La historia es una adaptación del libro Loving the White Liar de Kate Steward y los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


Seis

Allie: Nunca vas a creer lo que pasó anoche.

Yo: Vi las bragas rojas, MONA. Estoy marcada de por vida.

Allie: ¿Mona?

Le di un segundo para pensar en ello.

Allie: Ja, ja, muy divertido y así vale la pena señalártelo.

Yo: Hablamos más tarde, mi madre me está dando una conferencia. ¡Tengo noticias también!

Allie: :)

Puse mi teléfono hacia abajo ya que mi madre empezó de nuevo a repetir.

―Sólo estoy diciendo, Bella, que ya es hora de que tomes una decisión. Vas a parpadear y entonces tendrás treinta años y estarás atrapada en un trabajo sin futuro.

―Mamá, eso es lo que estoy tratando de hacer. Confía en mí, estoy poniendo ya suficiente presión sobre mí misma. Mis nuevas perspectivas pueden no sea una elección de carrera, pero son mejores que ser camarera. Lo solucionaré. Ya tienes al abogado de éxito en Rosalie, el joven magnate en Brady, Bree está a punto de graduarse y hacerse cargo de la industria de la moda y bueno, no puedo ayudarte con Jane. Tres de cinco no es malo. Corta por lo sano. ―Le di una mirada severa mientras corté masa fresca para galletas en su larga encimera de mármol de la cocina.

―Nunca y no clasifico a mis hijos en una pila buena y una mala, o por lo que han logrado. Te quiero feliz y la forma en que estás quemando los años, me preocupa. No estás casada y todavía estás atrapada en tus hábitos de hace años.

―¡MAMÁ! ―Oí a Rosalie llamar mientras se unía a nosotras en la cocina.

Nunca había estado tan agradecida por la interrupción. Ella depositó una caja llena de licor sobre la encimera y mamá la miró con recelo mientras ella vaciaba su contenido.

―¿Qué demonios, hija? No vamos a darle a emborracharnos en el almuerzo ―regañó mientras estudiaba cada botella.

―Cálmate, mamá, la mitad son mezclas y quería abastecerme para más tarde. Me quedo contigo. Estoy oficialmente de vacaciones durante los próximos tres días.

Los ojos de mi madre se iluminaron mientras le sonrió a su primera hija. Rosalie fue y abrazó a nuestra madre y luego se retiró y la miró con preocupación.

―¿Cómo estás?

—La mayoría de los días bien. Lo extraño. ―Se refería a nuestro padre que había fallecido repentinamente el pasado otoño.

En un minuto se quejaba de rastrillar la pila interminable de hojas en nuestro patio y al siguiente había desaparecido. Al menos eso parece que fue lo que ocurrió. Se había ido a la cama después del almuerzo de los domingos para una siesta y nunca despertó. Un aneurisma cerebral se lo había llevado sin disculpa, dejándonos a todos completamente devastados.

―Está bien hablar de él, mamá, especialmente con todos los que estamos aquí. También lo necesitamos ―la animó Rosalie.

Nuestra madre callaba su muerte para sí misma, aunque rara vez hablaba de él. Todos asumimos que era demasiado doloroso para ella y estábamos dándole tiempo a tratar con ello a su manera, pero estábamos preocupados con cada mes que pasaba con poca mención de él. Su negación estaba empezando a desgastarnos.

Dejé de cortar la masa para ver la reacción de mi madre ante la declaración de Rosalie y fue la misma respuesta que siempre daba.

―Yo quiero, nena, lo prometo. Simplemente no puedo hacerlo todavía. Sé que no es justo para ustedes, pero aún no, ¿de acuerdo?

Rosalie asintió, cortando sus ojos preocupados en mí.

―Qué pasa, hermana. ―Se dirigió hacia mí y me dio un largo abrazo.

Rosalie y yo éramos las siguientes más cercanas a mi hermana pequeña Bree. Todos estábamos de acuerdo en que Jane era extraña pero de alguna manera encajaba. Mis padres habían logrado crear cinco de los niños más increíblemente diferentes del planeta. No sólo cada uno de nosotros tenía una personalidad única, sino que nuestra apariencia también. Nuestro retrato familiar parecía que había sido recortado de otros y empastado junto. Y mi familia era lo que más apreciaba en el mundo.

―¡Mamá! ―Brady entró en la cocina inmediatamente, sin su prohibida novia, nos dio a todos palmaditas y sonrisas hasta que llegó a mi madre, a quien se abrazó con fuerza―. ¿Cómo estás, mamá?

Era la misma preocupación que Rosalie había demostrado, que tanto me consoló y me preocupó. Pero hoy no era el día para probar y hacer que se agrietara su bien colocado estoicismo, en lo que se refería a la muerte de mi padre. Era un momento especial para todos nosotros al estar bajo el mismo techo y disfrutaba de ello. Una hora más tarde, y con la llegada del resto del clan, Cenamos como en un hotel de cinco estrellas cortesía de mi increíble madre, con sólo un toque de mi ayuda.

Me gustaba cocinar, pero tener que hacerlo constantemente cuando no estaba en el estado de ánimo, sería la ruina para mí. Lo taché mentalmente de mi lista de posibles opciones de carrera.

Chef

Con un suspiro pesado, tomé un sorbo de mi sumamente fuerte Bloody Mary y mordisqueé las pequeñas patatas al romero de mi madre, mientras miraba distraídamente alrededor de la casa. Nuestra casa familiar era absolutamente preciosa y enorme también. Era de un estilo colonial, una casa de campo con una verja como las de antes, siempre había esperado tener una así, algún día. Había rogado a mi madre después de la muerte de mi padre que no la vendiera, por razones egoístas. En realidad nunca le dije por qué, pero creo que en el fondo sabía que esperaba mantenerla en la familia. De alguna manera, sentí como si fuera la última pieza de mi padre que me quedaba. Me senté en la mesa de la amplia cocina pensando que si no conseguía ponerme las pilas, nunca podría permitirme el lujo de mantenerla, una vez que ella no fuera capaz de hacerlo. El solo pensamiento me hizo beber más vodka y jugo de tomate con especias.

Bajé la mirada hacia Bree, que estaba como de costumbre con su tranquila personalidad. Estaba haciendo su típica observación y sólo ponía un comentario aquí y allá. La mayoría del resto de nosotros éramos abiertos y sólo parecía un ajuste adecuado que uno de nosotros fuese más reservado. Lo más gracioso de todo era que si molestabas a la dulce Bree, se convertiría en la más estridente y más detestable de todos nosotros. Me reí pensando en su último arrebato con Brady. Le había marcado mentalmente.

Brady miró entre Bree y yo, pareciendo leer mi mente.

―Bella, ¿sigues saliendo con ese idiota?

―No, Brad, rompí con él hace casi un año y te lo digo cada vez que tenemos una comida.

―Bueno, no lo podía soportar ―dijo, echando una cucharada colmada de huevo en su boca.

―Bueno, menos mal que ahora tengo a Jasper.

Cada cabeza en la mesa se volvió hacia mí, cuando mi diarrea verbal se encontró con mi cerebro.

¿Por qué diablos dije eso?

―¿Quién es Jasper? ―preguntó Jane mientras apartaba sus extensiones para tomar un bocado de huevos.

Sí, Jane usa extensiones. También tenía treinta y dos perforaciones, un sinfín de tatuajes y solo se citaba con hombres que utilizasen su apellido como su nombre: por ejemplo, Harrison, Ford, Turner, Carter. Era aún más agotadora que yo cuando se trataba de indecisión. Había tenido todos los trabajos imaginables, así mismo ejerció su libertad de religión. Había profundizado en el budismo, el hinduismo, la práctica Wicca y la brujería real (que es diferente, sólo hay que preguntarla) a todo lo demás disponible. La miré con una respuesta honesta.

―Honestamente, sólo un chico con la que tuve una cita, nada importante. ―Me sentí completamente aturdida de que incluso hubiese hablado sobre Jasper, a pesar de que había estado intensamente en mi mente toda la mañana.

―Al parecer te dejó una buena impresión ―intervino mi madre.

―Tal vez y no estamos discutiendo eso ―dije.

―Tu sacaste el tema ―dijo Brady, haciéndome sentir más incómoda.

Así que le contesté:

—Vamos a hablar de tu novia, Bray.

Sólo a mi madre le permitía llamarlo Bray. Él entrecerró los ojos. Todavía veía a mi hermano pequeño como el chico torpe con el lindo ceceo que solía gastar bromas a la familia. Es decir, fijar con cinta aislante el grifo de la cocina, así que cuando lo girábamos, quedábamos empapados al instante. Culpaba a los espectáculos tipo The Wild Boys y Jackass. Habían sido sus mayores influencias. Fue una pesadilla verlo recrear las escenas de riesgo, incluyendo el momento en que se deslizó por nuestra enorme escalera en una tabla de snowboard. Se había roto el cráneo y necesitó sesenta y dos puntos de sutura. Nada había sido más divertido para mí que mi hermanito de boca fétida a los nueve años de edad, maldiciendo horriblemente sobre la mesa del médico, para horror de mi madre, mientras un hombre adulto cosía su cabeza.

"Si esa hija puta tabla de surf no hubiera estado tan jodidamente resbaladiza no me hubiera roto la cabeza en esas estúpidas escaleras".

A partir de ese día había tomado en mi exclusiva responsabilidad al mantener al niño seguro de sí mismo. Me armaba una buena, pero bajo ninguna circunstancia no podía detenerme. Era mi orgullo y alegría y no podía manejar la idea de que él saliese herido. Estaba segura de que un día me daría las gracias por salvarlo de quemar su mano con los fuegos artificiales o cubriéndolo cuando tomó el auto de la familia a los once años de edad, para dar una vuelta. El niño era un temerario y era la única que sabía de su cuenta, o cuando la mierda estaba a punto de bajar. Perdió ese hábito un par de años más tarde, cuando descubrió a las niñas y había sido otra completa pesadilla.

―Sí, Brady ―agregó Rosalie―, por favor, dime que eres razonable con tus motivos.

―Ella no es la única, de acuerdo. Déjalo. No soy un idiota y no estoy interesado en casarme todavía. Solo tengo veintidós años. ―Esa era su explicación y se apegaba a ella.

―Ella es repugnante ―dijo Jane mientras me volví hacia ella, dándome cuenta de que su más reciente desastre en el cabello, estaba lleno de huevos.

Empujé mi plato, ya no interesada en mí comida desde que la vi en ella. Bree se rio entre dientes mientras miraba como la proteína llenaba el cabello de Jane, luego se volvió hacia mí con los ojos muy abiertos. Compartimos un giro de ojos privado y risitas hasta que Rosalie lo notó y sonrió.

―Jane, tienes huevo en tu cabello de caballo ―declaró Rosalie mientras señalaba con la cabeza el cabello empapado.

―Eso es repugnante ―dijo Brady, arrugando la nariz.

Mi madre parecía estar molesta por el nuevo atuendo de mi hermana, al comentar lo siguiente:

―Niña, tienes un cabello hermoso. ¿Por qué simplemente no te dejas tu cabello natural? ¿Cuál es la idea para esta cosa salvaje de Cleopatra que estás llevando?

―O la cosa de Wal-Mart* que estás llevando ―agregó Rosalie con una risa y un resoplido.

Jane se puso rígida mientras se preparaba para defenderse.

―Me gusta, mamá. Jódete, Rosalie. ¿Cuándo fue la última vez que conseguiste acción?

―En la sala de audiencias de ayer, yeti ―se defendió Rosalie.

―Damas, actúen acorde a su edad ―mi madre regañó antes de pasar a Jane—. Entonces, llévalo así ―dijo mi madre suavemente mientras dispersaba la situación y luego sonrió a su hija.

Fue la mirada que le dio a Jane la que me hizo entender lo que mi madre quería decir con sus palabras. Ella no llevaba la cuenta de sus hijos; ella medía sonrisas. Supe entonces que no importaba qué decisión tomase sobre mi vida, no me dejaría vivir con ella, hasta que hubiese encontrado lo que me llevase a hacer eso, al máximo.

* Wal-Mart: Gente loca: Es un comentario basado en una película documental independiente 2005¿Qué impulsa a la gente loca? de Ron y Robert David Galloway.