DIEZ CLASES

Solo fueron necesarias diez clases para enamorarme de ti, quizás fueron tus quejas continuas, quizás tu rostro sabio de adolescente o tu vivaz vida amical que impulso a que este corazón de hombre te dedicara palabras de amor.

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OMAKE – CITA CON KIKYO

Inuyasha y Kikyo se instalaron en la mesa más alejada del restaurante, ciertamente Inuyasha no conocía muy bien a la chica pero ella en si era preciosa, con una boquita de cereza y actitud alegre aunque tímida. Se veía misteriosa, eso le agradaba. Aunque, no mentiría al decir, que siempre las preferiría…

…Inteligentes.

- Buenas tardes, ¿Qué desean ordenar? – inquirió la mesera con una sonrisa profesional después de ofrecerles la carta.

Ambos pidieron un menú ligero y cómodo para sus bolsillos. Ninguno estaba en condiciones de costearse el plato más caro del restaurante.

- Profesor… quiero decir, ¿puedo llamarte por tu nombre de pila?

- Claro… Kikyo – sonrió él coquetamente. No es que fuera un mojigato, había tenido novias antes, sabia como agradarle a las mujeres. Kikyo por su parte, se coloreo ligeramente antes de sonreír tontamente.

- Inuyasha… - suspiro antes de hablar – Cuéntame de ti.

- ¿Qué quieres que te diga? Mi vida universitaria ya debió llegar a tus oídos gracias a Miroku – respondió él con una sonrisa sincera. Ella volvió a colorearse, esta vez por la vergüenza, pues él no estaba tan alejado de la verdad.

- Cuéntame anécdotas de tu vida secundaria, seguro que tienes muchas.

- En realidad no. Era un chico corriente, no era un nerd, pero tampoco era de los que se sentaban al fondo y se saltaban las clases. Aunque no te voy a negar que una vez estuve tentado a hacerlo.

- ¿Cómo así?

- Había una chica que me gustaba mucho en ese entonces, pero ella era parte del grupo de los del fondo, era divertida, extrovertida y sobresaliente… aunque no necesariamente por sus notas. Si sabes a lo que me refiero – Inuyasha sonrió socarronamente alzando las cejas.

Kikyo inclino la cabeza ingenua.

- Como sea, ella una vez me invito a ir a beber con ella y sus amigos en el tejado de la escuela, nos saltearíamos todas las clases para fumar y beber.

- ¿Lo hiciste?

- ¿Tu qué crees?

- Que no lo harías, por supuesto – dijo ella con una seguridad sorprendente, Inuyasha dudo y sonrió. No iba a contradecirla.

- Claro que no fui.

Eso era una terrible mentira. Claro que había ido a beber y a fumar, se salto todas las clases e increíblemente, en medio de su embriaguez le pidió a la chica tener relaciones y ella acepto gustosa. Terminaron haciéndolo en el almacén del consejero.

No habían sido novios. Inuyasha trago saliva. Aunque no iba a negar que fue un increíble polvo. Mujeres, no eran tan difíciles de entender, solo tenias que convencerlas de que las comprendías, y no contradecirlas. Justo como hacía en ese momento.

- Lo sabia – sonrió ella. Vaya que si lo sabia la chica.

- Disculpen la tardanza, aquí están sus platos. ¿Desean alguna bebida?

- Dos te helados por favor – pidió Kikyo con una sonrisa para luego mirarlo a él interrogativa - ¿Te helado está bien?

Él asintió un poco incomodo. Eso de decidir por él no le había gustado pero lo dejaría pasar. Era un desliz como cualquier otro.

- Inuyasha ¿tienes enamorada?

- No – explico él con cautela al ver como ella parecía muy interesada en su respuesta – A decir verdad, tampoco estoy buscando una actualmente.

- Bueno… - dijo ella tranquilamente, para luego tomar su tenedor y empezar a picar su almuerzo – uno no manda en su corazón ¿sabes?

Los ojos de Kikyo brillaron e Inuyasha tuvo un extraño escalofrió en la columna. No podía ser que esta mujer se enamorara de él ¿cierto? Era imposible, ella no lo conocía de nada, como de pronto estaría enamorada así como así. Tal vez solo le atraía, sí, eso debía ser.

- Eh, que… ¿Qué estás haciendo actualmente Kikyo? Me refiero, aparte de trabajar en la academia. ¿Estas estudiando?

Ella negó tranquilamente con la cabeza.

- Estoy dedicada a trabajar en esa academia casi a tiempo completo, no estudio actualmente.

- ¿Pero está en tus planes?

- No, solo quiero trabajar tal cual estoy educada y crecer hasta el tope.

Conformista.

Otra cosa que no le gustaba en las mujeres, siempre le gustaron las mujeres con ambición, con un plan detallado de lo que haría en el futuro. Ese tipo de chicas, las conformistas, era de las que evitaba juntarse. Pero bueno… Inuyasha sonrió, un polvo no le haría daño.

Hasta que Inuyasha empezó a bromear se dio cuenta de que no concordaba en casi nada con Kikyo, la mujer no tenía sentido del humor para nada. O era estúpida o de verdad era demasiado ingenua. Inocente, él no lo sabía.

Cuando Inuyasha le hacia una broma, ella no le contestaba, simplemente reía como idiota enamorada o hasta incluso algunas veces se enojaba. Él siempre tenía que decirle que era ¡una simple broma!

Inuyasha se despeino al terminar de almorzar. Maldita sea, pensó. La mujer no servía ni para una decente alocada noche de pasión. ¿Qué clase de tortura era esta? Encima, ella no acababa de almorzar y ahora que había agarrado confianza, estaba desbordando chismes que al, francamente no le interesaban un reverendo comino.

Cuando ella acabo, suspiro de alivio.

- Kikyo es hora de irme, tengo que trabajar en la otra academia.

- Oww, lo entiendo. Nos vemos mañana, Inuyasha – se despidió Kikyo, acompañándose ambos hasta la puerta del restaurante. Con un gesto de manos, ambos tomaron caminos distintos.

Cada uno tenía una palabra definir esta "cita".

Inuyasha como "desastroso"

Kikyo como "maravilloso"

Fin Omake – Cita con Kikyo