Estacionó el auto con cuidado, y retiró las llaves. Desde su punto de referencia, podía ver las sombras de María y Harley a través de las cortinas. Sonrió con cariño. Sus hijos eran lo que más amaba en este mundo.
Descendió del auto encaminándose por el pasillo de margaritas que decoraban el ingreso a su hogar. En cuanto llegó unos delgados brazos rodearon su cintura.
-bienvenido papá- dijo María recibiéndolo con cariño- ¿Cómo te fue en el trabajo?
-lo bastante bien, linda. ¿Y a ti? ¿Qué tal tu primer día de escuela?
-igual que todos los demás- dijo Harley unos metros más allá-aburrido como siempre.
El chico apareció con dos mochilas, Steve se quedó mirando a su hijo sin entender que hacía con ellas.
-¿van a salir a alguna parte?
-la tía Pepper nos invitó a pasar la noche en su casa.
-¿ah si?- preguntó Steve. Vio a su hija asentir con entusiasmo- ¿papá Tony lo sabe?
-si. Ella prefirió que fuéramos a su casa, ya que, papá se encuentra un poco malito.
-¿Qué tiene? –preguntó el alfa preocupado.
-según él una gastritis- dijo Harley- de hecho, no comió nada desde que llegó.
-entiendo.
-creo que ya llegó tía Pepper –dijo María observando desde la ventana. Steve la siguió, y en efecto, la rubia se encontraba bajando del vehículo.
-vengan, los ayudare a llevar sus mochilas.
María fue la primera en salir y saludar a su querida tía, la cual la recibió con los brazos abiertos. Harley la saludó de paso. Mientras los niños se sentaban en la parte trasera del auto, la rubia acompañó a Steve a dejar las mochilas en el portaequipaje.
-¿Cómo estuvo durante el dia?
-bueno, tú sabes. Siempre haciendo de todo una tragedia griega- dijo la mujer mirando los ojos del rubio- esta irascible, Steve. Y desgraciadamente eres el único que puede lidiar con su humor.
-gracias cuidar a los niños.
-no tienes por qué agradecerme. Yo y Happy amamos estar con nuestros sobrinos. No nos son ninguna molestia.
Steve asintió y miró a sus hijos a través de la ventana. Entonces dijo:
-¿saben algo de Peter?
María bajó el vidrio de la ventana y habló:
-va a pasar la noche en la casa de Ned. Tenía que hacer un proyecto de ciencias.
-entiendo- dijo Steve tomando el suave rostro de su hija y repartiendo besos a lo largo de toda esta- cuídense, ¿sí? No hagan rabiar a la tía Pepper.
-nos portaremos bien, papá- dijo María extendiendo su dedo pulgar- cuida de papá por nosotros.
-eso haré.
Steve observó como el auto negro se alejó hasta doblar por la esquina. Miró su hogar y armándose de valor ingresó a ella.
Su habitación estaba en penumbras, de hecho, lo único que había de iluminación era la parte inferior de la puerta del baño. Lo más probable es que Tony se encontrara adentro, lidiando con su supuesta gastritis. Escuchó el correr del agua y esperó unos cuantos segundos. Entonces, frente a sus ojos apareció su esposo. Tenía la mirada cansada y un poco irritada. Su semblante no pareció cambiar al ver a su alfa.
-¿hace cuánto llegaste? –preguntó Tony sin ánimos.
-hace solo unos minutos. ¿Cómo te sientes?
-bien-dijo Tony apoyándose en el marco de la puerta- estupendo podría agregar.
-Tony, sé que es difícil para ti asimilar esto, pero tenemos que despejar nuestras dudas.
El omega observó como el alfa le tendió una prueba de embarazo. Ladeó los ojos con desagrado y cruzó sus brazos.
-¿de verdad piensas que lo estoy?
-podría apostar todo lo que tengo a que lo estas.
Tony le quitó la prueba de las manos y de manera desafiante le dijo:
-ahora mismo te demuestro que te equivocas- dijo Tony ingresando al baño- prepárate para tragarte tus palabras, cariño.
Cerró la puerta a sus espaldas y miró la prueba de embarazo que sostenía entre sus manos. Dios, ni siquiera él se creía lo que estaba diciendo.
. . .
Los últimos cinco minutos parecieron toda una eternidad. Dejó la prueba reposar en el lavaplatos y salió del baño a esperar. Se sentó en el borde de la cama haciéndole compañía a su esposo. Estaba nervioso. Peor que cuando estaba esperando a Peter. Steve lo miraba sin saber que hacer o como tratarlo. Lo mejor era callar y esperar a que pasara el tiempo.
Tony miraba cada cinco segundos el reloj. Mientras que Steve solo miraba sus manos.
Cuando por fin la espera terminó, el omega se levantó de la cama a la siga del alfa. Temeroso, abrió la puerta del baño y se adentró a él. Podía sentir como el corazón le retumbaba como loco. No quería mirar la prueba. Rogaba porque Steve estuviera completamente equivocado.
Sin embargo, no lo estaba.
La prueba estaba ahí, con las distinguidas dos marcas.
La noticia llegó como un balde de agua fría en todo su cuerpo. Steve también la miró. Y luego miró a su esposo, quien parecía aturdido. De pronto sintió como el ambiente se puso tenso y pesado. Tony se estaba sintiendo preocupado, y su aroma lo delataba. El rubio observó como el castaño salió del baño para pasearse a lo largo de la habitación matrimonial. Steve no hacía más que mirarlo.
-no- dijo Tony tomándose la barbilla en un acto de preocupación- no, esto debe estar mal.
-cariño, acabamos de verlo. Tú estas…
-lo sé, estoy jodidamente preñado Rogers- dijo Tony enfadado – tú y tu maldita fertilidad nos meten siempre en problemas.
El omega se sentó en el borde de la cama ocultando su rostro entre sus manos. Steve corrió acompañarlo.
-cariño, escúchame. No veas esto como algo malo. Todo va a estar bien.
-¿Qué vamos a hacer, Steve? –preguntó Tony intentando aguantar las ganas de llorar-definitivamente esto se sale de nuestros planes. Se supone que yo había cerrado la fábrica después de María. Yo ya no veía mi vida con más bebés.
-tampoco la mía. Créeme que esto también me toma por sorpresa, pero tienes que calmarte.
-¿cómo quieres que me calme? Vamos a tener otro hijo, Steve- dijo Tony mirando fijamente el piso. Se sentía aterrado ante el giro que estaba dando su vida- Steve, escucha. Apenas podemos con tres niños. Nosotros ya no somos tan jóvenes. Ya entramos a los cuarenta, no tenemos la misma vitalidad ni las mismas energías para criar a otro bebé más. Nuestros sueldos no darán abasto para los gastos que implica un bebé ¿Cómo lo vamos a hacer?
Tony sollozaba histérico y su cuerpo entero parecía temblar. En ese momento, ante los ojos de Steve, el omega lucia igual de desamparado que cuando se enteraron de la existencia de Peter.
-cariño, escúchame- dijo Steve tomando el rostro de su esposo entre sus grandes manos- tienes que estar tranquilo. Vamos a hacerlo como siempre lo hemos hecho. ¿Te acuerdas cuando íbamos a tener a Peter? Teníamos apenas 25 años. Ambos éramos jóvenes y pensamos que nuestra vida se derrumbaría ante la llegada de Peter. Pero no fue así. Obviamente tuvimos nuestros altos y bajos pero de alguna forma salimos adelante. Lo hicimos con Peter y lo mismo hicimos con los que vinieron, como con Harley y María. Y también lo haremos con los que vendrán en el futuro.
Tony lo escuchaba atentamente, agarrándose de manera firme de las muñecas de su esposo.
-puede que tengas razón. No somos tan jóvenes como antes. De hecho hasta canas nos han salido y a veces no duele la espalda. Pero tenemos más experiencias en cuanto a crianza. Y no será tan difícil como la primera vez. Además, no estamos solos. Tenemos a nuestros hijos, y también a nuestros amigos, que de seguro querrán consentirlo y quererlo.
-siempre eres tan optimista, Steve.
-alguien tiene que serlo, cariño- dijo el rubio acariciando la mejilla húmeda de su esposo- te prometo, que todo estará bien, amor. Hare todo lo que esté a nuestro alcance para que todo salga bien. Me preocupare de que ni a ti, ni a los niños, ni a este pequeño angelito les falte nada.
El castaño sintió como los labios tibios del alfa besaron con vehemencia sus frías manos. Maldición, pensó Tony para sí mismo. ¿Por qué Steve ser tan jodidamente romántico? Era el único hombre que lo podía hacer sentir seguro con sus palabras llenas de aliento, cariño y amor.
-me volveré insoportable.
-lo sé.
-también estaré muy pero muy sensible.
-eso también lo sé.
-también me pondré muy pero muy gordo.
-unos kilos de mas no te vendrían mal- dijo Steve afianzando el contacto entre sus manos- no importa cuántos peros me pongas. De cualquier forma, yo seguiré amándote igual o más de lo que lo hice la primera vez que te lo mencione. Y si te sientes inseguro, te recordare cuanto sea necesario el cuanto te amo.
-oh Steve- dijo Tony abrazando a su esposo- no sé qué haría sin ti. Te amo tanto, Steve.
-yo también te amo.
Steve tomó con delicadeza la barbilla de su esposo y de manera gentil, se acercó besando suavemente sus labios. Un beso calmado y sumamente armonioso, que transmitió el amor que se tenían.
