Epilogo

Tres meses más tarde…

Salir con un alienígena resultó más sencillo de lo que habría pensado. Si bien nuestras diferencias culturales eran bastantes, y más de una vez causó malentendidos entre los dos, en ningún momento llegamos a cuestionar el futuro de nuestra relación, o la fortaleza de nuestros sentimientos. Ayudó bastante el hecho de que yo no era ninguna novata en lo que respectaba a la vida alienígena o a lo sobrenatural en general, por lo que tener citas en su nave espacial, o incluso dar vueltas alrededor del mundo en un abrir y cerrar de ojos me parecieron experiencias exhilarantes más que aterradoras. La tarde en Paris ciertamente no sentó nada mal.

Además, Kish también había hecho su parte para hacerme sentir más cómoda.

Un par de semanas luego de que oficialmente comenzáramos a salir, Kish había estado un tanto distante, enfocado en un proyecto en secreto que había comenzado a trabajar con Pai cuando este volvió brevemente a la Tierra. Les había cuestionado a los dos sobre su secretismo, pero ambos me explicaron que estaban intentando algo nuevo, que no estaban del todo seguros que fuera a funcionar, y no querían alzar mis expectativas solo para terminar en una decepción al final.

Luego de varios días en lo que básicamente fui ignorada, Kish finalmente apareció ante mí…aunque no de la forma en la que estaba acostumbrada.

- ¿Qué te parece? – preguntó él con una sonrisa que no era la suya, mientras daba una vuelta alrededor de sí mismo como si me estuviera enseñando como le quedaba una nueva camiseta - ¿Se ve bastante real no?

Demasiado real, concedí, y no estaba segura que tanto me gustaba lo que veía.

El nuevo cuerpo humano que Kish y Pai aparentemente habían diseñado era bastante atractivo, con aquel cabello negro espeso, piel ligeramente bronceada y un físico alto y saludable. Era la clase de chico que si bien quizás no era elegido como modelo de revista, aún así sus rasgos eran simétricos y agradables a la vista…pero no pertenecían al chico de quien me había enamorado. Lejos de sentirme feliz como él, me sentía incomoda porque me parecía encontrarme frente a un extraño que nada tenía que ver conmigo.

Tan solo su voz y sus ojos dorados, tan brillantes como siempre se mantuvieron sin ningún cambio, y fueron mi ancla durante el shock inicial. La única razón por la que prácticamente no salí corriendo en dirección contraria.

- ¿Es…real? – pregunté – Por favor dime que no es real.

La expresión en el nuevo rostro de Kish se desfiguró levemente, y reconocí la decepción en las nuevas facciones.

- ¿No te gusta? El cabello es muy largo, ¿no? ¿O quizás prefieras rubio? ¿O crees que…?

- No me refiero a como se ve – le corté, porque se estaba preocupando por el tema incorrecto – me refiero a si tu…forma real esta allí o...

Mis palabras se perdieron porque no estaba segura de cómo terminar mi pregunta. De entre todas las cosas extrañas que habían pasado en mi vida últimamente, jamás había presenciado a una persona cambiar tan radicalmente su exterior en tan poco tiempo.

Claro, Kish y yo habíamos brevemente intercambiado de cuerpos pero dudaba que eso fuera lo que estaba pasando ahora mismo porque sus ojos aún eran los mismos, y el resto de lo que podía ver no parecía un cuerpo real de un ser humano, sino una creación artificial. Algo en las líneas demasiado perfectas, en la falta de defectos lo hacía parecer como una estatua más que como una persona viva.

Kish se dio cuenta hacia adonde iba mi pregunta y sonrió como si tuviera un secreto. Entonces llevó su mano a un delgado collar que tenía sobre su cuello, tan delicado que apenas lo había visto, y tocó el adorno sobre el centro.

Enseguida, ante mí su imagen se desfiguró como si le tiraran agua a un cuadro. Las formas que no reconocía y los colores poco familiares para mí se fueron derritiendo hasta desaparecer, y por fin vi al alienígena de cabello verdoso, piel pálida y orejas claramente no humanas por el que había estado esperando. Me hizo sonreír, y respiré con alivio.

- Es una ilusión entonces – comprendí - ¿es esto en lo que estaban trabajando?

- No está del todo terminado todavía, sigo dudando acerca de algunos detalles, como cabello oscuro o claro.

- Me gusta el original.

Kish enrojeció ligeramente y carraspeó como si necesitara aclararse la voz. Había empezado a identificar aquella reacción cuando yo arrojaba algún cumplido en su dirección, o a veces, simplemente cuando estábamos muy cerca. Sin importar la cantidad de veces que le había visto perder la compostura ante mí, sorpresivamente aún me parecía inmensamente tierno.

- Descuida, el original no se irá a ninguna parte – contestó con una sonrisa traviesa – pero creí que quizás tener la ilusión de un cuerpo humano podría permitirnos salir en público sin necesidad de escondernos. O más bien, de esconderme a mí.

Uno de los mayores problemas (o quizás el mayor) en nuestra nueva relación era que teníamos que estar todo el tiempo pendientes de no ser vistos en público porque no había manera alguna de esconder el hecho de que mi novio no era un humano. Habíamos resuelto tomar ciertas medidas como por ejemplo salir juntos solamente tarde por las noches, o a lugares realmente vacíos, pero aún entonces el estrés de no ser vistos era demasiado grande como para realmente relajarnos y pasarla bien. A veces simplemente era más fácil escondernos del mundo entero en mi dormitorio o su nave.

Sin embargo, el no salir bajo el ojo público me resultaba bastante agradable por el momento, ya que aún nos encontrábamos en una etapa muy temprana de nuestra relación en la que queríamos pasar todo el tiempo posible con el otro, y honestamente no sentía la necesidad de compartirle con los demás todavía. Quizás para él fuese distinto, pero me gustaba la idea de dedicarnos a nosotros mismos, y no preocuparnos por lo que los demás pudieran pensar o decir. Me gustaba esta pequeña burbuja en la que solo estábamos nosotros dos.

- No necesito el público, estoy perfectamente feliz así – expliqué.

- Yo también, pero quiero que tengamos la oportunidad de cambiar de opinión más adelante si eso es lo que queremos.

Podía entender su punto, y siendo sincera no estaba en desacuerdo. Hasta el momento no me había imaginado demasiado la idea de pasear por las calles de Japón tomada de la mano con Kish, o tomarnos fotos para subirlas a redes sociales, básicamente porque habría sido imposible hacerlo en su forma real sin causar una conmoción en las masas. Un solo vistazo a esas orejas, y habríamos tenido un gran problema entre manos que simplemente no valía la casual salida al cine o el paseo por el parque.

Sin embargo, un cuerpo humano podía permitir a Kish salir en público sin necesidad de causar pánico, y no solamente para encontrarse conmigo, sino para vivir su propia vida en la Tierra si así lo quería. No habíamos hablado demasiado sobre el futuro, pero Kish me había comentado una y otra vez que siempre se había sentido altamente curioso por la Tierra y nuestras costumbres como seres humanos. Frecuentemente me preguntaba difíciles preguntas al respecto, las cuales yo trataba de responder lo mejor posible sin quedar como una tonta, pero eventualmente la cantidad de información que él deseaba saber era demasiado grande en comparación con lo que yo podía darle, y era forzado a investigar por su cuenta. Poder ir por la Tierra sacando sus propias conclusiones debía ser altamente tentador.

Además, cuanto más pensaba en la idea de no tener que ocultarnos, encontraba que menos me disgustaba. Me tomaría un tiempo acostumbrarme a un rostro que no era el suyo, pero si sabía que era él mismo bajo la ilusión estaba segura que podría soportarlo. Puede que incluso me agradara al final.

- Está bien – concedí – tienes razón, es inteligente tener algo…así a mano. Pero tengo una condición.

- ¿Quieres que tenga más músculos?

- No – respondí, poniendo los ojos en blanco – no quiero que uses a tu nuevo yo cuando estemos solos, ¿esta bien?

- Puedo vivir con eso.

Me subí en puntas de pie para besarle y su brazo rodeó mi cintura en el mismo sitio en que parecía encontrarse siempre, como si tuviera su lugar específico en mi cuerpo, solamente para él. Su mano libre encontró mi pelo, y sus dedos se enredaron entre las hebras, en una de esas pequeñas acciones que Kish hacía y parecían dejar mi cuero cabelludo hormigueando bajo sus dedos, y al resto de mi cuerpo cobrando vida.

Me había dado cuenta muy temprano en la relación que me encantaba tocarle, y que nuestras citas a veces no se sentían del todo completas si no existía una instancia en la que compartiéramos una acción tan inocente como un roce de su mano contra la mía, o una más pasional, como sus labios en los míos, o sobre mi cuello, o en mi clavícula. En cualquier parte de mí en realidad. Podíamos estar discutiendo, en el medio de una pelea quizás, pero en el momento en que cerrábamos nuestra cercanía, era ridículamente estúpido lo rápido que mi mente olvidaba todo lo que no fuera la forma en que me tocaba, o cuanto me quería.

Disfrutaba cada minuto como si fuera la primera vez, lo cual estaba consciente que sonaba demasiado similar a una novela romántica, pero en mi caso, por el momento al menos, era así. Incluso ahora, tres meses luego de empezar nuestra relación, la forma en que me abrazaba cerca de sí mismo, como si no pudiera tener suficiente de mí hacía que mi mente girara en un torbellino agradable. Mis manos encontraron por sí mismas sus hombros y acepté todo lo que tenía para darme.

O al menos, hasta que le sentí hacer presión hacia mí, forzándome a dar pasos hacia atrás, intentando entrar más profundamente en mi dormitorio. Yo le frené luego de que mi cadera chocara un poco demasiado fuerte contra el borde de mi cama.

- No, espera, no podemos estar en mi casa – protesté– están mis padres durmiendo.

- Está bien, seremos silenciosos – bromeó él.

Su boca trató de buscarme otra vez y yo le aparté entre medio de risas. Me gustaba la manera en que parecía un tanto desesperado por mí a veces, como si tuviera sed de mí. Me hacía sentir bonita, con la cabeza ligera y mariposas en mi barriga.

- ¿Y que es lo divertido en eso? No podremos ni hablar.

- Se me ocurren un par de cosas que podemos hacer en silencio en tu cuarto que no incluyen hablar – respondió en un susurro justo en mi oreja.

Esta vez fui lo suficientemente lenta como para que Kish encontrara una brecha en mi defensa y aprovechara a reclamar mi boca otra vez, pero lejos de reírme y seguirle la corriente, me encontré a mí misma considerando sus palabras. Seriamente considerándolas.

A pesar de que técnicamente no había dicho nada específico, la intención detrás de sus palabras estaba más que clara, al igual que sus acciones. Una de sus manos se coló debajo de mi camiseta, y sentí sus dedos ligeramente fríos sobre mi espalda recalentada. Mi cerebro no tuvo problema alguno en terminar de completar lo que aquel escenario significaba, con todo lujo de detalles en forma de imágenes y sonidos que no estaba acostumbrada a imaginar.

Y entonces actué por puro instinto.

- Oh mira eso, mi madre me llama – exclamé de repente.

Antes de que yo misma me diera cuenta de lo que hacía, había empujado a Kish tan violentamente hacia atrás, que lo tomé desprevenido, perdió su equilibrio y trastabilló hacia atrás hasta caer fuera de mi ventana.

Con el corazón en la garganta me asomé por el borde y le encontré trancado entre las ramas del árbol frente a mi ventana, con mirada altamente confundida. Me habría reído de su expresión perpleja y las hojas enredadas en su pelo, pero sus palabras aún corrían por mi cabeza, y no me tenía fé de poder actuar normalmente.

- Lo siento, eh…yo…buenas noches – balbuceé.

Cerré la ventana, la cortina y apagué la luz como si eso le fuera a dar a entender al chico que acababa de arrojar fuera de mi dormitorio que ya no había nadie en casa. Tras un instante de mortificación ante mi gran acto de estupidez, escuché la voz de Kish muy confundidamente desearme buenas noches.

Una miradita por una esquina de la cortina me hizo saber que ya no estaba allí, y solo entonces me permití respirar hondo, aunque eso no hizo desenredar el nudo de ansiedad en mi estómago.

Me recosté contra la pared, necesitando un minuto, y cerré los ojos, pero detrás de mis parpados, todo lo que podía ver era a Kish cerca de mí, sonriendo de aquella manera que me volvía loca y volviendo a tocar mi espalda en lentos círculos hasta causarme escalofríos. Podía recordar la sensación como si aún permaneciera sobre mi piel.

- ¡Ichigo! – escuché la voz de mi madre llamándome desde el piso de abajo y salté por la sorpresa - ¿puedes venir de una vez?

Hora de recomponerse, Ichigo, me dije a mí misma, pero era más fácil decirlo que hacerlo.

Tras respirar hondo y arreglarme decentemente el cabello, bajé las escaleras y fui a ayudar a mi madre con lo que fuera que necesitaba mi asistencia, pero en la parte de atrás de mi cabeza, no podía dejar de pensar en las palabras de Kish. En la promesa en su tono de voz. En lo que había deseado hacer conmigo.

Esa noche no pude dormir del todo bien.


Mientras los días pasaban fui considerando lo que había sucedido ese sábado por la noche, y llegué a la conclusión de que había actuado de manera un poco exagerada al echar a Kish de mi casa sin explicación alguna, especialmente al arrojarlo contra un árbol. Me gustaba estar con Kish, y últimamente estaba empezando a sentir una necesidad de acercarme aún más a él de manera física, por lo que su propuesta no debería haberme sorprendido tanto. Es más, debería haberla estado esperando.

Hacía ya meses que salíamos juntos, y años que nos conocíamos. Habíamos estado literalmente en el cuerpo del otro, y atravesado las suficientes situaciones de vida o muerte como para que la confianza no fuera un problema entre los dos, incluso en una situación tan nueva para mí. Además, Kish no era exactamente tímido a la hora de mostrarme cuanto yo le gustaba, y probablemente ya había considerado el escenario de pasar una noche conmigo más de una vez en su cabeza. Parecía ser yo la única ingenua perfectamente contenta con besarle y tomarle la mano en vez de imaginar que existían muchas más opciones de cosas para hacer juntos.

Cosas que podrían ser muy divertidas…o eso había escuchado al menos.

Con Masaya nunca habíamos llegado a dar ese siguiente paso en nuestra relación. Si es que alguna vez la posibilidad había atravesado mi cabeza, rápidamente me había visto envuelta en una emergencia de mi alter ego Mew, o directamente convencido a mi misma de que tendríamos tiempo de hacer esas cosas en el futuro. Nuestra relación, a fin de cuentas, había comenzado cuando eramos muy jóvenes, y quizás por inocencia, o el hecho de que ninguna de mis amigas había atravesado todavía por una experiencia similar, no me había hecho querer apurarme, y asumí que a él tampoco. Con el correr de los años, la necesidad de dormir juntos simplemente no había aparecido en nuestros planes.

Pero con Kish era distinto. Todo era distinto. Desde la manera en que nos hablábamos, a los tipos de conversaciones que teníamos, e incluso la manera en que nos besábamos. Con Masaya todo había sido dulzura, gentileza y respeto. Y si bien aún tenía eso con Kish en ocasiones, no me faltaba el otro lado de la moneda que me había estado perdiendo hasta el momento, como el deseo arrebatador de cortar toda distancia, o la desesperación por saciar una sed que no tenía nombre.

Si bien la dulzura aún me agradaba, había encontrado que me encantaba la manera más ruda, menos cuidadosa que Kish tenía para hacerme sentir como la única persona en el mundo para él. Como si hubiese estado esperando toda su vida por mí. Últimamente, yo también compartía más y más esos sentimientos, esa necesidad por dejar salir alguna especie de animal interior que quería salir a jugar.

Y quizás sea tiempo de pensar menos y actuar más...

Con Masaya me había permitido a mi misma dejar pasar el tiempo, creyendo estúpidamente que estaríamos juntos para siempre. No sabía lo que podría ocurrir con Kish y yo en el futuro cercano o lejano, no tenía idea si nuestra relación sobreviviría a la adversidad de pertenecer a especies o planetas diferentes, y no tenía idea si algún día alguno de los dos cambiaría de opinión acerca de nuestros sentimientos, pero ahora mismo estábamos juntos. Ahora mismo eramos felices, y se sentía correcto estar a su lado. No estaba dispuesta a apostar hacer planes a futuro para luego quedarme con el arrepentimiento de no haber vivido experiencias. Este era nuestro momento.

Así que un par de semanas más tarde, cuando mis padres anunciaron un espontaneo fin de semana fuera de Tokyo, aproveché el momento e invité a Kish el viernes por la noche con el pretexto de ver una película, pero internamente tenía la intención de hacer mucho más que eso.

Mis manos temblaban ligeramente, y agradecí la excusa de buscar refrescos y comida en la cocina para que Kish no fuera consciente de mi nerviosismo.

- Entonces… ¿has visto una película alguna vez? – pregunté desde la cocina.

- ¿Crees que porque soy un alienígena nunca he visto una película? Tenemos industrias similares a las del cine en nuestro planeta, ¿sabes?

- ¿Pero has visto alguna producción de mi planeta?

- ¿La pornografía cuenta?

Por poco se me caen los platos que llevaba en las manos mientras entraba de vuelta a la sala. Mi rostro debió ser un poema porque Kish se desplomó sobre el sillón y destornilló de risa.

- Era broma, descuida – dijo casi entre lágrimas – vi algunas películas, más que nada de terror, aunque no todas daban miedo.

- Bueno, creo que mi elección para hoy va a gustarte entonces.

- ¿Qué vamos a ver?

Sonreí divertida pero no respondí. Dejé las cosas sobre la pequeña mesa frente al sillón y me senté a su lado. Cuando encendí el televisor, el título de la película ya estaba puesto en el monitor.

- Alien – leyó Kish, frunciendo el ceño - ¿no es un titulo un poco vago?

- Quizás, miremosla y dime que te parece.

A pesar de que lógicamente podría haber elegido una película romántica para ponernos en el ambiente correcto, no había estado segura de poder sentarme quieta mientras una pareja se enrollaba abiertamente en mi cara. Habría hecho toda la movida demasiado obvia y creado demasiada presión, al menos para mí. En cambio con una película de miedo había logrado distraerme por un par de horas, y mostrado a Kish una parte nueva de la cultura humana. Además de que me había reído más de una vez por sus comentarios de "esto no es para nada realista".

- ¿Te ha gustado? – pregunté, una vez que los créditos comenzaron a rodar en pantalla - más allá de la parte "realista".

- No estoy seguro, ¿es así como los humanos imaginan que somos los seres de otros planetas? ¿Como parásitos carnívoros?

- No específicamente, hay quienes creen que los aliens se ven como hombrecillos verdes con ojos grandes.

- ¿Por qué verdes? – preguntó Kish frunciendo el ceño.

- Ni idea, me gustaría saberlo también.

Me estiré para tomar el control remoto y apagué el televisor. En el silencio de la habitación, su presencia se hizo más notoria en mi casa, y las mariposas que habían permanecido dormidas en mi estomago hasta el momento, se despertaron en un torrente de excitación. Olvidé completamente el chiste que había estado a punto de hacer sobre la película, y entré en un pequeño pánico cuando mi mente se vio extrañamente en blanco.

Acércate, me dije a mí misma, solo da el primer paso.

Lentamente volví a apoyar mi espalda sobre el respaldo del sillón, pero cuando volví la cara hacia Kish, noté que me estaba mirando de manera extraña, con una pregunta en sus ojos. Una de sus manos tocó mi mejilla y yo prácticamente salté hasta que él la quitó rápidamente.

Cálmate.

- ¿Estas bien? – preguntó – estas un poco roja, ¿te sientes mal?

- No, no, me siento bien. Es solo…calor.

- Quítate esto entonces – señaló hacia mi chaqueta.

Su tono no había sido sugestivo ni ocultaba detrás un doble sentido. Plena y simplemente Kish estaba sugiriendo una solución sencilla a un problema de poca importancia, sin embargo, no me lo tomé de esa manera. Las mariposas volvieron a hacer acto de presencia, y me sentí con ganas de huir de nuevo. Pararme de un salto e inventar una excusa estúpida con tal de poner distancia entre los dos, para no pensar en la posibilidad de quitarme la ropa delante de él, o lo que aquello podría significar para nuestra noche.

Ya basta, esto es lo que quieres, me dije, lo cual era cierto al cien por ciento. Quería estar con Kish, quería besarle, tocarle y que no existiera ropa de por medio…solamente necesitaba dejar de estar tan malditamente nerviosa al respecto. ¿O quieres dejar pasar más tiempo?

Ese mismo día había decidido dejar de planificar mi vida entera y tomar un enfoque más espontáneo, y sin embargo ahora mismo me encontraba poniendo excusas otra vez, creyéndome que tendría un "para siempre" cuando podía perfectamente no ser así. ¿Y que si me daba un poco de miedo una experiencia totalmente nueva? Eso era totalmente normal, ¿no es así? Había pasado por cosas verdaderamente espeluznantes antes sin echarme para atrás, ¿Por qué ahora comenzaría a actuar de forma distinta?

Echando el resto de mis dudas por una ventana metafórica en mi cabeza, me quité violentamente la chaqueta de encima, sin dejar a mirar a Kish a los ojos, aunque dudaba que estuviese pareciendo muy seductora en aquellos momentos, por la forma en que él me miraba.

- ¿Mejor? – preguntó, elevando una ceja, obviamente sin entender hacia adonde quería llegar.

Negué con la cabeza, porque no confiaba en la estabilidad de mi propia voz, y me pregunte como hacerle entender que quería llevar nuestra relación al siguiente nivel. ¿Debería esperar a que él hiciera algún movimiento o dijera algo al respecto? ¿Debería proponerlo yo? Si es así, ¿Qué diablos decía una chica en estas circunstancias sin morirse de vergüenza?

No pienses más, me recordé.

Al final decidí ir por el enfoque directo y silencioso. Tomé el borde de mi camiseta con los dedos y sin dejar de mirarle, empecé a tirar de la tela lentamente hacia arriba. No me perdí el momento en que Kish por fin comprendió adonde me estaba dirigiendo con mis acciones, y sus ojos se abrieron como platos. Especialmente cuando la camiseta se desprendió de mi cuerpo y mi nuevo sujetador negro de encaje hizo acto de presencia.

Ya no más sujetadores rosas de pastelitos para mí.

- Ichigo… ¿Qué…? – comenzó a preguntar Kish, pero dudaba que hubiese realmente una pregunta en su cabeza, por la forma en que no podía quitar los ojos de mí.

Enseguida sentí mi usual vergüenza de estar sin ropa ante alguien más, potenciada aún más por el hecho de que el chico de quien estaba enamorada fuera mi público. Quería avanzar las cosas más deprisa, y quería no ser la única desnudándose, así que antes de darle a mi cerebro tiempo de ponerse a cuestionar, reclamé su boca. Solo hubo un ligero instante de duda de su parte antes de que me correspondiera con el fervor de siempre, y cuando su brazo me rodeó la cintura, sin una tela de por medio, su toque se sintió como fuego sobre mi piel. Me derretí de pies a cabeza, y esta vez, cuando su cuerpo empujó el mío ligeramente hacia atrás, accedí sin resistencia.

Su peso cayó sobre mí en los cojines, y no perdí tiempo en quitar la molesta capa de ropa sobre su pecho. Su piel estaba suave, y bajo mis manos podía sentir los músculos definidos que había visto más de una vez y ansiado tocar. Con apuro de sentirle más cerca, forcejeé la tela que nos separaba hacia arriba, y tuvimos que separar nuestras bocas un momento para que yo pudiera pasar su camiseta por encima de su cabeza.

Cuando estuvo afuera, su cabello suelto se había despeinado, y me reí ante la imagen desorganizada, casi febril del chico sobre mí. Volvimos a besarnos entre risas, y me sorprendí de lo correcto, natural y armónico que se sintió aquel momento en mi vida, como el desenlace de una historia que había estado esperando y simplemente no lo sabido todavía. Todo el nerviosismo, todas las dudas sin sentido, parecieron retraerse en mi cabeza, esconderse dentro de algún cajón donde no pudiera escucharlas, y por una vez, me dediqué a divertirme con una experiencia nueva para mí. Por una vez, sentí que estaba tomando una decisión correcta.

Al menos, hasta que una de sus manos comenzó a explorar aún más lejos, colándose por el borde de mi falda donde terminaba justo debajo de mi rodilla. Temblé sin poder evitarlo, aunque no de frío, no de miedo, pero tampoco de placer. O quizás, de todas esas cosas al mismo tiempo. No tenía sentido, pero de repente esa piel que me había parecido cálida contra la mía, ahora parecía en llamas, haciéndome sudar de pies a cabeza, y sus manos que antes habían generado dulces mariposas en mi barriga, ahora parecían crear un torbellino dentro de mi mente.

De repente, no pude parar de preguntarme muchas cosas al mismo tiempo.

¿Esto esta bien? ¿Tendría que estar haciendo algo en específico? ¿Dónde van mis manos? ¿Debería besarle todo el tiempo? ¿Le estoy tocando bien? ¿Me esta tocando bien él a mí?

Las preguntas comenzaron a acumularse, a hacerse cada vez más ruidosas, a superponerse entre todas hasta que me impidieron pensar correctamente, y de un momento al otro, toda la situación se hizo demasiado para mí.

- No, espera, espera – le corté, poniendo ambas manos entre nuestros cuerpos para separarle aunque fuera minimamente de mi – no puedo hacer esto.

Kish parecía haber sido sacado de un sueño, uno especialmente profundo y que le había estado agradando, porque tardó un par de segundos en darse cuenta que yo estaba intentando poner distancia entre los dos. Miró hacia abajo, hacia mis manos sobre su pecho, y luego de vuelta hacia mí. Pestañeó como si acabara de despertar y consideró mis palabras.

- ¿No puedes hacer que? – preguntó, confundido.

Mi cara se puso roja, porque no había previsto tener que explicarme. Las chicas en las películas nunca explicaban estas cosas, y no tenía ningún dialogo en el que basarme. Maldije en mi mente, y miré hacia otra esquina de la habitación.

- Esto…ya sabes… - susurré, haciendo un gesto muy vago con mi mano.

Kish no respondió, y sus ojos dorados estaban más llenos de confusión que nunca.

- ¡Sexo! – respondí por fin.

Reconocimiento bañó sus facciones, y para mi sorpresa, Kish dejó escapar un ligero suspiro de alivio. No me había estado esperando una reacción en especial de su parte al rechazarle, pero ciertamente no que se alegrara, ¿o es que él no quería estar conmigo?

- Entiendo… - dijo él entonces, en un tono de comprensión demasiado extraño para las circunstancias – estas con…tus días femeninos, ¿cierto?

Con irritación y no poca vergüenza le moví un poco demasiado bruscamente de encima de mí y cuando pude volver a sentarme derecha, tomé mi camiseta donde había aterrizado en el suelo, poniéndola contra mi pecho como si eso hiciera alguna diferencia al recuerdo de mi cuerpo en su cabeza. Él notó mi movimiento, y yo intenté no pensar en lo infantil que debía parecer resguardandome tras un pedazo de tela.

Me habría quedado callada entonces, dejado que creyera que había puesto el freno a nuestra posible actividad por un tema biológico. No sería extraño en mí barrer un tema bajo la alfombra porque ponerme en evidencia resultaba demasiado avergonzante. Pero ya no quería hacer eso, no quería que mi relación escondiera una mentira, aunque fuera una tan pequeña y sin importancia. Sentía que este era uno de esos temas que si no lo discutíamos con total honestidad podía hundirnos, y prefería evitar ese escenario costara lo que costara.

- No estoy en mi periodo – expliqué – solo no…yo no…no estoy lista.

Me preparé mental y físicamente para su respuesta, como si fuera una batalla a la cual yo ya había enviado mi rendición, y ahora mismo estaba esperando la reacción de mi adversario. No pasó ni un instante antes de que contestara:

- Oh, esta bien,

Estaba casi de espaldas a Kish, mirando mis uñas como si estuviera analizando mi defectuoso esmalte rosa, pero ante su casual respuesta, volví la cabeza ligeramente y espié sobre mi hombro.

- ¿Estas… bien con eso? – pregunté dubitativa.

- Bueno…no voy a mentir, me habría gustado hacer esto contigo, pero no me molesta esperar – se encogió de hombros con la mayor tranquilidad – la próxima será.

- ¿Y si la próxima tampoco estoy lista? ¿Y si me toma un tiempo?

- ¿Cuanto es un tiempo?

- No lo sé.

- Bueno… ¿cuanto tiempo pasó antes de que…tú y…él…?

Me tomó un instante darme cuenta adonde se dirigía con su pregunta, y cuando lo hice, la mortificación fue aún mayor. Tuve que pelear la tentación de no esconderme dentro de mi camiseta.

- ¡¿Masaya?! No, él y yo no…eso nunca…nunca hicimos…

Estaba balbuceando sin sentido, pero al parecer di suficiente información como para que Kish comprendiera lo que quería decir.

- Espera, ¿me estás diciendo que eres virgen? – preguntó, incrédulo, como si mi lenguaje corporal no lo hubiese hecho obvio ya.

- ¡Si, diablos! – contesté, volviendo a mirar mis uñas con furia – ¿tienes un problema con eso? ¡Si es así te golpearé!

- No, para nada – contestó, tocando mi brazo ligeramente para que volviera a mirarle – solo había asumido que…me sorprendió, nada más.

Su tono me pareció sincero, e intenté recordarme a mí misma que él no había hecho nada malo, tan solo estaba haciéndome preguntas válidas de un tema que yo misma había traído a la mesa. Lo mínimo que podía hacer era ser sincera al respecto y no explotar como una chiquilla inmadura. Al final, si ni siquiera podía hablar de esto, ¿Cómo iba a manejarme para hacerlo?

- Lo siento, no era mi intención enojarme - me disculpé.

Aflojé mi agarre sobre el pedazo de tela arrugado entre mis manos, y me forcé a mí misma a relajarme otra vez sobre el sillón. Recosté mi cabeza contra su hombro, y él lentamente pasó su brazo más cercano a mí a mi espalda, pero no me tocó de otra manera más íntima, lo cual agradecí. Mi cuerpo aún estaba en demasiado sensible, y un poco en alerta.

Tras respirar hondo para terminar de calmarme, le miré a los ojos, y a pesar de que ya no podía escuchar sus pensamientos, supe que había una pregunta en su cabeza. Secuelas de pasar demasiado tiempo en el cuerpo de otra persona, supongo.

- Pregunta – le dije - ¿Qué quieres saber?

De entre todo lo que Kish podía haber preguntado, no me había estado esperando lo siguiente:

- ¿Que diablos hacían cuando estaban juntos entonces? ¿Jugar a las cartas?

- Si vas a tomártelo como una broma puedes irte de mi casa.

Vaya intento de mantener la calma.

Kish levantó su mano libre en señal de rendición.

- Lo siento, no…es que…no se si comprendo – explicó – ¿por qué no ocurrió entre ustedes?

Me encogí de hombros.

- Simplemente no paso, no estábamos pensando en eso….

- Te aseguro que él estaba pensando eso.

- ¿Y tu como lo sabrías? – le pregunté, alzando una ceja hacia él – hasta donde yo sé estabas en mi cabeza, no en la suya.

- No necesito estar en la cabeza de nadie para saber que todo hombre piensa en eso, humano o alienígena.

Me pregunté hasta donde podía ser cierto eso, pero decidí que no quería saberlo. Si Masaya había estado esperando pasar la noche conmigo durante nuestra relación, ciertamente nunca me lo había dado a entender, fuera porque pensaba que aún eramos demasiado jóvenes, o quizás al ser el perpetuo cabalero, no había buscado ponerme presión. Conociéndole, votaba por la segunda opción.

- Bien, quizás él lo pensaba, pero nunca…me incitó o sugirió de ninguna manera. Nunca estuvo en nuestros planes, en realidad.

- ¿Y…esta en los nuestros? – preguntó Kish con cuidado, como si estuviera caminando entre un campo minado.

No respondí al principio, porque la verdad es que no tenía idea que responderle. En el silencio de la habitación, recordé mi reacción a sus besos, a su toque sobre mi piel y su mirada caliente estando semi-desnuda ante él. Rememoré las mariposas, el calor, el nerviosismo, y las dudas como sensaciones distintas creando un estrago dentro de mí, peleando por la atención de mi cerebro. Pensé en las preguntas en mi cabeza, y la sensación de armonía en mi alma como contraposición, y me pregunté si podía ponerme a mí misma en aquella posición otra vez.

La experiencia no había sido desagradable, todo lo contrario, me había quedado con sabor a poco y curiosa por conocer más, pero al mismo tiempo, la intensidad de las sensaciones habían sido demasiado para mí. Demasiado rápido, demasiado calor, demasiada piel y demasiados besos que me robaban el aliento. Ahora mismo, pudiendo respirar, pudiendo pensar y hablar sobre esto, me sentía inmensamente mejor, y con la mente clara. Quería esto, muy profundamente sabía que quería esto con él, pero…no ahora. A pesar de todos mis intentos de no postergar experiencias, me parecía que esta en particular necesitaba guardarla para un momento en que me sintiera cómoda. Cómoda con mi cuerpo, con la cercanía a otra persona, con la intensidad de sensaciones que recién estaba empezando a conocer. Para eso aún necesitaba tiempo, pero podía vivir sabiendo que no me estaba dando a mí misma o a él un "no" rotundo, simplemente un…respiro. Una promesa.

Kish me miraba con un deje de nerviosismo en su rostro, y me dije a mí misma que tenía que responderle algo, al menos, para no darle a entender accidentalmente que él era un problema para mí.

Solo sé sincera.

Respiré hondo y contesté.

- Sí, esta en nuestros planes, en realidad te invité hoy para…pero después me di cuenta que…no estoy lista todavía. No sé cuando lo voy a estar, siendo sincera todo esto es muy nuevo para mí.

Kish respiró hondo y sonrió ligeramente. Me atrajo aún más hacia él y se dejó caer hacia atrás, conmigo contra su pecho. A pesar de que aún estábamos los dos con los torsos prácticamente desnudos, me sentí perfectamente cómoda con la cercanía, porque ya no estaba la presión de seguir quitando piezas de ropa.

- Estoy bien con eso, Ichigo, no hay necesidad de que te presiones.

Me miró a los ojos con una paz jamás habría esperado luego de años de tumultos y torbellinos tras su mirada dorada, y me recriminé por haber estado tan reacia a hablar de todo esto con él. Este momento de pura comprensión, de respeto y de armonía había valido la ahora pequeña vergüenza de hacía 10 minutos. Cuando Kish me besó, no sentí apuro, ni intensidad ni incomodidad de ningún tipo más allá del extraño ángulo en el que mi espalda daba contra el respaldo del sillón. Más que nada, me sentí en perfecta sintonía.

- ¿Sabes? Cuando dijiste que no podías con esto… - Kish comenzó a decir, y luego hizo una pausa en la que respiró hondo antes de continuar – creí que te referías a nuestra relación.

- No, por supuesto que no me refería eso – dije, levantándome sobre mi codo ligeramente para poder verle a la cara – ¿porque lo pensarías?

- Supongo que aun estoy…sorprendido de estar contigo, de que me aceptes. No me he acostumbrado a que esto sea real.

En ese momento, Kish me pareció más vulnerable que nunca, y comprendí que yo no era la única en la relación que a veces se sentía acribillada por dudas sin fundamento. Me pregunté si él habría hablado conmigo antes de que yo misma trajera un tema difícil, o se lo habría guardado también por vergüenza.

- Estoy contigo – le aseguré – de verdad.

Encontré su boca sin ningún tipo de esfuerzo y nos acomodamos sobre el sillón lo más mejor que pudimos, encontrando una extraña comodidad en la manera en que nuestras piernas se enrollaban sobre los cojines. No estoy segura cuanto tiempo estuvimos allí recostados simplemente besándonos, pero tranquilamente podría haber permanecido allí mismo para siempre.

Me separé un instante para respirar, y aparentemente tantos besos habían atrofiado el filtro entre mi cerebro y mi boca, porque de repente me encontré haciendo una pregunta absolutamente espontánea:

- ¿Siquiera lo hacemos de la misma manera?

Kish pestañeó sin entender por un instante y enseguida se destornilló de risa otra vez. Cuando me di cuenta que acababa de dejar salir de mi boca escondí mi cara contra su pecho, pero no pude escapar de la reverberación de su risa contra mi oreja.

- ¿Por qué? ¿Tú haces algo extraño? – preguntó, sin dejar de reír.

- ¡Claro que no! Pero digo, tu eres de otra…cultura, quizás allá hacen…eso…

- Sexo, Ichigo, puedes decirlo.

- ¡Bien ya! Sexo. Quizás tienen sexo de otra… manera allá.

- Bueno, siempre podemos corroborarlo…

Levanté la cabeza para mirarle, pero no comprendí la extraña expresión en su rostro, como si estuviera por arrojar una sugerencia muy específica. Fui a abrir la boca para recordarle que aún no quería conocimiento práctico en el tema, cuando él me interrumpió para decir:

- Si me disculpas, voy a hacer una rápida investigación en tu computadora.

Sin aviso alguno, Kish se teletransportó fuera de mi sillón y yo rodé ligeramente sobre los cojines con sorpresa. Me tomó un minuto conectar su sugerencia con su repentina partida, pero fue el sonido de mi computadora encendiéndose en mi dormitorio lo que me llevó a actuar. Una imagen de lo que la investigación de Kish le llevaría a encontrar atravesó mi cabeza, y salí disparada escaleras arriba.

- ¡Kish, ni se te ocurra!


Eventualmente me acostumbre a la versión humana que Kish activaba cuando estábamos en público, e hizo nuestras citas mucho más cómodas y sencillas. Me tomó un tiempo al principio ya que apenas podía mirarle a la cara sin sentirme incómoda o pensar durante un instante que lo estaba engañando, pero al final, el hecho de salir con una persona a la que nadie conocía y del que nadie tenía idea que su imagen no era nada más que una ilusión, me supo increíblemente excitante. Un secreto bien guardado del cual solamente él y yo teníamos el más expreso control.

Fui honesta con mi equipo, sin embargo, porque había prometido tanto a ellas como a mí misma decir la verdad en la medida que se pudiera, y pensaba respetar esa decisión. No puedo decir que todas comprendieran mi inusual relación desde el principio, pero al final fueron respetuosas conmigo, como había esperado que lo fueran, lo cual hizo las cosas infinitamente más fáciles para mí. Con el paso del tiempo, mientras cada una iba avanzando en sus planes de vida, el tema incluso se volvió tan natural, que dejó de cobrar importancia. No fuimos más la pareja mixta por excelencia, sino que simplemente una pareja común y corriente, con los dramas, problemas y momentos de felicidad como cualquier otra.

A las demás personas en mi vida, como a mis amigas de la escuela o a mis padres (quienes conocían la versión falsa de él), contemplé la posibilidad de algún día, en el futuro lejano, presentar a Kish en su verdadera forma, porque no planeaba pasarme la vida contando mentiras. Ya había dicho las suficientes durante mi adolescencia como para que me hartara de una vez por todas, pero cuanto más consideraba ese posible escenario, más segura me sentía de querer postergar esa decisión porque sabía que no era el momento indicado para lanzar esa bomba de información a quienes ni siquiera sabían de mi lado Mew.

Mamá, papá, los alienígenas son reales y estoy saliendo con uno, imaginé en mi cabeza, ¿Qué hay para cenar?

No estaba segura como alguna vez encararía esa conversación, y mientras tanto, opté por dejar el tema a un lado hasta que resolviera unas cosas en mi vida. Como por ejemplo, mi graduación.

El tiempo pareció correr y sin que yo me diera cuenta, mi último día de clase había llegado, y con él, mi inminente salida al mundo como una persona adulta. Supuestamente. La verdad es que internamente aún me sentía como una niña bastante perdida, pero al menos había decidido por una universidad en Japón a la que quería asistir, y cursos que estaba ansiosa por tomar. Quizás no estaba aún del todo segura que camino tomaría mi vida, o que carrera terminaría por completar, pero había dejado de sentirme ansiosa al respecto, y simplemente aceptado que algunas veces es necesario tirarse al agua sin saber todas las respuestas. O sin tener garantías.

- Felicitaciones, escuché que ya eres una adulta para estándares humanos – susurrò Kish en mi oreja, sus brazos rodeándome en un abrazo que no me había dado cuenta que necesitaba.

- Eso me dijeron, al menos.

- ¿Estas bien?

- Sí, solo…es raro, algunos de mis compañeros se van a ir a vivir lejos, y por primera vez en mucho tiempo voy a conocer gente nueva – expliqué – aún no me hago a la idea.

- Bueno descuida, si te tomas este reto como has tomado cualquier otro, te irá bien, y estaré contigo – me aseguró.

Pai había logrado crear falsos papeles para Kish y conseguir así que entrara en la misma universidad que yo. Como yo, él tampoco tenía la más mínima idea que tipo de profesionales seríamos al final de los usuales 4 años de carrera, y por alguna razón, que él estuviera tan perdido como yo me daba cierta sensación de seguridad. Al menos estábamos juntos en esto, y significaba que íbamos a la misma aventura con la brújula rota. Hacía todo el asunto más divertido, en realidad.

- Ichigo, Kish – llamó mi madre desde lejos – vengan aquí a que les saque una foto.

Rodé los ojos ante la insistencia de mi madre quien estaba más que feliz con la presencia de Kish, y me recordaba todo el tiempo lo guapo que era (personalmente prefería su forma alienigena, pero por razones obvias no pensaba decirle eso), y las lágrimas que mi padre estaba conteniendo desde que habían anunciado mi nombre y entregado el diploma. Kish respondió algo hacia ellos, pero no llegué a escuchar, porque me distraje con la visión de alguien más detrás de su hombro. A lo lejos, vi a Masaya caminar a través del auditorio junto a sus padres, diploma en mano, y frente en alto.

Cuando me vio, se detuvo por un instante, y me sonrió ligeramente, levantando una de sus manos en un pequeño saludo. Yo devolví el gesto, y supe que era la despedida que no habíamos tenido. Había escuchado rumores que Masaya se estaría yendo de Japón próximamente, listo para luchar en primera línea contra el desastre ambiental que los humanos mismos dejábamos año a año en la Tierra. Si es que alguna vez volvía a verle sabía que no sería en el futuro cercano, y me sorprendí de darme cuenta de que el pensamiento ya no me resultaba ni en lo más minimamente triste. Genuinamente deseé que todo en la vida le fuera bien, y que sea muy feliz, como lo estaba yo ahora.

El intercambio no duró más de un segundo o dos, antes de que se volviera hacia sus padres otra vez, y juntos caminaran fuera del edificio.

- ¿Lista? – preguntó Kish.

- Absolutamente - respondí, sonriendo hacia él.

Tomé su mano, y ambos nos dirigimos hacia el futuro…fuera cual fuera. Mientras estuviéramos juntos, me daba igual lo demás.


Y con esto por fin llego al final de esta historia :)

Con este epílogo quería dar un vistazo de lo que sería el post-final feliz de esta pareja. Me habría gustado agregar también un capítulo extra desde el punto de vista de Kish (el cual me fue sugerido en comentarios) pero sinceramente estoy con ganas de pasar a otros proyectos ahora mismo. No descarto la posibilidad de escribirlo en el futuro, pero no es nada asegurado ni sería en el futuro cercano, así que hoy por hoy oficialmente doy por terminado este fic. De nuevo muchísimas gracias por leer hasta el final, y por tener paciencia mientras escribía, especialmente en las ocasiones en que tardé más de lo que pensaba en publicar un nuevo capítulo. Definitivamente aprendí mucho al escribir, en especial sobre mis errores, la manera en que describo a los personajes y mi proceso de escritura.

Espero que les haya gustado esta historia y sepan que leí cada uno de sus comentarios. Gracias a todos!