Capítulo 25

Me tomó tres semanas decidir que llamaría a Kish, y luego dos semanas en realmente tomar el valor para hacerlo. Sin embargo, antes de mi gran momento de iluminación, me avergüenza decir que pasé por una época un tanto oscura.

Los primeros días luego de mi separación con Masaya había decidido no ver a nadie. Me la pasaba llorando, mirando fotos viejas de nosotros e intentando no llamarle patéticamente en lágrimas. Más de una vez me encontré a mí misma con mi celular en mano, su número en pantalla y mi dedo sobre el botón, lista para decirle lo mucho que le extrañaba y rogarle que volviéramos a ser lo que eramos antes. Creo que incluso lo hubiera hecho, de no ser por mis amigas quienes habían decidido no dejarme sola. Casi ni un solo instante. Me lo tenía merecido por haberles contado de mi ruptura, pero habíamos prometido no tener más secretos entre nosotras, y estaba decidida a mantener mi promesa esta vez.

Sorpresivamente, sin embargo, en vez de hartarme de tanta compañía o sus miradas de pena hacia mí, me sentí más apoyada que nunca. Me sentí querida.

Y más importante aún, me sentí protegida, porque mis amigas no me dejaron cometer errores estúpidos. Siempre que me sentía lo suficientemente solitaria o triste como para llamar a Masaya, ahí estaba Mint para distraerme con algún tema estúpido, y en los días realmente malos en los que eso parecía no funcionar, la chica pasaba a una estrategia un poco más directa al quitarme el teléfono de la mano y esconderlo en su cartera. Debía admitirlo, sin importar la cantidad de veces que le gritara a Mint que se fuera, o que me dejara sola, la chica me ignoraba completamente, y gracias a su actitud testaruda fui capaz de mantener mi patético estado depresivo en privado.

La llamada me habría satisfecho exactamente 30 segundos, antes de sentirme completamente avergonzada por aprovechar un momento de debilidad para usarlo en contra de mi ex. Puede que hubiese servido para volver a estar juntos, pero a la larga, me habría arrepentido de intentar dar un nuevo comienzo a nuestra relación de una manera tan manipuladora, tan poco certera o estable, como a mi tampoco me habría gustado recibir aquel trato de su parte. Si es que volvíamos a estar juntos algún día, ambos teníamos derecho a una confesión de nuestro amor sin histeria ni desesperación. No un vacío "te extraño porque no sé no extrañarte", sino una verdadera comprensión de que nos merecíamos el uno al otro, y que valía la pena luchar por lo nuestro.

Así que luego de un período de adaptación, eventualmente agradecí la presencia de Mint en mis momentos oscuros para evitar caer en la tentación de la salida fácil. Y no solamente agradecí tener a Mint conmigo, en realidad, sino a todas mis amigas.

Parecía que cada vez que llegaba a casa de la escuela, allí estaba Pudding para obligar a cambiarme fuera de mi uniforme y salir de compras con ella. O cuando me despertaba por la mañana, encontraba que Lettuce estaba en mi cocina con café y tortas que había preparado para desayunar juntas. E incluso Zakuro propuso la idea de hacer una pijamada como cuando eramos niñas. Había estado un poco reacia a la idea, creyendo que no sería algo que disfrutaríamos a esta edad, pero me sorprendí de encontrarme a mi misma riendo como hacía mucho tiempo no lo hacía, y disfrutando de tontas actividades que pensé había dejado atrás. Especialmente cuando Pudding me pintó espantosamente las uñas, o cuando vimos una película animada de nuestra infancia, o cuando improvisadamente cada una comenzó a contar chismes que nos habíamos perdido últimamente.

Esa noche me enteré varias cosas, como por ejemplo, que Lettuce estaba considerando cambiar de carrera y tomar la decisión le daba miedo, o que Zakuro actuaría en una película, pero la noticia aún debía mantenerse en secreto para el público, o que a Pudding le gustaba un chico de su clase, y se ponía roja solo de pensar en él. Ella no habló mucho más al respecto, pero su reacción fue suficiente como para que nos quedáramos colgadas con el tema un rato.

Antes de que me diera cuenta estábamos hablando de relaciones, de corazones rotos, de los romances de películas que son absolutamente irreales, porque la vida no es nunca tan perfecta o hermosa, pero que aún así es malditamente disfrutable ver una y otra vez esas mismas películas. Sin que me diera cuenta a que tema nos habíamos dirigido, lloré por mi final con Masaya, por los años y los momentos que habíamos vivido, y fui reconfortada por mis amigas. Hasta el punto de llegar a pensar que eventualmente, quizás, en algún momento…todo estaría bien.

Día a día comenzó a hacerse un poco más fácil de imaginar la idea de que Masaya ya no estaba en mi vida, y a pesar de que aún le extrañaba, nuestra decisión mutua comenzó a sentirse como la correcta, como el final inevitable de nuestra historia.

Comencé a entender entonces lo que él había querido decirme acerca del futuro, lo que él esperaba, adonde sus sueños se dirigían con cada paso que daba y cada decisión que tomaba, y me di cuenta que yo misma no quería encajarme en el mismo cuadro que él. Masaya quería irse a estudiar al exterior, a una universidad exitosa y a la cual probablemente yo no entraría nunca porque no estaba en mis planes pasarme la vida intentando ser una buena estudiante. Su plan era aprender algo relacionado con la preservación del medio ambiente y así hacer su parte para salvar al mundo.

Podía verle claramente pasando sus días en lugares remotos, dando la vuelta al mundo por sitios donde otras personas jamás pisarían, por el simple hecho de que él quería y debía ser quien ayudara tanto a las personas como a la naturaleza.

Era una faceta de su personalidad de la cual me había enamorado, pero que yo nunca había llegado a compartir del todo, porque jamás había sido tan altruista. Preservar nuestro planeta sonaba como una tarea noble, y creía que yo misma llegaría incluso a disfrutar, pero al mismo tiempo sabía que era lo suficientemente egoísta como para no estar dispuesta a dedicar mi vida entera a la causa. Al menos no todavía. Aún quería vivir en Japón por un tiempo más, estudiar algo relacionado a… ¿quien sabía? Diseño de modas, pastelería, negocios, quizás…bueno, probablemente no negocios, pero la idea es que el abanico estaba completamente abierto para mí. Por primera vez, la indecisión no me supo como ansiedad en la boca del estomago, sino como la emoción ante una nueva aventura.

No estaba sujeta a una persona, o a un trabajo, o a un propósito en particular ahora mismo. Yo era pieza de un puzzle distinto al de Masaya, aunque todavía no supiera cual, y eso estaba bien. Él sabía ahora mismo exactamente lo que quería de su vida, y aunque dolía pensar que yo podía no ser más importante que su propósito, no podía negar que estaba en todo su derecho a querer algo más grande que a mí.

Recibí una llamada suya en algún momento, no muy segura exactamente cuanto tiempo después de aquel día en el parque, pero se sintió como una eternidad. Aparentemente él también había pasado un mal rato, pero ambos estuvimos de acuerdo que no había sido el fin del mundo, a pesar de que al principio lo había parecido. Ambos también estuvimos de acuerdo que nos amábamos lo suficiente como para querer volver a estar juntos…pero que no sería una buena idea.

Masaya me contó que había sido aceptado en su universidad predilecta al otro lado del mundo. Mi corazón se encogió entonces, lo cual no fue una sorpresa; lo que sí lo fue, sin embargo, fue darme cuenta que podía ser capaz de sonreír genuinamente y desearle felicidades, porque se lo merecía. Había trabajado tanto, y estaba comenzando a hacer sus sueños realidad. Comprendí entonces que aunque volviéramos a estar juntos, nuestra relación tenía fecha de expiración, porque adonde él iba yo no podía seguirle, y pasar por otra ruptura otra vez…

No podía hacer eso otra vez.

- ¿Entonces…vas a estar bien? – preguntó Masaya, con ese tono de voz tan comprensivo que dolía.

- Si, voy a estar bien… - respondí, con el teléfono en mí oído, y tras un suspiro, pregunté – ¿y tú?

- También. Se siente extraño pensar en no…en no estar contigo...pero, al mismo tiempo...creo que es correcto.

- Sí, ahora entiendo.

Ambos estuvimos callados un rato, conscientes que aquella sería nuestra ultima conversación, al menos por un tiempo. Tuve el imperioso deseo entonces de preguntarle si había alguien más en su vida, alguien que quizás había hecho tomar esta decisión un poco más sencilla.

- Masaya…

- ¿Sí?

Estuve a punto de hacerlo. Estuve a punto de preguntar, pero no lo hice. Creo que muy profundamente no quería saberlo, y tampoco quería ponerme mezquina en caso de que no me gustara la respuesta.

- Mucha suerte – le deseé.

- A ti también.

Ambos cortamos, y no sé que habrá hecho él desde la otra línea, pero desde la mía, me tiré sobre la cama y lloré por horas. No necesariamente de tristeza, sino para dejar salir todo resto de mis sentimientos por Masaya de mi interior. Se sintió como una purga, como una expiación, una violenta ola que arrasó conmigo, y cuando se fue, me sentí por fin en calma. Fue la última vez que lloré por él.


Casi un mes y medio pasó desde aquel día en el parque, y solo entonces fui capaz de tomar el maldito comunicador y hacer la maldita llamada. No tenía del todo claro que tipo de conversación tendríamos, pero sabía que no podía dejar a Kish esperando eternamente.

Él me contestó tras un par de segundos de espera, y me dijo que podría estar de vuelta en la Tierra en una semana, lo cual me daba tiempo de ordenar mis ideas. O eso es al menos lo que me dije a mí misma.

La realidad es que sin importar cuantas veces intentaba idear un plan de acción sobre lo que le diría a Kish apenas le viera, no tenía ninguna idea que podría llegar a salir de mi boca. Había tenido tiempo para pensar, para curar mis heridas luego de mi ruptura, y para intentar comprender que es lo que Kish significaba para mí… ¡pero el tiempo pasaba y aún no lo tenía claro!

Sabía que él era importante para mí, de la misma forma en que mis padres, mis amigas, el Café Mew, e incluso Masaya lo eran, lo cual, no me ayudaba para nada a aclararme la cabeza, porque todas esas personas en mi vida llenaban roles diferentes. Roles que por lo general no se cruzaban. El hecho de que no pudiera categorizar a Kish en un rol específico, en un nivel de importancia particular, era un tanto desesperante.

Sabía también que me sentía atraída por él. Físicamente. Los besos robados, las miradas cargadas de significado y los momentos de tensión entre los dos me habían dejado más que claro que la idea de acercarme más a Kish no me resultaba en absoluto desagradable. Todo lo contrario en realidad. No estaba segura si era por algún residuo del S´darak en mi cuerpo, pero había incluso llegado a soñar con él un par de veces. No los sueños absolutamente invasivos sobre su vida, gracias a dios. Sino sueños absolutamente normales…o al menos todo lo normal que se pudiera teniendo en cuenta que en ellos me estaba enrollando con un alienígena.

Ningún problema en absoluto en el área física, me dije, obligándome a mí misma a cambiar de tema antes de que me distrajera con escenarios innecesarios.

Sabía también que lamentaría su ida, que dejaría un hueco en mi pecho casi tan grande como la ruptura que Masaya había dejado, y eso era una sorpresa bastante grande.

Pero él se va para siempre, me recordé, lo cual daba un tinte melancólico a todo el asunto.

A Masaya podía verle en la escuela, o en redes sociales, o escuchar de él por amigos en común, pero una vez que Kish se fuera de mi vida no sabría absolutamente nada de él, y no estaba segura cuanto me agradaba la idea de perderle para siempre, de no poder verle o hablar con él nunca más. Lo único que ahora mismo me conectaba con Kish era un comunicador, que para ser tecnología alienígena lo consideraba bastante obsoleto. No tenía pantalla para verle, y el sonido no era demasiado bueno, por lo que con el tiempo, aquello no sería suficiente para…

¿Para que exactamente? ¿Satisfacer alguna necesidad que había quedado atrás con nuestra conexión? ¿Qué podría querer yo de Kish dentro de un mes, o un año, o diez años que justificara mantener el contacto?

Por todas las seguridades que tenía acerca de que sí, efectivamente, sentía algo hacía Kish, tenía más incertidumbres acerca de lo que aquello era. ¿Se trataba de una amistad con demasiada confianza? ¿Una relación de guardián-protegido que se había alargado demasiado? ¿Podía ser… amor?

No, no es eso, pensé, pero tampoco no lo era. Si es que eso tenía sentido.

Lo único que tenía realmente claro es que me dolería no volver a ver a Kish. Tan solo imaginar la idea de no poder hablar con él, bromear a su lado, o sentirme presa de aquella intensa mirada dorada era suficiente como para querer crear un plan que me permitiera evitar ese escenario. Una alternativa para que el "adiós" no fuera tan absolutamente definitivo.

Sin embargo, sin importar mis esfuerzos, eventualmente eso es lo que pasaría porque eramos de literalmente dos mundos distintos. No había manera de cultivar nada, o mantener vivo nada en absoluto porque nuestras realidades no tenían un solo punto de comparación, lo cual debería haberme sacado bastante la presión sobre mis hombros, pero extrañamente no lo hacía. Me llenaba de desesperación en realidad, porque no estaba para nada cómoda con la respuesta a mi conflicto interno, pero sentía que no existía otra disponible.

En ese estado de confusión estuve durante casi siete días, hasta que una noche, mientras estaba despierta en la cama, mirando el techo y fingiendo un ritual para dormirme, recibí su llamada. Atendí casi enseguida y su voz al otro lado de la línea fue más clara que la última vez, lo que me dio a entender que se encontraba cerca.

- ¿Puedes salir a tu ventana? – preguntó, su voz suave, ligeramente aterciopelada, exactamente como la recordaba.

Mis manos comenzaron a sudar mientras me ponía sueter viejo sobre mi pijama, y zapatos para no sentir frío en los pies. Me miré al espejo y por poco me dio un ataque al ver el estado de mi cabello. Rápidamente pasé un peine por mis hebras rojas, y consideré ponerme algo de maquillaje.

No seas tonta, no es importante, solo ve.

Respiré hondo, como si estuviera preparándome para algo grande, y abrí las cortinas de mi ventana. Del otro lado del vidrio estaba Kish, sonriéndome con una mano alzada en un pequeño saludo. Tuve un repentino recuerdo de haberle visto así en alguna otra ocasión en el pasado, buscándome desde el otro lado de mi ventana cuando habíamos sido enemigos, espiándome en mis momentos de privacidad. En ese entonces, su visita no había sido bienvenida, y estaba segura que no había tenido buenas intenciones hacia mí tampoco.

Esta vez, por el contrario, no me molestó su presencia.

Abrí la ventana y el aire frío entró en mi dormitorio en una ráfaga, haciéndome temblar. Kish estiró su mano hacia adelante, y sin palabras, yo hice lo mismo con la mía. Antes de que me diera cuenta que estaba pasando, nos habíamos teletransportado a otro sitio.

A su nave, me di cuenta enseguida, mientras veía la familiar imagen de mi propio planeta desde el espacio exterior. Nunca me cansaría de ese espectáculo.

- ¿Quieres algo de comer o de tomar? – me ofreció Kish.

- No, no, ya cené.

Él asintió y ambos nos sentamos sobre dos asientos que ya habían sido preparados junto a la ventana. Me pregunté si la locación tendría alguna especie de significado especial, una manera que Kish tenía para recordarnos a los dos nuestras muy diferentes realidades. Fuera a propósito o no, debía admitir que estaba funcionando. Nuestro contraste como diferentes especies estaba más marcado que nunca.

Arriesgué una mirada hacia Kish, pero él no me estaba mirando. Su vista estaba fija hacia adelante, observando mi planeta como si fuera la primera vez que lo veía.

O la última.

- Debes estar contenta.

- ¿Qué? - pregunté, atrayendo mi atención de vuelta hacia él.

- El S´darak ya no existe, y Saya se ha ido así que ya no tienes que pelear - explicó - Tu vida puede volver a la normalidad.

No respondí. No estaba muy segura de que exactamente podía significar volver a mi "vida normal".

Masaya y yo ya no estábamos juntos, el Café estaba destruido, y tenía tanta tarea acumulada de la escuela que no estaba segura no me terminarían recursando el último año, además de que mis padres estaban furiosos conmigo porque obviamente se habían enterado de cuantas clases me había perdido. Mi vida había cambiado muchísimo en muy poco tiempo, y si bien apreciaba la tranquilidad que venía con dejar a un lado mi pendiente o la tremenda responsabilidad de salvar al mundo, todo el resto de los cambios se me estaban haciendo muy definitivos como para poder adaptarme fácilmente. Especialmente al cambio más grande, el cual lo concernía a él.

No podía imaginarme a Kish fuera de mi rutina, de mi cabeza, de mis prioridades. Habíamos pasado tanto tiempo juntos últimamente, y creado un lazo mucho más fuerte y más extraño que cualquier otro que hubiese creado nunca, que la idea de separarle de mí, era equivalente a permitirle llevarse parte de mí consigo. Como si le hubiese regalado piezas de mí misma durante nuestra alianza, piezas que no me había molestado compartir porque él estaba allí mismo cerca y en contacto conmigo siempre, pero si se iba...

Cuando se vaya, me recordé.

Cuando se fuera lo perdería más que a él, estaba segura. Me pregunté si él se sentiría de una manera parecida.

- Es cierto - accedí al fin, aunque de manera un poco vaga - aunque sinceramente no tengo idea como ocurrió esto. Lo último que recuerdo es Saya a punto de atacarte, y de repente...me estaba despertando en una cama. No sé ni como ganamos.

- No fue tanto ganar, sino más bien una...

- Rendición, lo sé, me comentaron. Aún así no entiendo como alguien que estaba tan dispuesto a vengarse tanto de ti como de mí, puede decidir de un momento al otro que ya no vale la pena, o algo así.

- No es tan sencillo - contestó, una de sus manos jugando con hebras sueltas de su pelo - en su cabeza ella creía que tú te habías metido en el medio de nuestro compromiso.

Rodé los ojos. No podía evitarlo. Todo el miedo y la angustia que Saya me había generado y todo por una razón tan...básica como la idea de que otra mujer le había "quitado" a su chico. A pesar de su increíble fortaleza, su habilidad de duelo, su resistencia e inteligencia, su instinto de posesión y orgullo personal le habían jugado en contra.

O quizás, la terrible desconfianza en sí misma había sido su final.

- ¿Comprendió al menos que yo no me metí en medio de nada?

- No solamente eso - contestó - se llevó la impresión de que la persona que estaba interfiriendo en una relación ajena era ella.

Mis mejillas se pusieron rojas de repente, y sin razón alguna. O bueno, si había una razón, pero era estúpida, porque no tenía sentido ponerme tan estúpidamente contenta por escuchar a Kish intuir que hubo una relación entre los dos. Fui a contestarle que aquello era ridículo, que él y yo no habíamos tenido nada en absoluto, pero me callé, porque entonces lo recordé.

Recordé la pelea en la nave espacial de Saya, recordé el momento en que había visto a Kish caer y no volver a levantarse, a Saya acercándose amenazadoramente, lista para cumplir su cometido. Yo había actuado por instinto, entre terror y furia combatiendo dentro de mí, sin darme cuenta de lo que hacía o del peligro que estaba poniendo en mi propia vida al proteger a Kish. Y visto desde afuera, por alguien que no era capaz de comprender todo por lo que Kish y yo habíamos vivido...debía parecer que yo estaba marcando mi territorio.

Mío, recordaba haber dicho en voz alta, con un gruñido saliendo de mi garganta.

A ojos externos, yo había echado por tierra todas las excusas de que "Kish no significaba nada para mí" o que "yo no le veía de esa manera". Ante Saya, ante mis amigas seguramente, diablos ante el mismo Kish seguramente, yo había dejado muy claro que nada ni nadie me lo iba a arrancar de mis brazos. No sin una pelea.

Bajé la vista, porque mis mejillas aún seguían rojas, y carraspeé.

- Por eso se fue - dije, por fin comprendiendo la situación - nos vio tan...cercanos, que comprendió que no podría ganar.

- Y su honor es demasiado grande para seguir peleando una batalla perdida. Tu actuación fue muy convincente.

Asentí, porque no confiaba en mi voz. No confiaba en que no fuera a temblar, o que mi boca no fuera a decirle que yo no había estado actuando en ese momento. No había estado pensando en realidad.

Me pregunté si mis sentimientos iban más profundos de lo que había pensado, o si tenía ahora mismo puestos un par de lentes rosa que me hacían ver la partida de Kish como más agridulce, más melosa de lo que en realidad debería ser. Después de todo, él ya se había ido en el pasado, y yo no me había puesto tan...mal.

Fue diferente, me recordé, en ese momento querías que se fuera.

¿Y ahora no lo quería? ¿Que podría querer de Kish en la Tierra a mi lado aparte de más peleas, más responsabilidades, más secretos? ¿Que podría querer de él en absoluto?

- Ichigo - me llamó Kish, su tono un tanto preocupado - ¿estas bien? Si te encuentras cansada, puedo llevarte de vuelta a...

- Lamento haberte hecho esperar tanto tiempo – dije de sopetón.

- No fue un problema – respondió, en un tono que me sonó sincero – estaba dispuesto a esperar lo que fuera necesario.

Su comentario fue tan casual, tan relajado, que casi podía llegar a imaginarme que no había verdadera profundidad en sus palabras. Como si estuviera dispuesto a esperar un mes y medio por cualquier otra persona, y en cualquier otra situación.

Pero había esperado por mí, por nuestra despedida, y no podía olvidar ese detalle.

- ¿Cómo dices ese tipo de cosas con tanta facilidad?

- ¿Que tipo de cosas? – preguntó con curiosidad.

- Que…esperarías por mí, o algo así.

Kish se encogió de hombros. La expresión de su cara me daba a entender que no se había puesto a pensar demasiado en aquella pregunta.

- Es la verdad.

- ¿Pero aunque sea verdad, no te sientes vulnerable?

- No me molesta ser vulnerable contigo.

Ahí estaba. El tipo de comentarios que Kish había hecho en el pasado para dejarme en claro que sentía algo por mí, o peor, para intentar hacerme sentir culpable por no validar o corresponder esos sentimientos. Por puro instinto, me tensé, y noté como mi cuerpo se preparaba para un enfrentamiento de algún tipo. Eso era al menos lo que había sucedido infinidad de veces durante ese año que habíamos sido enemigos. Él se había puesto demasiado intenso, y yo había entrado en modo de batalla. ¿Qué razón había para creer que esta situación sería ahora diferente?

Sin embargo, un instante después noté como no estaba realmente enojada, ofendida o asustada, como lo habría estado tres años atrás. Todo lo contrario, algo cálido se instaló en mi estómago al escucharle hablar así sobre mí, y las manos me comenzaron a sudar otra vez.

¿Pero que me pasa?

- Lo siento, te estoy haciendo sentir incomoda, ¿no es verdad? – preguntó él malinterpretando mi reacción.

- No, no – contesté, moviendo las manos en un gesto un poco demasiado exagerado - es…agradable en realidad.

Por la expresión en su rostro, asumí que no se había esperado por nada del mundo mi respuesta. Honestamente yo tampoco. Definitivamente había dejado atrás la etapa de mi vida en la que la única forma en la que podía hablar con Kish era a la defensiva, pero aún así no estaba acostumbrada a encontrar sus comentarios hacia mí como cumplidos. Y menos aún, como cumplidos bienvenidos.

Mi cuerpo parecía encendido de repente, inquieto, y sin darme cuenta comencé a agitarme ligeramente sobre mi silla, como si no pudiese mantenerme sentada. Su mirada ahora estaba fija en la mía, con una pregunta en sus ojos dorados, pero ya no podía depender del S´darak para saber que podía estar pasando por su cabeza. ¿Estaban mis mejillas tan rojas como me parecía que estaban?

- Ichigo.

- ¿Sí?

- ¿Por qué terminaste con Masaya?

Su pregunta me tomó desprevenida, y por un instante me sentí de vuelta en un sueño. O en una alucinación muy convincente. La última vez que Kish y yo habíamos hablado sobre nuestras respectivas parejas, la conversación se había descarrilado por completo y causado una fuerte discusión entre los dos. Eso había sido más de tres meses atrás, cuando accidentalmente habíamos terminado en una peligrosa isla, corriendo por nuestras vidas e intentando sobrevivir el suficiente tiempo para que su habilidad de teletransportación volviera a la normalidad.

Por supuesto, la historia había terminado un poco diferente, y en vez de esperar en nuestro escondite, nos habíamos encontrado en el medio de un enfrentamiento y arriesgado teletransportarnos antes de tiempo para escapar con vida. Sin tener idea del desastre que causaríamos, habíamos llegado a crear de esa forma el S´darak.

Muchas cosas habían sucedido en el medio de todo ese lío, sin embargo en mi memoria estaba fresco el momento en que Kish y yo habíamos mantenido nuestra frustrante conversación. Podía recordar a la perfección la oscuridad de la cueva, con tan solo el fuego que habíamos logrado encender sobre ramas y hojas, yo vistiendo pieles porque mi ropa se había dañado en la última pelea, y ambos comiendo lo poco que habíamos sido capaces de encontrar en los alrededores. No habíamos tenido tanta confianza entonces, al menos no la suficiente como para ameritara la clase de criticas que Kish había hecho hacia mi relación con Masaya.

Yo me había ofendido inmensamente…más que nada porque creo que muy profundamente había estado consciente de que sus palabras eran ciertas. En ese momento no había sido capaz de ver la verdad, y sin lugar a dudas no había estado abierta a escuchar, pero sabía que si tuviéramos la misma conversación ahora mismo sería difícil refutarle.

Parte de mí se preguntó si su pregunta tenía el objetivo de burlarse de mí, de hacerme un sutil "te lo dije" justo en mi cara, pero no quería creer que ese fuera el caso. No quería creer que Kish pudiera ser así de cruel. Pero entonces, ¿adonde se dirigía su pregunta?

- Fue algo mutuo – respondí, tras dudar un instante con mi respuesta – nos dimos cuenta que queremos cosas diferentes.

- ¿Cosas diferentes?

- Nuestros futuros no coincidían. No estábamos dispuestos a encontrarnos a mitad de camino.

Kish me miró como si le hubiese abofeteado en la cara. Su cuerpo incluso se echó ligeramente hacia atrás sobre la silla.

- ¿Él no estaba dispuesto a pelear por ti? – preguntó con incredulidad.

Ouch.

¿En verdad estaba haciendo esto a propósito? Desvié la mirada para concentrarme en mis manos como si fueran las cosas más interesantes del universo.

- Ni yo por el – contesté, sorprendiéndome a mí misma con mi respuesta – ¿Por qué me preguntas esto?

Al principio no contestó. Arriesgué una mirada hacia él y me sorprendí de verle… ¿frustrado? Sus brazos estaban cruzados sobre el pecho, y su mandíbula tensa, como si se estuviera refrenando de decir algo. Casi podía ver humo saliendo de sus oídos.

- ¿Kish?

- ¡No puedo entenderlo! – finalmente comunicó –yo nunca…

Volvió a callarse, y algo dentro de mí volvió a sentirse cálido otra vez. Muy, muy profundamente, tenía una ligera idea de que me estaba queriendo decir. O que estaba intentando evitar decir en voz alta, porque claramente Kish ya no quería hablar de esto.

Podíamos haber dejado el tema, seguido con otra cosa, haber terminado esta extraña reunión con un estrechón de manos o un abrazo incomodo y estaría de vuelta en mi cama. Podría finalmente volver a un ritmo normal de mi vida, sin esperar visitas alienígenas, sin considerar este tipo de encuentros, porque ya no pasarían nunca más. Kish se iría de mi vida y yo…

Yo me preguntaría toda la vida que no había estado listo para decirme justo ahora.

- ¿Tu nunca que…? – me encontré preguntando.

- No, olvídalo. Esta reunión no se trata de esto.

Me sentí bajo el agua mientras me movía lentamente, levantándome de mi silla y elevando mis manos hacia adelante para apoyarlas en sus mejillas. Sus parpados se abrieron muy grandes ante el contacto de mis dedos en su piel, y su cuerpo se tensó como una cuerda.

- ¿Tu nunca qué, Kish? – susurré.

Su mirada estaba clavada en la mía, y a pesar de que ya no compartíamos un método de comunicación sin palabras, sentí como si pudiera leer todos mis secretos. Me sentí vulnerable, pero poderosa al mismo tiempo, si es que eso tenía sentido. Un instante Kish había estado tenso, enojado, encerrado en sí mismo…y de repente frente a mí su mirada se suavizó, respiró hondo y cubrió una de mis manos con la suya.

- Yo nunca te cambiaría. Por nada en el mundo.

Aquella información se asentó dentro de mí como una pieza de puzzle que me había estado faltando, que había estado buscando sin darme cuenta, y cuando se unió a todas las demás, el encastre fue perfecto, natural, orgánico…pero no por eso menos aterrador.

Nuestra alianza había estado sujeta al hecho de que Kish ya no me veía de una forma romántica, y que tan solo había vuelto a la Tierra para ayudar a mantenerme con vida. Yo me había anclado a esa seguridad para permitirme a mí misma trabajar junto a él sin necesidad de estar mirando sobre mi espalda todo el tiempo, o dudando sobre sus palabras, porque es lo que habíamos necesitado en el momento para sobrevivir.

Pero todo el acto había resultado ser una mentira, como me había venido a enterar por Tart en un accidente tras el intercambio de nuestros cuerpos. Aparentemente, Kish había ocultado sus sentimientos por mí para que yo no dudara de él, y había funcionado. Hasta el momento de la verdad, había genuinamente creído que Kish al final volvería a su planeta para casarse con su prometida, y serían felices por siempre.

Pero no fue así…nada fue así.

Ahora mismo ya no había amenaza alguna sobre mi cabeza, ya no había secreto por mantener y ya no quedaba razón para aparentar. Kish podía volver a hablar de aquellos temas que había prometido dejar atrás, podía informarme con toda la intensidad del mundo cuan importante yo era por él, o cuanto me necesitaba, porque era el tipo de discurso que había hecho en el pasado hacia mí, haciéndome sentir incomoda y furiosa.

Pero ahora no estaba incomoda, estaba ansiosa, acalorada e impaciente. Quería que hablara al mismo tiempo que quería que no lo hiciera, porque sabía que me confundiría, que sus palabras llegarían más lejos de lo que habían llegado nunca y tocarían partes de mí que no habían sido iluminadas así por él. Partes de mí que se habían apagado tras mi ruptura con Masaya, pero que ahora rogaban por ser encendidas de nuevo. Y no por cualquiera, sino por el chico frente a mí capaz de enterrar sus sentimientos y verme feliz con otra persona, con tal de mantener una promesa.

Una que yo misma estaba rompiendo por él.

¿Por qué?

- Sé que Tart te lo contó – susurró él, sin dejar de mirarme – te contó que rompí mi compromiso con Saya antes de que yo volviese a la Tierra.

- Si, lo se.

- Sé que también sabes el por qué.

Asentí, porque no confiaba en mi voz.

Mis manos se deslizaron por su rostro por cuenta propia cuando Kish se levantó de la silla, e inconscientemente me moví hacia atrás, sin saber que podría haber a mi espalda. Él me siguió lentamente, como un predador a su presa, pero lejos de darme miedo, me pareció emocionante. Mi corazón comenzó a latir tan alocadamente dentro de mi pecho que estuve segura que él podría oírlo en el silencio.

- No lo diré si no quieres que lo diga, aunque no sé que tanta diferencia tiene cuando ya lo sabes a la perfección. Con la cantidad de tiempo que pasaste en mi cabeza, debe haber sido imposible ocultártelo.

- Me lo sospechaba – contesté, aún caminando de espaldas, aún alejándome pero dudaba que mis ojos le estuviesen pidiendo que me dejara huir – pero creí en tu palabra cuando me dijiste que no habías vuelto por mí. Me convencí a mi misma que ya no me veías así.

Mi espalda tocó la pared, y entonces Kish cortó la distancia entre los dos en tres pasos. Le tuve tan cerca, que el calor irradiando de su cuerpo hacia el mío me supo irreal. Vagamente me pregunté si este era otro de mis sueños. Algunos comenzaban así.

Su cabeza descendió lo suficiente como para que su boca y la mía estuviesen cerca, muy cerca, y me pregunté que sabor sentiría en mi lengua si le besara. Las otras ocasiones en que habíamos intercambiado un beso por una razón u otra había llegado a probar un sabor en la boca, como una especia a la que no podía darle nombre. Quería darle un nombre ahora.

Sin embargo, cuando estuvo a la más corta distancia, el momento previo a lo que sería el punto de no retorno…se detuvo.

- Mi visión de ti no es igual que antes.

Su susurro fue como un grito en mi cabeza, como vidrio rompiéndose contra el piso. Fuera cual fuera el hechizo que habíamos creado juntos, este se rompió en cuanto sus palabras se terminaron de procesar en mi cerebro, y de repente necesité mi espacio.

Me colé bajo su brazo y me moví lo bastante lejos en la habitación como para sentir que podía respirar tranquilamente otra vez. No es que estuviera tranquila, sin embargo, mi aliento salía en grandes bocanadas como si acabara de terminar una carrera.

- ¿Ya no me ves igual? ¿Me estoy imaginando…esto entonces? – pregunté, echándome el pelo hacia atrás con frustración.

Estúpida, estúpida, ¿Qué estas haciendo?

¿En verdad había estado a punto de besar a Kish? ¿De dejar que barriera de mi cabeza todas mis dudas como si estas no existieran? ¿En verdad estaba tan necesitada de atención que estaba dispuesta a jugar con sus sentimientos, o con los míos?

Kish pareció notar mi ligera alteración, y sonrió ligeramente antes de caminar de vuelta hacia mí. Yo di pasos rápidos hacia atrás, esta vez dejando claro que necesitaba mi espacio personal. No estaba segura que podría hacer mi cuerpo si no tenía lugar para pensar.

Kish se detuvo, suspiró, y cuando respondió, fue con cierto dolor:

- Creí que volver a verte me daría un cierre de algún tipo, que te olvidaría de una forma más definitiva, más clara. Creí que podría dejarte atrás de una vez por todas…pero es todo lo contrario.

Hizo una pausa en la que pareció estar debatiendo consigo mismo, y el lado pasional de su ser pareció ganar, porque le escuché maldecir algo en su idioma (de las pocas palabras que había logrado aprender mientras vivía en su nave) y volvió a acercarse, esta vez con determinación.

Yo me tensé, pero lo único que sucedió fue que sus brazos me rodearon en un abrazo demasiado fuerte, uno que me quitó el aliento, y me rodeó completamente de su aroma.

- Te he vuelto a conocer Ichigo, a la increíble persona que te has convertido y creo que voy a extrañarte incluso más que antes. Te encuentro divertida, admirable, hermosa, absolutamente poderosa y…y…diablos, tengo que dejar de hablar de esto o voy a decirlo.

Escuché su corazón latir contra mi oreja, y fue fuerte, tan fuerte como el mío martilleando dentro de mi propio pecho. Me pregunté si él estaba tan nervioso como yo, tan ansioso y tan deseoso pero al mismo tiempo, intentando convencerse a sí mismo de que era mejor echarse para atrás antes de cometer un error, porque fuera lo que fuera que pudiéramos querer del otro, al final no podría funcionar. No en la distancia, no con nuestras diferencias.

Pero, ¿y si funciona? Susurró una vocecita en mi cabeza, ¿Y si existe una manera?

Sin previo aviso me puse a temblar con algo similar al miedo, pero no hacia Kish, no porque creyese que fuera herirme de alguna manera, sino porque estaba empezando a considerar lo que la vocecita en mi cabeza estaba proponiendo, y fue aterrador solamente de imaginar la posibilidad de que pudiera ser real.

En todos los escenarios posibles, no me había llegado a imaginar uno en que Kish y yo pudiéramos estar juntos. Me había repetido a mi misma tantas veces cuan imposible era esa posibilidad, que hacer el cambio ahora, realmente de ponerme a responder la pregunta: "¿es esto realmente lo que quiero?" fue como electrocutarme de pies a cabeza. Me sentí aterrorizada, con los nervios en punta, pero…viva. Muy viva.

- Ichigo, ¿estas bien? – preguntó Kish al notarme temblar en sus brazos.

Fue a apartarme, pero le sostuve fuerte entre mis brazos, manteniendo mi cara escondida en su pecho porque no estaba segura que tipo de expresión podría estar haciendo.

- Dilo – susurré, sin apenas darme cuenta.

- ¿Qué?

- Di lo que…tienes que decir.

Él hizo una pausa, altamente confundido, y no podía culparle. En el pasado (y no tenía porque irme tres años atrás para esto) habría hecho todo en mi poder con tal de evitar esta misma conversación, y no solamente porque no había correspondido a sus sentimientos. Mi experiencia dictaba que ser el foco de su atención era un lugar peligroso para existir, y cuan más claramente pudiera hacerle entender que no estaba interesada, más chance tendría de ser dejada tranquila. Kish era intenso por naturaleza, y tendía a tomar más de lo que la otra persona estaba dispuesta a darle, y por esa razón no habíamos podido ser otra cosa que enemigos en el pasado.

Pero ahora todo era distinto. Ahora ya no eramos niños, Kish ya no estaba dispuesto a forzar su entrada a mi vida, y yo no estaba tan reacia a abrirle la puerta. Con sorpresa, me di cuenta que quería escucharle decir todo aquello que se había estado guardando durante nuestra alianza, todo lo que había ocultado bajo la superficie y que seguramente le había herido con cada día que pasaba. Quería saber exactamente que veía en mí ahora.

No pensé que mis palabras le afectarían tanto, sin embargo, porque entre mis brazos, Kish se tensó y cuando habló, su tono fue cortante:

- ¿Por qué? ¿Piensas que necesito sacar esto de mi pecho o algo así? Créeme que no necesito el rechazo otra vez, Ichigo.

- No, yo no…solo quiero…necesito escucharlo.

Por un instante, ninguno de los dos dijo nada, y yo mantuve el aliento mientras oía su corazón latiendo contra mí, su ritmo relajante a pesar de lo rápido que iba. Hasta el momento en que Kish ejerció un poco más de fuerza para separarse de mí, no demasiada considerando lo débiles que se encontraban mis brazos, y cuando me miró, fue con una acusación en sus ojos.

Una que no estaba preparada para recibir, como tampoco lo estaba para sus próximas preguntas.

- ¿Por qué me pediste que volviera? – preguntó, taladrándome con su mirada – ¿Por qué no me mandaste a volar cuando aparecí en el parque?

- No lo sé.

- ¿Por qué era tan importante que te esperara?

- No lo se.

- ¿Querías asegurarte de que Saya se hubiese ido? ¿O esperabas una pelea? ¿Una despedida, quizás?

- No, no, nada de eso…

- ¿Entonces qué, Ichigo? Dime que quieres porque no lo entiendo.

Tragué saliva, porque sentía un incómodo nudo en la garganta, pero en vez de suavizarse, este solo se hizo más doloroso. Aún temblando ligeramente, mi cuerpo se tensó como un globo, expandiéndose y expandiéndose hasta el punto en que tuve miedo que fuera a explotar. Y entonces lo hice cuando rompí en lágrimas.

- Quería verte…tan solo quería verte – respondí patéticamente, escondiéndome tras mis manos porque no quería que me viese llorar.

Fue como una descarga que no había estado consciente de haber estado manteniendo, como algo que había crecido demasiado tiempo dentro de mí, alimentado por incertidumbres y miedos que no había intentado resolver porque me habían parecido demasiado gigantescos para enfrentarlos sola. Pero no estaba sola, y me alegré por eso.

No pasó ni un solo instante antes de sentir nuevamente los brazos de Kish alrededor de mí, y a pesar de que sabía que no le estaba haciendo pasar el rato más sencillo, de todos modos me abrazó fuerte, acarició mi pelo y me dio tiempo de calmarme.

- No estas siendo justa conmigo, ¿sabes? – dijo, un rato más tarde, cuando mi respiración volvió a la normalidad.

- Lo se, lo siento…no estoy intentando…

Me corté a mí misma, porque no tenía idea lo que estaba haciendo, solo sabía que tenía sentimientos dentro de mí que habían crecido demasiado rápido, demasiado grandes como para que pudiera seguirlos evitando, y me estaban carcomiendo por dentro. Si quería sobrevivir, tenía que dejarles hablar.

- No quiero que te vayas – me encontré a mí misma diciendo – sé que estoy siendo egoísta porque no sé lo que eso significa o como podría funcionar… solo sé que no estoy preparada para que te vayas.

- No estoy preparado para irme tampoco – respondió con un suspiro contra mi pelo – no creo que lo esté nunca.

- ¿Qué puede significar eso…para nosotros?

- No lo sé, nunca…nunca había considerado este escenario. Soñado, fantaseado, seguro, ¿pero ideado? No, y estoy un poco perdido.

Yo también.

Parte de mí creyó que se sentiría bien el poder hablar abiertamente, que confesar mis deseos sería como quitarme un gran peso de encima. No era así en absoluto. La honestidad me supo agradable luego de pasar tanto tiempo ocultando cosas hacia mí misma y hacia él, pero definitivamente no resolvía todos mis problemas. No se acercaba ni siquiera a desenredar el nudo dentro de mi pecho.

¿Como podíamos hacer funcionar…lo que fuera que teníamos? ¿Aquello que apenas podíamos darle nombre pero que se sentía como fuego en mis entrañas? ¿Cómo podíamos darnos una oportunidad de ser algo más cuando los dos habíamos decidido de antemano no intentarlo porque era demasiado loco o demasiado fantástico? Admitir en voz alta que no estábamos preparados para una despedida tan definitiva era un paso gigantesco, era un alivio saber que ambos nos sentíamos igual…pero no era remotamente suficiente como para resolver nuestros problemas. Si es que había infinitos universos paralelos, ¿existiría alguno en el que ambos encontrábamos un final feliz?

¿O nos tocaría en todos aceptar que no había manera?

- Lo único que sé – continuó hablando Kish – es que si nos dieras la posibilidad…si te dieras la posibilidad a ti misma…de…de estar conmigo…no te cambiaría por nada ni nadie más.

- ¿Cómo puedes estar tan seguro de eso? ¿Qué el día de mañana no habrá algo más importante que yo?

Pensé en Masaya, en lo que me había dicho en el parque acerca de no verme en su futuro, y decidí que no quería pasar otra vez por el dolor de no ser elegida por otra persona.

Kish separó de mí otra vez, pero en esta ocasión con menos frustración, y con más gentileza. Sus manos siguieron conectadas a mis brazos, hasta que las deslizó hacia arriba, por mis hombros, mi cuello y alcanzó mis mejillas. Toda la extensión de mi piel que sus manos tocaron pareció tintinear y colorearse ligeramente de rojo como si Kish estuviera pintando sobre un cuadro. Descubrí que un punto entre mi cuello y mi hombro era bastante sensible y temblé ligeramente, disfrutando del contacto.

Mis manos encontraron su cintura por cuenta propia, y me pregunté desde cuando me sentía tan cómoda tocando, y dejándome tocar.

- Ichigo – su voz llamó mi nombre, y me hizo enfocarme en sus palabras – jamás estuve seguro de nada en mi vida, excepto de cuanto estoy dispuesto a dejar atrás por ti. Te amo. Todavía, y siempre. No vengo a forzarte sentimientos, ni a demandar de ti una respuesta, pero si hay una mínima posibilidad de que sientas lo mismo…

- Creo que sí – respondí rápidamente – siento algo hacia ti, o al menos…estoy dispuesta a averiguar si es así, pero ya no quiero ser injusta contigo, no quiero darte ilusiones cuando no estoy segura de lo que digo para luego…

- Eso no es importante. No te preocupes por mis ilusiones, o por el futuro, preocúpate por tus sentimientos ahora mismo. Dices que no estas preparada para que me vaya, pero ¿estarías preparada para que yo sea algo más que…lo que soy ahora para ti?

Aunque lo hubiese intentado, no habría sido capaz de apartar mi mirada de Kish en ese momento. Había tanta vacilación en esa mirada, tanta reserva, y una protección que podía ver claramente envuelta alrededor de sí mismo, porque muy profundamente creo que él pensaba que mi respuesta sería una de rechazo. La que le rompería su corazón de una vez por todas, y se había preparado a sí mismo para las malas noticias.

Por primera vez en mi vida olvidé nuestro pasado rocoso, olvidé que no pertenecíamos al mismo mundo, y que nuestras culturas eran completamente diferentes. Olvidé que mi corazón estaba roto por otra persona que no había sido capaz de ver un futuro conmigo, porque frente a mí había alguien que sí lo hacía. Por primera vez, alguien me estaba eligiendo a mí sobre todo lo demás, no a mi uniforme, no a la promesa de un futuro…solamente a mí, porque yo era suficiente, y diablos si el sentimiento no era absolutamente intoxicante.

¿Quienes podíamos ser de ahora en más? ¿En que nos podríamos convertir? ¿Qué se cultivaría de nuestro esfuerzo? De repente ninguna de esas preguntas importaba, no ahora al menos, no mientras eramos jóvenes, idealistas y capaces de sentir tan plenamente por alguien más, porque, ¿Qué tan seguido pasa que otra persona resuena de una forma tan absoluta en tu interior?

En el futuro podríamos cambiar de opinión, podríamos arrepentirnos, podríamos mirar hacia atrás hasta este día como el cual tomamos el peor error de nuestras vidas...

¿Pero que pasa si funciona? Volvió a repetir aquella voz, ¿Qué pasa si algo magnifico surge de esto?

Era una incertidumbre gigantesca, un reto, un experimento que podría ser tan peligroso como emocionante, y sin importar como fuera a termina, no me quedaba duda de que disfrutaría del viaje. Había estado en su cabeza, literalmente dentro de su cuerpo, compartido su corazón y viajado por sus recuerdos. Habíamos pasado por tanto juntos, ¿Qué era una aventura más?

Una seguridad se asentó dentro de mi pecho, tan clara como una llamarada en medio del frío, y me sentí más en paz de lo que había estado en mucho tiempo. Con una sola palabra que dejé salir de mis labios, todo el peso sobre mis hombros fue levantado de golpe:

- Si – respondí.

Su sonrisa fue como ver el sol al mediodía, altamente cegadora y trajo consigo una ola de calor que llenó lentamente mi cuerpo. Kish descendió su cabeza y juntó su frente a la mía. Le tenía tan cerca, que podía sentir su aliento contra mi boca al hablar.

- ¿Estoy soñando ahora mismo? – preguntó, sus ojos cerrados, sus manos aún conectadas a mis mejillas.

- No. Todo es real.

- Necesito que sepas que si te arrepientes en algún momento, no tienes que…

Me elevé en mis puntas de pie y besé su boca, porque era más fácil convenir lo que quería decir con un gesto simple que cualquier respuesta elaborada. Además, estaba ahí, tan cerca, y no besarle antes se me había hecho difícil.

Canela, pensé, no sabía como ni por qué, pero su boca sabía a canela.

Un instante después me separé, porque aún me quedaban cosas que decir. Su boca intentó seguirme, y con una risita le detuve con mi mano.

- Quiero intentarlo – le dije – quiero salir contigo, y quiero que me beses sin que tengas que robar un solo beso más. Te los daré sin reserva de ahora en adelante.

Sin decir nada, Kish quitó mi mano fuera del camino y a pesar de que lo había estado esperando, a pesar de que no era la primera vez, aún así la reacción de mi cuerpo al sentir su boca sobre la mía fue como una descarga eléctrica que me hizo curvar los dedos de los pies. Fue dulce, tan dulce que me encontré a mí misma mareada, guiada suavemente sobre lo que parecía una serie de gentiles olas. Como ser llevada por un agradable sueño cuando estas cansado.

Kish me besó con tiempo, con paciencia, y me di cuenta con sorpresa que nunca habíamos compartido un intercambio tan suave, nunca nos habíamos dado la oportunidad de dejarnos sentir antes de ser arrollados por problemas. Me di cuenta que este era nuestro primer beso sin culpa.

El primero de muchos, decidí.

Cuando nos separamos fui consciente de cuan relajado estaba mi cuerpo, como ya no había tensión en mi estómago o ansiedad en mi pecho, incluso mis manos habían dejado de sudar, y en mis labios aún quedaba un tintineo agradable. Me pregunté si Kish estaría teniendo una reacción similar, y por la sonrisa de suficiencia asumí que así era.

Intenté controlar mi propia reacción para que no se le fuera la opinión sobre sí mismo a la cabeza.

- Uff…eso estuvo… – carraspeé para que mi voz sonase más firme – muy bien.

Kish enseguida perdió la sonrisa, y me miró como si acabara de insultarle. Elevó una ceja hacia mí.

- ¿Muy bien? – preguntó con incredulidad, y ligera ofensa – ¿Muy bien? ¡Puedo hacerlo mejor que muy bien!

- Oh, no quise decir…

Pero no llegué a terminar la frase.

Antes de que me diera cuenta lo que pasaba, su boca había descendido sobre la mía otra vez, y entonces recordé por qué me habían gustado tanto sus besos robados. Por toda la suavidad y gentileza que Kish me había ofrecido antes, no recibí ni un ápice esta vez. No había una ligera ola acariciándome, llevándome suavemente de paseo, sino una marea poderosa, casi violenta que embargó mis sentidos y me arrastró con ella hacia las profundidades de un beso que no tomaba prisioneros. Un beso que tenía un mensaje detrás.

Puedo darte mucho más…

Un sonido que apenas reconocí como mío resonó desde mi garganta cuando su lengua se encontró con la mía, y entonces mi cerebro se apagó como quien toca un interruptor. Todo pensamiento salió volando de mi cabeza porque aparentemente la coherencia no era necesaria cuando a uno lo besan de esa manera. La dignidad tampoco lo era.

Una de sus manos encontró mi nuca, y la otra rodeó mi cintura con firmeza, atrayendo mi cuerpo hacia el suyo hasta que no hubo aire entre los dos más allá del que compartíamos entre nuestras bocas. Donde antes había existido calor cuando él me miraba o tocaba, ahora mismo ese calor se había convertido en fuego. En una llamarada intensa que crecía y crecía dentro de mí hasta que pensé que iba a quemarnos a los dos…y yo lo hubiese alegremente permitido porque nada en el mundo me habría hecho querer cortar aquel beso.

Cuando eventualmente nos separamos, mi boca siguió a la suya por un pequeño instante antes de recobrarme a mí misma, pero el daño ya estaba hecho. Kish podía ver claramente el estrago que había provocado en mí, y una expresión altamente engreída tomó residencia en su cara.

- ¿Estuvo eso muy bien? – preguntó, en un tono que dejaba muy claro que sabía perfectamente la respuesta a esa pregunta.

Yo no respondí, porque estaba estúpidamente sin aliento, y porque de todas formas, mi rostro debía ser un poema ahora mismo.

Estúpido alienígena engreído, le acusé en mi mente, y luego le arrastré hacia mí otra vez, porque si esto era una competencia para él, entonces dos podíamos jugar el mismo juego.


No puedo creer que por fin llegué al último capítulo, tenía pensado este final hacía meses y parecía que siempre se me ocurría algo nuevo para poner en el medio que me hacía atrasarme todavía más. Definitivamente esta fue una historia desgastante de escribir y muy impredecible porque el camino no siempre me resultó muy claro, pero me gustó muchísimo escribirla :) Creo que como todo, podría mejorar, pero estoy contenta de que en ningún momento la abandoné, e intenté darle un buen desenlance, espero que a ustedes también les haya parecido así.

Tengo un epílogo a medio escribir que me gustaría subir dentro de poco, y ahí creo que ya dejo esta historia cerrada, porque me gustaría seguir con otra cosa. Amo esta pareja así que no descarto volver a escribir sobre ellos algún día, pero por ahora llegué a mi límite.

En fin, muchísimas gracias por leer, y por dejar reseñas en cada uno de los capítulos:

- Ronald Anderson

- Petite Soeur

- Karstein Abarai

- GioChris

- Dayome-chan Dragneel

- LenaCastle

Si hay alguna otra persona que me quedó por nombrar sepan que aprecié cada comentario. Un beso y muchas gracias otra vez! Estén atentos al epílogo :)