ocurrió por completo por sí solo, y antes de que me diera cuenta de lo que sucedía, todo sonido, visión, olor, y textura desapareció a nuestro alrededor. Kish también desapareció, y de repente me encontré sola, pero no sentía miedo por ello, es más...no sentía nada en absoluto. Nuevamente me encontré convertida en una serie de moléculas dispersas atravesando el universo, sin colores, sin formas, sin pensamientos de ningún tipo, y el cambio fue tan refrescante que olvidé por completo cual había sido mi propósito en primer lugar.
Allá en la Tierra, en la realidad, no había más que dolor, confusión, lágrimas y dudas. Tantas dudas y tanto sufrimiento... ¿y para qué? Aquí mismo dando vueltas en el infinito no había nada. No había personas a quienes probarles mi poder o mi valía, no había amistades que me preocupase por preservar, o relaciones que pudieran terminarse tan abruptamente como habían comenzado. Aquí mismo, en ningún sitio en concreto, me sentía más en paz de lo que había estado en mucho tiempo.
Mis pensamientos se disolvieron y me sentí fragmentarme hasta la más mínima parte de mí, hasta que me volví una con el universo, y ya no hubo nada más de lo que preocuparme. Nada en absoluto. Dejé de existir por un rato, no supe decir cuanto exactamente, mi percepción del tiempo estaba completamente distorsionada y no pude reunir razones suficientes por las cuales eso debería preocuparme. Simplemente floté en ningún sitio, y en todos al mismo tiempo, y existí de una manera tan simple, tan llevadera que era imposible desear otra cosa.
¿Por qué desearía una complicación cuando no había dolor a mi alrededor? Había olvidado lo que era desear, lo que era continuar peleando cuando todo parece demasiado difícil, lo que era fallar cuando necesitabas ganar aunque fuera una vez. Había olvidado todo lo que alguna vez me había conectado con mi antigua vida, y creo que me habría quedado felizmente en ese vacío infinito, flotando hasta desaparecer…de no ser por un nombre que apareció en mi cabeza, y trajo consigo todo el dolor que había olvidado.
Kish…
Kish…
Kish…
No sabía lo que significaba, lo que era esa palabra, o lo que podía representar para mí, pero cada vez que pronunciaba esa sílaba con una boca que no tenía, una oleada de ansiedad me golpeaba con una fuerza que habría dejado un cuerpo normal tirado en el suelo y respirando con dificultad. Pero yo no tenía un cuerpo normal, no ahora mismo al menos, no tenía pulmones para hacer entrar el aire, ni una boca para gritar de pura estupefacción, ni un corazón para romperse en mil pedazos en cuanto esa maldita palabra me atravesaba como una flecha. No tenía ninguna de esas cosas…y aún así sufría.
¿Por qué era tan importante esa maldita palabra?
En ese momento fui consciente de dos caminos. Podía dejar de lado todo lo que me lastimaba, olvidar esa palabra, y volver a mi cómoda, simple y perfecta realidad, contenta de no ser nada más que una partícula insignificante en el universo. Sería sencillo, simplemente dejar de pensar, desprenderme de cualquier atadura que pudiera tener con la realidad que apenas podía recordar de por sí, y simplemente…dejarme ir. Sencillo...como dejarse llevar por un sueño cuando estaba muy cansada.
O podía seguir aquella palabra, perseguirla y encontrar la fuente para entender por qué diablos me llamaba. A mí. A una criatura tan insignificante que estaba a punto de desaparecer. ¿Qué podía querer alguien o algo de mí?
Por poco me dejo ir.
Mirando hacia atrás, no sé exactamente por qué no lo hice. Quizás muy profundamente no tenía ningún deseo verdadero de morir, quizás Kish me había ayudado en su manera, o quizás el lazo que habíamos formado entre los dos se había vuelto tan fuerte con el tiempo, tan perfecto, que no había tenido decisión alguna en primer lugar. Sea cual fuera la razón, mi consciencia se movió sin que yo tuviese que dar ninguna orden, y me encontré a mí misma una vez más siendo atraída a una fuente de luz y calor, tan perdida y confusa como yo. Una fuente de luz que estaba fragmentada en piezas rotas, intentando unirse pero sin lograrlo.
Tuve el repentino instinto de intentar unir las piezas, de jugar a un puzle aunque fuera para ver la imagen que formaría, pero me detuve. Había algo…importante, algo que debía recordar…acerca de aquella luz…esas piezas. ¿Qué era?
Ignorando mi instinto, comencé a unir las piezas de mí misma, las que sentía en sintonía conmigo, las que resonaban en alguna parte muy profundamente de mí y las reconocía como propias. Muy pronto, me encontré a mí misma sintiendo mi cabello contra mis hombros, mi piel tensa, mis músculos doloridos, y con cada pieza que unía, de más dolor parecía llenarme. Pero no podía parar. Comencé a llorar, a gritar, a sufrir verdaderamente y a sentir todo aquello que había querido dejar atrás, pero en ningún momento quise volver a ese punto en mi historia en que me había convertido en nada. Prefería sufrir antes que desaparecer como si yo no valiese la pena.
Una a una fui uniendo las piezas de mí hasta sentirme nuevamente como una persona, y antes de dar un salto de vuelta a la realidad envié un último pensamiento hacia Kish.
No te quedes atrás…
Volví al mundo de los vivos de un salto y nuevamente me encontré cayendo en el aire, pero por un instante sentí que volaba. Fui consciente como toda parte de mi cuerpo dolía, con heridas viejas y nuevas, pero no me importó. Estaba viva…viva para sentirlo todo, y en mi propio cuerpo además. Con fallas y dolores, pero mío...mío y de nadie más.
Esta vez no fue necesario abrir mi boca para gritar su nombre. Él me encontró a mí antes de que yo a él, y sus brazos rodearon y frenaron mi caída. Su olor me invadió tan completamente, que por un segundo todo sonido desapareció de mis oídos. Su cabello verde llenó mi visión, y me encontré pequeña y delicada entre su cuerpo más fuerte.
- ¡Ichigo! – su voz me ancló de vuelta a la realidad y brinqué en sus brazos - ¡Diablos, si vas a evaporarnos en el aire, al menos ten la decencia de avisarme con más tiempo!
Reí, pero no con demasiado ánimo. Me di cuenta que estaba muy cansada de repente, y que mis ojos se cerraban. Necesitaba dormir, o al menos, tirarme en una cama a descansar. Sí, descansar sonaba muy bien.
- Lo siento… - creo que llegué a murmurar.
- ¿Ichigo? – Kish me llamó, su voz subiendo un tono de preocupación, y al ver que no contestaba, se volvió aún más chillón - ¡Diablos estas herida! ¡¿Ichigo, me escuchas?!
Me alegro que estés bien, pensé, pero tuve un momento para recordarme a mí misma que ya no había una conexión entre los dos como para seguir llevando mensajes entre nuestras mentes. Si quería decirle algo, tenía que contentarme con hacerlo a la antigua: en voz alta.
Llegué a abrir la boca, pero ningún sonido salió de mi garganta. Un instante después, me dejé caer entre sus brazos y todo se volvió negro frente a mis ojos.
Creo que está un poco corto para la longitud de los capítulos que venía haciendo, pero espero que igual les guste :)
Este es el penúltimo capítulo, si no me equivoco. Me estaría quedando escribir el capítulo 23 y un epílogo, aunque no descarto la idea de escribir un capítulo extra del punto de vista de Kish (sugerencia de Karstein Abarai). Quizás como historia corta por separado, todavía no lo tengo decidido.
En fin, espero que les guste este capítulo, y aprecio reseñas! Muchas gracias por todos los comentarios que me ya me dejaron, y los que puedan dejar en el futuro!
