Capitulo 2:

Doctor Richard Jackson

- Buenas noches doctor Jackson.

Me dijo con entusiasmo una de las enfermera de turno cuando me vió cruzar la puerta.

- Buenas noches señorita Holliday. ¿Como han estado las cosas hoy por aquí?

Pregunté sin entusiasmo y sin mirarla, mientras me quitaba el abrigo y el sombrero para ponerlos en el perchero de la entrada. Era simpática, pero aún así era mejor que la tratara con indiferencia. Cuando le prestaba más atención de la debida, tendía a ponerse colorada y eso no me facilitaban las cosas.

- Bastante tranquilas doctor. No tenemos mayores novedades salvo el ingreso nuevo. Una chica de Biloxi, igual que usted...

Al decir la última frase, tal y como temía, se le subieron los colores. Tosí sonoramente para disimular el rugido que se escapaba de mi garganta.

- Gracias señorita Holliday, ya leeré el informe del doctor Sharp en mi despacho.

Dicho esto me dí media vuelta y me marche deprisa por el pasillo, pese a la cara atónita de la enfermera.

Ya en la soledad de mi despacho pude dejar de contener el aliento. La ausencia de olfato era bastante incomoda después de un rato. Pero era necesario si quería no ser descubierto.

Hacía 3 años que había adoptado la identidad del psiquiatra Richard Jackson y me había trasladado a la ciudad de Meridian, para trabajar en el East Mississippi Insane Hospital. Aquí podía llevar una vida sedentaria y tranquila, a la vez que podía alimentarme fácilmente. Y es que la mayoría de las personas que terminaban en un lugar como este, eran olvidadas por el mundo. Sus familias se desentendían por completo de ellos y en algunos casos hasta fingían su muerte, porque era mejor decir que estaba muerto a que estaba loco. Tanto era así que al morir alguien o desaparecer, nunca se investigaba porque a nadie le importaba en el fondo...ni siquiera a la policía. Se mirase por donde se mirase, era un sitio ideal para alguien como yo. Inclusive aceptaban sin sospecha alguna mi vida nocturna, al asociarla a mi trabajo.

Todo era perfecto, lo único que tenia que hacer era vigilar de no perder el control, actuar como un humano más, y matar solo esporádicamente a cierto tipo de personas. Si lograba hacer eso, podía disfrutar tranquilamente de esta buena vida una temporada.

Como sabía que en ese momento estaba solo y que nadie me observaba, fui libre de moverme sin aparentar. Me acerque rápidamente al escritorio y ojeé en cuestión de segundos todos los documentos del ingreso, para visitarla y salir de esto cuanto antes. Y es que en el fondo no me importaba en absoluto la chica nueva. Era una humana más como cualquier otra, y su caso no era excepcional ni diferente al de la mayoría de los desgraciados que aquí vivían. El diagnostico era sencillo de ver desde el primer momento: Esquizofrenia.

Según los archivos, la humana Mary Alice Brandon procedía efectivamente de Biloxi, tal y como había comentado Holliday hacía un rato. Había sido ingresada esa misma tarde porque, afirmaba poseer el don de la clarividencia. Por lo visto, había venido acompañada por su padre, quien además de traerla hasta aquí, había firmado la orden de no ser contactado bajo ninguna circunstancia pese a que su hija no superaba los 17 años. Cuanto hubieran dado tantos padres por pasar una hora más con sus hijos perdidos, mientras él renunciaba voluntariamente a ello. Cuanto hubiera dado yo...

De repente unos tímidos golpecillos en la puerta me sacaron de mis pensamientos.

- Doctor Jackson, disculpe interrumpirle. Es la señorita nueva, está causando un gran alboroto en su habitación. Está muy alterada. ¿Quiere atenderla usted en persona o quiere que directamente la contengamos?

- No se preocupe Nancy, enseguida me encargo yo del asunto.

Dicho esto, salí de mi despacho escoltado por la bella auxiliar de tez negra que había venido a buscarme. Estar tan cerca de ella era difícil, sobretodo por su delicioso olor. Debía recordar en todo momento no respirar y mantener la calma.

Cuando estábamos por llegar a la habitación, le pedí cortésmente a Nancy que se encargara de la ronda nocturna del resto de pacientes, para que me diera un poco de espacio y pudiera ver tranquilamente a la chica. Por el brillo de los ojos, se notaba que su deseo era acompañarme allí dentro, pero no protesto ante mi petición y se marchó a hacerla inmediatamente.

Golpee la puerta antes de entrar y espere un rato en vano, porque nadie contestó. Entré igualmente, y cuando lo hice me encontré con una habitación totalmente destrozada y una chica menuda llorando sin consuelo en el suelo mientras se abrazaba las piernas contra el pecho.

Como parecía que no se había dado cuenta de mi presencia allí, carraspeé un poco para llamar su atención y funcionó, porque al momento levanto la cabeza para mirarme entre un matojo de pelo negro. Cuando finalmente se descubrió la cara con un simple movimiento de manos, me quede anonadado mirando sus peculiares ojos grises, no solo por lo hermosos y raros que eran, sino porque eran exactamente iguales los de Christie. Llevaba vagando en este mundo unos 300 años, y nunca me había topado con una mirada tan parecida a la de mi amada hija.

Había deseado volver a ver esos ojos desde hacía tanto tiempo y ahora que tenía la fortuna de contemplarlos nuevamente, verlos llenos de tristeza y desconsuelo era como recibir una puñalada directa en mi corazón muerto. Tuve que contenerme para no darle un fuerte abrazo paternal y consolarla. En lugar de eso, y muy a mi pesar, opte por el dialogo.

- Señorita Brandon levántese del suelo inmediatamente. Rompiendo la habitación en pedazos y dando problemas a las enfermeras no conseguirá nada, o al menos nada bueno en este lugar.

Ella me miro con desconfianza y algo de miedo, pero obedeció. Se puso en pie con la gracia de una bailarina y se limpio las lagrimas como pudo. Ya no lloraba, pero su mentón seguía temblando y su respiración era entre cortada.

- ¿Quiere un poco de agua para calmar los nervios?

Pensó por un segundo mi pregunta, y movió lentamente la cabeza para contestar que si.

- Muy bien, traeré un poco. Mientras vuelvo quiero que recoja un poco este desastre. ¿Entendido?

- Si doctor- Respondió con la voz rota.

Abandone la habitación en busca del vaso con agua, pero sin ninguna prisa. Quería darle un poco de tiempo para que se calmara y se aclarara las ideas, para así poder hablar bien con ella luego.

Cuando regresé aún estaba recogiendo sus pocas pertenencias, pero se le veía más tranquila.

- Su agua señorita Brandon. Y disculpe mi descortesía, aún no me he presentado, soy el doctor Richard Jackson. ¿Le importa que tome asiento para hablar un poco con usted?

- No, más bien la descortés he sido yo doctor. Lamento que me encontrara en ese estado...y por favor siéntese.

- Señorita Brandon…

- Alice por favor. Solo Alice.

- Muy bien, Alice. ¿Sabe usted por que está aquí?

- Por un mal entendido. Si me permitiera hacer una llamada a mis padres mañana, podría…

Pero antes de que terminara de decir la frase, sus ojos se llenaron de lagrimas otra vez y su mirada se lleno de rabia e impotencia.

- Ni insistiéndole me va a dejar llamar a casa, ¿verdad? Y en caso de que lo hiciera no serviría de nada, ¿cierto? Ya todo está decidido, aquí terminare los días que me quedan de esta vida...

Tras decir estas últimas palabras su mentón volvió a temblar, y su respiración se entrecortó.

Mientras tanto yo intrigado por sus palabras, quise indagar más sobre su certera deducción de los hechos.

- ¿Porque piensa eso Alice? ¿Su padre le ha comentado algo?

- Porque lo sé y punto. Y aunque se lo dijera, usted no me creería…a que no.

- ¿Se refiere a sus "visiones"? ¿Ha tenido alguna sobre esto?

Pero Alice no respondió, ni me miró mientras preguntaba. Su mirada parecía perdida en el infinito de la habitación.

Tras un rato de silenció traté de insistir en el tema.

- Por favor Alice, explíqueme como funciona esto de las visiones. Que es lo que usted cree que ve.

Pero tampoco me respondió. Era como si su cuerpo estuviera sentado allí a unos centímetros de mí, pero su alma la hubiera abandonado. Tanto era así que me preocupé porque hubiera entrado en estado catatónico o algo.

- ¿Señorita Brandon se encuentra usted bien? ¿Puede responderme?

Pero tal como se había ido, regresó de golpe y me contesto con frialdad.

- Ya le dije que me llamara simplemente Alice. Y si, me encuentro lo bien que se puede encontrar alguien a la que su familia acaba de abandonar y sentenciar a cadena perpetua en un manicomio bajo la etiqueta de esquizofrenica. Ahora si no es mucha molestia doctor Jackson me gustaría dormir un poco, mañana me espera un día largo.

- Por supuesto. Que descanse bien. Y cualquier cosa que necesite esta noche, no dude en pedírselo a Nancy que estará a cargo de está zona. Ah. Y por cierto recuerde que aquí se empieza la jornada…

- ...a las 7.00 de la mañana. Lo tengo presente. Gracias y buenas noches doctor.

Dicho esto abandone la habitación y me fui a mi despacho a escribir el informe que me pedía mi trabajo. Pero conforme avanzaba, más extraño me sentía al repasar todo lo acontecido con la humana. De haber tenido la capacidad de dormir, seguro que me hubiera costado conciliar el sueño y perderme entre los brazos de Morfeo tras este curioso y atípico encuentro. Sobretodo por todos los recuerdos alegres y dolorosos que despertaban en mi ese par de ojos grises.

Estaba tan ansioso por lo sucedido, que mi garganta empezó a arder sin control como no lo hacía hace años, y mi sed fue en aumento. Ese día no había planeado alimentarme de nadie, pero dadas las circunstancias, sentía que era necesario sino quería perder el control y ser descubierto.

La cuestión ahora era a quien escoger del hospital y luego como hacer para que nadie sospechara su súbita muerte. Tras meditarlo un rato, opte por "visitar" a Harry, un chico pelirrojo diagnosticado de homosexualidad y con historial de varios intentos de suicidio. Era la victima perfecta para esta noche, sobretodo porque a nadie le sorprendería que se quitara la vida, y porque nadie le echaría en falta...

A la noche siguiente, apenas entre al hospital, me informaron de la muerte del joven Harry. Le habían encontrado por la mañana ahorcado con su propia sabana en uno de los baños. Fingí sorpresa y lamenté su perdida, pese a que nadie parecía realmente consternado por el asunto.

Luego, tas trabajar un poco con el papeleo del despacho e informarme con las enfermeras por los acontecimientos relevantes del día, me dispuse a realizar mi ronda nocturna por el hospital, empezando por la señorita Brandon.

Desde nuestro último encuentro no había podido alejar mi pensamiento de ella y de los ojos grises de Christie. Pero cuando entre, no fueron lo primero que llamaron mi atención. La verdad es que debí haberlo imaginado, sobretodo porque era el procedimiento habitual allí. Pero la imagen me chocó bastante más de lo que hubiera querido. El hermoso pelo negro hasta la cintura que llevaba el día anterior ya no estaba. A cambio habían retazos mal hechos y muy cerca al cuero cabelludo. Y como si eso fuera poco, la mitad de su cara estaba bastante hinchada.

- Si se lo pregunta, ha sido por un bofetón. Al darme cuenta de sus intenciones, trate de morder a una enfermera y esta me golpeo con tal fuerza la cara que me dejo atontada un buen rato. Cuando me di cuenta ya habían acabado con mi pelo.

Me dijeron que era por mi bien, para evitar contraer piojos…

- Igualmente lo lamento Alice.

- Ahora da igual doctor. Este es solo el comienzo del fin.

Tras estas palabras, el silencio reino en la habitación.

Cuando ya estaba por marcharme y continuar la ronda, me fije en un dibujo a medio terminar sobre el escritorio.

El dibujo era un retrato hecho a lápiz de un chico de unos 20 años, de facciones delgadas, pelo medio largo y mirada profunda. Su sonrisa, al igual que el resto de su rostro, era particularmente hermosa, pero se se veía opacada por una serie de marcas en el mentón y en el cuello.

- Es muy bueno.¿Lo ha hecho usted Alice?

La pregunta pareció cogerla por sorpresa, por lo que respondió con un tímido asentimiento de cabeza, mientras sus mejillas se ponían coloradas.

Normalmente cuando esto ocurría, solía alejarme de la persona para evitar la tentación, pero Alice no despertaba el deseo de sangre en mi. Su parecido con Christie era tan grande, que era incapaz de imaginarme siquiera poniéndole un dedo encima.

- ¿Puedo preguntar quien es?

Ella vaciló un rato antes de contestar.

- Aún no estoy muy segura de ello. Nunca le he visto, o al menos no en persona…

- ¿A que se refiere con eso?

- Es difícil de explicar, pero desde que tengo memoria le veo en sueños y sé que algún día le conoceré.

- ¿Como sabe que es real y no un simple sueño que se repite?

- No. Estoy segura. Él es tan real como lo que siento.

- Muy bien...pues nuevamente la felicito por tener tanto talento para el dibujo. Espero que mañana, con más tiempo, me cuente algo sobre esos sueños suyos. Ahora he de irme porque se hace tarde y me están esperando el resto de mis pacientes. Que pase buena noche Alice.

- Gracias doctor. Hasta mañana a la noche.

Cuanto más tiempo pasaba con Mary Alice Brandon, más me sorprendía lo mucho que se parecía a mi hija. Sus ojos, su sonrisa, su forma de hablar, su manera de caminar…Eran como dos gotas de agua. Tanto era así que aveces sentía como si fueran la misma persona. Yo nunca había creído en la idea de la reencarnación después de la muerte, pero ahora me lo planteaba seriamente. ¿Podía llegar a ser cierto?

Pero esto no era lo que más me preocupaba y llenaba mi mente. Era el hecho de que sentía que día a día la perdía cada vez más. Entre los tratamientos psiquiátricos, los experimentos del doctor Sharp, el manicomio y su depresión, cada vez estaba más encerrada en si misma. Y lo peor era cuando su mirada se perdía en el infinito, y no atendía a ningún estimulo. Me sentía completamente impotente al verla así. Ya no sabía que hacer para ayudarla. Inclusive me había llegado a plantear el transformarla. ¿Pero sería capaz de aguantar el probar su deliciosa sangre y no matarla? Y en caso de que lo consiguiera, ¿me perdonaría ella alguna vez por condenarla a toda una eternidad entre las sombras? ¿Acaso esta era mejor vida que la que ya llevaba?

Entre mis dilemas internos, pasaron las semanas y con ellas los meses. Cada vez ella hablaba menos conmigo, porque cada vez estaba menos presente. Por lo que me sorprendió mucho cuando una noche golpeo la puerta de mi despacho acompañada por la enfermera Nancy, quien había adoptado el papel de cuidadora personal cada vez que podía. Nunca supe si era porque esta última le había cogido particular cariño como yo, o porque entre ellas había nacido una amistad verdadera.

- Disculpe doctor Jackson, la señorita Alice deseaba verle con urgencia. Traté de hacerla cambiar de parecer porque es muy tarde para consultas y seguro usted está ocupado, pero insistía mucho y no hubo manera de hacerla cambiar de parecer...

- Tranquila Nancy. Ahora no estoy ocupado y puedo atenderla. ¿Le importaría dejarnos solos? Yo luego la acompañaré de regreso a su habitación.

- Por supuesto doctor…

Cuando Nancy cerró la puerta tras de sí, me fije con más detenimiento en la paciente. Se le veía particularmente nerviosa y algo asustada.

- Por favor siéntese Alice, y dígame ¿en que puedo ayudarla?

- Yo….no…no estoy muy segura…

- Bueno, al menos dígame que le preocupa.

- He visto cosas...cosas que no sé explicar con palabras doctor. Ojos rojos, sangre, sombras que se mueven muy rápido y…mu...muerte…

A medida que iba pronunciando cada palabra, yo me iba poniendo más nervioso, pues entendía perfectamente a que se refería: Hablaba de un vampiro. Pero ¿como?¿Acaso había descubierto mi secreto? ¿Había visto a otro como yo?

La tensión ocupo mi rostro, y por primera vez en más de un siglo, fui incapaz de poner mi particular cara de poker y actuar con indiferencia. Por el contrario, la cogí de ambos brazos y la sacudí pidiendo más información al respecto. Pero ella no respondió a mi suplica, debido al esfuerzo que hacía para contener las lagrimas que se asomaban de sus ojos.

Con desespero me gire y tras un rato de meditación, pregunté en voz baja, más como para mi mismo:

- ¿Porque me cuenta esto a mi Alice?

- Por que...por que usted va a morir. Lo he visto.

Dicho esto rompió en llanto.