CAPÍTULO 4:

CYNTHIA BRANDON:

- ¿Que haces con mi vestido nuevo? ¡Me lo vas a estropear!

Dichas estas palabras y como si de una maldición se tratara, salté hacia atrás del susto de ser pillada infragante, y termine golpeando el escritorio y provocando que se derramara la tinta del tintero sobre el blanco vestido.

- Oh…mierda, no!

- ¡Lo sabia! ¡Sabía que lo terminarías estropeando Cynthia! ¿Porque coges mis cosas sin permiso?

- Ali lo siento….de veras. Fue un accidente. Yo solo quería ver como…..como…. me qued…

Pero no fui capaz de terminar la frase. Como siempre que me ponía nerviosa, mi mentón empezó a temblar a la vez que los lagrimones caían y me impedían hablar con claridad.

- Vale, vale…prometo no enfadarme, pero no te pongas así...sabes que no soporto verte llorar.

Igualmente tuve que tomar aire un par de veces antes de responder a su suplica.

- Enserio lo siento Ali, yo solo quería probármelo un momento para ver como me quedaba y sentir que podía ser tan guapa como tu...soy una tonta.

- Si, si que lo eres, pero por pensar así cuando eres mucho más guapa que yo. O al menos lo serás en unos pocos años cuando tengas a todos los chicos haciendo fila para pedir tu mano.

- ¿De verdad lo crees? - Dije aún con la respiración entrecortada por el llanto.

- Estoy segura de ello. Y sabes que rara vez me equivoco Cyn.

Y era verdad. Alice solía acertar bastante en lo que decía. Tanto que en casa ya lo dábamos como un hecho y hasta hacíamos bromas al respecto. "Lleva el paraguas que Alice se ha abrigado un poco más de la cuenta hoy" decía papá. "Pon un plato extra en la mesa por que con la cantidad de comida que esta preparando Alice tendremos visita seguro" decía mamá.

Cuando nos preguntaban al respecto no sabíamos bien que contestar. No teníamos una respuesta para ello. Simplemente habíamos aprendido con el tiempo a fiarnos del instinto certero de mi hermana pese a los rumores que circulaban sobre ella en la ciudad...

Aún así me preguntaba si de verdad sería posible que yo llegase algún día a ser tan guapa como ella, porque yo lo veía bastante difícil por no decir imposible….Pero solo pensar en la idea de llegar a tener algún pretendiente de verdad hizo que me ruborizara tanto que dejé de llorar de golpe.

- Eso esta mucho mejor Cyn. Ahora ayudame a recoger este desastre que mamá estará al caer. Tu encargate de la habitación que yo me encargaré del vestido.

Rápidamente me quite el vestido para que se lo llevara al lavadero. Mientras yo, aún en ropa interior, limpiaba como podía el escritorio y la alfombra.

Puse todo mi empeño en ello, y la verdad es que salió prácticamente toda la tinta. Habría que fijarse muy bien para darse cuenta de alguna diferencia.

Sin embargo el hermoso vestido blanco no corrió la misma suerte. Su delicada tela de encaje había absorbido demasiada tinta y por más que se lavara seguía viéndose la mancha. Alice lavo meticulosamente una y otra vez la prenda e inclusive probó todos los trucos de limpieza que se sabía, pero nada funcionó. El vestido nuevo que le había comprado con tanto esfuerzo papá a Alice para su baile de debutantes estaba arruinado, y era solo culpa miá

Toda la familia llevaba meses esperando ese día. El día en que mi hermana fuera presentada oficialmente en sociedad, para encontrar así un buen marido que garantizara su futuro económico y el de nuestra familia.

Y es que nosotros no eramos millonarios ni pertenecíamos al circulo social que se suele a hablar en la prensa, al contrario, eramos una familia cualquiera de la clase media de Mississippi. Pero papá, al trabajar como joyero y comerciante de perlas, se relacionaba siempre con las personas de la alta sociedad, y soñaba irremediablemente con estar algún día entre ellos, aunque fuera mediante nosotras, sus hijas.

Por eso era tan importante y esperada la fiesta. Todo debía salir perfecto para la ocasión. Así que mientras mamá y la abuela trabajaron tan duramente con Alice los modales, la etiqueta y la forma de bailar; papá se encargó de la indumentaria sin reparar en gastos. Reservó las perlas más hermosas para ella, y encargó a la mejor modista de la ciudad la elaboración del vestido.

El día que Alice se lo probó, estaba absolutamente hermosa. Parecía una princesa sacada de alguno de los cuentos que me leía de pequeña por las noches antes de dormir. Todos estaban muy orgullosos de ella. Se veia tan perfecta y radiante con ese precioso vestido blanco, que confesare que sentí envidia. Tanta que por un instante desee tener ese vestido y convertirme en ella aunque fuera por un instante.

- Mamá puedo probarme el vestido después de Alice?

- Ni hablar. Este vestido además de no ser de tu talla, es muy costoso y muy importante para tu hermana. No podemos arriesgarnos a que le pase algo antes de la gran noche.

- Pero mamá….prometo ser muy cuidadosa. Solo será un momento.

- Ya dije que no, señorita.

- Pero...

- Anda no discutas con tu madre. Más bien baja y prepara la mesa para la cena.

- Pero…

- Ya escuchaste a tu abuela. Ve ahora mismo. Y en silencio.

Pero la idea no abandonó mi mente, porque igual que papá, yo era de ideas fijas y una vez que algo se me metía en la cabeza era difícil de sacarlo. Por eso decidí seguir adelante con el plan de probarme el vestido de Alice, pero esta vez a escondidas de todos. El plan era perfecto: Debía esperar al martes, que es cuando mi madre solía ir a visitar a mi abuela mientras Alice se acercaba al mercado, y mi padre como siempre estaría fuera trabajando. No había forma de que algo pudiera salir mal. O eso pensaba en ese momento…tonta de mi.

Faltaban solo unos días para el gran baile y por mi culpa Alice ya no tendría que ponerse. Había arruinado su debut en sociedad.

- Ali lo siento muchísimo de veras. Que te pondrás ahora?

- Tu tranquila...Algo se nos ocurrirá. Hay que hablar con mamá y papá seguro lo entenderán.

Pero cuando conté lo sucedido, papá entro en cólera, mamá se desmayó y la abuela se puso a llorar. Una y otra vez me recriminaron por lo sucedido como si hubiera arruinado a propósito el vestido y con ello los planes de futuro de mi hermana.

Alice trato de calmarlos diciendo que se pondría otro vestido aunque fuera menos bonito, pero esto no les tranquilizo. Daban por perdida la batalla de antemano.

Y así fue. Como si de una advertencia se hubiera tratado la perdida del vestido,

la fiesta entera fue un completo desastre. Alice no iba vestida a la altura de las demás asistentes. Pese a su belleza y elegancia innatas, parecía la criada de alguna de ellas. Además no contaba con grandes apellidos como Márquez, Steel o Meyer, y no conocía a la mayoría de asistentes. Casi nadie bailo con ella y mucho menos entablaron conversación. El interés de los hombres de esa elegante fiesta por Alice era nulo, o eso le oí decir a mamá con mucha tristeza y preocupación a la abuela mientras se lo contaba todo.

Temiendo que mi hermana se hundiera en la tristeza tras esa noche desastrosa y aún sintiendome culpable por lo sucedido, me escabullí en su habitación para verla y animarla.

- Ali me he enterado de lo sucedido en la fiesta. Estás bien?

- Me creerías si te dijera que si?

- No mucho...¿Porque estas tan tranquila? Cualquier otra chica estaría vuelta polvo en tu lugar…

Alice se mordió el labio inferior y me miro con cautela antes de responder.

- Es difícil de explicar Cyn...no se si lo entenderías.

- Intentalo. Por favor.

- No estoy triste, al contrario. Estoy aliviada de que no saliera bien la fiesta de hoy. No hubiera soportado salir emparejada de allí con alguien de esa fiesta…

- ¿Pero porque? ¿No te gustaría conocer a alguien, casarte y tener hijos Ali?

- No. No así...no con ellos.

- ¡Pero si son los mejores jóvenes de la región! Hijos de grandes familias. Herederos de grandes fortunas. Elegantes, caballerosos, bien educados y algunos hasta bastante guapos…¿porque no?

- Es fácil Cyn. Porque ninguno de ellos son ÉL.

- ¿Ali de que estas hablando?

- ¿Te acuerdas del sueño del que te hable?

- Hmmmm….¿el del joven?

- Si. Yo...no te lo sé explicar, pero siento que no solo quiero sino debo estar con el….Y no sé como, ni sé cuando, solo sé que tarde o temprano nuestros caminos se cruzaran para siempre. Si te soy sincera, si estaba ilusionada con la fiesta en un principio, era por si le conocía allí, pero al ver que no estaba entre los asistentes perdí todo el interés que podía tener en este evento social...

- Es una locura Alice...

- El amor es la mayor de las locuras. No lo olvides hermanita.

- ¿Y que piensas hacer?

- No lo sé Cyn, pero por favor no digas nada de esto a nadie y mucho menos a mamá y a papá. Ellos no lo entenderían. Últimamente están muy nerviosos con el tema de buscarme un buen casamiento. Sobretodo papá, que mira más por el dinero y la procedencia de los posibles pretendientes que por la idea de que a mi me guste y me haga feliz, pese a que seré yo quien tenga que compartir el resto de la eternidad con esa persona…

- Papá solo quiere lo mejor para ti Alice…

- ¿Lo mejor para mi? ¿O lo mejor para él?

- Él te adora.

- Aveces me cuesta creerlo Cyn. Pero da igual. No es un tema para hablar ahora...es muy tarde. De momento solo prometeme que no dirás nada de lo que te he contado…

- Tranquila. Seré una tumba.

- Gracias Cyn.

- ¿Alice?

- ¿Si?

- ¿Puedo dormir contigo esta noche?

- Vale...pero si me das patadas como la vez pasada te mando a tu habitación ¿entendido enana?

- Bien. ¡Pues yo procurare quedarme quieta, si tu procuras no hablar en sueños como sueles hacer!

- No prometo nada. Ahora a dormir.

- Buena noche Ali.

- Buena noche Cyn. Descansa mucho y sueña con los angelitos.

Alice no había terminado de decir está ultima frase cuando yo ya me estaba sumando en un sueño profundo. Pese a no haber asistido a la fiesta como mi hermana, había sido un día muy largo y agotador ayudando en los preparativos. Estaba completamente exhausta y hubiera deseado irme a descansar hacia horas, pero era incapaz de conciliar el sueño por los nervios de saber como le había ido a Alice. Y ahora que lo sabía, y que la veía tan bien pese a lo sucedido, me podía dormir tranquilamente.

Hubiera sido una noche fantástica y de sueño reparador, sino hubiera tenido un despertar tan malo. A eso de las 5 de la mañana Alice empezó a moverse mucho en sueños. Yo trate de despertarla pensando que tenia una pesadilla, pero me fue imposible. Ni siquiera reaccionaba a las sacudidas que le daba. Lo peor de todo es que su angustia iba cada vez a más. Y no se detuvo hasta que sus propios gritos de terror la despertaron, igual que a todos los habitantes de la casa.

Mis padres entraron corriendo a la habitación pensando que nos estaba pasando algo malo. Y Alice, aunque ya despierta seguía como fuera de si repitiendo una y otra vez entre lágrimas "no, no, no….". Y no paro de decirlo hasta que sus ojos se cruzaron con los de mamá y corrió a sus brazos como una niña pequeña buscando consuelo, mientras toda ella envuelta en lágrimas y sudor temblaba sin parar.

- Dios no...por favor no...tu no.

- ¿Alice cariño que pasa?

- Mamá…tu….estabas…estábamos...en tu funeral…

Mamá palideció al oír la última palabra y callo por un instante. Pero al poco tiempo sonrió con la mejor de sus sonrisas y con ternura limpio las lágrimas de mi hermana.

- Pequeña fue solo un mal sueño. Estoy aquí contigo...y pretendo, si Dios me lo permite, quedarme bastante tiempo más a tu lado.

- Mamá…Te quiero.

- Bueno ya está bien de historias. Que nos has dado un susto de muerte por esa tontería…que eres ya una mujer Alice compórtate como tal... ¡A dormir ya y en silencio! - Grito papá de muy mal humor, mientras se daba la vuelta para volverse a la cama nuevamente.

No entendía porque él reaccionaba así con Alice. ¿Porque no podía ser tan comprensivo como mamá con este asunto? ¿Acaso no veía la angustia en su mirada? Que le costaba un pequeño gesto de cariño hacia su hija que había tenido un mal día y una noche aún peor...

Inevitablemente me acordé de las palabras de Alice sobre los planes arruinados de papá y su frustración al respecto. Pero inmediatamente los alejé de mi mente por mi inocencia. Y justifique su forma de actuar diciéndome que era solo cosa del cansancio porque era de madrugada y porque para él también había sido un día largo y agotador. Ignorante le hice caso y me fui a la cama pensando que mañana sería otro día y que las cosas serían diferentes.

Y cuanta razón tenía yo…Porque ese fue la última noche en que fuimos de verdad una familia. Esa fue la noche en que las cosas empezaron a cambiar, al igual que el destino de todos nosotros, dando un giro completamente inesperado.