Era una tarde un poco calurosa, y llevaba un buen rato fuera arreglando el jardín y trasplantando las magnolias, mis flores favoritas, cuando sucedió. No, podría decir que era la primera vez que me pasaba, ni podría decir el porque, pero desde hacía un tiempo que la veía a ella, a mi madre. Y no la veía como la recordaba en sus últimos días con los cabellos de plata y su viejo bastón….no, la veía joven y hermosa, como en sus viejas fotos de soltera. Pero tal cual venia a mi su imagen, se iba nuevamente. Y la verdad era frustrante y agotador, pero sobretodo era doloroso verla y perderla de nuevo.

Debido al estrés generado, estaba mareada y me faltaba el aliento, a la vez que sentía como poco a poco todo se iba perdiendo irremediablemente en la oscuridad y como mis frágiles piernas cedían ante mi peso. Y hubiera caído irremediablemente en el césped, si no hubiera sido porque inesperadamente unos brazos fuertes me sujetaron con delicadeza y me acunaron como un bebe, a la vez que una voz angelical me susurraba al oído:

- Tranquila, ya estoy contigo.

Cuando recuperé la conciencia estaba dentro de casa. Por un momento pensé que me había quedado dormida y que todo había sido un sueño pero, cuando me miré las manos aún tenia tierra de haber trabajado fuera, supe que no era así. Y cuando me empezaba a preguntar como había llegado hasta el sofá, la encontré nuevamente del otro lado del salón, quieta como una estatua. Nuestras miradas se cruzaron, y mi viejo corazón dió un brincó. ¿En verdad estaba ahí? O era otra ilusión...

-¿Ma...má? - Pregunté con voz ronca y dudosa, pero no respondió. Solo se acercó hasta mi para cogerme la mano con dulzura.

- ¿Eres tu? - Insistí, mientras trataba de incorporarme del sofá para verla mejor, porque empezaba a oscurecer. Pero ella me frenó en seco, a la vez que me decía con la misma voz de ángel que había escuchado un rato antes:

- No, no nos conocemos, solo pasaba de casualidad cerca a tu casa y vi que te encontrabas mal y me acerque a ayudarte. No quería ser entrometida, ni molestar…lo siento. Pero por favor quedate un poco más recostada.

Estaba avergonzada por haber llamado a una extraña mamá y quería achacar la confusión a la bajada de tensión sufrida, a la vejez y a los nervios por las extrañas visiones que había tenido últimamente. Pero aún así no era excusable. Es que ¿que se me había pasado por la cabeza?¿Como iba a ser ella cuando había muerto hacia tantos años? Era absolutamente imposible. Un absurdo, sobretodo si se tenia en cuenta que esta chica no superaba los 20 años y mi madre tendría ahora más de 100… Además, fijándome con detenimiento, no eran del todo iguales, tal vez ella era un poco más bajita y delgada, y su pelo era demasiado corto para el gusto de mi madre; pero sobretodo el color de sus ojos era extremadamente diferente...la chica los tenia de un hermoso color ámbar. De todas formas el parecido era innegable, y de haber coincidido en el mismo periodo de tiempo, perfectamente hubieran podido pasar por hermanas.

- Nada que perdonar jovencita, al contrario gracias por ayudarme. Lamento mucho la confusión de antes, definitivamente, esta vieja ya no es lo que era...y aún debo estar un poco atontada por el desmayo. Pero estoy encantada de conocerte. Por cierto, mi nombre es Rose Smith.

- Encantada de conocerte a ti también. - me dijo con la más hermosa de las sonrisas - ¿Te sientes un poco mejor?

- Si, gracias. - le conteste, aunque un poco abrumada por su inhumana belleza.

- Me alegra. Me diste un buen susto antes, pero ya tienes mejor aspecto Rose. ¿Quieres que igualmente llame a alguien o que haga algo por ti?

- No...no hace falta, de verdad. Estoy bien. Pero, si que me gustaría saber el nombre de mi salvadora y visitante... ¿Seria posible?

- Oh, si, lo siento, que grosera, no me presente. Mi nombre es Alice Cullen. Mucho gusto.

- Alice...hmmm….que curioso….aunque no lo creas, ese es mi segundo nombre. Aunque claro, hoy en día, nadie me llama así... Me lo puso mi madre en honor a su hermana fallecida, porque pensaba que así cuidaría de mi como había cuidado de ella. Y mira...algo de razón tuvo después de todo, porque una Alice me está cuidando ahora,¿no?

Ella permaneció callada, como absorta por lo que acababa de decir, y yo mientras tanto llena de nostalgia no pude evitar mirar en dirección de una antigua foto que tenía con mis padres, y perderme en su recuerdo, hasta que una palabra inesperada rompió el silencio y me trajo nuevamente al presente de una forma abrupta.

- Cynthia…

La verdad es que lo había dicho en voz baja y como para si misma, pero aún así lo había dicho, estaba segura...Y yo en ningún momento había pronunciado su nombre hasta ahora. ¿Cómo era posible que una desconocida la conociera o supiera algo de ella?¿Quien era esta chica y porque se parecían tanto? ¿Tenia algo que ver con mis extrañas visiones?

- ¿Como has dicho? - dije secamente.

Pero no respondió, ni se movió de donde estaba. Su mirada estaba como perdida, ausente y no parpadeaba. Preocupada, me levanté del sofá y me acerque a Alice para tocarla y llamar su atención, pero todo fue en vano. Era como si Alice no estuviera más conmigo, como si su alma la hubiera abandonado.

Durante varios segundos, que para mi fueron eternos, permanecimos en el más absoluto de los silencios, hasta que vi como parpadeaba un par de veces y volvía en si. Mientras tanto, la confusión se empezaba a reflejar en cada una de mis arrugas de la cara, que de seguro empezaba a parecer un cuadro.

- ¿Quien….eres?¿Porque sabes el nombre de mi madre? - Dije retrocediendo ligeramente.

No respondió, pero en cambio se fue acercando lentamente hacia mi, a la vez que mostraba las palmas de las manos en son de paz

- ¿Porque te pareces tanto a ella? - Insistí.

- Hmmm...

- ¡Responde!

Alice tomo aire y se mordió ligeramente los labios antes de hablar:

- No es tan fácil de responder eso Rose…Ni siquiera sé bien por donde empezar...

- ¿Que tal por el principio?

- ¿Estarás dispuesta a escucharme?

Esa respuesta no me la esperaba, porque lo veía obvio...la curiosidad me carcomía y la paciencia se me agotaba. ¿Porque no la escucharía?

- Si eres sincera, si.

- De acuerdo, empezare por decir la verdad: mi apellido no es Cullen.

- ¿Eh?

- En realidad es... Brandon…

Está última palabra salió de sus labios de muñeca de forma forzada y triste. Como si le costara pronunciar en voz alta cada una de las letras.

- ¿Que? ¿Estas diciendo que somos….algo así...como parientes lejanos?

- Lejano no...

- La verdad no se que buscas diciéndome eso, pero no cuela porque yo no tengo parientes vivos...al menos no por la rama de la familia Brandon. Soy la última que queda…

- Te equivocas.

- Mi abuelo era hijo único, y solo tuvo 2 hijas...una era mi madre que solo me tuvo a mi y la otra murió siendo casi una niña. No hay nadie más en mi árbol genealógico…

- Lo que dices es cierto. No hay nadie más.

- No te sigo…

- Antes...me explicaste el porque de tu nombre, ¿recuerdas?

- Si…¿pero a que viene eso?

- Bueno pues….aunque suene difícil de creer, la verdad es que yo soy ESA Alice, y Cynthia era….era mi hermana pequeña...

Por educación no quería hacerlo, pero aún así me fue imposible aguantar la risa que salió en forma de carcajada al oír las barrabasadas que me estaba contando. Fue tan fuerte que hasta Alice se quedo mirándome con una cara entre sorprendida e indignada.

- ¡Es la verdad!

- Por un momento creí que responderías a mis preguntas y que esta conversación llegaría a algún sitio, o aunque sea a una charla interesante para pasar la tarde….pero no. Solo eres una persona con serios problemas mentales que no sé que busca de mi, pero que si no abandona de inmediato mi propiedad, me veré obligada a llamar a la policía….

- Dijiste que me escucharías si te contaba la verdad.

- Exacto. Y esto no tiene ni pies ni cabeza. ¿Te parece divertido jugar con los sentimientos de una pobre anciana? Es mezquino.

- Nunca jugaría con algo así. Sé que es difícil de entender pero necesito que me creas, porque hay un millón de cuestiones abiertas que necesito resolver contigo y se acaba el tiempo...

- ¿El tiempo para que...?

- Para hablar y….conocerte.

- ¿Conocerme?

- Si, solo te pido que abras un poco la mente y me escuches Rose.

- Muy bien, vamos a fingir que te creo. ¿Como es posible que la hermana mayor de mi madre parezca mi nieta?

- Porque este era el aspecto que tenía cuando morí.

- ¿Osea que estoy hablando con un fantasma?

- No exactamente.

- ¿Que eres entonces?

- Hmmm….Te prometí la verdad Rose, y así lo haré. Pero esto no te lo puedo contar por tu seguridad. Además en el fondo lo que yo sea, o deje de ser, ahora mismo no tiene importancia.

- ¿Porque no?

- Porque no cambia nada y nos puede traer problemas.

- Claro, claro… - Dije mientras me daba la vuelta rápidamente a coger el teléfono y pedir ayuda. Pero en un abrir y cerrar de ojos ella había atravesado la habitación y se interponía entre el teléfono y yo. Había sido tan rápida que no había logrado ver ninguno de sus movimientos. Era como si se hubiera teletrasportado igual que en el cine.

- Co...como...hi..ciste...eso?

- Es difícil de explicar, tiene que ver con lo que soy.

No daba crédito a lo sucedido, y aunque no quisiera aceptarlo, ahora si estaba muerta de miedo. Empecé a retroceder hacia la puerta de salida, pero al no estar mirando por donde iba, choqué de espaldas con una de las mesitas del salón que tenía la foto de mis padres que miraba hace un rato. Pero antes de que yo, el porta retratos y la mesa cayéramos al suelo, rompiéndonos todos en mil pedazos, nuevamente Alice como por arte de magia voló y me sujeto suave pero con firmeza con una mano, a la vez que con la otra cogía las cosas.

- Dios santísimo – fue todo lo que salió de mi boca, que aún era incapaz de cerrar del todo.

- No tienes nada que temer. No de mi…de verdad

Pero yo temblaba de los pies a la cabeza, a la vez que rezaba mentalmente el Ave María.

Alice pareció darse cuenta, porque suspiro con pesar y me miro con tristeza mientras decía en voz muy baja.

- Rose, jamás te haría daño...Yo solo quería conocerte. Pero si quieres que me marche y nunca más vuelva a molestarte, lo haré...lo prometo.

Quería decirle que si, que se marchara y me dejara vivir el resto de mis días en paz, pero antes de decirlo, una duda fue creciendo en mi interior, y por más que quise, me fue imposible reprimirla dentro durante más tiempo.

- ¿Po…porque querías conocerme?

Alice no respondió de inmediato. Parecía pensativa, abstracta.

- Porque eres mi último pariente vivo, y porque...tal vez tú me puedas ayudar.

- ¿Ayudar en que?

- En comprender que paso...y sobretodo en saber...quien soy…

- No entiendo, ¿no dijiste que eras mi tía Alice?

- Lo soy, o al menos creo que lo fui…pero no estoy segura, porque no lo recuerdo...No recuerdo nada. Yo...llevo casi 100 años vagando por este mundo sin identidad...y no puedo, ni quiero seguir más en la ignorancia...por favor, ayudame Rose.

No sabía si creerle o no a todo lo que me estaba contando, porque nada tenia sentido y porque aún estaba muerta de miedo. Pero el ver como alguien con tanta fuerza, gracia y belleza pedía con tanto desespero ayuda a mi, una simple anciana, me conmovía muchísimo; igual que el imaginármela vagando indefinidamente por este mundo solitario sin identidad. Además no podía ignorar el parecido físico con mi madre. Eran como dos gotas de agua. Y sabia muy dentro mio que, de estar viva, ella querría ayudarle sin dudarlo. Porque así era ella: buena, sincera, confiada….y sobretodo amaba a su hermana sobre todas las cosas. Perderla tan joven había sido el capitulo más triste de su vida, y nunca o había cerrado del todo, porque siempre se había sentido culpable de lo sucedido pese a que muy en el fondo era consciente que no hubiera podido hacer mucho por cambiar las cosas de haber sabido la verdad…

- De acuerdo – Dije rompiendo el fuerte silencio que se había apoderado del salón Te creeré, y estoy dispuesta ayudarte en todo lo que necesites. Pero no lo haré por ti, sino por la memoria de mi madre, que en paz descanse. De todas formas, quiero pedirte un par de respuestas a cambio.

- Claro, si puedo responderlas lo haré encantada….

- Muy bien. ¿Que sabes de las visiones de futuro? ¿Es verdad que también las tienes Alice?

Parecia realmente sorprendida por el giro que acaba de dar la conversación. Pero aún así, me respondió sin demora.

- Es cierto….¿pero como sabes de mis visiones de futuro? ¿Cynthia te hablo de ellas?

- Si, siempre dijo que tenias el don de la clarividencia...

- Oh...eso quiere decir que ya podía ver el futuro siendo humana…

- Hmmm...supongo que si…

- Pero Rose...¿porque quieres saber sobre las visiones de futuro? ¿Tu...tu las has tenido alguna vez? - Pregunto de forma insegura, pero con un brillo especial en sus ojos.

- La verdad es que si…yo….yo te vi venir Alice...