Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Mizuki y Yumiko Igarashi
El Amo y La Elegida
Song Fic Apareces Tú
By Rossy Castaneda
Capítulo Tres
Más enfadada todavía por lo que sentía junto a Terry, Candy se dirigió hacia el estacionamiento para tomar su auto. —Se le había hecho muy tarde, apenas le quedaba tiempo para llegar puntual a la cita, así que había decidido ir directamente al club sin pasar antes por casa.
Cuando llegó, se dio cuenta de que era un sitio tan discreto que, si no conocías su existencia, pasaba desapercibido, —"Exclusivo" se podía leer en la puerta oscura a la que llamó.
El procedimiento fue el mismo que cada noche, con tan sólo una variante, ahora tenía una tarjeta con un chip en el que se guardaba toda la información. —La mujer sólo tuvo que pasarla y comprobar que todo estaba correcto, que su nombre aparecía en la lista exclusiva de la afortunada elegida.
Una vez aseada, vestida y con el antifaz puesto, fue guiada de nuevo a la sala de la pared de cristal, donde esperaría pacientemente que El Amo la eligiese. Sólo deseaba que a él le apeteciese tanto como a ella estar a solas, porque no estaba segura de poder soportar verlo regalando esas caricias que sentía como propias a otra.
De nuevo, la tensión la hizo desear dar un paso adelante. —Las otras mujeres esperaban al igual que ella, nerviosas. —Las demás, porque creían en su ignorancia que tenían una oportunidad de estar con El Amo, y ella, porque deseaba ser siempre La elegida. Quería ser su única elección.
No tenía fuerzas para compartirlo. —Esa noche, no podía... —Tan sólo lo necesitaba para ella.
Terry con su antifaz de El Amo, entró en la habitación dejando tras de sí un camino de jadeos y gemidos, de esperanza y necesidad. —Se acercó hasta ella, colocándose detrás para permitir que su endurecido miembro la rozase mientras olía su cuello.
Aquella mujer lo tenía tan enloquecido que no quería alargar más la espera, así que la agarró por la cintura y la obligó a seguirlo.
Una vez a salvo de miradas, en la habitación, Candy sólo podía pensar en arrancarse la máscara, quitársela a él y verlo. —Contemplarlo desnudo sin nada que ocultase su personalidad, pero no podía. —Era una de las condiciones del trato. —La identidad de ambos se mantendría secreta.
—Te he añorado durante todo el día, se me ha hecho eterno —susurró él una vez a salvo en la oscuridad de la habitación—. ¿Me has extrañado tú a mí?
—Sí, Amo. Mucho —jadeó Candy enloquecida.
¿Cómo era posible que sólo unas palabras la tuviesen tan excitada? Sin embargo, no eran sólo las palabras, había mucho más. —Había sido un día infernal junto a Terry, que de nuevo se cruzaba en su mente como si fueran uno solo..—Aunque eso era... imposible.
—Te he preparado una sorpresa —sonrió él.
Candy no podía decir nada. —El Amo la había tomado en brazos y la llevaba a la cama, donde la posó con cuidado.
—¿De qué...?
—Shhhh —la interrumpió—, se te ha olvidado que sólo puedes hablar para decirme que sí a todo.
—Sí, Amo —respondió entrando en el juego.
—Buena chica —murmuró mientras le soltaba el cabello.
Deseaba verla como en la oficina, su larga cabellera suelta moviéndose al ritmo de ella. Tomó una cuerda y la pasó alrededor de sus muñecas, uniéndolas. —Después ató el otro extremo a la cama.
—Hoy te he echado tanto de menos que no voy a dejar que te escapes. —Llevo todo el día ciego de celos pensando en si otro se habría atrevido a tocar lo que es mío y si tú se lo habrías permitido —ronroneó castigándola—. ¿Has sido una buena chica?
Candy dudó un instante. —En realidad no tenía ninguna obligación de hacerlo, sólo le había prometido ser suya durante treinta noches, nadie había hablado de los días.
—Dudas... ¿Hay algo que contar?
—Sí, Amo.
—Está bien, habla.
—Sólo me comprometí a darte las noches, los días no son de tu incumbencia.
Terry sonrió. —Le encantaba cuando ella se rebelaba y le gustaba cuando era sumisa. Le gustaba que se comportase de formas diferentes. —Y ella era inteligente. —Tenía razón, y él, en su prisa por redactar el contrato, se había olvidado de una parte muy importante. —Un fallo que iba a tener que remediar. —Le había dejado los días libres para hacer lo que quisiera. —Eso lo llevó a pensar que tal vez ella le había dado vueltas al asunto de cómo estar con Terry de día sin infringir el contrato que tenía con El Amo por la noche.
—También quiero los días —replicó—, quiero los treinta días completos.
—No puedo —susurró ella.
—¿Hay otro? —preguntó furioso.
Terry no entendía por qué se molestaba: ¿sentía celos de sí mismo? No, no eran celos de sí mismo, sino de que hubiese otro que la hiciera sentir lo que él. —No quería eso, la deseaba sólo para sí. —Pero ¿para cuál de los dos? ¿Para El Amo o para Terry?
—No, no lo hay... todavía.
—Pues no lo habrá. —Cuando acabe contigo esta noche, no permitirás que nadie más te toque, nadie que no sea yo.
Candy casi no podía ver nada, pero pudo percibir que él se quitaba la camisa negra que llevaba puesta.
Terry se puso de lado dejándola contemplar de nuevo el tatuaje que no sabía lo que significaba... Enseguida regresó y ella se reprendió a sí misma: debería estar asustada. ¡La había amenazado! ..—Aunque algo en su interior le gritaba que la tortura a la que la iba a someter El Amo la haría gritar, sí, pero de placer. —Estaba segura de que iba a tratar de volverla más loca que las veces anteriores.
Desnudo, él se acercó a ella, le sacó el vestido por las piernas y la dejó sólo con la ropa interior.
Terry no podía disimular la erección que palpitaba entre sus poderosas piernas mientras admiraba su hermoso cuerpo cubierto de encajes y seda negra. —La iba a dejar así, por el momento. —Quería enloquecerla hasta que sólo hubiese cabida para uno de ellos en su cuerpo, en su mente y en su alma, pero se debatía si seria El Amo o Terry, era una tontería puesto que eran uno solo.
Terry sonreía, siempre conseguía lo que se proponía, o casi todo. —Candy era suya y, de nuevo, la hizo suya.
Candy se había convertido en su salvadora, se lo decía aunque ella no lo comprendiese, ella se lo daba todo y él sabia que había sido el primero y se encargaría de ser el único.
Candy había conseguido que su corazón renaciera nuevamente, tapando aquel agujero que había dominado su pecho, que le había impedido creer en el amor nuevamente, su corazón latía por ella.
Sonreía travieso mientras su lengua trazaba un sendero de humedad invisible que se detenía en su estómago, donde dio un pequeño mordisco y regresó a los pechos para entretenerse con sus pezones, lamiéndolos, chupándolos, acariciándolos, pellizcándolos..., para luego, retomar el camino hasta el lugar que atesoraba todo el placer.
Le quitó la ropa interior y le abrió las piernas suavemente para meter la cabeza entre ellas, lamiendo esa deliciosa parte..—¡Sabía tan bien!
Un gruñido animal se concentró en su pecho y escapó cuando ella se arqueó y separó más las piernas, agarrando su cabeza para que siguiese, rogando en silencio que no se detuviese, la lengua suave sobre su sexo le cortaba la respiración y contraía su cuerpo por el placer.
Candy gritaba, gemía y se retorcía ante esa sensación que la iba a llevar de nuevo a abrazar el más puro de los placeres.
Terry agarraba con fuerza sus caderas, acercaba más su lengua, que no tenía piedad, y la lamía sin descanso una vez y otra, hasta que la volvió loca y gritó de puro placer.
Las sacudidas que el orgasmo provocaba en su cuerpo no cesaron cuando él se hundió en su interior. —Clavó las uñas en la tierna carne de su trasero y se deleitó con los gritos que emitía a causa del placer renovado e intensificado al tenerlo dentro.
Terry se movió como poseído por una fuerza desconocida que lo apremiaba a vaciarse.
Su orgasmo se unió al de ella, que todavía causaba estragos en su cuerpo tembloroso y sin fuerzas. —Terry se dejó caer sobre ella y apoyó su rostro en el pecho desbocado de Candy, disfrutando del rápido batir de alas del corazón de su salvadora.
Dias después...
El agua caliente caía entre ambos, limpiándolos de los restos de la noche anterior y llevándose los nuevos fluidos junto a los jadeos y los suspiros que Candy no era capaz de acallar.
Terry no lograba comprender qué le sucedía, ¿cómo era posible que, aunque quedaba plenamente satisfecho, parecía no saciarse nunca?
—Cierra los ojos y relájate, Taches de rousseur (Pecosa) —murmuró.
Ella asintió sin saber qué decir. —Cuando le daba órdenes con esa voz roca y musitada, parecía quedarse sin voluntad.
Las manos de Terry se perdían en la belleza cálida del cuerpo de Candy, era increíble cómo disfrutaba complaciéndola, de nuevo disfrutaba tan sólo al verla retorcerse de placer. —Le gustaba sentir que le regalaba esos momentos.
Se arrodilló para adorarla, la deseaba de una manera salvaje, irracional. —dejó que su lengua fuese la que arrancase cada grito y cada jadeo que llevó a Candy a perderse en el éxtasis de su placer.
Candy llegaba tarde a la oficina, apenas había tenido tiempo de llegar a casa, darse una ducha, y vestirse rápidamente, llevaba su melena, revuelta por la noche de sexo inesperada, estaba tan mal que no había tenido otra opción más que recogerse el cabello en la nuca.
—¿Tarde? —la detuvo la voz de Terry.
—Lo siento, me he quedado sin agua caliente en la ducha —se excusó
Terry no pudo evitar sonreír al recordar lo que habían estado haciendo. La miraba sin poder apartar los ojos de ella, sonreía y era consciente de que era por él o por El Amo, el señor, pero, al fin y al cabo, los dos vivían dentro de él. —Su cabello aún estaba húmedo, lo que le trajo el recuerdo de cómo lo había acariciado durante la ducha y cómo había deseado hacerla suya nuevamente.
Aquello se estaba convirtiendo en una enfermedad que no lo dejaba respirar ni pensar con claridad. —Candy era un virus que había infectando poco a poco su mente, su cuerpo y su alma, provocándole felicidad... —Se había planteado la posibilidad de decirle quién era y que sabía quién era ella, pero le daba miedo su reacción, no quería perderla, pero tenía que hacerlo de una vez.
—Podemos hablar mas tarde?
—Sí, claro, jefe. ¿De algo en concreto?
—Sí, quiero informarte de que he decidido quedarme contigo más tiempo del acordado.
Terry se alejó sonriendo mientras cantaba: Apareces tú del grupo Español La Oreja de Van Gogh; dejando a Candy de piedra, incapaz de moverse. ¿Había dicho lo que creía que había dicho? Entonces, ¿estaba en lo cierto? Era él, eran el mismo.. No podía ser. —El Amo era Frances, ella conocía el idioma, y Terry era Inglés, podía notar su acento.
Le dio varias vueltas al asunto mientras nerviosa movía su silla de un lado a otro. Ni siquiera recordaba cuándo había llegado a su despacho o cuánto tiempo había pasado.
Se levantó sin pensarlo y entró a su oficina, sin llamar.
Al abrir la puerta, observó que no estaba solo.
—Candy, Pequeña, que gusto verte nuevamente.
—Albert que alegría que estes de regreso.
Los ojos de Terry se abrieron como platos, al escuchar como su amigo y socio llamaba a Candy.
Albert inconsciente de la perturbación de su amigo los presentó.
—Terry, ella es Candy mi hija de quien tanto te he hablado y a la que he querido presentarte todo este tiempo, Candy, pequeña él es mi amigo Terry.
El castaño tragó saliva, eso no le podía estar pasando, Candy, además de ser la chica del antifaz, era la hija de su socio y amigo Albert Ardley..—Por Dios! En cuanto Albert supiera que él la había deshornado, le cortaría las pelotas como mínimo.
Candy estaba tan sorprendida como Terry, no lo podia creer, él era el mismo chico del que Albert siempre le hablaba y a quien le había dicho le presentirá en cuanto llegara a New York.
—Y como te va con tu exclusivo club, Terry..preguntó Albert con simpleza.
El castaño negó con la cabeza mirando a Albert con ojos muy abiertos,...
—¿Que pasa Terry, sucedió algo en La Elegida? Preguntó el rubio sin saber el vendaval de emociones que había levantado a espaldas de él.
Candy levantó la mirada y posó sus ojos muy abiertos en Terry, pero se aguantó, se disculpó un momento y salió del despacho tan rápido como pudo, ante los ojos de un confundido Albert.
Candy caminó por el pasillo aguantando las lágrimas que amenazaban en salir, las cuales dejó caer libremente, tan pronto entró en su oficina, tomó sus cosas y se marchó a su departamento.
Tan pronto como Albert se marchó, Terry la buscó por todos lados, fracasando en su búsqueda..—Karen al ver su desesperación, se compadeció de él y le dijo que Candy se había marchado a su departamento.
Candy no sabia cuanto tiempo, tenia llorando, sus ojos estaban enrojecidos e hinchados.
—El timbre sonó repetidas ocasiones, pensando que se trataba de Albert, sacó fuerzas de donde no las tenia, después de lavar su rostro abrió la puerta.
El corazón de Candy se detuvo por un momentos al verlo allí, de pie, con el cabello revuelto algo desaliñado..—tomó una bocanada de aire para controlar el vendaval de emociones que sentía.
—¿Así que es verdad?..—Tu eres El Amo.
—Candy yo...iba a decírtelo, ¿recuerdas que te dije que quería hablar contigo?
—¿Lo supiste todo este tiempo y estuviste jugando conmigo?
—No...respondió él..te juró que al principió no lo sabía, lo supe la noche que nos encontramos en el elevador.
—¿Y aún así seguiste jugando conmigo?..dijo ella entre lágrimas.
Él negó con la cabeza..Candy déjame explicarte por favor...ella guardó silencio y él comenzó a hablar.
—Hace dos años, jugaron con mis sentimientos y me juré que no creería mas en el amor, y así nació la idea de La Elegida, era una manera de saciar mis deseos sin compromiso alguno, todo iba tan bien hasta que de repente apareciste tu, y lo combinaste todo, cada noche que hemos compartido, me hacia el dormido mientras me hablabas, te mentiría si te negara hoy, que desde que te conocí solo sueño contigo, —tu entiendes mis silencios, después de Albert, solo tu conoces mis secretos, solo tu conoces mis gestos y mis necesidades..—Esta mañana antes que tu entraras a la ducha, sonreí en el espejo y decidí que debía decirte la verdad, gracias a ti, me he despedido de los fantasmas del pasado que me atormentaban y gracias a ti puedo amarme tal como soy y darle una oportunidad al amor, por favor Candy, no me dejes ahora que he vuelto a creer en el amor, ahora que mi corazón a comenzado a latir nuevamente..rogaba él llorando mientras caía de rodillas.
Candy sintió que el corazón se partía en mil pedazos, a pesar del engaño, se había enamorado de El Amo, y se sentía atraída por Terry y ambos eran la misma persona.
Apretó los ojos dejando que las lágrimas cayeran con libertad, se puso de rodillas frente a él y lo abrazó.
—Terry..—aun cuando me engañaste, no puedo ser indiferente a los sentimientos que despertaste en mi, me enamoré de El Amo pero también me siento atraída por Terry, el saber que ambos son la misma persona me hacen sentir menos culpable y el saber que no te soy indiferente me hace feliz...—Te perdono Terry...dijo ella y buscó sus labios para besarlo.
Terry correspondió al beso de su salvadora, aquella que sin darse cuenta liberó su corazón de una cadena de amargura en la cual había estado preso, ella que con su amor, ternura y paciencia, le enseñó que podia creer nuevamente en el amor y que se podia empezar de cero sin importar el pasado.
Dias después ante la mirada atónita de todos al serles revelado que la dulce Candy, la aspirante a directora de la empresa, era la hija de uno de los dueños y se les informó también que había contraído nupcias con el otro socio, quien resultó ser, el chico de trasero imponente como lo apodó Karen.
Albert estaba complacido por la noticia.
Terry y Candy comenzaron sus vidas desde cero, atrás había quedado El Amo y La Elegida para dar paso a Terruce y Candice Grantchester, quienes fueron testigos del milagro del amor a travez del nacimiento de sus hijos, a quienes adoraban y cuidaban mas que a nada en el mundo.
Fin!
