AÑO UNO

Shota Aizawa se encontraba en el baño, sentado en la taza del váter mientras sujetaba una pistola. El silencio inunda el lugar, ¿Cuánto tiempo había pasado? La verdad el exheroe no lo sabía, solo se detenía a observar el arma cargada. Solo necesitaba jalar el gatillo y todo este infierno se detendría…

-Cariño, ¿te vas a demorar mucho tiempo en el baño?- una suave voz femenina llama desde el otro lado. Era su…mujer. Ella era Emi Fukukado (la que fue una vez Ms. Joke).

Muchas cosas habían pasado en los últimos 10 años… Quizá si el Aizawa del pasado observara a su futuro yo, de seguro le daría un infarto. Shota Aizawa era un hombre diferente. Hacía años que había colgado el manto de héroe desde que se prohibió el oficio de héroe, todo ello fue aprobado por la desconfianza de la gente cuando se descubrieron los oscuros secretos de ciertos héroes… No hace falta decir que pocos se hicieron vigilantes, y otros ,bueno, se fueron a trabajar como policías . El Gobierno aprobó que los héroes que aceptaran de forma voluntaria abandonar su trabajo, podrían entrar a trabajar directamente como policías…

-Ahora salgo, cariño- responde Aizawa

El viejo héroe comienza a guardar el arma bajo un paño y lo esconde en el tanque del inodoro. Jala la palanca para no levantar sospechas.

-¿Otra vez con mala cara Aizawa?-responde Emi al ver como su esposo entra a la habitación.

Aizawa suspira. -A veces me pregunto que vistes en mi, sabes que siempre tengo esta cara- dice el ex héroe mientras se mete a la cama al lado de su mujer.

Emi acaricia suavemente la mano de Aizawa. -Cariño, llevamos años casados, conozco cuando estás desanimado, ¿otra vez es el trabajo?-

-Sí-responde Aizawa-Parece que soy el único que todavía tiene valores éticos, el resto de mis compañeros… Es pura basura, todos están ensuciados con alguna clase de corrupción, ¿sabes cuál es lo peor de todo? Que no tengo a nadie a quien contárselo, ni siquiera a un juez, todos están manchados.-

-Oh cariño…- dice la peliverde mientras abraza a su marido para consolarlo- Mira, me gustaría decirte que todo estará bien, pero yo no sé el futuro. Si algo he aprendido, es que el mal tiene las patas corta. Sí, caeremos. Pero debemos seguir adelante, solo hay que esperar que llegue el momento oportuno… Solo hay que esperar.-

-Ojalá sea cierto lo que dices, ojalá…-dice Aizawa mientras acaricia el vientre de su mujer- Él se merece un lugar mejor, tú te mereces un lugar mejor…

Mientras tanto…

-¡No! ¡Por favor! ¡Alejate!- grita un criminal

Delante de él, una figura encapuchada, parecía ser un hombre de musculatura definida que se ocultaba bajo una sudadera con capucha. Está furioso, agarra al criminal de poca monta por el cuello y lo lanza contra la pared. Aquel ser pide auxilio, socorro pero la encapuchada figura comienza a torturarlo. Le rompe la mano con la cual sujetaba la pistola, luego las dos piernas sin piedad. Los segundos pasan y se escuchan sonidos de puñetazos, aquella figura no paraba de golpear al criminal. El tiempo pasa y se ve a ese hombre, desmayado y tirado en un charco de sangre, moretones cubrían su cuerpo, había perdido unos cuantos dientes… Todavía respiraba.

Aquel vigilante aleja su mirada y se topa con la pistola de ese tipo, se queda mirando por unos segundos. Un rayo ilumina el cielo, se ve quien se esconde detrás de esa capucha. Kota Izumi.

Aprieta los puños furiosamente y golpea la pared fuertemente, la mano le sangra, el pulso se le acelera, no, todavía le faltaba encontrar su camino. Necesitaba algo más. Todavía era impotente.

Kota se aleja de la escena y se sumerge a las vacías calles nocturnas, el viento golpea su cara, observa el paso de los años… Pinturas con varios HA HA HA HA cubrían las paredes, algunos simbolos de interrogación…


-Debes relajarte, Aizawa- una gruesa y desgastada voz habla, era el Comisario- Llevas 10 años trabajando aquí y no has aprendido nada. Vamos, tienes una mujer y esperas un hijo, por tu bien deberías relajarte y saber apreciar lo que es ser policía aquí en Musutafu.

-Con todo respeto señor Tsuragamae pero me niego. No puedo aceptar eso…- responde Aizawa.

-¿Por qué no? Chico, ya no estamos en la época de los héroes, no es necesario que seas como ese All Might del pasado, ya nada de eso existe. Seguir así no te traerá nada bueno muchacho-

-¿Y por que me lo dice? No se preocupe, nadie me hará caso. Todos están igual de ensuciados que usted y el resto señor.- Aizawa se levanta- Hubo un tiempo en que usted era más honesto, era un ejemplo a seguir, ahora ya no queda nada de eso…-

-Es de humanos cambiar, Aizawa… Reconsidera lo que te digo, no querrás que algo le pase a tu mujer, ¿no?- sonríe maliciosamente

-Como le ponga una mano a Emi, le juro que…- Aizawa activa su quirk, está furioso.

-Tranquilo muchacho, solo recuerde su lugar y no me veré obligado a tomar ciertas decisiones. Ah, tu petición para el traslado… Creo que ambos sabemos la respuesta, todavía debes aprender Aizawa- se rie Tsuragamae


Querida Tía

Hoy casi caigo al abismo… No sé lo que me pasa, siento como si esta ciudad me atrapara y me transformara en una bestia. Casi mato a un criminal, casi lo mato… ¿Qué debo hacer? Siento como si todo el peso del mundo recae sobre mí, siento que debo cumplir a toda costa lo que prometí la última vez que te fuiste. Tía, ayúdame a encontrar el camino. Ayúdame a no caer en el abismo.

Tuyo siempre, Kota.

Kota termina de escribir la carta y la guarda en la caja. Suspira agobiado. Voltea su mirada hacia el tablón de viejas noticias, detiene su mirada en el Joker. Observa su piel pintada de blanco, ese pelo verde y esa sonrisa maníaca. ¿Cuántas veces había escapado de Arkham Asylum? Ni siquiera Red Hood pudo detenerlo. Aquel tipo se comportaba como si fuera aquel villano de comics llamado Poker… El pelinegro recuerda como su tía es asesinada a sangre fría, recuerda como los murciélagos lo levantan, recuerda aquella vieja rivalidad. Joker en el fondo habrá querido tener un nemesis, tener un Batman en la vida real. La vida se tornaba bizarra, ¿este era su camino?, el manto de un hombre murciélago inspirando terror en los criminales, ser una leyenda…

-Tía, ¿es este mi camino?-

Comienza a recordar ese nido de murciélagos… Este era su destino, debía ser un murciélago. Debía ser el Símbolo del Miedo en los criminales, el Símbolo de la Venganza…

Kota levanta la cabeza, saca de su chaqueta la pistola de aquel criminal y la empieza a desmontar. Le da forma a las piezas, aquella pistola ahora parecía un murciélago.