"Cuando el sol empieza a bajar del cielo y empieza a oscurecer, los hombres buscan siempre un cobijo con el que abrigarse hasta el amanecer del dia siguiente."
—¿Era así la introducción? —preguntó un niño observando a otro esperando su respuesta mientras tomaba una cubeta vieja y casi cubierta por el oxido.
—Si, así era aquella letra. — le respondió mientras hacia lo mismo y caminaba a su lado.
Aquella letra que se cantaba antes de narrar las hazañas de un valeroso héroe. Un héroe que salvara de la desdicha su mundo con valor y una sonrisa impecable.
— Un héroe, me pregunto cuando llegara el nuestro. No aguanto comer hierba seca otra vez. — respondió mientras llenaba el cubo con agua.
— No te preocupes, a estas alturas ya deben de estar creando un héroe que nos salve.
— ¿Los héroes se crean? — preguntó estupefacto dejando de raspar la tierra.
— Por supuesto que si, ¿de donde crees que salen los perfectos héroes de las historias que narran los juglares cuando vienen al pueblo buscando trozos de pan seco y semi podrido? — ante la mención del pan seco, ambos estómagos rugieron de hambre.
— ¡No hables de comida, mi estómago es sensible y se ilusiona con facilidad.— ello provoco una risa en su acompañante y ambos rieron. — Y dime ¿como se hace un héroe?
— No lo sé bien, pero según lo que cantan los juglares, dice que los excelentes héroes se engendran gracias a las virtudes y los pecados. — explicó mientras se arremangaba las mangas de su sucia camisa que era gloriosamente adornada con agujeros dados por los mejores diseñadores, las polillas.
— ¿Por qué a los pecados? Que lógica tiene eso. — ante esto, su amigo procedió a pelliscarle la nariz. — ¡¿Por que hiciste eso?!
— ¿Te dolió?
— ¡Claro, idiota!
— ¿Por qué sabes que te dolió? — comentó mientras sentía su frente calentarse pero se mantuvo erguido.
— ¡Porque me hiciste daño!
— Pero ¿como sabes que fue un daño y no una caricia?
— Porque se lo que son las caricias, y eso no fue una. — respondió molesto.
— Pero ¿como sabes que es una caricia?
— Porque no duele, imbécil. — ante esto se sorprendió .— Ya entendí. Que curioso mundo.
— Lo es, verdad.
— Tienes suerte de que te quiero, hermano. Si no te quisiera, estarías suplicando por piedad.
— Seguro que lo estaria.— dijo con una sonrisa socarrona.
— ¿Oye?
— ¿Si?
—¿De verdad crees que llegara pronto nuestro héroe?— pregunto mientras sacaba cubetas de agua de la granja que se encontraba inundada. — Dudo que el pueblo aguante otra inundación. — dijo mientras entraba a la casa buscando rescatar algo de las aguas fangosas.
— Eso espero, no me gustaría tener que esperar tanto para que el héroe de historia llegue. No creo que pueda esperar...más— empezaba a decir lentamente mientras su visión se volvía borrosa.
— Deja de hablar así, idiota. Ni que fuera un cuento. — al oír un golpe tras suyo se dio la vuelta.— ¡Martín! — grito mientras corría a su lado y lo tomaba en sus brazos — ¡Martín por favor despierta! ¡¿Que te pasa?! — al observar su cuello vió manchas rojas cubriendolo.— No...¡Dime que es otra de tus bromas!
— No olvides...dar de comer a Quico...
— ¡No,no me vengas con esto! ¡No me puedes dejar solo! ¡Por favor no lo hagas! — gritaba entre llantos.— ¡No quiero quedarme solo! ¡Martin! ¡No!
¡Ayudenme,por favor! — gritaba a voces sosteniendo al niño entre sus brazos. — ¡ Por favor, ayudenme!
Ante los gritos, dos hombre adultos se acercaron y al ver las marcas se marcharon distanciandose de los niños y gritando que nadie se acercara a los dos pequeños.
El mayor de ellos dormido, el menor llorando y gritando mientras se desgarraba la voz.
Oh, grandioso héroe. Dime tú, ¿cuando vendras? ¿cuanto más tenemos que sufrir?
— ¡Por favor, ayudenme! ¡ Hare lo que sea, pero ayudenme! . — gritaba descartándose la voz mientras intentaba llevar a su hermano arrastrando lo con alguien que pudiera ayudarlos.
Haremos lo que sea, pero ven pronto.
