La historia es una adaptación del libro Loving the White Liar de Kate Steward y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.
Cuatro
Conseguí pasar por el turno del almuerzo decidida a darme el tiempo suficiente para acicalarme con mi nuevo bañador antes de encontrarme con Jazz en la piscina. Nunca había tenido una cita donde se requiriera traje de baño. Y no sabía si técnicamente podía llamarlo así ya que habíamos acordado que simplemente nos veríamos y tomaríamos una cerveza.
Compré un paquete de doce de las cervezas que tomamos el día anterior y pinté mis uñas. Incluso me tomé el tiempo para secar mi cabello largo perfectamente liso. Se veía suave y aterciopelado. Espolvoreé mi cuerpo con un bronceador reluciente y realcé mis labios con brillo. Era casi todo lo que podía hacer considerando que no podía ponerme maquillaje en el rostro.
Cuando estuve satisfecha, agarré mi nevera pequeña y me fui a la piscina. Allie estaba haciendo doble turno, así que no tenía a nadie con quien hablar antes de la cita. A pesar de eso, Allie me envió un mensaje de texto.
Allie: Recuerda, si es un completo idiota, aprovéchalo por como se ve. Rezaré para que tenga un Coeficiente Intelectual decente, un buen corazón y un pene grande. Pero por favor, por el amor de Dios, consigue acostarte con alguien este año.
Muy justo, Allie. Sonreí mientras caminaba hacia la piscina. Era un poco temprano así que no fue descorazonador no ver a Jasper ahí todavía. Sonreí tímidamente al tipo que estaba tomando el sol quien se había percatado de mí cuando cerré la reja con fuerza detrás de mí.
Tomando asiento en la tumbona, me quité mi pareo y me recliné contra la silla. Destapé mi primera cerveza nerviosamente y le di un largo trago antes de cerrar mis ojos, escuchando el ruido humano y el tráfico en la distancia. La sensación de ojos sobre mí me golpeó antes que el sonido de la reja cerrándose. Sabía que era Jasper y no hice ningún intento de abrir mis ojos, incluso cuando su sombra me cubrió.
—Eh… hola.
Sonreí, manteniendo los ojos cerrados.
—Hola.
—Bien, simplemente voy a lanzarme y decirlo. Tu pezón está completamente a la vista, nena. —Mis ojos se abrieron mientras agachaba la cabeza para ver que sí, de hecho, todo mi pezón estaba a la vista. De alguna forma cuando me quité mi pareo el pedazo de la parte superior de mi bikini se
había abierto del todo. Me retiré hacia atrás como si me hubiera disparado, cubriéndome inmediatamente mientras dejaba salir una retahíla de maldiciones.
Jazz se rio mientras se agachaba para agarrar una cerveza de mi nevera.
—Es la primera vez que he llegado a segunda base sin ponerle una mano a la chica.
—No es gracioso. Dios, he estado aquí acostada veinte minutos.
—Y una vez más, has mejorado el escenario diez veces más —incitó mientras se quitaba su camisa—. Y voy a pasar mucho tiempo difícil ignorando lo que acabo de ver.
Solté un fuerte suspiro.
—Estoy muy avergonzada.
—No lo estés. —Alcé la mirada hacia él, escudando mis ojos con una mano. Agarró mi mano, con sus labios tocando la piel del dorso—. Todo lo que he visto hasta ahora es hermoso.
—Genial eh —resoplé, segura de que me veía todo menos grácil.
Se quedó sosteniendo mi mano, y sentí más calor que por el sol que me bañaba.
—Oh, pero, hombre, esto sí que funciona —dijo, besando mi mano de nuevo.
Fue rápido, pero juró que sentí un poco su lengua. Mis muslos se tensaron mientras mi sexo se apretaba. Ya estaba excitándome y no tuve más opción que apartar la mirada.
—Hasta ahora bien, Jazz —dije suavemente.
Me sonrió y por primera vez fui capaz de verlo completamente. Sus ojos estaban excitados, pero su sonrisa estaba llena de ternura. Si no había tenido mucha de su atención antes, mi pezón hambriento de oxigeno se había asegurado de que la tuviese ahora. De repente estuve agradecida por mi fallo de ropa.
—Entonces, ¿cómo estuvo tu día, Bella? —preguntó mientras se me unía, tomando asiento en la silla a mi lado.
—Lo de siempre, trabajo, decisiones que alteran la vida que no puedo tomar y ahora estoy aquí contigo fingiendo que se resolverán por sí solas.
Enarcó una ceja.
—¿Decisiones que alteran la vida?
—Trayectoria de carrera. He estado indecisa desde… siempre.
—Que lata. Ya lo descubrirás —dijo, sonando indiferente.
Me reí por su obvia necesidad de un tema de conversación más interesante. No necesitaba que fuera mi psicólogo, de todas formas. Su propósito era distraerme de mi catástrofe.
—¿Qué es tan gracioso? —preguntó sonriendo.
—Nada.
—Ah, entonces te ríes sin razón alguna. Entonces obviamente estás loca. Cuéntame más.
—¿Qué quieres saber exactamente? —Le di una mirada de reojo, observando los bordes y las protuberancias de musculo que hacían su abdomen y dejando que mis ojos viajaran lentamente hacia arriba, dándome un bocadillo de la tarde. Era lo justo; él había tenido el suyo.
—¿Emparejada? —preguntó, mirándome antes de cerrar los ojos.
—No, ¿tú?
—No, soy malo en las cosas de chicos y chicas —admitió en voz baja, pero lo suficientemente fuerte para que escuchara.
—Oh —dije, inmediatamente decepcionada.
Estaba segura que el discurso de sin compromisos estaba por venir y decidí ignorarlo. Nuestro pequeño encuentro no tenía que significar nada, pero por alguna razón mantuve las esperanzas. Tal vez eran sus abdominales o el azul de sus ojos, pero sabía que era mi atracción lo que mantenía a mis dedos aferrados del proverbial borde.
Sintiendo mi vacilación, rápidamente dijo:
—Lo que quiero decir es, que me han dicho que soy un novio terrible.
—¿En serio? —pregunté, alarmada—. ¿Cómo es eso?
—Comencemos con la cerveza y si funciona seguiremos con nuestros defectos. —Sacó su IPod y apretó reproducir.
Escuché su lista durante unos minutos mientras tomaba de mi cerveza. De hecho disfruté del silencio cómodo con él, pero después de un largo rato mi curiosidad ganó. Miré hacia él, lista para reasumir la conversación y vi que se había quedado dormido. Dejé salir un "qué demonios" en voz baja, exasperada y luego observé su perfecto y estúpido cuerpo durmiendo.
¿Por qué, Dios, por qué?
Resignada a que mi cita–no cita–ya era un desastre, rápidamente me cubrí y fui hasta la reja, dando una última mirada fugaz hacia atrás. Estaba durmiendo pacíficamente y sentí un triste tirón ante la pérdida de emoción que había tenido el día anterior. Solté mis dedos del borde, en una caída libre desde "el maldito infierno" y aterricé en mi fiesta de compasión.
Lo del novio de mierda era verdad. Si nuestra cita era un indicador de lo que me esperaba, entendía claramente. Sentí rabia, incluso aunque sabía que no tenía derecho. Jasper yacía junto a la piscina con el resto de mi cerveza y una gran cantidad de mi orgullo.
Al día siguiente, todavía estaba recuperándome de la rabia de que el tipo descarado y de maldito trasero sensual aparentemente no pudiera manejar una conversación conmigo. Lo había aburrido hasta dormirlo con cinco frases. Decidí no pensar que mi primera semi-cita en meses había sido un completo desastre, en cambio me concentré en encontrar un trabajo nuevo.
Rebusqué en el diario local mientras comía una ensalada en el descanso, buscando cualquier cosa que sabía sería un cambio positivo. Había tenido suficiente de agotar mi trasero por un salario de mierda. Era una mujer inteligente e ingeniosa, podía hacer esto.
Enmarqué con un círculo un par de anuncios y regresé a trabajar, más decidida que nunca.
Tal vez el amor tenía otros planes para mí.
Segura de que tenía el sartén por el mango, y que Jazz no se atrevería a mostrar su cara en la piscina después de lo que había hecho, volví a mi rutina en mi horrible traje de una pieza, sin importarme una mierda mi apariencia. En el agua dejaba ir todo. Me concentraba demasiado cuando se trataba de nadar. Éramos sólo, mi cuerpo y el agua relajante. En la vida, era mucho menos grácil, en el agua, era puro movimiento. En esto era buena. Pero desafortunadamente, no podía pagar las facturas así. Deteniéndome en el borde de la piscina después de veinte vueltas, tomé aire profundamente mientras el ardor de mis músculos pasaba a través de mí.
—Vaya, de verdad eres un pez.
Alcé la mirada para ver a Jazz directamente frente a mí. Vestía pantalones de caqui y una camisa azul clara de manga larga. Me alejé de él, rechazando a la zorra codiciosa que parecía no entender que el hombre la había humillado ayer. Simplemente tendría que superarlo. Aun así, permanecí calmada.
—Gracias, voy a volver a eso. —Hice un par de vueltas más hasta que estuve segura de que se aburriría y se iría.
No estaba vestido para la piscina. Estaba segura que estaba ahí para hablar conmigo, pero no quería su disculpa. El tipo era una bolsa de señales contradictorias y ni siquiera habíamos tenido una conversación completa. Cuando salí, escuché de nuevo.
—¿Vas a ahogarte sólo para evitar hablar conmigo? —Su voz estaba adolorida y fue ahí cuando alcé la mirada y jadeé. Su rostro se había quemado por el sol—. Estoy muriéndome aquí, pez. Por favor sácame de mi miseria.
Me moví para salir del agua y rápidamente comenzó a disculparse.
—Lo siento mucho. Estaba exhausto ayer cuando llegué a casa del trabajo y de verdad quería pasar el rato contigo así que vine. No tenía tu número para… ya sabes, para… posponerla. —Lo vi hacer una mueca mientras se cubría los ojos para escudarlos del sol—. Estuve aquí afuera hasta que mi compañero vino buscándome a medianoche. No había dormido tan profundo en años. Por favor déjame compensártelo.
—Mira, está bien. No es como si fuera una cita ni nada —le ofrecí, viendo al pobre tipo quemándose más y más por el sol.
—Lo era para mí, y quería que lo fuera para ti, también. Yo… no duermo bien. Y cuando lo hago… Dios, ¿siempre has sido tan hermosa? Da igual, por favor dame tu número. De verdad me gustaría otra oportunidad.
Parecía sincero y como se estaba incinerando por otra cita, asentí.
—Gracias, Dios. Necesito que me des el número rápidamente para que pueda irme corriendo antes de que comience a llorar como una perra frente a ti.
Solté mi número mientras él se levantaba, listo para escribirlo. Me reí mientras corría hacia la reja, para deshacerse de su dolor.
—¡Noxzema o aloe! —grité con fuerza.
—¿Qué? —gritó de regreso.
—¡Quita el escozor!
—Gracias —dijo, sonriendo y entonces frunciendo el ceño por el dolor que le provocó se marchó corriendo.
Y él me llamó loca.
Más tarde esa noche, me recosté en la cama con TV Land puesto y el regazo lleno de aparatos electrónicos cuando mi teléfono sonó.
2 a.m.
¿Estás despierta?
Miré mi teléfono, segura de que el mensaje era de Jasper. De hecho estaba despierta, pero pensé que era raro que me escribiera tan tarde.
Yo: Sí, ¿Jazz? Síp. Sólo quería decir que lo siento de nuevo.
Yo: Estoy empezando a creerlo. ¿No puedes dormir? ¿Las quemaduras te mantienen despierto?
Rápidamente programé su número.
Jazz: Sí y no.
Yo: Oh, bueno, eso lo responde.
Jazz: Estaba dormido y mi compañero vino a casa con una gritona.
Me reí por eso.
Yo: Así que decidiste que no merecía dormir nada, tampoco.
Jazz: Tienes razón. Lo siento es tarde. Te escribiré mañana.
Yo: Está bien. Estaba buscando en internet un trabajo.
Jazz: ¿Desempleada?
Yo: Pronto. Estoy trabajando mi pre—aviso de salida y necesito un reemplazo.
Jazz: Tengo un par de amigos que tienen negocios. ¿Qué estás buscando?
Yo: Honestamente, lo que sea en este momento.
Jazz: Haré algunas llamadas por la mañana, sólo para ver si alguno de ellos tiene algo.
Yo: No puedo pedirte que hagas eso.
Jazz: No es problema.
Yo: Es muy amable de tu parte. Gracias.
Jazz: Entonces el sábado, iré a buscarte y te llevaré a salir.
Yo: Bien, estoy en el apartamento 4J.
Jazz: ¿A las siete?
Yo: Siete.
Jazz: Buenas noches, pez-pezón.
Estallé en carcajadas mientras escribía.
Yo: ¿Qué… demonios?
Jazz: ¿Te explicaré después?
Yo: ¿Eso es una pregunta?
Jazz: De verdad estoy arruinando esto, ¿verdad?
Yo: Estás entreteniéndome por ahora.
Jazz: Lo mismo. Te veo el sáb.
Yo: Es una cita.
Jazz: :)
Que hombre más extraño. Me reí mientras quitaba el portátil de mi regazo, me hundí en mi cama y dejé que una pequeña cantidad de emoción se filtrara.
