Capitulo 10: Jonathan Brandon

La carta cayó de mis manos al suelo junto con una lagrima. Las piernas me flaquearon y todo a mi alrededor me empezó a dar vueltas. Tuve que apoyarme en el marco de la puerta para no desplomarme.

-¿Está usted bien? Se ha puesto algo pálido...- preguntó amablemente el niño pelirrojo a la vez que me recogía la hoja del suelo y me la tendía.

- ¿Señor Brandon? - insistió.

Quería responderle para que se callara, pero los músculos de mi cara no funcionaban y por ende las palabras no salían de mi boca como yo quería.

-¿Quiere que avise a alguien? ¿Necesita algo…?

- Hmmm….no...hmm…..estoy bien...hmmm…..gra….gracias Timmy por traerme el correo…. - dije con voz ronca a la vez que cogía la carta de sus pequeñas manos, entraba en casa y cerraba la puerta lentamente tras de mi, sin decirle nada más.

De haber podido, hubiera querido aparentar naturalidad y fingir que no pasaba nada y que no me importaba en lo más mínimo. Pero en ese momento no podía, el dolor y la culpa eran mucho más grandes de lo que hubiera alguna vez imaginado. Por eso eche nuevamente un vistazo a la carta, con la esperanza de haberme equivocado al leerla la primera vez. Pero no fue así, y muy a mi pesar eso era lo único en lo que no me había equivocado en mucho tiempo…¿Porque le habría hecho caso a Margaret?

Recuerdo como si fuera ayer el día que me propuso internar a Alice en un asilo. En un comienzo me reí pesando que era una broma de muy mal gusto, porque ¿que padre internaría a su propia hija en un asilo? Pero Margaret, para mi sorpresa, me lo decía totalmente en serio, y me exponía argumentos como puños, que me costaban ignorar.

Igualmente me negué a ello y durante meses traté de mediar porque todo fuera bien entre mi amada y mis hijas. Juro por Dios que intenté por todos los medios de dejar atrás la muerte de Lilly, de construir una nueva familia, de volver a empezar y de ser feliz pese a mis errores….

Pero todo mi esfuerzo por salir de la espiral oscura que yo mismo había creado, fue inútil. Y es que meses después de la boda, cuando creía que finalmente habíamos conseguido pasar pagina, Alice empezó a mostrarse muy recelosa respecto a todo lo relacionado con Margaret. Yo trataba de quitarle como podía las musarañas de la cabeza, pero no había manera y lo peor de todo es que hiciera lo que hiciera cada día se acercaba más a mi terrible secreto...

¿Porque no podía simplemente dejarlo estar? ¿No podía achacar la muerte de su madre a la mala suerte del destino y conformarse con las cosas buenas de su nueva vida de privilegios?¿Es que no era consciente de toda la desgracia que supondría para todos los que queríamos que se supiera la verdad?

Así que un día, al verme poco a poco acorralado por mi propia hija, me descubrí sin quererlo sopesando la antigua propuesta de Margaret. ¿era esta realmente nuestra única opción?

Quería pensar que no, que aun podía salvar la relación con mi hija mayor. Pero como decía antes, cada día la extraña y certera intuición de Alice me pisaba cada vez más los talones y llego el momento en que me vi realmente entre la espada y la pared...

Recuerdo que era una noche como cualquier otra y que estaba durmiendo plácidamente junto a mi mujer cuando escuchamos unos gritos aterradores provenientes de la planta de arriba. Ambos corrimos a ver que sucedía y encontramos en mitad de las escaleras a la pequeña Cynthia llorando asustada sin saber que hacer. Margaret se quedo con ella para intentar calmarla mientras yo seguía subiendo en busca de Alice. De su habitación sonaban fuertes golpes y cosas rompiéndose sin parar. Era todo tan surrealista que pensé realmente que alguien se había colado por la ventana y estaba atacando a mi hija. Pero al abrir la puerta la encontré a ella en camisón fuera de control destruyéndolo todo y con la cara desencajada y deforme de la rabia y tristeza. Al verme, paro lo que estaba haciendo y se quedo mirándome en un sepulcral silenció. Verla así me estremeció, pero no sentí realmente miedo hasta que oí como se escapan entre sus dientes prietos las siguientes palabras:

- Todo este tiempo fuiste tú...tú la mataste…¡Asesino!

Me quede tan petrificado antes su declaración, que no fui capaz de reaccionar cuando paso corriendo como un torbellino a mi lado. No fue hasta escuchar el portazo de la entrada de abajo que no me di cuenta de lo que iba a hacer Alice. Me iba a delatar... ¡y yo no podía permitirlo! ¡Mi nombre, reputación y sobretodo mi dinero estaban en juego!

Corrí escaleras abajo, ignorando el llanto de Cynthia y los gritos de preocupación de Margaret preguntando que pasaba. A travesé el umbral de la puerta de casa e intente localizar a Alice, pero la oscuridad era absoluta y envolvente. Tampoco se oía nada fuera, salvo las cigarras, lo que me hizo pensar que ya había marchado….

Rápidamente entre en casa, y busque mi abrigo, mis zapatos y las llaves del coche mientras trataba de pensar a donde ir. No tenia tiempo que perder ya que un simple error de calculo haría que todo por lo que había luchado en el último año se echara perder. Y no estaba dispuesto a permitirlo...

Alice había salido corriendo en zapatillas y camisón a la fría noche, por lo que no llegaría muy lejos sin ayuda. Así que, ¿a donde iría a refugiarse?

Pensé primero en nuestros vecinos, los señores McGonagall, pero descarte pronto la idea al caer en cuenta de que se habían marchado unos días al norte a visitar unos parientes, y Alice lo sabia.

Luego pensé en mi hermano y su mujer que vivían a apenas una manzana de nosotros, pero también descarté la ideal rápidamente al recordar la mala relación que mantenían con ella desde el fatídico accidente de su hijo Mike…Ella no había tenido nada que ver, pero ellos estaban convencidos de que si, porque sino ¿como iba a saber con antelación que caería por las escaleras?

Descartados los dos sitios más probables a los que corriera Alice en esta situación, solo se me ocurría que se dirigiera directamente a casa del alguacil que estaba a 15 minutos andando. Yo por fortuna tenia el coche, lo que me permitiría llegar antes que ella.

Durante el camino fui pensando que historia inventarle al viejo Sam para salirme de este embrollo, pero no se me ocurría ninguna diferente a la del asilo, porque era realmente lo más fácil, y lo que implicaba tener que dar menos explicaciones...

En Biloxi, por desgracia, todos habían oído rumores sobre las rarezas de mi hija y a diferencia de mi ex mujer Lilly, no lo veían con buenos ojos sino al contrario, con mucho temor. Más de uno la llamaba "bruja" o "niña cambiada", pero nunca a la cara por miedo a que les lanzara un mal de ojo como el supuestamente le había lanzado a su primo Mike. Pero el viejo Sam no era nada supersticioso….es más, se jactaba de ser un hombre de ciencia y ¡justamente eso era lo que correría a mi favor en esta ocasión!

Nada de lo que le pudiera decir Alice sobre sus visiones le convencería para reabrir el caso y por el contrario me daría el argumento perfecto para justificar su internamiento en el psiquiátrico.

Empezaban a salir los primeros rayos de sol cuando golpeé la puerta del alguacil con fuerza repetidas veces mientras le llamaba por su nombre.

Tras un minuto o dos que me parecieron eternos, el viejo Sam se asomó por la puerta en camisón y apuntando con su vieja escopeta con cara de pocos amigos.

- ¡Mierda Jonathan! ¡Espero que sea algo bueno para despertarme de esa forma a estas horas!

- Lo siento Sam, sabes que si no fuera una emergencia no hubiera venido en tu búsqueda…por favor necesito tu ayuda…

- Más te vale…. - me dijo mientras bajaba el arma - Anda dime, ¿que carajos es lo que pasa?

- Es mi hija la mayor. Desde que murió su pobre madre, que en paz descanse, no levanta cabeza….Esta tan mal que esta diciendo cosas sin sentido…

-¿Cosas? ¿Que clase de cosas? - dijo el con suspicacia mientras estudiaba mi cara de angustia.

- Ya sabes…las cosas por las que la gente de por aquí tanto habla de ella y le teme.

- Bah, malditos supersticiosos, se creen cualquier cosa.

- En eso te doy la razón. Y sabes que hasta ahora intentaba ignorarlo todo el asunto, pero el problema ahora es ella. Realmente cree que tiene el don de ver cosas que los demás no vemos. ¡Inclusive dice que puede ver el futuro!

- ¡Patrañas!

- Exactamente. Y lo peor de todo es que está paranoica y delira con lo sucedido con Lilly…no puede aceptar haberla perdido y piensa que yo tuve algo que ver. ¡Por Dios, con lo que yo queria a esa mujer! Para mi que ha perdido la cabeza mi pobre Alice…

- ¿Estas seguro?Mira que acusar a alguien de loco es algo muy grave…

- Me rompe el corazón aceptarlo, pero estoy seguro. Y podrás comprobarlo por ti mismo dentro de muy poco. Estoy seguro que vendrá en tu búsqueda….habla con ella y juzga tú mismo como alguacil.

- Y así lo haré

- Gracias Sam.

- Si, si...buenas noches – dijo el viejo mientras entraba en casa.

Conduje de regreso a casa despacio, reflexionando sobre lo que acababa de hacer. ¿Había hecho bien echando mi hija al agua de aquella manera? Ahora con el remordimiento de su perdida en mi corazón sabia que no, pero en ese momento pensaba que si. El miedo a ser descubierto por la policía y perderlo todo por lo que tanto había luchado me hacia creer eso.

Volví a casa a esperar lo inevitable, y mientras lo hacia aproveche para poner al día a mi nueva esposa de la situación.

-¡Lo sabia! – Dijo Margaret con rabia en la voz.

- ¡Shhh!…..por Dios, habla más que no quiero que la niña se despierte nuevamente...

- ¡Pero es que lo sabia y te lo advertí! - volvió a decirme esta vez entre susurros.

- Lo sé….lo sé y lo siento cariño.

- Unas simples disculpas no me sirven. ¿Que piensas hacer para arreglar este desastre?

- Pues justamente lo que me propusiste de hacer hace tiempo. Llevarla a un asilo donde nadie crea sus palabras…

- Me parece muy bien. Aunque claro, lo podremos hacer siempre y cuando el asqueroso viejo ese no se ponga de su parte y reabra el caso de Lilly…

- Ya veras que no. Me ha creído, lo sé…

- Hmmm….

- Y si le quedaba alguna duda al respecto, cuando le pregunte a Alice como sabe todas esas cosas y ellas se lo explique, terminara por creer mi versión de las cosas.

- ¿Seguro?

- Totalmente cielo. Sam no es nada supersticioso y para él todas las cosas no científicas son ridiculeces. Simplemente no cree en ellas…

- Eso espero.

No fue hasta casi las 10 de la mañana que sonó el teléfono con la llamada que tanto estábamos esperando mi esposa y yo.

- ¿Diga?

- Jonathan... – dijo muy suave la voz al otro lado de la linea.

- ¿Sam?

- El mismo. Perdona que hable tan bajo pero es que la tengo durmiendo en la habitación continua…

- ¡Alice!

- Si, si...ella. Te hubiera llamado antes, pero estaba hecha un manojo de nervios la chiquilla…y no quise comunicarme hasta que estuviera todo más tranquilo...

- ¿Está bien?

- Pues...tras hablar un buen rato y tomarse una manzanilla se quedó lo suficientemente tranquila para que la venciera el sueño en mi sofá. Estaba tan profunda que no se despertó ni siquiera cuando la alcé para llevarla a mi cama y que estuviera más cómoda.

- ¿Te ha dicho algo?

- Justamente lo que me dijiste que diría. La verdad es que no quería creerte, pero por Dios que tenias razón, tu hija no está bien. ¡Joder, es que de lo que dice tiene sentido alguno!

- ¡Lo sé!

- ¿Y que piensas hacer con ella Jonathan?

- Con Margaret hemos hablado y creemos que lo mejor para su caso es llevarla a un asilo, donde estará con gente como ella.

- ¿Ya sabes a donde llevarla?

- Un amigo de la familia nos ha hablado del East Mississippi Insane Hospital. Creo que la internaremos allí lo antes posible.

- Entiendo. ¿Margaret y tu necesitáis algo?

- Pues la verdad es que nos vendría bien algo de ayuda ahora Sam. Alice es muy lista y no nos dejará llevarla alli tan fácilmente. Es mmás, dudo siquiera si me dejara acercarme a a ella... Tal vez si le diéramos algo para que este tranquila de momento...

- ¡Mierda! De normal me negaría, pero ¿momentos desesperados requieren medidas desesperadas no?

- Exacto. Pero Sam….

- ¿Si?

- Por favor no comentes esto con nadie….mi familia ya ha sufrido mucho con la perdida de Lilly, y ahora lidiar con el murmullo de la gente sobre las locuras de mi hija….no sé si podría soportarlo…

- No hay problema, de este viejo no saldrá palabra alguna sobre el tema.

- Gracias por todo Sam.

- No hay de que.

Había llovido bastante desde ese día, y yo había procurado todo este tiempo pensar lo menos posible en él. Había intentado borrar a mi hija de mi mente, supongo que era para no afrontar la culpa de mis actos. Y hasta ahora lo había conseguido aparentemente bien. Sin embargo la carta de su fallecimiento había derrumbado inesperadamente todos los muros que había construido para protegerme.

Me dolía el corazón, y mucho. Pero ya era tarde para él y para mi pequeña Alice.