-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;
.
.
.
Hoy por ti...
(o de cómo el amor, cual materia, se transforma siempre y cuando abunde).
.
.
.
Luego de cierto tiempo, o bien, de cierto amor, uno deja de cuestionar los hábitos de quien ama, pero algo sigue ocurriendo. Sophie no llegó a una conclusión solventada al respecto, sino que un día, sin más, se quedó callada al entrar al salón donde Howl se recluía refunfuñando para trabajar en sus hechizos. No fue que se quedara sin la energía de reprochar el desorden ni que las palabras caducaran su potestad al señalar aquella pócima derramada en la alfombra, esos pergaminos vueltos añicos en el rincón o lo que parecía ser una vajilla completa y sucia esparcida por aquí y por allá, pero no dijo nada y, para verdaderamente variar, ni cuenta se dio. Hay que admitir que, previo al sigiloso cambio, hubo un proceso de suspiros resignados, sí, mas no de aquellos que las señoras cuchichean apostando la decadencia de un matrimonio. Podría decirse, aunque ella no lo notara, que una mañana común Sophie sólo arribó sus misiones hogareñas con serenidad. No obstante, Howl sí que se dio cuenta.
Como de costumbre, ese primer día distinto —al cual sucederían años y profundidades ignoradas—, a Howl se le caló la espina viéndola entrar con escoba en mano. Se hizo el tonto entre las estanterías de brebajes para huir, pero apenas y creyó escucharla tararear el final de una canción tras marcharse luego de dejar tan limpio como para volver a ensuciarlo de inmediato. Sí lo temió en grande, a decir verdad, y durante media mañana se salvaguardó con irritantes galanterías para compensar acaso una falla que como varón no supo contrarrestar a consciencia, pero nada; incluso, hicieron el amor aquella misma noche de manera tal, que hasta él olvidó las deudas que con caricias planeaba saldar.
Ocurrió, por otro lado, que Sophie un día encontró una tacita diferente entre los juegos de té. No se atrevió a tocarla por pensar que, tal vez, hasta era pieza extraviada de algún conjuro. Por la tarde, sin poder señalársela a su esposo para averiguar, Morgan ya se la había adueñado para una leche tibia. Y poco a poco, más trastos aparentemente nuevos se distribuían por la alacena. No fue hasta que cierto florero apareció sobre la mesa, que Sophie reconoció que los objetos que solían ser llevados de contrabando a la sala de pócimas iban devolviéndose a su sitio. Esta vez, Howl fue quien no advirtió su evolución.
Por supuesto que ella sospechó algo tramado, sobre todo cuando entró por aquella puerta de trabajo y halló la alfombra limpia. Por lo mismo, al asomarse la luna, Sophie tenía ya la ceja enarcada tras un libro cuando esperaba a Howl en la cama. Tremenda sorpresa se llevó al verlo entrar agotado y descompuesto, pero con una de aquellas tacitas llena de té para ella, y luego sólo darle un beso para roncar tan pronto como le abrazó la cintura bajo el cobertor. Ella, más desconfiada que él, le dio un par de vueltas más a la incógnita antes de amistar esas innovaciones con las épocas venideras.
Entre algunos objetos puestos en su lugar y ceños menos fruncidos, el matrimonio cosechó una conjunta adaptación que para nada puso en riesgo el fervor esencial que a veces expresaban hasta en gritadas disputas. Y aunque esas dulces y naturales condescendencias iban siendo fruto de las temporadas pacientes de un amor determinado, claro que Sophie tenía sus reacciones conmovidas en ocasiones: ya un beso rápido en la mejilla antes de salir del salón de pociones o rascarle el cabello hasta hacerlo dormir sin haberle solicitado el arrullo; si bien Howl, orgulloso de su indiscreción, derrochaba su gratitud en arrebatados besos y una que otra sonora e inadecuada palmada en zonas que hacían a Calcifer reclamar pudor, a Morgan virar los ojos y a Sophie casi gruñir, aunque sonriera después.
.
.
.
Fin.
.
.
.
-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;-;
Hola. :)
Sí planeé volver, aunque no hoy ni con esto, pero lo escribí en apenas una sentada. Supongo que por tener esta experiencia y amor en la consciencia, de manera que apenas la deposité y cambié los nombres. Aquí se las dejo para no perder esos recuerdos frescos, ni el amor, ni las letras (que son lo mismo).
¡Muchísimas gracias por leer! ¡Mucho cariño y bendiciones!
—
—
PD: Sus reviews son la despensa de mi cuarentena.
—
—
