Sus brazos fuertes y amables la rodean. Es un gesto confortante, dulce y gentil. En una acción que Shinobu pidió, luego de que sintiera como su ira interior borboteaba por su cuerpo. Luego de esa pesadilla abismal que provoco que su ser se intoxicara con ese veneno que era el odio.

Estaba siendo consumida por esa emoción negativa. Apretó sus puños, tanto que sus uñas dañaron sus palmas.

-¿Estas bien? -la voz gentil de Tanjiro, la sacan de sus oscuros pensamientos.

Esboza una sonrisa fingida y dice que no pasa nada. Pero Tanjiro huele y sabe que miente. La ira, el enojo estaban impregnados en su ser.

-Se que no es cierto-sus ojos violetas se dilatan en reconocimiento y se da cuenta que no puede esconder nada de él.

-Parece que no puedo ocultarte nada-sonríe, no es falsa, es triste-Así que... ¿Me tranquilizarías amablemente?

Sus ojos estaban húmedos por la ira, por la tristeza por la impotencia. Estiro sus brazos, pidiendo ser calmada. Que su corazón no se oscurezca mas con ese odio infernal que no puede evitar sentir.

No dice nada, pero Tanjiro cree entender lo que quiere.

-Disculpa-espeta, antes de pegar sus cuerpos y sus brazos se rodeen en las espaldas del otro.

Antes de que el calor tranquilizante se transfiera a la mujer. Cierra los ojos, sabe que la ira no iba a desaparecer con tan solo un abrazo del amable chico. Su corazón intoxicado, afligido tiene demasiado odio oculto en su profundo interior para ser calmado.

No obstante, se siente tranquila en sus brazos. Brevemente, siente alivio. Su corazón liviano, como si ya no tuviera que cargar ese odio.

Por un efímero momento, Tanjiro cree oler alivio proveniente de la mujer, quien sonríe en paz en sus brazos.

Su abrazo fue mas calmante que un té. Y con gusto, Shinobu seguiría tomándolo.