DIEZ CLASES

Solo fueron necesarias diez clases para enamorarme de ti, quizás fueron tus quejas continuas, quizás tu rostro sabio de adolescente o tu vivaz vida amical que impulso a que este corazón de hombre te dedicara palabras de amor.

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El reloj de su muñeca empezó a titilar e Inuyasha rápidamente lo apago, esta vez andaba levantado muy temprano, es más, ya estaba a tan solo unas cuadras de la academia donde enseñaba, comenzaba otra semana más. Lunes.

Y por ende, los primeros rostros que vería serian los de Anual 02.

Si no mal recordaba, había dejado una tarea especial, averiguar sobre el siglo de oro, que sería la clase de hoy, tenían que averiguar algo, pero que era, no lo podía recordar en estos momentos.

Con sus pensamientos en tal actividad, actuó mecánicamente hasta llegar a la academia, saludar sin pensar a quien se le cruzara y llegar a la oficina de la dirección donde Kaede trabajaba amenamente en la computadora. Kikyo brillaba por su ausencia.

- Profesor Inuyasha, buenos días.

- Buenos días, señora Kaede.

Cuando firmo la asistencia, se dio con la sorpresa de encontrar a su colega de literatura, otro profesor que impartía la misma materia que él. Se llamaba Miroku Houshi, él era un poco más hiperactivo y algo obvio.

Cuando se acerco a saludarlo, él volteo con una gran y contagiante sonrisa. No es como que siempre fuera sonriente, era alegre pero de una manera moderada, esta vez se veía bastante contento. Miroku oscilaba entre los treinta años.

- ¡Inuyasha!

- Miro… - empezó Inuyasha cuando Miroku lo interrumpió como de costumbre.

- ¡Que sorpresa!

- Es lo que yo di…

- ¿Qué es de ti? Cuéntame.

- Pues…

- ¡Pero mira que tarde! Es hora de que me vaya, nos vemos en el receso y hablamos.

- Ah…

- Nos vemos luego.

Si, como era costumbre, mientras más feliz estaba Miroku, mas cosas que tenía que contarle a Inuyasha, por ende, mas horas aburridas oyendo como una nena las tonterías que le pasaban de vez en cuando a Miroku. Normalmente aventuras con mujeres de cuerpo escultural y porte erguido.

Sin mucho interés realmente, camino hasta el salón donde aprendía su, probablemente, alumna preferida. Se detuvo en la puerta unos segundos antes de ingresar, casi como dándose ánimos a sí mismo. Atrás de él los alumnos sonreían inquietamente y le gritaban los buenos días.

Él solo atino a suspirar largamente y abrir la puerta. El salón estaba equipado favorablemente como siempre, el aula era de un blanco puro y de techo alto. Las sillas individuales eran bastante curiosas, y los ventiladores de las esquinas empezaban a asustar a algunos estudiantes por el humo que despedían.

Inuyasha solo tomo la tiza blanca y escribió en la pizarra como era costumbre, resistió la tentación de voltear su rostro para buscar a aquella azabache tan recordada por él. Maldita sea, no había podido quitarla de su cabeza toda la semana, el día anterior junto a sus padre había sido especialmente fastidiosa debido a que sus padres insistían que les trajera alguna novia. Lo que sea pero que fuera chica.

- ¿Profesor?

…y sus padres cuando querían algo realmente iban a atosigarlo hasta que lo hiciera. Inuyasha detuvo su apresurado escribir para voltear a ver al dueño de aquella gruesa voz.

Era un varón de anchos hombros, el profesor pestañeo al reconocerlo. Era Kouga Ookami, era un alumno muy reconocido en la academia pues ya llevaba varios ciclos en la academia e incluso trabajaba para esta.

- Una pregunta simple, es sobre Generación del 98 – el profesor chasqueo la lengua sin que Kouga se diera cuenta. Ese tema era su jodido punto débil. Sin mostrar alguna confusión o temor se acerco al alumno con cuidado de golpear a alguna persona en el transcurso en el que pasaban entre los asientos. Kouga estaba demasiado al fondo.

Fue entonces que se dio cuenta de que al lado izquierdo del muchacho estaba su alumna Kagome, que sonrió al chocar sus ojos con él. Inuyasha solo devolvió la sonrisa con gracia y dirigió su mirada al libro alternativo de Kouga.

- Es Rulfo.

- ¿Si?

- Si – por suerte para los dos, Inuyasha estaba seguro de su respuesta, el autor era uno de los conocidos por él.

- Te lo dije – pronuncio riendo Kagome e Inuyasha se deleito con su voz.

- Nena, estaba seguro de que no era él. Realmente sabes ¿eh?

- Claro, no es por nada, pero literatura no es materia difícil, si lees la mayoría de los libros, es imposible que lo olvides – ella, con su dedo índice indico su frente – se queda aquí almacenado.

- Lo dices como si realmente lo hubieras echo.

- ¿Y quien dice que no?

Inuyasha rio sinceramente e interrumpió la conversación.

- ¿Realmente has leído la mayoría de los ejemplares?

- Claro, no niego el hecho de que sea una come libros – ella golpeo su pecho con orgullo.

Kouga negó sonriendo y siguió claveteando su libro de literatura. Inuyasha estaba algo sorprendido al saber que este joven tenía un libro aparte, de su materia, del libro que entregaban en la academia.

El profesor regreso al frente y continuo escribiendo hasta llenar de pizarra de manera extrema. Los alumnos detrás de él solo fotografiaban la pizarra o algunos como Kouga o Kagome copiaban la pizarra en sus cuadernos. Este por supuesto no era el caso de la pelirroja de coletas que increíblemente, mascaba un chicle como la última vez que la vio. Parecía tan seria y aburrida de la vida que era imposible que prácticamente todos la conocieran.

Ella era nueva, no entendía como todos parecían saber su nombre. Ayame.

También había otra muchacha que escribía en su cuaderno desesperada, la amiga castaña de Kagome, Sango. Los nombres de ambas amigas de Kagome eran dichos frecuentemente en el salón, incluso de la misma Kagome, su nombre flotaba en el aire constantemente.

Por el rabillo del ojo confirmo que junto a ellos estaban las notas del anterior simulacro que la academia había hecho. Las notas no eran muy altas, con un máximo de dos mil puntos, la máxima nota rozaba los mil setecientos. El resto ni rozaban estas primeras cinco notas. El resto no llegaba ni a mil.

Casi le da un soponcio al notar que la primera de la lista era Ayame con una nota de mil setecientos ochenta y cuatro. La segunda era alguien que no conocía y la tercera era Kagome. Inevitablemente se le inflo el pecho de orgullo al ver que su alumna no estaba baja en ninguna materia, para sacar tal nota debía equiparar cada curso y estudiar como correspondía, matemáticas, ciencias y letras.

Inuyasha negó la cabeza y siguió leyendo, esta vez sin disimular. El cuarto en la lista era Kouga y la quinta era Sango. La sexta y la séptima tenían alrededor de mil quinientos y del octavo para abajo eran notas menores de mil.

Estuvo tentado de preguntar quien había sido el idiota capaz de sacar una nota negativa al final de la lista. Pero se contuvo y se limito a aplaudir para atraer la atención de sus alumnos.

Ellos levantaron la mirada.

Inuyasha empezó su clase.

Siglo de oro, era uno de esos temas donde tenía ligeras ideas sueltas o dudas. No era necesariamente su fuerte, como lo era clasicismo griego y figuras literarias. Hasta incluso romanticismo, realismo y vanguardismo.

Como era normal, su voz se movió mecánicamente, tratando inútilmente de atraer la atención de todos sus alumnos. Siempre estaba el grupo de al fondo que no entendía razones, ya les había llamado la atención dos veces, y aunque se merecían justamente una tercera, evitaba hacerlo porque sabía que luego tendría que retirarlos del salón y eso le desagradaba. No era de esos profesores que echaban a sus alumnos desatentos fuera de clase.

No era lo suyo específicamente.

Al completar la clase totalmente, como ya era costumbre Kagome se le acerco para hacerle algunas preguntas. Pero esta vez no venia sola, estaba con Kouga que ciertamente se veía muy interesado en la materia. Inflo el pecho, ellos eran buenos estudiantes. Se merecían toda su atención.

Atendió cualquier duda que tuvieran. Hasta que la conversación salió totalmente de contexto.

- Profesor, ¿es verdad que salió con Kikyo? Ella me lo comento esta mañana – sonio pícaramente Kouga mientras Kagome daba unas risitas al oírlo.

Inuyasha se dio cuenta de que iba todo, no se quedo atrás. Podría ser un maestro tímido pero en cuanto a su vida personal se trataba era alguien completamente distinto. Arrogante.

- ¡Khe! Ni que fuera para tanto, solo almorzamos juntos.

- ¿Cuántos años tiene, profesor? – pregunto Kagome tímidamente.

- Veinticinco.

Ambos abrieron los ojos como platos. Ninguno de los dos imagino que su profesor sería tan joven. Kouga boqueo… Pero si, Inuyasha era mayor que él por un año.

- Ah, pues… eso sí que me ha tomado por sorpresa – dijo Kouga.

Kagome aun no lo asimilaba, él era cuatro años mayor que ella, casi no podía creerlo, alguien casi de su generación estaba enseñándole. Como su maestro, en una academia… En fin, alguien cuatro años mayor que ella, tenía un trabajo estable y un sueldo fijo como maestro… Y ella estaba donde estaba. Gimió, tenía que esforzarse más.

- Muchachos, con su permiso, tengo que retirarme ahora. Acabo de recordar que quede con Miroku.

- ¿Ah, el profesor Miroku ha venido? Mándele mis saludos por favor – menciono Kagome con una gran sonrisa.

Inuyasha puso su sonrisa de galán y asintió. Antes de salir le guiño un ojo a Kagome mientras esta reía y regresaba con Kouga a sus asientos. Kouga la codeaba e Inuyasha no podía sentirse más realizado.

Miroku estaba en la sala de profesores con una sonrisa de oreja a oreja.

El pelinegro tenía un estilo muy juvenil para venir a trabajar. En vez de un maletín, llevaba una mochila como cualquier otro joven. Mientras que Inuyasha siempre se lo tomaba en serio, no venía en terno pero trataba de vestir formalmente, con su maletín colgado del hombro.

- ¡Inuyasha! Justo ahora me toca con Anual 02. Ven, acércate. Te lo contare. Hace unos días conocí a una chica preciosa, escultural pero con apariencia un poco tonta. Pensé que sería un polvo de una noche pero ella no me lo acepto cuando se lo propuse, he estado insistiéndole estos últimos días pero ella dice que no busca una relación. Seguro que la conoces. Acabo de enterarme de que Sango del Anual 02, donde enseñas la primera hora.

- Si la conozco.

- Preciosa ¿verdad? La idea es que la invite a cenar y acepto. Apuesto a que esta vez sí que me acepta.

- No te parece que te estás tomando muchas molestias por esta chica, casi parece que estuvieras rogándole.

Miroku pestañeo confundido.

- ¡Para nada, amigo! Es que… es tan ardiente. Seguramente después de pasar esta noche con ella, se me pasara. ¡Como si no la hubieras visto!

Inuyasha tenía que aceptar que Sango era ardiente pero Kagome… ella era un horno.

- Mmm, esa mirada – pronuncio Miroku con cautela, sonriendo pícaro – No me digas ¿estas interesado en alguien?

- Yo no…

- Oí que saliste con Kikyo.

Inuyasha suspiro, ese almuerzo había sido desastroso, ¿por qué todos insistían en recordárselo? Simplemente habían comido junto y ya. Tampoco era algo del otro mundo.

- Solamente déjalo ahí.

Miroku frunció el ceño al ver a Inuyasha dudar.

- ¿Esa cita fue mala?

Inuyasha frunció el ceño al escucharlo… ¿Mala? Oh no, mala no es exactamente la palabra.

- Yo diría que fue… más que mala – respondió el peliblanco mientras Miroku sonreía nerviosamente.

- De acuerdo, no lo volveré a mencionar.

- Gracias.

Inuyasha se despidió y siguió dictando las clases restantes, al regresar a su hogar volvió a pensar en Kagome, y a la vez en esa terrible cita. Imagino como hubiera sido si en vez de Kikyo, hubiera tenido ese almuerzo con Kagome.

Sonrió, obviamente hubiera sido perfecta.