Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Mizuki y Yumiko Igarashi
El Amo y La Elegida
Song Fic Apareces Tú
By Rossy Castaneda
Capítulo Dos
Candy se desperezó, y al percatarse lo tarde que era, tomó una ducha ligera, se vistió rápidamente, salió de su departamento y tomó su auto se dirigió a su lugar de trabajo.
Mientras estacionaba su auto, su celular sonó, era un mensaje de Karen:
—Tenemos chico nuevo, Candy
Candy enarco una ceja extrañada ..—¿Quien podría ser?
—Menudo trasero, Candy.
Candy sonrió ante las ocurrencias de Karen
—Ya llegó, estoy estacionando el auto.
Cuando por fin llegó, Fabiola, la recepcionista, la saludó y le anuncio que la esperaban en la oficina de presidencia, —Llamó suavemente a la puerta y abrió sin esperar confirmación. —Sandra hablaba con un hombre, ambos miraban por la ventana.
Karen se había quedado corta con la descripción del chico, este tenía un trasero imponente, de esos que te obligan a girarte para volver a verlo.
El chico iba vestido de forma impecable; sus manos, en los bolsillos del pantalón, hacían que éste se pegase más a sus redondeados glúteos.
Candy se mordió involuntariamente el labio inferior. —Si ese hombre tenía el resto del cuerpo como el trasero, iba a ser toda una tentación en la oficina, ya que la mayor parte del personal, eran mujeres.
Seguro que este bizcocho se lo comerá primero Fabiola..pensó mientras sonreía.
—Buenos días Sandra, saludó la rubia.—me dijeron que querías verme.
—Buenos días, Candy, respondió Sandra sonriendo..—si quería verte, te presento a Terruce Grantchester, se quedará con nosotros por un tiempo.
—Candy…—encantada de conocerte —se presentó ella mientras le tendía la mano.
Al hacerlo, no pudo evitar mirarlo a los ojos. —Eran de un azul zafiro, y le trajeron recuerdos de la noche anterior.
Sonrió tratando de apartar la alocada idea de que se trataba del mismo hombre. Sólo era una coincidencia sin importancia, muchos hombres tenían los ojos azules, y era algo más frecuente aún entre los que venían de países Europeos. —Pero…—su musculatura, su altura..., ¿eran similares?
No podía estar segura, su visión era muy limitada a causa del antifaz. —Además, él no le dio señal de reconocimiento.
Fuese o no él, las rodillas le temblaron. —Terry se acercó a ella y sostuvo sus manos entre las suyas. —Su paso decidido, su mirada seductora y profunda le recordaron a Candy a un tigre preparado para la caza.
Terry se llevó su mano hasta sus labios y dejó un beso sobre los nudillos.
Candy lo observó detenidamente, sus ojos azules, su piel bronceada su cabello castaño, notó su cuerpo marcado seguramente por las horas dedicadas en el gimnasio pero, fuera como fuese, el traje le sentaba tan bien que lo único que le apetecía era arrancárselo a mordidas.
—El placer es mío —susurró él con un acento Ingles..Y, llámame Terry.
Terry no podía estar seguro, pero tenía la impresión de que ésa era la misma chica virgen que lloró frente a él, y que dos semanas después regresó y se entregó a él; él se sintió tan atraído por ella que no dejaba de pensar en ella, eran muy parecidas, delgadas pero con formas, con el cabello largo rizado y de un tono rubio, ojos verdes, pero aunque le pusiera el antifaz, seguiría sin poder estar seguro.
De todas maneras, se alegraba de que ella fuera La Elegida para pasar el tiempo que tenía que permanecer obligatoriamente en la empresa que era de él y su amigo Albert Ardley.
Se deleitó en su esbelta figura, curvas y rostro perfecto, sus ojos verdes, sus labios rosados...Finalmente, apartó la mirada. —Tenía que ser profesional, pero ella se lo ponía difícil.
Le recordaba demasiado a esa deliciosa mujer que lo dominaba cada noche y a la que no podía quitarse de la cabeza, hasta el punto que rompió su regla de "sólo una vez, sólo una noche, sin repeticiones" —con ella.
Terry acarició la idea de que ambas eran la misma mujer, se reprendió en silencio por dejarse llevar en el trabajo, los pantalones le apretaban justo donde su erección crecía y palpitaba.
Tuvo que calmarse, aunque lo que de verdad le apetecía en ese momento era tomar a Candy, llevarla al baño y poseerla, para comprobar si con ella sentía lo mismo que con la chica del antifaz, que había logrado despertar algo en él además de llenarlo y vaciarlo a la vez. —Deseaba saber si Candy sería capaz de dejarlo tembloroso y con ganas de más.
Sandra comenzó a informarles que ambos tendrían que trabajar juntos, ya que ella había sido asignada a Washington D.C y que mientras duraba el proceso de elección del nuevo editor, Terry llevaría las riendas de la revista.
Candy no se imaginaba estar trabajando cerca de ese hombre tan apuesto, aquello iba ser una tortura China.
Un extraña sensación le invadió, —su cerebro le decía que él y El Amo eran la misma persona, solo había una manera de saberlo y eso implicaba llevarlo al baño, quitarle la camisa y ver sus brazos.
Se reprendió ante aquel pensamiento, en caso de que Terry y El Amo fueran la misma persona lo menos que quería era que pensara que lo desnudaba porque quería el ascenso, cuando en realidad ella podia obtenerlo con tan solo hacer una llamada.
Levantó la mirada para encontrarse con los ojos azules de Terry los cuales parecían haber cambiado a un tono de azul más oscuro, como si encerraran una tormenta a punto de estallar.
Terry se disculpó, se vio obligado a responder una llamada telefónica de su socio y amigo, se apartó de ellas aunque en realidad lo que quería era apartarse de Candy que no dejaba de recordarle a la chica rubia del antifaz, por la que estaba pensando romper la regla de la confiabilidad y conocer todos sus datos personales.
Sandra se acerco a Candy... —Terruce es..., bueno, ten cuidado. No sé si te has dado cuenta de lo atractivo que es. —Mantente alejada, puede absorberte el cerebro. —Tiene un carisma natural que te atrapa sin que te des cuenta.
Candy observó a Sandra era alta y su figura era similar a la de ella. —Se preguntó por un instante si ella conocería el club nocturno, si habría pagado para obtener placer en los brazos de El Amo, y también se preguntó si habría estado involucrada con Terry. —Parecía conocerlo muy bien, como si supiera algo que no debía decir.
—Sí, supongo que ya habrá captado la atención de Fabiola —bromeó.
—¿Estás celosa? —Sandra rió.
—No, por supuesto que no — Respondió ella, siendo consciente de que mentía.
Luego de despedirse de Sandra, la joven rubia se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia su oficina, —las manos de Terry la detuvieron a mitad del pasillo, tomándola por la cintura, de la misma manera como El Amo lo había hecho la primera noche, todo el cuerpo de Candy se congeló ante aquel toque, ¿seria eso posible?
Expectante y ruborizada por los pensamientos que rondaban su cabeza, —agachó la mirada para no tener que enfrentar la de él.
—Acompáñeme, Candy.
—Por supuesto —respondió ella.
Terry no entendía por qué ella se quedaba atrás. —En otras circunstancias, le habría agradado esa muestra de sumisión, pero no en el trabajo. —Allí eran iguales.
Terry se detuvo y la esperó, Candy comprendió que la quería a su lado y se dio prisa, al llegar junto a él, Terry pasó de nuevo la mano por su cintura, aunque esta vez no fue sólo un roce, sino que no parecía tener la intención de soltarla.
—Quiero que me enseñes las oficinas.
—Lo haría encantada, señor Grantchester, pero tengo una reunión dentro ...
—Eso puede esperar, yo no...—y puedes llamarme Terry—la interrumpió él.
—Como ordene, señor —respondió ella agradándose ante la voz autoritaria de él.
Terry era consiente que tenia a Candy atrapada en su red de tela araña y él sabía aprovechar todas las oportunidades que se le presentaban para lanzarse sobre su presa.
Se imaginó el juego entre ambos. ¿Caería? ¿Se sacrificaría una sola noche por el trabajo o su ética la empujaría a rebelarse a costa de su sueño? No lo sabía, no la conocía, pero de repente el fastidioso trabajo que tenía que realizar y que tan poco le gustaba se había convertido inesperadamente en algo atractivo, e incluso podía llegar a ser algo muy placentero...
Lo que Terry no sabía, era que la chica junto a él era nada menos que la hija adoptiva de su amigo y socio William Albert Ardley.
Candy hizo un pequeño recorrido por toda la empresa hasta llegara a la habitación de conferencias; un roce contra su cadera, cuando se detuvo, le dejó claro que el miembro de él estaba listo por si quería usarlo.
Candy decidió poner fin a aquella caminata tortuosa, y decidió que era hora de alejarse de las atenciones de Terry, —estaba segura de que el Ingles no podría apartar los ojos de aquella mujer de cabellera larga rizada color azabache, con unos increíbles ojos miel, labios llenos, figura escultural..., y estaba segura también de que a Fabiola, el Inglés no le sería indiferente. —En realidad, ¿a qué mujer no le llamaría la atención un hombre apuesto, alto y fuerte?
Como lo había imaginado, Fabiola cambió su mirada amable por una de perversa satisfacción, llena de promesas de placer ocultas, en cuanto vio a Terry.
Candy los presentó pero, para su decepción absoluta, el Inglés sólo le prestó a la chica, la atención justa que merecía por cortesía..—Terry se alejó de la puerta, dejando a Fabiola y Candy decepcionadas.
—Buen intento, Candy...—ella no es mi tipo, pero tu si —le dijo sonriendo mientras se alejaba.
Candy regresó a su oficina y se encontró con la mirada aniquiladora de Karen
—¿Porque me ves así, Karen?
—¿Y como te estoy viendo? — preguntó la castaña.
—Como si fuese la responsable del fin del mundo...
—No me pasa nada, sólo que le has presentado a Fabiola al chico nuevo de trasero imponente y no has sido capaz de presentármelo a mí para echarme un buen taco de ojo.
Candy sonrió, ahora que Annie y Patty estaban fuera negociando el cierre de un contrato, Karen era su única compañía.
—A ver, esto no puede salir de aquí, será algo entre tú y yo.
—Está bien, soy una tumba —susurró Karen, abandonando su enfado para dejar sitio a la curiosidad que Candy había despertado en ella.
Candy comenzó a relatarle que Sandra se iba..
—Oh Por Dios! —Chilló Karen
—Espera, Karen aún hay mas.
—No me digas que el chico de trasero imponente sera tu esclavo sexual —rió
Candy se carcajeó..—Karen que cosas dices...—No, no es eso..
—Oh... Pero serviría , no me digas que no. —Está para agarrarlo y agitarlo hasta dejarle la leche a punto de nieve.
—¡No seas ordinaria!
—Es la verdad, Candy, cuando lo vi esta mañana, mis bragas se mojaron tanto que todavía siguen húmedas...
—Reconozco que es un hombre muy atractivo pero no, él se quedará a cargo de todo por un tiempo.
Candy le explico a Karen que Terry estaría evaluando el desempeño laboral de todos y que posiblemente algunos serian transferido a otro lugar y otros tal vez despedidos, pero que por el momento debían esperar.
—Si tienen que echar a alguien, que echen a Fabiola.
—No seas mala.
—Ella es la que más fácil lo tendrá a la hora de encontrar otro trabajo, el resto, tenemos que demostrarlo más.
—Pues si te digo la verdad —dijo Candy bajando más la voz—, él no le hizo caso...
—¿No le hizo caso? ¿Ese tipo es ciego o...?
—No, ...es sólo que me gusta otro tipo de mujer. —La voz detrás de ellas, les cortó el aire.
Karen se puso pálida y Candy estaba sonrojada hasta la médula.
—Karen, ¿verdad? Ella asintió..Terry hizo un resumen de su historial de vida a lo que Karen se quedó boquiabierta..—No te preocupes, de momento no estás en la lista de posibles despedidos.
—Gracias —susurró sonrojada
—Y ahora, si no te importa, necesito hablar con Candy un momento a solas...
—Sí claro, señor.
—¿Señor? Puedes llamarme Terry, hay confianza, ya me has... ¿agitado?
Terry reía sin parar al ver a las dos mujeres sonrojadas.
—Lo siento —empezó a disculparse Candy—, Karen es muy buena chica, aunque a veces, un poco mal hablada.
—No te disculpes, no me ofende lo que ha dicho, sé que las mujeres me encuentran... ¿atractivo? —sonrió, usando la palabra que ella misma había utilizado.
—Terry, el que crea que eres atractivo no significa que desee agitarte —respondió Candy sonriendo en un esfuerzo de hacer mas liviana la tension entre ambos.
—Es una pena, Candy, porque me muero de ganas de saber qué es eso de "agitar mi leche hasta el punto de nieve" —dijo él tan cerca que su aliento la mareó.
Candy juró que iba a matar a Karen por esa frase.
Los días siguientes Candy se la pasó evitando a Terry el mayor tiempo posible, él era tan descarado y atrevido en sus insinuaciones que la aturdía, y por las noches acudía a su cita con El Amo.
Terry la provocaba casi todo el tiempo, quería descubrir si Candy y aquella chica a la que no podia sacar de sus pensamientos y a la que veía cada noche, eran la misma persona, estaba intentando llevarla al límite, pero Candy no caía en sus provocaciones.
Una semana después...
—Necesitó hablar contigo en mi oficina.
—Esta bien..
Él sonrió al oír su conformismo. —Estaba completamente seguro de que lo que Candy deseaba en realidad era mandarlo a la mierda o más allá, pero era tan educada para aceptarlo abiertamente...
Cuando estuvieron en el despacho, Terry sin previo aviso, se apoderó de sus labios, la chica rubia luchó, pero poco a poco fue rindiéndose al sentir similitud entre ese beso y los besos de El Amo, de pronto comenzó a sollozar y Terry se apartó de ella en cuanto la escuchó.
—¿Estas bien? ¿Te hice daño?
—No puedo hacer esto, tengo dueño ..dijo y salió del despacho limpiándose las lágrimas.
Terry se quedó frio con aquellas palabras y observó cómo ella abandonaba el despacho, no podía creer que no se le hubiese pasado por la cabeza que tal vez ella ya tuviese compañero.
De repente se despertó en su cuerpo un deseo feroz de hacerla suya y un sentimiento poderoso, parecido a los celos, por el desconocido que tenía la suerte de disfrutar de Candy, de su cuerpo y, tal vez también, de poseer su alma; él la necesitaba, junto a ella, parecía que estaba en paz y su mente dejaba de torturarlo con el cuerpo de aquella mujer misteriosa que se ocultaba bajo un antifaz.
A manera de disculpa, Terry invitó a Candy a almorzar, la llevó a un pequeño restaurante lo suficientemente cerca del trabajo como para llegar a pie y lo bastante lejos como para no encontrarse con alguien de la oficina. —No le apetecía que los interrumpiesen. —Aunque lo normal en su vida era no intimar con ninguna mujer, pero Candy había liberado su corazón sin darse cuenta.
—¿Por qué quieres el puesto? —preguntó él rompiendo el silencio...—Serán más horas las que deberás dedicar, no tendrás tiempo para muchas otras cosas..., como la familia—explicó esperando que se relajase y le contase más sobre ella.
—Lo sé, lo sé... pero siento que, si no lo logro, habré fracasado. —Supongo que es algo que alguien como tú no puede entender.
—¿Alguien como yo?
—No te ofendas, Terry, quiero decir..., ¡mírate! Atractivo, de buena familia, una carrera en una Universidad extranjera prestigiosa, hablas tres idiomas, éxito profesional... Imagino que no has tenido una vida difícil...
—En algunas cosas has acertado, en otras, no... Lo que me gustaría saber es por qué tu vida no ha sido fácil. —He leído tu expediente: notas excelentes desde el colegio, un máster, tres idiomas... ¿Por qué esa necesidad de trabajar tanto y tan duro?
—A veces es el mejor refugio para olvidarse de los problemas —respondió ella.
—Lo que no he conseguido encontrar ha sido nada sobre tu familia.
Ella se encogió de hombros, desde que había comenzado a laborar en la empresa, optó por usar solamente Candice White, para que no hicieran diferencia por ser quien era..
Terry estaba ahora más interesado ¿qué le habría sucedido para apartarse de su familia? Miró su tristeza y supo que no le gustaba verla así.
—Hace mucho tiempo que no sé nada de mi familia, renuncié a ellos...confesó Terry, dando un sorbo a su copa con vino.
—Lo siento —murmuró ella despacio.
—Yo no —respondió él, viendo como ella movía la copa con vino..—Vas a calentar el vino, si lo mueves de esa forma
—Entonces dejaré de hacerlo.
—Sea quien sea, es un tipo con suerte. Dijo él mirándola fijamente.
—¿Quién? —preguntó ella desubicada.
—Tu dueño —respondió él, usando la misma expresión que ella misma había utilizado.
—No creo que él lo vea igual. —Nuestra relación, más que amorosa, es... provechosa ambos obtenemos un beneficio.
Esa información sorprendió a Terry, ¿acaso ella le estaba dejando una puerta abierta? ¿Deseaba amor? Si eso era lo que insinuaba, entonces debía rendirse, eso era lo único que él no podía darle, amor. —Sexo, dinero, placer, joyas todo lo material que desease, sí, pero no podía dar amor, lo había gastado todo con...
—Si quieres amor, yo tampoco podría dártelo —le dijo.
—¿Cómo se llamaba? —preguntó Candy
—No es importante . —Ahora está casada con mi hermano.
Candy se quedó de piedra, sin saber qué decir..
—Entiendo por qué no quieres saber nada de ellos —señaló Candy—, debió ser duro.
—Ya no importa.
—Pero lo hizo. —Aún te afecta, eso significa que era más que una mujer cualquiera.
—Iba a pedirle matrimonio, pero decidió que con mi hermano llevaría una vida más lujosa cuando le dije que había renunciado a todo por ella.
—Si ella era así, lo que sucedió fue lo mejor que podría haberte pasado.
Terry sonrió, triste ante los recuerdos que, sin saber por qué, habían decidido salir frente a ella.
—Eres la segunda persona que sabe esto —confesó.
Candy se sintió en deuda. —Él le había contado algo importante de su vida, un secreto oculto.
—Soy huérfana y fui adoptada por una familia que me trató como a una criada mas de la casa, luego me adoptó otra familia y antes de conocer a mi padre adoptivo, fui tratada con indiferencia por parte de la matriarca de la familia después de la muerte accidental de uno de los miembros de la familia, tras caerse de un caballo, me culparon de aquel accidente, años mas tarde quisieron obligarme para que me casara con un despreciable hombre y fue allí donde conocí a mi padre adoptivo.
—Él te salvó de aquel infierno.
—Si.
—Vaya al parecer en nuestro peor momento hemos sido salvados por un ángel —dijo él sonriendo.
Comieron en silencio hasta que el retomó la palabra, no se rendiría, Candy le gustaba y mucho.
—Se mía, sólo una noche. —Dame una sola noche. —Te deseo como nunca he deseado a otra mujer —repuso él, aunque, al decirlo, pensó en la chica del antifaz, la misma que vería esa noche y que le recordaba tanto a ella.
—No puedo, no por ahora. —No hasta que mi relación termine.
—Pues termínala —suplicó Terry.
—No puedo, me da demasiado y el tiempo que él me desee me tendrá.
—Siempre consigo todo lo que deseo —masculló Terry apartándose de ella molesto.
Durante el camino de regreso a la oficina, el silencio se apoderó de ellos. —Ninguno sabía qué más decir después de revelar al otro sus más íntimos secretos. —Una vez en la puerta de entrada, Terry la atrajo hacia sí y acercó la boca a su oído.
—No pierdo el tiempo en perseguir mujeres, ellas me persiguen a mí —Dijo alejándose, de ella sonriendo y cantando la canción: You Will be Mine de Lenka.
Durante el resto del día tanto Candy como Terry se evitaron, él estaba furioso, y no porque ella lo hubiese rechazado, sino porque, por primera vez en años, sentía la necesidad de la caza, ese anhelo de conquista que había perdido. —Hasta el momento disfrutaba con las mujeres, seduciéndolas en un juego en el que el vencedor era él, no se molestaba en pensar en ellas, en qué habría tras las máscaras, así que ninguna tenía la posibilidad de atrapar sus pensamientos. —Sin embargo, ahora, de repente y a pesar del cuidado puesto, había dos mujeres que no lo dejaban descansar; una por el día y otra por la noche.
—¡Maldición! —exclamó enfadado justo cuando Candy abría la puerta de su despacho.
—Lo siento, sólo quería decirte que me marcho.. —se justificó ella sorprendida.
Se había quedado petrificada, no sabía qué le pasaba, pero estaba enfadado. Se preguntaba si sería por lo que había sucedido entre ambos en el restaurante, o si tal vez era por temas profesionales.
—Sí, es tarde, yo también debo marcharme.
—Buenas noches, Terry —dijo ella.
—Buenas noches, Candy.
Candy se dirigió al ascensor todo lo calmada que pudo porque, en realidad, lo que deseaba era mandar al infierno los malditos zapatos de tacón y salir corriendo para ir directamente a los brazos de El Amo.
No quedaba nadie, ellos eran los últimos en dejar las oficinas, todo estaba en silencio, una quietud que se vio de pronto interrumpida por los pasos de él. —No tuvo que mirarlo para saber que era él.
Una sensación de ahogo aprisionó el pecho de la rubia y estrujó su estómago. De espaldas, sin poder verlo, tuvo la impresión de que era El Amo quien se acercaba. No tenía sentido, ni siquiera eran del mismo país, aun así, no podía deshacerse de esa sensación.
El ascensor llegó después de unos minutos que se le hicieron eternos y las puertas se abrieron. —Candy no quería mirar atrás, Terry había posado la mano en su cintura y ella entró guiada por esa mano que la acariciaba con sutileza.
Terry no podía contener la fuerza invisible que lo empujaba hacia ella, se acercó despacio y olfateó su larga melena dorada, dejándose embaucar por el aroma que desprendía mientras sus manos, desobedientes, se posaban en su cintura, sólo los dedos, un leve roce para después pasearse por la espalda, tersa bajo la blusa, hasta llegar al cuello, del que apartó algunos mechones.
Se deleitaba con su hermoso cuello, el corazón de Candy latía desbocado, y él podía ver el pulso a través de la fina y delicada piel. —Sin que ella opusiera resistencia, Terry se acercó más, tanto que su miembro endurecido por la necesidad hacia ella golpeó su cintura, arrancando así un leve gemido de sus labios, que hasta ahora permanecían en silencio.
Él no pudo evitar la sonrisa de medio lado que apareció en su rostro. —A pesar de todo lo que ella pretendía y lo que decía, ninguno podía negar que existía una extraña atracción entre ambos.
Enloquecido por la reacción de ella, Terry posó la boca en su cuello e, inesperadamente, agarró entre sus fuertes manos los pechos de Candy, que se alzaban por el mismo deseo que lo consumía a él.
Ella inclinó la cabeza hacia atrás dejándose llevar por el momento. Terry gruñó con satisfacción animal, con su boca todavía en su cuello, y no pudo evitar la sonrisa que torció su boca de nuevo, complacido.
—Quieras o no, voy a hacerte mía —susurró con la voz ronca por el deseo.
—Sí, Mi Amo —susurró ella sin percatarse, nublada por el deseo que la consumía.
Terry sonrió satisfecho; ella era suya, sólo que aún no lo sabía. —La alzó y la colocó contra la pared de cristal del ascensor, colándose entre sus piernas abiertas. —La falda estrecha crujió por el brusco movimiento, rasgándose.
Candy no se había dado cuenta de lo que había dicho en voz baja, pero él sí. —Ahora más que nunca, estaba en sus manos. —Él tenía razón: era la misma mujer que lo llenaba de esa forma extraña para, después, dejarlo vacío. —Se sentía bien, poderoso, era el dueño de las dos mujeres que ocupaban su mente.
Candy no podía dejar de jadear mientras derramaba sin control su humedad sobre los pantalones del hombre. ..—Estaba perdida...—O, tal vez, el que se había perdido era él.
La campanilla del ascensor los avisó de que habían llegado, devolviéndolos a la realidad. —Candy se sentía avergonzada, casi había dejado que él llegase todo lo lejos que quisiera, pero no podía. —Tenía que olvidarse de Terry, ella le pertenecía a El Amo.
Frustrada y furiosa consigo misma, salió del ascensor.
—¡Espera! —la llamó él.
—Lo siento, tengo prisa.
—¿Vas a verlo?
—No es asunto tuyo.
—Si no lo amas, ¿por qué estás con él?
—Ya te lo he dicho, le debo mucho y voy a cumplir lo acordado con él, así que, por favor, te ruego que te mantengas alejado de mí, déjame. —Búscate a otra con quien pasar el rato. —Fabiola es preciosa, y seguro que no le importa hacerte un hueco en su cama.
—Ni con ella, ni el resto de las mujeres de la oficina.
—Pues entonces, busca entre todas una que sea tu tipo.
—Mi tipo eres tú.
—Pero yo soy de otro, así que aléjate de mí.
—Candy... —volvió a susurrar él junto a su oído, abrumándola. —Se divertía con el juego. —Ahora sabía que él resultaría vencedor, hacia donde quisiera que la balanza se inclinase—. Eres mía. —Me perteneces, sólo que aún no te has dado cuenta.
Y con ese susurro que la estremeció, Terry se alejó de ella.
Continuará...
