CAPÍTULO 5: EDWARD

Sabia que no lo hacían apropósito, ya que nadie es realmente dueño de sus pensamientos y menos si son de deseo...pero esto ya era el colmo del descaro. ¿No podían cortarse un poco estando yo tan cerca?

Y es que estaba seguro que, de haber podido sufrir migraña como los humanos, estaría en pleno ataque. Tener un poco de paz mental no era pedir demasiado ¿o si?

- Ya esta bien...me largo de aquí…

Y justo cuando iba a atravesar el lumbral de la puerta la sonrisa de Emmett apareció alado mio.

- No pensabas irte de cacería sin mi otra vez no?

- Arggg ya sabes que no me voy de cacería, solo saldré a tomar un poco el aíre fresco...me duele la cabeza…

Emmett notó la rabia en las ultimas palabras pronunciadas y tras un segundo de estudio sobre ellas empezó a reir a carcajadas, lo que hizo que se escapara un fuerte gruñido de mi boca que le callo por completo. No estaba de buen humor y lo sabia.

- Vale, vale, tranquilizate Edward que esta vez no tengo yo la culpa de tus "jaquecas"…. Además quiero ayudarte. ¿Por que no, nos vamos en busqueda de unos buenos osos? Seguro eso te animara, que desde hace días estas con un humor de perros que no hay quien te aguante. Es que con razón ninguna chica te quiere cerca….jajajajajaja.

- ¡Idiota!

- Jajaja lo siento, ya paro. Pero te lo decía enserio. ¿Porque no nos vamos de cacería? Y ¿si no tienes miedo de perder otra vez, hacemos las cosas más interesantes y apostamos por quien consigue el animal más grande?

Tras un momento de meditación, terminé aceptando a regañadientes su propuesta. No es que me entusiasmara particularmente la idea de el salir hoy de caería, pero estaba seguro de que no me dejaría en paz hasta conseguir un si de mi boca. Y es que cuando algo se le metía en la cabeza a Emmett, no había manera de sacárselo…

No fue hasta que llegamos a la vieja foresta de Olympic, que empece a sentirme mejor conmigo mismo. La tranquilidad y soledad que me otorgaba, lo convertía en uno de mis sitios favoritos.

Y es que mi cabeza, acostumbrada al murmullo constante de voces indeseadas, agradecía el silencio que rodeaba al majestuoso bosque pese a que no era un lugar propiamente silencioso para el fino oído de un vampiro.

Se respiraba paz por doquier, pero aún así el murmullo no desaparecía del todo de mi cabeza, ya que Emmett no se alejaba lo suficiente de mi como para que dejara de escuchar sus pensamientos. A ratos eran sobre Rosalie, a ratos sobre la caza, a ratos sobre el futbol y a ratos sobre mi…

Estaba preocupado y lo sabia. Emmett, igual que el resto de mi familia, temía que un día harto de mi don hiciera una estupidez. Por eso no quería alejarse de mi.

Querían ayudarme, pero no sabían como, ya que ninguno era capaz realmente de ponerse en mis zapatos. Y no es que yo les deseara una maldición así, por supuesto, pero aveces deseaba que alguien cercano entendiera de verdad la soledad que implicaba un don como el mio...

Y como si Dios me hubieses escuchado por primera vez en casi medio siglo, escuche su angelical voz dentro mio.

¡Te encontré!

En un comienzo me quede petrificado en el lugar, tratando de identificar quien era. Pero al escuchar una segunda voz, proveniente del mismo lugar, mi cuerpo se estremeció. Y es que la segunda voz , a diferencia de la primera, no decía palabras en si, sino más bien era el sonido de una fuerte gruñido interior en forma de advertencia. Por ello a modo de respuesta natural, mi garganta rugió, y en menos de un segundo mi hermano apareció a mi lado.

Oh, mierda no…

- ¿Que sucede?

- Emmett, preparate, no estamos solos….

- ¿Vampiros? ¿Estás seguro? No detecto nada…

- Si. No sé si esta de paso, o nos metimos sin querer en el territorio de algún…

No había terminado de decir la frase, cuando mi mente hizo algo que nunca había hecho antes, voló a otro lugar. Me veía a mi mismo riendo despreocupado como no hacía desde que era humano, mientras jugaba al ajedrez con una hermosa vampiresa con aire de duendecillo.

La imagen era tan agradable, como surrealista. Y no fue hasta que escuche la voz preocupada de Emmett que no regrese a la realidad.

- ¿Edward?

- Pero que…

- ¿Estas bien? Te callaste de golpe y parecías un poco ido.

- Yo..

Se que le prometí que me portaría bien, pero si se atreven a ponerle un solo dedo encima….¡juro que les arranco la cabeza!...

- Grrr

- Calmate Edward. No se que te preocupa tanto, si sabes que no podrán con nosotros. Entre tu velocidad y mi fuerza no tienen nada que hacer, y menos si contamos con tu don…Además hace tiempo que no me peleo con nadie y lo echo de menos la verdad jajaja.

Dicho esto Emmett se mordió el labio inferior y se perdió entre pensamientos de combate.

Yo por el contrario seguía dándole vueltas a la extraña visión de antes, a la par que trataba de averiguar todo lo que podía de esos extraños individuos que se acercaban hacia nosotros a toda velocidad.

Venimos en son de paz, tienes que creerme...

Arg...siento su desconfianza, su miedo y su rabia...esto no me gusta nada…

Nuevamente me vi atrapado en otra extraña visión. Pero esta vez, me veía a mi junto a toda mi familia jugando alegremente al béisbol durante una tormenta eléctrica en compañía de la hermosa vampiresa de antes y un extraño vampiro rubio, delgado y muy alto, que destacaba por sus extrañas marcas en el mentón, el cuello y los brazos…

Al darme cuenta de lo que eran, mi piel se erizó como la de un gato, y desperté bruscamente del sueño.

Después de haber visto esas horribles cicatrices de guerra, estaba listo para combatir hasta mi ultimo aliento, pero sin más empecé a sentir calma en mi interior. Curiosamente a Emmett le pasaba lo mismo. Su excitación, al igual que su rabia y nerviosismos previos al combate disminuían, mientras una extraña sensación de paz le invadía.

No entendía nada, y estaba seguro que en otra circunstancia esto me pondría de los nervios, pero curiosamente no lo podía evitar. La verdad es que me sentía realmente bien, como si nada en el mundo pudiera preocuparme. Ni siquiera la idea de que el extraño individuo que se acercaba hacia nosotros era el que estaba provocando todo esto. En su mente, había solo una palabra: Tranquilidad. Y como si fuese magia, de ella emanaban poderosas hondas de energia, que nos rodeaban hasta ahogarnos en esa sensación sin posibilidad de escapar.

Así pues, nos dispusimos a esperar su llegada.

Primero apareció él a modo protector, y justo detrás ella con una sonrisa enorme. Eran exactamente igual a los de las visiones que había tenido. Pero esto no fue lo que más me descolocó, sino el hecho de que ella empezara a hablarme mentalmente como si conociera a la perfección mi don.

Edward, no sabes hace cuanto esperaba este momento...pero como no quiero ser grosera con nuestros acompañantes, empezaré a hablar en voz alta para que ellos también nos oigan...

Dicho esto a mi mente y con la más hermosa de las sonrisas empezó a hablar con su melodiosa voz en dirección a nosotros, pero dirigiéndose más a mi hermano que a mi, ya que era plenamente consciente de que oiría sus pensamientos antes que sus palabras.

- Hola Emmett. Hola Edward. Lamento el susto que os hemos dado….

- ¿Como sabéis nuestros nombres? - Pregunté mientras trataba de navegar un poco más en sus mentes.

- Sabemos mucho más que vuestros nombres, y os aseguro que nos vamos a llevar genial al igual que con Carlisle, Esme y Rosalie…Llevábamos tiempo buscándoos.

- ¿Quienes sois? - Pregunte directamente a ella ya que parecía más comunicativa que él.

- Oh vaya lo siento, que descortesía. Me llamo Alice, y este es mi compañero Jasper…

- Hola – dijo él con voz firme mientras ella le abrazaba cariñosamente.

Emmett y yo nos miramos sin entender nada de lo que sucedía. Jasper tampoco parecía del todo cómodo, e inclusive podía leer en su mente las ganas que tenía de marcharse de allí y llevarse a su amada bien lejos de nosotros porque no se fiaba del todo. La única que parecía realmente disfrutar de la situación era Alice.

- ¿Venís en busca de pelea? Porque si es así os aseguro que la tendréis – Soltó con entusiasmo Emmett, mientras miraba directamente las cicatrices Jasper.

- No, no Emmett. No venimos para pelear con vosotros – respondió Alice. - los hermanos no deben pelearse…ni siquiera por una habitación, verdad Edward?

Mientras pronunciaba la frase, mi mente viajo con la de ella a un hermoso cuarto decorado de forma tan exquisita, que de no haber sido por las hermosas vistas que tenía, no hubiera logrado deducir que se trataba justamente del mio…

- Pero que…

- Visiones de futuro hermanito, visiones de futuro…

Dicho esto Alice empezó a reír con su voz de campanilla y me regaló la mejor de sus sonrisas.