CAPITULO 3:
JASPER
Cuando menos me lo esperaba los primeros rayos de sol salieron de entre los edificios y golpearon su hermoso rostro. Al hacerlo se convirtieron en pequeños diamantes resplandecientes que le otorgaron, si cabe, aún más belleza.
No podía creerme que lleváramos toda la noche charlando como dos viejos amigos, cuando nos conocíamos de apenas unas horas atrás. Ni siquiera con Peter había logrado desarrollar tal grado de compenetración después de tantos años juntos. Pero lo que más me impactaba era como me hacía sentir.
La mayoría de vampiros despertaban en mi sensación de desconfianza, ira, celos, miedo...todos sentimientos no agradables. Pero con Alice era distinto. Cuando ella estaba cerca sentía algo muy diferente, sentía alegría y paz, pero sobretodo amor. No había ni pizca de maldad en ella, y eso era algo que no había visto en mis 100 años de existencia. Aunque también es verdad que tampoco había visto nunca un vampiro con el extraño color de sus ojos. Cosa que me intrigaba bastante y que en un comienzo me causó algo de desconfianza. Era demasiado bueno para ser verdad…
Yo tenía miedo que al final fuera como María o como tantos otros que solo buscaban aprovecharse de alguna forma. Pero entre más tiempo pasaba, más me daba cuenta de lo especial que era Alice.
- Llevas un rato muy callado. ¿En que estas pensando?
Me dijo con una pequeña sonrisa en los labios.
- Lo siento señorita. Solo pensaba que si no supiera que los vampiros tienen denegado el acceso al mundo de Morfeo, estaría seguro de estar soñando ahora.
- Yo si que tengo miedo de despertarme y ver que realmente no estas aquí conmigo. Llevaba tanto tiempo buscándote que pensé que no ibas a aparecer jamás.
- Me alegra que me encontraras. Hacía tiempo que estaba perdido en una vida de sombras...
Luego nos miramos en silencio un buen rato, y como si nuestros cuerpos fueran dos poderosos imanes, se fueron acercando poco a poco hasta que nuestros labios se tocaron por primera vez.
No voy a decir que con María no hubo muchos besos y de diferente tipo, pero ninguno se podía comparar con este. Su dulzura, su ternura, su amor y los inesperados corrientazos que sentía al tocarla lo hacían único. Además podía sentir a la perfección como sus sentimientos y los míos se mezclaban y se fundían con tal fuerza, que no sabría decir con certeza que pertenecía a quien. Nuestros movimientos eran tan sincronizados y compenetrados, que cualquiera que nos hubiera visto desde fuera habría pensado que llevábamos una vida besándonos.
Entre besos, miradas y caricias, nos perdimos durante días. Sin embargo y muy a mi pesar, mi desgarrada garganta empezó a pedirme con desesperación salir de esa vieja habitación de hotel y calmar la sed de varias semanas con algún desafortunado transeúnte nocturno.
En el fondo no quería volver al mundo real, pero era consciente de que Alice estaba igual de hambrienta que yo, púes el hermoso brillo dorado de sus ojos se había ido perdiendo hasta convertirse en dos perlas negras. Por ello le propuse el salir a cazar juntos, pero para mi sorpresa, ella no respondió al instante. Por el contrario se quedó mirándome de una forma muy extraña. Podía sentir a la perfección su desconfianza en mi pecho, y eso me dolía profundamente púes no sabía que había pasado para despertar ese cambio tan drástico en ella.
- ¿Que va mal?
- Sabía que llegaría este momento...
- ¿De que hablas?
- Voy a llevarte un sitio y voy a mostrarte algo muy importante para mi, pero necesito que te muestres receptivo ante lo que vas a presenciar. ¿Entendido?
- ¿Pero que está pasando Alice?
- ¿Confiás en mi?
- Por supuesto.
Dicho esto me robó un tierno beso de los labios y salió corriendo de la habitación a una velocidad inapreciable para el ojo humano. Yo la seguí a poca distancia a través de la ciudad de Filadelfia y de los poblados aledaños, hasta llegar al corazón de la foresta de Wharton, donde se paró en seco. Luego se giró hacia mi y me regalo una de esas encantadoras sonrisas capaces de hacerme perder la cabeza.
- Te estarás preguntando porque te he traído hasta aquí y porque tanto misterio. Pero era necesario, sobretodo si queremos evitar un accidente.
- ¿Accidente?
- Si.
Luego calló por un momento y tomó una buena bocanada de aire antes de continuar.
- Jasper te he traído aquí para cazar.
Al oírlo preparé instintivamente mis sentidos para la búsqueda de alguna presa, pero fui incapaz de sentir alguna presencia humana cerca nuestro.
- Aquí no hay nadie Alice
- No, no hay ninguna persona en varios kilómetros.
La frustración me carcomía y, aunque no quería, de mis labios se escapó un ligero gruñido a modo de protesta.
- Tranquilo calmaremos la sed. Solo te quiero abrir los ojos ante una nueva forma de vida muy diferente a la que has conocido hasta ahora.
No sabía de que estaba hablando ni lo que pretendía llevándome hasta allí, pero lo que si era seguro es que ahora tenía toda mi atención.
- Cuando nos conocimos me preguntaste por el curioso color de mis ojos…
- Y me respondiste que era complicado y que me lo explicarías en otra ocasión.
- Correcto. Y el momento ha llegado. Estoy algo nerviosa porque no puedo ver tu primera reacción a esto que te voy a decir, así que te pido que abras la mente...
Jasper, mis ojos adquieren ese característico color dorado por el tipo de dieta que llevo. A diferencia de otros vampiros, yo no cazo personas, me alimento solo de animales salvajes. Y no te voy a mentir, no es nada fácil hacerlo, pero gracias a ello no solo he logrado camuflarme mejor entre los humanos, sino que también he podido llevar una vida más pacifica y acorde a mi naturaleza…
Por un rato no respondí a sus palabras, y ni siquiera me moví del lugar. Era como si mi cerebro solo pudiera gastar energía en procesar la información que acababa de recibir y en nada más. Estaba muy confundido, pero por primera vez sentía esperanza. ¿Acaso Dios había escuchado mis plegarias?
Es verdad que yo era un asesino y una monstruo de la peor especie. Es verdad que en mi no quedaba casi rastro de humanidad tras un siglo de sangre, venganza y muerte. Había presenciado y realizado matanzas, carnicerias y horrores indescriptibles inclusive para un vampiro. Pero en el fondo, yo odiaba mi vida y estaba cansado de tanto dolor y derramamiento de sangre.
Al alejarme de María abandoné la vida de guerra y odio que llevaba, pero aún así la tristeza no desaparecía del todo, y en lugar de mejorar con el tiempo, empeoraba tras cada caza.
Debido a mi extraordinario don, yo podía sentir las emociones de mis victimas y ese era un peso insoportable para mi quebrantada alma. Sentía su dolor, sentía su miedo, su desesperación y sus ganas de vivir. Sentía todo eso que yo alguna vez sentí cuando estaba vivo.
Odiaba matar y me odiaba a mi mismo por tener que hacerlo. Tanto era así que en más de una ocasión desee mi muerte. Pero no podía hacer otra cosa que continuar en ese camino infernal de desesperanza. Estaba condenado a vagar eternamente con el dolor de los demás como propio. O eso pensaba hasta ahora…
¿De verdad existía otra forma de vida para alguien como yo?
El miedo y le nerviosismo de Alice fueron los que me hicieron volver al presente y darme cuenta que debía llevar un buen rato ausente.
- Lo siento…
- ¿Estas bien?
- Si, solo algo confundido. Ya había asumido una vida sin esperanza y tu me ofreces luz en un mundo de oscuridad. ¿Quien eres?
- Seré quien tú quieres que sea, siempre y cuando me permitas caminar a tu lado por la eternidad.
- Sería un honor para mi, señorita.
Dicho esto nos fundimos en un tierno beso, hasta que ella con picardía se separó de mis labios para acercarse sensualmente a mi oído y susurrarme:
- ¿Listo para tu primera cena "vegetariana"?
- ¡Si!
Luego le bese la punta de la nariz y me preparé para la caza.
Cerré los ojos y me dejé llevar por mis instintos salvajes en busca de una presa.
La foresta estaba llena de vida por doquier, pero yo buscaba algo que representase un reto para mí. Quería un animal grande que pudiera satisfacer mis deseos de sangre.
Alice por su parte hacia lo mismo, no se si por seguirme la corriente o porque solía hacerlo así.
Tras un buen rato, finalmente la espera dio su resultado. Un gran oso se acercaba al lugar donde nos encontrábamos. Podía sentir a la distancia sus pesados pasos, su respiración lenta y rítmica, el fluir de su sangre y su característico aroma.
Tenía tanta sed, que no lo pensé dos veces y corrí hacia el animal, que estaba tan desprevenido que no fue consciente de mi ataque hasta que fue demasiado tarde. Sin embargo no terminaba de sentirme del todo cómodo con esta cacería, puesto que ni el olor, ni el sabor, se podían comparar con el de la sangre humana a la que tanto estaba acostumbrado. Y lo peor de todo es que por más que bebiera, no me sentía del todo satisfecho. Era muy frustrante.
Cuando terminé con el oso, quería más, pero esta vez deseaba con todo mi ser sangre no animal. La deseaba con locura y estaba dispuesto a continuar mi caza en el poblado más cercano, pero en el momento que me disponía a marchar sentí de golpe una profunda tristeza y soledad dentro mio. Eran tan fuertes, que pese a la sed que tenía me vi obligado a girarme para buscar el origen. Y al hacerlo, me encontré con el rostro ausente de Alice.
- Alice?
Pero no respondió. Era como si su cuerpo estuviera ahí pero su mente se hubiera ido.
- A…A…Alice te encuentras bien?
Pero seguía sin responder. En todo el tiempo que llevábamos juntos nunca la había visto así. Sus ojos aunque ausentes, reflejaban dolor en estado puro.
Estaba realmente preocupado por ella y no sabia que hacer. Me sentía impotente.
La toque con suavidad para ver si reaccionaba, pero aún así no hubo respuesta alguna.
Mi alma se rompía en mil pedazos ante las oleadas de dolor que provenían de ella y, como quien trata de sujetar todos los trozos de una pieza de porcelana rota, la traje hacia mi abrazándola con fuerza y suplicando al cielo que se despertara.
Pero no fue hasta cuando caímos al suelo de rodillas fundidos en ese abrazo de amor y desesperación que Alice no despertó. Se veía confundida y asustada cuando me miró con los ojos inyectados de sangre y me dijo:
- Jas, no...no te marches….
- ¡Alice! ¿Estas bien?
- Por favor, por favor…quedate conmigo...
- Haré lo que quieras. Te seguiré al fin del mundo. Pero nunca, nunca vuelvas a hacerme esto…por un momento creí que te había perdido.
- Y así fue. Lo he visto…He visto como te alejabas….para siempre.
- ¿De que estas hablando?
- Tienes que decidir que es más importante para ti… ¿La sangre o el amor?
Esa pregunta me pillo desprevenido porque no sabía muy bien a que venia. Sin embargo cerré los ojos y me tome mi tiempo antes de responderle, porque necesitaba reflexionar al respecto. Y es que aunque de entrada no lo pareciera, no era una cuestión fácil de responder, ni siquiera para un vampiro experimentado como yo.
La sangre no es solo nuestro alimento, es nuestra vida, y el rechazarla es ir en contra de lo que somos y de nuestra naturaleza. Para ello hace falta una fuerza de voluntad y un auto-control que hubiera declarado imposibles tan solo unas horas antes de conocer a Alice. Pero ahora era todo diferente, y ante mi se iluminaba un nuevo sendero desconocido lleno de posibilidades. Sin embargo, no sería fácil. Al contrario, sería muy difícil y seguramente doloroso. ¿Tendría yo la fortaleza física y mental para aguantarlo? ¿Sería capaz de vivir una vida de sed, a cambio de...amor?
Al pronunciar esa palabra en mi mente, abrí instintivamente los ojos como para confirmar una verdad de la que no era consintiente hasta ese instante. Al hacerlo, nuestras miradas se cruzaron y supe de inmediato que quisiera o no, la decisión ya estaba tomada. Mi vida ya era suya.
Y como si Alice pudiera leerme la mente sonrió para mi con la más hermosa de las sonrisas.
