Capítulo 23

Lo primero que vi al despertar fue la hélice de un ventilador dando vueltas en el techo sobre mi cabeza. No hacía ningún tipo de ruido, pero el movimiento era una distracción en sí mismo, y me encontré a mí misma sin poder apartar la mirada. Al menos, hasta que alguien más se dio cuenta de que estaba despierta.

- ¡Ichigo! – gritó una voz chillona a mi lado.

Giré la cabeza ante el sonido de la voz emocionada de Pudding, y vi tanto a mi amiga como al resto de mi equipo a mi alrededor, mirando desde arriba hacia mí. Por el extraño ángulo me di cuenta que estaba recostada sobre una superficie plana, casi hundida en una almohada mullida, y tapada con una manta hasta la barbilla.

Apenas si había tenido tiempo de incorporarme cuando Pudding se lanzó en un abrazo alrededor de mi cuello.

- ¡Ichigo, te encuentras bien! – dijo Pudding, abrazándome aún más fuerte, hasta el punto en que las palabras quedaron atascadas en mi garganta por la fuerza de sus brazos.

- Déjala respirar al menos, Pudding – dijo Zakuro, y luego se dirigió a mí - ¿Cómo te encuentras?

Pudding se movió fuera del camino para que yo pudiese responder, y rápidamente hice un mapeo de mi cuerpo, buscando posibles heridas, dolores, o cualquier otra cosa que no se sintiera normal en mi día a día. Pero para mi sorpresa, no había nada fuera de lo normal. Ni siquiera me encontraba demasiado cansada.

- Estoy bien – respondí, sorprendida – perfectamente en realidad.

- ¿Quién lo diría? Los Ciniclones sí que tienen una cura milagrosa en su nave – comentó Mint.

Estaba tan sorprendida de que Mint estuviera hablándome (aunque no directamente, pero al menos era un paso) que no registré al principio sus palabras. Solo cuando volví a repasarlas en mi cabeza entendí su significado.

- ¿Estuve en la nave de los Ciniclones? – pregunté - ¿Cuándo?

- Luego de la pelea – respondió Zakuro, sentándose al borde de mi cama, en el pequeño espacio que mis pies no ocupaban – recibiste una gran herida…o al menos, Kish la recibió…pero en tu cuerpo. ¿Sabes? Toda la situación fue muy confusa.

Ni me digas, pensé. Tenía suficiente material en los últimos dos meses para utilizar en un ataque de pánico.

- Pero al menos ya terminó – comentó Lettuce, como siempre intentando aligerar la situación - ¿Cómo se siente volver a tu propio cuerpo?

Llevé mi mirada hacia abajo y a pesar de que la mayor parte de mi cuerpo estaba cubierto por una manta, las partes que podía ver eran definitivamente femeninas. Volvía a tener mis pechos (que no eran la gran cosa pero ahora mismo eran el mejor par que había visto alguna vez), mis brazos delgados, mi vientre un tanto redondo, los muslos que siempre me habían parecido un tanto grandes y los pies que sabía aún tenían restos de esmalte rosa. Tomé un mechón de pelo entre mis dedos, como si necesitara una prueba más de que había vuelto a ser yo misma, y me alivié de ver las hebras rojas oscuras.

Así que era real: había vuelto a mi propio cuerpo. Luego de tantas ocasiones de ponerme nerviosa creyendo que eso jamás sucedería, de quejarme contra el universo porque quería volver a ser yo misma, sorpresivamente había despertado en el sitio donde pertenecía, y sin la sensación de que había otra persona escuchando cada uno de mis pensamientos, lo cual esperaba significara que el S´darak había desaparecido de una vez por todas.

No quería pensar que podría significar otra especie de silencio.

Él esta bien, me dije, y aunque por supuesto ahora mismo no podía asegurarlo de la misma manera en que había podido hacerlo esa misma mañana, mi último recuerdo antes de caer inconsciente era de Kish, sano y salvo. Quería creer que aquel estado saludable aún se mantenía.

- Se siente bien – respondí a Lettuce, flexionando mis dedos frente a mis ojos como para cerciorarme que cada mínimo detalle, cada pequeña línea y defecto, eran míos – mejor que nunca, en realidad.

- Apuesto a que fue divertido ser un chico por un tiempo, y un Ciniclón además – bromeó Pudding – ¿Cómo lograste volver a tu cuerpo?

- Honestamente…no estoy del todo segura.

No me terminaba de quedar del todo claro como había conseguido devolvernos a Kish y a mí a la normalidad, o como diablos me había convencido a mí misma que arriesgarnos a atravesar nuevamente por una teletransportación fallida podría ser una buena idea luego del fiasco de la primera vez. Después de todo, de aquella manera habíamos creado todo el problema en primer lugar...pero en el momento en que había visto a Kish en el suelo, desangrándose, muriéndose frente a mis ojos, y sabiendo que yo no podría hacer nada para salvarle, había arrojado por la ventana todo sentido común y simplemente actuado. Dejarle morir jamás había sido una opción para mí.

Y funcionó, pensé, no sé como pero funcionó.

Temblé un poco al recordar el vacío, la eternidad extendiéndose a través de mí y abrazándome como si no me fuera a soltar nunca. Recordé perder partes de mi misma, perder la capacidad de racionalizar correctamente, de comprender el peligro en el que estaba metida. Recordé como por poco había decidido quedarme justo allí, en un limbo sin vida alguna, y a pesar de que me encontraba a salvo, de todas maneras me asusté porque sabía lo cerca que habíamos estado de no conseguir el final feliz.

Habíamos tenido todas las de perder, especialmente estando heridos, nerviosos y sin habernos preparado de ninguna manera para realizar tal estupidez. Aunque suponía que no existía verdaderamente una forma de prepararse mentalmente cuando uno piensa en desintegrarse a través del espacio. Simplemente toca actuar y esperar lo mejor.

De alguna manera ambos habíamos salido con vida del otro lado, cada alma de vuelta donde pertenecía, y sin una conexión metafísica entre los dos para complicarnos la vida...o para cerciorarnos de que el otro estuviera bien. No necesitaba hacer una prueba para intentar comunicarme con Kish, porque sabía que ambos fallaríamos. Ahora mismo no podía "sentirle" como lo había venido haciendo en el último mes y medio, no podía escucharle en mi cabeza, o estar consciente de su presencia en el mundo. De repente ambos estábamos por la nuestra, y para mi sorpresa, la desaparición del S´darak había dejado un vacío dentro de mi pecho.

Pero es lo que tenía que pasar, me recordé, es exactamente por lo que estuvimos trabajando tanto…

Fuera lo que fuera que nos había unido estaba roto, y junto con el alivio que ese conocimiento traía, me embargó una muy extraña soledad.

- ¿Ichigo? – preguntó Lettuce con suavidad.

Levanté la cabeza y noté las miradas preocupadas de mis amigas. Todas me miraban como si hubiera una mala noticia en el aire. Intenté recordar si alguien había me hablado directamente o hecho una pregunta.

Pudding me miraba especialmente expectante.

- No sé bien que decir acerca del S´darak. Honestamente nunca llegué a comprender del todo bien como funciona, solo estaba consciente de que una teletransportación fallida nos causó…esto, y una más podría devolvernos a la normalidad – respondí a Pudding – si quieres saber más estoy segura de que Pai es capaz de explicarlo mejor.

El silencio que se instaló en la habitación no era especialmente pesado, pero ciertamente no parecía natural tampoco.

- ¿Qué pasa? – pregunté.

- Bueno, ehm, Ichigo… - comenzó a decir Lettuce, como siempre dando un par de vueltas ante un tema que podría resultar difícil de escuchar para alguien más – la verdad es que los Ciniclones…han terminado su labor.

- Deben estar al otro lado del universo mientras hablamos – agregó Mint.

No se me pasó desapercibida la mirada rápida que Zakuro le dedicó a la chica, pero no estuve segura exactamente cual podría ser el mensaje. Mi foco estaba en las palabras de Mint.

- ¿Otro lado del universo? – pregunté, comenzando a sentir punzadas de algo muy similar al miedo en mi pecho - ¿Quieres decir que Ki…los Ciniclones se han ido?

- Si, justo cuando terminó la pelea – respondió Lettuce, su voz y ojos verdes suaves – se llevaron a Saya y toda su tropa fuera de nuestro planeta de una vez.

- Estamos a salvo, Ichigo, tú incluida – canturreó Pudding.

Abrí la boca para responder pero extrañamente, ninguna palabra salió de mi garganta, lo cual fue una sorpresa para mí. Considerando lo estresada que me había tenido Saya últimamente, uno habría pensado que estaría feliz, extasiada incluso de oír algo tan hermoso como: "Saya se ha largado de nuestro planeta, ya no tienes que preocuparte por una amenaza de muerte sobre tu cabeza". Claramente era un motivo de celebración, y creo que muy profundamente dentro de mí, me sentía aliviada de escuchar aquella noticia.

El problema es que mi alivio estaba ahora mismo cubierto hasta el tope por el conocimiento de que ella no había sido la única alienígena en irse mientras había estado dormida.

Se ha ido…se ha ido sin decirme nada…

Mi pecho se sintió extrañamente pesado, y tuve la imperiosa necesidad de salir disparada de la cama. De repente la visión de mis amigas a mi alrededor ya no me pareció alegre, sino sofocante, y consideré poner la excusa de que me encontraba aún muy débil o cansada y así hacer que se fueran. De repente quería estar sola.

Ya basta, me dije de manera cortante, ni que su partida fuera una sorpresa. Sabías que pasaría.

- Entonces – carraspeé cuando mi voz sonó extraña, pero en seguida logré que volviera a sonar normal – ¿la pelea terminó así como así? Me cuesta creerlo, sinceramente...si mal no recuerdo nuestro lado no estaba necesariamente ganando cuando Kish y yo nos evaporamos en el aire.

- En realidad no creo que sea prudente decir que ganamos de manera…convencional – explicó Lettuce – fue más bien una…rendición.

Elevé una ceja, en un gesto que estaba consciente haber aprendido de Kish mientras había vacacionado bajo su piel. Me pregunté vagamente si él había adquirido un hábito mío en este ultimo mes y medio…y luego descarté la pregunta porque no me llevaría a ningún sitio.

- ¿Vas a decirme que Saya simplemente se aburrió de su sed de venganza y se fue por las buenas? No estoy particularmente inclinada a creerme esa historia.

- Ah, no, no exactamente… – intentó explicar Lettuce.

Por alguna razón pareció un poco incomoda, moviendo sus manos como si necesitara mantenerse ocupada al hablar. Para mi sorpresa Mint tomó la palabra.

- Ninguna está del todo segura exactamente por qué Saya de repente decidió largarse, pero creemos que tiene algo ver con la reacción de Kish…quien en ese momento eras tú…hacía… bueno hacia ti…quien era Kish, pero ella no sabía eso – terminó de explicar Mint, y luego agregó - demasiado confuso, en serio.

- ¿Reacción? – pregunté.

- Cuando Kish fue herido en el duelo, tu reacción fue muy…territorial – Zakuro me miró con aquellos ojos que a veces veían demasiado y sinceramente esperé que no estuviera viendo más de lo que yo quería mostrar – pasional incluso. Por alguna razón, la reacción de "Kish" pareció ser una derrota en sí misma.

- ¡Te veías completamente feroz! – Pudding atrajo mi atención hacia ella con emoción – te juro que le habrías mordido la cara si la hubieras tenido lo suficientemente cerca.

- Muy buena actuación, sin duda – comentó Mint.

Pero todas allí dentro sabíamos que yo no había estado actuando. Apenas sí había estado consciente de lo que hacía, en realidad. Escuchando las anécdotas de mis amigas, sentía que estaban hablando de otra persona completamente diferente a mí. Alguien a quien apenas reconocía.

Recordaba el momento en que mis amigas describían a la perfección, sin embargo. El instante en que vi mi propio cuerpo caer al suelo, la sangre corriendo por el piso y mi propio grito en mis oídos resonando en plena batalla. Había actuado por instinto entonces, catapultándome hacia adelante, hacía Kish, y actuado de una forma que podría fácilmente considerarse peligrosa. En el momento no me había importado absolutamente nada ni nadie más a nuestro alrededor, porque en mi cabeza solo había existido un pensamiento consciente:

Mío…

Me gustaría decir que el sentimiento territorial que nació en mí había estado asociado a la preservación de mi cuerpo, que había estado egoístamente pensando solamente en mi supervivencia…pero estaría mintiendo. La verdad es que me había olvidado completamente de mí misma durante aquella pelea, y toda mi concentración había estado fija en el chico que casi había visto morir frente a mis ojos.

Había creído que lo perdería todo en ese instante. La pelea, el futuro de la Tierra, mi cuerpo…y a Kish. Habíamos estado a punto de perderlo todo, ¿y de repente me despertaba de una siesta con la noticia de que mi enemiga simplemente había empacado sus cosas y ido por las buenas? ¿Por qué?

No estaba quejándome, especialmente si el nuevo acontecimiento nos permitía eliminar una amenaza sin que corriera más sangre entre ambos bandos, aquel siempre era el mejor resultado posible. Pero no podía dejar de preguntarme: ¿que diablos le había hecho cambiar de opinión? ¿Qué le detenía de volver en el futuro? ¿Qué la había convencido de abandonar sus planes con tanta convicción?

Automáticamente me encontré a mí misma intentando llegar a Kish, enviando una pregunta a su mente como me había acostumbrado a hacerlo, pero me detuve cuando recordé que no recibiría otra respuesta más allá de un molesto silencio.

Ya no había forma de comunicarme con él.

Sentí mis ojos picar, y rápidamente cubrí la visión de mis ojos llorosos con un bostezo, preguntándome por qué diablos de repente estaba tan sensible cuando estaba recibiendo buenas noticias.

- ¿Entonces todo en verdad ha terminado? – pregunté – ¿ya no hay más presencia alienígena en la Tierra?

- Por el momento no – contestó Lettuce, con la sonrisa más feliz que le había visto en un tiempo. Al parecer yo no era la única que había necesitado un descanso – Oh, pero Kish dijo que volvería en un par de semanas posiblemente. Dijo que tiene algo que te pertenece.

Lettuce me informó de aquel hecho con total naturalidad, como si fuera una noticia casual y poco importante, y puede que para ella lo fuera, pero fue casi estúpida la manera en que mi corazón comenzó a latir dentro de mi pecho, como si no lo hubiera hecho en demasiado tiempo. Fue demasiado deprisa, demasiado fuerte, y trajo consigo un alivio mucho mayor que al momento de oír sobre la partida de Saya.

Fui consciente de la mirada conocedora de Zakuro sobre mí, e intenté controlar mi reacción. La chica no era discreta en absoluto, pero en este momento yo tampoco lo estaba siendo.

- Oh, esta bien – contesté, intentando parecer poco interesada, pero en mi cabeza di un respiro hondo de puro alivio - supongo que me enteraré en cuanto vuelva.

Me quedaba una despedida al menos. Una ultima vez que pudiéramos vernos a la cara en nuestros cuerpos originales. Un último momento antes de volver a mi vida normal.

Necesitaba eso. Necesitaba el cierre. Necesitaba decirle algo…aunque todavía no tuviera idea exactamente lo que aquello era. O eso es lo que me dije a mi misma, al menos. Fuera lo que fuera, tenía un par de semanas para pensarlo.

- Bueno, creo que lo mejor será dejarte descansar – anunció Zakuro, poniéndose de pie – has tenido un mes largo.

- ¿En verdad fue solamente un mes? Se sintió como una vida.

- Pero al menos ya terminó – me recordó Lettuce otra vez, alejándose hacia la puerta – todas nos merecemos un descanso.

- Yo no estoy cansada – refutó Pudding – podría quedarme un rato a hacerle compañía a…

- No, es hora de irnos – dijo Zakuro, prácticamente arrastrando a la pequeña chica hacia afuera.

Lo último que escuché antes de que la puerta se cerrara fue un:

- ¿Y por qué Mint puede quedarse?

Di vuelta la cabeza y noté a Mint en una esquina de la habitación, mirando sus propias zapatillas como si fueran el objeto más interesante del mundo. Solo entonces me di cuenta que más que dejarme descansar, Zakuro y Lettuce habían aprovechado el momento para dejarnos a mi y a Mint a solas. Al parecer nuestro trato frío de las ultimas semanas no había pasado totalmente desapercibido.

Me acomodé mejor sobre la cama, y moví la manta para que se enrollara más cómodamente alrededor de mis piernas. Allí dentro no hacía frío, pero necesitaba algo que hacer con las manos.

Diablos, esto es incomodo, pensé, mortalmente consciente que pasar un par de minutos en un cuarto cerrado con Mint no debería serlo. Por la forma en que al igual que a mí, ella también evitaba romper el hielo, asumí que yo no era la única incómoda.

Claramente ella quería decirme algo importante, pero no la forzaría a que lo hiciera hasta que estuviera cómoda, de la misma manera en que esperaba que ella me otorgara la misma cortesía. Abrí la boca para decirle a Mint que no había problema si prefería hacer esto en otro momento, cuando ella me ganó hablando primero:

- Puedo irme…si no quieres verme ahora mismo.

- ¿Por qué no querría verte? – pregunté, confundida.

Ella puso esa cara que siempre ponía cuando consideraba que lo que la otra persona estaba diciendo era increíblemente estúpido y no merecía una respuesta. Al ver que yo no reaccionaba de ninguna manera en especial, preguntó:

- ¿Bromeas, verdad?

Negué con la cabeza y me encogí de hombros. Ella suspiró.

- Asumí que no querrías verme porque últimamente he actuado bastante egoísta, como una niña malcriada…y básicamente como una perra – respondió Mint, sin mirarme otra vez – no te culparía si ahora mismo me odiaras.

Consideré sus palabras con cuidado. Honestamente, un par de días atrás le habría dado la razón sobre la manera en que se estaba describiendo a sí misma. Puede que incluso le hubiese agregado un par de adjetivos más a los que ella había elegido. Ciertamente se lo merecía por la manera en que me había hablado, o directamente tratado conmigo últimamente, pero a pesar de que yo podría haber devuelto el mal rato que ella me había dado a mí…no me encontré con la energía o las ganas de hacerlo.

Eran realmente pocas las veces que Mint se había mostrado a sí misma tan vulnerable, y muy profundamente siempre había sabido que la chica no era complicada por diversión, o por qué le gustara torturar a otros. Fuera lo que fuera que obligaba a Mint a ponerse a la defensiva o atacar a los demás con sus palabras, ella no lo disfrutaba, probablemente incluso quisiese parar de hacerlo pero no sabía como. Al final del día todos tenemos defectos, ¿y quien era yo para martirizarla cuando estaba intentando mejorar?

La respuesta que salió de mi boca no fue forzada o falsa. Fue sincera, y me alegré por ello. Yo también quería mejorar como persona.

- Es cierto que hemos tenido nuestra diferencias – accedí – pero no por eso querría dejar de verte, Mint. Hemos pasado por tantas cosas juntas…creo que no hay nada que puedas hacer o decir como para llegar a odiarte.

Le sonreí, medio esperando que el tema quedara como agua bajo un puente, y pudiéramos dejarlo atrás, pero ella me sorprendió frunciendo el ceño y cerrando los brazos sobre su pecho, encerrándose a sí misma en un apretado abrazo que parecía altamente incómodo.

- ¿Por qué parece que dije algo incorrecto? – pregunté, tanteando el terreno.

Mint abrió la boca y tras un instante de silencio, la volvió a cerrar. Probó de nuevo, y cuando quedó claro que lo que fuera que estaba intentando decir, su lengua no quería formar las palabras, se frustró aún más. Se separó la pared y comenzó a caminar por la pequeña habitación.

Yo simplemente la miré y esperé a que explotara.

- No tuve que esperar mucho.

- ¡Diablos, Ichigo, vine aquí a disculparme!

- Y…discúlpate – respondí, encogiéndome de hombros otra vez.

Ella detuvo su caminata y me miró como si no estuviese comprendiendo lo complicado que era aquella pequeña acción.

- No puedo hacerlo si ya me perdonaste de antes, le quitas todo el valor.

- No te disculpes entonces. No necesito…

- ¿No me estuviste escuchando? ¡He sido una perra, quiero disculparme contigo!

Suspiré, y moví las mantas a un lado para levantarme. Tanteé el mover mis pies antes de apoyarlos en el suelo, y me alegré de ver que soportaban mi peso sin ningún problema. En verdad aquella máquina de Pai era magnífica.

- No estoy entendiendo – le dije a Mint, acercándome hacia ella para que no me evitara más – ¿quieres que me enoje contigo?

- ¿Sabes que? ¡Si! – dijo ella, abriendo los brazos en el aire – sé que lo digo no tiene sentido, especialmente porque sé que no quiero que nos peleemos más, pero…diablos, Ichigo ¿por que no estas enojada? Te dije tantas cosas horribles…prácticamente te eché de mi casa, no te ofrecí mi apoyo o mi ayuda cuando más lo necesitabas… ¿Por qué diablos no me estas echando todo esto en cara?

- No necesito echarte nada en cara, ¿de que serviría eso?

- Nos haría sentir mejor a las dos.

- No, no lo haría – refuté – si quieres disculparte conmigo, hazlo, pero no me digas como sentirme.

En ese momento me encontré lo suficientemente cerca de Mint como para tomarla de los brazos, y cuando ella me miró fue con verdadera sospecha en sus ojos, como si estuviera preparada para ser herida o traicionada. Con el exterior tan fuerte que la chica se creaba a su alrededor, a veces olvidaba lo frágil que podía ser verdaderamente por dentro.

- Podemos tener nuestras peleas, Mint – le dije, y no sé de donde salió mi tranquilidad, pero se sentía como un soplo de aire luego de tanta ansiedad - pero siempre vamos a estar ahí la una para la otra.

- ¿Y si eso cambia? – preguntó ella, con una voz tan baja que tuve que hacer esfuerzo para escucharla, incluso en nuestra cercanía - ¿y si nos despertamos un día solo para darnos cuenta que todo ha cambiado, que ya no somos amigas, ni tenemos grupos o temas en común, y que ya ni siquiera tenemos oportunidades para vernos o hablarnos? ¿Y si de repente la vida se nos coló en el medio de nuestra amistad y ya no hay nada que podamos hacer al respecto?

Las imágenes que Mint estaba pintando eran tan claras que casi podía verlas en mi cabeza, corriendo de una a otra como si fuera una película solo para mis ojos. Me pregunté cuanto tiempo había estado ella viendo la misma película y sufriendo en silencio.

- Mint, ¿de que se trata todo esto?

Ella respiró hondo entonces, y pareció rendirse completamente. Sus brazos ya no se sintieron tensos como cuerdas bajo mis dedos. Se relajó frente a mí y dejó mostrar sus verdaderos colores. Cuando me miró, sus ojos estaban vidriosos y desesperados.

- A veces pienso que soy la única que puede sentir el paso del tiempo – dijo Mint, su voz un tanto quebrada. Hizo una pausa para carraspear, pero cuando volvió a hablar, su tono seguía siendo el mismo – ¡A Zakuro le ofrecieron un trabajo en el exterior que quizás vaya a tomar, Lettuce está considerando renunciar al café porque no tiene el suficiente tiempo para estudiar, tú te vas a estar yendo a la universidad el año que viene y probablemente no volvamos a saber de ti porque estarás demasiado ocupada salvando al mundo con tu novio, e incluso Pudding está creciendo! ¡No va a pasar mucho tiempo hasta que…!

- Espera, espera – le corté, antes de que se alterara demasiado - ¿de donde sale todo esto? ¿Piensas que porque estemos creciendo vamos a separarnos? ¡Somos Mew, Mint!

- Y eso es suficiente para mí, pero ¿y si no lo es para las demás?

Nunca me había puesto a pensar aquello, no al menos desde el punto de vista de Mint. Mientras ella temía los cambios que podrían generarse en nuestro pequeño grupo, yo había temido pasar el resto de mi vida atascada en exactamente el mismo sitio.

Habían muchas cosas en mi vida que me encantaban, que me hacían feliz y que quería mantener en mi corazón o en mi rutina para siempre, pero había otras que me daba miedo pensar que se mantendrían de la misma manera. ¿Me despertaría un día solo para encontrarme atascada en el mismo uniforme rosa? ¿Me acostumbraría tanto a las orejas y cola de gato, que llegaría el día en que no notaría la rareza? Sin darme cuenta, creo que me había encontrado a mi misma del otro extremo del ataque de nervios que mi amiga actualmente estaba sintiendo, pero temiendo otras imágenes, otra película completamente diferente.

Había estado tan ocupada intentando idealizar mi futuro, que no me había puesto a pensar que quizás a Mint le gustase nuestra vida exactamente como era, que quizás por el momento, ella no necesitaba nada más.

Siempre había asumido que Mint haría grandes cosas una vez que se graduara de secundaria. La había imaginado yéndose a una exótica universidad en algún país europeo, conociendo un novio elegante, encontrando un trabajo de alto nivel y viviendo una vida de lujos en quien sabe donde. Después de todo, Mint no se quedaba corta en las descripciones de su hipotética vida perfecta. Por eso era una sorpresa venir a enterarme ahora que la mera posibilidad de la desintegración de nuestro grupo fuera suficiente como para dejarla en lágrimas. Me hacía darme cuenta que aún me faltaba demasiado por conocer sobre mi amiga.

Antes de que me diera cuenta lo que estaba haciendo la abracé, y para mi sorpresa ella respondió enseguida, rodeando sus brazos alrededor de mí con fuerza. Creo que nunca nadie en el mundo necesitó tanto un abrazo de mí como Mint en ese momento.

- Mint, este grupo es tan importante para mí, como para ti – dije, notando como mi voz tampoco se oía tan firme pero sin que me importara – lo es para todas, ¿Cómo puedes pensar que podríamos abandonarlo sin más?

- Porque no sería una decisión consciente. Cada una está yendo por su propio camino ya, y no estoy segura que vayamos a encontrarnos en el medio…

Me pregunté cuantas noches mi amiga se podría haber ido a dormir pensando en la posibilidad de que nuestro grupo se separara, o en todas las ocasiones en que quizás se habría puesto triste cuando alguna de nosotras había cancelado un plan o una salida porque había algo más importante en nuestras rutinas a lo que le elegíamos dar más importancia. Me pregunté cuanto tiempo había estado Mint viviendo con el miedo a perder a sus únicas amigas.

Posiblemente la misma cantidad o quizás más tiempo del que yo había gastado planeando mi propio camino. De repente sus exabruptos comenzaban a tener sentido.

- Sé como te sientes – le dije, separándome un poco para poder verla a la cara de nuevo – no quiero pensar que vayamos a separarnos tampoco, creo que ninguna quiere eso. Si la vida se nos interpone…quiero pensar que seremos lo suficientemente fuertes como para no perder nuestros lazos…aunque no tenga seguridad alguna de ello todavía.

- Lo sé, y eso me molesta – admitió – la idea de perderlas me molesta mucho.

- A mi también.

Nos quedamos calladas un rato, ninguna demasiado segura que agregar, o siquiera si era necesario agregar algo más a la conversación. Lamenté no tener algo mejor que decir. Me imaginaba que Zakuro o Lettuce podrían haber confortado a Mint mucho mejor de lo que yo había podido. Desafortunadamente era yo quien estaba ahí.

- Lo siento – le escuché decir – por las cosas que dije, de verdad no fue en serio.

- Descuida, sé que a veces puedes actuar como perra, pero no me lo tomo personal.

Mint resopló y rodó los ojos de manera irónica, pero vi su sonrisa y supe que a pesar de mi falta de respuesta, de alguna forma me había manejado para hacerla sentir mejor. Incluso me parecía que no debíamos necesariamente llegar a una respuesta absoluta para sentir que un problema estaba resuelto. A veces el que otra persona lo reconociera era suficiente.

Por todas las habilidades sobrenaturales que teníamos, ninguna de nosotras era capaz de ver el futuro, lo que significaba que Mint no tenía evidencia con la cual basar su miedo, pero tampoco tenía forma de asegurarse que nuestras vidas seguirían estando atadas siempre. La seguridad verdadera no existía, y me estaba empezando a dar cuenta de ello con dolorosa claridad. Un día puedes ser una persona con una rutina, con un grupo de amigos que te hacen feliz, con una idea sobre el futuro…y de repente puedes despertar en una vida extremadamente distinta, sin saber como has llegado hasta allí. Supongo que es la apuesta que hacemos todos alguna vez.

Ahora mismo no quería pensar en cambios o en mi vida tomando un camino impredecible, pero poco podía hacer al respecto si el destino se me interponía. Como le había dicho a Mint, solo me quedaba intentar mantenerme fuerte y pelear por mantener las cosas y las personas que me importaban.

Y quizás dejar ir lo demás.

Volví a abrazar a mi amiga y me sentí más cercana a ella que nunca.


Mi cuarto se veía de la misma manera en que se había visto siempre. Mi acolchado seguía teniendo el mismo tono rosa chillón, mis almohadas seguían siendo ridículamente mullidas, y mi ropa aún seguía estando desordenada dentro del armario. Todo se veía exactamente como debería verse…pero por alguna razón, la imagen entera me pareció diferente.

Me pareció el cuarto de otra persona.

Y quizás lo era. Definitivamente no me sentía como la misma chica que había dejado atrás aquel dormitorio un mes y medio atrás. No estaba segura si había sucedido un evento en específico, o si simplemente la suma de todo lo que había pasado últimamente me había afectado de alguna manera, pero fuera por la razón que fuera, me sentía como otra Ichigo.

Silenciosamente, comencé a ordenar la ropa que podía ver sobresaliendo de mi armario. Tomé una montaña de camisetas y comencé a doblarlas una por una, como mi madre me había enseñado hacía años, pero nunca había aplicado el conocimiento porque generalmente no me daba el tiempo a mí misma de hacer las cosas con tranquilidad. Ahora me di ese tiempo, y fue extrañamente relajante.

Cuando terminé con las camisetas, dejé la pila en el suelo, y continué quitando ropa desordenada de los estantes. Seguí con los pantalones.

- Vaya, un mes fuera de casa y vuelves toda ordenada – escuché la voz de mi madre a mi espalda – ¿Quién eres y que has hecho con mi hija?

Me di la vuelta para verla sonriéndome desde el marco de la puerta. A pesar de su tono de broma, me tomé su pregunta más en serio de lo que debería.

- Soy la misma persona, o al menos eso creo.

Algo en mi tono de voz le hizo a mi madre prestar más atención. Por unos minutos ninguna de las dos dijo nada, y yo seguí doblando ropa, pero sentí su mirada sobre mí como un halcón. Cuando terminé con los pantalones, me di cuenta que ella había entrado en mi dormitorio y sentado sobre mi cama. Su mirada era una curiosa.

- Cariño, ¿estas bien?

- Estoy bien…perfectamente, en realidad – contesté de la misma manera en que lo había hecho a mis amigas, porque técnicamente era cierto, pero la pregunta de mi madre era más profunda, y ambas lo sabíamos.

- ¿Pero…? – me incentivo ella.

- Pero…no sé, hay algo… ¿puede uno estar bien, pero no…sentirse bien?

- Claro que sí, lo que sientas es valido…y puedes decirme lo que quieras, ¿lo sabes no?

No todo, pensé, pero no podía decirle eso a mi madre sin que generara un par de preguntas. Luego de tres años de guardarme el secreto del proyecto Mew y no una, sino dos invasiones alienígenas, solo me faltaba confesarle todo a mi familia ahora mismo para que mi vida se terminara de ir por el traste.

Había mucho que no podía contarle, pero aún así necesitaba su consejo. Sobre los temas de una adolescente común al menos.

- Si, si, lo sé – contesté, terminando por fin con mi ropa y pasando ahora a ordenar mi escritorio – en serio estoy bien, mamá, no es que algo…me suceda, ni nada por el estilo, es solo…Mint esta preocupada porque nuestro grupo de amigas se desintegre…y no sé, creo…creo que nunca me había puesto a pensar que cosas así podían pasar.

Nunca me había puesto a pensar que varias cosas podían pasar, en realidad. Cosas que las había tomado como seguras en el pasado. Me encontré a mi misma teniendo que explicarme, aunque no pudiera hacerlo del todo bien:

- Digo, entiendo que algunas veces partes de nuestras vidas dejan de ser lo que eran, y siempre vienen otras malas o buenas, pero…siempre había pensado que hay cosas o incluso…personas que se mantienen, que son fijas, ¿sabes? Pero, ¿y si no es así? ¿Hay aunque sea algo seguro?

Mi madre consideró en silencio mi pregunta. Creo que no se había estado esperando hablar conmigo de forma tan profunda. No sucedía muy seguido.

- Es una pregunta difícil, cariño – reconoció ella – y creo que cada uno tiene la respuesta dentro de si mismo. Si me preguntas a mí, siento que tengo un par de seguridades. Por ejemplo, que los amo a ti y a tu padre, eso nunca va a cambiar…o que siempre me darán miedo las cucarachas. Pero si me preguntas si siempre estaré contenta con mi trabajo, o si siempre tendré la misma relación con mis amigos, o si algún día me aburriré de Japón y querré irme al Caribe…no lo sé. Eso lo sabe cada uno cuando llega el momento.

- ¿El momento de que?

- El momento en que encuentras aquello que no sabías que estabas buscando.

Demasiado poético para mi gusto, pero no me parecía una visión exactamente errónea. Muchas personas en mi vida las había encontrado sin saber que las necesitaría con tanta fuerza en el futuro, o lo feliz que me harían.

- ¿Y si no quiero encontrar nada más? – pregunté, haciendo una pausa en mis acciones sobre el escritorio - ¿Y si estoy bien así?

Mi madre se levantó de mi cama y se acercó a mí. Sus ojos marrones, del mismo tono que los míos, parecían especialmente dulces, y me sentí como una niña pequeña bajo esa mirada conocedora. Me pregunté si tenía alguna mínima idea de lo que yo podría estar hablando, o si lo sabría con total seguridad. No me habría parecido raro que se tratara de la segunda opción.

- Si la vida fuera para quedarse en el mismo sitio no sería ni remotamente tan interesante, Ichigo – dijo mi madre, con una sonrisa un tanto agridulce.

Me pregunté si ella habría pasado por situaciones similares a las mías a mi edad. Nada de pendientes mágicos, por supuesto, ni responsabilidades enormes como las de salvar al mundo, o alienígenas que juran un amor por ti que nunca se termina por evaporar. Sino temas simples, como amigas que temían perder la amistad, novios que esperaron algo más de lo que ella estaba dispuesta a dar, o un futuro que no era claro. ¿Se habría encontrado mi madre con preguntas similares a las mías? ¿Y si era así, como había encontrado las respuestas?

Tenía que resolver asuntos con ciertas personas en mi vida, y luego de varios días de pensarlo, y repensarlo, aún no tenía idea que les diría en cuanto los tuviera frente a frente.

¿Qué voy a decirle?

- Por como yo lo veo – continuó mi madre – siempre tienes más de un camino a seguir. Incluso si tu corazón quiere ir hacia un sitio, siempre puedes impulsarte para el otro y ver que pasa…pero ya que tu decisión te haga feliz o no, depende de ti. A veces duele pasarse a otro camino, pero no necesariamente es algo malo, Ichigo. No hay tampoco siempre una sola respuesta correcta.

- Y no lo sabré hasta que llegue el momento, ¿verdad?

Mi madre sonrió de nuevo, y esa fue toda la respuesta que tuve.

Había sido tonto de mí esperar que otra persona me diera las soluciones a mis problemas. Fuera como fuera terminar mi futura conversación con Masaya, o con Kish...tendría que encargarme de ello por mi sola. De alguna manera, en el momento encontraría mis respuestas.


Estuve un mes sin acceso a una computadora y el no poder escribir por tanto tiempo no me gustó, es más me costó bastante trabajo volver a retomar la historia. Estoy tan cerca del final que ya quiero terminarla, pero no quiero apurarme y dejar cabos sueltos, o accidentalmente escribir escenas insatisfactorias.

Me había quedado bastante claro que este iba a ser el último capítulo, pero claramente NO lo es. Mientras escribía me di cuenta que si agregaba el resto de contenido que tenía en mi cabeza iba a quedar un ritmo demasiado rápido y un capítulo demasiado largo para mi gusto. Idealmente me estaría quedando escribir un capítulo más después de este y un epílogo, los cuales ambos están empezados así que espero no tardar tanto en actualizar!

En fin, espero que les haya gustado este capítulo, y como siempre, muchas gracias por leer!