Como un lamento ahogado, la lluvia descargó su furia.
Como la suma de todos sus males, el vendaval arremetió con fuerza en el Dai-Gurren.
En un llanto amargo bajo una misma pena.
La desdicha, la incertidumbre, el odio y la redención bailaban en un mismo son.
Y Simón se sumió en la desesperación de su herido corazón.
Buscando la luz entre la oscuridad solo se encontraba el recuerdo de Kamina en su mente junto a los errores y las tan podridas palabras del "hubiera."
Porque "el hubiera" solo era un mal más que se sumaba al hombre, quebrantando su espíritu hasta volverlo nada.
Hecho trizas, Simón vio por doquier la silueta que trataba de alcanzar con desesperación. Como un niño perdido en busca de consuelo. Se vio a sí mismo parado en medio de la oscuridad sin poder hacer nada.
A pesar de ello, no podía simplemente detenerse, porque para lo suyo no había perdón ni misericordia.
No en el solitario camino de la redención.
Pero hasta él mismo se vio reducido a nada cuando vio su propio reflejo a través de la amarga lluvia y los charcos de agua.
Gruesas gotas de agua que empezaban a estacionarse en los costados de sus ojos vidriosos representaron sus lágrimas siendo que no podía permitirse derramar lágrima alguna.
No se sentía con la fuerza de poder hacerlo cuando él había causado tal error.
"¿Cómo podría simplemente permitirse aquel privilegio?" No después de ver la mirada de devastación de Yoko y de cada uno de los integrantes de la tripulación.
Sin poder gritar o llorar, en medio de la nostalgia y la oscuridad no había nada más.
La victoria de aquella ocasión fue su mayor derrota.
Porque su fe se había ido junto al cuerpo de Kamina en aquella tumba de fuego que se había consumido.
Como un volcán que nunca más resurgiría de sus cenizas, siendo arrasado por la debilidad de su tonto corazón.
En su mente aun pululaban los recuerdos de lo que había herido a su espíritu y mellado su fuerza en el campo de batalla.
Un beso.
Y la opresión solo se hizo cada vez más fuerte, mientras huía de la escena de lo que supo a primera vista no debió ver nunca.
Un sentimiento compartido que nunca podría ser mostrado o dicho.
Porque podía entender a Yoko a la perfección, el porqué se había enamorado de su hermano mayor.
Y ahí estaba, su fantasma frente a él sonriéndole como si no hubiera pasado nada.
Como si el futuro que ambos querían alcanzar siguiera vigente a pesar de que él ya no estaba en ese mundo y aun así para Simón, Kamina era su mundo entero. Y entre su fragilidad, en medio de su desconsuelo surgió la silueta que quería aferrar con desesperación.
—¿Quién es él?
Preguntó Nía con la misma curiosidad con la que un niño lo hace al querer conocer su alrededor. Y Simón no pudo negarse a querer explicar lo que resguardaba debajo de su alma, el ímpetu, la fuerza y el valor que aquellas estatuas de tierra representaban para él, pero hasta él reconocía sus límites.
Sin poder componer una oración decente, se vio lastimeramente. La ira invadió lo más profundo de su ser y maldiciendo en sus adentros, las palabras se Nía fueron la fuerza para alcanzar la salida a su desesperación.
Pero aquellos eran solo sueños del ayer que seguía arraigados en su corazón.
Porque negarlos seria negarse a sí mismo.
Siendo que Simón se observaba tan débil aun a su edad, a pesar de las palabras que como un grito de guerra solía lanzar al aire cuando se encontraban en medio del campo de batalla.
Pudo darse cuenta de ello cuando la ilusión tomo forma, en aquel mundo de sueños y esperanzas rotas no había nadie, solo él; La suma de sus esperanzas desbocadas.
Con una sonrisa en los labios, debajo de las gafas rojas pudo ver el fuego abrazador que destilaban sus ojos al verle tan pequeño con la cabeza hacia abajo, mientras aquel impostor que le hacía doblegarse de tan vil forma empujaba sus cabeza.
Dándose cuenta que nuevamente era él, alentándolo a seguir adelante, a levantar la cabeza y mirar más allá de todo lo que formase un obstáculo para él.
Derrumbándolo todo con un golpe certero, se vio a si mismo ante la realidad inequívoca.
Su corazón aun ansiaba la compañía que por tanto tiempo no logro comprender hasta que su corazón simplemente se desbordó.
—Sí que has crecido mucho —Kamina sonrió orgulloso al verlo más alto que él, con la mirada al frente y parado en sus propios pies como todo un hombre hecho y derecho.
Simón quiso bajar la vista, pero no se atrevió a hacerlo, Kamina pudo comprender el desliz de su corazón al desear algo con tanta desesperación.
Porque él nunca podría mentirle a Simón, no a él, el cómo casi dejo invadir a su corazón con la desesperación cuando se vio en medio del campo de batalla y el cráneo de su padre apareció frente a sus ojos.
La muerte sin lugar a dudas era algo que no podía evitarse lo sabía Kamina, y como cualquier mortal sintió el abrazador miedo que conlleva perder la vida.
Pero ¿Qué no era peor vivir con el miedo y la incertidumbre día a día? Doblegados ante lo desconocido como si no pudieran hacer algo más, no, claro que había algo más que los seres humanos podían hacer y eso era pararse derechos y ver hacia adelante.
Y por ello quiso reconfortar a Simón, aquel niño que se había vuelto hombre a lo largo de su partida.
«—Mirar hacia atrás no te hace débil Simón, es el hecho de quedarse atrapado en el pasado lo que hace perderse al hombre y tú no puedes permitirte eso, tú destino es tan brillante que le entregara a la humanidad el rayo de esperanza que tanto necesitaba. El hecho de creer. Por ello, perfora el cielo con tu taladro»
Y Simón lo sabía, la voluntad que se movía dentro de su corazón.
Ya no era un niño pequeño, ya no podía ocultarse detrás de los brazos de su amado hermano mayor, porque dentro, en lo más profundo de su corazón, Kamina siempre se encontraba a su lado.
Y poco a poco pudo verlo. Como dentro no solo se hallaba él. Sino todos sus amigos, sus buenas como malas experiencias, y el naciente amor que se profundizo hasta que tuvo que despertar de ese acogedor sueño puesto qué, Nía ya había esperado demasiado por él.
Así, Simón escuchó con atención sus palabras.
—Este es el adiós, porque ya no nos volveremos a ver.
Para cualquiera hubiese soñado como una triste despedida.
Pero para Simón, no.
Porque Kamina seguía ahí. Junto a él, en cada momento que las plantas de sus pies rozaban el suave pasto verde que lograron reconquistar.
Y cuando se atrevía a oler las flores y el viento rozaba su cabello, estaba seguro que era Kamina espolvoreando su cabellera con una sonrisa socarrona.
En cambio cuando el cielo estaba tan azul y los rayos de sol brillaban con intensidad podía asegurar que era su hermano acomodándose las gafas de sol con una sonrisa en el rostro esperando a que fuesen otra vez a la playa y vieran el extenso mar. Aquella agua salina que vieron como un milagro con ojos inocentes.
Mientras, los días de ventisca era su hermano mayor haciendo travesuras tratando de levantar la falda de una hermosa chica.
Lo sabía.
Era la paz y la guerra, era la dualidad que enmarcaba el balance de su mundo.
El mundo al cual protegería a cualquier costa.
El mundo donde había nacido, vivido y muerto Kamina para entregarlo a la humanidad.
Un mundo lleno de esperanza que quería avivar cual fuego en el corazón de los humanos del futuro. Uno tan brillante como el que él nunca pudo soñar, pero había construido con sus propias manos sin darse cuenta.
Y así, ante la frugal despedida, Simón partió.
Como un rayo de luz, surcando el tabú que alguna vez creyó inexistente, se reencontró con el ardiente fuego abrazador del espíritu que no puede ser doblegado ni ultrajado.
Porque la tropa Gurren Lagann no había nacido para gobernar, habían nacido para ser el taladro que derrumbaría cualquier muro que se interpusiera en su camino.
Volviéndose energía pura, como un cuerpo celeste atravesaron años luz de distancia en medio de la oscuridad encontraron el páramo de la perdición.
Una civilización que se había rendido desde hace cientos de miles años y en sus garras Nía se encontraba aun luchando por dejar en claro que su existencia no era un mero capricho sino voluntad.
Voluntad que se aferraba a desistir ante la ilusión del anillo que portaba en su dedo anular.
Entonces Simón y ella al fin pudieron verse otra vez y con ello una última lucha daba inició.
Así como en los viejos tiempos, codo a codo luchando todos juntos, Nía reconoció nuevamente como su verdadera familia a la tropa que le vio crecer.
~.o.0.o.~
Simón pudo sentirlo, aquel suave llamado cuando el viento acariciaba sus mejillas y cabello, mientras sus pies se movían con lentitud, después de todo, el tiempo como a cualquier otro humano habían causado estragos, aun así en sus mano derecha aferraba con fuerza el taladro.
Después de todo "Simón el excavador" fue el nombre que le habían dado desde niño y tras haberse alejado del ajetreo de las ciudades grandes otra vez fue su estandarte.
Vagando por las tierras sempiternas que alguna vez con ilusión escuchó de su hermano mayor contar debajo de la tierra, vivió la paz anhelada por la cual con tanta fuerza habían peleado.
Y en cada uno de sus viajes como un niño pequeño, en la privacidad de su labor -al seguir excavando- solía hablar con el propio viento seguro de sí mismo que sus palabras serian llevadas hacia las personas que más amo en vida, las personas que le dieron el valor suficiente para volverse el hombre que era, y con una sonrisa socarrona relataba cada una de sus aventuras y encuentros, presumiendo con elocuencia.
Una locura sin lugar a dudas para quien le escuchaba hablar solo, sin embargo para su edad poco le importaba que le vieran con malos ojos.
Si bien viajo por un largo tiempo, Simón siempre volvía devotamente al lugar donde yacían las personas que más amo.
Como si se tratase una promesa inquebrantable.
Sus ojos miraban con un brillo especial las dos tumbas, ahí, en donde alguna vez la tragedia le devastó, ahí donde la esperanza le ilumino.
Nía y Kamina a un par de metros sus tumbas yacían.
Con lentitud avanzo, su piel lucía arrugada y aunque usaba a su fiel taladro como bastón para apoyarse, al final tuvo que apoyarse del fuerte brazo de su rival y amigo de antaño.
—¡Oye ten más cuidado! —le regañó Viral mostrando sus afilados dientes. Como respuesta Simón rio.
Viral nunca creyó ver la fragilidad humana de una forma tan cercana, aun menos de quien consideraba un digno rival y en cierto modo su capitán a pesar de que formase por tan poco tiempo de su tripulación.
Fue, -porque debía admitirlo- la llamada de Simón algo inesperado para él tras años de ausencia.
Pero cuando le vio en el lugar acordado, con la espalda encorvada y las arrugas enmarcadas en su rostro pudo saber la razón de porque le había hecho venir.
Si bien la voluntad seguía ardiendo dentro de ese viejo corazón, Viral supo que no le quedaba mucho tiempo en esa tierra llamada hogar.
Así, ambos se adentraron a su último viaje y aventura.
Esta vez Viral no piloteaba el gran navío como en cualquier otra misión lo haría al ser el embajador de la Tierra.
En una nave de un tamaño considerable, donde los dos cabían de forma cómoda, nuevamente sus manos aferraban las palancas de mando y les hacían dirigirse al lugar ansiado.
Durante el viaje Simón le relato como cualquier otro anciano elocuente -porque Viral lo fue descubriendo con el pasar de los años, que cuando los humanos envejecían estos solían volverse un tanto parlanchines, ejemplo claro fue el caso de Rossiu quien tras dejar el mando a su primer hijo también dejo de lado aquella severa forma de ser para volverse un viejo más de entre el montón-, así, escuchando atento pudo oír la voz de Simón como la de un pequeño presumiendo a sus padres cada una de sus proezas y en sus labios una sonrisa se enmarco como la lucidez del sueño frugal que alguna vez pudo alcanzar hace años, cuando en aquel mundo de sueños se vio con una familia.
Porque Viral lo sabía, él a diferencia de los demás seguiría por los siglos de los siglos viendo el avance o la destrucción del mundo que se volvió sin pensarlo su hogar.
El destino no fue sorpresa. Durante los años en los que Simón dejo de contactar con él y por consecuencia también la tropa Gurren, pudo estar seguro de un par de cosas.
Primero; que Simón seguiría vagando por el mundo volviendo lo imposible posible.
Segundo; que seguiría metiéndose en problemas -los cuales confirmó al escuchar sus locas aventuras en sus años de juventud tras dejar la capital-.
Tercero; que sin importar cuanto tiempo o que sucediera, Simón seguiría visitando "ese" lugar.
Y así era, como los dos se encontraron en lo que alguna vez fue el campo de batalla, zona de guerra que rugió con fuerza cuando la lava de uno de los volcanes estallo, como tributo a la pérdida de uno de sus hijos, puesto que, aquel hombre cara dura e incipiente, era sin lugar a dudas como un volcán en erupción.
Vociferando fuego en cada una de sus palabras sin saberlo.
Uno que trató de apagar a como dé lugar, pero hasta él, cuando supo de su partida no pudo evitar sentir pena.
Porque el mundo era grande, si, y también habían humanos por montón, pero hasta él después de la derrota y perdida tuvo que admitir que los humanos siendo vistos por sus ojos como parásitos también tenían algo singular.
Aquella fuerza y nobleza plagada de fiereza que les hacía ser únicos y por lo tanto respetables.
Caso inequívoco; el idiota de Kamina y aquel anciano que aún conserva sus agallas mientras buscaba mantener su orgullo a flote al caminar por la montaña.
Tomando su brazo, Viral siguió con la mirada al frente, su rostro era serio.
Tratando de brindarle la confianza y seguridad a Simón, quiso decirle sin palabra alguna.
"Oye viejo, estoy aquí y te tengo" y Simón lo entendió enseguida.
Porque con los años Simón se había dado cuenta que la terquedad y vanidad solo acarreaban problemas cuando se pensaba solo en uno mismo.
Por ello, Simón se aferró con fuerza de su brazo mientras avanzaban al encuentro prometido.
Y cuando al fin estuvo frente a ellos, solo pudo decir una última palabra antes de volverse energía. Como toda aquella energía que recorría la vida misma sin ser notada.
Era el viento.
El agua.
Era la tierra y el fuego.
Las ganas de vivir y por supuesto voluntad plagada de esperanza.
Viral pudo sentirlo.
La calidez envolviendo su brazo, era suave, reconfortante hasta cierto modo, y por supuesto nostálgica.
Aquella misma energía que tránsito por sus venas como el milagro propio de su corazón al fin alcanzando la real fuerza.
Cuando su mirada se giró hacia la dirección del anciano, pudo ver la materia volviéndose energía, y como esta se dispersaba en el aire como alguna vez él también lo hizo en aquel mundo de fantasía.
Era Simón volviéndose uno con la energía de ese mundo.
Era Simón regresando a los brazos de la gente que amo.
Y era el adiós en un simple y genuino gracias.
Porque a pesar de que Viral tal vez nunca podría ir a ese lugar. Eso no le impedía romper aquella brecha y alcanzarles algún día.
¡Omg! ¡Lo he terminado! Estoy tan feliz, de poder terminar este fanfic que estoy llorando de la emoción, y con esta hazaña no puedo evitar pensar que he llegado a descubrir un hermoso tesoro oculto debajo de la tierra, pero vamos por partes.
Hello, me presentó, soy LittleKuriboh, pueden llamarme así, hace poco acabó de terminar de ver el anime de Tengen Toppa Gurren Lagann y ¡No pude evitar amarlo desde el primer capítulo!
Cada uno de sus personajes es excepcional. Su desarrollo fue fantástico ¡Y como llore con la muerte de Kamina! Emotivo en cada aspecto y ¡Dios! Me dije: ¡Debes, enserio debes escribir algo de ellos! Como se habrán dado cuenta mi otp es el Kamina x Simón así que sobra decirlo ¿No? Después de todo ¡Su vínculo, química y compañerismo son lo más puro que he visto! Sigo pensando que el opening es una carta de amor de Simón para Kamina y también…
Sigo creyendo que he encontrado un valioso tesoro. Y sin querer también siento que llegando tarde a la fiesta. ¡Porque hay tan poco material de este shipp como de su fandom! Aun así, me alegra poder contribuir un poco. Enserio ame y amo este anime con todo mi corazón y aunque el final me sigue dando un vuelco con lo que paso con Simón sigo pensando que hizo caso a las palabras de su amado hermano mayor.
Mirar hacia adelante y era tiempo de pasar la antorcha de la esperanza a alguien más.
En fin, espero haya más gente que pueda ver tan fantástico anime y se unan a esta hermosa causa de revivir su fandom.
Sin más que decir, LittleKuriboh fuera~
Pd: ¡Enserio, pero enserio vean Tengen Toppa Gurren Lagann les prometo que no se van a arrepentir!
