La historia es una adaptación del libro Loving the White Liar de Kate Steward y los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


Cinco

Jasper se presentó a las siete en punto el sábado.

Tenía turno, pero hice que me lo cubriera nada menos que la chica que me debía dos meses de alquiler. Allie había ido a su cita con Mike anoche y había vuelto a casa súper feliz

La había besado y le prometió volver a salir. Se había pasado casi toda la noche explicándome sus técnicas de besos y cuán raro era con la comida. Me pareció adorable mientras veía su rostro iluminarse al recordar las diferentes cosas que había decidido adorar. La chica estaba atrapada.

Mientras me preparaba para mi cita, me decidí por unos jeans ajustados, muy ajustados, un top de seda negra con los hombros al aire y zapatos de tacón que le robé a mi hermana. Peiné mi cabello pelirrojo en suaves ondas y me arreglé de pies a cabeza, me sentía con mucha confianza cuando abrí la puerta.

Jazz me dejó sin aliento con su sonrisa. Hice un gran esfuerzo para ocultar cuánto me alegraba verlo.

Estaba vestido con vaqueros de color azul oscuro, camisa y botas negras. Era mucho más alto que yo y la extensión de su pecho le hacía parecer un gigante en comparación con mi altura de un metro sesenta y cinco. Su cabello tenía un poco de gel y estaba peinado a la perfección. Fue cuando dio un paso adelante que su aroma me golpeó, llenando mis sentidos con maderas frescas y jabón.

Dio otro paso hacia adelante, cruzando el umbral de mi casa sin que lo invitara a entrar, por lo que casi nos rozamos. Él hizo un trabajo rápido y entrelazó sus dedos alrededor de la parte posterior de mi cuello para inclinarse y darme un beso en la mejilla.

―Te ves hermosa. ―Me estremecí, tratando de calmar los miles de pensamientos en mi cabeza.

Sexo. Ahora. Por favor, Jasper. Mírame a los ojos. Lo ves. Allí está. El permiso. Aquí mismo, en la cocina, en el pasillo. Tengamos sexo.

En cambio, dije un rápido "gracias" mientras se alejaba. Nos quedamos allí parados, un poco incómodos, durante unos segundos, mientras lo miraba atentamente. Todo estaba allí: la necesidad, las mariposas, la esperanza (recién aparecida) estallaron por todos los poros de mi cuerpo.

Me miró un poco desconcertado dado que me quedé mirándolo.

―¿Lista?

―¡Sí! ―Bueno, eso fue un poco demasiado entusiasta. Aclarando mi garganta, lo intenté de nuevo―. Sí, sólo un segundo.

Volvió a sonreír mientras me alejaba y corría al baño para empacar mi bolso. Apagué las luces y cerré la puerta. De inmediato agarró mi mano, llevándome hacia su camioneta. Di un vistazo al enorme juguete típico de hombre al que me llevó y sonreí. Me ayudó a subir, cerrando la puerta y luego, redondeando la parte delantera antes de saltar a mi lado.

―¿Te gusta la comida italiana? ―preguntó, eligiendo distraídamente una lista de reproducción en su iPod.

―Por supuesto.

Se apartó, mirándome mientras me acomodaba y miré alrededor.

―Esta camioneta está impecable.

―Sí, soy un poco obsesivo con la limpieza.

―¿Sí? Debes pensar que Allie y yo somos roñosas, entonces.

―Les vendría bien barrer un poco. ―Me guiñó un ojo y luego se alarmó―. ¿Quién es Allie?

―Mi compañero de cuarto ―respondí.

―¿Tienes un compañero de piso hombre?*

―¿Ya te estás poniendo celoso? ―bromeé mientras golpeteaba sus dedos contra el volante al ritmo de la música.

―Tal vez ―respondió―. Pero sólo porque tengo la sensación de que tú eres por las que vale la pena tener celos.

―Ohhhhh, buena frase ―dije, acomodándome felizmente.

―Tengo un montón.

―Sí, dime alguna más ―dije, mirando su perfil mientras conducía.

―No funciona de esa manera. Tengo que decirlas en base a algo que tú digas.

―Así que, básicamente, ¿me estás diciendo, tan solo a los cinco minutos de nuestra primera cita que sabes un montón de frases de mierda?

Riéndose, me miró.

―Algo me dice que puedes distinguir la diferencia. ―Condujo durante unos minutos, charlando sobre tonterías hasta que se detuvo y estacionó la camioneta en el estacionamiento. Se desabrochó el cinturón de seguridad y luego el mío, acercándome a él. Lo miré sorprendida ya que nos quedamos mirándonos fijantemente.

―¿Vas a besarme antes de invitarme a cenar? ―Se quedó callado mientras levantaba las manos para sostenerme la cabeza y acariciar mis mejillas.

Oh Jesús.

Sus labios bajaron suaves al principio y en el momento en que los sentí contra los míos sentí que ambos nos sorprendimos. Nuestra reacción fue idéntica e instantánea. Queríamos más.

Sus labios probaron los míos, me bebieron; deslizó mis labios dentro de su boca y succionó suavemente antes de que su lengua pidiera permiso. Una vez que se lo di, se deslizó contra la mía perfectamente y luego comenzó a pedir más. Extendió la mano y agarré su bíceps mientras inclinaba la cabeza, yendo más profundamente. Él me tocaba tan profundamente... tan profundamente que sentía su beso en cada fibra de mi ser.

Gemí una y otra vez, sin culpas, ya que me estaba dando el mejor beso de mi vida. Demasiado pronto terminó y mientras se separaba, se quedó mirando hacia mis labios separados. Sentí el aguijón de pura emoción por cómo nos conectábamos sin palabras. Fue más de lo que jamás había experimentado y era sólo un beso… un beso que traía una sentencia: mis labios eran de Jasper, para que los besara una y otra vez durante el tiempo que quisiera mi boca.

Nuestras respiraciones eran agitadas mientras nos quedamos ahí recostados en la camioneta y Dave Mathews cantaba suavemente sobre satélites.

Jasper habló primero diciendo un "Sí".

―¿Disculpa? ―pregunté, completamente confundida.

―Sí, voy a besarte antes de invitarte a cenar.

―Creo que... ―Mi voz chirriaba, nuestros ojos todavía estaban conectados―. Creo que ya respondiste esa pregunta. Y Allie es una chica.

Sonrió y me besó de nuevo brevemente antes de abrir la puerta, ayudándome a salir con él. Esta vez, cuando me tomó la mano para llevarme al restaurante, deslizó sus dedos entre los míos. Más calor se extendió a través de mí mientras bajaba la mirada hacia a nuestras manos entrelazadas y luego levanté la vista hacia él cuando me abrió la puerta. Todavía estaba aturdida por nuestro beso y apenas podía soportar la caminata.

―Gracias ―le dije, más relajada de lo que creía posible en una primera cita, mientras la anfitriona nos llevaba a una pequeña mesa con luz de velas.

Ya había estado en este restaurante para almorzar un par de veces con Allie. Tenían sándwiches de albóndigas calientes espectaculares, pero el ambiente cambiaba drásticamente por la noche. Sinatra sanaba suavemente de fondo y era sencillamente... romántico. Grandes macetas de hiedra caían del techo y suaves globos de luz iluminaban todo el espacio al que las velas no llegaban. Había pequeñas secciones de enrejado por toda la habitación que ilumina con miles de pequeñas luces blancas. Parecía muy antiguo e íntimo.

―No voy a necesitar que me digas más frases esta noche después de traerme a este lugar ―señalé, dejando de lado la parte de que si podía besar así, entonces bien podría ser mudo.

―¿Ya has estado antes aquí?

―Sí, pero sólo durante el día para el almuerzo. Es diferente ahora.

Sonrió como si supiera que mis palabras eran para consolarlo.

―Bueno, diferente es algo bueno.

La camarera tomó las órdenes de nuestras bebidas y miré de forma extraña a Jasper cuando ordenó café caliente y le dijo que procurara que su taza siempre siguiera llena.

―¿Tienes miedo de dormirte otra vez? ―le dije con humor, pero él me dio una mirada severa.

―No, en realidad, es una adicción.

―Podría ser por eso que caíste y te quemaste ―dije, nunca mejor dicho.

―Muy divertido. No tengo ningún pelo en mis pezones.

De repente estaba muy interesada en evaluar la situación.

―Puedo ver para confirmarlo. Es decir, lo justo es justo.

―Los míos no son tan bonitos como los tuyos.

―¿Estamos hablando de pezones en la cena? ―pregunté, divertida mientras servía una cantidad ridícula de azúcar y crema en su café.

―Empezaste tú. ―Sus ojos se encontraron con los míos mientras agitaba el café y me golpeó de lleno.

Era, sin duda, una atracción que no podía enmascarar y él parecía sentir lo mismo, ya que seguía revolviendo el café, mirándome de arriba a abajo sin siquiera disimularlo.

―Por lo tanto, Jasper, ¿qué haces?

―Carpintería con mi tío Cauis. He trabajado para él desde que tenía alrededor de quince años. Hacemos muebles a medida, cosas por el estilo.

―Oh ―dije, sorprendida.

―¿No estás impresionada? ―murmuró mientras la camarera se acercaba.

―No, simplemente no es lo que esperaba. ―La camarera nos atendió y volví a hablar.

―Entonces, carpintero. ¿Supongo que eres de aquí?

―Nacido y criado ―dijo rápidamente.

―A una hora de Columbia. Me mudé aquí por la universidad.

―¿Te gusta?

―Está bien, pero no es donde viviría siempre. Pero me encantan los viajes largos al campo y perderme en las montañas.

―Deberíamos hacerlo en algún momento ―comentó antes de sorber su café.

Y ante eso, sonreí mientras atacamos el pan recién traído. Arrancó un trozo y lo sumergió en el aceite de oliva sazonado.

―Prueba esto ―susurró mientras lo acercaba a mi boca para que lo aceptara o rechazara. Acepté con un gemido.

―¡Maldita sea! ―dije con admiración mientras masticaba.

―Tu boca es perfecta ―susurró mientras me lamía el labio inferior.

―¿Esa es otra frase? ―bromeé mientras partía otro trozo de pan. Mirando hacia arriba, me encontré con sus ojos, que observaban intensamente mi boca.

No me contestó, y lo único que pude hacer fue sentarme allí, con el pan entre la mesa y mi boca mientras continuaba su asalto silencioso a mis labios recién lamidos. Comprendí el mensaje alto y claro. Quería más de mi boca y yo quería dársela. Nuestra comida llegó durante nuestra comunicación silenciosa y Jasper finalmente rompió el concurso de miradas cuando comenzamos a comer.

―Tiene dos opciones ―dijo Jazz cuando comenzamos a devorar nuestra pasta.

La comida era irrisoria y ninguno de los dos se molestó en ocultar el hecho de que estábamos disfrutando inmensamente.

―Oh ―dije, haciendo girar el tenedor para capturar los tallarines en la perfecta y cremosa salsa blanca.

―Agente de viajes o asistente personal para un arquitecto. ―Se me cayó el tenedor.

―¿De veras?

―Sí, mi amigo Emmett es arquitecto y necesita a alguien a tiempo completo. Puedes comenzar con él el lunes si quieres. Él confía en mí y nunca lo he defraudado. Siempre y cuando pases su verificación de antecedentes, el trabajo es tuyo. Lo mismo con mi amigo Adam. Es dueño de una agencia de viajes en la ciudad. Una de sus empleadas se toma licencia por maternidad en unos pocos días, su quinto hijo.

―¿Y me contrataran así sin más? ―dije completamente desconcertada.

―Sí. Es decir, quieren hacerte una entrevista, o al menos conocerte brevemente, pero sí.

Mientras lo miraba, sentí la emoción ahogándome por segunda vez. En toda mi búsqueda de la última semana y media, no había encontrado nada remotamente tan interesante como un agente de viajes o trabajando codo a codo con un arquitecto. Esas dos opciones, aunque ninguna parecía ser un trabajo permanente, parecían bastantes razonables para vivir y hasta disfrutar.

Disfrutar de un trabajo, no pensé que eso existía.

―No sé qué decir.

―Tu pasta se está enfriando ―señaló mientras apretaba las manos en mi regazo.

―Jasper, esto es genial. Me refiero a realmente genial. Ni siquiera me conoces.

―Quiero.

―Estoy bastante segura de que yo también. ―Estar de acuerdo con él parecía bastante natural.

―Te voy a dar los números de los dos y puedes tomar tu propia decisión.

―Gracias. En serio, muchísimas gracias. ¿Cuál elegirías tú?

―Haz lo que te haga feliz, Bella. ―Asentí.

Lo hacía sonar tan simple. Solo con esas dos opciones me simplificaba la vida y me quitaba un gran peso de encima.

―¿Qué te hace feliz a ti? ―pregunté mientras la camarera volvía a rellenar su taza de café.

―Cosas que seguro pensarías que son raras, por lo que tal vez deberíamos dejarlo para otra cita.

―Vamos, ponme a prueba ―dije, tomando un sorbo de mi vino.

Estaba sintiendo el efecto de su magia a medida que me acomodaba en el asiento, y la pasta me llenaba el estómago. Ya estaba borracha del hombre que tenía enfrente y extasiada porque el peso de tener que encontrar un trabajo se había levantado de mis hombros. Estaba en el cielo.

―Una casa limpia, sacar a pasear a mi perro labrador, Trip, una buena comida, terminar un mueble y entregarlo, los Beatles. Y agregué a esa lista, hace una hora: besarte.

Y ese fue el momento en que supe que estaba frente a algo importante.

―Jasper, Dios ―dije en tono áspero mientras él continúa besando mi cuello justo bajo mi oreja.

Nuestro beso de buenas noches se ha convertido en algo serio, por el manoseo y la sensibilidad de mis labios hinchados diría que empezó hace como más de una hora. Me tomó cada poquito de fuerza que tenía el no invitarle a entrar. Aunque lo hiciera, no creo que lo hubiera hecho viendo que no lo ha sugerido de ninguna forma desde que empezamos a explorarnos con nuestras manos sobre la ropa. Ahora nos estábamos besando como lo habíamos hecho antes de entrar en el restaurante. Yo estaba en su lado de la camioneta, mis brazos alrededor de su cuello mientras él me acariciaba de arriba abajo los costados, casi sin rozar mis pechos.

―No quiero parar ―dice mientras gimo en su siguiente beso.

Cuando nos separamos, me muerde el hombro con sus dientes y chillo.

―Me encanta ese sonido ―susurra con una voz llena de sexo.

―No pares ―le ruego mientras mi sexo palpita, rogando por liberación.

―A la mierda ―suelta él, subiéndome sobre su regazo para ponerme a horcajadas justo antes de agarrar los costados de mi cabeza mientras su boca se estrella contra la mía.

Empiezo a restregarme contra él, buscando la deliciosa fricción que necesito urgentemente.

―Joder, Bella, quiero tenerte ―dice sin disculpase, frotándome adelante y atrás sobre su obvia erección.

No lo detengo cuando sus manos finalmente encuentran la dirección bajó mi top y viajan hacia mi pecho, pero me separo, sintiéndome un poco avergonzada.

―No hay…―tos― demasiado… ―tos― ahí.

―No te atrevas. ―Captura mi boca de nuevo mientras me derrito contra él cuando sus dedos rozan mis apretados pezones antes de que cubra uno y lo amolde a su caliente mano. Siento el estirón venir mientras sigo moviéndome sobre él, todo mi cuerpo ardiendo de acuerdo con mi movimiento―. Dios, Jasper, creo… que me voy a correr.

Levantando mi top solo lo suficiente para poder cubrir mi pezón con su lengua y arqueo mi espalda, dejando salir rápido, esos jadeos fuertes que hacía normalmente cuando me corría. Era involuntario, pero era un hábito mío y continuaba con él. Jasper rápidamente sacó las manos de mi camiseta, agarrando los lados de mi cabeza, mirando a mi boca mientras acababa duro sobre su regazo. Cuando terminé, lo miré vergonzosamente.

―Nunca podré sacar esa imagen de mi cabeza ―dijo, lamiendo mi labio inferior.

Seguía encendido, su necesidad golpeándome desde abajo, me besó con todo lo que tenía y lo tomé, ansiosa por más. Después de otro largo beso lleno de lujuria, ajustó mi camiseta y abrió su puerta, sacándome con él por el lado del conductor. Me acompañó hasta la puerta y sacudió la cabeza rápidamente, como para deshacerse del persistente ardor que había entre ambos.

Le deseaba suerte con eso. Yo iba a necesitar unas cuantas duchas frías incluso después del orgasmo.

―Solo iba a besarte tras la cena ―dijo él con una sonrisa.

―¿Qué te pareció eso a ti?

―Lo mismo que te pareció a ti. Por favor entra antes de que me ponga en plan Neandertal.

―De acuerdo, pero para que conste, eso fue increíble. ―Me acerqué para besarlo rápidamente, pero él se apartó con aviso en sus ojos.

―Me voy ya. ―Se alejó rápidamente mientras yo reía y le daba las gracias.

Alzó una mano, haciéndome saber que me había oído, pero se movió rápido hacia su camioneta.

Entré, corriendo a través del apartamento para ver si Allie había vuelto ya a casa del trabajo. Abrí la puerta de su dormitorio para ver un increíble y completamente masculino trasero bombeando como el infierno dentro y fuera de mi mejor amiga. Cerré la puerta, aliviada de que ninguno de los dos me hubiera visto y finalmente me di cuenta del tacto de las braguitas rojas en el pomo de la puerta mientras cerraba discretamente. Esa era su señal cuando había juerga.

"Braguitas rojas en la puerta significan que Allie está siendo un putón".

Casi me reí malditamente en alto. Había pasado mucho tiempo desde que esas braguitas habían hecho una aparición. Ahí fue cuando los altos gemidos finalmente se registraron. Claramente había marcado su habitación y yo no me había dado cuenta porque iba en una nube por Jasper.

MIERDA.

Allie se lo estaba montando con Mike. Parecía ser que las dos estábamos teniendo una buena noche. Borré las imágenes mentales de su sexo fuera de mi cabeza. Tenía algo mucho mejor en lo que concentrarme y era Jasper.

Decidiendo darles su privacidad, me puse mi biquini y decidí ir a tomar un baño de media noche. Me fui calladamente, esperando que ninguno de ellos supiera que había estado allí, y me encaminé hacia la piscina, pretendiendo colarme. Técnicamente, la piscina estaba cerrada por la noche, pero si lo hacías calladamente, nadie realmente se quejaba. Iba buscando a ciegas en la oscuridad el camino cuando justo cuando me tropecé contra ahora un familiar pecho en la puerta.

―Mujer, estoy tratando de hacer lo mejor aquí.

―Buena mente ―me reí mientras Jasper me seguía al otro lado de la puerta―. ¿Tu compañera está otra vez con el gritón?

―Síp, ¿y tú?

―Mismo escenario. ―Casi no podía verlo y la luna hacía poco para ayudarnos. Estábamos hundidos en la oscuridad excepto por la farola de la calle que parecía estar a un kilómetro de distancia. Jasper tiró su toalla en una de las tumbonas y saltó en la parte poco profunda de la piscina, mirando hacia mí. Yo bajé lentamente los escalones y me dirigí hacia él.

―Caminé directo hacia ellos, sabes ―dije en una rasposa y casi irreconocible voz―. No vi mucho.

―Quédate donde estás. No te acerques más ― me avisó.

―¿Qué pasa si quiero que me toques, Jasper?

―Entonces te tocaré, Bella, pero no quiero hacerlo, no ahora.

―Jasper ―urgí mientras me acercaba un paso más.

―Joder, la manera en que dices mi nombre.

Oí un chapoteo mientras él se alzaba afuera del agua para sentarse en el lateral de la piscina. Me mantenía a distancia como había pedido. Realmente no quería forzarlo demasiado. Si esto terminaba con solo sexo entre nosotros… no estaba preparada para finalizarlo. Y no estaba lista para preguntarle tanto. No cuando la noche había sido tan increíble para empezar. Le dejaría que guardarse sus motivos para sí mismo.

―Pegamos un polvo seco como en el instituto. Ha pasado mucho tiempo ―le pinché mientras pensaba en cómo habíamos empañado su camioneta unos minutos antes.

―Sí, fue…

―Increíble ―lo felicité.

―Sí, mucho ―estuvo de acuerdo. Me senté en los escalones del otro lado de la piscina.

―Justo estaba a punto de enviarte un mensaje ―dijo, su precioso pecho poco visible, su voz envolviéndome desde el otro lado de la piscina―. Iba a pedirte otra cita.

―¿Ah sí?

―Sí ―dijo él enfáticamente―. Eres la primera cita en mucho tiempo con la que no he tenido que contar mentalmente los defectos una vez terminada.

―Honestidad brutal. ―Reí―. Eso es halagador, creo ―resoplé, divertida y me estiré para poder ver lo máximo posible de él. Volví a meterme en la piscina, caminando en el agua.

―Soy un poco difícil ―admitió.

Oh… esto es interesante.

―¿De qué manera?

―Tengo unas cuantas normas sobre las mujeres con las que salgo.

―Oh, ¿y cumplo con los requisitos?

―De momento.

Me reí y lancé una ola de agua hacia él, sin estar segura si le alcanzaría.

―¿Entonces cuáles son los requisitos de Jasper?

―No te lo puedo decir.

―Eso está bien. Yo también soy un poco difícil. Tendremos que ver si pasas el corte.

―Desafío aceptado ―dijo tan dulcemente que me derretí en el agua.

Tratando de sacar de mi cabeza el hecho de que lo quería alrededor, busqué algo de conversación.

―¿Qué planes tienes para mañana? ―pregunté simplemente, curiosa.

―Salir con los chicos, ¿y tú?

―Tengo un almuerzo con mi familia ―caminé por el agua hasta que me quedé mirando al nivel de sus rodillas.

Él se alzó sobre mí mientras yo mantenía mi distancia, pero ahora lo podía ver más claramente. Miró hacia mí con una sonrisa juguetona en sus labios y alarma en los ojos.

―¿Tienes una familia grande? ―preguntó.

―Tres hermanas y un hermano. Si, se podría decir que sí.

―Guau —dijo, mirando hacia el agua.

―¿Y tú? ―repliqué, curiosa―. No hablamos sobre familias durante la cena.

―Solo yo y mi madre y su hermano, mi tío Cauis, el cual hizo de padre cuando mi padre se separó.

―Lo siento ―dije suavemente.

―Yo no.

No discutí con él. Se le veía bien con ello. Quería suavizar la atmosfera así que busqué alguna tontería que decir.

―¿Pez-pezón? ―Rompió a reír mientras le preguntaba.

―Ah sí, eso.

―De acuerdo, explícate ―le ordené.

―¿Prometes no cabrearte?

―Nop ―dije con humor clemente.

Jasper continuó, de todas formas.

―Bueno, estaba tan dolorido por el calentón, que por un segundo traté de… temporalmente… se me olvidó tu nombre, así que cuando memoricé tu número en mi teléfono solo escribí la primera cosa que vino a mi cabeza.

―¿Y fue pez-pezón?

―Tú nadas como un pez y por supuesto tu pezón me estaba mirando fijamente.

―Bonito ―dije, nadando y alejándome de él.

―Dijiste que no te enfadarías, Bella, Bella, Bella, Bella.

―Soy consciente de que sabes mi nombre… ahora.

―Venga, preciosa, me estaba friendo al sol y agonizando. Dame un poco de espacio para errar.

―Parece ser que mi pezón hizo más impresión en ti que yo misma ― me mofé con fingida hostilidad.

―Ey, soy un hombre, esa es mi única defensa. Pero añadiré que valieron la pena los veinte agonizantes minutos que me hiciste estar al sol para conseguir tu número.

―Bien jugado ―dije, salpicando más agua hacia él.

―Gracias ―replicó, con su voz rasposa por la necesidad. Decidiendo jugar con él, me desplacé hacia las escaleras y salí del agua, caminando hacia su toalla. Enrollando la gran, suave envoltura rodeándome, desabroché el top de mi biquini y lo saqué. Él se sentó paralizado mientras yo me burlaba―. Creo que el que te quedaras dormido en nuestra primera cita fue una más que suficiente pérdida de tiempo, ¿no crees?

―Te acabas de… te has sacado el top. Jesús, definitivamente está fuera. Joder, mujer, no voy a durar mucho más.

―Vas a tener que hacerlo ―dije mientras él saltaba al agua, viniendo rápido hacia mí.

Lo esquivé, corriendo arriba las escaleras y luego hacia la valla.

―Tendrás que mejorar tu juego, Jazz ―dije mientras me alcanzaba justo cuando cerré la valla, separándonos.

―Por ti lo haré ―dijo él sinceramente.

―Eso significa inventarte nuevas frases ―dije mientras cruzaba mis brazos sobre su cuello y me apoyaba en la cerca que nos separaba de cintura para abajo. Él se apoyó también, su frente contra la mía, mientras compartíamos una respiración.

―Gracias por esta noche, Jasper.

―Te llamaré mañana… pez—pezón.

Mirando dentro de sus preciosos azules, sonreí y presioné mis labios suavemente contra los suyos.

No dijimos nada más y sentí sus ojos en mí hasta que desaparecí por el camino de piedras de vuelta a mi apartamento. No oí ningún gemido mientras entraba y me dirigí rápidamente a mi habitación. Quitándome el resto de mi biquini mojado, me sequé con la toalla de Jazz, la cual olía genial y como


Que les parecio su salida?