La historia es una adaptación del libro Loving the White Liar de Kate Steward y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


Uno

—¡Señorita!

Por el amor de Cristo.

—¡Señorita!

En serio, ¿cuánto me iban a dar de propina por una cuenta de veinte dólares?

—¡Señorita!

Era la peor camarera del mundo.

—¡Señorita!

—¡Enseguida estoy con ustedes! —grité, suplicando desesperadamente sólo un minuto de paz. Ya había visitado esa mesa no menos de diez veces en veinte minutos. Habían ordenado ensaladas de pollo a la parrilla. ¿Cuánto mantenimiento acaso podrían necesitar?

—¿Podemos tener más aderezo?

Bajé la vista hacia el montón de aderezo que se tragó a la escasa cantidad de verde en su cuenco y suspiré. De mala gana fui a la cocina, agarré el aderezo, notando que mi mejor amiga Alice estaba sentada en el mostrador contando sus propinas. Alice era el sobrenombre de Alizze, un nombre por el que había maldecido repetidamente a sus padres en los últimos años.

—Realmente tiene que haber más en la vida que esta mierda —dije con el ceño fruncido mientras abría la nevera, llenaba dos tazas de aderezo y veía a través de las puertas dobles como los molestos clientes de mi mesa estaban apartando sus platos. Nunca habían necesitado nada, excepto a alguien a quien darle órdenes. Esos tipos de mesas hacían que fuera difícil para mí mantener la fe en la raza humana.

Alice me miró con ligero temor.

—No voy a poder pagar el alquiler de nuevo. Bien podría ir a la barra.

—No. —Negué mientras caminaba junto a ella—. No —Le di una mirada crítica antes de atravesar las puertas dobles, cuenta en mano y el aderezo solicitado.

—No la necesitamos ahora —dijo una de las chicas, tomando su ticket mientras yo les agradecía y me iba.

Ah, así que quería justificar el hecho de darme una propina de mierda. Nada nuevo.

—Déjale un dólar, al menos —comentó la otra mujer, la más agradable de la mesa.

—Sabes que no lo haré. No doy caridad. —Me quedé congelada en el stand de camareras cuando oí esas palabras. Tomó todo lo que tenía no caminar hacia esa perra, darle una bofetada y agitar su bolso Coach de trescientos dólares por mi contribución benéfica.

Cuando las mujeres se levantaron, entré y sonreí directamente hacia ellas.

—¡Espero que ambas se atraganten con un buen día!

Ellas me devolvieron la sonrisa en falsa respuesta, ninguna captó mi sarcasmo, mientras empezaba a limpiar su mesa.

Collin, el ayudante de camarero de dieciséis años, me espantó.

—Yo me encargo, señorita. Continúe.

—No me llames señorita. Me haces sentir vieja —regañé con suavidad.

—Eres diez años mayor que yo. —Guiñó un ojo mientras tomaba los vasos vacíos de mi mano. Totalmente aturdida, me quedé detrás de él mientras continuaba con su tarea.

Y ese fue el momento en que el tiempo se detuvo para mí.

En realidad, era once años mayor que él y había sido camarera en el mismo lugar durante cuatro años. Se suponía que iba a ser algo temporal y sólo tenía veintitrés años el día que tomé el trabajo. Se suponía que debía averiguar qué hacer con mi vida y en su lugar terminé en Grady's Grill como un elemento permanente.

Oh Dios mío.

Mirando hacia el oxidado pero aún funcional reloj sobre la caja registradora, observé la hora.

No hagas ninguna locura, Isabella. Diez minutos... sólo diez minutos y estarás fuera.

Atravesando las puertas batientes que conducían a la cocina, miré a Alice mientras mi rostro palidecía.

—Oh, Dios, no completaste el alquiler, tampoco. Estamos jodidas. —Sus hombros cayeron mientras caminaba hacia ella, tirando todo el dinero de su mano.

—Tengo lo del alquiler. Ahorro mis propinas. Y todavía me debes el mes pasado. Cálmate —le espeté mientras me daba una mirada maligna.

—Entonces, ¿qué diablos te pasa? —preguntó, siguiéndome a la habitación de los platos, donde empecé a apilar vasos.

—Llevo trabajando aquí demasiado tiempo. Tengo que salir ahora.

Alice de repente me miró aterrorizada y en el fondo sabía que era porque me creía. Cuando ponía mi mente en algo, me pegaba a ello. Había permanecido fiel a eso toda mi vida, excepto cuando llegó la elección de carrera. No podía comprometerme. Había ido a la escuela para ser enfermera y lo dejé tan pronto como vi lo que conllevaba poner un catéter. Nunca miraría un pene flácido igual. Había cambiado mi especialidad a empresariales y me aburrí tanto que empecé el mal hábito de comprar en línea y malditamente la tuve que abandonar, mientras pagaba el gasto excesivo con mis tarjetas de crédito. Para mi tercer año, tuve ciento noventa y siete créditos y no había suficientes clases para acabar el grado así que decidí incorporarme a la población laboral activa por un tiempo hasta que decidiera mi siguiente paso.

Eso fue hace cuatro años.

Había sido tragada por el agujero negro de la indecisión y ahora había perdido la totalidad de mis veinte años. Mirando hacia arriba al seguro reflejo del espejo por encima de las puertas dobles, vi a Flo de la serie de TV Mel's Diner mirando hacia mí y dejé escapar un grito.

—¡Oh Dios mío!

Alice muy calmadamente se acercó a mí y puso sus manos sobre mis hombros. Su cabello castaño y puntiagudo era un desastre disperso, y no pude evitar pensar que era adorable mientras trataba de consolarme. Alice sólo podía ser descrita como linda. Era pequeña y tenía las facciones más animadas que jamás había visto. Sus ojos eran enormes, pero aun así hermosos y de un azul brillante. Había sido mi mejor amiga desde hace casi tres años, y mi compañera de cuarto durante dos. No era fan de demasiadas chicas, pero me encantaba su espontaneidad. Era una especie de chica impulsiva. No, en serio, su última sugerencia fue que hiciéramos un viaje en auto de casi veinticuatro horas a Las Vegas y pasáramos el día jugando para pagar el viaje. Realmente había estado tan aburrida y desesperada como para creer que era una posibilidad, hasta que sólo nos quedaron veinte dólares. Estábamos muertas de hambre y no tenía dinero para la gasolina para volver a casa. Seguía siendo una de las cosas más emocionantes que jamás había hecho. Aunque todavía daba una mierda por ello, secretamente se lo agradecía.

Cómo llegamos a casa fue otra historia completamente.

Ella siempre era el alma de la fiesta, y sólo asumía la responsabilidad de ser irresponsable.

—Está bien, antes de que enloquezcas, solo escúchame —dijo, exigiendo mi atención.

—¡Demasiado tarde! —Mi pánico comenzó a subir al pensar en los años que había desperdiciado caminando en este restaurante con comida en vez de encontrar mi lugar.

—Debemos ir a Mike's, tomar unas cervezas, jugar al billar —dijo Alice seria, como si nuestra rutina diaria hiciera las cosas mejor.

—Estoy tratando de romper con la rutina, Alice —dije, sacudiendo la cabeza—, ¡no institucionalizarme a mí misma!

Estaba gritando ahora mientras Joe, el cocinero principal y mi jefe, rodeaba la esquina.

—Tu parloteo me está dando dolor de cabeza —articuló él con inteligencia mientras me miraba con recelo—. ¿Cuál es tu problema?

—Me iré en dos semanas —dije sin pensar.

Sus ojos se agrandaron y volvió su cabeza hacia un lado con un movimiento de "¿De qué hablas, Willis?"*. Bien, al parecer veía demasiada televisión. Puso las manos en las caderas, en un intento de mostrar autoridad y casi me eché a reír, burlándome de él. Joe parecía duro, pero en el fondo era un osito de peluche. Su acento del norte era duro, pero sus ojos siempre eran amables.

—¿Vas a darme una razón para irte?

—No quiero ser tu Flo, Mel. —Él frunció el ceño, haciéndome reír. ¿Era la única que veía repeticiones de programas viejos? —Necesito hacer otra cosa. No tengo nada en contra de ti o de este lugar…eh.

Tiré de mi brazo mientras Alice con los ojos muy abiertos me pedía que mantuviera la boca cerrada.

—¡¿No te parece que deberías encontrar un trabajo primero?! —me regañó mientras le daba mi atención.

—Me acabo de dar a mí misma dos semanas de motivación —le susurré de una manera que le decía que debía retroceder.

Joe se paró por un momento antes de que sus ojos se suavizaran más de lo habitual.

—Siempre tendremos espacio para ti aquí, Isabella, si cambias de opinión.

—Gracias, Joe —dije, dándole una palmada en el hombro.

Se quedó mirando la mano como si estuviera cubierta de mierda antes de que la quitara. El hombre era un misterio, y tendría que permanecer de esa manera. No jugaría en absoluto para descifrarlo.

Me movería a pastos más verdes y pronto tendría otro misterio en mis manos. Tal vez este valiera la pena resolverlo, esperaba que le gustara ver viejos episodios de Different Strokes y pensara que Jr. Mints era un regalo de Dios a la humanidad. Y tal vez ese misterio podría lucir un pene grande y tener una lengua experta, cabello oscuro, o tal vez... claro. Y tenía que tener hermanas, no podría manejar a más hijitos de mamá, es decir, hijos únicos. Al diablo esa mierda. También podrí…

—¡Eso fue estúpido! —dijo Alice, sacándome de mi ensoñadora lista de deseos en un hombre—. Ahora ya no tienes trabajo.

Desaté mi delantal y lo dejé de golpe sobre el mostrador de metal.

—No puedo creerte, la reina de "Tengo menos en cada cuenta este mes", me está dando una charla. Cállate. Tengo esto.

Y a pesar de que me temblaban las piernas, junto con la voz, pasé una vez más a través de esas puertas dobles, lo que sólo me motivó aún más. Me daba miedo dejar mi trabajo de camarera y esa era toda la motivación que necesitaba.


* ¿De qué hablas, Willis?: What you talkin' 'bout, Willis? Frase de la serie de Diff'rent Strokes, sit com estadounidense transmitido entre 1978 y 1987

Aca les traigo el primer capitulo de esta nueva aventura, espero que disfruten de esta adaptacion tanto como yo al hacerla.

Dejenme saber en los comentarios que les parece.

xoxo