DIEZ CLASES

Solo fueron necesarias diez clases para enamorarme de ti, quizás fueron tus quejas continuas, quizás tu rostro sabio de adolescente o tu vivaz vida amical que impulso a que este corazón de hombre te dedicara palabras de amor.

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Otra semana más… otra vez que llegaba tarde.

Los alumnos acostumbrados a su presencia en la tardanza lo saludaron con energía y un par de suplicas para dejarlos entrar que Inuyasha no supo contestar.

Esta vez, en la oficina ya no lo recibió Kaede sino Kikyo quien era la nueva empleada de la institución, ella se encargaba de recibir los carnets y otros procesos en el alumnado. Kaede recibía los pagos sin salir de la oficina a comparación de Kikyo que nunca dejaba de moverse.

—Buenos días Kikyo.

—Profesor, buenos días —se sonrojó la pelinegra, y siguió buscando algunos archivos en los cajones de metal junto a la computadora. Inuyasha no perdió tiempo y firmó su asistencia, mientras Kikyo al fin encontraba lo que buscaba.

—Profesor…

—¿Sí? —pregunto él antes de disponerse a salir.

—Eh, ¿tendrá algo que hacer más tarde?

Inuyasha lo pensó un momento, después de acabar sus clases, almorzaría por ahí y luego correría hasta su otro trabajo como profesor de literatura en otra academia. Incluso necesitaba un poco de tiempo para seguir con el libro que estaba escribiendo, tenía tan poco tiempo que llevaba alrededor de tres capítulos solamente. A pesar de haber empezado hace casi ya medio año.

—Tengo algo de tiempo ¿por qué?

—Eh… podríamos almorzar juntos si tú quieres…

—Claro —sonrió coquetamente Inuyasha—, te veo a las dos de la tarde.

Una Kikyo sonriente asintió y corrió a encontrarse con Hakudoshi, el coordinador de la academia y profesor de historia universal.

Mientras tanto Inuyasha acomodó su maleta y camino hasta el salón que le tocaba en ese momento.

Anual 02.

Cuando ingresó saludo sin mirar a nadie y empezó a escribir en la pizarra con calma. Aun así pudo visualizar a la tan resaltante pelirroja que mascaba su chicle sin cohibirse por las miradas que muchas personas le mandaban. Es que mascaba muy fuerte y hacia un ruido bastante ridículo. Por alguna razón que él quería conocer, la señorita Kagome tenía pinta de ser muy amiga de esta muchacha con problemas… severos.

La conversación que ellas empezaron se veía muy amena y divertida, la pelirroja seguía estoica mientras Kagome sonreía por alguna cosa que la mujer del chicle había dicho tranquilamente. Al rato se involucró en la conversación una tercera mujer, de cabellos castaños que estaba sentada delante de Kagome, las tres siguieron hablando hasta que Inuyasha volteó para interrumpir a todos quienes platicaban.

—Buenos días, de nuevo. En esta clase vamos a estudiar la segunda parte del clasicismo griego—comenzó Inuyasha luego de dejar la tiza en su sitio y chocar su mirada en el espacio gigantesco y lleno de alumnos que era el Anual 02—, pero esta vez con el padre de la tragedia que es…

Las personas callaron.

—¡Keh! —pronunció Inuyasha, de alguna manera le sorprendía que Kagome no le contestará. Cuando le echó un vistazo ella mantenía los hombros elevados y la mirada brillosa. Sonrió, ella era tímida—Esquilo…

Todos emitieron una aspiración larga y no faltó uno que dijo que lo tenía en la punta de la lengua.

Inuyasha hizo unos cuantos golpes en la pizarra para atraer su atención, aún no podía alzar mucho su voz, era bastante malo en oratoria en realidad.

—Entonces… Esquilo escribió La Orestiada que si no mal recuerdo, leyó su compañera— dijo Inuyasha viendo como Kagome se hundía un poco más en su sitio y sonreía al hacer contacto visual con él.

Inuyasha sonrió de vuelta y le guiño un ojo.

—Otro libro que escribió fue Electra que fue la hija de Agamenón y hermana de Orestes, ambos mencionados en ambos libros. Esquilo era un amante de las trilogías y siempre escribía sus obras divididas en tres partes.

Inuyasha continúo su clase por el resto de la hora que quedaba, Kagome seguía preguntándole cosas muy interesantes y siempre insistía en que él se acercara a su carpeta para responder algunas preguntas de su libro de literatura.

—¿Ya resolviste todas las preguntas de tu libro? Me refiero al que te da la academia.

—Eh, sí. Todos los temas… incluyendo los que vendrán más adelante. Quería prepararme un poco mas así que compré este libro que andaba de oferta, es bastante bueno pues tiene todo lo que necesito saber, aun así, requiero ayuda de un profesor en algunas preguntas.

—Por supuesto —concedió él. Así que ya ha resuelto todos los temas, se dijo. Para ser así ella debía haber tenido una preparación previa, y con más razón le seguiría calculando alrededor de veinte años.

—Kagome —llamó la pelirroja y él paro los oídos—, ¿no tendrás un colorete que me prestes?

—Si, traigo uno en mi mochila. Es de fresa.

—Ya, bueno, no importa, préstamelo.

Oh, genial, conversación de mujeres. Ignorando eso, regresó hacia adelante y borró la pizarra hasta donde los alumnos le permitieron, pues no habían copiado todo, y siguió explicando su clase.

La campana lo agarró desprevenido mientras dictaba las respuestas del libro. Rápidamente acabó con una pregunta nivel fácil sobre mitología griega y se despidió. El siguiente salón era Anual 01, y la siguiente era Anual 05. No iba a parar hasta que dieran exactamente las dos de la tarde.

En los intervalos de cada clase, que en total fueron dos, encontró a Kikyo que lo saludaba amicalmente.

—Profesor, nos vemos a las dos de la tarde.

Inuyasha solo asentía.

En el segundo intervalo encontró a Kagome junto a la muchacha de cabello castaño de antes. Andaban solas lo cual le causó curiosidad, por lo general estaban con la pelirroja de coletas; compraron en la cafetería y regresaron al aula sin detenerse en otro lugar. Inuyasha estaba sentado en una de las mesas de la cafetería con un café caliente sobre la tabla, no precisamente interesado en lo que hacía tan curiosa muchachita de cabello ébano.

Solo se fijó que, tranquilamente, Kagome era muy bella, con un cuerpo muy bien desarrollado y con cada cosa en su sitio, incluyendo su cerebro que era lo que más le encantaba. Su infinito conocimiento y su terrible curiosidad; sus preguntas siempre lograban hacerlo pensar un momento antes de responderle.

Una chica tan bella y tan inteligente definitivamente era peligrosa. Sonrió… peligrosa.

Llegó las dos de la tarde y Kikyo esperaba ansiosa en la oficina la llegada de Inuyasha.

—No vayas a demorarte mucho Kikyo, te necesito aquí exactamente a las tres.

—Claro que sí, señora Kaede.

Kaede se acercó y tomó su hombro sonriendo.

—Suerte.

—Gracias.

Si, Kikyo estaba muy nerviosa y a la vez muy contenta, siempre había estado interesada en Inuyasha, tendrían la misma edad y él era muy guapo. E inteligente.

Era enigmático, curioso y con algún desorden mental sobre tener todo ordenado o en su sitio, nada que ella no pudiera manejar. Quería conocerlo y dejar atrás el trato formal que siempre tenían, solo quería acabar con esa brecha y empezar como amigos de verdad, y quien sabe, hasta tal vez más que amigos.

Sonrió, si, a eso ella quería llegar con tiempo y paciencia.

Cuando finalmente Inuyasha y ella se vieron no esperaron más tiempo y se dirigieron a un restaurant no muy alejado de la academia.

Cada uno tenía una palabra definir esta "cita".

Inuyasha como "desastroso"

Kikyo como "maravilloso"

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Review?

Editado: 14/04/2019